UN MOMENTO DE DESCANSO. Antonio Orejudo

A la fecha de arranque de este blog, abril 2011, hacía ya más de diez años que no leía literatura española contemporánea. Solo cuando salía algo publicado de Guelbenzu, Vicent,  Ferrero, Muñoz Molina y algún otro/a que ahora no recuerdo, rompía mi dieta. Mi salud mental, gracias a no meterme porquerías por los ojos, había mejorado mucho. Lo malo de una dieta, por saludable que sea, es que siempre te pierdes cosas buenas. Siempre hay excepciones.

Ese es el motivo de que, hasta hace 2 días, no supiera quién era Antonio Orejudo. Y, claro, de que no hubiera leído ninguna de sus novelas. Después de leer Un momento de descanso lamento no haber descubierto antes a este chico.

Con lo de Patrulla de Salvación, en cumplimiento de nuestro sagrado deber de defender la buena literatura, hemos vuelto a leer estupideces. Como consecuencia nuestra salud física y mental se deteriora de forma progresiva. Pero todo sacrificio es poco si se hace por conseguir la victoria final. Estamos en guerra.

Pero un día va una, tiene suerte y, entre la mucha paja, encuentra  una aguja.

-Estoy muy contenta de haber conocido, por fin, un buen escritor joven en castellano, Daphne.

-No te equivoques, Margaret. Orejudo ya tiene casi 50 años.

-A que va a ser eso.

En Un momento de descanso, la última novela que Antonio Orejudo ha publicado, Tusquets editores 2011, se nos cuenta la historia de dos españoles (Arturo Cifuentes y Antonio Orejudo) que terminada la carrera (de letras) se marchan a EEUU. La experiencia americana marcará definitivamente la vida de los dos amigos.

El primer capítulo (son tres) relata como la vida de Cifuentes se va a pique: Se juntan: 1.- problemas matrimoniales, 2.- acusación de racismo, 3.- invasión de hormigas y 4.- el programa televisivo “Dancing Queen” (algo así como Mira quien baila pero en “american” cutrelux). Orejudo, con dominio total de la narración -buenos diálogos y correcta construcción de personajes-, mezcla estos 4 ingredientes y hace explotar la vida de Cifuentes. Ya nos hemos enganchado, en ese primer capítulo, y ya no hay forma de dejar el libro y creo que a Orejudo.

El segundo capítulo tiene como personaje central al propio Orejudo. Con una peripecia inverosímil pero divertida nos explica de dónde sacó el autor su arte para escribir.

Que Orejudo recurra a la innovadora auto ficción y a otras cositas (como citar sus propias novelas con nombre y apellidos o las fotos, todas ellas sobrantes) para narrar no me molesta porque lo hace dentro de una buena historia, con todo lo que eso lleva consigo. Me cabrea, en otros “autores”, el recurso a las moderneces cuando se nota que solo se están utilizando para ocultar la incapacidad o la falta de voluntad (por pura vagancia)  para escribir una buena novela. Orejudo sabe, tiene oficio y lo ejerce y, siendo así, me puede meter… por los ojos…lo que le plazca.

Solo hay una cosa que me chirría en este capítulo: cierto tufillo a falsa modestia. Un fragmento del final, en la Pág. 204, vendrá a confirmar esta impresión.

El tercer capítulo cuenta una rocambolesca historia de buenos y malos, con Guerra civil de fondo, que transcurre en una facultad de letras. Hay catedráticos malvados y profesoras ninfómanas que coleccionan fotos de glandes humanos. La gracia de este capítulo está en que el autor exagera pero, por desgracia, no mucho. Los que hemos tenido alguna relación con la universidad española  lo sabemos.

El libro de Orejudo tiene reflexiones interesantes que no desentonan,  que no están metidas con calzador con la única intención de parecer brillante o culto. No le hace falta.

