SUPLEMENTOS CULTURALES: TOCANDO FONDO

Se me ocurren las siguientes explicaciones:

1.- Javier Rodríguez Marcos le ha copiado la entrevista a Laura Revuelta.

2.- Laura Revuelta le ha copiado la entrevista a Javier Rodríguez Marcos.

3.- El escritor André Trapiello lo tiene todo tan claro que, le pregunten lo que le pregunten, suelta siempre el mismo rollo.

4.- Los periodistas Javier Rodríguez Marcos y Laura Revuelta no han hablado con Andrés Trapiello. La editorial o el agente del autor ha mandado a los periódicos una serie de ideas y con ellas han compuesto las entrevistas.

5.-  Javier Rodríguez Marcos y Laura Revuelta son la misma persona.

¿Quieren saber lo ocurrido? Pues que yo -que disfruté mucho leyendo Las armas y las letras (DESTINO, 1994 y 2009)- sabiendo que Andrés Trapiello publica ahora una novela sobre la Guerra Civil, Ayer no más (Destino, 2012), me leí de cabo a rabo las entrevistas que ayer sábado le publicaron en Babelia (aquí) y en ABC cultural. Cuando termino de leer la del suplemento de EL PAÍS me doy cuenta de que es casi exacta a la del ABC. Yo puedo entender que un escritor, cuando está de promoción y cansado de hablar de lo mismo, termine repitiendo alguna frase o dos o tres ideas. Pero, ¿esto?

  

Les pongo siete u ocho ejemplos. Son solo algunos. Hay más, pero me cansé de escribir:

Sobre LA HISTORIA, LA VIDA Y LA NOVELA

En Babelia:

…hay cosas que solo se pueden contar en una novela. La historia, que se ocupa de hechos generales, es un relato incompleto que nunca abarca la totalidad del pasado. No admite la subjetividad. La novela es, por el contrario, el reino de las subjetividades. Se ocupa de experiencias particulares y de conflictos morales. Por otro lado, en la historia, como en la vida, nada tiene sentido, las cosas suceden unas detrás de otras, incongruentes, pero en la novela cada cosa sucede como consecuencia de la anterior, lo cual produce un efecto balsámico.

En ABC cultural:

La Historia se ocupa sobre todo de hechos generales, universales, en los que no tiene cabida la subjetividad ni los conflictos morales como los que se despiertan en él (uno de los personajes) al conocer la actuación de su padre en la guerra. Trata de buscar un sentido a esto. En la Historia no encuentra ese sentido, porque la Historia no lo tiene, como no lo tiene la vida, pero sí la novela.

(…)

… en la ficción las acciones y los sucesos se exponen trabados, y esto tiene un efecto balsámico que puede ayudar a comprender los dramas de los personajes y nos aproxima a ellos.

Sobre PAZ, OLVIDO, JUSTICIA Y VERDAD

En Babelia:

Los demócratas de 1975 decidieron no hablar de las fosas y seguramente gracias a su silencio pudimos hacerlo en 2004.

En ABC Cultural:

En 1975 los demócratas españoles decidieron que era más importante construir la democracia que abrirlas fosas, y gracias a aquel pacto empezaron a abrirse en 2004 de modo menos traumático de lo que hubiera sido posible entonces.

En Babelia:

Una paz duradera es imposible sin el olvido. Nuestra tarea es luchar contra la impunidad sin alentar el agravio y el resentimiento, sabiendo que unas veces es preferible la paz a la verdad y otras la justicia a la paz.

En ABC cultural:

Es imposible una paz sin olvidar, pero también sabemos que no es posible la justicia sin recordar.

Sobre LOS PUEBLOS NO RECUERDAN

En Babelia:

Los pueblos no recuerdan, recuerdan los individuos.

En ABC Cultural:

Los pueblos no recuerdan, recuerdan los individuos.

Sobre POETIZAR EL PASADO

En Babelia:

El pasado no hay que poetizarlo ni que politizarlo.

En ABC cultural:

Es inconcebible una poetización de la Historia.

Sobre LOS TRES MÍNIMOS PARA ESCRIBIR UNA “HISTORIA COMÚN”

En Babelia:

Yo propondría tres. Uno: que el levantamiento del 18 de julio lo fue contra un Gobierno legalmente constituido. Es decir, fue un golpe de Estado. (…)Dos: que los principios de la Ilustración estaban representados en la República y que el golpe de Franco lo es contra la Ilustración. (…) Tres: Que si a los españoles se les hubiera dado a elegir bando pocos habrían elegido el que le tocó sino otro: lo que hemos dado en llamar una tercera España, en la que había gente de izquierdas y de derechas.

En ABC cultural:

Hemos de buscar esos acuerdos “mínimos”, imprescindibles, entre todos. Reconocer que la sublevación de julio del 36 contra la Republica fue un golpe de estado ilegítimo. Este es un “mínimo”. Otro: que los principios de la ilustración estaban representados en la República y que la sublevación persiguió suprimirlos. Otro: que no todos los republicanos defendieron esos principios ilustrados y democráticos, ni mucho menos, ni todos los que se alistaron con los sublevados dejaron de ser demócratas e ilustrados, si ya lo eran.

Nota: las negritas son mías.

Patrulla de Salvación tiene la solución.

Los suplementos culturales han tocado fondo: la crítica literaria que en ellos se hace ya no tiene ninguna relevancia; los libros que en ellos se reseñan no son los que leen la mayoría de los españoles; los periodistas que en ellos escriben son seguidos solo por su madre y por su novia/o. Es decir, la influencia de los suplementos es, en la actualidad, nula. Debido a esto la publicidad ha disminuido mucho y ahora los suplementos cuestan dinero a sus editores.

Además los periódicos españoles no paran de poner empleados en la calle con la excusa de que no pueden sufragar los costes. ¿El próximo ERE? el martes de esta semana que viene: 150 empleados de EL PAÍS.(AQUÍ) [Se pueden fijar –pinchando en el enlace anterior- en que esta noticia del propio periódico EL PAÍS tiene ahora mismo (a las 16.30 del día 8 de octubre) 583 comentarios, pero la mayoría han sido borrados. Se dice en la red que desde el periódico están eliminando todos los comentarios referentes a los ingresos de Juan Luis Cebrián (Consejero delegado del grupo PRISA, editora de EL PAÍS). ¡Qué cosas!]

