LA VERDAD, Y NADA MÁS QUE LA VERDAD, SOBRE LA “NOVELA DE LA TRANSICIÓN”

“Con todo, la televisión de comienzos de la Transición resultó ser una aliada excepcional de la novela a la hora de ganar lectores, de reactivar nuevos gustos narrativos y, en definitiva, de despertar un inusitado interés por la realidad inmediata e incluso de modificar la manera de percibir los acontecimientos que estaban sucediendo en España.”

 Así concluye Jose Luis Calvo Carilla, profesor de Literatura de la universidad de Zaragoza, el capítulo (aquí) “Contextos discursivos audiovisuales de la novela española de la Transición” (Págs. 205 a 230) de su estudio “El relato de la Transición” publicado por la misma universidad en 2013.

 José Luis Calvo Carilla da noticia de la corriente de experimentalismo a que se apuntaron los escritores españoles –muy modernos ellos- a finales de los años 60 y de cómo, casi una década después , gracias Dios y, sobre todo, a la Televisión, sí, a la TELEVISIÓN, dejaron de hacer el chorra, se adaptaron a lo que la gente quería –que no era más que lo que la TV de finales del franquismo les estaba dando- y de repente se dieron cuenta de que habían ganado lectores de forma amplia. La televisión, queridos Jordi Gracia, Juan Cruz y Muñoz Molina. Así que menos lobos, Caperucita. Ya está bien de decir estupideces. NO ME GUSTA QUE ME LA QUIERAN METER DOBLADA. Ya basta de querer retratar, 35 años después, a los “novelistas de la Transición” (Marías, Pombo, Azua, Vila-Matas, Millás, Merino, Montero…), como los abanderados de la libertad y la democracia; como los pobres escritores sometidos y sojuzgados por la negra bota castrense de la censura franquista que al llegar la democracia habían conseguido ¡por fin! publicar esas grandes novelas que tenían guardadas en el cajón para mejor ocasión. ¡Patrañas! Coño, ¡Patrañas!

 Ya dejamos clara nuestra postura ante este intento de vendernos la moto en “Los héroes literarios de la Transición atacan de nuevo”, nuestro “post” de hace unas semanas, pero como resulta que nos hemos tenido que desayunar con un nuevo articulito sobre el asunto en EL CULTURAL, y ya estamos hartas, pues hemos echado mano de quien de verdad sabe para poner los puntos sobre las íes.

 Nota: aquí abajo pueden leer el artículito de Echevarría en EL CULTURAL a que nos referimos arriba. Se encontrarán con otra más de las típicas piezas del Echevarría de los últimos años: un tirón de la oreja, pero sin que duela mucho. Que se vea que sé mucho (más de lo que escribo), pero que nadie se enfade demasiado conmigo.

Nota 2: No sabemos insertar el archivo. Luego nos lo meten… 

Para centrar el tema y con la intención de que no se vuelvan a permitir los manipuladores de la historia literaria de España los lujos que se permiten al recordar este asunto, dejo aquí unos extractos del texto de Calvo Carilla:

 Por otra parte, existió también una apreciable revitalización genérica. El cultivo intensivo de nuevos temas y de nuevas modalidades –policiaca, negra, utópica, histórica de aventuras, erótica, etc.– enriqueció el panorama de la narrativa, que conquistó así sectores más amplios de un público lector y creó las bases de una industria editorial desconocida hasta entonces en España. Tal fenómeno, más sociológico que puramente literario, fue el resultado de muchos vectores concurrentes, como el desarrollo económico, la conquista de las libertades, la relajación censora del tardofranquismo, la profesionalización de la industria editorial y del oficio de escritor, etc. En el contexto de todas estas circunstancias apuntadas, tuvo lugar también un reencuentro con un nutrido grupo de lectores de novela quienes, al borde de la saturación de experimentalismo, habían terminado apartándose de la narrativa dominante en los últimos años.

El presente artículo pretende llamar la atención sobre un fenómeno hasta ahora escasamente valorado: el de ese llamativo reencuentro de la novela con el lector, el cual tiene en la televisión del último franquismo y de comienzos de la Transición una de sus claves explicativas determinantes.

 (…)

 La pequeña pantalla, con la inestimable ayuda del segundo canal, había venido creando en el espectador la familiaridad con adaptaciones de relatos de formatos tan variados como el folletinesco, el policiaco y criminal o el de anticipación y de misterio. La visualización narrativa de muchas de estas ficciones estaba reactivando en la memoria del espectador el recuerdo de sus lecturas adolescentes, mientras que en otras le instaba a una puesta de largo dignificadora de aquellas novelitas de quiosco –negras, rosas, del Oeste…– que no pocos españoles de la época acostumbraban a devorar por docenas para matar el rato. Fue, pues, esa audiencia televisiva, habituada pronto a tales adaptaciones de los más variados géneros, la que constituyó en buena medida el terreno abonado para la existencia de nuevos lectores: aquellos a quienes buscaron los novelistas a comienzos de la Transición.

Por lo tanto, gracias a la pequeña pantalla –se viene insistiendo en ello– alcanzaron en buena medida una perceptible revitalización otras modalidades de novela, como la fantástica o la criminal, que venían llevando una existencia underground en los sesenta, dada su doble condición de víctimas del rechazo creador y del desprecio académico y crítico (del rechazo del novelista de la época –por su carácter «paraliterario», incompatible con el compromiso social exigible al escritor– y, por esa misma etiqueta, y en el mejor de los casos, pasto fácil de estudios estructuralistas y sociológicos que terminaron de relegarlas al cajón de sastre de la infraliteratura, a la subcategoría de apéndices residuales del género e, incluso a un a veces inmerecido limbo literario y comercial). La televisión fue, en definitiva, la que ayudó de modo decisivo a los espectadores a recuperar y a dignificar unos gustos narrativos hasta entonces minusvalorados, los cuales habían quedado relegados a un consumo doméstico (que, en su escala más modesta, se proveía no pocas veces en el compro y cambio del quiosco).