Un par de ejemplos:

Sobre Letras vs. Ciencias:

Pág. 73:

   Cuando aceptarán sin miedo, como él empezaba a hacer, que el mundo no tenía nada de texto, sino que era un flujo incoherente y contradictorio, desigual, desproporcionado, caprichoso, inmotivado y absurdo, sin ideas fuerza, con cabos sueltos, deshilachados, sin corrientes de sentido, con intereses contradictorios, sin centro ni márgenes, amorfo, hipertrofiado aquí, pero atrofiado más allá, cuando aceptaran eso, habrían empezado a comprender la verdad. Los humanistas, sus colegas, él mismo, todos ellos, que un día fueron la vanguardia del conocimiento, no tenían hoy nada que aportar al mundo. Por eso empleaban una jerga incomprensible y desdeñaban las exposiciones claras de los asuntos complejos. Huían de la claridad porque sabían que la luz es enemiga de la superchería.

Sobre la universidad española:

Pág. 175:

    La universidad española, donde yo trabajé mucho tiempo antes de marcharme a Inglaterra, no solo es mediocre y corrupta, es también inverosímil. ¿Nunca se ha parado a pensar por qué aenas se han escrito novelas de campus en español? Yo se lo voy a decir: porque es imposible escribir una novela sobre la universidad española, que sea elegante y además verosímil. Lucky Jim, de Kingsley Amis, o Small World de David Lodge, son tan buenas porque la universidad que toman como referencia, la anglosajona, conserva todavía unas formas impecables, aunque por dentro esté consumida por las mismas corruptelas que la de aquí. En la universidad española por el contrario la grosería aparece tal cual, sin los ropajes de la buena educación.

La novela me ha gustado mucho y me ha hecho pasar/pensar un buen rato. Pero como si no me quejo no soy yo, diré que hay 4 cosas que no me han parecido bien:

1.- Señor Orejudo: hace 20 años que no veo la tele. Por ese motivo no sé quien es Tony Soprano. Le ruego que la próxima vez se ocupe de describir el personaje.

Pág. 26:

Había un padre que se parecía a Tony Soprano, con sus gafas de sol y sus hechuras italianas y que miraba a las mujeres como si fueran yeguas.

 Lo de Billy Elliot (Pág. 41) si lo vi, en el cine, pero podría no haberlo visto.

2.- Dos erratas:

-En la Pág. 72: “¿Qué colega suyo en el Departamento de podía decir siquiera…”. Falta el nombre del departamento.

-En la Pág. 101: “No era un profesor tradicional, como lo eran otros más jóvenes, cuyo reloj filológico, por cierto se había detenido en los años setenta”. Si no se hubiera usado “filológico” por error en lugar de biológico, que sería lo apropiado, entonces el error es de reduplicación pues la palabra se repetiría hasta tres veces en un par de frases seguidas.

3.- Me chirría que en la Pág. 100 se diga de un personaje ya mayor pero respetable y elegante que parece un “senador romano”. Eso ya está muy visto: Berlanga, Semprún… Ya estamos hartas de leer en la prensa, casi siempre en obituarios, eso de “senador romano” como elogio para personas de provecta edad pero que mantienen buena imagen o cierta dignidad. Ya vale, tú.

4.- La auto ficción tiene un inconveniente para el autor: el lector tiene todo el derecho a, saltándose las reglas de la ficción, creer que lo que dice el personaje con el nombre del autor es lo que realmente piensa el autor. Lo siento, Antonio. Por eso el tufillo de falsa modestia detectado en el segundo capítulo se convierte en intenso olor cuando en la página 204 escribe:

Todos fueron aquella noche muy amables y elogiosos, una situación que me sigue incomodando, y a la que suelo poner freno yo mismo, cambiando de tema en cuanto puedo, o moderando los panegíricos. Conservo todavía cierto pudor ante el elogio o cierta prudencia. O tal vez sea simplemente superstición, una idea mágica, la idea de que el valor de mi literatura, si es que tiene alguno se reducirá si se habla mucho de ella.

La falsa humildad no es más que pura vanidad. El que realmente es modesto no necesita ponerlo por escrito en sus libros. Pero también es cierto, hay que reconocerlo, que Orejudo tiene de que presumir. Peor, mucho peor, es cuando el que se pavonea no ha escrito, en su vida, tres párrafos seguidos que valgan la pena.