Tenemos la solución para reducir gastos.

¿Recuerdan La hoja del Lunes”? Fue un periódico que salía solo los lunes y que editaba la asociación de prensa. De esa forma se respetaba el descanso dominical de los trabajadores de prensa. Dejó de editarse en 1986.

Pues podrían los periódicos españoles unirse y costear a medias (con una participación en los gastos que fuera proporcional a la difusión de cada uno de ellos) un suplemento cultural único. Lo podíamos llamar La crítica amable, y propongo a Care Santos, claro, como directora.

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CINCUENTA SOMBRAS DE TESS

Y digo yo una cosa: ya que le han cambiando el nombre al libro de Thomas Hardy y lo han abrigado con una faja bien grande para que el cliente lo relacione con “Cincuenta sombras de Grey” –novela superventas-, ¿Por qué no le han puesto directamente un título como, por ejemplo, “Cincuenta sombras de Tess? Se me ocurre, vamos. Así hubiera quedado más claro, ¿no? Y, sobre todo, venderían más.

Hace dos días llegó a la mesa de novedades la reedición de “Tess of the D’Ubervilles”, de Thomas Hardy. En la primera parte de Cincuenta sombras de Grey, Christian, el protagonista masculino, regala a Anastasia “Ana” Steele, la chica, una primera edición –de 1891- de esta novela. Luego, parece ser, E. L. James dijo lo siguiente sobre la novela: “Es la trágica historia de una hermosa mujer y parte de mi inspiración para Cincuenta sombras de Grey

La novela de Hardy se editó en España (Alianza Editorial) con el título “Tess la de los D’Uberbille” –horrible, por otro lado-. La última edición es de 2006.

 

Pues los de Backlist (Grupo Planeta), que son los que publican, han diseñado una nueva portada tipo erótico festivo, han acortado el título y le han puesto una amplia faja ¿Para que no se vean las piernas de la chica? Noooo, tonta, para que se pueda escribir en ella bien grande que es algo relacionado con Grey y sus claroscuros, que no te enteras.

Si se fajan…, digo,  si se  fijan, el título y el nombre del autor están impresos arriba, bien apelotonados en una esquina, para que luego la faja, donde aparece el nombre de “50 sombras…”, pueda cobrar protagonismo. Entiéndase que lo de menos es el título o el autor -¿Quién coño es el Hardy ese?-, lo importante es el nombre del best seller de E. L. James. El nuevo marketing editorial es la bomba, tú.

 Nótese, como cosa curiosa, que las braguitas que se está poniendo, o quitando, la chica de la portada de “Tess” no tienen absolutamente nada que ver con la ropa interior que se usaba en la época en la que transcurre la novela. Ni en su fantasía futurista más caliente pudo Thomas Hardy imaginar ese modelo de braga.

Qué es lo que ha ocurrido. Pues que los de Backlist leyeron en verano esta noticia del The Guardian (aquí) en la que dice que las ventas de “Tess of the D’Ubervilles” se habían triplicado en UK desde que salió a la venta “50 sombras…” Por eso todo se ha hecho rápido y corriendo. Tan apresuradamente que hoy el libro aún no tiene página en la web de la editorial. Había que aprovechar el tirón de ventas del libro de Grijalbo (Random House Mondadori). Para los que gustan de las cifras: en julio las ventas del best seller de E. L. James –según esta nota del periódico british– estaban, solo en Gran Bretaña, en 2,3 millones de ejemplares.

Según la frase de E. L. James solo obtuvo una parte de su inspiración del libro de Hardy. La otra parte queda libre. De momento. ME LA PIDO. Una prima mía tiene una tienda de material de oficina en Oxford Street, Londres. Ya veo el cartel que vamos a poner en el escaparate:

E. L. JAMES ES CLIENTE DE ESTA TIENDA.

COMPRE AQUÍ LOS BOLÍGRAFOS CUYA PUNTA MORDIÓ Y CHUPÓ LA AUTORA DE «50 SOMBRAS DE GREY» MIENTRAS ESCRIBÍA LAS MÁS CALIENTES ESCENAS DE SU TRILOGÍA.

Todo esto en inglés, claro. Y la palabra “CHUPÓ” en letras rojas más grandes y con un tipo/fuente insinuante. ¿Qué pasa? ¿Qué mi prima y yo no podemos usar también las nuevas técnicas de marketing?

Nota 1: Si es usted librero, vende bolígrafos en su establecimiento, y quiere usar la frase, se la regalo. En español queda mejor que en inglés. Lo digo porque «CLIENTE» se parece mucho a «CALIENTE».

Nota 2: queremos dar las gracias a nuestro informador.

OTRA COSA: EL SINDICATO

Querida Luna:
En el deseo de que te encuentres bien a la recepción de estas letras, te escribo como encargada que eres, dentro de la editorial Mondadori, del diseño y contenidos de El Sindicato. Al grano: si incluyes un artículo de Rodrígo Fresán (aquí) que cinco días antes ha sido publicado en RADAR (aquí), el suplemento de libros del periódico Página 12 donde publica habitualmente, hay que hacer mención a la fuente.

Hace un año anunciaste a bombo y platillo esto de El Sindicato. Dijiste que ibais a tener a los mejores, entre ellos a Ignacio Echevarría. Hoy parece que el amigo Nacho ni está ni se le espera, igual que ha ocurrido con otros/as. Un año después ¿qué hay en El Sindicato?

Te lo voy a contar:

-Artículos de Fresán copiados de otro medio. Quiero pensar que con su permiso.

-Las cositas de Alvy and the Coconuts.

-Lo de tu chico.

Y

-El humorismo –que me parto de risa por la mitad cada vez que lo leo- de Bob Pop.

Nada más.

Ah, y, se me olvidaba, LA POLLA DE MIKE JAGGER.

Te has aburrido ya de este proyecto ¿verdad, Luna? Los comentarios no llegan ¿verdad, cari? Y las visitas, no es que caigan, sino que nunca subieron ¿verdad, reina?

Querida Luna: una multinacional mastodóntica no puede jugar a ser “independiente”, “vanguardista” y súper enrollada. Y si lo intenta, se le ve el plumero.

Un beso.