 (…)

  De todos modos, sería injusto atribuir únicamente a la televisión estatal el mérito exclusivo de esta transición de la novela española a la sencillez estructural y a la apertura a la variada gama de posibilidades temáticas que venía cultivando la novela contemporánea en otros países. Un sector considerable del lectorado seguía fiel a los insistentes reclamos del bestsellerismo internacional, cuyos populares títulos –llevados por regla general al cine y servidos por nuevas y modernas plataformas promocionales– llegaron a multiplicar el número de sus lectores. Tal es el caso del emergente fenómeno publicitario y comercial de Editorial Planeta o del Círculo de Lectores, creado en 1962 por Reinhard Mohn, presidente del grupo alemán Bertelsmann, y Pere Quintana, fundador de la editorial española Vergara, y que en 1965 contaba ya con cien mil socios. Tampoco cabe pasar por alto las interacciones discursivas entre la novela y el cine, campo en el que el español medio pudo contemplar numerosas adaptaciones de obras literarias pese a que, al filo de la Transición, siguiera respaldando de forma mayoritaria el «destape» y el landismo y, en menor medida, la comedia costumbrista de corte realista.

(…)

REALIDAD TELEVISIVA Y REALIDAD NOVELESCA

Con la perspectiva histórica de que hoy se dispone, en lo que no parecen existir dudas es en el hecho de que la estimulante realidad generada por la transición política resultó un atractivo camino para el ejercicio del realismo colectivo e individual. Los medios de comunicación se convirtieron en no pocas ocasiones en guías e incluso en avanzadilla de su cultivo. Puede afirmarse, pues, de modo general, que la transición de la novela hacia el realismo durante los años de la Transición (esta vez con mayúscula) en modo alguno fue un caso de evolución aislada del contexto sociohistórico y cultural en el que se inscribía. En última instancia, fue el espíritu de realismo político regido por el pragmatismo y el pacto social el mismo que presidió el cambio de la dictadura a la democracia, se extendió a la vida cotidiana, contagió a los novelistas y estimuló el hambre de actualidad de los lectores.

No cabe duda de que ese reencuentro de la novela con el lector de mediados de los setenta –renuncia hecha del encorsetamiento experimental del género– tuvo como espacio privilegiado la realidad inmediata, y encontró un incondicional aliado en la televisión, el medio narrativo por excelencia, que había modelado los hábitos sociales, los gustos estéticos y aun la mentalidad colectiva nacional de las generaciones de españoles que estaban conviviendo en el tardofranquismo, y que desde los primeros años de la Transición se aplicó a registrar cada vez con mayor fidelidad el día a día inmediato.

Como curiosidad copio esta nota a pie de página del texto de Calvo Carilla:

En 1955, y bajo el título de «La fama tiene estos nombres», el número 321 de El Español reproducía una encuesta del Instituto de la Opinión Pública que, ofrecía, entre otros, el escalofriante dato de que el 75% de los españoles no habían leído nunca una novela Entre el 25% restante, y al margen del best-seller de José María Gironella en 1947, Los cipreses creen en Dios –con un 3% de lectores, especialmente en las zonas rurales–, el 2% se repartía entre las novelas premiadas en el Nadal o en el Planeta u obedecía a fidelidades inquebrantables e igualmente minoritarias –Una casa con goteras, de Santiago Lorén–, entusiasmaba al 2% de la población lectora; en el heterogéneo cajón de sastre en el que entraba el 1% del lectorado figuraban el Quijote, Lo que nunca muere, Pequeño teatro, La sombra del ciprés es alargada, Cuerda de presos y «otras novelas».

 Si quieren leer un PDF del texto de José Luis Calvo Carilla, pueden pinchar aquí.

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EL IMPOSTOR DE JAVIER CERCAS por Sebastiaan Faber

No pienso mancharme las manos de tinta –y menos de sangre- con la reseña de “El impostor” de Javier Cercas. Bastante tengo con que la editorial me haya sacado 22€. Por ese motivo reproduzco la primera parte de la mejor reseña que he leído sobres esta “novela sin ficción”, la de Sebastiaan Faber. Si pinchan en el enlace del final, accederán a la reseña completa en la página de FronteraD, una web que vale la pena. También recomiendo la “Antolojía” en papel de los 5 primeros años de FronteraD.

“Lo primero que hay que hacer al leer una novela es desconfiar del narrador”

Javier Cercas, El impostor

 La “novela sin ficción”, cuya patente española tiene pendiente Javier Cercas, es como la cerveza sin alcohol: un producto algo aguado, cuyo empalago apenas sirve para esconder su naturaleza puritana. ¿Cómo se fabrica un brebaje así? En vista de los dos ejemplos del género producidos hasta la fecha, Anatomía de un instante (2009) –una reconstrucción del golpe militar fallido del 23-F– y El impostor (2014) –una reconstrucción de la vida de Enric Marco, que mintió durante varias décadas sobre su paso por un campo de concentración nazi hasta que fue desenmascarado en 2005– la receta de Cercas tiene unos cuatro ingredientes básicos.

 En primer lugar, cuenta con un narrador plenamente identificado con el autor que emprende una investigación con el objetivo de descubrir una verdad histórica escondida. Aparte de su condición de novelista, el narrador no tiene preparación profesional particular para esa tarea; no es historiador ni periodista (aunque se comporta más como periodista que como historiador). Lo que le mueve es una fascinación personal con el episodio en cuestión y la intuición de que el descubrimiento de la verdad representa un interés más general (quizás nacional). Es tal el atractivo de la historia, tal su calidad dramática o literaria, y tal el interés de darla a conocer –se nos asegura– que el novelista, en un acto de autocontención, se resigna a prescindir de su derecho habitual de invención o embellecimiento y se limita a contar la verdad y nada más que la verdad.

