UNA TARDE DE CHÁCHARA EN EL CUARTEL DE LA PATRULLA

Aviso: Si usted es una persona culta y seria, de las que se toma muy a pecho todo lo referente a la literatura, ¡NO SIGA LEYENDO! A partir de este punto, solo va a encontrar cotilleo y chismorreo de marujas. Luego no se queje, se lo estoy advirtiendo.

La patrulla ha pasado toda la mañana de maniobras. Hay que entrenarse, se avecinan sangrientas batallas. Después, mientras tomaban el aperitivo –anchoas de Santoña, pimientos de Padrón, huevas de mújol en salazón y mojama (de Murcia) con almendras fritas- la sargento ha preparado unas lentejas, que no se le dan nada mal. Una vez despachadas las legumbres, y en torno a una mesa que presiden las botellas de Anís del Mono y coñac Fundador, charlan animadamente de cosas sin importancia mientras toman café.

-¿Qué me dices, Margaret, de las declaraciones de Isabel Sartorius en Telva? Ha dicho que con 14 años, su madre la mandaba a comprar droga. Fíjate. ¡Qué cosas!

-Pues ya ves, Daphne, que hay que vender el libro. Competir con La soledad de la reina (de Pilar Eyre / La esfera de los libros), en la mesa de novedades, no va a ser fácil. Me da que en los próximos meses, solo estos dos libros se van a vender de verdad.

-Mira, Margaret. Eso es algo que no entiendo. Habiendo colaborado la Sartorius en El Mundo hace años, y teniendo buena relación con Pedro J. Ramírez, -que además de ser director del periódico, tiene la máxima responsabilidad editorial del grupo (Unidad Editorial)- no comprendo como esas memorias de la ex novia del príncipe no han salido en La esfera de los libros.

-Muy sencillo, Samantha: la niña llevaba unos años amenazando con las dichosas memorias. La Casa Real, entonces, le pidió a María Zurita -prima del príncipe y que aún mantiene amistad con la Sartorius- que con la excusa de ayudarle a redactar el libro, controlase que no contaba nada comprometedor. En aquellos momentos, año 2010, los contactos se hacían con La esfera. Pero alguien, con mando en plaza, consiguió abortar –por unos meses- el proyecto.

-¿Entonces?

-Pues resulta que como la ex de don Felipe continuaba empeñada en hacer caja, se habló con Planeta para que le ofrecieran un paquete. La Casa Real, viendo que no se libraba del librito, pensó en Planeta como mal menor.

-¿Un paquete?

-Sí, un paquete. En la Casa Real sí se fían de Planeta. Saben que nunca va a sacar algo realmente escandaloso. El señor Lara hijo respeta las instituciones, es un buen chico. Por eso respondió con algo así como: no os preocupéis, que de esto me ocupo yo. El grupo editorial le ofreció, entonces, -mediados del año pasado-, a Isabel Sartorius, un paquete que incluía trabajo como presentadora de Espejo Público, programa de la cadena Antena 3 (propiedad de Planeta), y la publicación de dos libros (que en función de ventas, pueden ser más): las memorias y otro de autoayuda.  

-Toma ya. En ese caso, el libro, en lo referente a la familia real, está descafeinado, ¿no?

-Totalmente. Por eso sacan lo de la madre y las drogas. No hay más que eso. De todos modos, y esto también son suposiciones mías, creo que había muy poco que contar. Pero por si acaso…mejor tenerla controlada. En otras editoriales (no quiero decir nombres), al revés, la hubieran motivado para que se inventara o tergiversara lo ocurrido. Cuanto más escándalo mejor, ya sabes. Planeta ha hecho el papel que le toca a HOLA cuando un paparazzi aparece con fotos comprometedoras.

-¡Qué fuerte, tú! De todos modos, a la Casa Real, últimamente, le crecen los enanos.

-Porque ya no está don Sabino Fernández Campo. Don Sabino, que era más monárquico que el propio rey, sí que tenía lo que hay tener. Con él al frente de la Casa Real, no estaría pasando lo de Urdangarín ni se hubiera publicado el libro de la reina. Don Sabino era como aquellos buenos editores de antes: controlaba todo lo que ocurría en la vida de los miembros de la familia real, como los editores se ocupaban hasta del más nimio detalle de la vida de sus autores. Pero un hombre así era incómodo, y se lo cargaron. Así van las cosas hoy en la Casa Real y así marcha el mundo editorial.

