MAGGIE WONKA y la FÁBRICA DE BEST SELLERS (1ª parte)

A comienzos de este año se publicaba que científicos americanos habían descubierto el secreto para escribir best sellers. Decía el ABC -copiando del Telegraph– que los estudiosos habían desarrollado un algoritmo que predecía, con un 84% de fiabilidad, el éxito de un libro. La Patrulla de Salvación necesita fondos para ganar la guerra, que se está haciendo demasiado larga. No tenemos sponsor ni mecenas y luchar con las grandes editoriales, los medios de comunicación mentirosos y los malvados críticos literarios es cada día más costoso. Acuciadas por las deudas y la necesidad de renovar nuestro armamento nos aprendimos la fórmula y escribimos entre las cuatro una novela aplicando el método de los citados científicos. Nos ha salido una novela histórico-romántica con mucho sexo y con asesinos en serie. En nuestro libro los asesinos se enamoran perdidamente de los sacerdotes medievales sacrílegos (en teoría del opus) y las princesas -por amor- azotan y obligan a ponerse cilicios a los miembros de una secta satánica que tiene su inspiración en la Divina Comedia y en la Constitución de Cádiz de 1812. Hay también una investigadora mujer. Nuestra obra se publica en breve, pero no confiamos en que nos saque de pobres. Se la hemos mostrado –la novela- a nuestra amiga Antonia Kerrigan –agente de los mejores escritores de best sellers de España (Dueñas, Jurado, Ruiz-Zafón…)- y nos ha dicho que vamos a vender menos que una ficción romántica escrita de puño y letra por Paquirrín. Es por eso que hemos organizado este trabajo de investigación. A ver si entre todos –como si fuéramos alquimistas- encontrábamos la dichosa formulita.

Todo es por una buena causa. Quédense tranquilos porque los millones de euros que recaudaremos con la nueva novela que vamos a escribir –ahora que ya conocemos la fórmula- los gastaremos en nuestra cruzada para la defensa del Libro y la buena literatura. Ni un céntimo será invertido en bebidas espirituosas y juergas en África. Por estas que son cruces. ¿Verdad, Margaret?

Agradecemos la participación –con sus opiniones- de los escritores Antonio Muñoz Molina, María Dueñas, Isaac Rosa, Enrique de Heriz, Lorenzo Silva, Fernando Sánchez Dragó, José Sanclemente, Silvia Grijalba (de paisano), Flavia Company, Juan Soto Ivars, Daniel Jándula, David Pérez Vega y Ainhoa Rebolledo; de los periodistas Fernando Clemot, Sergio Vila-Sanjuán,  Milo Krmpotic y Jordi Corominas i Julián; de los críticos literarios Carlos González Peon (La Medicina de Tongoy), José María Guelbenzu y Robert Saladrigas; los editores Blanca Rosa Roca (Roca editorial), Luis Solano (L. del Asteroide) y Jan Martí (Blackie Books); los agentes literarios Antonia Kerrigan, Palmira “Dos Passos” Márquez y Guillermo Schavelzon y del  lingüista, editor, articulista y escritor José Antonio Millán.

Introducción

Hay algunos prejuicios en el mundillo literario en referencia a este asunto de los best sellers. Ahí va un puñado de ellos:

1.- Escribir un libro comercial es fácil y sus autores merecen menos respeto y prestigio que los autores de literatura literaria.

2.- Gracias a que los editores publican novelas malas pero muy vendedoras pueden al tiempo editar libros buenos de pensamiento y narrativa literaria. Los segundos subvencionan a los primeros.

3.- El lector tipo de best sellers es una persona inculta y poco informada y el “buen lector”, el que los escritores serios respetan, es el de literatura literaria.

4.- En España no hay más de 10.000 “buenos lectores”.

5.- Las opiniones de un autor de best sellers tiene menos importancia y calado que las que emite un escritor de literatura literaria. Por eso los primeros publican en suplementos y revistas de mujeres y los segundos en suplementos más serios.

6.- No se puede ser autor de best sellers y, al tiempo, de literatura literaria. Hay una clara línea roja que separa ambos campos y quien la cruza no puede volver atrás.

Para desmontar –o no- estos prejuicios, en los próximos días iremos desgranando las opiniones de nuestros insignes colaboradores. Les avisamos que algunos de ellos han mentido en sus declaraciones como bellacos. Forma parte del juego, claro. Lean entre líneas, ya verán qué divertido.

Best sellers genuinos y secuelas

Para centrar el tema nada mejor que hablar con uno que sabe:

Al escritor y periodista Sergio Vila-sanjuán lo pusimos entre la espada y la pared. Teníamos claro que este trabajo sin contar con su ayuda era como jugar al futbol sin balón. La sargento Margaret ha tenido que prometer a don Sergio algunas cosas. Pero todo sea por el libro. Además, a estas alturas la sargento tiene poco que perder.