 El segundo ingrediente de la novela sin ficción de Cercas es su dimensión autorreferencial. El narrador-autor insiste en referirse sin cesar al texto que tenemos entre manos. A esta autoconciencia continua le acompaña un tercer ingrediente importante: una dosis generosa de autobiografía. Al mismo tiempo que nos reconstruye una verdad histórica, el narrador-autor reconstruye el propio proceso de esa reconstrucción, lo que significa que nos reconstruye un segmento de su propia vida. En términos afectivos, la dimensión autobiográfica funciona como contrapunto. Si el relato de la verdad descubierta rezuma dramatismo y cierta autoconfianza heroica de parte del narrador –no duda de que hay una verdad que descubrir, de su propia capacidad de descubrirla, ni de la importancia de su proyecto– los pasajes autobiográficos están escritos en clave anti-heroica y confesional, con momentos directamente bufos. El narrador-autor nos revela que detrás de la imagen pública del autor de éxito se esconde un pobre hombre, con sus dudas y debilidades (le gustan las películas de Bruce Willis), sus intentos y fracasos (proyectos malogrados, manuscritos desechados), y con un complejo de inseguridad casi patológico. (Cuenta que en 2009, después de publicarse Anatomía, “combatía a duras penas la angustia y los ataques de pánico, me acostaba llorando, me despertaba llorando y me pasaba el día escondiéndome de la gente, para poder llorar”).

 El ingrediente básico final de la novela sin ficción a lo Cercas es un cuarto de kilo de ensayismo sentencioso y predicador con aderezo filosófico (denominación de origen: la página de opinión de El País). A medida que nos reconstruye la verdad histórica que va descubriendo, y el proceso de ese descubrimiento, el narrador-autor siente unas ganas irreprimibles de opinar y filosofar sobre el significado de esa verdad revelada y sobre los factores que puedan haber motivado los intentos por encubrirla, afán que le lleva a pronunciar diagnósticos y juicios morales de amplio alcance sobre España y los españoles durante y después de la dictadura franquista, además de pequeños bocados de sabiduría casera que, a modo de leitmotive, flotan por el texto como albóndigas en una sopa: “La realidad mata, la ficción salva”; “el énfasis en la verdad delata al mentiroso”; “el pasado no pasa nunca, ni siquiera –lo dijo Faulkner– es pasado; el pasado es solo una dimensión del presente”; “el deber del arte (o del pensamiento) consiste en mostrarnos la complejidad de la existencia, a fin de volvernos más complejos, en analizar cómo funciona el mal, para poder evitarlo, e incluso el bien, quizá para poder aprenderlo”.

The impostor - Click Image to Close

 El novelista sin ficción es un traficante de verdades. Pero bien mirado son varios los tipos de verdad los que Cercas nos pretende vender. Cabe distinguir al menos tres, que corresponden más o menos a tres de los cuatro ingredientes que acabo de enumerar: una verdad autobiográfica, una verdad histórica y una verdad ensayística. Para cada tipo de verdad, el autor se arroga un tipo de autoridad diferente: digamos que en el contrato que establece Cercas con el lector cada tipo de verdad tiene su propia cláusula. Así, la verdad autobiográfica se fundamenta sobre una autoridad moral: los lectores confiamos en que el narrador no nos mienta sobre lo que vive y siente. La verdad histórica se fundamenta sobre una autoridad epistemológica: confiamos en las destrezas, el rigor y la honestidad del narrador como investigador del pasado: que haya sabido localizar la documentación adecuada; que haya hecho las pesquisas pertinentes; que no haya falsificado o escondido pruebas, incluso si éstas contradicen sus propias hipótesis. La verdad ensayística, finalmente, se fundamenta sobre una autoridad filosófica y ética: el narrador nos pide que confiemos en su capacidad de pensar, de razonar e interpretar, y por tanto de juzgar.

 Ahora bien, un problema fundamental de la novela sin ficción de Cercas es la falta de equilibrio entre estas tres autoridades. La autoridad más sólida en El impostor (como también en Anatomía) es sin duda la segunda, la epistemológica. La reconstrucción de la biografía de Marco está muy bien lograda; Cercas desentierra gran parte de una vida desconocida hasta la fecha y la cuenta con gracia, economía y empatía dignas de admiración. La autoridad autobiográfica resulta un poco más dudosa. La aparente honestidad del narrador –es decir, su falta de inhibición a la hora de revelarnos sus dudas más íntimas– parece forzada y coqueta, y el personaje que surge de sus confesiones tiene un no sé qué de caricatura. Hacia el final del libro, cuando Cercas abre el grifo confesional de lleno en un diálogo inventado con Marco, cuyo impulso auto-acusatorio recuerda La Nochebuena, de Larra, y Niebla, de Unamuno, es difícil no sentir un punto de vergüenza ajena: “Le da pánico que descubran que es usted un mentiroso y un farsante” –afirma el marioneta Marco movido por el propio Cercas– “…y por eso se esfuerza de una manera sobrehumana para que todos crean que es usted lo que no es, o sea un buen escritor y un buen ciudadano y una persona decente y toda esa porquería tan prestigiosa…: cada mañana levantándose casi de madrugada y escribiendo durante todo el día para mantener la impostura, para que no le pillen…”.

 La autoridad más débil de las tres sin duda es la filosófica-ética. Haciendo caso omiso de las albóndigas de sabiduría casera ya mencionadas, las verdades ensayísticas con aspiración de trascendencia llegan a una media docena, entre interpretaciones del personaje de Marco e interpretaciones de la historia reciente española. Son casi todas debatibles.

Pinche (aquí) para continuar leyendo esta reseña en FronteraD.