-Oye, Margaret: Y tú, ¿Cómo sabes todo esto?

-No lo sé. Todo esto que os he contado no son más que imaginaciones mías. Será el Anís del Mono.

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ESTOY HASTA EL MISMÍSIMO DE LOS APARATITOS

Toda una semana intentando poner en funcionamiento mi nuevo Kindle y no hay manera.

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Ilustración: Isa

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AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO ES POLIFACÉTICO

Pedro Ruiz comenzó como humorista. Pero rápidamente pasó a deleitarnos con sus habilidades -poco tiempo escondidas- en otras artes como la canción, la literatura y el cine. [no se pierdan –pinchando aquí- un artículo de 1977, en EL PAÍS, en el que se dice que “Camilo J. Cela descubrió en él hace ya varios años, la continuidad de una larga tradición de humor sarcástico que se remonta al Arcipreste de Hita y pasa por Quevedo”].

 Ya no se usa tanto como antes la palabra polifacético. Una pena. De Pedro Ruiz, ese gran artista, se decía que era un hombre polifacético. Pues Agustín Fernández Mallo también es un artista polifacético. No hay duda. Empezó con el humor (como su maestro, Pedro Ruiz) pero, poco a poco, continua su periplo por otros campos del arte.

Ladies & gentlemen: en primicia para todo el mundo, tengo el honor de anunciar que el día 29 de febrero (así solo celebraremos el aniversario cada 4 años) se publica el primer disco de Frida Laponia, grupo musical compuesto por Agustín Fernández Mallo y Joan Feliu Sastre. Título del álbum: “Pacas go downtown”. Yeah. Si pinchan aquí, se van luego al “podcast” del día 17 de febrero y escuchan el programa Siglo 21 de Radio 3 a partir del minuto 23:30, podrán disfrutar de los nuevos Depeche Mode del siglo XXI. Prometo que cuando consiga alguna de las letras, la compartiré con ustedes.

Me estoy poniendo nostálgica, no puedo evitarlo. Esto de F. Mallo me ha recordado aquellos fabulosos discos que grabaron en los años 80’s y 90’s artistas como Victoria Vera, Victoria Abril, Jesulín de Ubrique o Maria José Cantudo, en España; y David Hasselhoff (el del coche fantástico) o David Soul (el de Starsky & Hutch), en el extranjero. Se acuerdan de “Silver Lady”? Ay, qué bonito. Qué años tan  maravillosos: cuando un artista triunfaba -por ejemplo, en el cine-, la industria, rápidamente, (había que aprovechar el tirón), le hacía grabar un disco y luego escribir un libro. Y si todo eso funcionaba, lo ponían a pintar y a diseñar una colección de alta costura.

Agustín Fernández Mallo -prudente él- está iniciando con pies de plomo su carrera renacentista, no quiere patinar. Ya ha triunfado en el humor, y estamos seguras que alcanzará el número uno de los 40 principales en pocas semanas. Lo siguiente –nos hemos enterado porque tenemos espías- será dar el salto a la literatura. Sí, como lo oyen: Agustín Fernández Mallo está preparando su primera novela. Su agente -el mismo que lanzó a Gabi, Fofó y Miliki- nos ha contado, bajito y al oído, que la idea es que el libro llegue a la mesa de novedades en 2014. No sé si seremos capaces de esperar tanto tiempo para leer la primera novela –aún sin título, claro- de Agustín Jagger.

Nota de la Patrulla para todos los críticos literarios: Comprueben los efectos colaterales de sus críticas elogiosas y poco profesionales. Vean lo que tenemos que soportar los humildes mortales cuando ustedes dejan de decir la verdad sobre los libros de estos chicos. Sigan ustedes elogiando. Sigan ustedes mintiendo. Cuando la mierda nos llegue a la altura de la nariz, que nadie me diga nada. Ya lo avisé.

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RESEÑA ACOMPASADA DE LA SINOPSIS

-¡Margaret, Margaret! he visto en el Corte Inglés Un buen chico de Javier Gutiérrez, el último lanzamiento –a bombo y platillo- de Mondadori.