Sergio Vila-Sanjuán es director de suplemento Cultura/s de La Vanguardia y autor de varios libros de entre los cuales destaca Código Best Seller (Temas de Hoy, 2011). En este ensayo, que en breve vuelve a editar Alianza, se reflexiona sobre los libros más vendidos de la historia y se analiza los puntos fuertes por los que llegaron a tantos lectores. Por su interés reproducimos íntegra la respuesta que Vila-Sanjuán nos dio hace un par de días:

“Lo primero que hay que hacer es diferenciar los best sellers genuinos de las secuelas. Los primeros son los que marcan grandes cambios de tendencia en el mercado editorial y se caracterizan por un tema original, que nadie había abordado hasta entonces, generalmente producto de una larga obsesión del autor. Las secuelas se definen por todo lo contrario, lo que hacen es parasitar la renovación generada por los genuinos superventas. Los primeros son muy interesantes culturalmente mientras que los segundos son fenómenos oportunistas. Best sellers genuinos son Lo que el viento se llevó, El señor de los anillos, Matar a un ruiseñor, Cien años de soledad, El padrino, Papillon, Chacal, El nombre de la rosa, El perfume, Parque Jurásico, Harry Potter y la piedra filosofal, La sombra del viento o El código Da Vinci. En todos estos casos se da la aportación original de un universo personal que consigue conectar con un público amplísimo, renovando el imaginario del momento, al que enriquecen con una aportación de simbolismo. Es absurdo considerar estas obras como productos de marketing ya que ningún publicitario podría haber previsto previamente que iban a funcionar.

En el campo de los best sellers genuinos podemos detectar varios subgrupos: Libros que mueven conciencias (La cabaña del tío Tom, Canción de Navidad, Sin novedad en el frente), Grandes frescos históricos (Ivanhoe, Los tres mosqueteros, Los cipreses creen en Dios, Los pilares de la tierra, El médico), Fábulas y relatos simbólicos (El Principito, El alquimista), Folletón y sus herencias (de Los misterios de París a Harold Robbins), Románticos (Love Story, Los puentes de Madison), Eróticos (Emanuelle, Las edades de Lulú, Cincuenta sombras de Grey), Intriga (de Conan Doyle a Stieg Larsson), Superación de la adversidad (Kon Tiki, Viven), Historias de médicos (La historia de San Michele) de abogados (de Perry Mason a John Grisham), Best sellers cultos (Stefan Zweig, El guardián entre el centeno, Milan Kundera, Marguerite Duras, Jostein Gaarder), Autoayuda (Como ganar amigos e influir sobre la gente), Gastronomía (Las recetas de Simone Ortega), infantiles y juveniles (Enid Blyton, J.K. Rowling, Crepúsculo…).

Desde un punto de vista de enfoque y estructura, ¿hay rasgos comunes? En los best sellers de narrativa suele encontrarse: vocación de universalidad y lenguaje claro (tiende a primar el contenido sobre la forma). Estrategias para conseguir una lectura amena, con dosificación de la intriga y tendencia a terminar en clímax las partes más significativas de la obra. Tono positivo: prima la tesis de que el ser humano es capaz de sobreponerse a su destino y modificarlo (son muy raros los best seller nihilistas). Incluso en los best sellers de no ficción prima la narratividad, la voluntad de presentar los hechos como relato, con profusión de anécdotas. Hasta aquí la teoría.

En la práctica conseguir un best seller genuino es algo que no puede planificarse. O sale o no sale. Un autor tiene algo que contar y en ciertas, afortunadas ocasiones, logra una gran incidencia entre los lectores. O uno ha nacido para esto, o no ha nacido. Embarcarse en secuelas, por el contrario (sobre templarios, vampiros o relaciones SM) sí está al alcance de cualquiera, aunque me temo que no es un empeño que de mucho brillo.”

Expertos

En Patrulla de Salvación, por motivos obvios, la veteranía es un grado. De entre todos los entendidos que han respondido a nuestras preguntas hay cinco, además del ya citado, que por su experiencia; sus amplias y profundas lecturas y sus conocimientos, merecen un respeto. Estoy hablando de los escritores Antonio Muñoz Molina y Fernando Sánchez Dragó; de los críticos Jose María Guelbenzu y Robert Saladrigas y del sabio del mundo de los libros llamado José Antonio Millán.

