LA CORRESPONDENCIA DE HEMINGWAY

Aunque Ernest Hemingway (1899-1961) había dejado dicho que no se publicaran sus cartas, su última mujer, la cuarta, Mary Welsh Hemingway, decidió en 1979 sacarlas a la luz. Para que te fíes de las kodamas, Ernesto. Scribner, la editorial de Nueva York, con el trabajo de Carlos Baker, biógrafo del escritor, publicó en 1981 Ernest Hemingway Selected Letters 1917–1961. En este volumen hay cartas que Mary Welsh recogió de la casa de Finca Vigía (residencia cubana de Hemingway  durante más de 20 años) y otras que estaban archivadas en universidades o librerías americanas. Mary Welsh después de la muerte del escritor pudo visitar la casa cubana y llevarse documentos y obras de arte, como dos cuadros de Juan Gris y otro de Paul Klee. El ministro de exteriores cubano la había telefoneado para anunciarle que el gobierno de la isla tenía intención de transformar la casa en un museo, pero que se le concedía el derecho de retirar antes aquello que considerase más personal.

Carlos Baker, además de biógrafo de Hemingway, fue profesor de literatura de la universidad de Princeton. Allí tuvo un alumno llamado A. Scott Berg (que se graduó en 1971) al que ayudó a terminar su tesis que versaba sobre el editor Maxwell Perkins. En 1978 Berg amplió su trabajo de fin de carrera hasta convertirlo en una biografía que publicó con el título Maxwell Perkins: Editor of Genius.

De izd. a dcha.: Myrsine y Helene Moschos, Sylvia Beach and Hemingway en frente de la librería Shakespeare & Co. propiedad de Beach.

 

A. Scott Berg acaba de publicar un artículo (este se puede leer completo en inglés, no como el que les comenté la semana pasada) sobre la correspondencia de Hemingway en la revista Vanity Fair de octubre de 2011, edición americana. Nos cuenta Berg que 40 años después de la muerte de Hemingway recibió la llamada telefónica de Jenny Phillips, psicoterapeuta y nieta del editor Maxwell Perkins. Lo invitaba a formar parte de la expedición que examinaría los archivos de Finca Vigía. La señora Phillips había visitado la casa cubana de Hemingway y había preguntado si allí se conservaba correspondencia entre su abuelo y el escritor -Max Perkins conoció en los años 20’s del siglo pasado y con la mediación de F. Scott Fitgerald a don Ernesto y poco después le publicó The sun also rise, Fiesta en la edición en castellano. Según Berg, Perkins fue la persona con la que más correspondencia mantuvo el nobel-. Las autoridades cubanas reconocieron que en la casa se conservaban muchas cartas del editor pero pusieron problemas administrativos para que pudieran acceder a ellas. Con la ayuda de un congresista demócrata, Jim McGovern, partidario de restablecer plenas relaciones con el gobierno de la isla y por ello con buenos contactos, consiguieron permiso y organizaron la visita.

El artículo de Berg nos relata los pormenores de la investigación (para disfrute de filólogos y/o amantes de Hemingway) y de paso nos deja algunos datos interesantes sobre libros y edición:

[Ahora traduzco de forma literal]

Los objetos más interesantes de la casa (Finca Vigía) eran los libros –casi 9.000, muchos de ellos con anotaciones al margen-. Una copia del Oxford Book of English Prose llamó mi atención y de golpe recordé una carta que Hemingway había enviado a Max Perkins en abril de 1940, cuando estaba buscando un título para su casi terminada novela sobre España [Por quién doblan las campanas]. A él le gustaba hojear antologías de literatura inglesa y al llegar al Meditation XVII de John Donne – cuando dice, “Never send to know for whom the bell tolls”- había escrito que ya había encontrado el título. O, preguntó a Perkins, ¿pensará la gente que con “toll” me estoy refiriendo a una llamada a larga distancia, y con “Bell” a la compañía de teléfonos? Pregunté a uno de los guardias si podía inspeccionar el libro. Sin desconfiar de mí, cogió el libro y me lo dio. Hojeé las páginas hasta que encontré el párrafo, marcado con un círculo a mano.

(…)

Hemingway había dudado sobre como terminar “Por quien doblen las campanas”. En el último minuto pensó que debía incluir un epílogo que hablase de algunos de los personajes secundarios. Perkins había leído la coda y, sabiendo de la afición del escritor por el detalle, le había pedido que suprimiera esa parte. Se apoyaba el editor en la opinión de su hija Peggy que decía que el libro terminaba perfectamente sin ese añadido. Perkins había devuelto esas páginas al autor ya que no se encuentraban entre los documentos que se conservan en los Estados Unidos. Allí estaban, en un viejo archivador, en el garaje de Finca Vigía, las 12 páginas escritas a lápiz. Rápidamente comuniqué mi descubrimiento a Jenny Phillips, la hija de Peggy.

El artículo de Berg comienza citando una frase de Fiesta: “You can’t get away from yourself by moving from one place to another.” Y dice el autor del artículo: “Ernest Hemingway pasó toda su vida intentándolo”. París, Pamplona, Klimanjaro, Valencia, las Antillas, Key West, Cuba….

Por supuesto que el señor A. Scott Berg no hace referencia, en todo su artículo, al deseo expreso de Hemingway de que su correspondencia no se publicara.

Nota: Se acaba de editar, con base en lo descubierto en Finca Vigía, The letters of Ernest Hemingway: Volumen I, 1907-1922. Los 15 volúmenes restantes (hay más de 6.000 cartas) se irán pubicando en los próximos 20 años. Todas las cartas son inéditas, según los editores.

En el artículo de V. F. se pueden leer (en inglés) algunas de las cartas. Y las fotos que ilustran el reportaje (Slide show)son de chuparse los dedos.

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4 respuestas a LA CORRESPONDENCIA DE HEMINGWAY

  1. Si no quieres que se publique algo de lo que has escrito, quémalo tú directamente.

    Todo lo demás es hype.

  2. Hoy en día se formatea el disco duro mientras agonizas, y a correr, que es muy faulkneriano. XD

  3. Mientras publican todos los volúmenes esta “Mientras escribo”

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