EL RAMIRO PINILLA QUE FUE (Gracias a Planeta)

Sin la putada que en 1971 le hicieron a Ramiro Pinilla los de Planeta no hubiera sido posible esa gran obra de la literatura en castellano que es la trilogía Verdes valles, colinas rojas. (Tusquets editores, oct. 2004- mayo 2005)

Lo volvió a contar el escritor Fernando Aramburu en Ramiro Pinilla y la perseverancia, artículo en EL CULTURAL de 2006:

Más conocida (ya que él mismo ha referido el caso en la prensa) es la mala pasada de que fue objeto con ocasión del premio Planeta en su edición de 1971. Días antes del fallo, una llamada telefónica anuncia al escritor la obtención del susodicho premio. Felicidades. Se le invita a acudir sin falta a Barcelona, al sarao anual que todavía se celebra. Pinilla se desplaza en compañía de una hija. Llega el momento de las fingidas deliberaciones y el primer premio, zas, se lo dan a otro cuyo renombre garantiza mayores ventas. Durante seis meses, la editorial Planeta demorará la publicación de Seno, uno de los grandes títulos de Pinilla. De este modo se reduce el riesgo de que los críticos comparen un libro de alto valor literario con la plasta ganadora. Aquella noche, Lara (que en paz descanse) se acerca al novelista chasqueado y le tiende un billete consolador de cinco mil pesetas de las de entonces. ¿Generosidad? ¿Petición indirecta de disculpas? ¡Naranjas de la China! Las cinco mil cucas le serán más tarde descontadas al escritor de la retribución correspondiente a su premio como finalista.

Antes de esto, en 1960, había ganado el Nadal y el premio de la crítica con su novela Las ciegas hormigas. Lo del Planeta le sentó tan mal que se encabronó y abandonó el circuito comercial para encerrarse a escribir durante más de 20 años. Por eso digo que gracias a que Planeta no le concedió el premio hoy disfrutamos de esa trilogía. Si se lo hubieran dado, posiblemente Pinilla hubiera publicado mucho más, pero –no lo quiero ni pensar- hubiera acabado, por ejemplo, escribiendo como Juan Manuel de Prada o como Carmen Posadas, que lo ganaron, el Planeta, en los años 97 y 98.

Hoy, Planeta une a dos escritores: A Ramiro Pinilla se la jugó en 1971; a Gregorio Morán, la putada, se la acaba de hacer hace unas semanas. Si en España tienes una carrera literaria, antes o después, para bien o para mal, te topas con Planeta.

Precisamente Gregorio Morán, en una de sus sabatinas intempestivas en La Vanguardia, la de 28 de octubre de 2006, que tituló La resurrección de Ramiro Pinilla, nos contó cómo Pinilla, con 83 años cumplidos y su mamotreto de folios bajo el brazo, se dio a conocer de nuevo:

Y hete aquí que había acabado su monumental obra, iba a cumplir 83 años y no sabía muy bien a quién mandar los infolios. No debía conocer a mucha gente del mundillo literario vasco, porque primero se dirigió a Jon Juaristi, quien por cierto ni siquiera le cita en sus interesantes memorias – Cambio de destino (Espasa)-, y eso que están todos aquellos que fueron algo, por poco que hayan sido, en la cultura vasca de la transición, incluso los que pasábamos por allí. Como Juaristi no le hizo mucho caso, se dirigió a un joven autor guipuzcoano, Fernando Aramburu, cuyo impresionante libro de relatos Los peces de la amargura (Tusquets) merecería algo más que una referencia. Y él lo puso en la órbita.

Aramburu se la pasó a Juan Cerezo (editor de Tusquets) y el resto de la historia la pueden leer en los numerosos obituarios que entre hoy y mañana se publicarán en los periódicos.