La sargento

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MARXISMO DE SALÓN

¡¡Cuánto daño han hecho los marxistas de salón!! Ejemplos: Gaspar Llamazares y Jaume Roures.

La revista Qué Leer -que como todos ustedes saben está dedicada en un 100% a los libros y a la lectura- trae todos los meses, en su última página, una sección llamada “Bestiario Editorial” en la que se hace una semblanza de una persona relacionada con el mundo de la edición. En el último número, el de octubre 2012, con firma de Antonio G. Iturbe (director de la revista), se retrata a Manuel Fernández Cuesta, editor de Península y, desde mayo de 2011, responsable del área castellana de Grup 62, con lo que también es director de El Aleph.

El señor Fernández Cuesta es editor, pero sobre todo, marxista. Por eso cada vez que tiene oportunidad nos lo hace saber.

Les transcribo a continuación una conversación captada el día 04/06/12 por uno de nuestros micrófonos ocultos – en concreto el que tenemos en el pasillo- en la sede de Ediciones Península:

-Buenos días señor director.

-Muy buenos días, camarada señora de la limpieza. Permíteme una pregunta.

-Usted dirá, señor director.

-Llámame camarada, por favor. O, si te resulta más fácil, directamente Manolo.

-Perdóneme, señor director, pero no me sale. Le juro que lo he intentado, pero…

-Bueno, no importa. Tú, camarada limpiadora, claramente perteneces a una minoría étnica explotada. Dime, por favor, si en esta empresa sientes que conculcamos tus derechos como ciudadana. Confíame si has percibido que este grupo capitalista para el que trabajas como sujeto productivo te aliena económicamente. Denuncia ante mí si los socios capitalistas, y por lo tanto explotadores, de esta editorial comenzaron expoliando el producto de tu trabajo y dime si han acabado por expoliar, incluso, hasta tu propia persona intrínseca… y eso.

-No le entiendo, señor director. Le digo lo mismo que todos los días: estoy contenta. Ustedes me pagan a final de mes y son amables conmigo. No se preocupe por mí. Perdone pero me queda por limpiar la planta de abajo antes de la hora del bocadillo. Adiós, señor director.

Sin comentarios.

 

El artículo que firma Antonio G. Iturbe en Qué Leer sobre Fernández Cuesta, y que se titula “La revolución tranquila”, no tiene desperdicio. En la Patrulla no nos ponemos de acuerdo. Unas pensamos que Fernández Cuesta es así, como se deduce del artículo. Las otras creen que Antonio G. Iturbe, en su afán por hacer la pelota al editor [no nos olvidemos de que ahora Iturbe también es autor publicado (aquí) y publicable], termina desfigurándolo y acaba consiguiendo que parezca mucho más… eso de lo que es en realidad. Saquen ustedes sus propias conclusiones.

Extracto algunas frases del artículo. (En negrita mis comentarios).

El artículo empieza así:

Tiene un aspecto bonancible y algo despistado, pero es un revolucionario. Un revolucionario tranquilo.

Esto quiere decir que cuando finalmente se produzca el asalto al palacio de invierno, el camarada Manolo no estará en primera línea. Se sacrificará, esperando en casa, para no poner en peligro su cabeza intelectualmente privilegiada y así poder luego diseñar las líneas ideológicas que regirán el nuevo gobierno, la dictadura del proletariado. Y también para –solo en el caso de que así lo decidiera el Politburó- asumir, con humildad y desinteresada entrega, la jefatura de dicho gobierno.

Es de los que a estas alturas del partido te dicen, convencidos, que “el capitalismo es incompatible con la lectura”.

Sabio y profundísimo análisis, Manolo.

Formó parte de la comuna de resistentes de Constantino Bértolo en Debate, dentro del poderoso grupo Random House Mondadori. Le pregunto cómo encajaba en una multinacional capitalista de ese tamaño y él especifica –porque lo cortés no quita lo combatiente- que se trataba de “una multinacional socialdemócrata y flexible, donde siempre me dejaron trabajar con libertad”

Hay que fastidiarse. Este chico, si hubiera nacido 100 años antes y recibiera un buen salario de  la compañía belga de Leopoldo II que en el siglo XIX explotó las riquezas naturales del Congo, hubiera sido capaz de decir que el respeto por los derechos humanos de los indígenas era casi total.

Constantino Bértolo: otro que tal baila.

“Me gusta mucho la gente, interrogo a los taxistas… si no hablas con la gente no sabes dónde vives.”

Fernández Cuesta habla con los taxistas, no con el conductor del autobús municipal. ¿Lo ven?

“Los libros que más se venden son como los tres tenores de la ópera. Es una locura ir a contra corriente. Hay que publicar diez libros duros y otros diez más líquidos. Pero de vez en cuando hay que decir a la gente que, si quiere saber sobre cierto tema, no vale cualquier cosa”.

Lo de “libros duros y libros líquidos” es un guiño para iniciados. Por si usted no estuviera en la pomada, le cuento: Elitista como todos los editores españoles, Fernández Cuesta se está riendo –por lo bajini- del consumidor de libros como Las dudas de Hamlet (sobre Leticia Ortiz), Belen Esteban y la fábrica de porcelana oPolítica y Moda, para ensalzar por inteligente y serio (según él) al que consume El dinero y las palabras, por ejemplo. Sabe Fdz. Cuesta que los libros que le dan de comer son los líquidos, pero eso no le impide faltar al respeto a sus compradores.

Fernandez Cuesta ha de quedar siempre más a la izquierdas que cualquiera. Cueste lo que cueste. Por eso lo que escribió sobre Santiago Carrillo después de su muerte (aquí). Un poco feo esto, Manolo. Pero es solo mi opinión, claro.

NOTA INFORMATIVA: La camisa marca Polo Ralph Lauren que luce Manuel Fernández Cuesta en la foto de Qué Leer cuesta más de 100 €. También se podría haber comprado una imitación y entonces le hubiera costado menos de 15€, pero eso es inconcebible. Todo en Manuel Fernández Cuesta es auténtico.

-Margaret, yo que tú quitaría esa foto de Marx.

-No sé por qué debo quitarla, Daphne.

-Mira lo que ha pasado en Francia con las caricaturas que han publicado en Charlie Hebdo.