Antonio Muñoz Molina no cree:

“que nadie pueda fabricar ex profeso un libro con la garantía de que será un superventas, salvo en casos muy particulares, autores que dieron con una fórmula de éxito por casualidad y luego la han repetido. Si los libros de éxito se pudieran programar de antemano todos los editores serían ricos. Y por otra parte la línea entre escritores literarios y comerciales no es tan clara como parece. Muchas novelas escritas con descarado oportunismo comercial no llegan a nada. Y a veces libros sólidamente literarios llegan a muchísimos lectores. No hay que olvidar que entre los bestsellers del siglo XX están Lolita y ElGran Gatsby, por poner dos ejemplos.”

Robert Saladrigas, que también es novelista y para nosotras el mejor crítico literario de España, está de acuerdo con el autor de El Jinete Polaco:

“En mi opinión (de autor) me siento incapaz de escribir un buen best seller. Veo muy difícil construir libros de la calidad de Chacal de John Forshyte, ¿Arde París? de Collins y Lapierre o El padrino de Puzo, por solo poner tres ejemplos de libros que respetan las reglas del género, obligan a ser leídos casi sin darse un respiro y han sobrevivido al tiempo y las modas. ¿Cómo se hace eso? ¿Basta con dominar los “trucos” de los especialistas? Sinceramente no lo puedo creer. Permíteme que insista: proclamo mi incapacidad – o impotencia – más absoluta. ¡Ah¡ Sigo admirando a tipos como Le Carré, sobre todo el de la primera época de George Smiley y la guerra fría. ¿Es o no es un gran autor?”

El profundo conocedor del mundo del libro que es José Antonio Millán, desde otro punto de vista, coincide:

“La idea de que se puede escribir un bestseller encierra al menos dos ingenuidades. La primera: que una obra literaria puede descomponerse en sus elementos para luego crear otra, como si de una figurilla de piezas de Lego se tratara. Segunda: que sabiendo qué obra ha triunfado en un momento dado, puede hacerse otra que arrolle en otro, siendo así que cada tiempo tiene sus caprichos y gustos incomprensibles, y si no, ahí está “Intemperie” para demostrarlo.

Y aun si fuera cierta una y otra cosa (que del análisis de una obra puede brotar la escritura de otra, y que el éxito de un año ilumina las ventas de los posteriores) la creación de un “bestseller” es tarea fatigosa e incluso cara, como demuestran los agradecimientos del último Follet, que ha debido de gastar una millonada en pagar a researchforwriters.com por los datos que luego, torpemente hilados, empaqueta y vende como “novela”.

Siga, siga cada uno transitando su propio camino, no sea que por alcanzar el ajeno se pierda el primero y no se llegue nunca al segundo.”

Fernando Sánchez-Dragó, sin embargo, afirma que hacer un best seller está “tirado”. Nos hubiera sorprendido si responde de otra forma:

“Los bestsellers son casuales. Hay libros que reúnen todos sus ingredientes y, pese a ello, no llegan a venderse. Con eso quiero decir que es hacedero, para un escritor serio, escribir uno ateniéndose a su consabida fórmula y degradando su dignidad literaria, pero eso no le garantiza el éxito popular. Escribir un bestseller es tirado si tienes un mínimo de oficio. ¿Se dejaría en esa gatera los pelos de su prestigio un escritor de culto? Depende. Hay casos en los que eso no ha sucedido. Si confesara públicamente por qué lo ha hecho, quizá se salvase de la quema, pero su amor propio (ahora los cursis lo llaman”autoestima”) no volvería a levantar cabeza. Mala inversión es ésa. Yo, como Bartleby, preferiría no hacerlo para salir de pobre, por mucho que la crisis me muela las costillas. Un escritor de verdad que se presta a ese juego deja de ser escritor para convertirse en tahúr.”

Dejamos para el final la opinión de José María Guelbenzu porque seguro que para ustedes, queridos lectores, que aman el morbo y el escándalo, será la más sabrosa:

“Yo creo que escribir “a intención” un best-seller es harto difícil y la prueba es la cantidad de ellos que lo intenta y los pocos que lo consiguen. Un autor literario puede intentar imitar el estilo del superventas, pero difícilmente logrará un buen resultado porque se necesita hacer un ejercicio de hipocresía demasiado violento. Lo que sí puede ocurrir es que un buen libro sea best-seller: tiene que ver con la feliz e inhabitual coincidencia de escribir sobre algo que está en el ambiente, que se siente venir (fue el caso de “Cien años de soledad” para una sociedad necesitada de imaginación). Pero, a fin de cuentas, cada autor define a su público con su estilo y su estilo es lo que lo singulariza. Lo que viene detrás depende de las circunstancias. Fabricar un best seller también se hace incluso desde el interior de las editoriales, un trabajo de equipo bajo el nombre inventado de un autor inexistente o bajo una cara conocida que se presta. En fin, que para enriquecerse yo recomiendo el narcotráfico, el pufo financiero o la política entendida como uno mismo. Es más eficaz y requiere menos presión.

