Enrique Redel (Madrid, 1971) recuerda que cuando era niño, mientras sus primos jugaban al futbol, él hacía libritos, los grapaba e intentaba venderlos a sus familiares. Comenzó trabajando en editoriales independientes como Opera prima, Odisea y Funanbulista. Luego montó su propia editorial, Impedimenta, donde hace, por suerte, lo que le da la gana.
Impedimenta ha recibido el “Premi Llibreter”, de los libreros de Cataluña al mejor libro del año (por “Botchan”, de Natsume Soseki) y en 2008 fue galardonada con el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial, junto al resto de editoriales del Grupo Contexto.
Enrique Redel edita los libros que a él le gustan y los publica para compartirlos con nosotros. Nada más y nada menos.
A continuación la primera parte de la entrevista que, hace 2 días, hemos realizado con Enrique. Mañana la segunda parte y última.
Primer asunto: IMPEDIMENTA
1.- ¿Cuales son los criterios de selección de autores en Impedimenta?
Creo que al final todo se reduce a un asunto de curiosidad personal del editor en tanto lector, lo cual a su vez trae a colación el asunto de la autonomía del gusto. Del gusto del editor. A fin de cuentas, los editores somos más que otra cosa recomendadores de textos. Seleccionamos propuestas que nos llaman la atención, que nos seducen, y las recomendamos. Así que el primer criterio para que un libro llegue a nuestro catálogo es que a mí me haya seducido antes. Si no, no se publica en Impedimenta. Hay mucho de apuesta personal en lo que se hace, en ese sentido, y tanto en caso de éxito como de fracaso, ahí está el editor para responder ante el lector. Jamás publicaré nunca nada que no me guste, aunque bajo un punto de vista académico se considere “conveniente”, y a mí no me lo parezca.
Asimismo, y aunque suene trillado decirlo, creo que a la hora de ir construyendo tu propio catálogo, hay que apostar por lo que uno aspira a que perdure, por los libros que uno querría que se siguieran leyendo igual dentro de treinta años, y que te llevas en las mudanzas, de casa en casa. No creo en la finalidad “política” del libro (sino en su valor puramente estético), pero sí en que hay títulos que te marcan, que no son agradables de leer en ocasiones, pero que de alguna manera forman parte de tu historia como lector. Esos son los libros que queremos publicar.
2.- Las grandes editoriales españolas tienen contactos con otras europeas y se recomiendan libros, que han triunfado en su lengua, para ser traducidos. ¿Tenéis algo parecido?
Tenemos buena relación con varios editores extranjeros con los que hemos coincidido en ferias o encuentros, pero no hay mucha permeabilidad de proyectos, quizás por la naturaleza de nuestro catálogo (clásicos modernos y recuperaciones, lo que da poco pie a que compartamos lanzamientos). Algunos “majors”, como Random UK, o pequeñas editoriales exquisitas, como Persephone Books, nos suelen proponer cosas directamente, y también tenemos editoriales de referencia, que hacen libros parecidos a los nuestros y cuyos catálogos consultamos. Sin embargo, sí tenemos una relación estrecha en este sentido con otros editores españoles, con los que sí nos cruzamos propuestas constantemente. Existe un flujo incesante de títulos entre Impedimenta y editoriales como Libros del Asteroide, Nórdica o Periférica. Cuando nos llega un texto que creemos que a algún colega le puede cuadrar, se lo reenviamos, para que ellos lo valoren.
3.- Dice Jorge Herralde, de Anagrama, (en entrevista con Joan Barril en 1999) que La conjura de los necios de Kennedy O’Toole y las novelas de Patricia Highsmith lo salvaron de la quiebra económica. Beatriz de Moura de Tusquets cuenta, en el mismo ciclo de entrevistas con editores, que fueron El amante de Margarite Duras y La insoportable levedad del ser de Milan Kundera lo que la sacaron del atolladero. En Salamandra el golpe de suerte lo han tenido con Harry Potter. Parece que una buena editorial necesita un superventas o un buen “long-seller” para poder subvencionar el resto de libros deficitarios. ¿Es La hija de Robert Poste vuestro seguro de vida o hay que esperar a otro mesías?