OTRO ASUNTO

No es plato de gusto escribir lo que viene a continuación. Pero la Patrulla de Salvación no tiene amigos y en la guerra como en la guerra, el que la hace la paga. Había buena relación con La medicina de Tongoy, pero después de lo que hizo ayer (aquí) nos vemos obligadas a denunciar el atropello cometido.

Si una persona no quiere que su novela (o lo que sea que haya escrito) se publique, es porque no desea meterse en la rueda comercial de editoriales/periodistas/críticos/librerías/blogs etc…; o porque no quiere (o tiene miedo de) que los demás, o alguien en particular, lean lo que ha escrito; o porque no le sale de los cojones, que también es un motivo a respetar y el que los engloba todos. Por eso ¿qué derecho tiene Tongoy a reseñar la novela de “Claudio”? ¿No se da cuenta Tongoy de que ya sólo con lo que ha contado en su reseña podría haber herido en lo más profundo a una persona muy sensible?

Yo entiendo que hiciera lo imposible por conseguir la novela y leerla, pero ¿reseñarla? Ahí se ha pasado Tongoy.

Quien ha publicado, aquel que ha entregado su manuscrito a una editorial para que lo edite y le ponga un precio, se está plantando en medio de la plaza del  mercado y tácitamente aceptando que lo critiquen y lo ensalcen. Desde el momento en que su libro tiene un ISBN, queda abierta la veda y está permitido que se diga de todo sobre ese volumen. Pero el libro de “Claudio” no ha sido publicado. De hecho “Claudio” no quiere que se edite. “Claudio” no ha dado permiso.

Y nada importa que la reseña sea positiva. Eso es lo de menos. “Claudio” es consciente de que escribe bien, no hacía falta que nadie se lo dijera. “Claudio” sabe que podría hacer carrera en las letras, pero no le interesa. Además -según me han dicho-, no lo necesita. Lo que “Claudio” necesita y merece es respeto.

Si había por ahí otra copia de la novela, lo desconozco. Quiero imaginar a “Claudio” ajeno a estas chorradas, trabajando como ingeniero, arquitecto o economista en un país muy lejano. Ojalá que así sea y nunca se entere de esto. Pero por si acaso: perdón, “Claudio”. Perdón por haber dado pie a que se asalte tu intimidad.

Estas son mis últimas palabras sobre este asunto.

AUTOBOMBO

Hoy, en el suplemento CULTURA/S de La Vanguardia, Sergio Vila-Sanjuán -un señor al que respetamos mucho en este cuartel- ha hablado bien de la sargento. En un artículo titulado “Best sellers eróticos” y dedicado al éxito de “Cincuenta sombras de Grey” dice:

Sobre su contenido suscribo la opinión general de que se trata de una novela rosa con notas porno. Es decir, consigue ser a la vez cursi y guarra. Por otra parte plantea serias dudas su visión de una condición femenina anhelante de someterse al varón y, según apunta la perspicazSargento Margaret en su blog Patrulla de Salvación, de superar reservas habituales a la hora de hacer realidad las fantasías de él.

(aquí el enlace a la hemeroteca de La Vanguardia)

Las negritas son mías

Esto es lo que decíamos nosotras sobre” Cincuenta sombras de Grey”: (aquí).

Gracias, Sergio.

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VENDER

En tiempos de crisis, se acabaron las fotos para las portadas:

 

Normas de cortesía, Amor Towles (Salamandra, Octubre de 2012)

 

A media luz, Joyce Carol Oates (Lumen, Septiembre de 2008)

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LOS NUESTROS Luis Harss

Una buena noticia (¡¡Aleluya!!) proveniente de la editorial Alfaguara. El día 31 de octubre próximo sale a la venta la reedición de “Los nuestros” de Luis Harss.

Luis Harss (Valparaiso, Chile, 1936) es una de las personas que más sabe sobre eso que algunos llaman literatura latinoamericana. En 1966, después de entrevistar a los que entonces él pensó que eran los escritores más relevantes del cono sur y de documentarse ampliamente sobre ellos, publicó este libro que luego se ha querido ver como el primer canon sobre el “Boom”.

Los 10 autores escogidos fueron: Borges, Asturias, Guimarães Rosa, Onetti, Cortázar, Rulfo, Fuentes, García Márquez y Vargas Llosa.

En 2008, Tomas Eloy Martínez lo entrevistó -a Harss- aquí. Lean lo que opinaba de Bolaño:

L.H.:A Bolaño lo he leído con curiosidad, atraído por sus títulos. Su Nocturno de Chile (2000), sobre un cura pinochetista, es una novela notable. Tiene un enorme talento pero algo monocorde. Casi todo lo resuelve con monólogos, algo semejante a lo que en el jazz se llaman riffes, arranques, improvisaciones. Igual que Felisberto Hernández, cuando advierte que hizo algo bien, lo vuelve a hacer. Lo que tiene de interesante Nocturno de Chile es que el cura es y no es un impostor, es y no es un acólito de Pinochet, es y no es un poeta. Es muy extraño cómo Bolaño maneja esa ambigüedad entre crimen, impostura y poesía

T.E.M.:- ¿Leíste su última novela, 2666?

L.H.: -La empecé y no pude avanzar mucho. Es un libro, ¿cómo decirlo?, casposo. Me sorprendió que un escritor lleno de vuelo poético de pronto se detuviera en personajes que son profesores universitarios aburridísimos. No sé cómo se le ocurrió hacer un libro sobre gente así. En cambio Los detectives salvajes (1998) es una sinfonía de voces que alcanza una poesía infernal.

Esta entrevista apareció en el suplemento ADN Cultura del periódico La Nación.

Querido Juan Cruz: Tú sabes mucho sobre literatura latinoamericana, seguro que más que yo. Pero te hago ver –se trata solo de una corrección fraterna, no te enfades- que Harss no es argentino, como dices (aquí), sino chileno.

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UN CURSI EN ESTORIL

Siempre que un cursi –aunque sea miembro de la Real Academia Española de la Lengua– escribe algo relacionado con la guerra, utiliza primero la palabra “guerra”, y luego, para no repetir, “contienda” y “conflagración”. Además por ese orden. Y, en este caso, en el mismo párrafo (aquí).