Repreguntado por la sargento sobre eso de que “se puede hacer un best seller desde dentro de las editoriales” Guelbenzu, que además de crítico y novelista ha sido editor y está casado con una editora, respondió:

No puedo dar datos, pero es verdad que hay best sellers que se escriben a varias manos o que los escribe un autor y en la editorial se lo pulen y re-trabajan hasta que queda todo lo comercial que se desea. Lo cual no me parece mal, es una fórmula como otra cualquiera. Ahora, de ahí a la Literatura hay un abismo; no sé si seguirá siendo así en el futuro.

Las negritas son mías. Of course.

Nota: mañana, o pasado, podrán leer las opiniones de verdaderos creadores de best seller, como María Dueñas y Lorenzo Silva; de los agentes literarios más importantes de España: Antonia Kerrigan, Palmira “Dos Passos” Márquez y Guillermo Schavelzon; y demás fauna literaria.

Otra nota: Más portadas de Lolita (aquí)

La 2ª parte de este reportaje (aquí).

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30 respuestas a MAGGIE WONKA y la FÁBRICA DE BEST SELLERS (1ª parte)

  1. G. dijo:

    El best seller es la idea, que fructificó en países del área angloparlante, de hacer un entretenimiento masivo que usara como “soporte” a la literatura. Es algo así como literatura destinada a gente que no lee, ni quiere leer, literatura. El best seller es material de lectura para gente que, si no existiera ese material, no leería nada. De lo que se deduce lo injustificado de las voces que se amparan en suponer que estos lectores pasarán a otros libros luego, lo cual no es cierto. Creer que alguien pueda dejar de leer a Dan Brown (o a la de las putas sombras de Grey) para leer a Henry James es una ingenuidad; si no existiera Dan Brown, sus lectores vacantes no leerían a Henry James; no leerían nada, simplemente, porque la lectura de los grandes, aunque el placer que garanticen sea infinitamente mayor, siempre supone un esfuerzo intelectual que la gente ni busca ni está acostumbrada a realizar. De hecho, cada vez menos, si sigue consumiendo productos ya masticados como la literatura de best seller.

    Por eso, para facilitar la digestión y evitar que el público piense demasiado, además de que es muy fácil de leer, su lenguaje es cotidiano y no le exige al lector ningún esfuerzo para entenderla, esta gran literatura popular se está convirtiendo en un almacén de tópicos morales y sentimentales terribles, muy previsibles. Lo peor de los best sellers no son los clichés lingüísticos y de estilo que también nos molestan a muchos, lo peor son sus clichés morales. El lector de best seller considera que lo más interesante de la novela es llegar a la solución de los enigmas, sean del tipo que sean, pero en la buena literatura, donde hay bastantes enigmas, no se resuelve ninguno porque lo que interesa es contar la historia. De ahí la cualidad adictiva que se aduce como principal virtud de los best sellers, su capacidad de “enganche” que al final, supone el lector, le llevará de la mano a la resolución de la trama. Si hay tantos lectores devotos de obras mediocres es porque la obra mediocre conecta con nuestro anhelo de entender el mundo aplicando una lógica y una justicia poéticas que en el mundo no existen. El libro grande de verdad no nos ordena el mundo, sino que nos muestra su caos.

    Por lo general, los best sellers no tienen calidad literaria y divulgan una visión estereotipada de la condición humana. Por mucho que busque parecerse a una novela, el best seller no es una prolongación del género cultivado por Cervantes, Tolstoi o Proust. Ni siquiera es propiamente una adaptación del folletín, el ejemplo más clásico de mala novela. El best seller es fundamentalmente un producto más de la moda, un producto equivalente a un disco de OT, a una secuela cinematográfica o hasta a un modelo de coche. Pero este tipo de productos fabricados en serie al menos no tienen pretensiones de trascendentalismo. La moda es honesta en cuanto a que no oculta en ningún momento su condición perecedera. No busca hacer del pantalón o del bolso un concepto antropológico universal en el cual se reflejen las prendas y las modas de todos los tiempos. Es un bolso y ya está, se presenta tal cual ante el mundo y no engaña a nadie porque lleva intrínseca la afirmación de que tarde o temprano pasará de moda. Los autores y editores de best sellers, por el contrario, sí buscan eso: el reconocimiento a una trascendencia, esfuerzo y profundidad que no existen.

