EL RECHAZO DE “LA CONJURA DE LOS NECIOS”

El Malpensante es una revista literaria colombiana que da gusto leer porque los artículos son extensos y la publicidad no molesta. Además, en internet se encuentra la versión íntegra y gratuita. En su último número se incluye un reportaje de Santiago Gallego Franco (Medellín, 1981) sobre la correspondencia que entre 1964 y 1966 mantuvieron el escritor John Kennedy Toole y el editor de Simon & Schuster Robert Gottlieb para la publicación de La conjura de los necios. El escritor se suicidaría en 1969 sin ver editada su novela. Solo en 1980, y porque Thelma, su madre (“la persona más loca que he conocido nunca” según Walker Percy, director de la editorial de la Universidad de Louisiana) se empeño, se publicó esta maravillosa novela.

En su gran y necesario Éxito. Un libro sobre el rechazo editorial (Trama editorial, Marzo 2011) Iñigo García Ureta cita este de Kennedy Toole como uno de los rechazos editoriales “clásicos”. No me resisto a incluir aquí unos párrafos de este libro de García Ureta hablando de los editores:

Además, en el caso de los editores existe otro factor a tener en cuenta: sin esos chiflados hijos del diablo y su miedo irracional a la vida no habríamos tenido libros que leer. Los escritores, a los que por lo general les basta con escribir, les necesitan para difundir su obra. Y nosotros para leerla.

Los editores son, en cierto modo, un mal necesario, como los hospitales: no sabemos si al acudir a ellos con un catarro nos encontrarán un cáncer, pero tampoco tenemos el valor de quedarnos en casa si no logramos detener la hemorragia.

De modo que puestos a elegir, entonces, entre la gallina editorial y el huevo novelista debemos tener claro si estamos seguros de qué pasará si la matamos (¿habrá huevo?) o lo rompemos (¿nacerá la gallina?).

 

El intercambio epistolar entre Kennedy Toole y Gottlieb es muy revelador y educativo. Entresaco lo que a mi entender es lo más destacable, pero les recomiendo leerlo entero en El Malpensante:

Gottlieb le escribe a K. Toole el 14 de diciembre de 1964:

Lo que pensamos [él y Candida Donadio , agente de Thomas Pynchon y Philip Roth] es lo siguiente. Que, con frecuencia, usted es increíblemente gracioso, más gracioso que cualquiera por estos días, y que además tiene el humor que nos gusta. Que muchos de sus personajes son maravillosos: Burma, Santa, Irene, Mancuso, Lana Lee y otros (también la señorita Trixie). Que algunas cosas no funcionan: Myrna, especialmente. Que Ignatius está en problemas: no es tan bueno como usted supone y hay demasiado sobre él en el libro. Que la pareja Levy no es tan brillante. Que el libro es demasiado largo. Que algunas escenas –particularmente mi favorita, la manifestación por los derechos civiles en la fábrica– son gloriosas. Que otras son descoloridas. Pero que, dejando todo esto de lado, aún hay otro problema: con toda su grandeza, el libro, a pesar de su buena trama, no tiene una razón de ser. Es un ejercicio brillante de invención, pero a diferencia de Catch-22, Besos de madre, V y otros, no es realmente acerca de algo. Y eso es un punto sobre el que nadie puede hacer nada. Ciertamente, un editor no puede decir: “Póngale un significado”.

Eso está claro, ¿pero qué hacer? El libro podría mejorar y publicarse. Pero no tendría éxito; no podríamos decir que es algo. Por otra parte, no podemos abandonarlo a él ni a usted (nunca podría abandonar al señor Micawber). 

Aclaración del autor del reportaje: “Gottlieb hace referencia a Wilkins Micawber, personaje de David Copperfield, de Dickens, quien a pesar de sus múltiples infortunios y problemas con los acreedores escucha repetidamente la decisión de su esposa Emma de permanecer a su lado: “I will never desert Mr. Micawber”.”

El 28 de marzo de 1965, después de que Gottlieb le haya recomendado olvidarse del libro y de Ignatius, de que Kennedy le haya respondido explicándole su vida y de que el editor le hay dejado claro que respeta su labor como escritor y que siempre estará ahí para leer lo que le mande, Kennedy Toole escribe:

Lo que sucedió, creo, fue esto: diez años de sentimientos reprimidos salieron a la superficie cuando leí por primera vez su reacción respecto a mi libro. En 1954, cuando tenía dieciséis años, escribí una novela llamada La Biblia de neón: un ataque sociológico, denodado y adolescente a los odios engendrados por las distintas religiones calvinistas en el sur del país (y la mentalidad fundamentalista es una de las raíces de lo que ha estado sucediendo en Alabama). El libro, por supuesto, era malo, pero de todos modos lo envié a varias casas editoriales. Después de eso escribí algunos artículos y proyectos que no infligí a editor alguno. Primero, mi mente estaba ocupada en otras cosas; segundo, como le escribí, con Puerto Rico llegó un aislamiento físico y mental en que la energía relativamente poco usada durante diez años convergió en este libro creando una concentración inmensa de emoción. De haber enviado trabajos con regularidad a editoriales, durante esos años, es posible que hubiera recibido comentarios y sugerencias que me habrían proporcionado cierta perspectiva, o al menos cierta “tranquilidad”.

La conjura de los necios es una de las novelas más divertidas que he leído. El profesor Gallego, autor del reportaje, hace una magnífica descripción de Ignatius Reilly:

Treintañero adiposo y medievalista obseso, holgazán emérito, masturbador goloso, hipocondríaco crónico, pesimista confeso, renegado católico, zahorí terco y pedorro eximio, Reilly pasa sus horas en compañía de mamá viendo las aventuras del oso Yogui en la televisión, admirando la férrea moral de Batman y escribiendo unas notas dispersas a las que llama “cuadernos Gran Jefe”: una gran invectiva contra el mundo contemporáneo, la democracia norteamericana y “la causa del Clearasil”.

 

Como hace mucho calor, les invitamos a un refrescante coctel Sazerac, típico de New Orleans, escenario de las aventuras de Ignatius Reilly:

 

 Ingredientes:

  • Hielo picado
  • 1 cucharadita de absenta o Pernod
  • Cubitos de hielo
  • 1 cucharadita de azúcar, un terrón de azúcar, o 1 cucharadita de jarabe
  • 1 1/2 onzas de whisky de centeno
  •  Peychaud bitter al gusto
  • Un toque de cáscara de limón

Preparación:

Ponga a enfriar una copa llenándola con hielo ó poniéndola dentro del refrigerador al menos 30 minutos. Agregue la absenta o Pernod; y haga un remolino para cubrir los lados y toda la parte inferior del la copa. Deseche el exceso.
En una coctelera, agrega 4 o 5 cubitos de hielo, el azúcar, el whisky de centeno, y el Peychaud bitter. Agitar suavemente durante unos 30 segundos. Servir en la copa con la cáscara de limón como adorno.

 

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