ALEJANDRO ZAMBRA. ¡¡Vaya cebollo!!

Es tan fácil soñar un libro como difícil es hacerlo.

Honoré de Balzac

Estimado Alejandro:

He leído tu última “novela”, Formas de volver a casa, y me ha defraudado. A continuación, más abajo, detallo los motivos. No había leído nada de lo que has escrito hasta ahora, ni siquiera las reseñas de tus libros. Si es verdad que, por poco atenta que una esté al ruido literario en castellano, era difícil no enterarse de los elogios que se hacen de tu obra. Aun así creo que mi lectura ha sido equilibrada pues a los abundantes piropos, que me suelen predisponer en contra, unía las ganas de descubrir un buen escritor joven en español y la ilusión con la que siempre abro un libro.

Quiero decirte -porque parece que no estás enterado- que muchos autores han tirado a la basura novelas fallidas de cientos de folios (antes) o borrado archivos en “Word” de cientos de páginas (hoy). Cuando un escritor se da cuenta de que no le sale la novela que había pensado, lo que debe hacer es borrar lo escrito o archivarlo para volver a intentarlo cuando tenga más experiencia o cuando se le pase la empanada mental que puede estar afectándole en ese momento.

Tu intención era buena pero has sido incapaz de plasmarla sobre el papel, lo que significa que no tenías, no tienes, nada. Una buena idea y cuatro frases ingeniosas no forman una novela. Si esa idea se desarrolla, se trabaja –cosa que no haces-, entonces si podemos tener una novela. Esa novela será buena o mala dependiendo de cómo sea el trabajo de su construcción. Lo malo es que no has edificado nada. Por eso no tienes nada. Me gustaría conocer al editor que dio el visto bueno a lo tuyo. Me resisto a creer que el señor Herralde haya leído esto.

Terminado tu “libro” me acordé de la historia de un pintor que intentaba ser tan sutil, pretendía que su pintura fuera tan limpia y su pincelada tan suave, que su pincel nunca llegaba a tocar el lienzo. Tenía su estudio lleno de cuadros totalmente en blanco. Eso, o casi, has hecho tú con tu “novela”. El pintor era un gilipollas. Tú, me imagino, solo eres un moderno. Una pena.

La sargento Margaret

Barcelona, 8 de agosto de 2011.

QUINCE EUROS

16 de julio de 2011. Aeropuerto de Barajas, 11:30 h. Acabo de facturar la maleta y tras buscar sin resultado en mi insondable bolso El doctor Zhivago (Galaxia Gutemberg, 2010. Traducción de Marta Rebón), libro que con placer leo este verano, caigo en que lo he metido en la maleta o lo he olvidado en el hotel. No tengo nada para leer y me esperan 10 horas de viaje. En la tienda de prensa y libros del aeropuerto veo la última “novela” de Alejandro Zambra, Formas de volver a casa , (Anagrama 2011. 164 páginas) y me acuerdo de que me comprometí con uno de mis queridos anónimos a leerla y a comentarla. Además Carlos Gonzalez Peón, de La Medicina de Tongoy dice que este autor vale la pena. Yo respeto mucho la opinión de Carlos.

Me gasto 15 Euros en el “libro” de Zambra (¡15€!, señor Herralde. ¡15€!, señor Feltrinelli) y, lápiz en mano, me sumerjo en su lectura.

ARGUMENTO E INTENCIONES

La “novela” cuenta la historia, o mejor, pretende contar la historia de un niño chileno al que, durante la dictadura de Pinochet, una niña, Claudia, encarga que investigue los movimientos de un vecino, Raul. Luego resulta que ese vecino no se llama Raul sino Roberto y es en realidad el padre de Claudia. Roberto se ha quedado con la identidad de su hermano Raul para esconderse de la policía. Años después el niño es un escritor que intenta escribir una novela y que se ha separado de su mujer. Al tiempo se encuentra con Claudia y se lían. De fondo están las discusiones que este escritor, de izquierdas y anti Pinochet, tiene con sus padres que, como muchos chilenos, no se metieron en política durante los años de la dictadura.

–          Muy bonito, Margaret. Ya has destripado el argumento.

–          Mira Samantha: No he destripado nada porque, sencillamente, no hay nada que destripar. Está muy feo contar el final de un libro si el autor se ha preocupado de construir una trama, pero en este caso no es así.

Hay un fragmento del libro (página 150) en el que Zambra nos explica con un ejemplo lo que pretendía hacer con este libro. No lo ha conseguido:

De niño me gustaba la palabra apagón. Mi madre nos buscaba, nos llevaba al living. Antes no había luz eléctrica, decía cuando encendía las velas. Me costaba imaginar un mundo sin lámparas, sin interruptores en las murallas.

