LOS PREMIOS PLANETA según Rafael Borrás Betriu

Rafael Borrás Betriu (Barcelona 1935) fue director editorial de Planeta entre 1974 y 1983. Toda su vida (empezó a trabajar en 1951) ha estado vinculado con el mundo editorial: La Jirafa (la revista), Casa del Libro, Juventud, Luis de Caralt, Plaza, Teyde, Ariel, Iber-Amer, Alfaguara, Nauta, Plaza & Janés y Ediciones B.

El señor Borrás ha tenido el detalle de escribir sus memorias editoriales y las chicas de la patrulla las hemos devorado con placer.  Empezó con La batalla de Waterloo (Ediciones B, 2003), continuó con La guerra de los planetas (Ediciones B, 2005) y ha terminado (de momento) con La razón frente al azar (Ediciones La flor del viento, 2010).

En su segundo tomo de memorias, La guerra de los planetas, abarcando las páginas que van de la 287 a la 380, tiene un sabroso capítulo titulado: “Mis primeros diez premios Planeta”. En él hace un repaso a los galardones que se concedieron entre 1974 y 1983, cuando él era director editorial del grupo.

Es de agradecer que comience con lo que él que llama la pregunta del millón: “los premios literarios ¿están otorgados de antemano, a dedo, por la editorial de los convoca?”. La respuesta de Borrás no es directa. No dice “sí” o “no”. Hay que entender que él participó en todo aquello durante muchos años. Pero si uno se lee su libro termina concluyendo lo siguiente: En Planeta había/hay cuatro o cinco personas que tenían/tienen poder para decir a un escritor: “preséntate”. En la época a la que Borrás se refiere (1974-1983), esas personas eran Fernando Lara, su hijo José Manuel (actual presidente del grupo) , Carlos Pujol (que ahí sigue, incólume)  y el mismo Borrás. De entre los libros de esos escritores a los que se había pedido que mandasen novela, el jurado decidía/decide, con criterios puramente comerciales y nunca literarios, a quién se concedía/concede el premio.

Un periodista poco avezado

Borrás relata con gracia la conocida anécdota ocurrida el 15 de octubre de 1989 en la rueda de prensa que se celebró tras la proclamación de la obra ganadora (Queda la noche de Soledad Puértolas):

   Cuando un periodista, seguramente poco avezado en lo que son los premios literarios, preguntó con más candor que Caperucita Roja cómo era posible que Soledad Puértolas (que había concursado al Planeta ocultando su nombre y el título de la obra con un doble seudónimo) hubiera sido invitada al acto antes de ser conocido el fallo y, por ende, el nombre del ganador, una sonrisa cómplice recorrió la sala donde se celebraba la rueda de prensa, sonrisa que degeneró en carcajada hilarante al hacer el oportuno quite el editor (Fernando Lara) con una frase memorable:

–          Creo que usted todavía cree que los niños vienen de París.

Rafael Borràs increpa a la policía durante una manifestación (El País, 11 de abril de 2003-Foto: Jordi Roviralta)

Semprún y la calculadora

Para el premio de 1977 (con la democracia recién estrenada) llegaron a la conclusión de que lo que más se iba a vender era un libro político.   ¿Y cuál mejor que las memorias de Jorge Semprun? Los contactos ya se habían iniciado en 1976 pero se remató la faena para el premio del año siguiente. Así se parió La Autobiografía de Federico Sánchez como premio Planeta de 1977. [“Federico Sánchez” fue el nombre que Semprún utilizó en la clandestinidad cuando era miembro del partido comunista].