-Ya me he enterado, Daphne. Pero este no pienso leerlo. Ya me han engañado muchas veces en esa editorial. No tiro más euros ni desperdicio más horas.

-Oye: a ver si este chico, Gutiérrez, va a pagar los platos rotos por la Zambrapronolmos.

-Pues, puede ser. Pero ya estoy harta. Además, un chico que con dos novelas publicadas, ya tiene tres premios literarios –ahora que ya sé cómo funcionan esos galardones en este país- no me ofrece mucha confianza. Lo que sí he leído es la sinopsis. Y me parece indignante. Voy a hacer una reseña acompasada de la sinopsis. Va por ustedes, maestros.

-¿”Reseña acompasada de la sinopsis”? Margaret, ¿tú has vuelto a beber? Échame el aliento.

-¡Déjame, coñe! Here we gooo:

Nota: en negrita, y entre paréntesis, los comentarios de la sargento. No le hagan mucho caso. La dipsomanía es lo que tiene.

Sinopsis de Un buen chico de Javier Gutiérrez.
En esta última novela, Javier Gutiérrez deslumbra (¡Daphne: mis gafas de sol!) con una historia perturbadora y nada convencional (¿”nada convencional”? Si estuviéramos en 1980, vale, pero ¿hoy?…: rock, Malasaña, violencia y sordidez. Les aporto solo unos títulos: Madrid ha muerto de Luis Antonio de Villena, Días Contados de Juan Madrid y La calle de la luna de Kiko Méndez-Monasterio. Gutiérrez puede escribir lo que le dé la gana. Y, a lo mejor, hasta lo hace bien. Pero que los de la editorial no me vendan su novela como algo diferente. Ya está bien.) cuyo punto de partida es el encuentro casual entre dos amigos que compartieron grupo musical en el Madrid de finales de los 90 -con epicentro en el reconocible barrio de Malasaña- y que se separaron tras protagonizar una etapa vital de extraordinaria violencia y sordidez. (¿No se podía escribir: etapa violenta y sórdida? Esto me recuerda lo que decía mi prima Rosita, la de Albacete, cuando le gustaba un chico: “es muy monísimo”)

La novela desarrolla una fascinante voz narrativa (me estoy acordando de La Codorniz, que se autoproclamaba: “La revista más audaz para el lector más inteligente”. Pero con la diferencia que los del añorado semanario de humor iban de coña.), la del protagonista, profundamente íntima y visceral, (“profundamente íntima y visceral”, ¿eso no es una redundancia? Además –y me van ustedes a perdonar- la Samantha, que lleva un tiempo un tanto salida, me dice que esa expresión le altera, de nuevo, las meninges de la junta de culatas.) que a modo de diálogo interno (Uy, qué tufo a autoficción) comienza a reconstruir su pasado a partir de ese encuentro fortuito. Intercalando múltiples conversaciones cruzadas, jugando con los diferentes tiempos narrativos y con los recuerdos –algunos reales, otros falseados–, la narración se va construyendo a modo de un brillante rompecabezas (“brillante”: me vuelvo a poner las gafas de sol. Además, esto suena a excusatio non petita, acusatio manifiesta: el redactor, después de escribir “intercalando múltiples conversaciones cruzada” y “diferentes tiempos narrativos”, parece que, falto de confianza en cómo se desarrolla la narración, y con miedo a la palabra “rompecabezas”, necesitara arreglarlo añadiendo el adjetivo “brillante”. Digo esto, porque en otra versión de la sinopsis -la que aparece en la página de la editorial-, se resuelve el párrafo de esta forma: “historia narrada por medio de múltiples conversaciones cruzadas cuyas piezas encajan como un perfecto mecanismo de relojería”.)  casi una catarsis psicoanalítica, conforme el “buen chico” al que alude el título se enfrenta a sus demonios y culpabilidades. (Esto se repite al final del siguiente párrafo. Por si usted es un poco tontito y no lo había pillado.)