Esas noches nos permitían quedarnos un rato conversando y mi madre solía contar el chiste de la vela inapagable. Era largo y fome, pero nos gustaba mucho: la familia trataba de apagar una vela para irse a dormir pero todos tenían la boca chueca. Al final la abuela, que también tenía la boca chueca apagaba la vela untándose los dedos con saliva.

Mi padre celebraba también el chiste. Estaban allí para que no tuviésemos miedo. Pero no teníamos miedo. Eran ellos los que tenían miedo.

De eso quiero hablar, de esa clase de recuerdos.

La anécdota del chiste nunca debió salir del diario de Alejandro Zambra. No tiene interés literario. Y lo del miedo es un ejemplo de las numerosas frases ingeniosas que pueblan este “libro”. En este trozo queda clara la intención de Zambra, y la idea es buena. Lo malo es que no consigue llevarla al papel. Así es toda la “novela”: Una anécdota intrascendente acompañada de una frase feliz. Así una y otra vez.

OTROS ESCRITORES

En esa misma página, la 150, y en la 151 cita tres frases (de Tim O´Brien, Natalia Ginzburg y Romain Gary) que describen, una vez más, lo que quería hacer. Pero, repito, no lo hace. Puede que porque no sepa.

La frase de Romain Gary es genial, lo mejor de la “novela”. Lo tenía fácil:

No sé hablar del mar. Lo único que sé es que me libra al momento de todas mis obligaciones. Cada vez que lo miro me convierto en un ahogado feliz.

Despues de citar a Natalia Ginzburg, escribe Zambra: “Habría que se capaz de eso. O de quedarse callado, simplemente.” Aquí me cabreo y mucho. ¿El autor se sabe incapaz de escribir lo que quiere y aun así lo publica? Espero que esto solo sea una conclusión errada de vieja chocha. Porque si es así, sería muy grave.

En verso lo tiene claro, pero es incapaz de pasarlo a novela:

Pág. 152

Es mejor no salir en ningún libro

Que las frases no quieran abrigarnos

Una vida sin música y sin letra

Y un cielo sin las nubes que hay ahora

Parece que Zambra nunca debió salir de la poesía.

Quiere Zambra escribir la novela de los personajes secundarios, los niños en este caso, de la época de la dictadura chilena. Pero los hace tan secundarios, que no los hace. Hay escritores especialista en contar vidas en segundo plano y lo hacen bien, muy bien. Recomendamos a Zambra Verano y amor, el libro de William Trevor que acaba de publicar Salamandra. En su reseña en Babelia del libro de Trevor, Alberto Manguel escribe:

…contar lo nimio como si fuese de una importancia vital, y dejar que pequeños gestos, palabras apenas dichas, amagos, sospechas e intenciones sirvan para llevar adelante la insinuada acción.

Eso quería hacer Zambra, pero no le ha salido.

Otro autor que consigue lo que quiere hacer Zambra es Alessandro Baricco. El italiano escribe de forma concisa. Con tres palabras (además de con mucho talento y mucho esfuerzo) es capaz de contar lo que otros necesitan desarrollar en decenas da páginas. Un ejemplo de Seda:

Pag. 11:

Gozaba discretamente de sus posesiones y la perspectiva, verosimil, de acabar siendo realmente rico lo dejaba completamente indiferente. Era, por lo demás, uno de esos hombre que prefieren asistir a su propia vida y consideran improcedente cualquier aspiración a vivirla.

Habrán observado que son personas que contemplan su destino de la misma forma en que la mayoría acostumbra contemplar un día de lluvia.

Se habrán dado ustedes cuenta de la diferencia entre Zambra y Baricco, ente Seda, una gran novela de 125 páginas y Formas de volver a casa, una “novela” de 164 páginas.

Para conseguir esto, Baricco se esfuerza y rompe muchos folios o borra muchos archivos.

Pero, como ya he dicho en este blog, estos chicos, los jóvenes grantas, tienen otras cosas más interesantes que hacer.

FRASES INGENIOSAS

Si usted señor/ra lector/a lee lo que le acabo de contar, hace unos párrafos, sobre el argumento y luego las cuatro frases ingeniosas que Zambra espolvorea sobre su escrito, y que yo le copio a continuación, ya ha leído la novela y no hace falta que se gaste los 15€. Ahí van las frases o párrafos felices:

Pág. 54:

Nuestro problema fue justamente ése, que no mentíamos. Fracasamos por el deseo de ser honestos siempre.