Llama la atención que el mismo Semprún (ni un pelo de tonto) se diera cuenta de que presentándose al premio estaba perdiendo dinero:

   Como he dicho antes, lo que le importaba por encima de todo (a Jorge Semprún) era la difusión de su obra, pero ello, con toda razón, no le impidió echar cuentas, y comprobó  que, según las bases del premio, el importe del mismo cubría un determinado número de ejemplares muy elevado, con lo que el teórico 10% de derechos de autor quedaba reducido sensiblemente. Le expliqué que así ocurría en todos los concursos, y que la merma no iba en beneficio del editor sino en la promoción del galardón, que en el caso del Planeta, como había podido comprobar, era más que considerable, desde la invitación masiva a los medios de toda España hasta la presentación en Madrid y Barcelona y los “bolos” del ganador y finalista por provincias. Semprún no acababa de verlo claro y hablé con Jose Manuel (Lara Bosch), que hizo números y comprobó que, en efecto –cosa que debía saber de sobra- dado que el importe del premio no se había elevado desde 1973, pero sí el precio de venta de los ejemplares en razón del aumento de los costos, los 4.000.000 de pesetas del año 1977, sobre 110.000 ejemplares de la primera edición, venían a representar un 5% de derechos de autor. Me encargó que le transmitiera a Semprún que en los próximos libros que le publicásemos intentaríamos compensarle, pero todo quedó en agua de cerrajas, porque, si no recuerdo mal, ni La segunda muerte de Ramón Mercader, ni El desvanecimiento, ni Aquel Domingo, que le edité en la colección Narrativa, fueron contratados con ediciones especiales.

-No lo entiendo, Margaret.

-Es muy sencillo, Daphne. El señor Sempún (que en paz descanse) entendía –sabiendo que su libro se iba a vender muchísimo- que le podía interesar más editarlo sin concurrir al premio y llevarse el 10% de derechos de autor, que entrar por el aro del premio, porque de ese modo de los primeros 110.000 ejemplares vendidos solo ganaría el 5% (los 4.000.000 de pesetas) y solo volvería a ganar el 10% con el ejemplar 110.001 y siguientes.

-Sigo sin pillarlo, Margaret.

-¡Vamos a ver, Daphne! ¡Deja de pensar en tu novio cubano y céntrate! Aceptando el premio y llevándose los 4 kilos, ganaba más dinero si sus ventas se quedaban por debajo de los 55.000 ejemplares. Pero vendiendo por encima de esa cifra –algo que el autor sabía que ocurriría- le hubiera interesado editarlo sin premio por medio. Semprún prefirió apostar por su carrera literaria antes que hacerse rico. Ahora puedes entender por qué Arturo Pérez Reverte nunca ganó el premio Planeta y por qué María Dueñas y Carlos Ruiz Zafón nunca lo ganarán. Pues eso, que en París no hay una fábrica de niños.

Cuando pedían a un escritor –deduzco del libro del señor Borrás-  que se presentase había, por lo visto, una especie de promesa por medio, o así se lo tomaba el autor. Me creo que la hubiera porque de otro modo un buen escritor difícilmente se arriesgaría. Por eso:

   La concesión del premio a Jorge Semprún trajo cola. Resultó que Lara se lo había prometido en firme –o eso entendieron ellos- tanto a Manuel Barrios como a Angel Palomino. Yo supongo que, meses atrás, cuando cada uno le preguntó qué posibilidades tenía de ganar si concursaba, Lara debió de darles alas con el deseo de que el jurado tuviese el mayor número posible donde escoger. Pero ya es sabido que en ciertos casos, siempre hay quien escucha lo que desea oír.  El jurado, a instancias de Lara, optó por dejar la novela de Barrios, Vida, Pasión y Muerte en Rio Quemado, y la de Palomino, Divorcio para una virgen rota, finalistas ex aequo.

[No explica Borrás quien en la editorial se inventaba, en aquella época, los títulos de las novelas].

Palomino tragó. Pero Manuel Barrios se negó a que la editorial publicara su libro. Al final la editorial no tuvo otro remedio que llevar al autor a los tribunales ganando, finalmente, el caso.

Vázquez Montalbán y el tiempo

En 1979 lo ganó Manuel Vázquez Montalban. El padre del detective Carvalho llevaba años deseando ganar el premio y así se lo manifestó en repetidas ocasiones a Borrás. Cuando vio que lo ganaban Jorge Semprún (19779 y Juan Marsé (1978), y viendo que eran de izquierdas, como él, se animó.

Cuando le comentaron a Lara (muy de derechas) que había concedido el premio a tres comunistas, respondió:

–          “Al haserlos millonarios se borran de comunistas.”

