LIBERTAD de Jonathan Franzen

Cuenta el autor, en un video de Papeles Perdidos, en entrevista con Winston Manrique Sabogal, que él escribe el tipo de novelas que a una persona que ha pasado todo el día trabajando, al llegar a su casa por la noche, le gustaría ponerse a leer. Eso me ha hecho pensar y me ha llevado a ponerme en situación. Conclusión: alguien que ha pasado todo el día currando, al llegar a casa, no tiene ganas de que le toquen las narices. ¿Estamos? Por ese motivo, si tiene que leer una novela en la que trascurren 50 páginas para describir una habitación o un paisaje, lo más probable es que se quede dormido a la tercera silla o a la segunda flor; son las diez de la noche y nuestro lector se levantó a las 6. 30h. Un poco de consideración, hombre. Más: si nuestro trabajador debe leer, en ese libro que lo espera en la mesilla de noche, digresiones pseudofilosóficas de 10 páginas, en las que no ocurre nada, que solo de forma tangencial tienen que ver con los personajes y que solo procuran el lucimiento del autor, empezará a dar cabezazos (de sueño o,  por la desesperación, contra la pared) y, casi seguro, preferirá meterse en páginas porno como hamster.com o aquítepilloaquítemato.es.

La novela que le pueda apetecer leer a nuestro currante debe hoy competir con divertidas series de TV y buenas películas de acción, con interesantes blogs (como este que usted lee ahora mismo) y juegos de ordenador, con chats, twitters y facebooks. Nuestro lector quiere pasar un buen rato y relajarse. La mejor manera de hacerlo – yo al menos así lo veo- es ponerse a charlar con sus amigos y que estos le cuenten sus cosas: problemas reales (verosímiles) que él comparte, que le son familiares. Pero nuestro hombre quiere conservar la opción de dejar de hablar con sus amigos cuando le dé la gana y de controlar el grado de su  implicación en los problemas que le están contando. Para conseguir todo esto, no hay nada mejor que una buena novela. Y “Libertad” de Jonathan Franzen (Salamandra, 2011) es un buen ejemplo.

Esto me ha ocurrido con “Libertad”: he pasado muy buenos momentos charlando con Walter y Patty Berglund que, aunque nacidos en los USA y de origen sueco y judío, -nada que ver, en principio, con servidora: charnega de origen murciano y, por lo tanto, árabe-, tienen, como personas que son, los mismos problemas de pareja y con sus familias que yo.  Patty me ha hecho partícipe de sus inseguridades y he podido asistir a las consecuencias de sus errores. Walter me ha contado el desgaste emocional que le produce su afán por desmarcarse de su padre alcohólico y la ansiedad que se acumula en su vida diaria por no conseguir hacer feliz a Patty y al comprobar que su hijo Joey es totalmente diferente a él. Esta novela me ha llevado a confirmar algunas de las ideas que yo tenía sobre la familia, sobre el matrimonio, sobre los hijos y sobre los amigos y a replantearme otras. He vuelto a comprobar (pero no me canso, que conste) que la convivencia con los otros es lo peor y, al tiempo, lo mejor de nuestras vidas, lo mismo que piensa Patty, en la página 638, de su matrimonio.

Me he admirado ante la maestría con la que Fretzen ha desarrollado sus personajes principales. Walter y Patty partían, al iniciar su matrimonio, con muchas posibilidades de triunfar en la vida [el único triunfo verdadero es la felicidad, por eso nadie triunfa. La frase es mía, perdonen] . Ella, Patty, quería ser la perfecta esposa, madre y ama de casa que su propia madre no fue. Y él, Walter, puso todo su esfuerzo en  ser el perfecto hombre bueno, ecologista, y socialmente comprometido. Pues resulta que ellos, que parecían los indicados para ser felices y formar la perfecta familia americana, van, la joden, y fracasan. ¿Por qué? Pues Franzen nos da muchas pistas en la novela, pero nos permite a nosotros, sus encantados lectores, ser lo que decidamos el por qué. ¿Qué ha influido más en el fracaso de Patty? ¿su infancia y la educación que recibió de sus padres?, ¿la violación que sufrió en su juventud?, ¿sus errores en relación con los hombres?  o su inseguridad y falta de personalidad.  O todo a la vez. ¿Son culpables sus padres? ¿Es culpable Patty? ¿Lo son sus hijos? ¿Y Walter? Las pruebas que nos aporta el autor son suficientes para juzgar a los personajes, porque Franzen nos cuenta todo.   Estoy segura, además,  de que cada uno de ustedes sacaría  una conclusión diferente después de leer la novela. Por eso –una razón más- esta es una gran novela.