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NUEVO PREMIO DE LA ASOCIACIÓN DE “PERIODISTAS” CULTURALES DE CATALUÑA

Vuelvo a repetirlo y no me canso:

“Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que se publique. Lo demás son relaciones públicas” George Orwell

La Associació de Periodistes Culturals de Catalunya monta un premio, el “Ressenya”, y se lo entrega, en su 1ª edición, a don Jorge Herralde, director editorial de Anagrama. No tenemos nada que objetar si se trata de reconocer los méritos de Herralde como editor, que son muchos y destacados. Lo que nos ha hecho mucha gracia es lo que don Jorge, aparentemente emocionado y con la lengua suelta, manifestó sobre su buena relación con los periodistas y críticos ¿Serían los editores tan amables de al menos disimular un poco? ¿Se premia al editor o al relaciones públicas? ¿Canapés de salmón o de ibérico? Que prefereixes?

Jorge Herralde luciendo el trofeo (las gafas, no es broma)

Nota: la sargento Margaret, en negrita, cursiva y entre corchetes, se ha permitido comentar las declaraciones de don Jorge Herralde.

(Aquí) “Ya no lanzo aullidos de rabia ante las malas críticas”. [Porque sus libros, don Jorge, ya no reciben malas críticas. ¿Cuándo fue la última mala crítica? ¿Se acuerda, don Jorge?]

(Aquí) “Los periodistas culturales eran nuestros mayores aliados [¿Eran?] (…) Era muy cómodo, [No, si ya] al autor le bastaba con pasar 24 horas en Barcelona para salir en un montón de medios durante la semana en la que había estado aquí. [Y todos los medios hablaban bien del autor y del libro, qué casualidad] Sigue ocurriendo, las ruedas de prensa de Anagrama son una rara avis en el ambiente literario: aunque se convocan muy a menudo (a veces incluso hay dos por semana) suelen estar concurridas [Salmón ahumado o ibérico]. (…) Es algo que no ocurre en ningún otro país. Los editores franceses, por ejemplo, me tienen mucha envidia por eso, porque si ellos convocan una rueda de prensa, si viene un periodista de Le Monde no viene ninguno de Le Figaro, y al revés. [Qué mala gente son los periodistas culturales franceses, con lo bien que se lo pasa uno cotilleando con los colegas, bebiendo copitas y comiendo canapés en las ruedas de prensa y presentaciones de libros.] Que los periodistas culturales se lleven tan bien como se llevan en España no es habitual. Somos como una familia, como la segunda familia, o una familia paralela, a muchos de ellos los veo dos veces por semana”. [Qué emoción, se me saltan las lágrimas. Si es que la familia es lo mejor que tenemos los humanos.]

Hace un año las chicas de Patrulla de Salvación escribimos (aqui) sobre el periodismo cultural en España. Utilizamos dos ejemplos bastante ilustrativos.

 -Lo mismo es que la expresión catalana “periodistes” no se traduce como “periodistas” en castellano, Margaret.

-No digas estupideces, Daphne.

 

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GENOVEVA CASANOVA. La nueva reina del mundo literario español

Genoveva Casanova estuvo casada con un hijo de la duquesa de Alba. Genoveva Casanova luego fue novia de un hijo de Mario Vargas Llosa; de hecho acompañó a Estocolmo a este último a recoger el Premio Nobel. [¿Fue en aquella ocasión tan especial cuando las musas anidaron, para quedarse, en su mente?] Genoveva, según cuenta aquí, para entonces ya hacía sus pinitos con la escritura, pero nunca se atrevió a enseñar sus cositas al papa de su novio. Genoveva Casanova es novia –ahora- de José María Michavila, ex ministro de justicia con el gobierno de Aznar y actualmente socio de uno de los despachos de gestión de patrimonios y representación de artistas más importantes del mundo. (Alejandro Sanz, Shakira…)

Genoveva Casanova (eva-ova / ova-eva ¿tendrá sangre rusa?), por fin, llega a ver hecho realidad su sueño. El príncipe Planeta vestido de uniforme ha venido con su carroza y le ha probado el zapatito de cristal. El día 14 de abril, su novela titulada “El llanto de los elefantes” llega a la mesa de novedades del Corte Inglés. (También llega a las otras mesas, pero a ella eso le trae sin cuidado).

AQUÍ VA LA SINOPSIS:

La protagonista de esta novela es la hija única de un matrimonio de clase acomodada cuyo padre es diplomático. Después de una infancia y juventud muy felices en México, ella regresa sola a Madrid. Allí conocerá al joven perfecto: atractivo, carismático, rico, de la alta sociedad. Se enamora locamente de él y se casan. Pronto tienen una niña y los primeros problemas. El maravilloso marido se convierte en un maltratador y ella escapa.

En un viaje que hace a la India con sus mejores amigas de la infancia, son secuestradas por un grupo terrorista, un episodio que, lejos de traer consecuencias trágicas para ella, supone un cambio radical en su vida: se enamorará del político indio que se encarga de la negociación del secuestro y de la posterior liberación.

Sin embargo, no será una relación fácil. A pesar del amor que se profesan, las diferencias entre ellos, prácticamente irreconciliables, marcarán el devenir de su idilio. Pero todo puede cambiar…

Para los que conozcan la vida de esta autora novel algunas –no todas- de las cosas que le ocurren a la protagonista les serán familiares. Genoveva Casanova, siguiendo el camino marcado por Javier Cercas y Antonio Muñoz Molina, incorpora elementos reales de su vida a la ficción y termina, como los otros dos autores, dando a luz una estupenda y moderna novela. La autoficción es lo que mola, tú.

Estaba el mercado literario huérfano de grandes novelas. Se acabó la sequía. Gracias, Planeta.