(…)

La sola idea de imaginarte con alguien más me resulta intolerable, le dije, y nos costó, después, rellenar ese silencio.

Pág. 73:

Los padres abandonan a los hijos. Los hijos abandonan a los padres. Los padres protegen o desprotegen pero siempre desprotegen. Los hijos se quedan o se van pero siempre se van.

Pág. 95:

En Vermont no me dan ganas de fumar, pero llego a Chile y fumo como una loca, dice Claudia. Es como si Chile me resultara incomprensible o intolerante sin fumar.

Pág. 99:

 Aprender a contar su historia como si no doliera. Eso ha sido, para Claudia crecer: aprender a contar su historia con precisión, con crudeza. Pero es una trampa ponerlo así, como si el proceso concluyera alguna vez.

Inciso: Esta frase está muy bien. Después de leerla me esperancé. Pensé que a pesar de haber desperdiciado el 65% de las páginas de la “novela”, la historia podía remontar. No lo hizo.

Más frases ingeniosas:

Pág. 111:

De alguna manera fantaseaba con este final: ella cuidando a mi padre hasta el último momento y yo regresando deprisa, llena de culpa, para su funeral.

Pág. 112:

…papa tuvo que elegir a cuál de sus hijas joderle la vida. Y la eligió a ella. Y yo me salvé.

Pág. 115:

No preguntábamos para saber, (…) preguntábamos para llenar un vacío.

Pág. 127:

…viejos álbumes de fotografías familiares. Para eso sirven esos álbumes, pienso: para hacernos creer que fuimos felices cuando niños. Para demostrarnos que no queremos aceptar lo felices que fuimos.

Pág. 138:

Es como si hubiéramos presenciado un crimen. No lo cometimos, solamente pasamos por el lugar, pero arrancamos porque sabemos que si nos encontraran nos culparían. Nos creemos inocentes, nos creemos culpables: no lo sabemos.

Con frases como la última, un lector descuidado puede pensar que está leyendo una buena novela. Estas frases no son más que fuegos artificiales. Recomiendo a quien tenga una buena opinión de esta novela, que la vuelva a leer a la luz de esta reflexión. Quiten las frases felices y ya me dirán lo que queda.

MATAR A LA MADRE

En dos momentos de la novela el autor repite la misma escena casi con las mismas palabras. No es un error, es totalmente intencionado: La madre, en la página 80, le pregunta a su hijo, escritor, su opinión sobre Carla Guelfenbein escritora chilena de mucho éxito. El protagonista (claro alter ego del autor) dice que no le gusta y que no entiende lo que ve su madre en una escritora que cuenta cosas de otra clase social. La segunda vez, la misma escena, la misma pregunta y respuesta de madre e hijo, ocurre en la página número 133, justo detrás del trozo en que el hijo acusa a los padres de ser culpables de los crímenes del dictador por no haber hacho nada, por no haberse definido. No hace falta ser muy inteligente para deducir que Zambra acusa a la Guelfenbein de no haberse mojado políticamente. Aquí el autor chileno cae en el típico oportunismo del joven escritor que matando al padre literario (en este caso la madre) intenta hacerse un hueco en la cima cogiendo un atajo en lugar de ganárselo a pulso con su prosa. A Carla Guelfenbein la edita Planeta en España. Seguro que esto habrá puesto cachondo a Herralde: La derecha edita a la Guelfenbein y yo edito a los jóvenes y rojos cachorros que le muerden los tobillos. Anagrama, la  guarida de los progres, el último refugio de los jóvenes airados. De verdad, qué cansada estoy de tanta propaganda para idiotas.

Yo he leído el libro de Carla Guelfenbein que Planeta editó en 2009, El resto es silencio, y me gustó. Se podrá discutir sobre su calidad literaria, pero claramente su autora trabaja los personajes, y los sentimientos de estos, mucho mejor que Zambra. Le da mil vueltas.

PERSONAJES

La “novela” que estamos analizando plantea asuntos: el alcoholismo y la afición al juego del abuelo del protagonista, la relación entre las hermanas Claudia y Ximena y de estas con su padre, el amor entre el protagonista y su mujer, la relación ¿amorosa? entre el protagonista y Claudia, pero no desarrolla ninguna de ellas. El autor quiere pasar tan de puntillas que nos deja continuamente con las ganas de saber porque ocurren las cosas y las consecuencias de esos acontecimientos.

