PRON Buenas noches, Alberto. ¿Te importa que apure mi jarra en tu distinguida compañía?
OLMOS Déjate de ceremonias, Patricio, y dime qué diablos estás haciendo aquí, y por qué aún no has desenvainado.
PRON ¿Aquí? ¿En «vuestra» TIPOS INFAMES? ¿En el lugar donde pasas los días con el joven Antonio J. Rodríguez y con Rafael Reig… y las noches con Luna Miguel y Elvira Navarro? No. Por una vez, y sin que sirva de precedente, vengo en son de paz. ¿No crees que deberíamos celebrarlo?
OLMOS Contigo sólo celebraré tu funeral. La última vez que nos vimos teníamos plumas en las manos, en vez de jarras.
PRON En la azotea del Círculo de Bellas Artes, cuando lo de la foto para los GRANTA. Lo recuerdo bien.
OLMOS Ahí te fastidié bien. Yo salí en la foto más guapo y alto que tú.
PRON Sí. Pero pienso tomarme el desquite, de aquí a nada.
OLMOS Déjame acabar esta jarra y soy todo tuyo.
PRON Tranquilo, Alberto. Hay tiempo. Esta noche no quiero matar a nadie. Ni siquiera a vuestra merced.
OLMOS ¿Tú sin ganas de matar?… Imposible.
PRON Lo juro por la gloria literaria a la que me llegaré.
OLMOS A la que llegaremos.
PRON ¿Tú? Déjame que me ría.
OLMOS Sí, yo. ¿Qué pasa?
PRON Voy a hacerte una confidencia, Alberto. Esta noche he caminado sin rumbo por las calles de Madrid mientras recordaba las de Rosario, mi ciudad, donde una noche como ésta, hace cuatro años, me cobré mi primer fiambre.
OLMOS Me conmueves, Patricio, tanto como la viuda de un usurero. Si no querías batirte en fecha tan insigne, ¿qué carajo haces aquí?
PRON Te repito que vengo en son de paz. Bebe tranquilo, que no ha llegado tu hora, ni la mía. Nos encontraremos de nuevo, y en esa ocasión espero darme más arte. Quiero acuchillar a vuestra merced con calma, espacio y tiempo. La reseña de Ejército Enemigo (aquí) fue sólo un aperitivo. Se trata de una cuestión personal. Profesional, incluso. Y de profesional a profesional ajustaremos cuentas.
OLMOS Se hará como te plazca. Siempre serás mi enemigo predilecto. Mi ojito derecho.
PRON Yo no soy un enemigo. Soy un adversario. ¿Adviertes la diferencia?… Un adversario te respeta, aunque te mate por la espalda. Los enemigos son otra cosa… Un enemigo te detesta, aunque te halague y abrace.
OLMOS Déjate de bachillerías. Te gustaría degollarme como a un perro.
PRON Lo del perro puede valer. Pero si algo va a gustarme cuando te mate, es que nadie podrá decir que despacho a un inocente, o a un imbécil. Además, reconozco que tenéis… ¿cómo se dice en España?… Dos cojones. Ya he visto como ayer en tu formspring (aquí) decías que soy “Lo peorcito del mundo literario”.
OLMOS. Ni tú ni yo moriremos en la cama.
PRON ¿Alguna vez has pensado en lo mucho que nos parecemos?
OLMOS Hay diferencias. Yo sólo soy un hijoputa. Vos sois un hijo de la gran puta.
PRON Bueno. Matices aparte, el mismo oficio. La única diferencia es que vuestra merced juega según ciertas reglas, y yo no.
OLMOS Cada uno tiene una reputación que mantener.
PRON Sí. Y reconozco que la mía es más cómoda. No aprecio más rey que el éxito, ni conozco a otro Dios fuera del que uso para blasfemar. Alivia mucho que la vida y los años te despojen de ciertas cosas… Todo es más simple. Más práctico. ¿No opináis tú lo mismo?… Ah, claro. Olvidaba que eres finalista del premio Herralde y la eterna joven promesa de la literatura española. Al menos de boquilla, para ir tirando y creerse digna, la gente como tú aún necesita esas reglas de las que hablábamos. Palabras como arte, literatura literaria, honestidad y todo eso… Parece mentira, con tu biografía, y a estas alturas.

OLMOS ¿Y qué sabes tú de mi biografía? No tengo más que una hoja de servicios que a nadie importa un ochavo, y la pluma de la que vivo… La uso para ganarme la vida; y cuando soy escritor, para cumplir con Mondadori, que es quien me paga… cuando me paga… En cuanto a mi honra y mi reputación, no son asunto tuyo. De eso cuido yo.
PRON Vaya. Ya salió la honra… La honra, Alberto, es complicada de adquirir, difícil de conservar y peligrosa de llevar. Sobre todo, cuando uno empeña su vida malgastándola en defender la joven literatura española.
OLMOS Es lo que hay. Si yo hubiera nacido en New York, ya sería candidato a Nobel. Pero he nacido en Segovia, con estas cartas he de jugar.
PRON Pobre Alberto Olmos. Y pobre Literatura Española. Editores incapaces, críticos vendidos y periodistas manipuladores os han llenado de cicatrices. Y Francia, Inglaterra, Holanda, Venecia, el turco y hasta el mismo papa os rondan como lobos hambrientos. Os vais al carajo.
OLMOS Sin duda. Pero antes los vamos a joder a todos bien.
PRON Ahora lo has dicho. No luchas por la Literatura Española, sino por ti mismo. Lo de España es un pretexto.
OLMOS Todo soldado necesita una bandera.
PRON El oro, por ejemplo. Ésa es buena, y es la mía.
OLMOS Triste bandera es ésa. Y fijaos en la paradoja: a este siglo infame lo llaman Siglo de Oro.
PRON Pues no es el oro lo que os sobra. Y plata, tenéis la justa. Sacrificio estéril, gloriosas derrotas, corrupción, picaresca, miseria y poca vergüenza, de eso sí que tenéis los españoles a espuertas.
OLMOS Ya. Lo que pasa es que luego uno va y lee una novela de Rafael Reig, oye unos versos de Luna Miguel, disfruta el twitter de Claudio López de Lamadrid, y se dice que bueno. Que tal vez algo haya merecido la pena.
PRON Tú continúa así… Dentro de diez años tú seguirás insultándome en formspring y yo seré, de la mano del Chacal, superventas en EEUU. Cuando me veas en la portada de TIME, con el título de “The new Bolaño”, acuérdate de esta conversación.
NOTA DE LA PATRULLA: Este diálogo es una adaptación del mantenido por los personajes Alatriste y Malatesta en Duelo en la taberna del turco (aquí) que aparece en El cabellero del jubón amarillo de la serie Capital Alatriste de Arturo Pérez-Reverte (Alfaguara, 2003).
2.- Uno de nuestros espías nos ha contado que en estos mismísimos momentos Alberto Olmos está leyendo (en diagonal, como leyó la reseña de Pron a su libro) La vida interior de las plantas de Interior -recopilación de relatos de Patricio recientemente publicada- para ponerlo a parir en una crítica que aparecerá en su blog. Ojo por ojo y… Con lo que les avisamos: apártense porque la sangre seguirá salpicando.