Bonita -¿o no?- la portada del libro de Eva-ova:

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ONCE TENDENCIAS Y OPORTUNIDADES

Somos muy de irnos a los extremos: o blanco o negro. Hace cuatro años, acuérdense, el libro en papel iba a desaparecer y el futuro de la edición sería totalmente digital. Hoy, con los numerosos fracasos –el más grave el de Nook de Barnes &Noble- acontecidos en el mundo de la edición digital y con los datos de ralentización del crecimiento de este tipo de publicación de contenidos, tendemos a pensar que el papel es indestructible y los ebooks una mariconada.

“Wishful Thinking” es la expresión que usan los anglosajones para describir el proceso que lleva a emitir opiniones y tomar decisiones con base en lo que nos resulta emocionalmente más placentero en lugar de utilizando los datos que arroja un análisis serio y objetivo.

A la industria editorial tradicional la edición digital –con la desintermediación que trae anexa – le pone los pelos de punta, le produce escalofríos y le genera urticaria. Por ese motivo, que cuatro años después de su muerte anunciada el libro en papel se mantenga en pie y, contra pronóstico, conserve buena salud es una noticia que se tiende a agrandar, minimizando al tiempo cualquier información que tenga que ver con el desarrollo sano y esperanzador de los ebooks y eso. Por eso nadie, ningún periódico español, informó –salvo (aquí) nosotras- de la Digital Book World Conference que se celebró en New York en enero de 2015.

Pues, ya saben, en esto de la edición digital: ni tanto ni tan calvo.

No se fíen de los medios de comunicación. Vengan a beber de esta fuente de información independiente y rigurosa que es Patrulla de Salvación.

mirackepants

Thad McIlroy es un profesional de más de 30 años de experiencia en el mercado editorial norteamericano. Ahora regenta una página llamada The Future of Publishing y se ha especializado en analizar las tendencias, las nuevas maneras de hacer las cosas que ya se están poniendo en práctica y lo que ocurrirá -si no se equivoca- en un futuro cercano. Un ejemplo: esto sobre el futuro de los blogs. McIlroy ha escrito 18 libros sobre edición.

El amigo Thad tiene un largo artículo, “Eleven Trends and Opportunities for Digital Publishers in 2015”, que fue publicado en la página de Digital Book World (aquí). Arantxa Mellado, una de nuestras más dedicadas estudiosas del mundo de la edición digital, se ha tomado la molestia de traducirlo y lo está publicando por entregas en su página web: Actualidad Editorial.

Si pinchan en el enlace que he metido sobre la página de Arantxa accederán a su traducción y una a una podrán leer las 11 tendencias (solo le falta una, la última, por traducir) y oportunidades para autores y editores que quieran aprovechar, además de lo clásico, la opción digital.

Arantxa, una chica con mucha cabeza, dice en su introducción:

Si el futuro de la industria del libro será o no digital está aún por ver.

Los malos resultados obtenidos en los últimos meses (que han sido también pésimos para el libro impreso), el descenso en la venta de ereaders, el “aplanamiento” de la curva de crecimiento internacional de las ventas en digital… Ninguno de estos datos, ni siquiera las estadísticas que dicen que los niños prefieren el papel, son razón suficiente para no seguir mirando hacia delante y negar que el cambio existe y que hay que afrontarlo.

 Pero no basta con aceptar el cambio, hay que querer cambiar para adaptarse y no quedarse en el camino. Las oportunidades existen para el que quiera y sepa aprovecharlas.

Bien por Arantxa. La oportunidad nº 10 –como ejemplo- dice: “Los autores y editores avezados construirán comunidades dinámicas alrededor de su contenido, propiciando la descubribilidad” (aquí).

Post data, que no “Big data”: Mi nieto, que tiene 14 años y se devora un libro de 500 páginas cada semana, hace más de 3 años que no toca una hoja de papel. Ahora está con Juego de tronos, pero la semana pasada se liquidó el último de Patrick Rothfuss en tres tardes. Cuando me vio cargando con El Jilguero (más de 1000 páginas de pesado papel) me dijo cariñoso: “Abuela: tu espalda”.

 

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BIRDMAN, UNA OBRA DE ARTE Y PUNTO

¿Quieren conocer la cara de la sargento Margaret? Vayan al cine a ver Birdman, la película de Alejandro González Iñárritu. En el último acto aparece la sargento interpretando el personaje de Tabitha Dickinson, la exigente y alcoholizada crítico teatral del The New York Times. La sargento, aunque esté mal que lo digamos nosotras, borda el papel. Riggan Thompson (Michael Keaton) es un famoso actor de Hollywood que después de haber tenido mucho éxito interpretando a un súper héroe tipo Marvel quiere conseguir el respeto y el prestigio profesional que el cine comercial no le ha dado. Para ello se empeña en llevar al teatro la obra “De qué hablamos cuando hablamos de amor“, de Raymond Carver. Thompson la interpreta, la dirige y la produce. En un bar de Broadway que hay cerca del teatro donde al día siguiente se va a estrenar la obra, el actor y la insobornable crítico de teatro se encuentran en una de las mejores escenas de la cinta. El personaje interpretado por Keaton intenta caer bien a la señora, pero ésta le dice que no se canse y le avisa de que está determinada, aun a pesar de no haber visto la representación de la obra, a publicar la recensión más demoledora que nunca haya salido de su pluma. Y le explica que lo piensa hacer porque él es un intruso, un famosillo de Hollywood que en su arrogancia se cree que puede llegar a Broadway con su dinero obtenido a base de efectos especiales y marketing y triunfar sobre las mismas tablas donde grandes actores y directores -auténticos profesionales del teatro como Arthur Miller- se dejaron la piel. Le hace ver que no es tan fácil lo que pretende, que para triunfar en Broadway hay que ser un actor de verdad y que ella es la que expide los certificados de calidad. Implícitamente le está diciendo al famoso que el mundo del teatro es un santuario y que él, con sus dólares manchados de celuloide, lo está profanando. Pues lo mismo ocurre con la literatura -a ver si me hago entender de una vez-: no puede uno pretender dedicarse a lo mismo que Flaubert y Tolstoi sin haber sudado sangre y tener el culo pelao tras muchos miles de horas sentado, escribiendo y rompiendo una y otra vez lo escrito.