Pienso, claro, que para desarrollar esos asuntos o temas que cito en el párrafo anterior debería el autor haber previamente definido a los personajes. Si mi compañero de butaca en el avión me hubiera pedido que le contara como es el personaje que más me había interesado de la “novela” no hubiera sabido que decirle. ¿Cómo es Claudia? Solo sé lo siguiente de ella: De pequeña le contaron que su padre ya no se llamaba Roberto y en un terremoto descubre donde vive su padre y le pide a un niño que lo vigile y le cuente. Luego se marchó a EEUU. A la muerte del padre vuelve a Chile y se lleva mal con su hermana pues esta no quiere vender la casa. Es consciente de que ha tenido más suerte en la vida que su hermana pero no sabe si sentirse culpable por ello. Se acuesta con el escritor protagonista y le gusta ver las fotos familiares de este. Nada más. ¿Me interesa este personaje? No lo sé. No tengo datos.

Podría ocurrir que los chicos y chicas que hoy tienen entre 25 y 35 años sean tan planos como los personajes que describe o intenta describir Zambra. Si eso es verdad -yo desde mi provecta edad puedo haber perdido la perspectiva para percibirlos en su realidad- entonces lo entiendo todo y comprendo que los autores en español de esa edad escriban como escriben.

Me niego a aceptar que lo que he escrito en el párrafo anterior sea verdad.

GRACIAS ALEJANDRO

Hay una cosa que debo agradecer a Zambra y es la sinceridad con la que reconoce su coitus imterruptus, es decir su “novela”. No te preocupes, Alejandro, ser impotente no es tan grave. Te lo dice una mujer:

Pág. 119:

…recuerdo alguna historia o cientos de historias sobre ese tiempo, pero me siento un poco tonto, me parece que todo lo que puedo contar es intrascendente.

Pág. 155:

Abandonamos un libro cuando comprendemos que no estaba para nosotros. De tanto querer leerlo creímos que nos correspondía escribirlo.

Pág. 161:

Alejo y acerco al narrador. Y no avanzo. No voy a avanzar. Cambio de escenarios. Borro. Borro muchísimo. Veinte, treinta páginas. Me olvido de este libro. Me emborracho de a poco, me quedo dormido.

Y luego, al despertar, escribo versos y descubro que eso era todo: recordar las imágenes en plenitud, sin composiciones de lugar, sin mayores escenarios. Conseguir una música genuina. Nada de novelas, nada de excusas.

Ensayo borrarlo todo y dejar que prevalezca este ritmo, estas palabras: (a continuación el autor mete un poema)

Acabáramos, Alejandro. A tres páginas del final reconoce el autor que no ha podido escribir su novela. Entonces ¿Por qué c… he pagado yo 15€ por una “novela”?

Alejandrito, príncipe, dedícate a la poesía, o a los aforismos o a la dipsomanía directamente. Pero deja la narrativa. Porfa.

Debo agradecer otra cosa más al autor: La lectura de su novela me fue facilísima. Nunca tuve que leer dos veces un párrafo y en ningún momento me sentí interpelada sobre cuestiones éticas o políticas. En ningún caso tuve dificultad para entender la forma de pensar de los personajes. Acostumbrada como estaba a agobiarme con el doctor Zhivago a causa de su sentimiento de culpa (lo dejé en la página 400 atrapado entre dos amores, Lara y su legítima) y sus dudas sobre el papel que un hombre debe desempeñar en una encrucijada histórica como la que vivió Rusia a principios del siglo XX, la lectura de Formas de volver a casa me ha relajado mucho.

CINCO COSAS SUELTAS

1.- Destaco, para terminar, el mal gusto y la poca oportunidad cuando en la escena que transcurre en una Iglesia escribe:

…enormes candelabros de los que caía la esperma de las velas nuevas o ya a punto de consumirse que solía llevar la gente para pedir milagros.

Me imagino que con este trozo Zambra intenta un guiño a perroflautas y progres anticlericales. Que hay que vender, oiga.

2.- En la página 106 Claudia lleva una camiseta que dice “Love sucks”. ¿A qué viene esto, Alejandrito? Si tuvieras lo que hay que tener, hubieras escrito de forma valiente sobre el amor, pero…Con mi lápiz escribí en el margen: “Este libro sucks”.

3.- Los diarios de Zambra se publicarán cuando, dentro de 20 años, le den el premio Nobel (que por el camino que lleva la literatura se lo terminarán dando). Seguro que tienen gracia.

4.- La “novela” tiene nueve páginas buenas, de la 128 a la 136. En ellas se esboza el desencuentro entre la tibieza político/ética de los padres con la firme condena (a toro pasado) de la dictadura que hace el escritor protagonista.

