LOS CRÍTICOS LITERARIOS Y SU PASADO (¿Oscuro?)

Louis Menand hace, en el último nº de la revista The New Yorker, una de esas reseñas largas – sección: “A critic at large”- típicas de la publicación y que tanto placer me reportan. Comenta don Louis “The Double Life of Paul de Man” (Liveright, 2014), la reciente biografía que Evelyn Barish ha escrito sobre Paul de Man, profesor universitario en los EEUU pero, sobre todo, crítico literario de renombre. De Man –digo esto para aquellos jóvenes que no  tienen ni idea- adquirió fama en círculos académicos por aportar una nueva forma de analizar los textos literarios y por introducir a Derrida en los USA. De Man era de origen belga y emigró a los USA en 1948, cuando tenía 29 años, iniciando allí su carrera académica. Para ello comenzó contactando con los círculos de intelectuales izquierdistas de la costa este y gracias a la escritora Mary McCarthy –que lo consideraba muy chic- encontró trabajo en el Bard College.

El asunto es que en 1987, tres años y medio después de su muerte, se descubrió que Paul de Man había publicado artículos en un periódico pro nazi belga. Luego, además, se constató que fue bígamo (abandonando a los hijos de su primera mujer) y que se inventó gran parte de su curriculum. También hay datos en el libro de Barish sobre la forma poco ortodoxa en que este señor manejaba el dinero cuando montó una editorial antes de marcharse a Nueva York. Según la biografía, Paul de Man fue un fascista, un ladrón, un mentiroso y un mal padre. En algunas páginas comparan su historia con la de Ripley, el héroe de ficción creado por Patricia Highsmith.

La investigación de Barish profundiza en la vida familiar del famoso crítico y nos cuenta que cuando Paul tenía 13 o 14 años su hermano mayor violó a una prima de ambos que solo contaba con 12 años de edad. Poco después este hermano, al que la autora califica de “violador en serie”, murió al ser atropellado por un tren mientras montaba en bicicleta. La madre era depresiva y a Paul le tocó cuidarla muchas tardes mientras el padre se entretenía con su amante. La madre, Madeleine, terminó suicidándose. Fue Paul el que se la encontró colgada del techo en el cuarto dedicado a hacer la colada que tenían en el ático de la casa familiar.

Después de aquello, en 1937, Paul entró en la Universidad Libre de Bruselas con la intención de ser ingeniero, pero no consiguió terminar sus estudios. Henri de Man, su tío, que hasta la fecha había sido un conocido líder socialista (no marxista), había sido nombrado ministro del gobierno belga y al llegar los alemanes entendió que el nazismo era la realización de sus ideales. El poderoso y colaboracionista tío colocó al sobrino en Le Soir, periódico pro nazi donde el joven Paul publicó sus escritos elogiosos de la ideología fascista.

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Paul de Man con Renée y Theodore Weiss, Bard College,  Diciembre de 1949

Como no les voy a traducir el artículo entero, les invito a leerlo (aquí), en el The New Yorker, que lo pone a nuestra disposición al completo y sin necesidad de estar suscrito. A ver si aprenden algunos.

En la segunda mitad del artículo, Louis Menand, su autor, reflexiona sobre si el pasado de un crítico literario determina su forma de ejercer su profesión. Y ahora soy yo la que elucubra: en el caso hipotético de que la vida de un crítico tuviera un efecto determinante sobre sus reseñas (que es algo en lo que yo creo), podríamos también hacer el camino inverso. Es decir, partiendo de las reseñas y de su calidad, deberíamos ser capaces de llegar a descubrir cómo fue la vida de sus autores antes de ejercer su profesión.

Por eso me pregunto: ¿Le robaban el bocadillo todos los recreos a Ricardo Senabre cuando iba al colegio?  ¿Cómo se llaman las compañeras de facultad que se reían de Care Santos mortificándola y que son las culpables de que hoy Care piense que todas las personas son buenas en esencia y que por eso sólo hay que hablar bien de los libros, incluso de los malísimos? ¿Tuvo J. Ernesto Ayala-Dip una primera novia costurera o modistilla que lo abandonó y es por eso por lo que pone a parir –sin leerlos más que en diagonal- los libros de María Dueñas? ¿Tanto humilló aquel sargento a Santos Sanz Villanueva durante la mili afeándole la forma de coger el fusil?

¿Tan malos fuimos en la vida anterior los españoles aficionados a la lectura de reseñas que ahora se nos castiga con esta generación de críticos?

NOTA: El artículo de la Wikipedia en español sobre Paul de Man no recoge todo lo que sobre su vida se comenzó a descubrir hace ya 25 años. La versión inglesa sí.

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2 respuestas a LOS CRÍTICOS LITERARIOS Y SU PASADO (¿Oscuro?)

  1. Si Bretón inventa la vacuna contra el cáncer, nadie le hará caso por ser quien es. Aplíquese a cualquier disciplina que se imagine.

  2. dd dijo:

    ¿Será que vale la pena escribir tanto para dos comentarios de ná?

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