Tabitha Dickinson (La sargento) y Mike Shiner (Edward Norton)

Cuando unos días antes, en el mismo bar, Mike Shiner (Edward Norton), otro actor de la obra, le señala a Thompson a la crítico teatral le dice: “¿Ves aquella mujer en la barra? Sí, la que tiene cara de haberle comido el culo a un indigente. De esa tía depende que tu obra sea un éxito.” Nunca en toda la historia se había descrito mejor la cara de un crítico. Ver mal cine, asistir a obras de teatro deleznables o leer literatura basura y realizar cualquiera de esas actividades de forma recurrente tiene consecuencias graves para la salud e incluso llega a afear el careto. Conozco personalmente a Carlos González Peón, el editor de  La Medicina de Tongoy y les puedo asegurar que nunca ha visto un tío más feo en mi vida. Y eso que el pobre Carlos, antes de empeñarse en leer -y reseñar- todas las novedades del mercado español, era un hombre bastante bien parecido, me consta.

Birdman está a la altura de 8 y medio (Federico Fellini) y de All That Jazz (Bob Fosse), dos de las mejores películas que se han hecho sobre cómo el éxito y la fama afectan psicológicamente al artista, sobre el precio que el autor paga (sí o sí) por dedicarse a eso que se llama arte y terminar alcanzando sus objetivos. Pero Birdman tiene la cualidad de dar un paso más en la espesura y profundizar en un aspecto del desequilibrio mental asociado al arte que es difícil de llevar a la pantalla, eso tan sólido y al mismo tiempo tan inaprensible que es el ego. González Iñárritu, el director, para conseguir su objetivo, el de plasmar con escenas y diálogo la hinchazón del ego y el consiguiente despegue de la realidad que el desempeño de una actividad artística y el reconocimiento del público conllevan, se apoya en el amor. El director contrapone amor y ego consciente de que cuanto más crece uno más imposible se vuelve el otro y viceversa. Vasos comunicantes. Del mismo modo que en literatura la mejor manera de definir a un personaje es comparándolo con otro de características contrapuestas, el director echa a pelear amor y ego y acaba ocurriendo lo que ocurre. Vean la peli.

la neurosis de Riggan Thompson

Los títulos de crédito de Birman comienzan con el siguiente poema de Raymond Carver:

Late Fragment

And did you get what you wanted from this life, even so?

I did.

And what did you want?

To call myself beloved, to feel myself beloved on the earth.

Estos versos formaron parte de A New Path to the Waterfall, una colección de poemas que fueron escritos cuando el autor ya padecía el cáncer que se lo llevaría a la tumba.

En la película se repite al menos tres veces la última escena de la obra “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, aquella que finaliza con el suicidio del protagonista tras pillar a su mujer en la cama con otro. Antes de pegarse un tiro el actor teatral, en su desesperación, se pregunta a sí mismo (aunque se dirige a su mujer): “¿Qué más tenía que hacer para ser querido?” El actor Riggan Thompson (Michael Keaton), víctima de su ego e inmerso en la neurosis que lo ha llevado a creer que escucha la voz del súper héroe que representó en la pantalla y que, como él, tiene poderes sobrehumanos, no es capaz de ver que su salvación está en dar amor y dejarse amar por las personas que lo rodean: su ex- mujer, su novia, su mejor amigo y su hija. Ego en ascenso y amor en fuga.

birdmanny

 “Siempre confundes el amor con la admiración”, la frase que su ex-mujer le suelta a Riggan Thompson en uno de sus ahora civilizados encuentros, resume a la perfección el cortocircuito mental que incapacita al protagonista para escapar de su ansiedad (ansiedad que está perfectamente representada en el machacón y omnipresente golpe de batería de la B.S.O.) La admiración -siempre mal digerida- te engorda el ego y te aleja del amor.

Los artistas, en su mayoría, son poco inteligentes. La sensibilidad no viene necesariamente acompañada de clarividencia. El éxito aparta de la realidad y, como el protagonista del film, los “triunfadores”, enajenados, sobrevuelan la ciudad incapaces ya de por vida de poner los pies en el suelo. El protagonista de la película, más tonto que loco, como la mayoría de los autores, necesita algo y no sabe qué. En su desequilibrio equivoca el objetivo a perseguir y confunde prestigio y reconocimiento profesional con lo que realmente lo curaría, el amor.

Anclando su película en la actualidad y dando solamente dos pinceladas que no interfieren en el argumento el director de Birdman tiene la decencia de denunciar la gran factoría de las vanidades en que se están convirtiendo las redes sociales. Aún están por conocer y analizar las seguro graves consecuencias emocionales que sobre la personalidad de millones de adolescentes tendrá el hecho de que casi el 100% de sus relaciones sean líquidas (Zygmunt Bauman dixit) y que las redes se estén constituyendo en el único y virtual patio de recreo donde todos ellos “maduran”. Las redes sociales son proveedoras de pienso para el engorde artificial de los egos modernos. A ver cómo somos capaces en unos años de realizar la implosión controlada -si es posible- de tantos globos llenos de aire.

La única manera posible de escapar de un ego inflado -se lo dice una veterana- es ponerse literalmente al servicio de los demás. [Amor real sube y automáticamente el Ego baja] Lean las Meditaciones de Marco Aurelio y Sobre la felicidad de Séneca. Y si tanto estoicismo les parece indigesto (elitista), permítanse endulzar la comida con la lectura de lo que Spinoza dice sobre el amor, aquello de que nada es más útil al hombre que el hombre, que la virtud -la felicidad- se alcanza relacionándonos de forma que formemos un sólo cuerpo y una sola alma. Lo dejo aquí, que me estoy poniendo cachonda.