5.- Un apunte para desarrollar en otro “post”: Siempre me ha intrigado el placer que encuentran algunos editores en hacer pasar una obra mala por buena. Pienso que debe ser producto de un ego malsanamente agrandado. Deben pensar (de forma retorcida, por supuesto) que si consiguen encumbrar a un mal escritor con una mierda de libro entonces ellos son grandes editores porque tienen tanta influencia que hacen bueno lo malo. Imagino a esos “editores” retorcidos como al Joker de Batman riéndose malvadamente después de haber engañado a todos los ciudadanos de Gotham City.

NUNCA MÁS

He gastado dos horas en escribir este texto y cuatro en leer la “novela”. No volveré a desperdiciar mi tiempo de esta manera. Estoy ya muy mayor y sé que me voy a morir (dentro de muchos años, claro) sin leer grandes libros. Si la narrativa joven en castellano resucita, no me enteraré. No pienso volver a leer a estos chicos y chicas. Adiós.

En los veranos de mi infancia, en el pueblo de Murcia donde nacieron mis padres, todos los sábados Estanislao, un agricultor un poco más espabilado que es resto de los vecinos, proyectaba en un improvisado cine al aire libre las películas que a duras penas se conseguían en aquella época. Cuando la película era buena, solo se oía el ruido de las pipas de girasol al partirse. Pero si era mala, a los treinta minutos de metraje más o menos, se oía la voz de algún lugareño que gritaba alargando las vocales: “Estanislao, ¡Vaya cebollo!”. Pues eso: Alejandro, ¡Vaya cebollo!

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23 respuestas a ALEJANDRO ZAMBRA. ¡¡Vaya cebollo!!

  1. Fuselaje dijo:

    Amigas de la Patrulla, desde aquí esperamos que se atrevan con los amigos de Cristina, como el a-gramatical Javier Calvo o el pre-mental Kiko Amat.
    Seguro que tampoco tienen nada para Pron.
    Se les ve el plumero señoras.

    • Muy señor mio:
      Alejandro Zambra y su libro aparecen en este blog por que él y su editorial han hecho algo muy feo: vendernos como novela lo que no es una novela.
      Este blog no es de crítica literaria (si busca eso le recomiendo La medicina de Tongoy). En este blog, y de forma temporal, espero, denunciamos los ataques que se hacen al libro y a la literatura.
      Pero tenga usted la más completa seguridad de que si esos chicos que nombra atentan contra el libro saldrán aquí retratados. Por estas, que son cruces.
      Tambien le digo una cosa: Voy a intentar, los próximos meses, años y, espero, décadas, mantenerme lo más alejada posible de la joven narrativa en castellano.
      Muchas gracias
      Suya atentamente
      La sargento Margaret

  2. Hola guapísimas. Bienvenidas. Os echaba de menos. Este verano está, blogosferamente hablando, bastante aburrido y si no llega a ser por lo de El Cultural aquí la mitad acababa cortándose las venas. ¿Estáis morenitas? Seguro que sí. Qué bien.

    Dos cosas. Bueno, tres.

    1º. No vayáis diciendo por ahí que yo hago crítica literaria o mis enemigos, que ya deben ser legión, me cortarán los huevos. Yo sólo doy mi opinión. La crítica es algo objetivo y yo no he sido objetivo en mi p*** vida. No me sale.

    2. Sobre el punto 5 y rompiendo una lanza en favor de la editoriales: éstas se dedican a eso. Es decir, es un negocio. Viva el mal, viva el capital y eso pero en legítimo. Lo que no es legítimo es que la “crítica literaria” les baile el agua (¿se dice así?) y esperan de los lectores actos de fe.

    3. Dije que valía la pena sí, pero me refería a que escribe muy bien. Debí decir “bonito”. Por aclararlo, dejo aquí lo que dije: “También fue el mes de Alejando Zambra. “Formas de llegar a casa” es lo primero que leo de él. Pero me dije “prejuicios fuera” y los maté; me la leí y aunque en el durante me gustó mucho en el después quedó en casi nada. Sí destacar, porque es de recibo, el exquisito estilo de Zambra; un estilo que acompleja a cualquiera pero que de tan lírico se ve que se mueve mejor en las distancias cortas. Si a esto mismo le dedica 500 páginas por más que mate a puñaladas a medio reparto seguramente acabaría en la misma estantería de la que lo rescaté sin dejarme arañazos en la memoria, por ponerme yo también algo poeta. La novela, ya digo, ni fu ni fa, pero seguramente tuvo mucho que ver que el tema de los hijos de la dictadura y la memoria de los padres y la reconciliación de ambos y tal pascual lo tenía muy reciente con la novela de Pron, de la que ya hablé en su momento. A pesar de lo dicho, y sin que sirva de precedente, recomiendo su lectura porque leerla es como deslizarse y porque se aprende mucho de cómo hacer las cosas bien. Me ha quedado una parrafada tan larga que voy a pasar de hacerle reseña en el futuro. Mira, lo que me ahorro.” (donde pone “hacer las cosas bien” debería poner “escribir bonito”).