    Escribir no es contar una historia trillada y sensiblona (léase niño judío en segunda guerra mundial o mujer maltratada) de la cual se intenta extraer una enseñanza imposible aprovechando lo candente de su actualidad. La literatura nunca ha tratado temas candentes, sino temas atemporales. La moda no es trascendental, la literatura sí debe serlo. Así que yo me mato por conseguir el mismo vestuario de Britney Spears pero no trago con que me vendan un best seller como la panacea a la angustia existencial, porque para eso ya está Camus. Pero claro, el 90 por ciento de los borregos de este país no ha leído nunca a Camus y ni siquiera sabe quién es. Puedo ser víctima de la moda como algo puramente superficial sin mayores pretensiones que el esteticismo más frívolo, pero a la literatura hay que medirla (¡por favor!) con otro rasero, y nada de mezclármela en el mismo saco con los best sellers, que queda muy bien haber leído únicamente a Dan Brown para dártelas de culto entre tus amigos a la hora de merendar. Sí, otra de las virtudes de los best sellers es que han vuelto a todo el mundo verdaderos entendidos en todos los campos.

    Ésta es la principal razón de mi odio enquistado hacia la literatura de best seller: no es honesta. Y me explico: se aprovecha en cierta manera de la ignorancia literaria y cultural del lector en masa, frente a quien se presenta como verdadera literatura sin serlo, y el lector, incapaz de discernir porque no ha leído jamás, traga con todo y después va diciendo cosas como que Coelho es un genio y le ha cambiado la vida porque se piensa que una frase como “Te quiero” es una gran frase; o que “Todos somos iguales” es una gran frase. Estos libros consiguen, en definitiva, que el lector confunda la “intención de la obra” con “la calidad de la obra”.

    Por todo ello estas masivas lecturas que se convierten en ecos de sus propias resonancias vacuas me ponen los pelos como escarpias, porque lo malo no es que existan, lo malo es que se conviertan en la única opción que lea la gente. Larsson, Meyers, Follet, Barbery, Murakami, Ruiz Zafón, Brown, Dueñas, prácticamente los mismos, como una banda mafiosa, en las listas de los países más ricos. Me entra una sombría congoja que, creo, será compartida por gran parte de autores de la gran literatura. Y es que todo esto no tiene nada que ver con renovación y frescura en el mundo literario, más va la cosa por una degeneración de mercadeo editorial y la estandarización de una cultura pobre y banal. No salgo de mi asombro con sus verborreas simplistas, sentimentalismo elemental, tramas mediocres, personajes planos y finales de cuento de hadas, propios de una empanada mental de marichoni de peluquería de barrio que, por supuesto, cree que lo que está leyendo es digno del Nobel de Literatura pero no porque sea especialmente ignorante sino porque esas únicas lecturas la han hecho pensar así, con tal y preocupante escasez de miras. Los best sellers no son más que la alineación publicitaria de un baremo muy poco exigente para el lector, es decir, seguir insistiendo en ese descenso que suavemente va matando, hasta idiotizar, a fuego lento, a las masas con pastiches folletinescos de la peor teleserie. Algo a lo que, por desgracia, nos estamos acostumbrando demasiado.

    Mirad los listados de descargas de cualquier página: lo más descargado es auténtica basura. La gente no es más culta pese a tener una facilidad de acceso a la cultura infinitamente superior a la de cualquier otro periodo histórico, sin excepción. Y creo que todo tiene su origen en la confusión entre lo que es cultura y lo que es consumo: la gente no lee libros, “consume” libros. Los grandes grupos editoriales lo saben y por eso apuestan por publicar lo que sólo cabría calificar como auténtica mierda, porque es lo que vende y es lo que da dinero. Seguirá existiendo una cultura de calidad, minoritaria. Pero la proporción de personas formadas críticamente para poder ser receptores de esa cultura seguirá siendo la misma. El problema no es lo que se crea o se deja de crear: el problema es la disolución acrítica del individuo.

    Hay quien podría rebatirme que no hace falta ser Faulkner para ser escritor. Pues yo digo que sí, hace falta ser Faulkner para ser escritor. Si no, no escribas, o, si sólo quieres vender libros, entonces no importa, puedes conformarte con ser un narrador mediocre o, lo que es peor, un hacedor de best sellers.

    • Paluego Estarde dijo:

      Muy de acuerdo, G. Aunque no veo por qué tanta beligerancia. Estoy de acuerdo en distinguir la paja del grano, pero luego habrá mucha gente que aún distinguiendo sea más de paja. Perdón por las connotaciones molestas.

      • Cide Hamete dijo:

        Te sobra eso de “las connotaciones molestas”. Los seres superiores que leemos este marabiyoso vloj sabemos distinguir entre los dos posibles significados de una misma palabra.

