EL PERIODISMO CULTURAL EN ESPAÑA ES LA HOSTIA

Dicen en la página del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (aquí) lo siguiente sobre el Premio Nacional de Periodismo Cultural:

Con este premio se trata de reconocer la labor de profesionales del periodismo y de instituciones que, bien con sus obras, o bien a través de su participación activa en diversos ámbitos de la creación artística o literaria, fomentan las actividades culturales contribuyendo con ello al enriquecimiento del patrimonio cultural de España. Para reconocer esta labor se ha creado este premio, que tendrá en cuenta la dimensión plurilingüe y pluricultural del estado, por lo que podrán ser seleccionados los informadores culturales españoles, sea cual sea la lengua o lenguas utilizadas en el desarrollo de su labor.

El ganador –que conoceremos en los próximos días- se lleva los 20.000 € que no ha querido Javier Marías. Como se dice por ahí que Blanca Berasategui (directora de EL CULTURAL) suena mucho en las quinielas, nosotras vamos a proponer candidatos que están al mismo nivel (peor es difícil) que la amiga Blanca.

Care Santos por sus implacables y despiadadas reseñas (aquí), porque contribuye al enriquecimiento del patrimonio cultural de España.

Javier Rodriguez Marcos por (esto) [nosotras dijimos algo (aquí)], porque fomenta las actividades culturales.

Nuria Azancot por la pedazo de entrevista que le hizo a Anfibia Pequeño (aquí), porque contribuye al enriquecimiento del patrimonio cultural de España.

Anfibia Pequeño por esa gran idea que tuvo al parir ALEVOSÍA (aquí), porque fomenta las actividades culturales.

Elsa Punset, Alejandra Vallejo-Nájera y Laura Rojas-Marcos (ex aequo) por –en tiempos de crisis- señalar nuevos horizontes a la empresa familiar española (aquí) al tiempo que  contribuyen al enriquecimiento del patrimonio cultural de España.

Eva Orue que nos copia sin citarnos (aquí), porque contribuye al enriquecimiento del patrimonio cultural de España. [Eva, reina, lo de la portada fantasma del libro de Jordi Sevilla, lo sacamos nosotras (aquí) hace más de un mes.]

Ignacio Echevarría por (esto), porque fomenta las actividades culturales.

Juan Luis Cebrián por (esto) y por (esto), porque contribuye al enriquecimiento del patrimonio cultural de España.

 

OTRA COSA

No se pierdan el trabajo de Javier Coria en su blog: PORTADAS CLONADAS (aquí)

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ECHEVARRÍA SE HA PUESTO LÍDER DE LA CLASIFICACIÓN GENERAL

Señor don Ignacio Echevarría:

Excusatio non petita, accusatio manifesta, y aquí me pide el cuerpo acabar este “post”. Del mismo modo que una vez leídas las primeras diez palabras de su artículo de hoy (aquí) en EL CULTURAL, me dieron ganas de no continuar “sufriendo” su columna. Pero como una se debe a la tarea de salvación del libro y usted, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en un elemento cuando menos sospechoso, pues me lo tuve que tragar entero (todo él). Y ahora –en lugar de seguir disfrutando de Antigua luz, la última novela de John Banville- estoy aquí, encadenada a mi antigua Olivetti, ejerciendo de cancerbero para evitar que siga usted metiendo goles en propia puerta.

¿Las diez palabras? Estas:

Puede que lo que me propongo decir suele insufriblemente elitista.

Leído el artículo tres veces -¿seré masoquistica, como decía mi prima la de Lorca?-, no suena elitista, es elitista. Independientemente de todas las vueltas y juegos de palabras que usted con su buena pluma quiera trazar, echar la culpa al lector de la baja calidad de lo que hoy se publica, es creerse más listo que nadie y dar de comer a los que se consideran pertenecientes al club de iniciados que usted tiene intención de presidir.

Yo he “sufrido” tres lecturas de su texto; ahora le toca a usted soportar las cositas de la Patrulla de salvación. No tenga miedo, es sólo un pinchazo de nada:

1.- En cuanto a Kurt Vonnegut

La entrevista a la que usted se refiere apareció en The París Review, en el nº 69 -el de primavera- de 1977. Pinchando (aquí) se puede leer la entrevista al completo en inglés. Y comprando The París Review Entrevistas,  (aquí) (el libro que usted editó en El Aleph en 2007 y en el que se recogían las más interesantes charlas con editores de la revista), se puede leer en español.

Lo que usted cita de Vonnegut está justo al final de la entrevista:

INTERVIEWER: Our last question. If you were Commissar of Publishing in the United States, what would you do to alleviate the present deplorable situation?