Luis María Ansón, esta mañana, en EL CULTURAL:

La neutralidad portuguesa durante la II Guerra Mundial y la posición del dictador Salazar favorable a los aliados en contraste con el dictador Franco, germanófilo acérrimo, convirtió a Lisboa en centro del espionaje internacional y en refugio de los que huían de las atrocidades de la contienda y de los que aspiraban a regresar. Concluida la conflagración, muchos de ellos se quedaron. Estoril y su entorno fue el lugar elegido.

Si el cursi es también un sectario, escribirá a continuación:

Gracias a la lucidez, a la sagacidad, al patriotismo y al espíritu de abnegación de su padre (don Juan), el gran vencedor de aquel enjambre de pasiones desatadas en el Estoril de los años dorados, fue Juan Carlos de Borbón que se convirtió en Rey de España y desde hace cerca de cuatro décadas encarna la Monarquía que siempre defendió su padre contra la dictadura y que se ha convertido en un símbolo de libertad, de democracia y de prosperidad en todo el mundo.

Nota: las negritas son mías.

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Todo esto se incluye en un artículo de opinión titulado Estoril, los años dorados. Así se llama también el libro que ha escrito Ricardo Mateos Sainz de Medrano y ha publicado La esfera de los libros (aquí).

A pesar de Luis María Ansón y de La esfera de los libros, el volumen de Ricardo Mateos está muy bien. Léanlo, pasarán un buen rato y aprenderán sobre un momento de la historia muy interesante y del que no se ha escrito mucho.

-Mira, Daphne, que me fastidia a mí lo de recomendar algo de La esfera de los libros.

-Pero aquí no somos sectarias, mi sargento. Por eso, si un libro es bueno, lo decimos y punto. Nosotras siempre con la verdad por delante.

También en El Cultural:

Parece que Ricardo Senabre, que últimamente andaba un poco blandito, está empezando a recordar lo que significa ser un crítico literario. Comprobamos que el verano le ha sentado bien: demoledor -la semana pasada- con Puertolas (aquí)  y muy duro -hoy- con Cercas (aquí). Va usted por buen camino, don Ricardo. Siga así y a final de curso le pondremos buena nota.

-Si a la postre va a resultar, querida Daphne, que los críticos literarios son como los toros bravos. Que cuando el picador les dá un buen pullazo, mejoran y se les puede sacar una faena más lucida.

-Qué cosas, mi sargento.

OTRO ASUNTO: SOBRE LA DIFERENCIA QUE HAY ENTRE BESTSELLERS Y LA GRAN LITERATURA

El Domingo pasado, en el suplemento XL Semanal (aquí), leímos una interesante entrevista con Ken Follett, el autor de bestsellers. Hacia la mitad de la entrevista, el escritor respondió, de forma muy honesta, a una pregunta clave y valiente. Y, de paso, dejó claro lo que diferencia un libro superventas de una gran obra, de un clásico.

Lo que tenéis que entender, queridos chicos -y esto lo digo yo, la sargento-, es que esa diferencia no descalifica automáticamente a los bestsellers, no los margina a la estantería de los libros malos. Hay momentos para cuestionarte sobre los grandes temas y otros para divertirte con trepidante acción o con sentimientos primarios y facilones.

Esto respondió Follett:

XL. ¿Cree que a Shakespeare le gustarían sus novelas?

K.F. Mucho me temo que no [se ríe]. A él le gustaba jugar con el lenguaje, sus obras están llenas de figuras literarias y manejaba muy bien la ambigüedad. Shakespeare hace pensar al lector, mientras que yo soy más simple, procuro que te concentres en lo que estoy contando y que no necesites leer dos veces una frase. No, no creo que le gustara Ken Follett, aunque en sus obras hay mucha acción, están llenas de tramas y misterios y de personajes fascinantes y únicos como Hamlet; mi favorito. He visto la obra más de 40 veces.

MÁS

Gran entrevista en Jot Down (aquí) con Gumersindo Lafuente sobre periodismo en la red. Es decir: sobre el futuro del periodismo.

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LAS CINCO DIFERENCIAS

No recuerdo un inicio de curso editorial tan pobre y aburrido como el de este año. Las novedades son de pena y el ambiente literario está más muerto que nunca. Nos aburrimos. Por eso hemos decidido organizar actividades recreativas. Vamos a comenzar con un concurso: Descubra las 5 diferencias. A continuación pueden ver las dos portadas que ha tenido el libro de Jordi Sevilla, La economía en dos tardes que edita DEUSTO y que se publica el próximo 16 de octubre. Los ganadores, aquellos que nos digan qué ha cambiado entre las dos portadas, recibirán un “link” pinchando en el cual podrán acceder a un montón de fotos de dos de los escritores secretos más ocultos de las letras españolas, Luna Miguel y Agustín Fernández Mallo.

Como saben ustedes, Luna y Agustín rechazan la fama y la popularidad, huyen de los focos como del demonio. Es por eso que nadie ha visto hasta hoy ninguna foto de estos grandes poetas. ¿Quiere poner cara a los autores de esos fantásticos versos que tanto le emocionan? Descubra las 5 diferencias y ponga un comentario.

Para más información sobre este libro pinche (aquí)

la economia en dos tardes-jordi sevilla-9788423412693

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¿NOVELISTAS? DE MENOS DE 30 AÑOS

“El éxito prematuro le proporciona a uno la convicción de que la vida es un asunto romántico, y una idea casi mística del destino en cuanto opuesto a la fuerza de voluntad: en su grado peor, el error napoleónico.”

Francis Scott Fitzgerald

 

   Ya está EL CULTURAL, otra vez fastidiando (aquí), con artículos sobre generaciones literarias.

   Pero, ¡¡por los clavos de cristo!!, ¿es posible que nadie se dé cuenta de que con artículos como este se puede estar arruinando, cercenando de raíz, la carrera literaria de alguno de estos jóvenes escritores? ¿No entienden los periodistas que con esta atención desproporcionada pueden estar echando a perder -antes casi de comenzar-  a quien podría ser en el futuro un brillante autor? No todos estos chicos menores de 30 años tienen aptitud para desarrollar una buena obra literaria. Algunos de ellos, de hecho, ya han dado sobradas muestras de ser unos negados. Pero otros, quién sabe, si se les respeta, podría ser que llegaran  a algo el día de mañana.