      • G. dijo:

        Uy, por supuesto que hay razones para tanta beligerancia (y más). Pregúnteselo si no a las autoras de este blog…

    • viruela dijo:

      http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Libros_m%C3%A1s_vendidos

      de esta interesante relación (si ya sé, es wiki, esa nefasta fuente de conocimiento para analfabetos como un servidor), se podrían seleccionar al menos un 50% de los libros citados, cuya lectura elevaría el nivel cultural planetario a límites estratosféricos (más allá de la decoración doméstica a la que suelen estar destinados, que ese es otro tema)… porque un bestseller no es como usted redundantemente expone (dios, que cefalea!) bazofia apriorística, sino éxito de ventas… pero claro, usted está en otra cosa, como más etérea, más exquizo, más… más… más

  2. Fran dijo:

    Pues yo creo que para distinguir best seller de quita y pon de la literatura es fundamental distinguir entre escritor del juntaletras.

    El escritor: Suele ser un iceberg, porque su mayor parte permanece oculta hasta para él y, por eso, se esfuerza tanto en escudriñarse. Del taladro de su pluma hurgando entre sus alas de híbrido pueden surgir hallazgos para él y que lo serían -serán- para otros, pero que que normalmente el mundillo despreciará en primera instancia, por incómodo y porque supone plantarles en plena cara una mano llena de piojos. Es conveniente además que tenga mala hostia, que siempre da coraje a la hora de afrontar fantasmas dentro y fantasmones fuera.

    El junta letras sabe poner el culo en pompa, suele ser periodista (a poder ser de la bragueta). Desde pequeño supo que lo suyo era echarle cuento a la vida, es rápido bajándose los pantalones tanto en publico como en privado, tremendamente vanidoso y es difícil discernir si es que es maricón o simplemente se lo hace, porque no tiene problemas para poner el pompis en posición si es que le pueden dar algo a cambio.

    Por cierto, nadie menciona nunca Peter Pan como long seller y como obra maestra de la literatura al tiempo.

  3. La mayor parte de las personas leen cuando no tienen otra cosa que hacer o como medio de distracción y de pasar el tiempo de un modo más o menos ameno. Por ejemplo, mientras viajan en metro; media horita antes de dormir, en la cama; en la playa en vacaciones; o qué se yo.

    Quiero decir que esa personas no buscan cultura. Buscan una historia que les entretenga, y ese es el mercado de los best sellers.

    Entiendo por best seller aquel libro que se publica con la voluntad de dirigirse a esa gran masa de consumidores, sin prejuzgarlos. Solamente necesitan satisfacer una necesidad y el mercado se la ofrece.

    Otra cosa son los libros de calidad literaria cuyo origen creativo más allá del mercado; cuyo origen se encuentra en el alma de un creador, en la búsqueda de la belleza y del conocimiento, pero por razones que nadie es capaz de dilucidar, se convierte en una obra universalmente deseada y disfrutada por millones de lectores. Es, como alguien dijo, el hallazgo de corrientes subterráneas en las que de una u otra manera navegan la esencias humanas.

    Muy buen trabajo Sargento. Muchas gracias

    • G. dijo:

      El error, si me permites, es disociar “literatura” de “entretenimiento”. Que alguien se atreva a decirme que no son entretenidos libros como El Quijote, Crimen y castigo o Papá Goriot… Es lamentable que la gente tenga preconcebida la idea, absolutamente errónea, de que estas y otras muchas grandes obras son aburridas sólo por el hecho de ser gran literatura, y que nadie haga nada para evitar esta asociación ya desde los mismos colegios.

  4. Ire dijo:

    Bestsellers como “El nombre de la rosa” o “El perfume” no tienen nada que envidiar a la “alta literatura. Tampoco “La hoguera de las vanidades”, por ejemplo. No es el caso de “Lolita”, que mantiene las ventas a lo largo del tiempo por otros motivos, y evidentemente no por una hipotética falta de calidad.

    Los que he citado antes lograron conectar con un público amplísimo en el momento de su publicación, y siguen teniendo una calidad literaria innegable. El primero, el de Eco, es el más sutil de todos. Al mismo tiempo que podía leerse como una simple novela de misterio, la inmensa erudición de Eco ha logrado que lo que simplemente hubiera sido un bombazo de ventas trivial tenga un soporte de documentación detrás que muchos “grandes eruditos” la quisieran para ellos. “El perfume” es otra historia original, bien escrita, sorprendente, que logró conectar con un público muy heterogéneo, aunque bien podría no haber pasado de ser una novela “de culto”. Vaya, que hay “bestsellers” y “bestsellers”. Y la casualidad también, sí. Supongo que “estar en el momento justo en el lugar idóneo” sigue tiniendo su importancia.