Sin duda, es muy difícil que podamos repetir un éxito como el de La hija de Robert Poste, un título decisivo para la editorial (casi fue una apuesta personal por mi parte, que costó contratar porque ni siquiera el propietario estaba claro, y que costó Dios y ayuda que arrancara) del que llevamos vendidos casi 40.000 ejemplares, y que está demostrando una salud de hierro después de casi año y medio de vida, hasta el punto de que aun hoy sigue reportando cifras de venta de 1000 ejemplares al mes. Sin embargo, lo que a mí me parece importante, más que el fenómeno puntual del título que de repente se dispara, es que sirvió para consolidar el sello, para abrirnos a un segmento más amplio de lectores, y para marcar una tendencia en nuestro catálogo que tiene su continuación en Muriel Spark, E. F. Benson o Edmund Crispin. Hay que decir, además, que en 2010 La hija de Robert Poste coincidió con otros dos títulos que también funcionaron muy bien: Soy un gato, de Natsume Soseki, y La librería, de Penelope Fitzgerald, con más de 15.000 ejemplares vendidos hasta la fecha. Creo que fue la conjunción de los tres la que sirvió para consolidar nuestra presencia en las librerías. Hubo claramente un antes y un después, pero eso no nos ha permitido bajar la guardia. Somos conscientes de que nos la jugamos casi en cada libro. En nuestro caso no estábamos en ningún atolladero, porque la editorial ya iba bien y sobrevivía, pero la publicación de estos títulos nos ha permitido crecer.
4.- ¿Crees que algún día llegarás a vivir de esto?
De hecho, a día de hoy tres personas viven de esto. Aunque no sea lo habitual, dado que los dos primeros años suelen ser muy duros, Impedimenta pudo permitirse al menos un sueldo y un alquiler desde el primer día, y gracias a la venta de sus libros, sin recursos exteriores. Tengo que decir que no conozco a ningún editor que se haya hecho rico editando libros (eso sólo pasa en las películas americanas y en las fantasías de algunos ilusos que se meten en este negocio sin pensar), aunque lo cierto es que casi todos mis colegas viven de sus editoriales, pagan sus sueldos y el del algún que otro colaborador, afrontan puntualmente el pago de sus facturas y con lo que sobra hacen que la máquina continúe en funcionamiento. Existe un cierto mito en cuanto a la sostenibilidad de las pequeñas editoriales, pero lo cierto es que nuestras estructuras nos hacen especialmente flexibles.

Segundo asunto: EDICIÓN DIGITAL
5.- Dice Sigrid Kraus, directora editorial de Salamandra (en entrevista con Juan Cruz en EL PAIS de 20/3/11) que como editora se ve como una artesana porque considera que al final de su trabajo hay un objeto, que cuando el resultado final sea un texto en una pantalla su trabajo se desnaturalizará, dejará de existir. ¿Estás de acuerdo?
Es que un libro es muchísimo más que un texto. Es un objeto, que cuando está bien hecho, es bello, armonioso, se convierte en algo cercano, incluye contraseñas que lo hacen casi orgánico, fomenta la sensación de posesión (es “nuestro”, nos pertenece), es muy fácilmente personalizable y nos trae mensajes de antepasados visibles e invisibles. Reducir el libro a un mero texto es un error. El libro en formato electrónico, con todas sus ventajas, pierde. La identificación que hace Sigrid Kraus del editor como un artesano me parece acertadísima, porque la edición no es una profesión, sino un cúmulo de oficios, de oficios del libro. Otra cosa es que logremos dotar de personalidad, de calor, al libro electrónico (en eso estamos, por cierto), y que la experiencia de lectura sea placentera e incluso diferente. Cuando el libro electrónico no sea un mero texto adaptado a una pantalla con cuatro o cinco ítems adicionales (un diccionario, algún hipervínculo y una función de búsqueda), cuando uno compre un libro por el especial cuidado de su editor al “hacerlo”, habremos recorrido parte del camino. Para mucha gente (los que nos hemos educado en la cultura del papel) el libro es un objeto casi sagrado, perfecto, forma parte de nuestra historia independientemente del texto que incluya. ¿Cómo podemos hacer eso posible en el nuevo modelo?
