Jose Luis, como a él le gusta decir, es talidomídico. Su madre, durante los primeros meses del embarazo, utilizó Talidomida para calmar las náuseas. Las náuseas desaparecieron, pero aquel medicamento trajo otras consecuencias: su hijo nació –hace 49 años- con los dedos de una mano atrofiados y con una pierna más corta que la otra. José Luis siempre sonríe. Solo se cabrea si se te ocurre intentar echarle una mano mientras con dificultad acarrea los paquetes de periódicos que le dejan a la puerta de su establecimiento todas las mañanas. “¡Puedo hacerlo solo!” dirá con cara de malas pulgas.
Licenciado en Filología Inglesa y cansado de enseñar una lengua para la que, como él dice, “los españoles están negados”, hoy es librero. Hace tres años, con los ahorros provenientes de sus clases particulares, montó lo que siempre ha sido su sueño: una librería.
José Luis es un vicioso del papel, no lo puede evitar. Cuando yo lo llamo fetichista, él me responde que no, que es simple y llanamente un romántico. José Luis es así. Su madre-más práctica- dice que es un cabezota.

Cuando José Luis decidió abrir su librería –año 2009- ya estábamos metidos de cabeza en la crisis. Sus amigos y familia: “estás loco…”, “te vas a estrellar…” Pero José Luis es así.
Había tenido tiempo –mientras explicaba el “To Be” y el “To Do”- de pensarlo mucho, y se molestó en diseñar con detalle su plan de negocio, trató de ponerlo todo por escrito. Llegó incluso a dibujar su establecimiento antes de saber dónde lo ubicaría. Decidió, como primer paso, buscar un “nicho de mercado” donde aún quedaran consumidores de papel. Por eso montó su librería en un barrio del centro de una gran ciudad. El alquiler del local sería más alto, pero los clientes –jubilados de clase media-alta- serían/son personas que continúan comprando el periódico todas las mañanas y leyendo libros de papel.
Como buen fetichista del papel, José Luis vende en su local material de oficina (papelería), periódicos, revistas (nacionales e internacionales) y libros. Si, como él dice, fuera un rico heredero y hubiera podido abrir su negocio soñado, se hubiera centrado en los libros y olvidado del resto. Pero sus ahorros daban para 5 meses de alquiler: “el negocio tenía que ser negocio”.
La librería de José Luis tiene cerca tres colegios. Vender rotuladores, papel celo y lápices trae por las tardes posibles compradores de libros juveniles. Al lado de los cuadernos se pueden ver las portadas de Harry Potter. Pegados a la caja de bolígrafos están los volúmenes de Los Juegos del Hambre. Y a la misma altura de los paquetes de folios te tropiezas con las novelas de la serie Percy Jackson. Por supuesto que todos estos libros, en el local de José Luis, se pueden adquirir también en versión original. Que los padres de clase media andan últimamente muy preocupados por los idiomas de sus hijos.

Cuando no hay clientes en la librería, mi amigo José Luis me comenta, entre escandalizado y guasón, las portadas del ABC y LA RAZÓN. Pero al tiempo es muy consciente que los lectores de eso periódicos son los que le dan de comer. “Vendo el triple de ABCs que de PAISes”. A mi amigo el librero –muy puesto en las novedades editoriales- le gustaría colocar en el escaparate de su tienda los libros de Pálido Fuego y de Malpaso editorial. Opina José Luis que la publicación en castellano de La Casa de Hojas, de Mark Z. Danielewski, es el acontecimiento de la década. Pero sabe que se tendría que comer los mocos literalmente. En la vitrina de la librería de José Luis hay best sellers. Pero, ojo, no cualquier best seller. José Luis tiene los tomos de la serie Cincuenta sombras de Grey, pero los guarda en la trastienda. La zona es lo que se llama un “barrio respetable”. Mi librero no quiere conflictos con la clientela.
En la librería de José Luis los libros para adultos también están colocados estratégicamente. Valga un ejemplo. El triángulo de la Transición (la biografía de Carmen Diez de Rivera) está primorosamente dispuesto entre la nueva biografía de Serrano Suñer y Lo que Escondían sus Ojos, la novela de Nieves Herrero inspirada en la vida de la marquesa de Llanzol. La niña entre papa y mama. Al final va a resultar verdad que mi amigo José Luis es un romántico.
En una esquina no muy escondida de la librería, mi amigo tiene lo que yo llamo el retablo nacional: una estantería con libros antiguos de historiadores fascistas –no cito los nombres para que no se me indigeste el gin-tonic- sobre la guerra civil y el franquismo. Se completa el cuadro con volúmenes ilustrados con tanques, uniformes, insignias y banderas. Todo muy bélico y todo muy facha. Cuando no hay nadie en el local, me cuadro delante de toda esa montaña de material ultramontano y brazo en alto canto el Cara al sol. Mi amigo José Luis me suele amenazar con la expulsión siempre que me da por ahí.
Mi librero sabe que su clientela fiel del barrio, más temprano que tarde, se le irá al otro barrio. Por eso ha abierto dos páginas (Facebook y twitter) para promocionarse como proveedor de prensa extranjera. A través de las redes sociales se enteró hace poco de que una revista musical americana había sacado una edición conmemorativa con 5 portadas diferentes. La publicación juvenil puso la foto de los integrantes del nuevo grupo de fans One Direction (un chico por portada) y las revistas se habían vendido como churros en varios países. Los fans españoles querían tener las 5 revistas, aunque el contenido fuera el mismo. José Luis habló con su distribuidor [Un inciso: los distribuidores están hasta los cojones de José Luis, ya ha cogido fama de ser el librero más pesado de España], llamó a su dealer, digo, y consiguió 20 de estas revistas. Lo anunció en su Facebook y esa misma tarde tenía 5 chicas en su tienda. Lo mejor no ha sido el beneficio obtenido por la venta de esas 20 revistas. Lo más provechoso fue posicionarse delante de esos grupos de posibles clientes como una librería que tiene revistas difíciles de conseguir. Al día siguiente todos los amigos de aquellas chicas sabían –a través de twitter, wasap y Facebook- que José Luis tiene ese tipo de publicaciones.
José Luis no se queja. Su negocio no va mal. Se había empeñado en vender papel y lo está consiguiendo. José Luis es así. Su madre dice que es un cabezota.