   La fama prematura es contraproducente en cualquier actividad, pero en la literatura más. Me podrán argumentar en contra que ya hubo escritores con éxito temprano que luego desarrollaron fructíferas carreras.  Vale, pero eran otros tiempos. Entonces no tenían internet. Esta herramienta informática, obra del diablo, tiene mucho peligro.

   Un joven autor necesita soledad y concentración para leer (mucho) y para escribir (aun más). Después de salir a la calle el artículo de El Cultural, cada uno de los chicos en él entrevistados habrá recibido una media de 50 solicitudes de amistad en facebook y en twitter. Y su ego -ya de por sí hinchado por el hecho de pertenecer a un escritor- se habrá multiplicado por dos o por tres. Peligro. Hace unos años las primeras novelas de los escritores ni se reseñaban. Solo aquellos que conseguían llegar a editar la tercera merecían la atención de los críticos. ¿Cuántos autores españoles, a lo largo del siglo XX, han visto malograda su carrera por un premio dado a destiempo o por un elogio excesivo e inmerecido? No me hagan dar nombres. Pues ahora, con internet y las redes sociales, peor. Hoy, con la misma rapidez que se sube  a la fama, se baja al infierno. El ascensor ya no para en los pisos intermedios.

¿Dónde está la virtud?

  Un término medio, como casi siempre y en casi todo, sería lo perfecto. Pero tenemos comprobado que si se trata de escritores el equilibrio es muy difícil. Yo no digo que lo ideal sea lo contrario, es decir: el autor totalmente ausente de la red y de los medios, que solo piensa en escribir y que no quiere ni publicar. De todos modos les voy a contar -para que nos sirva de referencia y así intentar situar el punto equidistante que sería el ideal- el caso totalmente opuesto.

 

Jason

EL ESCRITOR ERMITAÑO

   Nota: Les anticipo que los nombres que usaré son todos falsos, he prometido confidencialidad.

   Comienzo por el principio: hace cinco años, yo -pero no la sargento, sino la que soy en la vida civil- recibí un gran sobre lleno de fotocopias. Me lo mandaba  una amiga, María, con la que tengo bastante confianza. Me pedía en una nota que leyera aquel tocho de papel.  Se trataba de una novela, de una gran novela. Terminada la lectura me puse sin dilación en contacto con María y, como es lógico, le pregunté quién había escrito aquella maravilla. Mi amiga me contó que se trataba de un chico, Claudio, que había sido, hacía dos años, novio de su hija Marina.  Mi amiga me contó lo mal que lo pasó su hija entonces, cuando Claudio la dejó, pero que ahora salía con otro chico y que ya estaba recuperada. Cuando Claudio cortó definitivamente  con Marina y esta le pidió explicaciones, él –la persona más tímida que se pueda imaginar- incapaz de explicar de forma verbal sus motivos, entregó a su novia un montón de folios escritos a ordenador. Eran los mismos que yo acababa de leer casi de un tirón. Marina, después de leer aquel manuscrito, cayó en una profunda depresión y cuando su madre, intentando ayudarle, le preguntó por qué estaba tan triste, la chica le dio a leer el manuscrito. Mi amiga guardó durante estos años una copia de aquel texto prodigioso y dos años después, cuando el mal trago de su hija estaba olvidado, me lo envió para conocer mi valoración.

   Mi respuesta, claro, fue que estábamos ante un gran escritor y que debía ser publicado cuanto antes. Pedí conocerlo, pero fue imposible. Hablé con Marina, la hija de mi amiga, y me entregó algunos de los poemas que su antiguo novio le había regalado en la época en que su relación marchaba bien. Leí aquellos versos, aún impresionada por la novela, y me parecieron de una sensibilidad extraordinaria. Me llamó la atención que todos los poemas estaban titulados con una letra del abecedario. Pero allí había 28 poemas, no 29. Me explicó Marina que Claudio había excluido la letra “M” a propósito. La novela había sido escrita a la edad de 25 años y el chico –Marina lo sabía- tenía terminadas tres novelas más, todas inéditas. A través de Marina le pedí una cita pero se negó a verme. Marina me explicó que Claudio le había contado que no escribía para ser escritor, que lo hacía por necesidad. Parece ser que el trauma infantil que sufre uno de los personajes secundarios de la novela le aconteció realmente a su autor, a Claudio. El psicólogo que lo atendió cuando era adolescente le recomendó escribir sobre ello, “se enganchó y ya no ha podido parar”. Con estas palabras me lo contó Marina, pero yo estoy segura de que no es tan simple. Lo digo porque una novela como esa no se escribe sólo por eso. He intentado en otras dos ocasiones convencerlo de que me dejara enviar su manuscrito a mi amiga Lucía, que es editora, y, siempre a través de Marina, su ex novia, se ha negado. Marina argumenta que lo conoce muy bien, que es muy tímido y que le “horrorizaría” ver su nombre impreso sobre un libro “en las mesas de El Corte Inglés”. Palabras textuales, de nuevo, de Marina.

   Hay quien dice que publicar es bueno porque con las correcciones de la editorial, las críticas y la opinión de los lectores, se aprende y, sobre todo, se mejora el texto. Pero –digo yo- si los editores, los críticos y los medios de comunicación son los que tenemos hoy en España; si el autor se va a hacer popular –en el nuevo sentido que internet ha dado a la palabra “popular”-, si las cosas van a ser inevitablemente así, a veces pienso que mejor no publicar y luego, cuando se tengan 5 o 6 novelas ya escritas, sacarlas a la luz todas de golpe. El mercado siempre lo jode todo, pero si además se trata del mercado literario español de principios del sigo XXI, peor aún.

   ¿Claudio, nuestro “escritor secreto”, no quiere publicar porque es tímido, o porque le dan arcadas solo de pensar que puede terminar en (esto), en (eso) o en (aquello)? ¿ Claudio, nuestro “escritor secreto”, no quiere publicar porque es tímido, o porque se cortaría las venas antes que permitir que su libro fuera reseñado (aquí) o (allí) por (este), (esa) o (aquel)? ¿Claudio, nuestro “escritor secreto”, no quiere publicar porque es tímido, o porque se ataría una piedra al cuello y se lanzaría a un pozo antes de dejarse entrevistar por (fulanito) o (menganita)? ¿Claudio, nuestro “escritor secreto”, no quiere publicar porque es tímido, o porque, como la Bovary, se pondría hasta el culo de veneno antes que dejar que alguien de (aquí), de (allí) o de (más allá) metiera mano en su novela?

