LOS BIOY, editado por TUSQUETS

Como decía mi tía Paca: en todas partes cuecen habas. Tusquets editores, la impecable, publicó en Argentina, en junio de 2002, un librito de 186 páginas (con muchas fotos en blanco y negro) titulado Los Bioy. Lo firmaban Jovita Iglesias y Silvia Renée Arias. La primera fue la criada gallega (Orense, España, 1925) de la pareja de escritores argentinos formada por Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. Y la segunda la periodista (especializada en ¡Formula 1!) que puso por escrito los recuerdos y cotilleos de la primera, a la que en la solapa del libro llaman: “ama de llaves, confidente y amiga de ambos”.

El libro, como si de la peor versión del Hola o del Diez Minutos se tratara, no es más que una sucesión de cotilleos, habladurías y maledicencias. Además, algunas de ellas son bastante poco verosímiles. Por ejemplo: Adolfo Bioy Casares (Adolfito en la intimidad del hogar) sería todo lo pichabrava que se quiera (que lo fue), pero siempre fue un caballero y nunca perdió la compostura y la buena educación. [No te rías, Daphne] Por eso, dudo mucho que le contara a Jovita, la criada de la casa, sus aventuras extramatrimoniales, como ella pretende hacernos creer en el capítulo 15 titulado: Bioy, el héroe de las mujeres. Esto es solo un ejemplo. Cuando se publicó este libro, Jovita ya tenía 77 años.

Como este blog dista mucho de ser un nido de cotorras y marujas, aunque algunos digan lo contrario, no vamos a repetir los chismes que Los Bioy -esta gran contribución a la historia de la literatura- sacó a la luz para vergüenza y escándalo de los admiradores del gran escritor que fue Adolfo Bioy Casares. Vamos, solo, a reproducir aquí las primeras frases de algunos capítulos. Así ustedes pueden apreciar el tono y la elevada prosa que se gasta en este inclasificable –por ser benévolos-  libro.

En España solo se publicó, en 2003, un año después, una edición discretita y en bolsillo. Entendemos que este no es el libro del que más orgullosa debe sentirse doña Beatriz de Moura.

Aquí van solo los principios de algunos capítulos con la página y su título:

Pág. 31 Capítulo 3

Una hija en el afecto

    Después, una noche, la señora Silvina se presentó en mi cuarto. Yo dormía profundamente. Estaba allí porque, según dijo, de día no se podía hablar en esa casa y lo que tenía que decirme era un secreto entre las dos. Me senté en la cama y me confesó que desde el primer día que me vió le tuvo envidia a mi tía, porque yo era como la hija que mi tía no había podido tener.

-Yo tampoco puedo tenerlos –me dijo-. Nunca voy a poder darle un hijo a Adolfito y lo voy a perder porque él quiere uno.

Según me contó, el médico le había dicho que con una pequeña intervención quirúrgica…

Prensa rosa visceral, no me digan…

Pág. 67 Capítulo 8

Tocando el cielo con las manos

    Cuando Diana murió, fue terrible para todos. Habían llegado a quererla muchísimo. Bioy contaba que lo supo porque Silvina pasó a su lado y, con la cabeza gacha y en voz muy baja, le dijo: “Ha muerto”.

Diana era un perro. Perdón: una perra.

Pág. 89 Capítulo 10

La guardiana de la puerta

    En su cuento “Nueve perros”, Silvina escribe acerca de Áyax, el gran danés de Adolfito: “Cuando su amo se iba de viaje, yo tenía que dormir teniéndole la pata, porque su llanto era tan lastimero que me veía obligada a consolarlo de ese modo. “No llore –yo le decía- volverá pronto””

    Situaciones similares sucederían algunos años después, cuando debía ser yo quien le dijera a Silvina: “No llore, señora, él volverá pronto”. Él era Adolfito, claro.

Este capítulo no tiene desperdicio.

Pág. 97 Capítulo 11

“Si adivinás qué hay aquí”

    Silvina tenía toda una historia con la ropa. Un día yo me había comprado un chleco muy lindo y ella me vio con él y me lo elogió. “Cómo me gustaría tener uno igual”, me dijo. “Voy a comprarle uno, no ha problema”, le contesté. Pero lo quería inmediatamente (en estas urgencias se parecía mucho a Bioy) y yo, que tenía algo que hacer en ese momento, me demoré un poco. No pasó más de media hora cuando vino a decirme: “Mirá que lindo chaleco tengo”. Le había cortado las mangas a una camisola larga, blanca, con cuello Mao, que ella tenía y que le quedaba muy bien, que usaba siempre con pantalones, su prenda preferida. Era una idea descabellada, sobre todo tratándose de una de las camisolas que más le gustaban.

Nota de la Patrulla: hemos reproducido íntegro este párrafo por su valor histórico. Departamentos de Literatura Latinoamericana de las universidades de Harvard y La Sorbona: de nada.

Pág. 103 Capítulo 12

Alejandra, un día de septiembre de 1972

    Fue recién en 1988, al publicar Seix Barral parte de la correspondencia de Alejandra Pizarnik, cuando me enteré de que entre esta poeta y Silvina había habido una relación amorosa.

Lo juro, así comienza el capítulo.