Cuando le preguntaron en rueda de prensa a Vázquez Montalbán lo que iba a comprar con el dinero respondió:

 “Tiempo”.

Juan Benet también tragó

Borrás, buen amigo de Juan Benet, lo convenció para que se presentase con una novela más comercial que la mayoría de las suyas, El aire de un crimen. En ese año también hubo negociación:

   Yo le aconsejé a Juan Benet que se hiciera fuerte, y en una reunión muy cordial con José Manuel (Lara Bosch) le explicó que si los miembros del jurado, semanas antes de la concesión del premio, manifestaban de manera oficiosa sus preferencias por otra obra, él agradecería que se le permitiera retirar su libro del concurso, con independencia de que fuese publicado por Planeta. En aquellas estábamos cuando Lara (padre) entró en el despacho de José Manuel (Lara Bosch, el hijo), se le resumió lo hablado y le pidió a Juan que tuviese confianza en él; nada podía garantizarle, pero tenía que aceptar la posibilidad de no ganar si quería ganar. Juan aceptó, y desde aquel momento, aunque no se lo dije, por lealtad a la empresa, supe que quedaría finalista, no ganador, como así ocurrió.

Esto demuestra que había promesas y promesas. Y que todos los escritores no son iguales: a unos se les garantiza y a otros se les pide confianza. (Escribo en presente porque parece continuar siendo así).  Y luego no vale cabrearse. Al fin y al cabo en un concurso unos ganan y otros pierden. ¿No es así? A que ya lo vas entendiendo, Daphne.

Cristobal Zaragoza y la V de victoria

 En la página 353 comienza el divertido relato de las peripecias de Cristobal Zaragoza, ganador del premio Planeta en 1981 y un escritor superventas del que hoy nadie se acuerda. Este escritor había entrado en Planeta como redactor de la enciclopedia Larousse y se le habían publicado luego algunos libros. En 1980 publicó en Plaza & Janés Generaciones  la primera novela de una trilogía. La novela tuvo buenas ventas y favorable acogida por parte de la crítica. Este hecho y el que a la mujer de Lara le hubiera gustado su libro presentado al concurso –Y Dios en la última playa– le ayudó a llegar a colocarse entre los finalistas.

Las cenas del Planeta deben ser emocionantes porque parece ser que –salvo en casos muy especiales como el de Semprún- los candidatos (los de verdad, aquellos a los que se ha contactado previamente) no saben que van a ganar. Al menos, no lo saben con seguridad. Los jefes de la editorial lo tienen claro desde antes de las deliberaciones, pero los autores no.

La cena de aquel año 1981 debió ser, ademas, divertida:

    Ya instalados en uno de los comedores del hotel Princesa Sofía, y antes de que el grueso del público lo tomase al asalto, me giré hacia una mesa cercana donde estaban Cristobal Zaragoza con su mujer, Amparo, Eduardo Rojas con la suya, Maria Luisa, y algunos aficionados a aquel tipo de celebraciones, entre los que destacaba una supuesta señora teñida de rubio platino muy espectacular, ajena por completo a la vida literaria. Hice un vago saludo con la mano y cuando Cristobal me interrogó con la mirada junté los dedos de mi diestra, en un intento baldío de emular al viejo Winston, para que lo interpretase como signo de que podía cenar tranquilo, pero debí de hacerlo con tal discreción, ay,  que lo interpretó como que quedaba segundo, no ganador, y sumido en la más negra de las desesperaciones, según me explicó luego, trató de hallar consuelo de la manera más inapropiada, sin que Eduardo Rojas, a su lado, eufórico y dicharachero, advirtiese la diligencia para mi desesperante con que el camarero de turno cumplía –trop de zéle- con el precepto evangélico de dar de beber al sediento.