6.- ¿Tenéis planes en Impedimenta para iniciar la edición de libros en formato digital?
Por ahora no. Hemos hablado con responsables de plataformas de distribución, tiendas virtuales, librerías interesadas en el nuevo paradigma del libro, desarrolladores, otros editores que ya se han lanzado con propuestas interesantes… Es un fenómeno que nos interesa mucho, pero por ahora nos limitamos a estar ojo avizor. El problema principal es que no entendemos todavía muy bien qué podemos ofrecer desde Impedimenta en este ámbito. Algo que a nosotros nos resulte interesante y que también pueda resultarle interesante y enriquecedor a nuestros lectores. Prácticamente todo nuestro catálogo, que todavía no es muy extenso, está disponible en las librerías, está vivo y moviéndose, por lo que no existe una demanda significativa del mismo en un formato alternativo. De hecho, nuestros lectores no nos piden que digitalicemos nuestros libros. No recibimos correos que nos preguntan dónde conseguirlos. Es decir, no hemos detectado demanda de libros de Impedimenta en formato ebook. Esa es la primera razón de que no los hagamos todavía.
Por otro lado, abundando en lo anterior, si por algo se caracterizan los libros de Impedimenta es por su cuidado estético. Nos consta que hay lectores que los compran en parte por esos elementos formales, por la elección de motivos de cubierta, por el papel de sobrecubierta, etcétera. Y no sabemos de qué modo “trasladar” esas contraseñas a un libro electrónico. En todo caso, y en las actuales circunstancias, haríamos algo que no tuviese mucho que ver con las cosas que hacemos en papel. La pantalla se lleva muy mal con lo estático, está desaprovechada si de lo que se trata es de leer letras fijas, negro sobre blanco.
7.- La edición digital va a abaratar mucho los costes de producción y distribución con lo que estructuras pequeñas como las vuestras serán más viables en el futuro. ¿Lo ves así? ¿Tienes miedo de los grandes tiburones? ¿Te da miedo que Google o Amazon se queden con todo el pastel?
Es evidente que el juego de costes y beneficios del libro cambiará, y se adaptará a un nuevo paradigma productivo y comercial. Con eso se cuenta. De hecho, ahora mismo los actores de la industria editorial están ocupadísimos intentando ajustar los porcentajes y viendo de qué modo se puede aumentar la magra parte del pastel que le toca a cada uno en el actual modelo. Eliminado el distribuidor y el librero tradicionales, queda margen suficiente para que el autor y el editor (que sigue siendo a fin de cuentas un “selector y preparador de contenidos) engrosen su porcentaje, dejándole una porción al canal. El principal problema de este modelo es que, finalmente, me temo que será ese canal de comercialización el que marque las reglas. Y es un problema precisamente porque los canales de comercialización de los que hablamos no viven actualmente de la venta de libros, sino de su cotización en Nasdaq. Se pueden permitir el lujo de tirarse muchos años perdiendo dinero en este negocio, mientras marcan las directrices comerciales de la distribución de libros electrónicos para los próximos años. Sea por política de precios (unos) o por oferta (otros), indudablemente marcarán las reglas en el futuro.
8.- El gran peligro de la era digital del libro es la piratería. ¿Tiene solución?