    Por lo demás, como siempre, estoy de acuerdo con vosotras. Además estoy muy contento porque acabo de terminar de escribir (ya la publicaré) una reseña de 1700 páginas de “La Cena” de Herman Koch y pensé que me había pasado de la raya. Ya veo, después de leer esta, que no.

    Abrazos,

    • Querido Carlos:
      Vamos a hablar claro. Alejandro Zambra no escribe bonito. Alejandro Zambra es directamente muy malo. Muy malo. Yo, que ya se ve como escribo, también tengo alguna frase feliz en mi diario. Yo también, en alguna carta de amor, he escrito alguna frase bonita. Pero no se me ocurre publicar un libro con ellas y cuatro anécdotas chorras. Además (y esto no lo he dicho en la reseña) se aprovecha de la tragedia vivida por las víctimas de la dictadura chilena. Si tuviere un poco de verguenza donaría todos los ingresos que este libro le reporte a alguna asociación de victimas. Por aprovecharse.
      Tu eres partidario de decir sin adornos lo pésimos que son algunos libros y eso te honra. Pues estamos ante uno de los mayores engaños de los últimos tiempos. Y lo peor es que el propio autor lo reconoce via las entradas del diario del protagonista, claro alter ego del autor.
      Zambra debe partiese de risa cada vez que relee las buenas criticas y los elogios. Lo de Pligia (al que acaba de editar su última novela en Anagrama) sabe Zambra que forma parte de la promoción. Lo típico, ya sabes: Herralde manda una nota a Ricardo Pligia en el mismo paquete que contiene la novela de Zambra. “Estimado Ricardo: Te envío la novela del nuevo y joven valor de la literatura chilena. Espero que te guste”. Pligia entiende el mensaje y, probablemente sin pasar de la quinta página, hace un elogio para que luego Herralde lo pueda incluir en la contraportada. Pero las demás buenas reseñas son incomprensibles. Y si van por aquello de “nuevas formas de narrativa” y “nuevas voces” y todas esas pendejadas estonces apaga y vamonos.
      Perdona la extensión pero tenía tantas pruebas de la cagada de este escritor que queria ponerlas todas para que nu cupiese duda alguna. El libro es horrible.
      Un abrazo
      PD Estamos morenísimas y guapísimas. Si no nos lo decimos nosotras…
      La sargento Margaret

  3. Sé como funciona lo de las reseñas de escritores a escritores, me he llevado alguna buena hostia por eso (alguien me confesó la mentira y la razón para ello) y desde entonces ya ni las miro. No sabía que había una de Piglia pero hubiese dado lo mismo.

    • Querido Carlos:
      He retomado mi “El doctor Zhivago” y vuelvo a ser feliz. Vuelvo a respirar. Haz lo que yo. Olvida estas redacciones de espabilados de COU y vuelve a la Gran Literatura. La vida es corta y no hay más que esta. En el infierno nos arrepentiremos del tiempo perdido en leer a subnormales/enteradillos.
      Un beso
      Margaret.

  4. Cesar Bruto dijo:

    Si , Margaret, cuando oigo por ahí que ahora los escritores tienen dificultades insuperables para contar me muero de risa y por supuesto me abstengo de acercarme. Por qué no se ponen a hacer ejercicios en privado? .
    A mi lo que me parece es que el verdadero problema de la literatura actual, a parte de la vagancia, la jeta y la ignominia, es que hay poca vida en nuestro mundo, y en un mundo con poca vida hay que ser muy buen escritor para hacer literatura,¿ si todos somos mediocres de qué va hablar un escritor del montón?. Cuando ,por otra parte, Iris Murdoch, por ejemplo,ya ha expuesto el tema hasta agotarlo por completo. Pero no se callan , no. Ni se callan, ni tienen qué decir ni saben decirlo.
    Yo de Carlos solo hago caso si dice que algo le gusta mucho mucho mucho (y lo demuestra) si simplemente le gusta, paso. ( siempre refiriendome a sus comentarios sobre autores “actuales”)
    Me debes un elogio de Francisco Porrúa. No dirás que me vendo caro, supongo

  5. ¿Doctor Zhivago? ¿Y porqué no pasas del libro? ¿No sabes que hay película? Es broma.

    Por cierto, te hice caso y el otro día me compré la autobiografía de Russell. Apenas he leído unas páginas pero tiene buena pinta.