(…)

Cristobal Zaragoza fue víctima del síndrome del premio. Me acordé de Tomás Salvador, que cuando en 1953 ganó el Ciudad de Barcelona me confesó con toda ingenuidad que había pensado, que a partir de entonces, los editores y las mujeres se lo disputarían a bofetadas. Me temí lo peor y le pedí a José Manuel (Lara Bosch) que, dada su experiencia financiera, aconsejara a Cristobal algún tipo de inversión que evitase que los 8.000.000 de pesetas del galardón se esfumasen a base de las invitaciones a los amigos que, de repente, le habían brotado a Cristobal, como hongos. Por lo pronto se alquiló un piso en el centro de Barcelona, donde a partir de entonces su mujer, Amparo, que siguió viviendo en el que habían habitado hasta entonces, iba todos los días para prepararle la comida, y se mercó un Rolls-Royce –no sabía conducir y tuvo que contratar, a horas, los servicios de un mecánico- que, según presumía, había pertenecido a Niceto Alcalá-Zamora, de quien escribió una hagiografía, El presidente,  con páginas muy patéticas como las de su odisea hasta conseguir llegar desde Europa a Argentina.

Gilipollas, que eres un gilipollas

En su libro, Rafael Borrás, se hace eco de otra anécdota del Planeta que fue relatada por Sergio Vila- San Juan en 2003:

En 1985 el ganador fue el psiquiatra Juan Antonio Vallejo-Nájera y el finalista, Francisco Umbral.

Ambos coincidieron en el aeropuerto de Barajas con destino a Barcelona, donde aquella noche, 15 de octubre, se fallaba el premio. Umbral rompió el fuego:

-Supongo que vamos los dos a Barcelona a por lo mismo.

Un tanto azorado, Vallejo se lo confirmó.

-Pues nada, que gane el mejor –deseó Umbral.

-Eso no me conviene, prefiero que gane el que tenga mejor suerte-le respondió Vallejo.

 

Vallejo quedó primero y Umbral finalista, es decir, segundo.

   Pero la mala conciencia de Vallejo, subconscientemente, por lo visto persistía, y en la gira de promoción organizada por Planeta le repetía una y otra vez a Umbral:

-Me asombra con qué elegancia llevas eso de ser finalista mientras el premio lo tengo yo.

Al final Umbral se cansó y le aclaró las cosas:

-Gilipollas, que eres un gilipollas, te voy a decir la verdad. Si me hubiera ganado un escritor como Manuel Vázquez Montalbán me molestaría, porque podría decir que es mejor que yo, pero que me gane un aficionado como tú no me molesta nada.

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30 respuestas a LOS PREMIOS PLANETA según Rafael Borrás Betriu

  1. Alan Rulf dijo:

    He disfrutado de esta entrada que me ha parecido interesantísima. Gracias.

    Saludos.

  2. Pingback: Republicano grande

  3. Daniel dijo:

    A mí también me lo ha parecido, chicas. Todo el tiempo me sobrevolaba la lectura de Vila-Matas y, mira por dónde, lo mencionais al final. Es que sois de un completito que da gusto, SE-ÑO-RAS. Un abrazo!

  4. Mucho rodeo retórico pese a que hay un tapado siempre.

    Claro, a los paquetillos les dicen que confíen.

    Umbral es un cachondo mental.

  5. Montse dijo:

    M parece muy interesante todo lo q se comenta, el final es lo mejor, y referente a lo dl comunismo me parece muy verdadero. El premio planeta debe seguir existiendo, a los buenos escritores se lo saben reconocer, aunqe existAn tambien mediocres, necesariis para reconocer a el bueno. Yo soy escritora y pienso predentarla a planeta, a vr si ago descubrir el exito dl otro o m dscubren a mi. ? M vale la pena, el mundo d las letras y frases, sn constituidas por nosotros segun nuestra experiencia y emociones vividas. Esa es nuestra mejor escuela, acompañada d nuestra imaginacion. Buenas noches y buena suerte.

  6. Montse dijo:

    M gustan los comentarios

  7. viruela dijo:

    Dear Montse:

    1578 45 8963 254. 45 78 4?