Permítanme que les copie aquí –tengo debilidad por este hombre- la diatriba que, en su sabatina de 2006, Gregorio Morán lanzó contra los premios literarios y, sobre todo, contra los miembros de los jurados que los conceden:

Aunque me alegro por Ramiro Pinilla, al que reconozco una probidad como escritor fuera de toda sospecha, buena parte de los premios otorgados no son más que una muestra de mala conciencia y desvergüenza en el gremio cultural. Nadie con un mínimo de sentido de la responsabilidad intelectual podría conceder el premio Nacional de Narrativa al volumen tercero de Verdes valles, colinas rojas, porque si alguien osara empezar a leer tal libro -Las cenizas del hierro- no se enteraría absolutamente de nada sin haber pasado previamente por los anteriores, al menos el primero, La tierra convulsa. A mí me parece muy bien que otorguen el premio a Pinilla, y no sólo uno, sino que lo colmen de ellos, pero desmoraliza pensar que la inmensa mayoría de los jurados del delicuescente y compadril premio Nacional no se han leído a Pinilla ni por el forro. Podríamos pasar lista y analizarlos uno por uno, por más que eso, hoy en día, se considera de mala educación. Las peculiaridades de la vida cultural española consienten que un autor como Ramiro Pinilla pueda ser reconocido como escritor a los 83 años, ni uno menos. Y eso es tanto como hacer un llamamiento a todos los jóvenes con aspiraciones literarias a golfear, a hacer trampas, pisar callos y dar codazos, y sobre todo a emular a los famosos en chorizo total si es que tienen intención de ser alguien en la ciénaga del papel impreso. De lo contrario, les toca ejercer de Ramiro Pinilla. 

Descanse en paz, Ramiro Pinilla.

La Patrulla de Salvación, reunida en pleno en el patio de armas de su cuartel, ha concedido a título póstumo la medalla al mérito literario al gran escritor Ramiro Pinilla y lo nombra caballero de la Orden de Gustave Flaubert.

¡¡PRESENTEEEN ARMAS!!

¡¡HONORES!!

ACTUALIZACIÓN A 24 DE OCT. DE 2014

Artículos (hoy en EL PAÍS) de despedida: de Fernando Aramburu (aquí); de Juan Cerezo (su editor) (aquí).

OTRA COSA

No se pierdan la reseña (aquí) que el escritor británico Julian Barnes hace de Limonov (Anagrama, 2014) de Emmanuel Carrere. La publica hoy el The Guardian inglés. Esto es una reseña como Dios manda. Termina diciendo que ha disfrutado más da haber terminado de leer el libro que mientras lo leyó. Y añade que la madre del autor francés, que es citada por el hijo en el libro y que es historiadora especializada en Rusia, hubiera hecho un libro mejor.

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VEINTE DÍAS FRENÉTICOS

La noche del 15 de octubre de 2014 se dio a conocer el ganador del premio Planeta. Jorge Zepeda Patterson, con su novela “Milena o el fémur más bello del mundo”, fue coronado como el vencedor de la LXIII edición. Pilar Eyre, con su novela “Mi color favorito es verte” quedó finalista. Un día después, Pilar Eyre manifestaba en varias entrevistas que la noche de entrega de los premios lo pasó fatal, que los nervios la atenazaban: “ni siquiera pensaba que podría quedar finalista. De hecho, me enteré cuando leyeron el veredicto.” Entendemos que el pobre Zepeda Patterson tampoco sabía nada.

El 8 de octubre, la editorial Planeta publicó una nota de prensa en la que se anunciaba que de las 453 novelas presentadas sólo quedaban 10. Entendemos que del 8 al 15 de octubre la competición entre las 10 novelas finalistas fue feroz. Imaginamos a los miembros del jurado a altas horas de la madrugada volviendo a leer febrilmente las diez novelas candidatas, buscando esos matices (destellos de alta literatura) que en una primera lectura no se aprecian y que pueden marcar la diferencia, encumbrar a un libro sobre los otros nueve.

Hoy, en la página web de Planeta (aquí) y (aquí) ya se pueden ver las portadas de los dos libros. Y se anuncia que las novelas estarán en las mesas de novedades el 4 de noviembre de 2014. Todo eso –avisamos- si la máquina de café sigue funcionando y los empleados de la editorial y los de la imprenta no desfallecen después del heroico y titánico esfuerzo de sacar adelante estos dos libros en el tiempo record de 20 días.