Un buen chico destaca por su maestro manejo de la estructura y el estilo narrativo (¿Quién certifica que es maestro en estructura y estilo? ¿Su abuela? Además, ¿quién destaca por manejar bien la estructura y el estilo? ¿el protagonista? ¿la novela? ¿el autor?) para construir un fascinante (ya se había utilizado este adjetivo un poco más arriba) relato que supone una lectura hipnótica y desasosegante, (esto de “desasosegante” ya se ha dicho. Ah, no, era “perturbadora”, perdón)  un descenso a los rincones más oscuros de la culpabilidad y el deseo. (Uuuuhhhh, qué miedo.)

-¿Lo ves, Daphne, hasta qué punto los de Mondadori nos toman, a los lectores, por idiotas?

-Sin duda. Margaret: vete a dormir una siesta, anda.

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MONDADORI EN LA CÁRCEL (de papel)

Barcelona, 21 de febrero (EUROPA PRESS) En la madrugada de hoy, la patrulla de salvación (la policía editorial) procedió a la detención de un hombre de 49 años, residente en Barcelona y que responde al nombre de Claudio López Lamadrid. El detenido es director editorial de Mondadori, Lumen y Caballo de Troya, con responsabilidad en España y Latinoamérica. La patrulla se incautó en su domicilio de dos ordenadores, tres lectores digitales y numeroso materia impreso y fotográfico. El detenido ha pasado la noche en las dependencias del cuartel de Salvación –más concretamente en el calabozo- y ha sido puesto a disposición judicial a primera hora de la mañana.

-Pero, Margaret. No puedes hacer eso. No puedes grabar la conversación entre un detenido y su abogado. Eso va contra el derecho que todo presunto criminal tiene a la defensa.

-No seas mojigata, Daphne. Esta vez no se escapa.  Además, estamos en guerra. Y en la guerra como en la guerra. Lo que está haciendo es muy grave. Mira, mira, escucha…Si es que está más claro que el agua. Hasta él mismo lo reconoce. Escucha, escucha…:

-Hola Claudio, buenos días.

-Ya era hora, tío.

-No he podido venir antes, lo siento. Tenía que defender al director de un periódico por publicar propaganda. Mira, te he traído comida y lectura: un bocadillo de Nocilla, el HOLA, el Pronto y cinco números atrasados de la revista Super Pop

-¿Por qué coño me han detenido? ¿De qué se me acusa?

-De repetidos atentados contra la ecología literaria. De reiterados delitos contra el medio ambiente cultural. La prensa sensacionalista de esta mañana compara tu editorial con el Prestige.

-¿Qué?

-Para que lo entiendas: estás acusado de inundar con basura la mesa de novedades editoriales. La Asociación de Señoras para la Defensa del Libro (A.S.D.L.) ha interpuesto una denuncia y ha sido admitida a trámite por el juez de instrucción. Esta vez lo tenemos jodido, amigo mío.

-Pero, ¿a qué “basura” se refieren? Todo lo que yo edito es de máxima calidad.

-Claudio, vamos a ver: yo soy, antes que nada, tu amigo. Lo sabes. Pero si quieres que te saque de esta, tenemos que hablar con claridad y sinceridad. Lo de Javier Calvo y lo de Belen Gopegui, tiene un pase. Pero: Olmos, Elvira, Torné, Pron, ¿Quieres que siga? Y, bueno, lo último ya… Con lo de “Fresy Cool” te has pasao, chaval.

-Mira que se lo dije a la Mónica Carmona de las narices. Y ella, erre que erre. [El detenido imita la voz de una mujer]: “Que ya verás, Claudio, que  lo de este chico va a ser un bombazo.”. Y luego la Lunita de los cojones, que lleva en la editorial tres meses y ya manda más que un capitán general. Que no veas los aires que se da la mocosa.  A ver quien tiene huevos a decirle a doña Luna Miguel que no le publicamos la novelita a su novio.

- Pero Claudio, tú eres el director.

-Ya, pero las tías se me suben a la chepa. No puedo con ellas. Y, ¿sabes lo peor?: que en la planta noble, en las reuniones del comité de dirección, me empiezan a mirar de esa forma. Tú ya me entiendes. Que ¿por qué? Pues porque no vendemos un carajo. Tanta portada en Qué Leer, tanto blog, tanto twitter, y no se vende una mierda.