COLABORACIONES ESTELARES
Algunos escritores y editores han tenido a bien colaborar con esta buena causa. A continuación las aportaciones de María Dueñas (autora de El tiempo entre costuras y Misión Olvido) y Enrique Murillo (traductor, periodista… y hoy editor de Los Libros del Lince).
María Dueñas:
Cuando la traducción de El tiempo entre costuras se publicó en Estados Unidos, hice dos intensos book-tours (uno para la edición en tapa dura y otro para la de bolsillo) y recorrí durante semanas el país de costa a costa. Hablé y/o firmé en docenas de Barnes&Noble, en montones de librerías diminutas con libreras peleonas a su cabeza, en legendarias ‘indies’ que se han convertido en iconos –la Tattered Cover de Denver, Books&Books en Miami…– y hasta en templos que me hicieron temblar las rodillas como la Harvard Book Store. A pesar de todo, me quedaron numerosas peticiones sin cubrir y fue a mi vuelta a España cuando, a sugerencia de un pequeño grupo de lectura de algún sitio remoto de Florida cuyo nombre lamentablemente no recuerdo, hice mi primera charla vía skype. Y funcionó. El asunto no puede ser más sencillo: la librería y el autor/a concretan fecha y hora; la librería convoca encuentro y quizá incluso ofrece un café; los lectores se reúnen en la librería y, gracias a la magia de la tecnología, el grupo charla en tiempo real con ese autor/a cuyo libro han leído, están leyendo o quizá van a leer. Cierto es que el cuerpo a cuerpo añade siempre un plus pero, para librerías localizadas en entornos de acceso complejo o para autores a los que –por cuestiones de tiempo o presupuesto o lo que sea– les resulta complicado viajar, este sucedáneo de encuentro puede resultar enormemente satisfactorio para todas las partes implicadas.

Enrique Murillo:
La primera vez que estuve en Serret Llibres, en Valderrobles, cuenca del Matarranya, nordeste de la provincia de Teruel, me llevé un buen susto al acercarme a la tienda. No sólo (con acento, mal que le pese a la RAE) aquel pueblo era realmente chiquito, sino que en el lugar donde yo esperaba ver una librería, y en la que íbamos a hacer una presentación de “La montaña sagrada” de Jason Webster (la experiencia del autor, un animal urbano con doctorado en árabe por Oxford, durante un año de lucha contra la naturaleza en una vieja casa de campo ruinosa donde vivió con su esposa y pasó penurias y gozó placeres inesperados)… ¡¡¡NO HABÍA MÁS QUE UNOS COLGADORES DE PRENSA TÍPICOS DE KIOSCO¡¡¡Santo cielo, pensé. ¿Y he conducido más de doscientos Km para esto? Dentro era otra cosa. En veinte metros cuadrados había cientos y cientos de libros, todos amontonados pero extraordinariamente bien colocados. Serret, el librero, me saludó amablemente, lo mismo al autor, y siguió a lo suyo: ir poniendo en cada ejemplar de “La montaña sagrada” el nombre de quienes compraban el libro y, porque no podían esperar, irían a recoger su ejemplar dedicado por la tarde o al día siguiente o qué sé yo. La presentación fue de pie, rodeados de estanterías que se vencían bajo el peso de los libros, con preponderancia de cosas sobre la zona, su historia, geografía, ecología… y entendiendo la zona con un radio de cien km a la redonda. En pocas presentaciones he visto vender tantos ejemplares como en aquella. Jason, cuya vida hasta que vino a España por un problema de amor y con ganas de aprender a tocar la guitarra flamenca (lo cual consiguió, como cuenta en “Duende”), sonreía, firmaba, me guiñaba un ojo de pura emoción y placer. Serret saludó por su nombre a todos los que entraban, convenció a los que sólo iban a por el diario de que “La montaña sagrada” era buenísimo, “i tot pasa aci al costat, a Penyagolosa, vols que t’el firmi l’autor?”, les vendió también ejemplares, y lo hizo sin dejar de teclear importes y hacer cataclín con la registradora, que echaba humo. Aquel día aprendí mucho de librerías.
(Aquí) el Facebook de Serret llibres y (aquí) su twitter.
Nota de la Patrulla de Salvación:
Enrique y María nos han contado una historia que incluye ideas útiles, para ser puestas en práctica en cualquier librería mañana mismo. Si alguno de ustedes (sea librero, escritor, periodista, editor o civil) conoce una buena forma de vender libros, una idea que haya funcionado, estaremos encantadas de recibirlas. Las mejores serán publicadas en este blog.
(Aquí) otra buena idea de Jeff Mayersohn y su esposa Linda Seamonson.
(AQUÍ) la introducción a este Manual de Librería.
Actualización a 11 de diciembre de 2013
No nos está vacilando María Dueñas cuando nos habla de sus experiencias en EEUU. Pinchen (aquí) y vean un video sobre una entrevista de 2012 en la TV británica. Tenemos otros escritores -además de Javier Marías- que triunfan fuera de España. Más cosas (aquí).