No sabemos si felicitar a los empleados de Planeta y a los de la imprenta por su dedicación (están durmiendo una media de dos horas por noche, los pobres) o denunciar a la editorial por la explotación laboral.

El libro GUINESS de los records ya está al tanto de esta espectacular hazaña: corregir el texto, maquetar, diseñar la portada, imprimir…. ¡¡¡EN SOLO 20 DÍAS!!!

Guau

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GREGORIO MORAN EXPLICA EN LA LIBRERÍA TAIFA CÓMO FUE LA CENSURA DE PLANETA

 Ayer, presentado por el escritor Javier Pérez de Andujar, Gregorio Morán dio una charla titulada “Sobre las nuevas formas de censura” en la librería Taifa de Barcelona. Hace exactamente 56 minutos se ha colgado en You Tube el video de la conferencia. Además de la censura por Planeta de El cura y los mandarines, su libro, contó anécdotas de su larga carrera como escritor y periodista. No se lo pierdan. (Abajo, el enlace para acceder directamente al video) Cortesía de Valor de Cambio.

Nota 1: Cuenta Morán que cuando estaba negociando con Planeta el adelanto para este libro que ahora le han censurado, “que no estaba mal, el adelanto”, “el tipo” de la editorial le dijo: “¿Tú sabes cuántas Pantojas me va a costar este adelanto?” Se estaba refiriendo a esos libros de personajes mediáticos que tanto abundan en los grandes grupos editoriales. Genial.

Nota 2: No se pierdan lo que Morán respondió (minuto 1;37;40, al final) cuando alguien del público le preguntó si ha recibido muestras de solidaridad de algún intelectual o periodista.

http://www.youtube.com/watch?v=ndytT6CCBn4

 

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JEROGLÍFICO ARGENTINO

Nombre de uno de los protagonistas de las “once malditas páginas” que han impedido que El cura y los mandarines, el libro de Gregorio Morán, vea la luz editado por Planeta.

vgc

MÁS COSAS (pero en inglés).

¿Cómo dice usted? ¿Que no conoce otro idioma que el castellano? Vamos a ver, señorita o señorito, ¿no se da cuenta de que el mundo editorial en español se va a tomar por culo? ¿No entiende -se lo hemos explicado por activa y por pasiva- que la prensa y las revistas culturales en nuestro idioma son cada día de peor calidad? Los latinos –que no los anglosajones- siempre hemos considerado que la cultura no es un fin en sí mismo, sino un medio para conseguir otras cosas. [Estoy leyendo ¿Quién es Jordi Pujol? Debate, 2014] Así que ya se está poniendo a estudiar. ¿A qué está esperando?

1º.- Sofiya Tolstoy’s Defense.

Ayer, en Page turner, el blog sobre libros del The New Yorker (aquí), se publicaba una reseña/reportaje sobre un nuevo libro que abunda en los líos familiares de los Tolstoi, The Kreutzer Sonata Variations (Yale press, 2014). Tomando como punto de partida Sonata a Kreutzer (Acantilado), la novelita de Tolstoi en que su protagonista exponía las diferencias sexuales con su mujer y los motivos por los que la había apuñalado hasta matarla, su autor, Michael R. Katz, se erige en abogado defensor de Sofia Tolstoi, esposa del gran novelista ruso y madrede sus 13 hijos. Para ello utiliza trozos de sus memorias, cartas y diarios. También incluye –para argumentar sus razones- dos cuentos escritos por la propia Sofía en los que se adentra en los problemas matrimoniales. Este culebrón sí vale la pena. Lev Tolstoi, en una carta de 1891, escribió “Hay algo sucio en Sonata a Kreutzer… algo feo acerca de los motivos que me llevaron a escribirla”.

2º.- In a Bookstore in Paris

En el número de noviembre de 2014 del VANITY FAIR Americano (aquí) se puede leer (íntegro en la web) un delicioso reportaje sobre Shakespeare and Company, la mítica librería que hay junta al Sena en París. Se habla del pasado (cómo no), pero también del presente. En el frontispicio de nuestro blog, hace más de tres años, pusimos la imagen de esa librería. Por algo será. Sobre este asunto recomendamos también La librería más famosa del mundo, el libro de Jeremy Mercer editado por la fiable editorial MALPASO.

