ORSAI. UNA NUEVA EDITORIAL POSIBLE

Hernán Casciari, cansado de la censura de periódicos (El País y La Nación) y de los chanchullos de las editoriales (Random House Mondadori), montó hace unos meses la revista Orsai. Ahora, a raíz de una conversación con el genio de los comics Horacio Altuna, ha creado una nueva editorial ”imposible”. Un buen amigo nos ha mandado este enlace, Adiós, industria editorial, en el que se pueden leer los motivos por los que Hernán da este importante paso. No se pierdan el video de la firma del primer contrato. Extractamos, a continuación, los 10 principios que rigen la nueva editorial y su relación con los futuros autores. Lo que está haciendo Casciari nos está dando mucho, pero mucho, que pensar. Aplíquese el cuento, señor/a editor/a.

Esa misma noche redactamos, en una libretita, estos “Diez pactos para fundar una editorial imposible”:

  1. Publicaremos únicamente autores que admiremos muchísimo Chiri y yo, y jamás a los que únicamente son mediáticos.
  2. La firma del contrato con el autor prescindirá de escribanos, abogados, buitres carroñeros y representantes de cualquier calaña (el supervisor será Comequechu, el pizzero de al lado).
  3. La obra tendrá precios razonables en todos los países de habla hispana, sobre todo en aquellos llamados ‘emergentes’.
  4. El autor percibirá no el nueve ni el diez, sino el cincuenta por ciento del precio de venta al público.
  5. El otro cincuenta por ciento se utilizará para pagar imprenta, logística de envíos y sueldos de diseño, edición y corrección.
  6. Los contratos no serán esclavos; después de doce meses, el autor podrá irse a donde quiera sin dar explicaciones ni sentirse atado.
  7. Brindaremos al autor herramientas tecnológicas para que pueda revisar las ventas de su obra de manera directa, y cobrar sus royalties semana a semana.
  8. Los derechos de la obra pertenecen al autor hasta la eternidad; y si el autor se muere de golpe, o se suicida, o desaparece en un pozo, los derechos pasan a su familia.
  9. Cualquier malentendido se resolverá en sobremesa entre el autor y nosotros, y si eso falla, la culpa será siempre nuestra.
  10. Si el sistema funciona, la industria editorial deberá explicar por qué sigue pensando que los autores somos imbéciles y los lectores somos piratas.

 

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