Es difícil ponerle puertas al campo. Internet, sobre todo tras el paradigma 2.0, se sustenta en un par de principios básicos: por un lado, y por definición, se salta las barreras físicas y los intermediarios innecesarios que se le imponen a sus contenidos y por otro, es tan versátil que todo el mundo puede meter la cuchara y “tunear” esos contenidos a su antojo. Si es posible obtener algo gratis, el usuario lo obtendrá gratis. Es decir, por mucho que bajemos los precios, si el lector encuentra la manera de obtener esos contenidos sin pasar por caja lo hará. Afirmar lo contrario, o aludir al espíritu cívico del usuario final es engañarse. Por tanto habrá que buscar la manera de que el modelo sea rentable para autores, editores y canal, y que a la vez al usuario le sea cómodo. De las posibles soluciones que se están barajando ahora mismo, la que más interesante me parece es la de 24symbols. Los libros están en la nube, la gente los lee sin descargarlos realmente, están disponibles en todo momento y no merece la pena “piratearlos” porque ya los tienes a tu disposición cuando te apetece. El editor, en este caso, cobra en base al número de páginas visualizadas, sea mediante un modelo estándar (con publicidad cada equis páginas) o Premium (con una suscripción).
9.- Dices en tu artículo “Cruzar el Rubicón” en el número 14 de la revista “Trama & Texturas” que comparado con el cambio que trajo la imprenta de Gutenberg este nuevo paradigma, el de la edición digital, “desmaterializa el libro”. Quitando que realmente la materia papel desaparece, claro, ¿Por qué piensas esto? El texto seguiría siendo el mismo, ¿no?
No pretendo que esta entrevista se convierta en una discusión filosófica sobre qué es “real”. Sin embargo, a lo que yo me refería es a que la información se convierte en algo transmisible, flexible, intangible. Deja de ser algo físico para transformarse en algo virtual. Me parece evidente que lo que vemos en una pantalla no es más que una imagen creada, una interface. Bits de información que se nos muestran tras ser descodificados por un software determinado (que nadie me asegura que no pase a mejor vida haciendo que mi contenido desaparezca; pero aquí entraríamos en el problema de la obsolescencia y de la ausencia de un modelo consensuado). Y además, insisto, por mucho que quede el texto, que es el centro del libro, su intríngulis, en el libro electrónico se pierden muchas otras cosas que el libro te ofrece. No es una crítica, ni una alusión apocalíptica, sino una constatación. Hay a quien le gusta el sexo en directo y quien se conforma con una película porno.
10. Dices en ese mismo artículo que con la edición digital el editor será igual de selectivo pero menos determinante en la calidad del producto final. No estamos de acuerdo. Desde el momento en que el texto permanece en el nuevo soporte la calidad de ese texto debería ser la misma y la responsabilidad del editor en cuanto a esa calidad no disminuye. Por favor explícate.
Insisto en que el libro es más que un texto. Pongamos un ejemplo: un editor novato y con poco sentido de la estética, del oficio y de la oportunidad, decide publicar la Odisea, porque es una historia que le gusta mucho. Opta por un formato de libro demasiado grande para ahorrarse papel, elige para el interior un papel satinado, una tipografía arial que le va de pena a un texto clásico como este, y decide rematar el libro con una encuadernación en rústica sin solapas, con acabado brillo y con una imagen en la portada que reproduce un fotograma de la serie de televisión “Ulises 31”. Por otro lado, un editor con más oficio y gusto decide publicar el mismo texto, en la misma traducción, pero en una bonita edición en cuarto, encuadernada en cartoné con una preciosa sobrecubierta en verjurado que representa un mascarón de proa de estilo griego, con una equilibrada tipografía Garamond, un interlineado armonioso y un papel de interior levemente ahuesado. Bien. En un lector de libros electrónicos, que reproducen puro texto, ambas propuestas son exactamente IGUALES. ¿Qué los diferencia? En ambos casos ambos aciertan al publicar la Odisea, porque es un texto magnífico. Pero la calidad del producto final ya no depende de ellos, sino de múltiples variables, como las prestaciones técnicas del gadget de lectura, las características del archivo ePub o la marca del aparato en cuestión. ¿En qué se convierte el editor según este modelo? En un selector y corrector de textos. Nada más. La única opción que queda para evitarlo es crear nuevos códigos que doten de calidad a un texto electrónico, que lo doten de un elemento distintivo. Toda forma de arte lleva implícito un elemento de jerarquía, de selección natural, pero todavía no sabemos en base a qué criterios se operará esa jerarquía.
Mañana la segunda parte (y última) de la entrevista.