-Bueno, Claudio, vamos a centrarnos en planear tu estrategia de defensa.

-Ya lo tengo: podíamos decir ante el juez que yo cumplía órdenes. Como los militares: obediencia debida.

-Pero eso no es verdad, Claudio. La dirección del grupo solo te pide -más en este año de crisis- beneficios. Nadie te dijo que te metieras en este berenjenal.  ¿Ves? Eso es algo que nunca he entendido. Te podías limitar a publicar lo que ya te viene contratado de fuera por el grupo y olvidarte de esos jóvenes autores en castellano que solo te traen problemas. A veces no sé si tienes alma de hermanita de los pobres o es que te crees  la idea romántica del editor estilo Herralde. Y no te ofendas, que hablo como amigo.

-No, si ya… Pero eso es precisamente lo que no entiendo: hace treinta años, Jorge Herralde cogía la última cagada de un intelectual que además de alcohólico era francés, lo traducía, le ponía una portada amarilla y todos –sin excepción- decían que era una maravilla. Y cuando yo intento promocionar a buenos autores como Pron y Olmos, se me echan encima lo críticos y me los ponen a parir.

-¿”Buenos autores”, dices? ¿Pron y Olmos?

-¡Vete a tomar por culo! Tú eres abogado y no tienes ni puta idea de literatura. Es más, te lo voy a decir para que lo sepas: en este país de incultos y de iletrados, hablando de libros, solo unos pocos sabemos lo que tiene calidad. Me sobran dedos en las dos manos para decirte los que entendemos de este oficio: Marías, Herralde, Vila-Matas, yo y cuatro más. El resto, ni idea. País de subnormales. El día menos pensado acepto la oferta que me ha hecho Jonathan Galassi de Farrar, Straus & Giroux, y me marcho con él a Nueva York. Y que os jodan a todos.

-¿Acualo? Menos lobos, caperucita. Que nos conocemos desde que somos niños, Claudio.

-¿Sabes lo que te digo?: que me voy a defender yo solo. Estás despedido, no te necesito. Soy editor, y por lo tanto mucho más inteligente que tú, un simple abogado. Esta tarde me voy a leer en diagonal el código penal y seguro que me defiendo mejor que tú lo harías.

-Vale, ahí te quedas. Adiós.

-Adiós.

[El detenido, Claudio López Lamadrid, se ha quedado solo en la celda, pero continúa hablando]

-Además, soy descendiente del marqués de Lamadrid. Por mis venas corre sangre noble. No tengo que aguantar a estos plebeyos incultos y retrasados que no han pasado de leer novelitas del oeste y que no son capaces de hacer la o con un canuto. Voy a llamar a Juan Carlos, seguro que él me resuelve este asuntillo tan desagradable.

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MONDADORI SEGÚN ESTHER TUSQUETS

Que nadie se engañe: la profunda crisis en que se encuentran las editoriales tradicionales -las que publican libros en papel- no es culpa de la llegada de la edición digital ni de los e-books. Del mismo modo que no es cierto que no se vendan discos solo por culpa de los reproductores MP3, que tampoco es verdad que internet sea la causa principal de la crisis de la industria del cine, ni que los blogs o páginas agregadoras de noticias sean la causa del hundimiento de las ventas de los periódicos en papel. Lo que han conseguido internet y las nuevas tecnologías es dejar en evidencia las trampas, los abusos (precios…) y la mala gestión de las editoriales, sobre todo de las grandes. Igual ha ocurrido en las otras industrias. Cuando una empresa pierde el respeto por su cliente, y lo percibe solo como el poseedor de una tarjeta de crédito, no tiene derecho a quejarse de falta de fidelidad cuando ese cliente opta por opciones más baratas para consumir el mismo producto.

Sí, falta de respeto. Los grandes grupos editoriales nos consideran borregos/as, y nos intentan vender libros del mismo modo que otros venden champú anti caspa.

Volver a leer Confesiones de una editora poco mentirosa de Esther Tusquets (RqueR, 2005) a la luz de los últimos acontecimientos en el mundo editorial español es esclarecedor al tiempo que divertido. Esther Tusquets (Barcelona 1936) dirigió la editorial Lumen durante cuarenta años. Se trataba de un negocio familiar. Juan Tusquets, un tío cura de Esther, fundó Lumen durante la guerra civil. En 1959 se la vendió a su hermano Magín, padre de Esther.