3º.- Ha muerto el último director de periódicos.

Ben Bradlee, director del Washington Post durante su mejor época, la del Watergate, ha muerto a los 93 años. (aquí) la noticia en el Washington Post y (aquí) en el The New York Times. Pinchando (aquí) puede acceder a una recopilación de reportajes antiguos sobre Ben Bradlee.  Recomendamos también sus memorias: La vida de un periodista (Aguilar, 2000)

Se acabó. Ya no queda un director de periódicos de verdad, como Dios manda. Los de ahora, parafraseando a Orwell, son expertos en relaciones públicas.

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PLANETA Y PILAR EYRE: VENDER LIBROS SIN IMPORTAR LOS MEDIOS

¿Se acuerdan de cuando Isabel Pisano escribió un libro contando su historia de amor con Yasir Arafat? El libro se llamó “Arafat. La pasión de un líder” (Ediciones B) y (aquí) tienen una entrevista ¡en Interviú! de 2006 en la que la autora contaba detalles. ¿Y cuando Carmen Llera, la joven esposa española del gran escritor italiano Alberto Moravia, publicó “Georgette” en 1985?. La novela contaba en primera persona su aventura amorosa con Walid Jumblat, el líder de las milicias drusas del Líbano. Jumblat y su grupo se hicieron famosos porque fueron muy activos en los conflictos armados de aquel país durante los años 80. (Aquí) la noticia en EL PAÍS. Lo de Pisano y Arafat nunca se probó, pero lo de la mujer de Moravia y Jumblat fue real y comprobado. Aún me acuerdo de lo guapa que era la española y lo feísimo que era el libanés. Perdonen el apunte, pero todo se pega.

Ahora viene Pilar Eyre y … qué perezaaaa.

- Ánimo, sargento. Cumplimos con nuestro deber.

- Gracias, Daphne. Me tomo un lingotazo y me lanzo.

Pues eso, que le han dado el premio Planeta bis a Pilar Eyre (con su novela “Mi color favorito es verte”), la misma escritora que ya noveló la vida de la ex – reina Sofía y que fantaseó con la vida sexual de Franco. Ahora dice escribir sobre una historia de amor que ella ha vivido en la realidad, en sus carnes: “No hay nada de ficción, todo ocurrió y es verdad”. Como han podido comprobar si han leído el primer párrafo, lo que están haciendo Eyre y Planeta para vender libros –después de las cagadas comerciales (en nº de ejemplares vendidos) que fueron los premios a Lorenzo Silva y a Clara Sánchez- ya estaba inventado. Planeta ha escogido a una tanqueta todo terreno, a una de esas autoras en plantilla a las que les da igual ocho que ochenta. Luego han metido en la coctelera los ingredientes correctos y se han lanzado en tromba. Halaaa, ahí queda eso. ¿Vergüenza? Qué es eso. Después de comprobar de qué va el libro de Eyre piensa una que el premio a Jorge Zepeda se ha entregado para disimular, que la bomba vendedora va escondida en el 2º puesto.

Esto de Pilar Eyre es auténtica AUTOFICCIÓN en vena. Que se quiten los escritores perroflautas que viene ella.

Pilar Eyre dice en estas dos entrevistas (en EL MUNDO y en VOZ POPULI) que “Es la primera vez que hacía algo así, ni siquiera pensaba que podría quedar finalista. De hecho, me enteré cuando leyeron el veredicto”. Se refiere al premio Planeta. Quiero pensar que no miente también cuando dice que a su amante en la historia, que era periodista, “Le enviaron a Siria y al poco tiempo le dieron por desaparecido”. Habiendo como hay tantas familias de periodistas desaparecidos en Siria que están sufriendo y mucho, me parecería de muy mal gusto utilizar una historia como esta –más si es pura invención y más si la autora dice ser periodista- con el exclusivo objetivo de vender libros. No lo quiero ni pensar porque se me ponen los pelos de punta. Hasta ahí podrían llegar las campañas de marketing. Digo. Afirmo.