    Cesar, una sabia decisión la tuya de no hacerme demasiado caso. A ver si cunde el ejemplo.

  6. Iba a sugerirle que se limitara a leer y comentar libros del siglo XIX (primeras décadas del XX como mucho), porque está claro que es el tipo de literatura para el que su gusto está conformado, y es absurdo empecinarse en leer nada que vaya más allá, pero se me ha avanzado en los últimos párrafos; ya ha llegado a la misma conclusión usted solita.

    Es una lástima tanta impaciencia con los autores jóvenes y tanta cerrazón; incluso cuando a veces he estado de acuerdo con algún comentario suyo, me apena su encono, su falta de generosidad y su incapacidad para usar el sentido del humor para encauzarla.

    Pongo este comentario aquí no a modo de defensa del libro de Zambra (que no he leído; sí los dos anteriores, que me parecieron curiosos pero no me entusiasmaron en absoluto), sino simplemente porque esta es la entrada más reciente.

    Y me despido con un regalo:

    http://eduardoberti.blogspot.com/2011/08/john-updike-y-las-reglas-de-la-critica.html

    Un saludo

    • Estimado/a I. A. Ireland:
      Me pides generosidad y sentido de humor. No me estarás pidiendo que baje el listón? verdad?
      ?Me estás pidiendo que sea menos rigurosa a la hora de juzgar a estos chicos tan jovencitos y tiernos? es eso?
      Por favor, un poco de seriedad.
      Las reglas de la reseña de Updike ya las conocìa. De hecho las incluí en la entrevista que publique aquí en este blog con J. M Guelbenzu en Junio.
      Un saludo
      Margaret

  7. Marcela dijo:

    Se ve que no era tu intención, pero citas tantas frases buenas de la novela que dan muchas ganas de leerla. Y se te nota penosamente la mala leche. Me voy ahora mismo a comprarla. Si hasta parece que esta novela es mejor que Bonsái y que La vida privada de los árboles, que son impresionantes, sobre todo la segunda. He estado viendo en la página de Anagrama, en la parte de Foreign rights, y se va a publicar en muchas lenguas. O sea que el engaño es global… Así que empieza ya a traducir este post a esos idiomas (al inglés, al italiano, al chino…) y así te haces famoso como en enemigo de Zambra… Enemigo, porque mujer no eres ni menos vieja, eso se te nota demasiado. Eres un escritor joven que no salió en Granta, pobrecito. Un consejo: no cites tantas frases, mira que a varios les puede pasar lo que me pasó a mí, que voy a leerla ahora mismo. Es difícil convencernos de que Zambra escribe mal cuando citas fragmentos tan buenos.

    • Tienes razón, Marcela. Me has descubierto. Me quitaré la máscara de una vez por todas. Soy Alejandro Zambra. No tuve más remedio que hacerlo. El libro no se estaba vendiendo como se esperaba y tuve que recurrir a esto.
      La cosa esta muy mal y… ya sabes.
      Por favor no se lo digas a nadie. Guardame el secreto.
      Gracias
      Alex
      PD: Por favor no compres solo un libro. Compra 3 o 4. Y los regalas a tus amigas. ¿vale? Anda.

  8. blumm dijo:

    Esto es hundir el departamento de márketing de una editorial.
    ¿Leemos a Zambra?
    Lo había anotado por ahí. El boga-boga que no el bunga-bunga tiene estas cosas, que oyes, escuhas y anotas ese título.
    Para cuando acabe con Muertes de perro (qué muertes, eso eran muertes) me lo pienso. O no.
    Ya Zambra parece que no vale nada, ni un duro de los de antes, ¡pardiez!
    Pregunto. ¿Y las demás sargentos?

    • Amigo blumm:
      Leelo solo si quieres conocer hasta que punto las editoriales, los críticos y muchos lectores estúpidos se han confabulado para hacer pasar por bueno lo que no puede recibir otro calificativo que: malísimo.
      Pero solo si te interesa el mundo editorial.
      Si quieres leer por placer ni se te ocurra.
      Un abrazo
      La sarganto Margarita

  9. Jesús dijo:

    Ay, mi Sargento. Señor, si, señor.
    Cada cual puede tener sus gustos. Cada cual puede tener su leche, incluso cuando sea mala. Cada cual puede leer los libros en distintos momentos y encontrar distintas sensaciones.
    Pero si escribe-comenta usted así como lo hace, descalificando, insultando, categorizando, no resulta fiable. Es más, puede transcenderle una posición un poquito dictatorial o pro hacia lo mismo, con lo que se explica su inquina.
    Incluso podría pensarse que tiene usted intereses en el mundo editorial, a favor o en contra de unos u otros.
    Relájese y sea constructiva/o.
    A mí me parece buena la novela, pero cuando leo algo malo no pongo a caer de un guindo a su autor, me conformo con hacerlo con su obra.