A la muerte de su padre, Esther decidió vender la editorial. Fue el grupo Random House Mondadori quien la compró. De hecho, hoy, Lumen sigue siendo un sello dentro de Mondadori España. Esther se mantuvo como empleada y directora de la editorial durante menos de dos años. Tiempo suficiente para conocer cómo funciona un gran grupo:

A continuación transcribo las palabras con las que Esther Tusquets, en las últimas páginas de su libro, relata lo que vio y sufrió  en Mondadori.

Nota 1: Lo que Esther Tusquets cuenta en este libro de 2005 sobre Mondadori lo volvió a contar (añadiendo más anécdotas sobre lo horteras que eran los directivos de entonces, año 2000) en Confesiones de una vieja dama indigna,  segunda parte de sus memorias, que publico Bruguera en 2009. Esto demuestra que las críticas no eran fruto del cabreo, sino de una reflexión muy meditada sobre el camino que tomaba la edición de libros en España. Si lo denunciado por Esther hace 7 años se hubiera corregido, no estaríamos hoy como estamos.

Nota 2: Lo que ocurre hoy en Mondadori no es ni más ni menos que la natural evolución en el tiempo del modelo de negocio que Esther describió en su libro. De aquellos polvos, estos lodos.

Sinergias

   Y en seguida empezaron a hablar todos de sinergia. Desde el gerente general hasta las secretarias. Supuse que lo habían aprendido en un cursillo de formación empresarial y, dado que yo no había cursado ninguno y no tenía claro que era aquello tan maravilloso que nos iba a suceder, corrí al diccionario ideológico y a la enciclopedia que utilizo habitualmente para resolver dameros y crucigramas. El Casares definía sinergia como “concurso activo y concertado de varios órganos para realizar una función”, y la enciclopedia agregaba otra definición  que se ajustaba más a nuestro caso: “acción combinada de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales”. Eso era. Cuando una pequeña o mediana editorial vocacional e independiente, como Lumen, se unía a una poderosa multinacional, como Bertelsman (antiguo nombre de Random House Mondadori) ambas se potenciaban recíprocamente y alcanzaban cotas a las que no cabía aspirar por separado. Los recursos económicos, los contactos internacionales, el departamento de promoción y la red de ventas de Plaza & Janes (la editorial del grupo a la que Lumen pasaba a pertenecer) abrían a mis libros posibilidades insospechadas.

    Seguí, pues, haciendo mi trabajo de siempre (en el que no interferían apenas para nada, salvo su empeño en descatalogar títulos y reducir el catálogo a una lista de novedades y éxitos de venta). (…) Y esperé ilusionada los fantásticos resultados de la sinergia, (…). Pero imagino que para que varios órganos concurran a una misma función, tienen que pertenecer a una misma especie, tienen que ser compatibles. Y no era el caso. La distribución de Plaza & Janés resultaba excelente para los libros de Plaza & Janés, no para los míos; los vendedores estaban capacitados para vender  mejor que nadie Stephen King o Mary Higgins Clark o, en el caso de Lumen, éxitos de venta como Quino (Mafalda) o como Eco (Umberto), pero no James Joyce o Virginia Woolf; las ideas del departamento de promoción (les hubiera encantado incluir dibujitos de Mafalda hasta en los anuncios y carteles de poesía) no encajaban en el estilo de Lumen. La gracia sinérgica no descendió, pues sobre nosotros, o, en caso de hacerlo, trajo pobres resultados.

Ahora que ya he aprendido, gracias a mi querida Esther, lo que significa sinergia, me pregunto: ¿Es esto fruto de las sinergias entre Anagrama y su nueva dueña, Feltrinelli? ¿Y esto?