   Sueño -¿pesadillas?- que en algún lugar de España hay un artista que a sus 33 o 34 años oculta, guardadas en un armario, cuatro novelas maravillosas  que nunca se publicarán. Nunca. Yo no voy a insistir más, respeto su decisión y, tal como está el mundillo literario, lo comprendo. ¿De quién es la culpa? De las editoriales, de los críticos y de los medios de comunicación. Iros todos al infierno. Tengo ganas de llorar.

Como decía Rod Stewart (aquí):

 “I can tell by your eyes that youve probably been crying forever”

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NO TIENE NI PUTA GRACIA

24 de septiembre de 2003. José Luis Rodríguez Zapatero, entonces líder de la oposición,  acaba de exponer en el Congreso de los diputados las directrices del grupo socialista en materia presupuestaria. Por error, los técnicos del hemiciclo no cierran los micrófonos una vez acabada su intervención. Por ese motivo se pudo oír la conversación que mantuvo con Jordi Sevilla, en aquellas fechas diputado y responsable económico del PSOE y con Jesús Caldera, entonces portavoz parlamentario del PSOE:

–Sevilla: «Esto está chupao, a no ser que quieras hacer una tesis doctoral».

–Zapatero: «Sí, pero es complicado, ¿tú prefieres que lo entienda?».

–S.: «Se te nota todavía inseguro. Has cometido un par de errores. Has dicho que aumenta la progresividad en lo del sistema fiscal y lo que aumenta es la regresividad… pero son chorradas».

–Z.: «¿He dicho progresividad?

–S.: «Lo que tú necesitas saber para esto… son dos tardes«.

–Z.: «¿Sabes lo peor de todo esto? Que me gusta».

Sevilla comenta entonces a Zapatero que prefiere que le «sustituya» él cuando se explican temas económicos «a que lo haga Miguel», en alusión a Miguel Sebastián, ex directivo del BBVA, fichado por el líder del PSOE para coordinar el programa económico del partido para las elecciones del 2004. «Qué cosas dices», le responde Zapatero.

Jesús Caldera, ante las correcciones que Sevilla hace a Rodríguez Zapatero, le dice a éste: «Nada, nada, di que has estado muy bien. Has estado muy bien».

Fuente: Diario Córdoba (aquí)

Eso fue lo que ocurrió entonces, y la frase “economía en dos tardes” se hizo famosa. Hay otra expresión que sale de la boca de Sevilla que no pasó a la historia, pero me parece más relevante, sobre todo si la leemos hoy, pasados 9 años. Me refiero a eso de “… pero son chorradas”. ¿”Chorradas”? ¿”chupao”?  Así se tomaban la economía aquellos jóvenes diputados. Lo malo es que un año después el uno era presidente del gobierno y el otro ministro.

En 2011, Pedro Schwartz, político y economista, publicó en Espasa: La economía explicada a Zapatero y a sus sucesores. (aquí). En aquel libro se partía de la escena antes descrita para, con sentido crítico, exponer una teoría bastante liberal de la economía política.

«La economía en dos tardes» Autor: Jordi Sevilla. Editorial: DEUSTO. Fecha de publicación: 16 de octubre de 2012. (versión sin faltas de ortografía)

Versión con faltas de ortografía anterior a la corregida y que apareció en la página web de PLANETA

Actualización a 26 de septiembre de 2012:

Cogí la portada del libro de Jordi Sevilla de la página de la editorial DEUSTO. Por eso, ahora que ya han corregido los errores y han metido la foto del autor, ha cambiado automáticamente a la nueva. Copio de todos modos debajo la antigua. Por curiosidad, ya saben. Señores de DEUSTO: avisen a La casa del Libro y a Amazon porque aún tienen la portada vieja, la de las faltas de ortografía.
De nada, eh
La Margaret

Continúa el «post»:

Hoy me he quedado de piedra cuando me han contado que el 16 de octubre se publica un libro firmado por Jordi Sevilla y que se titula ¡¡“La economía en dos tardes”!! (aquí).

La sinopsis dice:

Partiendo en el título de la famosa frase pronunciada por el ex ministro Jordi Sevilla a José Luis Rodríguez Zapatero cuando éste era presidente, el economista explica en La economía en dos tardes los principales conceptos económicos necesarios para entender esta ciencia social de una forma básica. Además, a través de un lenguaje sencillo e irónico, Sevilla responde a todas las preguntas que se hace una persona poco ducha en economía cuando se acerca a esta ciencia por primera vez.

Vamos a ver, porque no lo entiendo. Si es una broma, no tiene ni puta gracia. Y si va en serio es que nos toman por subnormales o por desmemoriados. ¿Quiere esto decir que es interesante para el lector español lo que el maestro en economía de ZP tiene que decir? Si mi nieto Jonathan, que acaba de encontrar trabajo como vendedor de seguros, me dice que se ha comprado este libro para entender los conceptos básicos de la ciencia económica, ¿qué debo hacer?

La situación en la que está nuestro país es culpa de los últimos 4 gobiernos que hemos sufrido. Los gobernantes del PP y los del PSOE son igualmente responsables del desastre. De forma sintética: PP = PSOE.

¿Qué enseñó Sevilla a ZP en dos tardes? ¿No debería el señor Sevilla haber avisado al resto de los españoles de que ZP realmente no sabía nada de economía? ¿Por qué somos los españoles tan idiotas como para seguir votando a un señor que no sabía nada de economía? Los otros, los del PP, ¿saben algo de economía?

Hubo un tiempo en que la tradición mandaba que el hijo mayor fuera enviado al ejército para ser oficial y el segundo al seminario para que acabara siendo ordenado sacerdote. Debe ser que hoy a los hijos listos se les apunta a la empresa privada y a los menos espabilados se les mete en la administración o en la política.

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CINCUENTA SOMBRAS DE GREY Y EL MITO DE LA CAVERNA

Hartita estoy de leer ridículos análisis sobre el porqué del éxito de Cincuenta sombras de Grey de E. L. James (Grijalbo, 2012). ¿Saben por qué nadie da en el clavo? Porque: 1º.- solo una mujer es capaz de llegar al fondo del asunto. Los artículos firmados por hombres son de juzgado de guardia. Y 2º.- las mujeres que están intentando explicar este fenómeno editorial son escritoras o, en menos cuantía, intelectuales de otro género. Este tipo de mujer está tan infectado de prejuicios feministas, que es incapaz de entender dónde reside el placer que otras señoras experimentan con la lectura de estas novelas. Y si alguna lo consigue ver, resulta que, como es feminista, no se atreve a contar lo que ha descubierto. No sea que la linchen en la plaza pública.