Al terminar el libro me pregunté: ¿Realmente ha fracasado Patty, como llevo 500 páginas pensando? Y me dije: si lo ha hecho, ¿Quién triunfa? Y he terminado sospechando que puede que solo quien es capaz de mirar la vida de forma cínica, consigue pasar por ella sin sufrir mucho. ¿Será que el cinismo es la única forma de sobrellevar la vida? Me estoy liando, ya lo sé.

Otra cosa no menos importante: la autocrítica que Franzen hace sobre los progresistas americanos es admirable. El autor pone a parir a los conservadores, pero los simpatizantes del partido demócrata no salen mucho mejor parados.

Al terminar la novela me he acordado de algunos artículos que he leído hace poco sobre cómo se progresa en el conocimiento del cerebro humano. Las nuevas técnicas de diagnóstico por la imagen, y el impulso que han dado a la neurociencia, van a permitir en el futuro conocer en profundidad las causas de las enfermedades psíquicas. Hoy gran parte de la explicación que damos a la depresión, a la esquizofrenia, o a una simple neurosis,  se basa en suposiciones sin base científica. Aún muy influidos -aunque lo queramos negar- por Freud, tendemos a pensar que lo cultural, la influencia externa, nos afecta más que lo biológico. Creemos, por ejemplo, que los traumas infantiles tienen más que ver en una depresión que la falta de un elemento químico como el  litio. Dentro de muchos años –el estudio del cerebro va muy lento- podríamos comprobar científicamente que le genética tiene más influencia sobre el malestar psíquico que el egoísmo de unos padres o la mala educación recibida. En ese momento, si eso llegara a ocurrir, novelas como “Libertad” perderían gran parte de su interés. Pero aún falta mucho para que eso pueda llegar a demostrarse.

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21 respuestas a LIBERTAD de Jonathan Franzen

  1. Javi dijo:

    Desde luego de literatura sabéis un rato, pero, por favor: ¡dejad la psicología!
    A mí el libro me gustó. No creo que sea tan buena literatura, pero pasé un buen rato. Poco más. Psicológicamente hablando: no me meto, pero nunca se llegará a saber si la depresión se debe a una infancia difícil o a un desajuste del litio básicamente porque nunca se podrá saber qué fue antes, si el huevo o la gallina. O dicho de otra manera: nunca en mi vida me he encontrado con una depresión sin causa externa.
    Sea lo que fuere: vale, un buen libro. Pero, como sugerencia, dejaría fuera la psicología…
    Un saludo

  2. Diego dijo:

    Hola,
    Un apunte: en psiquiatría sí que se analizan los casos de depresión en base a supuestos y variables “científicos” como los niveles de serotonidad en el cerebro y el supuesto estado de otros neurotransmisores que regulan nuestro estado físico y mental (hambre, sueño, alegría, energía, etc.).

    • Javi dijo:

      Sí, pero pocas veces se puede decir qué es antes: el desequilibrio químico o la historia personal.
      Y vamos, los estudios sobre el tema todavía son de dudosa validez y fiabilidad, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de ellos tienen detrás a las casas farmaceúticas, que tienen “algo” de interés en la tesis dopaminérgica y serotoninérgica.
      De hecho, no son pocos los estudios recientes que están formulando la validez de los tratamientos farmacológicos en comparación con la psicoterapia (y no me refiero a la freudiana, ni jungiana ni conductista, ni…. sino en general).
      Pero vamos, creo que no es lugar para discutirlo, sólo quería decir que es suficientemente complejo el problema como para que no lo tratemos con excesiva ligereza, a lo Punset.
      Por otro lado sigo siendo fan de este blog, para mí referente en lo relativo a la literatura.

      • Diego dijo:

        Javi, por eso he puesto “científicos” entrecomillado. Actualmente los casos de depresión, ansiedad, se tratan mayoritariamente bajo dos líneas: la farmacológica y la terapia cognitivo conductual. La primera un asunto psiquiátrico, la segunda en manos de la psicología como tratamientos complementarios, siempre a expensas de la dirección psiquiátrica.

        Sobre el cinismo, es un tema más largo. Creo que recuperando el cinismo de la escuela de Diógenes y compañía la cosa iría de otra manera. Pero está claro que la acepción más usada es la del superficial desvergonzado, lamentablemente.

  3. Pues yo estoy cansada de que la gente se escude en el cinismo -¿es que ya no existe otra manera de parecer inteligente?- y del concepto “familia disfuncional”. Será que estoy con los Apuntes del Subsuelo… Al trabajador cansado le aconsejo que le eche un vistazo y a ver qué tal. Hoy casi dejo a medias el plato. Eso sí que es darse vidilla.

  4. Sin Acritud dijo:

    J. (taco), Margaret, tú y tus chicas os parecéis ahora a Myers, Peck y Franzen. Me he leído -miento-, me he releído la traducción de Amores y sois la viva reencarnación del equipo MPF.
    Ahora os seguiré más de cerca, para comprobar vuestro elaborado naturalismo literario.
    No firmo, sabéis quién soy.
    Besos.