VONNEGUT: There is no shortage of wonderful writers. What we lack is a dependable mass of readers.

INTERVIEWER: So—?

VONNEGUT: I propose that every person out of work be required to submit a book report before he or she gets his or her welfare check.

INTERVIEWER: Thank you.

VONNEGUT: Thank you.

Usted traduce «dependable mass of readers» por una masa de lectores fiables, y no es eso. La traducción correcta es: una masa fiable de lectores. Es muy diferente. Vonnegut se queja de la cantidad, no de la calidad.

Lo que afirmo está apoyado por la segunda respuesta. Cuando los entrevistadores piden una explicación, Vonnegut dice: “Propongo que toda persona sin trabajo deberá presentar un informe de un libro [que haya leído] antes de que él o ella recibe su cheque del subsidio de paro.”

De lo que se queja Vonnegut es de que no se lee -o no se leía, en 1977, en los EEUU-, no de que los americanos sean malos lectores. Por eso, señor Echevarría, esto de Vonnegut, en su artículo, no viene al caso. Porque como bien dice usted luego, en España se lee mucho, cada día más. Muy mal, señor Echevarría. Y eso que usted, hace 5 años, se trabajó a fondo –ahora llego a dudarlo- esta entrevista para meterla en su libro. Qué mala memoria. Los años, ¿verdad?

2.- Los 25.000 lectores

Esa chorrada que trae usted luego de que Philip Roth dijo que en los USA solo había 25.000 lectores de buena literatura, es eso, una chorrada. Como lo que dicen algunos escritores en España: que solo hay 10.000 buenos lectores.

¿Quiere que le diga la verdad sobre esas cifras? Los autores que después de dos novelas son artificialmente encumbrados por la crítica oficial y por los “intelectuales” como usted; los escritores que, como ustedes dicen, hacen “literatura literaria” (me duele en hígado solo de escribirlo), cuando sacan su siguiente libro -el que debería ser el de su consagración-, se llevan una tremenda decepción al enterarse de que no han vendido más de 2.000 ejemplares. La conversación telefónica que se suele producir en ese momento es como sigue:

Autor de literatura literaria (ALL):  Hola guapa, ¿qué tal? ¿Viste la reseña que me hizo Sanz-Villanueva en El Cultural? Qué fuerte, ¿no? No está bien que yo lo diga, pero entre las siete críticas que cosechó mi libro, no hay ni una mala, ¿eh? Siete de siete. Y todas en suplementos importantes. Estaréis contentos.

Editora: La verdad es que sí. Ha sido todo un éxito. Eres uno de nuestros mejores autores. Tu libro ha sido un bombazo. ¿Has empezado ya el siguiente?

ALL: ¿Cómo? ¿Qué? ¿El siguiente? Ah, sí, claro, claro. Tengo un par de capítulos en borrador. Ya verás, te voy a mandar alguna cosa y vas a flipar. Oye, otro tema. Ya me he pulido el adelanto y no he recibido ningún cheque en los últimos meses. ¿Por qué no le das un toque a los de contabilidad?

Editora: No, mira, es que por el camino que van las ventas… Si te parece esperamos un poco porque podría ser que  los ejemplares vendidos no cubrieran el adelanto. Recuerda que en tu segunda novela pasó eso.

– ALL: ¿Hablas en serio? Pero si me acabas de decir que ha sido un bombazo; si durante los tres primeros meses solo se hablaba de mi libro; si todos los blogs estaban inundados de comentarios de frikies poniendo a parir mi novela. No me lo creo. Dime la cifra exacta de ejemplares vendidos.

Editora: Espera, que lo miro. (…) Mira, aquí está: en el último Nielsen aparecen… 1.345 ventas.

ALL: ¿Cómo? Y una mierda. Me escaneas ese informe y me lo mandas. Tenía que haber hecho caos a Luis y haber cogido un agente.

Editora: No te lo tomes así, chico. Si quitamos los best sellers y los extranjeros, tú eres el segundo mejor vendedor de la casa.

ALL: ¿Cuánto vende el primero?

Editora: Pues depende. Unos libros llega a 5.000, otros a 4000. El record fueron 10.000, hace 4 años.

ALL: No me lo puedo creer. ¿Me estás diciendo que ese pedazo de escritor solo llega a esas cifras?

Editora: Es lo que hay, cariño, estamos en España. Pero tú tranquilo, tienes todo nuestro apoyo. Lo importante es que te centres en tu próximo libro. Tú olvídate de las ventas, deja eso para nosotros. Tú eres un artista.