Argumentos de venta

    Después dejó de hablarse de sinergias y surgieron los “argumentos de venta”. En la primera reunión con vendedores, hablé de la importancia de los autores y de la calidad de los libros. Pero vi que no se trataba de eso. Entonces recurrí a contar el argumento –creo pertenecer a una familia de buenas narradoras- y señalé que el lector se lo iba a pasar muy bien. Pero tampoco eso les servía. ¿Qué eran, pues, los argumentos de venta? Básicamente dos: que se hiciera la versión cinematográfica –a poder ser con Julia Roberts y Richard Gere de protagonistas- y, por encima de todo, que saliera en televisión. ¿Y si no se hacía por el momento la película y no salía en televisión? Bueno, también valía si se relacionaba con algo de viva actualidad, con un escándalo, con gente famosa… si la autora, por ejemplo, había tenido un lío con un político importante o con el presidente del Gobierno. ¿Servía esto como argumento de venta? A falta de algo mejor…aunque era preferible con el presidente, claro, y si pudiera ser con el rey…

Querían “libros mediáticos”, y yo seguía editando los que consideraba buenos.

En La esfera de los libros saben muy bien –alumnos aplicados, ellos- lo que son argumentos de venta.

Premios

   Algo similar ocurrió con el premio Femenino Lumen de narrativa escrita por mujeres, que llevaba concediéndose con bastante éxito durante cuatro años. Me comunicaron que, al disponer de más recursos, el importe se podía multiplicar por cinco y convertirse en una cantidad relativamente importante, lo cuan atraería a autoras de más nombre. En principio aumentar la cuantía del premio parecía estupendo, pero ¿qué ocurriría si se presentaba esa autora de más nombre y la novela que prefería el jurado había sido escrita por una novelista desconocida de Panamá? Cuando está en juego una elevada suma de dinero, la situación se complica y se impone la sensatez. Y, sin embargo, yo no disponía de un jurado manipulable -¡cualquiera manipulaba a una Nora Catelli, a una Cristina Peri Rossi, a una Ana María Moix!-, y no estaba dispuesta ni a intentar hacerlo ni a dejarme condicionar yo a mi vez. No quería conceder un premio a imagen y semejanza de la mayoría de los que se dan en este país, y que he criticado siempre. De modo que aquí acabaron su andadura premio y colección. En este punto resultó la sinergia todavía menos eficaz, incluso contraproducente.

¿Se acuerdan ustedes de lo que hace unos meses les conté del premio Jaén de novela que concede Mondadori?

Liderazgo

Esther Tusquets, para terminar, cuenta cómo eran las convenciones anuales de vendedores  y como se comportaban en ellas los directivos del grupo:

… y me pregunto si actuaciones como esta que estoy presenciando se enseñan en las escuelas de dirección de empresas, escuelas carísimas a las que acuden a dar conferencias los mejores profesores de Estados Unidos, y si enseñan también que para ganarse los vendedores es preciso, al margen de ocasionales broncas y regañinas, situarse al que se considera su nivel. Si es preciso disfrazarse de moro, ponerse camisetas con eslogans ridículos, cantar chorradas a coro, bailar encima de las mesas, contar chistes verdes, hacer bromas obscenas… Porque, al concluir el gran banquete de clausura, mientras todos mirábamos consternados cómo se nos va derritiendo en los platos el helado que por error han servido los camareros antes de tiempo y que no osamos tocar, uno de los directivos ha iniciado su discurso con las palabras: “Cuando llegué a España me dijeron que la gente era muy religiosa, y enseguida comprobé que era verdad, porque en la oficina oía decir todo el rato: ¡hostia!, ¡hostia!, ¡hostia!”

Riccardo Cavallero(*), alto directivo de Mondadori, decía en 2006: “El olfato es fantástico, pero si un día tres editores tienen un resfriado te pueden hundir la editorial.” Pues eso.

(*) Cita leída en Libros y Bitios.

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“FRESY COOL” DE ANTONIO J. RODRÍGUEZ RESEÑADO EN EL CULTURAL POR CARE SANTOS

La culpa la tiene Ángel Basanta

El día 21 de noviembre de 1997, Ángel Basanta (hoy crítico de EL CULTURAL y, a nuestro pesar,  actual presidente de la Asociación Española de Críticos Literarios) hacía, en el diario ABC, una reseña de El tango del perdedor, (Alba, 1997), primera novela “no juvenil” de Care Santos. Escribía Basanta: “…la autora ha logrado redondear una novela interesante, construida con destreza, bien escrita y con una graduada suspensión de la intriga.” “El tango del perdedor encierra valores más que notables que reclaman una positiva recepción. En su conflicto novelado se indaga con sensibilidad y hondura en delicados matices de las relaciones personales y de la educación sentimental,…”. En el colmo del delirio, fíjense, Basanta se atrevía a comparar a Santos con Eduardo Mendoza. Ahí es na. Pinchando aquí (Hemeroteca de ABC) se puede acceder a la reseña.