  5. Javi dijo:

    Diego, de acuerdo contigo…
    Sobre el cinismo… Si retomáramos el sentido real de los cínicos (término que proviene, por cierto de “Kine”, perro), lo que ellos querían decir… otro gallo nos cantaría, desde luego. Pero la sociedad del consumo caería en picado, jajajaja

  6. Edu dijo:

    Boyero le dio una mala crítica después de haberse leído la mitad (http://elpais.com/diario/2011/10/29/babelia/1319847165_850215.html). No sé si es una práctica común, pero me pareció muy cutre. Por su parte y por la de su editor.

    Personalmente, disfruté mucho con “Libertad”, pero no me dejó tan impresionado como “The Corrections”. Si alguien se ha leído una y no la otra, pues eso, recomendación anónima, por lo que valga, que no debería ser mucho.

  7. glòria dijo:

    Me quedo con “Las correcciones” que me pareció genial. “Libertad” es mucho más deslavazada con pasajes muy brillantes y otros innegables ladrillos. Sin embargo, leída la novela, no se puede negar el talento de franzen que crea tipos humanos de verdad y escribe espléndidos diálogos amén del retrato social tan ácido y mordaz de un determinado sector de la población.
    Puede que las disfunciones orgánicas que causan depresión tengan que ver con la propia historia de uno. Freud y las nuevas doctrinas no tienen porque ser incompatibles. “Tout court”: La falta de afecto en la infancia puede perjudicar nuestro sistema nervioso -y es casi seguro-hasta el punto de que, fragilizados, la depresión aparezca fàcilmente en nuestra adolescencia. No he querido ser superficial y respeto lo que dice Margaret. Mi testimonio es el de una enferma.
    Saludos!

  8. Andrea dijo:

    Así como en literatura siempre he creído que teníais bastante ojo, la reflexión psicológica final es bastante patatera. Esos artículos que has leído no han bastado para situarte bien en la problemática “genética versus ambiente” en las determinaciones de las enfermedades psicológicas. Pruebas con gemelos monozigóticos (con idéntica dotación genética) criados en ambientes distintos, ha evidenciado con creces que la carga genética -si bien determina la predisposición a muchas enfermedades- no es determinante. Hoy por hoy hay bastante consenso a la hora de considerar que ambiente y genética influyen cada uno en un 50%, es decir, que tienen una importancia similar.

  9. Me alegro mucho de comprobar lo mucho que saben los lectores de este blog sobre la mente humana. Yo solo quise hacer una reflexión en referencia a este tipo de novelas. Me explico un poco mejor: hoy un médico puede diagnosticar con facilidad la diabetes. Además puede determinar el grado en que el paciente la padece y explicar con claridad el motivo por el que la padece. Gracias a todo eso el tratamiento para paliar sus efectos es preciso y ofrece pocas dudas. La ciencia médica conoce bastante bien esta enfermedad. No ocurre lo mismo con los padecimientos psíquicos. En eso estamos todos de acuerdo. En lo que también creo que estaremos de acuerdo es en que una vez sea posible descifrar todo lo que ocurre dentro del cerebro -hoy parece que solo se conoce el 5%- se podrá trabajar con la depresión y con la esquizofrenia como hoy se hace con la diabetes o con la hemofilia (por poner solo dos ejemplos de enfermedades cientificamente conocidas). Lo que no se sabe son los resultados que en referencia a los padecimientos mentales arrojará en el futuro ese conocimiento total del cerebro. Ahora voy a escribir ciencia ficción (perdonen, pero es necesario para ilustrar mi argumento): Estamos en el año 2056 e imaginemos que se ha descubierto que una persona a la que le falte la proteina XNV1W (me la acabo de inventar) tiene un 95% de posibilidades en su edad adulta de padecer depresión. Y eso con independencia de los factores externos. Pongámonos en el caso contrario: un señor con exceso en sangre de la proteina XNV1W es bastante improbable que sufra depresión. Al ánimo de este señor no le afectan los factores externos: puede tener un padre pederasta, una madre egoista, alcoholica y con tendencas suicidas y unos hemanos aficionados a la heroina. A pesar de todo esto nuestro segundo hombre vive feliz, valora positivamente la vida y tiene una familia (la suya propia) que le genera satisfacciones que compensan sus desgracias.
    En ese caso estas novelas en las que los personajes se explican en gran medida gracias al caracter y la personalidad de sus antepasados perderan gran parte de su atractivo. Eso, solo eso, es lo que yo queria decir.
    Una última reflexión: me hace mucha gracia que en una materia (no la puedo -of course-llamar ciencia) como la psicología en la que no se sabe “a ciencia cierta” (nunca mejor dicho) casi nada, cuando una aficionada como yo se mete un poquito, los “profesionales” se tiran como lobos a defender su terrenito de no-conocimiento. Pasa en esto como en la economía. Se ha demostrado (vease la última crisis) que los economistas no tienen ni idea de su asunto. pero hay que ver con que facilidad critican a quien se mete a discutir sin tener carnet de economista.
    Va a ser que cuanto menos en profundidad se conoce una materia más facil es la impostura: hacer ver a los demás que uno si sabe cuando no es cierto.
    Ah, y perdonen ustedes. Yo solo quería hablar de novelas.
    Un besito psíquico
    la Margaret en el divan.