 

Para terminar, algo que me ha dado mucho que pensar:

En el final de la novela Orejudo hace decir lo siguiente a una profesora que  está elogiando las novelas del propio Orejudo:

Pág. 213:

La mayoría de los escritores se ha desentendido de las grandes preguntas: quienes somos, adónde vamos, de dónde venimos. Aunque, si te digo la verdad, casi lo prefiero. Los escritores no están preparados para contestar a estos asuntos, así que es mejor que esas cosas las responda un profesional: un neurobiólogo, un especialista en ADN. Sinceramente, no veo por qué un escritor sin conocimientos de biología de la mente o de tecnología de la información o de neurobiología o de genética o de química de materiales va a estar más preparado que mi hijo para hablar de la naturaleza del mundo y de los seres humanos.

[Las negritas son mías. (“¿Esclavista?”)]

Primero pensé que este párrafo, leído por los escritores españoles que tienen 10 años menos que Orejudo (me consta que lo siguen), podía ser muy dañino, pues les serviría a los chicos para justificar su falta de esfuerzo a la hora de escribir y les permitiría, ejerciendo la auto indulgencia, dar por buenas las tonterías que escriben y quieren hacer pasar como novelas.

Luego, pensando un poco más, e indudablemente influida por la propia novela que estaba terminando,  elucubré que Orejudo, sabiéndose leído por sus menores, podría estar utilizando este texto como estrategia para descolgar definitivamente al pelotón de malos ciclistas (los escritores en castellano de menos de 40 años) que lleva detrás.

 Porque Orejudo en su libro – no hay más que leer el final- sí que se ocupa de “estos asuntos”.

Sería una forma de decir a los escritores jóvenes: dedicaros a lo moderno y a esas nuevas formas de narrativa que yo, (ahora pensaría Orejudo) sin que os deis cuenta, seguiré haciendo buenas novelas y en unos años me habré quedado sin competencia. “Je, je, je”, me parece oír su sutil pero maquiavélica risa.

Al final va a resultar que en esta novela el autor ha mirado dentro de si mismo para construir el personaje llamado Antonio Orejudo,  pero también para dar vida al malvado decano Desmoines. Qué cosas.

-Me parece que chocheas, Margaret.

-Es posible, Samantha.

Ya tengo en mis manos las anteriores novelas de Orejudo: Reconstrucción, Ventajas de viajar en tren y su primera obra: Fabulosas narraciones por historias. He empezado, como dios manda, por el primer libro y acabo de encontrar una frase que, quizá debido a mi edad, me ha gustado mucho:

El culto a la juventud deriva siempre hacia el fascismo.

Pág. 17 de Fabulosas narraciones por historias (Lengua de Trapo 1996, Tusquets editores 2007)

Anuncios
Esta entrada fue publicada en libros y etiquetada , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

17 respuestas a UN MOMENTO DE DESCANSO. Antonio Orejudo

  1. incredulidad dijo:

    Me cuesta tanto creer que no hubiera leido nada de Orejudo antes…

    • Es cierto, es el primer libro suyo que leo. Pero estoy arreglándolo: Ya voy por la mitad de “Fabulosas narraciones por historias” y luego me administraré en vena “Ventajas de…”
      Me doy cuenta de que he sido víctima, una vez más, de mis prejuicios. Pero esos prejuicios me han sido inoculados (machaconamente) por las editoriales y los suplementos literarios. Les gusta jugar a hacer grupitos y pseudo-generaciones. Yo, equivocádamente metí a Orejudo en el mismo grupo de esos pedantes subnormales (cuyos nombres prefiero no volver a citar) y me lo perdí. Pero ahora estoy disfrutando con su gran primera novela (y así respondo también al anónimo que acaba de dejar un comentario llamando al escritor: “puto genio”).
      Un saludo

  2. Anónimo dijo:

    Orejudo publicó Fabulosas narraciones a los 33 años. Impresionante. Para mí, es su mejor novela, seguida de Un momento de descanso. Es un puto genio. Esperamos con mucha curiosidad vuestra rigurosa opinión.