    • Mi enfado, estimado Jesús, viene de que me siento engañada. Si una novela no me gusta no me siento engañada. He leido muchas novelas y no todas me han gustado. Esto, como sabes, es muy subjetivo. Pero si me encuentro con que un autor me cuenta su fracaso al no ser capaz de sacar de dentro la novela que le hubiera gustado. Y eso, en lugar de tirarse a la basura, se edita y se publica y se vende sin un aviso en la portada de lo que incluye. (me lo venden como Novela, alucina vecina) Pues, entonces, me cabreo y mucho. Y en mi blog cuento, con letras comas y puntos, como me siento.
      Solo eso
      Un cordial saludo
      La sargento. Que ya no está cabreada porque, en este mismisimo momento, está leyendo una buena novela. Una de verdad

    • Adelita dijo:

      Hola Jesús, una cosa es eso de que “en gustos no hay nada escrito” o “pa gustos, los colores”…a mi me pueden gustar más o menos las novelas de Coetzee, las de Cheever, las de Vonnegut y así, hasta el infinito demasiado finito de la buena literatura…pero otra cosa es que uno tenga que encontrar bueno a un tipo que es malo y que esté obligado a referirse a su obra de forma “constructiva” “balsámica” y “suavizante”, A la mierda! un lugar en el mismísimo infierno le espera a los escritores malos, por todas las horas de vida que nos hacen perder. Si tú quieres ser “constructivo” “balsámico” y “suavizante” allá tú, yo apoyo con todas mis fuerzas la crítica destructiva de la mala literatura.

  10. Jesús dijo:

    Si, se le nota mejor humor, incluso relajo.
    Sea buena y cante a los vientos su hallazgo.

  11. copmancuso dijo:

    Sargento, me han entrado ganas de darle un besazo tras leer esto :

    1.- Destaco, para terminar, el mal gusto y la poca oportunidad cuando en la escena que transcurre en una Iglesia escribe:
    …enormes candelabros de los que caía la esperma de las velas nuevas o ya a punto de consumirse que solía llevar la gente para pedir milagros.

    Recuerdo que mi abuelo me contaba como cuando mozo hacia unos cartuchos caseros para la escopeta y usaba el “esperma” de una vela para impermeabilizarlos. Yo con los ojos como platos le miraba azorado por lo escatológico del palabro. He mirado en la RAE y comenta que el esperma es una sustancia que se sacaba del cráneo de los pobre cachalotes para hacer velas (practica espero que en desuso). Mi abuelo la usaba, al parecer, como palabra de uso común. Supongo que tu “cebollo” también la usa así.

    Saludos

    • Amigo copmancuso:
      Juzgar en mal o buen gusto es un acto subjetivo, claro. Lo malo es que leyendo la porquería de novela de Zambra (que me leí de cabo a rabo) una termina cansada de tanta estupidez y cuando mete la palabra “esperma” en la iglesia con la única intención de escandalizar pues, mira, a una se le pone muy mala leche. Qué quieres que te diga,
      Un saludo
      La Margaret

  12. Gaston de los Goles dijo:

    Me parece excelente la idea de la novela de Zambra.
    Me parece una soberana mierda tu comentario y los comentarios ridículamente bien escritos de la gente que lee esta mierda de blog.

    Eres una mierda mala onda.

  13. Adelita dijo:

    Jamás te he encontrado más razón sargento.
    No, “formas de volver a casa” no vale 15 euros, no vale euros todavía en la protoforma de novela en la que se encuentra. Vale como idea, como el esqueleto de lo que podría llegar a ser, pero como novela, no. Y tampoco, Zambra no escribe bonito, Zambra escribe con la ligereza de un niño de 14 años, sin experiencia y con temor, con temor a hundirse en los detalles, con la necesidad de pasar rápido y por encima ¿Falta de imaginación? ¿Falta de recursos? ¿De talento, de lectura?, puede que de todo un poco. El resultado una prosa facilona, vacía, llena de aire. que sólo se sostiene por unas cuantas frases afortunadas. Creo que le falta trabajo, trabajo del duro, de ese que te lleva a pulir el párrafo un día, dos, una semana y todo lo que sea necesario, para acabar dándote cuenta de que había que eliminarlo, y, llegado el caso, tener la valentía de hacerlo. No creo que haya otra forma de escribir honestamente.y creo que Zambra está muy pero muy lejos de eso.

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