Scapegoat: Carmen Llera, pictured with her then husband Alberto Moravia in 1987, claims Dominque Strauss-Kahn is being made a scapegoat for anti-French feeling

Moravia y Carmen Llera (cria cuervos…)

Para que los estudiantes de marketing editorial tomen apuntes, les dejo con algunas perlas de Pilar Eyre en las entrevistas concedidas tras obtener el premio:

“La novela trata sobre mi historia de amor con Sebastièn, un hombre francés. La escribí en medio de una enorme ansiedad. Y lo hice porque lo necesitaba. Cuando lo conocí, nos enamoramos inmediatamente. Vivimos días de amor y sexo, que cuento en el libro. En realidad cuento muchas cosas: cómo él me hizo sentir joven y atractiva, de todas las cosas que me hacía para gustarle todavía más”

(…)

“Escribí la novela en secreto, sin parar. Tuve que cambiar de teclado tres veces, porque apenas y paraba para comer. Me hacía un bocadillo que comía mientras escribía. Las migas caían sobre las teclas manchándolo todo”, asegura. Pero la terminó a tiempo. Decidió entonces enviarla al Premio Planeta. “Es la primera vez que hacía algo así, ni siquiera pensaba que podría quedar finalista. De hecho, me enteré cuando leyeron el veredicto”.

(…)

“Además, era periodista como yo, sólo que él era corresponsal de guerra y hay diferencia ahí.”

Crystal-Manuscript in the Garbage

(…)

“Comencé a moverme [después de la desaparición de Sebastién], a buscar mecanismos para encontrarle, todo eran enigmas y cada uno me llevaba a otro. Cada día me sucedían miles de cosas y en medio de todo ello tenía mis compromisos editoriales y era incapaz de sentarme a escribir. Cada día estaba más delgada, mi hijo se dio cuenta de todo y le expliqué la verdad. Le mostré su foto y él la apartó diciendo: “Es igual que mi padre”. Yo no había caído en eso, su padre murió hace muchos años y no establecí parecidos. Pero Ferri tenía razón. En cualquier caso reaccionó animándome a buscar a Sebastién, me dijo que le parecía una historia estupenda y que debía continuar.”

(…)

“Piense que yo paso de los 60 años y él tenía 47 en ese momento, y por muy pasional que fuera todo al principio, yo sentía el pudor de tener el cuerpo y la piel de una mujer de mi edad, mientras él… Hubo un momento en que me acompañó frente al espejo y me hizo sentir una mujer bella.”

(…)

“Lo mío era siempre muy pasional porque no entiendo el amor sin pasión. Después llegó Ferran, el padre de mi hijo, y estuvimos casados 23 años. Nos divorciamos y él enfermó gravemente. Me pidió que volviera a casarme con él porque deseaba morir siendo mi marido y así lo hice. Nos casamos en el hospital y dos semanas después murió. O sea, que me he casado tres veces y soy viuda.”

Para el próximo libro, Pilar Eyre nos contará si prefiere bragas blancas de algodón o el tanga de toda la vida. Manténganse atentos a las novedades de la librería más próxima a su domicilio.

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LA MALA PUTA

El cura y los mandarines, el libro censurado por Planeta en que Gregorio Morán pone a parir a los prebostes de la cultura española y a sus paniaguados, va a tardar más de lo esperado en ser publicado por otra editorial diferente. El autor -que está buscando una alternativa para que su texto vea la luz- se ha encontrado (confirmando sus sospechas) con un sector editorial bastante indeseable. Lean la cita textual que cierra este “post”. Se trata de los últimos párrafos de la sabatina intempestiva que Gregorio Morán publicó ayer en La Vanguardia.

Pero eso al final. Ahora imagínense a un niño gordo y mofletudo de diez años. Al crio, por prescripción médica, sus padres lo han puesto a régimen.  El chaval está hasta los cojones de comer judías verdes y acelgas hervidas. Pocos días antes de su cumpleaños, sus progenitores, sabiendo lo goloso y tragón que es el angelito, le prometen que por su aniversario le regalarán un gran pastel de chocolate, crema y merengue para que se lo coma él solo. [Aviso: espíritus sensibles, dejen de leer]Cuando llega la fecha señalada, papa y mama, a coro y utilizando la musiquilla del “Happy brithday to you…”, le comunican al pobre zagal que todo ha sido una broma y que, eso sí, por ser un día especial y si quiere, de postre puede comerse un plátano. ¿Cómo creen ustedes que se sentiría el pobre gordito? Si ese niño, con el cuchillo jamonero en mano, hubiera rebanado el cuello de sus padres, ¿a que no lo condenarían como culpable? ¿A que -en caso de ser jueces- aplicarían todo tipo de eximentes y atenuantes a su acción?