Si Ángel Basanta hubiera hecho, hace 15 años, una crítica profesional –ni dura ni suave, solo sincera- de la novela de Care Santos; si Basanta no se hubiera dejado influir por la juventud de Santos –entonces tenía 27 años- y hubiera juzgado El tango del perdedor en base a criterios literarios, posiblemente Care Santos hubiera dejado de escribir (lo mejor para todos), o limitádose a continuar con la literatura juvenil. Nos habríamos ahorrado, dense cuenta, novelas tan horrorosas como Habitaciones cerradas. Es más, si Basanta hubiera cumplido con su deber, Santos no habría creado La tormenta en el vaso, ese nido de críticos complacientes (ejemplo de hoy), ese cáncer, y seguro que no estaría haciendo reseñas como la que hoy perpetra en EL CULTURAL.

¿Lo ves Basanta, cómo las reseñas las carga el diablo? Lo que nos hubieras ahorrado si hubieras dicho la verdad.

Juventud divino tesoro

Hoy, Care Santos hace con Antonio J. Rodríguez lo mismo que Basanta hizo con ella hace 15 años. Santos comenta Fresy Cool (Mondadori, 2012) en EL CULTURAL , llenando la reseña de tópicos sobre la juventud: 1.-“matar al padre” (así se llama –qué cosas- uno de los relatos de Care), 2.- “una novela que dinamita…”, 3.- “hacer añicos…”, 4.- “viene dispuesta a cambiar las cosas…”, 5.- “odio atávico al stablishment…nihilismo existencial… y grandes cantidades de la rabia de toda una generación.”, 6.- “relato generacional”, 7.- “esta novela es casi un grito de rabia, un “aquí estoy yo” contundente. Un “guste o no, así son nuestras cosas, las de los escritores de 25 que hemos venido para quedarnos”.”,8.- “ausencia de convencionalismos”, 9.- “poderoso modo de ver y contar el mundo.”

Perdonen, el último, el numero 9, no es realmente un tópico sobre la juventud. Es directamente una falsedad. Porque de eso no hay nada en la “novela” de Rodríguez. Si lo hubiera estaríamos ante una buena novela, y no es el caso.

Un montón de lugares comunes sobre lo que se entiende debe ser la novela de un autor joven (Rodríguez tiene 25 años) pero ni una valoración literaria para sustentar su opinión. Eso es la reseña de Care Santos.

Gracias a reseñas como esta, puede que dentro de 15 años tengamos que sufrir la publicación de la “Broma Infinita redux” por Antonio J. Rodríguez. No lo quiero ni pensar. ¿No os dais cuenta que a este chico le gusta mucho David Foster Wallace? ¿No os dais cuenta que dar alas a este chico es muy peligroso? Lo avisé, que conste.

Daños colaterales: A Bonnie & Clyde les ha faltado tiempo para chulearse de la reseña en sus twitters: aquí y aquí.

El 5 de marzo pasado, Arcadi Espada contaba que en su juventud dio a leer a la escritora Carmen Martín Gaite un cuento escrito por él para conocer sus aptitudes para la narrativa. Doña Carmen no le dijo que era malo, le dijo que era “malísimo”. Gracias a aquella sinceridad, ganamos un gran periodista.

-Margaret, me queda una duda: Arcadi Espada, gracias a la sinceridad de Martín Gaite, recondujo su vocación hacia el periodismo y el ensayo. Pero ¿A qué podía haberse dedicado Care Santos si Basanta le hubiera dicho la verdad?

-Muy sencillo, Daphne: a sus labores. A cuidar de sus nenes. Care es una magnífica mama. Ya lo cuenta ella en sus artículos de Mujer Hoy: Super Mami.

Otro asunto: Pron, Olmos y López Lamadrid by Joe Kelso. Buenísimo.

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