OTRO ASUNTO TOTALMENTE DIFERENTE

Nueva infografía (aquí) sobre hábitos de escritores: los que escriben de día y los que lo hacen por la noche; los que toman té y los que consumen café; perro o gato; escribir rápido (4.000 palabras al día como Asimov) o hacerlo lentamente. Si clica en el enlace, pinche sobre la imagen para ampliar.

90º ANIVERSARIO DE THE NEW YORKER

Para celebrarlo han editado un número (feb. 23 – mar. 2) con nueve portadas diferentes. Esta es mi favorita. Pinchen (aquí) para ver las otras. También pueden escuchar (aquí) un audio de 27 minutos (en inglés) en el que se relata la historia de la revista desde el primer número que se publicó allá por 1925. La sargento aún no había nacido.

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¡¡NO NOS COGERÁN VIVAS!!

Ni en el sentido argentino de “coger” ni en el castellano.

La “MIT technology Review” de enero/febrero, una de las mejores revistas científicas del mundo, publica un artículo, “No habrá paz para los trolls” -“Trolls hunter”-, sobre la  campaña de acoso y persecución contra el anonimato en la red. (Aquí) la versión en castellano. (Aquí) en inglés. El imperio del mal nos quiere derrotar como sea, pero ¡¡no nos cogerán vivas!! Tenemos las cápsulas de cianuro a mano, no se preocupen.

¡¡NO PASARÁN!!

¡¡EL LIBRO Y LA BUENA LITERATURA VENCERÁN!!

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La portada, de fábula, no me digan.

UN REGALO que nada tiene que ver con lo anterior (aquí):

El dolor de cabeza que me protege cada noche,
que nubla la vista y me quita las ganas de beber,
de beber fantasías y recuerdos excitantes,
y nada más excitante que trabajar en tus caricias.

Por amor al comercio
voy a cruzar ese puente,
por amor al comercio
voy a cuidar ese dolor.

De palabras tabaco, teléfono y alcohol,
alcohol que me han prohibido mil veces en un mes,
un mes en el que te has olvidado de que existo
y más que existir lo que hago es campar por ahí.

De nada

 

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AQUEL AÑO EN QUE UNA NOVELA DE ARMAS MARCELO –CON JUSTICIA- GANÓ EL PREMIO AL MEJOR LIBRO

El premio Francisco Umbral al mejor libro del año, que concede la fundación que lleva el nombre del escritor madrileño, elige la mejor de entre todas las novelas de autores españoles publicadas a lo largo del año en nuestro país. En esta edición, que se acaba de fallar hace unas horas, el jurado –compuesto por Manuel Llorente, Fernando Rodríguez Lafuente, Juan Cruz, Carlos Aganzo, Santos Sanz Villanueva y César Antonio Molina- ha decidido que Réquiem habanero por Fidel, la novela de Juancho Armas Marcelo, es la mejor de 2014. Queremos dar nuestra más cordial enhorabuena a Armas Marcelo –ha ganado en buena lid- y nuestro más sentido pésame a la literatura en castellano. Si el libro del autor canario es lo mejor del año, que lo es, apaga y vámonos.

La novela ganadora competía en dura pugna con El impostor, de Javier Cercas, (Literatura Random House); con Así empieza lo malo, de Javier Marías (Alfaguara); con El balcón en invierno de Luis Landero (Tusquets); y con Como la sombra que se va de Antonio Muñoz Molina (Seix Barral).

Esto es lo que ha sido 2014 en lo que a “buena” narrativa se refiere. ¿La novela de Armas Marcelo? La mejor, está claro. No hay duda. Si aún dudan, no tienen más que analizar la calidad de sus competidoras.

Y todavía se preguntan algunos editores por qué no se venden novelas no de género de autores españoles.

Más información sobre el galardón: en 2012 conseguimos colocar un micrófono en el florero de la mesa donde el jurado deliberaba sobre qué novela sería la ganadora del primer galardón. (Aquí) transcribimos las acaloradas discusiones que estallaron entre los miembros del jurado. Recordemos que el premio comenzó en 2012 (cuando se decidió la mejor novela de 2011).

Más información sobre Armas Marcelo: en enero de 2012, cuando nadie conocía los objetivos estratégicos de Patrulla de Salvación y era fácil hacerse pasar por una fan, realizamos un experimento para calibrar hasta qué extremo se podía inflar el ego de un escritor veterano, con bastante obra publicada, pero poco éxito. Para ello mandamos un cuestionario con preguntas tipo “¿Para cuándo el premio Cervantes?” a dos escritores, Armas Marcelo y Sánchez-Dragó. Por el tipo de preguntas corríamos un alto riesgo de que se dieran cuenta de la engañifa y nos mandaran a paseo. Pero contra pronóstico respondieron los dos, lo cual indicaba ya, independientemente del contenido de las respuestas, que su ego necesitaba un alfiler. Las respuestas, como imaginarán, no tienen desperdicio. Vean (aquí) la entrevista con Armas Marcelo. Y (aquí) cómo  reaccionó -tres días después- Armas Marcelo en su blog.

(Aquí) pueden leer las respuestas de Sánchez-Dragó a las mismas preguntas. Ambas entrevistas fueron realizadas (por email) al mismo tiempo.

Portada de Réquiem habanero por Fidel

La portada refleja el estado de la narrativa española.

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PENGUIN BOOKS: OCHENTA CUMPLEAÑOS

Penguin Books fue fundada por Sir Allen Lane en 1935. La idea consistió en poner a la venta (precio reducido y formato bolsillo) clásicos de la literatura con la intención de que nuevos lectores, los que entonces no eran habituales, los compraran. Se cuenta que el británico Allen Lane (1902-1970), volviendo en tren de visitar a Agatha Christie, se angustió cuando se encontró solo, esperando en la estación y sin nada que leer. [Conocemos ese tipo de angustia, ¿verdad?] Allí se le ocurrió la idea y diseñó una colección de libros que pudieran ser adquiridos en una máquina expendedora, como el que compra chicles. Para saber más sobre esta historia de los “Penguin paperbacks” recomiendo pinchar en el link que hay sobre el nombre del editor.