    • Paluego Estarde dijo:

      “El nombre de la rosa” es una novelita entretenida con pasajes notables que no está a la altura intelectual de su autor ni de lo que aquí es llamado “alta literatura”. No nos flipemos.

      Mi opinión, claro.

      • Jesús dijo:

        Me temo que “lo que aquí es llamado ‘alta literatura'” es, en no despreciable medida, una amalgama de recursos narrativos y estilísticos que excitan la sensibilidad de un puñado de pedantes cuyos gustos son bastante transitorios (vistos con perspectiva histórica). No pocos autores por los que ahora los lectores mojan las bragas sólo con pronunciar su nombre fueron despreciados por sus más exquisitos contemporáneos como “literatura popular”, mientras que las novelas u obras teatrales que aquellos refinados lectores admiraban permanecen hoy en el más merecido de los olvidos.
        Recordemos que hasta el propio Cervantes consideraba que su Quijote era un sencillo divertimento que alcanzó cierta fama, pero que su obra buena, buena, pero que buena de verdad, era “Persiles y Segismunda”.

      • Ire dijo:

        ¿Te has parado a comprobar todas las referencias a la literatura culta medieval que aparecen en el libro y a pensar qué significan y por qué están ahí? Precisamente a eso me refería. Tiene dos lecturas claramente diferenciadas pero que se complementan a la perfección. Si te parece sencillo hacer eso sin que parezca forzado y lograr que un lector no demasiado instruido tenga sin saberlo en su casa fragmentos escogidos de alta literatura medieval…

      • caminante dijo:

        Totalmente de acuerdo. Y “El perfume” ni te cuento.

    • Sol dijo:

      Mira que bonito, te vas un año becada y al regresar la tarada de la Ire sigue comiéndose en público la mierda que le sale de su culo de frustrada fracasada. ¡Ánimo!

      • Ire dijo:

        Jajajaja! Seguías agazapada/o ahí detrás hasta que la Maggie te ha vuelto a dejar entrar conmovida por tus gemidos! Sí, becada/o como representante de lo más inepto del país. Veo que no te ha servido de nada. Déjalo. No sirves para los estudios, está claro. Pero no pasa nada. Tiene que haber de todo.

        Uelcomjom, diar. Ziyuleiter.

      • Sol dijo:

        Menos de diez minutos en responder con una cagadita. Seguimos sin tener vida, ah, el resentimiento de las estrechas fracasadas.

      • Ire dijo:

        Grrrrrrr…uau, guau!grrrr….

        jaja, déjate crecer las uñas antes de arañar, que te las has dejado todas rascando en la puerta de la Maggie.

  5. Fran dijo:

    Lo principal de la literatura es comunicar y cualquier cosa que limite esta comunicación es un error. Pero la literatura es también un arte, busca la expresión estética de emociones y de ideas, y hay que buscar un lenguaje propio para dar salida al mundo interno sin obstaculizar la comprensión de los escritos, Es preferible sacrificar bellas y vanidosas frases que en realidad no aportan nada que romper la armonía que debe regir una obra de arte. Y en la búsqueda de un estilo personal definitorio no debe olvidarse que el lenguaje es un medio para transmitir ideas. Resulta chocante que Borges abogue por un lenguaje cotidiano en la literatura, porque muchos de sus relatos son un ejemplo soberbio de barroquismo desmesurado y deslumbrante, aunque reconozco que en su última época usaba de un lenguaje más cercano a la oralidad.

    En la poesía es diferente; aquí las palabras tienen una validez por sí mismas. Son música, continente y no contenido, estética pura, y cada una conlleva su propio significado. Podría decirse que cuanto más alejado está un texto del lenguaje oral, más cercano se encuentra del poema. El lenguaje poético es por eso polisémico, puede significar varias cosas a la vez, y la narrativa, incluso la narrativa poética, debe premiar el sentido convencional de las palabras y favorecer así el mensaje.

    El escritor junta palabras como un albañil junta ladrillos. El escritor necesita comunicarse consigo mismo primero y luego también con los demás. Escribir clarifica las ideas y es natural tender a mostrarlas y buscar un eco externo. Creo que son dos cosas distintas la vocación y el talento, porque se puede tener una inclinación hacia algo y tener o no facilidad. De todas formas lo valioso es tratar de hacer algo bello, sea con palabras o ladrillos, independientemente del resultado. Un escritor necesita vivir intensamente porque de ahí se nutre su inspiración. Luego las vivencias las bate el subconsciente y por medio de la técnica y la disciplina se puede intentar expresar lo bulle dentro de nosotros. También se nutre la inspiración con otras lecturas que resuenen especialmente. Y es que como decía Borges, La literatura es “Un Sueño Dirigido”