Pues igual que el gordito engañado nos sentimos nosotras cuando, un día después de la fecha anunciada de publicación (el 7 de octubre),  nos enteramos que el libro de Morán no se publicaba. 700 páginas llenas de verdades sobre la casta de la cultura patria; 700 páginas de denuncias sin pelos en la lengua; en definitiva, 700 páginas de auténtico periodismo cultural, algo que para nosotras es el equivalente a esa gran tarta llena de colesterol, grasa y riquísimo chocolate negro que el obeso niño soñaba con degustar.

Pues como somos adictas a este tipo de libros, y no tenemos con qué chutarnos, hemos buscado como locas algo que, al igual que la metadona, nos calme el mono. Y lo hemos encontrado. Se va a llamar -fíjense que pedazo de título- “La mala puta” y lo edita Sloper en noviembre. Los autores son Miguel Dalmau y Román Piña Valls. El título, según información reservada obtenida subrepticiamente de la editorial y que apunta a las memorias del editor Carlos Barral, es la forma en que Hemingway llamó a la literatura española cuando el editor le pidió una definición. Sloper es la editorial montada por la gente de la revista La bolsa de pipas.

Por el momento, en la página web de la editorial solo se puede ver la portada y el mes de publicación. Precisábamos -como si de respirar se tratase- de más información. Conocedoras del secretismo con que se ha llevado todo el proceso de edición e impresión de este libro (los editores están acojonados ante la amenaza de represalias), decidimos mandar a nuestra agente más incisiva y más convincente: Daphne, anteriormente conocida como “La sacacorchos”. Ante los encantos de nuestra patrullera, que rescató el wonderbra, su antigua minifalda de cuero y sus medias de rejilla, Román Piña -que además de coautor del libro es editor de Sloper- no pudo resistirse y terminó cantando la gallina.

El ensayo tiene dos partes. La primera, la de Dalmau, “tiene como puntos estelares un ajuste de cuentas con Pere Gimferrer (Razones para odiar a Gimferrer, se titula). Dedica alguna página a recordar los años de oscuridad de Vila Matas, y desde luego es un desahogo por su censurada biografía de Cortázar.”

“Mi parte -continua Román Piña- habla de autores más jóvenes, de mi generación y la siguiente. Reivindico la invisibilidad y cuento historias duras de trayectorias aparentemente truncadas: Felipe Hernández, Pedro Maestre, González Cuesta (hoy Pablo Gonz). Es una reflexión sobre el éxito y sobre la profesión de escritor. Hay muchos testimonios jugosos, pero no puedo adelantártelos por deferencia con los entrevistados.”

Cuando Román Piña estaba totalmente bebido y ya no tenía problema en “adelantar” o en seguir por detrás, muy de cerca, la minifalda de cuero negro de Daphne, en un descuido del editor, pudo nuestra Matahari sacar una foto de una de las páginas de las galeradas del volumen. Aquí va en exclusiva mundial:

“Pero Facebook muestra a los escritores, a todos, como fracasados. Como insatisfechos. A los que tienen sus libros en el cajón y no encuentran editor, y también a los que publican en sellos de renombre y son carne de elogios en diarios nacionales o viajan por el mundo para pasear sus éxitos. Un lamento por permanecer inédito, o por tener pocas ventas, y una expresión de júbilo ante una crítica favorable o la colocación en el “muro” público de una entrevista publicada en prensa, se acaban situando ante el espectador como similares muestras de fracaso. El fracaso de los primeros es asumido. El segundo no está en el hecho de ser bien tratado por la prensa, sino en el de divulgarlo. Para hacer publicidad de lo ya publicado hay que entender íntimamente que la promoción conseguida con ello es insuficiente, insatisfactoria. El fracaso está en el regusto de vanidad que el autor de éxito deja en las pantallas. La sabiduría del viejo refrán “dime de qué presumes y te diré de qué careces” sigue empapando el sentido común del siglo XXI. Un escritor de éxito comunicando en Internet que va a la conquista del mercado francés, o que ha sido traducido al italiano, ¿por qué lo hará? Si le va tan bien, ¿no es un poco antiestético presumir? O puede que quiera que le vaya mejor, conseguir más fans con el reclamo de su prosperidad. Insatisfacción. Fracaso. Un fracaso subjetivo, pero fracaso.”

“Pero que no parezca que el libro la ha tomado con los escritores. Lo que se cuenta de las grandes editoriales, del grupo Planeta en definitiva, es bestial.” Esta fue la última frase inteligible del editor de Sloper. Tras estas palabras la grabadora que Daphne llevaba escondida en el escote recoge sonidos más propios de la banda sonora de una película porno o, incluso, de un zoo en el que todos los animales llevaran semanas sin ser alimentados.

Al día siguiente encontramos a Daphne durmiendo la mona en la misma puerta del cuartel de la Patrulla de Salvación. Aún aturdida pero con esa agradable sensación del deber cumplido la hicimos pasar por el ineludible arco detector de metales y los guardias de seguridad registraron su bolso -es la normativa cuando se vuelve de una misión calificada de alto riesgo- . Entre las barras de labios, las esposas, el látigo, los condones sin usar -tres menos- y un ejemplar de las memorias del marqués de Sade encontramos una hoja arrancada de un libro cuyo contenido reproducimos a continuación

1. AUTOPSIA A UNA DAMA EN APUROS. Miguel Dalmau

Tras el veto a su biografía de Julio Cortázar, Miguel Dalmau se lanza a investigar las razones que lo habían hecho posible. Asombrosamente, el resultado es una autopsia a nuestra literatura, que se halla en peligro de muerte. Autores, editores, agentes literarios, libreros, críticos, lectores…Todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad en el hundimiento de una de las literaturas más importantes e influyentes de la Historia.

 2. LA TRITURADORA DE ILUSIONES. Román Piña Valls

Mezcla de memorias y reportaje en el que el escritor y editor Román Piña reflexiona sobre el éxito y el fracaso (rescata del olvido a Pedro Maestre), bucea en algunas trayectorias “truncadas”, y mastica unas entrevistas realizadas a una docena de escritores conocidos: Alberto Olmos, Marta Sanz, Agustín Fernández Mallo, David Torres, Llucia Ramis, Pablo Gonz, Jorge Carrión, Blanca Riestra, Ismael Grasa, Montero Glez, Fernando Aramburu y Pedro Ugarte.

Como lo prometido -arriba- es deuda, aquí van las últimas palabras del artículo de ayer de Gregorio Morán en La Vanguardia sobre las vicisitudes de la no edición (la censura) de “El cura y los mandarines” por parte de Planeta. Morán se refiere a las editoriales que, ahora que Planeta no publica su libro, están dispuestas a ¿hacerlo?:

La censura del business, del negocio, es tan implacable como la política. Por eso no deja de hacer mucha gracia, es un decir, que los nuevos editores o las editoriales bisoñas, pero con lógica ambición de poder, te planteen el enorme interés que tienen en publicarte. ¡Pero no sin antes leer el manuscrito! No quieren entender que si entregas un manuscrito sin contrato estás vendido. Lo aseguro yo, un veterano con muchos años de oficio. Yo no compro a ciegas, dicen ellos; pero los autores no tenemos por qué entregar el producto de nuestro trabajo para que ellos evalúen lo que les interesa. Son como jugadores con ventaja que te hacen el favor de leerte, como quien te mira la dentadura y calibra lo que puedes empujar en la piedra de su modesto molino. ¡Pero de dónde ha salido esta generación de logreros!