En España –los de mi quinta se acordarán- Alianza Editorial, que fue fundada en 1966 por el bueno de José Ortega Spottorno, copio la idea y sacó la colección Libro de Bolsillo con las mismas intenciones y parecido éxito.

Para conmemorar su 80 cumpleaños Penguin Books (England) ha lanzado una nueva colección, Little Black Classics: ochenta elegantes libritos con cubierta negra entre los que se puede leer poesía, ficción, teatro e historia. Lo mejor de la colección es que se vende –por eso de respetar el número ochenta- a 80 pennies cada librito, por debajo de una libra esterlina. El precio en euros es de 1,08 €. A ver si aprendemos.

Para los tontilocos de la tecnología les recomendamos que pinchen en el enlace de aquí abajo:

http://www.littleblackclassics.com/

Entraran en una app -¿se dice así?- en la que, entre otras estupideces, pueden girar el pingüino con el dedo 360 grados y escoger el librito que más les apetezca. A mí, comparado con el contenido en papel de los libros, me parece un juego ridículo, pero como hay gente para todo…

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EL NUEVO CULTURA/S. SUPLEMENTO DE LA VANGUARDIA

En Patrulla de Salvación somos de odios africanos y amores insobornables, es lo que hay. Sobrepasados los setenta años de edad ya no podemos cambiar. Por eso, en lo referido a suplementos literarios, leemos EL CULTURAL, Babelia o el ABC Cultural tapándonos la nariz y dando arcadas y sin embargo cuando el suplemento Cultura/s de La Vanguardia cae sobre nuestro regazo -después de pelearnos con uñas y dientes por ser la primera en abrirlo- lo disfrutamos felices y ensimismadas llegando en ocasiones a obtener sensaciones húmedas que por no ser habituales a nuestra edad teníamos ya casi olvidadas.

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Hoy miércoles, por segunda vez en dos semanas, me he encontrado La Vanguardia vacía. Me explico: sin el suplemento cultural. Algo grave tenía que estar pasando así que me puse, a primera hora, en contacto con Don Sergio Vila Sanjuán, responsable del separata. Resulta, ahora nos enteramos, que han cambiado de día y que el pasado sábado publicaron el nº 659. Reproduzco el intercambio de correspondencia:

Dos semanas sin Cultura/s. Sindrome de abstinencia. ¿Qué me pasa, doctor?Doctor Vila Sanjuán:

Estoy muy malita y no sé lo que me pasa. O sí lo sé.

Es el segundo miércoles sin Cultura/s. Vivo en Madrid y he llegado a sospechar -fíjese a qué punto de neurosis he llegado- que se trata del señor Pujol que quiere jodernos, en venganza, a los madrileños.

Vivo en Madrid y en el trayecto de mi casa al trabajo hay 7 kioscos de prensa. Sólo el último me ha sabido informar de que Cultura/s sale, a partir de ahora, los sábados.

¿Va a haber algún cambio? ¿Ha fichado Cultura/s a Michico Kakutani robándosela al The New York Times? ¿Se dispone usted, señor Vila Sanjuán, a desvelarnos en las páginas del suplemento, en forma de serial por entregas, todos los contubernios judeo masónicos y turco/armenios que sustentan el mundo editorial en castellano? ¿Tendrá Xavi Ayen sección fija? ¿Puede usted, doctor querido, atenuar mi ansiedad? ¿Sería tan amable de darme la primicia de las características del nuevo Cultura/s de los sábados para que yo haga un “post” entre laudatorio y hagiográfico en mi blog?

PD: Perdone que no haya puesto ni un acento pero, por falta de medios -son ya 4 años en la trinchera-, sigo escribiendo con este cacharro vietnamita y la tecla de los acentos -reumática- me reproduce unas comillas.

Siga usted con salud, pero sálveme de la ansiedad.

Maggie

 

Estimada sargento, efectivamente hemos pasado al sábado y aprovechamos para rediseñar y renovar el suplemento. En términos generales hemos buscado dinamizar y alegrar tanto la forma como los contenidos.

En las páginas de libros no hemos fichado de momento a Kakutani pero sí a Toni Iturbe, quien estrena la sección Libroscopio, en torno a las interioridades de ese mundo editorial que tanto queremos y al que tanto debemos. Estoy seguro que le interesará. En cuanto a Xavi Ayen, nos ha prometido algunas exclusivas de las que ya tendrá noticia. 

También incorporamos la sección Arrebato, de Begoña Gómez Urzaiz, específicamente consagrada a detectar los libros más “hype” del momento. 

Por supuesto seguimos contando con las firmas señeras de Robert Saladrigas, J.A. Masoliver Ródenas, Julià Guillamon, Jordi Amat… Y ampliamos el apartado de reportajes literarios.

En otras áreas del suplemento incorporamos una doble página central sobre las grandes exposiciones internacionales del momento, y una agenda cultural de la semana, valorativa y personalizada, con las recomendaciones de un personaje conocido y reconocido. Este próximo sábado, Jorge Herralde. 

Espero que estas líneas y las páginas de Scott Stossel tengan un efecto beneficioso sobre su ansiedad.

 Saludos cordiales

 Sergio VSJ

 Sumario del próximo sábado: 

  • Verdad e incorrecciones históricas en El francotirador de Clint Eastwood. 
  • Ignacio Martínez de Pisón evoca el concurso literario en el que han debutado literariamente diez millones de niños españoles. 
  • Carme Riera y José Carlos Llop retratan al archiduque Luis Salvador de Habsburgo, primer hippy mallorquín.
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