    La vida es un proceso y no todo el mundo tiene la suerte de conocer sus vocaciones desde la niñez. Da igual en que punto de la vida surge la vocación (digamos escribir), pero es necesario cultivarla durante años. Quien lea biografías de escritores, lo primero que le llamará la atención serán los largos años de aprendizaje invertidos. Y lo mismo sucede en cualquier área de la vida: El talento se desarrolla. Por eso, más que escritor, prefiero el apelativo de re-escritor y me refiero a todas la veces que hay que corregir un texto para que quede “perfecto”. No creo en ese mito que nos muestra a un artista pintando o escribiendo como poseído por algo divino. La realidad es que cualquier cosa requiere de un esfuerzo para hacerla lo mejor posible (ya sabemos que la perfección en este mundo no existe), porque creo que lo importante es poner pasión en lo que se hace.

    Hay una diferencia fundamental entre redactar y ser “escritor”. Lo primero consiste en estructurar y expresar ideas de manera comprensible. Implica un aprendizaje previo para poder componer un texto legible, y muchos que se hicieron con una cultura pueden hacerlo medianamente bien. Pero ser escritor implica otra dimensión que no se limita a componer un texto, sino que aspira a realizar arte; un artificio donde predomine la armonía, sin olvidar que también hay belleza en la fealdad. Aspira a entender el mundo, quiere entenderse a sí mismo porque sabe que no es lo mismo pensar sobre algo que escribir sobre ese algo. Busca verdades y cuando las encuentra no las esconde en un cajón esperando que alguien las descubra (no se miente a sí mismo diciéndose que no es vanidoso) y quiere compartir un logro conseguido después de luchar mucho.

    El escritor tiene unas carencias personales y tiene unos medios para superarlas. No todo el mundo puede llegar a ser escritor como no todos pueden componer una sinfonía, ni falta que hace, pero ambas cosas requieren de un largo aprendizaje para desplegarse.

  6. Jesús dijo:

    Como digo a menudo: “La buena literatura no es la que te hace volver a creer en los Reyes Magos, sino la que te hace volver a sentirte justo como cuando te enteraste de quiénes eran”.
    Lo fácil es conseguir lo primero (aunque es difícil, y más bien aleatorio, dar con una fórmula que venda millones de ejemplares gracias a ello).

    • Sol dijo:

      Vaya idiotez, Jesús. Has encontrado tu sitio en el Water de Margareto

      • Jesús dijo:

        Sol
        ¿Y lo que he dicho es una idiotez exactamente en qué sentido y exactamente por qué..?
        (Conste que no pretendo decirlo como un descubrimiento trascendental sobre la esencia de la literatura, sino como una metáfora más o menos simpática, que transmita algo con lo que mucha gente puede estar de acuerdo… o no; al fin y al cabo, es una opinión).

      • Sol dijo:

        La frase es idiota, tu libro es idiota, tu sistema de promoción es idiota.
        Eres un personaje ridículo, Jesús, asúmelo.

  7. El post (doble de momento) está de p.m. El primer comentario me ha parecido genial, pero desmesurado, en todos los sentidos. El resto me ha hecho partir de risa. Qué tropa tan curiosa. ¡Y esa coz final -y tan bien dada- de Sol ya ha sido… ¡Jajajaja…!

    • Jesús dijo:

      Sol
      Lo de mi “sistema de promoción” te lo admito, a la vista de su éxito. Pero lo que dices de la frase y el libro, pues sigo sin ver por qué lo dices, en particular lo del libro, del que yo no había dicho ni mu. Y ya lo último, esa descalificación totalmente gratuita hacia mi persona, cuando todas mis intervenciones han sido respetuosas, pues chica, me deja descolocado, por mucha gracia que le haya hecho a don Braulio. ¿A cuénto de qué viene?

    • G. dijo:

      Gracias por lo que me toca, Braulio.

    • Gabriel dijo:

      Pues yo no encuentro la gracia en insultar a una persona sin argumentar en contra de sus palabras. Creo que quien queda en evidencia es quien da ese tipo de coz, pero también quien le ríe, y asimismo quien lo pasa por alto. Eso sí que es ridículo, y aún peor.

  8. Jesús dijo:

    Sol
    En todo caso, lo de “personaje ridículo” me ha hecho gracia. Noto un cierto retrogusto de ternura afrutada en la frase, y no deja de ser de lo más cariñoso que me han dedicado últimamente. Así que he decidido incorporarla a mi perfil de twitter. ¡Gracias!

  9. caminante dijo:

    “Lolita” tiene de best-seller lo que yo de monje tibetano. Dejen de distorsionar de una vez los términos. “Long-seller”, recuerden: “long-seller”.
    De nuevo, enhorabuena a G. por sus palabras.

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