  10. Javi dijo:

    Sargento Margaret: precisamente porque tiene usted razón y la psicología es una no-ciencia y sobre todo de una inexactitud exasperante, es siempre preferible andarse con pies de plomo cuando se hacen afirmaciones referentes a ella. Sólo quería señalar eso. No defiendo mi parcela, especialmente porque soy el primero en pisotearla cuando es necesario.
    Y al igual que cuando los legos hablan de literatura y dicen hacer literatura estando tan distantes de ello en este foro se levanta la voz para decir ¡alto! (a pesar de ser la literatura también una no-ciencia de una terrible subjetividad que pertenece a la totalidad de la humanidad), yo sólo me he limitado a decir: cuidado, no es tan fácil. Leer demasiada psicología divulgativa es peligroso y, sobre todo, engañoso.
    De todas formas reconozco que, si fuera un poco más listo, me habría callado. Pero tengo cierta tendencia a la réplica, intuyo que porque mi madre vio demasiado “Aquí hay tomate” o similares antes de que yo naciera. Y aquello se debió de imprimir en mis genes.
    Nada más, sigo bajando la cabeza ante sus opiniones literarias.

    • Querido Javi:
      Bendita sea esa tendencia tuya a la réplica. No es de listos callarse. Si todos guardáramos silencio los listillos de siempre nos mangonearían a su antojo. Hay que hablar y discutir. Además, es más divertido.
      Un saludo
      La sargento
      PD: tienes razón, no es tan fácil.

  11. Javi dijo:

    “Hay que hablar y discutir. Además, es más divertido.”
    Jijiji… totalmente de acuerdo.

  12. Arantxa dijo:

    Elvira Navarro es mucho mejor que Franzen.

  13. Lo que pasa con Franzen y otros americanos es que rellenan demasiado. Escribir una novela es saber rellenar un esqueleto, por otra parte, las novelas no se escriben con ideas sino con varios miles de palabras. Pero, aún así, por qué 600 o 700 páginas? Podría Franzen hablar de Patty Berglund durante 2000 páginas? Estoy seguro de que sí. La extensión correcta es un asunto que me resulta difícil de juzgar. Qué piensan ustedes?

    • lacarta dijo:

      Los posts de este blog pecan de mesiánicos, muchas veces equivocados; hacen críticas anodinas y superficiales como éstas, al tiempo que utilizan más energía (pero no más calidad) para meter en una misma bolsa a autores de calidad muy dispar sólo por pertenecer a la misma generación (de edad, no literaria), lo que huele feo. Igualmente arbitrarios son sus elogios: no se molestan en justificar su adoración por los dioses que ellas mismas idolatran, y en general, a pesar de que dicen “defender el libro”, suelen ocuparse de libros y editoriales que están lejos, muy lejos, de tener alguna clase de impacto real en el mercado, mientras que a las grandes las dejan (mayormente) en paz.
      Una vez dicho esto, hay que aclarar también que todo esto lo hacen, al parecer, por amor. Y gratis. Y sus exabruptos nos proporcionan momentos de alegría, cuando atacan a los que nosotros también queremos atacar, o bronca, cuando atacan a quien no se lo merece, y, en cualquier caso, motivo para la sana discusión. Si bien sus críticas no tienen el nivel que uno desearía en un periódico de circulación offline, lo cierto es que en esos periódicos son escasas las que sí lo tienen.
      En cambio Boyero cobra, y no creo que mal, por levantar las banderas de la incultura, la desidia, la ignorancia militante. Boyero es una patada al honor de cualquiera que se haya dedicado alguna vez a la crítica cinematográfica, literaria, o al periodismo a secas. Es una vergüenza que El País le pague a semejante pelandrún. No es el único, pero es el peor de todos. Al lado de Boyero, Patrulla de Salvación es Proust. Gracias a todos.

      • lacarta dijo:

        Pero eso sí: lo de sargento, y patrulla, y demás alusiones militares no se reconcilian bien con los libros. Los militares, con todo respeto, son mayormente brutos.

      • Amiguito dijo:

        De acuerdo contigo_ Lacarta___

        En este país hay cinco millones de parados pero a la “Sargento” lo que le preocupa es que algún latinoamericano joven publique donde “no se merece”___

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