En apenas un mes, lo confieso, he pasado de autor veterano a ganado de excepción que debe exhibirse en la feria. ¡A ver qué sabe hacer! Ya no tengo edad para soportar impasible las imposturas de un gremio llamado a la quiebra. Pero queda como experiencia personal, casi generacional, que estamos más predestinados que el Titanic y que, por si fuera poca la broca, no tenemos ni una orquesta que nos asuma en su suerte y nos amenice el final.

Vivimos tiempos jodidos porque nuestra generación, así, en general, se ha vuelto golfa y hemos de buscar algo digno por debajo de los 30, y como he tratado de explicar en El cura y los mandarines, cuando frisábamos por esa edad no nos cabía en la cabeza que algún día “los nuestros” defenderían la censura, asumirían la corrupción y se sentirían cómodos en la estupidez.

¡¡Que Dios nos pille confesadas!!

 

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JORGE ZEPEDA PATTERSON CONFIESA: “El éxito justifica hoy cualquier degradación moral”

Me había jurado a mí misma no volver a leer nada –y menos escribir- sobre el premio Planeta. Pero estaba yo esta mañana dando sorbitos a mi tercer gin-tonic [el médico me ha dicho que es lo mejor para la osteoporosis] y, de paso, ojeando el diario cuando, saltando de noticia en noticia -y al tiempo que pedía más hielo al camarero-, me encontré por casualidad con un titular llamativo, uno de esos que te obligan a parar tus ojos en él:

El éxito justifica hoy cualquier degradación moral”(EL PAÍS, 17-10-14), rezaba el titular. Leí sólo el encabezamiento y acto seguido comprobé que se trataba de una entrevista con Jorge Zepeda Patterson, el nuevo vencedor de premio. “Mierda”- me dije-. “¡El Planeta me persigue!”. Invadida como estaba por la sensación de bienestar que la ginebra en ayunas siempre me proporciona, decidí relajarme y gozar. El titular prometía cosas; así que me pregunté a mí misma antes de adentrarme en la lectura: “¿Será que Jorge Zepeda, en un arrebato de sinceridad, en un excelso acto de arrepentimiento, está confesando su pecado y de paso denunciando la “degradación moral” que implica recibir miles de manuscritos de inocentes aspirantes cuando ya se sabe que solo lo va a ganar (el premio) uno de los dos o tres escritores a los que se pidió expresamente y con anterioridad que se presentaran? ¿Será que en la noche de la entrega del premio Planeta, Jorge Zepeda, abrumado por los remordimientos y por el peso de la culpa, fue incapaz de dormir y, como hombre honesto que parece, decidió en esos momentos de insomnio renunciar al premio? ¿Será que el periodista mejicano está reconociendo públicamente que se dejó llevar por la tentación del éxito como escritor que el Planeta ponía a sus pies y por eso cayó en la degradación moral que supone aceptar un premio amañado, que está concedido de antemano? ¿Nos está diciendo Zepeda a los lectores de EL PAÍS que la ambición lo cegó momentáneamente, pero que se arrepiente? Emocionada y esperanzada por esa posibilidad –un hombre justo para salvar Sodoma & Gomorra- seguí leyendo. La cosa comenzaba bien, el acto de contrición del periodista parecía serio y profundo:

“En el por qué uno se corrompe intervienen también resortes emocionales, psicológicos, valores éticos que caen… Son asuntos casi de diván, motivaciones opacas, y a eso el periodismo no llega, se necesitan herramientas de la ficción para dar las claves”.

¿Zepeda es mejicano o argentino? ¿Había decidido el periodista escribir una novela de autoficción para explicarse a sí mismo las “motivaciones opacas”, “de diván” que en un primer momento lo habían llevado –dejándose arrastrar por ese demonio tentador que es el éxito literario- a aceptar el Planeta?

“… poner al descubierto las vísceras putrefactas del poder.”

Guau, este tío es un valiente.

zepeda

  • No sigas leyendo, Margaret.
  • ¿Por qué no, Daphne? Este tal Zepeda es un crack.
  • Porque no es lo que te imaginas, todo lo que dice no está referido a él mismo como ganador del Planeta, sino a las mafias que denuncia en su libro.
  • Mi gozo en un pozo. Ponme un gin-tonic, Daphne, anda.
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