  3. Juan Poz dijo:

    Margaret, el celo crítico no puede llevarnos a corregir lo que es perfectamente adecuado. Hablando de un profesor es más que congruente decir que se le haya parado el reloj filológico para significar que sus métodos amarillean como sus fichas, y acaso como su propia tez. Tampoco he leído nada de Orejudo, pero tu crítica tampoco me anima a hacerlo, quizás porque, habiendo tenido yo también mi “aventura universitaria usamericana” -el año en que mataron a John Lennon, por cierto, y hubo aquí el golpe de Tejero, mira tú si no hay material narrativo…-, tal vez prefiera abstenerme de lo que se me convertiría en una interferencia.

  4. Diego dijo:

    Interesante recomendación. Leí hace unos años Reconstrucción del mismo autor y me hizo interesarme por un periodo -sobretodo por una temática- que no me importaba hasta entonces.

    Por cierto Sargento, supongo que cuando escribe “e indudablemente influido” lo dice como mamífero.

  5. Antonio dijo:

    Siempre llegando antes que nadie, chicas… Besos.

  6. Pingback: Morfología | sigueleyendo.es

  7. O.V. dijo:

    Hola, colectivo.
    Simplemente me gustaría expresar mi desacuerdo con que si el sr. Orejudo (soy así de antiguo, a los escritores me gusta tratarlos de señores) referencia a Tony Soprano o a Billy Elliot desmerece el libro.
    No son mis referencias culturales favoritas, eso por delante.
    Sin embargo, es la misma queja en cierto modo que tienen los adolescentes cuando les hacen referencia a Durero o a Rachmaninov en una novela. Las referencias extraliterarias deberían ser criticables o no en todos casos o en ninguno, ya que censurar su uso no puede depender de algo tan contingente como la época o el medio de culturización del autor.
    Para no sonar tan tajante pondré un gigante “¿NO?” admitiendo críticas y réplicas.

    Un saludo, me encanta el blog

    • Amigo O. V.:
      No desmerece la novela. Pero, como decía mi tía Paca, es “como las cagaicas de rata en el arroz”. Es decir: con lo bien que escribe Orejudo, -que estoy con “Fabulosas narraciones por historias”, su primera novela de hace 15 años, y es buenísima- por qué esta chorradita de meter al Soprano por medio como si no supiera describir un personaje y la época?. No le hace falta, caramba. No necesita hacer guiños modernillos al lector. Orejudo, como ya decía él en una entrevista en TVE, con esta novela hace referencia al desengaño, a los desengaños más bien, de un hombre cercano a los 50. Y está claro en el libro que ese hombre vive en los primeros años del siglo XXI, no por que el autor lo situe temporalmente ahí, sino porque las preocupaciones son muy actuales. Eso no le preocupaba a los hombres de 50 años de edad del siglo XIX, por ejemplo. Entoncer, por qué meter a Soprano?
      Pero es una opinión muy personal.
      Un abrazo y gracias por el piropo al blog.

  8. O.V. dijo:

    Por cierto, leí “Ventajas de…” y me gustó bastante. Tiene latigazos de gran escritor (dicho con el respeto del aspirante).

  9. Te lo dije, Maggie Mae.

  10. blumm dijo:

    ¿Sexagenarias llegáis a Orejudo?
    Mal, muy mal.
    ¿Qué penitencia os imponéis?
    Tenía pendiente Fabulosas narraciones desde que me lo prestaron hace dos meses. Esta tarde lo he empezado. No se arrepentirá, Miss Sergeant.

    • Deja ya mismo lo que estés leyendo, blumm, y agarra (o coge en sentido argentino -en las páginas 90, 91 y 92 entenderás “why”) “Fabulosas narraciones por historias”. Un pedazo de libro. Un gran escritor este Orejudo.
      Un abrazo
      La Maggie

  11. blumm dijo:

    Tengo la edición del Círculo no la de Lengua de Trapo.

  12. Joaquín dijo:

    Todo lo que ha hecho Orejudo en la vida es copiar y plagiar a Patricio Pron.

    • Sergio dijo:

      Pron aun no balbuceaba cuando Orejudo rumiaba las mejores páginas escritas en español en los últimos quince años. Dentro de otros quince Orejudo seguirá siendo escritor, Pron tal vez crítico.

  13. Pingback: La desfachatez de Orejudo « Manía de leer

Los comentarios están cerrados.