    7845302 12 5847 56 4 8915 753!!!

    te admira, 666

  8. Hace un par de meses lei una novela que pone de manifiesto el tema de vuestro artículo, evidentemente esta novela no ganará nunca el premio Planeta y probablemente ningún otro, no por falta de calidad, sino por la irreverencia hacia estos concursos que se muestra en sus páginas, donde un catedrático gana un gran premio con el manuscrito de un alumno suyo, en esta caso el narrador de la novela Dediegos Gracia, escritor frustrado, y que para colmo ese mismo manuscrito premiado ha sido publicado en nombre de una autora y está siendo un rotundo éxito de ventas.
    No les desvelo más sobre el tema que trata la novela Santa Compaña, de Salvador Moreno Valencia (Cádiz 1961). Porque yo disfruté con la lectura y creo que mentes críticas como las suyas también lo harían, o ¿no?
    Como siempre sargento un placer.
    Avalon Breton

  9. Con vos del Planeta de los Simios, Aprendí:

    Contigo aprendí
    que existen nuevos y mejores Editores
    Contigo aprendí
    a conocer un mundo nuevo de Ediciones
    Contigo, Planeta de los simios , aprendí…

    Aprendí
    que la ganancia tiene más de un 10%
    a hacer mayores mis contados emolumentos
    y a ser dichoso, yo contigo lo aprendí.

    Contigo aprendí
    a ver los Lara del otro lado de la Pluma
    Contigo aprendí
    que tu Planeta no lo cambio por ninguna

    Aprendí
    que no puede un Premio ser más dulce y más profundo
    que no debo irme mañana mismo de este mundo

    Las cosas buenas ya contigo las viví
    y contigo aprendí
    que yo tuve visa desde que te conocí.

    Respuesta por el Hilo Musical…:
    ”Lo dudo, lo dudo, lo dudo,
    que halles un editor más puro
    como el que tienes en mí…”

    Olores y aromas, frús-frús de seda y afelpados pasos, clings de copas y miradas de expectación.

    Saludos para todas mis G. Girls…

  10. Participante dijo:

    Qué grande Umbral.

  11. Marta Querol dijo:

    Me ha encantado. No hace mucho que hice una entrada en mi blog sobre los concursos literarios y hablaba precisamente del premio Planeta en esos términos. Os voy a enlazar allí (si no os parece bien, decidlo) incluyendo una mención a esta entrada.
    Enhorabuena y un saludo.

  12. MARGA dijo:

    Me parece muy interesante todo lo que aquí se cuenta…Gracias por la información

  13. Àngels Gimeno dijo:

    Estupendo artículo, corrobora lo que yo pensaba.
    Hace años, ayudé a la hermana de Ramon Sender Garcés (Asunción) pasándole al ordenador unos cuentos que ella tenía escritos. Sé que compartía una tertulia literaria con el D. Rafael Borrás.
    Un cordial saludo a todos.

  14. Hugo Ruiz Campusano dijo:

    Y uno pensando que su libro puede ser bueno. Joder!

  15. Genaro Muñoz dijo:

    La verdad es una de las pocas cosas que se pueden disfrutar en este mundo. Sobre el mundo de la ingenuidad prefiero conocer la verdad.
    A quien dice la verdad se le puede considerar un amigo.

    Gracias Amiga

    • Es un placer, estimado Genaro, ser considerada como tu amiga.
      Un abrazo y gracias.
      El aliento de gente como tú nos hace seguir adelante en esta cruzada para denunciar la impostura y promover la honestidad en el mundo del libro en castellano.
      La sargento Margaret

  16. Pingback: El contenido de tu ruido « Barataria

  17. Comeclavos dijo:

    Ja, como tiene los compañones de hinchados el de Barataria; se le nota cierto resquemor supurante, pero acidez destilada aparte, habla muy bien. Y es que Lucia Etxeberria se las trae con eso, que ella llama, hipertextualidad, que se le olvidó poner una nota a pie de pagina para explicar que los párrafos que plagiaba eran de tal señor dignísimo…pero se le olvido (y todo se saldó con una paga de 3000 €) ¿Olvidársele? Si esta señora, cuando cree llevar razón, aduciendo hipertextualidad, se lleva consigo a una horda de peritos con mas títulos que yo letras por pagar, para un blitzkrieg ¿defensivo?

    Esta tía lo flipa. Como era… en el país de los tuertos… nono… piensa el ladron…nono…¿la suerte de la fea la guapa la desea?

  18. Ah, y aún los habrá que crean en los cuentos de hadas.

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