Pág. 115 Capítulo 14

Una nuca peligrosa, un príncipe encantador

    Un día, antes de casarme, cuando yo todavía me escribía con Cesar Arias Alvarez, el mexicano, el señor me dijo:

-Mira como son las cosas. Vos estás enamorada de un mexicano, le escribís cartas, y yo estoy enamorado de una mexicana, a la que también le escribo cartas.

    Le pregunté, en broma, qué teníamos que hacer; cuál de los dos viajaba y traía al otro. Pero no me dijo su nombre, y para mí era simplemente “la mexicana”.

    Se trataba de Elena Garro. El señor la había conocido en el hotel George V, en París, en 1949. Ella tenía entonces 29 años, desde los 17 estaba casada con Octavio Paz, y Adolfito tenía 35. Él había comenzado a escribir, en Pardo, El sueño de los héroes.

 L’amour… (Violines, please).

Pág. 123 Capítulo 15

Bioy, el héroe de las mujeres

    -Tengo un defecto, Jovita, una debilidad muy grande –me dijo el señor en una oportunidad. Y, sin que yo llegara a decir una palabra, agregó- : Me gustan tanto las mujeres, que si a un palo de escoba lo disfrazaran de mujer, me iría detrás de ese palo de escoba.

Se lo dijo “en una oportunidad”.

Pág. 137 Capítulo 17

Un reflejo en la ventana

    Voy a contar ahora cómo fue que Silvina dejó de dirigirle la palabra a Adolfito.

¡Toma ya! Este es el mejor comienzo de capítulo de todos los tiempos. ¿O no?

Pág. 155 Capítulo 19

Rutinas de un viajero incansable

    Las desdichas, las tragedias, habían caído todas juntas. Iba a ser duro de sobre llevar, para el señor y para todos en la casa. La muerte de Marta [hija natural de Bioy adoptada por el matrimonio] lo había sumido en una angustia terrible, pero un día me dijo:

-¿Querés que te diga una cosa? Nunca voy a superar la muerte de Marta, pero la impresión que me causó la falta de Silvina…Debe ser porque fue la primera.

Si así son los comienzos de los capítulos, imagínense el resto.

PD: Compré este libro (edición buena, no la de bolsillo) en 2004, en la calle Corrientes, en una de esas maravillosas librería porteñas. No recuerdo lo que me costó. Lo vendo por 2€. Precio negociable.

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6 respuestas a LOS BIOY, editado por TUSQUETS

  1. Me, and you... dijo:

    Precisamente hoy he estado ojeando una antología de Silvina Ocampo; y me ha gustado, incluso si hubiese profundizado más me atrevería a afirmar que escribía rebien. Alejandra Pizarnik, citada, otra desconocida para mí hasta hace poco, otra escritora que me parece merece mucho la pena. Abro sus “Diarios” (Lumen) al azar y me encuentro, por ej, con esto: “Ha sucedido algo extraño y nuevo. Fue un silencio. Luego la sensación insostenible de que guardo un desierto de cenizas. Pero apareció una luz, un relámpago, algo más profundo que mi subconsciente, algo anterior a mi vida. Y escuché una voz que dijó así: “Aquel que quiera salvar su vida la perderá, pero el que quiera darla, la volverá, en verdad, viva”. Jamás he comprendido como hoy. Todo esto es de una seriedad indefinible. Es como si me hubieran surgido alas.
    Cada objeto vive. ahora. Todo tiene perfume, color, presencia.”

    Y pienso: dios, ¡qué buena es esta tía!

    • Hoy estamos de acuerdo, Me, and You…
      La Pizarnik era muy, pero que muy, buena.
      Y las hermanas Ocampo fueron un lujo para nuestra lengua materna.
      Muchas gracias por esas palabras de Pizarnik que metes en tu comentario.
      Un fuerte abrazo

  2. Daniel Nehmovich dijo:

    Desde luego, el concepto de biografía ha decaído mucho desde aquellos tiempos en que Boswell escribiera la de Samuel Johnson. Este libro sobre los Bioy inspira vergüenza ajena, la verdad. Respecto a las hermanas Ocampo, Silvina me gusta mucho como poeta y sus cuentos son buenos; Victoria, la verdad, no me entusiasma especialmente, aunque su labor de fomento de la cultura literaria resulta innegable.
    Por cierto, ¿Qué ha pasado al final con las trillizas de oro?

    Un cariñoso saludo.

    • Querido Daniel, te cuento:
      Las Trillizas de Oro, gracias a su aparición (de gorra, todo hay que decirlo) en este blog, han recibido una oferta (adelanto de 50.000 €) de Mondadori para publicar sus memorias. Sobre todo sus recuerdos acerca de su vida en la carretera cuando hacían coros a Julio Iglesias. Yo no sé lo que Mondadori le ha visto a estas tres petardas, pero ya sabes que en esa editorial publica cualquiera…
      Un abrazo
      La sargento.

  3. Antonio dijo:

    Querida Sargento, la felicito por su sagacidad y sentido del riesgo: Ahora critica a una pobre sirvienta que además sacó un libro en… 2003! Siempre al loro, eh, Sargento? La Patrulla de Salvación atrasa 8 años. Si está realmente “atenta a lo que ocurre en el mundo editorial en castellano” por qué no me cuenta qué autor “joven” de su editorial más odiada no va a volver a publicar en Mondadori? Besos.

  4. Antonio dijo:

    Triste, triste, triste: ¿dónde están su infalible afán de denuncia y su lucha contra los mediocres (que son todos menos usted), querida Sargento?

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