Han tenido ustedes suerte: yo soy una mujer inteligente y, además, uso un seudónimo para firmar lo que escribo. Es decir, he sido capaz de descifrar  las razones del éxito de 50 sombras de… y, además, no tengo miedo a contarlas. La que mueve los hilos de la sargento Margaret no se atrevería a decir con su nombre real todo lo que van ustedes a leer a continuación, se lo aseguro. Voy a resolver el enigma, pero a condición de que nos olvidemos del asunto. No quiero volver a ver otro estúpido artículo sobre el tema. ¿Entendido?

Para empezar: Cincuenta sombras de Grey  -y los otros dos libros que completan la trilogía- no es más que novela romántica con sexo y erotismo. Los motivos de la afición de algunas mujeres a la novela romántica están claros: nos gusta identificarnos con personajes que representan el “roll” tradicional de la mujer. ¿Será que en el fondo somos así? Veamos.

El feminismo –lo dice una ex feminista de más de 60 años que es veterana de todas las batallas- nos ha terminado jodiendo la vida a muchas. Buscando la igualdad con los hombres hemos acabado forzando nuestra naturaleza y actuando en contra de lo que somos en esencia.

Hay una realidad que es imposible negar: la mujer es la que procrea, o la que puede hacerlo. Esto, nos guste o no, marca nuestra naturaleza, nuestra mente y la forma en que vivimos la relación con el otro sexo y el sexo en sí. Sé que algunas me van a hacer vudú, pero el mito de la caverna (no hablo de Platón) es real y explica cómo somos: en tiempos prehistóricos, el hombre salía a cazar y la mujer se quedaba en la caverna cuidando de la prole. De ahí que la mujer se enamore antes de un hombre poderoso que de uno guapo. La hembra, en su subconsciente, busca el macho que traiga alimento, protección y un buen futuro para la descendencia. Porque ella es la que pare y la que no puede permitir que el fruto de su vientre se muera de hambre o frio ¿Y si yo no pienso tener hijos? pregunta una lectora poco avispada. Da igual, guapa. Tu naturaleza condiciona tu mente. De aquí que a las que nos gustan los toros nos pongan cachondas los toreros. El matador de reses bravas nos conecta con el cazador de la caverna que satisfacía a nuestras bisabuelas de hace cientos de miles de años, con la mejora de que los toreros suelen ser millonarios. Es decir: más protección.

Las ideas feministas extremas nos han obligado a negar la realidad y a pretender que el hecho de poder ser madres no influía en nuestra vida como personas.

El cazador de la caverna tenía sometida a su hembra y aquella situación no era justa. Por eso la batalla por la igualdad de derechos fue legítima. Pero una cosa es alcanzar la justicia y otra retorcer nuestra naturaleza para intentar ser iguales al hombre en todo. En eso se ha equivocado el feminismo.

Ese feminismo límite nos ha obligado a actuar de forma forzada casi a diario. Por eso cuando leemos una novela en la que la mujer se somete a un hombre poderoso y a cambio de ese sometimiento la hembra obtiene protección y lujo (si además hay amor, ya es el cagarse), nos derretimos de gusto porque su lectura nos permite bajar la guardia, relajarnos y volver a ser como somos y no nos dejábamos ser.

SEXO

Hay un segundo factor –el más importante- de éxito en la serie de Grey: el sexo. Pero, ¿Qué tipo de sexo nos gusta a nosotras?

Lo argumentado hasta aquí explica el tirón de la novela romántica. Pero hemos dicho que en estas novelas había un ingrediente más. Cincuenta sombras de Grey da un salto sin red e introduce (mmmm) prácticas sexuales de forma bastante explícita. Lo nunca (o poco) visto en libros para mujeres. Pero, para mayor novedad y desconcierto de los/as estudiosos/as,  no es el tipo de sexo que apetece a una mujer normal, no. Se trata en estas novelas de las prácticas sexuales que gustan a los hombres. Por eso decía lo del salto sin red. A las mujeres nos disgusta la felación, por poner un ejemplo ilustrativo. Nos da asco a todas. A todas, no mintáis. Lo hacemos –las que lo practicamos- para dar gusto a nuestros chicos, pero solo por eso. Algunas idiotas lo hacen para parecer modernas, pero son las menos. Cincuenta sombras de Grey lleva la sumisión al extremo y convierte a su personaje femenino principal en una mujer capaz de todo con tal de satisfacer a su hombre, a su cazador poderoso. Es una fantasía placentera pensar que somos capaces de disfrutar con todo lo que nuestros hombres nos piden que les hagamos en la cama. Pero es solo una fantasía, porque en la realidad, repito, nos da asco. Puagggg. Para eso están los libros, claro, para vivir otras vidas.

El sexo entre hombre y mujer –dentro de una relación estable- nunca es satisfactorio al 100% para los dos. Siempre hay uno que no consigue realizar sus deseos. Antes, la mayoría de los hombres se consolaba con prostitutas. Por eso mi abuela nunca supo lo que era una “mamada”. Pero ahora lo que hacen es pedir a sus esposas que les practiquen esas felaciones que a ellas tanto repelús les produce. La novela que tenemos entre manos pinta una alcoba idílica en la que ella satisface sin reparos todos los deseos de él y disfruta haciéndolo. El libro de E. L. James da por tanto una vuelta de tuerca a la sumisión elevándola a un grado mayor. Se trataría de una novela romántica a la que como en los aviones se ha hecho un “upgrade”.

Estas novelas nos permiten ser, por persona interpuesta, la mujer que la naturaleza nos pide en lo referente a la sumisión (aquí no hablo de sadomasoquismo sino del papel tradicional de la mujer). Y, además, nos deja imaginarnos a nosotras mismas como  las amazonas sexuales que nuestros hombres querrían que fuéramos y la naturaleza nos impide ser.

¿Ha quedado claro? ¿Sí? Pues pasemos a otra cosa.

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