– ALL: (bajando el tono de voz) Ya, pero a ver de dónde saco yo para pagar el alquiler de este mes.

Editora: ¿Cómo dices?

ALL: No, nada. Bueno, guapísima, que nos tenemos que emborrachar juntos un día, ¿eh? Pero pagas tú, claro.

Editora: Sí, por supuesto. Pero… solo unas cañas ¿eh?

 

Nuestro autor se hace entonces la siguiente composición de lugar:

Si yo que soy una gran promesa de la literatura, no subo de 2.000 libros vendidos y mi maestro, que es un monstruo de las letras, solo alcanza los 10.000, entonces la culpa no es nuestra. Es de la sociedad, que prefiere leer libros malos, de “entretenimiento “, a enriquecerse con joyas literarias como las nuestras.

 Si a esto añadimos el hecho de que creer que se pertenece a un club de autores malditos motiva mucho y que “intelectuales” como usted alimentan estas bobadas con artículos como el suyo de hoy, señor Echevarría, ya tenemos la explicación.

El artículo es elitista. Y la demostración está en el final, donde riza usted el rizo, señor Echevarría:

… uno lee esos libros y se encuentra con vulgares engendros de la cursilería y de la fatuidad. Repasa luego el lenguaje que emplea la mayor parte de los críticos y se lleva las manos a la cabeza. ¿Qué esperar, así, de los lectores comunes? ¿Cómo se forman los lectores de calidad?

Algo no termina de encajar.

 Poner a parir a los demás críticos y a los escritores que aparecen en los suplementos culturales es una forma de ponerse usted el primero. El primero de la clasificación general de los “intelectuales” patrios seguido por…nadie.

Ya está usted en la cumbre, señor Echevarría. Tenga cuidado no sea que la cumbre se le acabe “clavando, por momentos, en el culo”, como cantaba Joaquín Sabina.

Actualización a 27 de octubre de 2012 (21,45h.)

He encontrado mi ejemplar de «The Paris Review Entrevistas», el libro que «editó» en 2007 Ignacio Echevarría seleccionando las mejores -según él- entrevistas de la revista literaria The París Review. En la entrevista con Kurt Vonnegut a la que se refiere Echevarría en el artículo, se puede leer (Pág. 212) el mismo error de traducción que más arriba hemos denunciado: «Lo que nos falta es una masa de lectores fiables». La traducción correcta es: Lo que nos falta es una masa fiable de lectores. Según dicen los «títulos de crédito» del volumen que publicó El Aleph, lo que aportó Echevarría fue la selección y el prólogo. La traducción fue de Raquel Herrera. El hecho de que la traducción no fuera obra de don Igancio, no disculpa su error. Si fue el «editor» del libro es responsable también de los errores.

Sobre estas palabras de Vonnegut dice Echevarría en dicho prólogo (Pág. 17):

Su cinismo [el de Vonnegut] le dota de una enorme lucidez, que le permite encuadrar muy bien algunas cuestiones peliagudas, como la relativa a la situación supuestamente deplorable a la que se aboca la literatura contemporanea: «No escasean los buenos escritores», afirma Vonnegut. «Lo que nos falta es una masa de lectores fiables.»

OTRA COSA (incluído el lunes 29 de oct. De 2012, a las 8:25h)

Cuando los profesionales dicen tonterías (ejemplo: Echevarría) y basan sus afirmaciones en citas mal traducidas (ejemplo: Echevarría), no nos queda otra que acudir a los aficionados (en el mejor sentido de la palabra). Lean La última carta de amor, artículo de ayer (aquí) en ABC. Lo firma Antonio Hernandez-Gil, decano del colegio de abogados de Madrid. Sobre las cartas (aquí) de Pedro Salinas a Katherine Withmore (relación en la que se inspiró Antonio Muñoz Molina para su maravillosa (en el mejor sentido de la palabra) novela La noche de los tiempos.

Antonio Hernandez-Gil cita a Antonio Machado (“amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario”), entre otros, pero lo hace con la mejor intención, no como Echevarría.

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JAVIER MARÍAS SE PASA EL PREMIO NACIONAL DE NARRATIVA POR EL ARCO DEL TRIUNFO

¡¡EXCLUSIVA!! ¡¡PRIMICIA!! (Le informamos aquí de los motivos de Marías horas antes de que se realice la rueda de prensa de esta tarde)

Barcelona, España, 16:11h.

Javier Marías ha rechazado el Premio Nacional de Narrativa (aquí) y esta tarde va a explicar sus motivos en rueda de prensa. Resulta que la prima de la Daphne es empleada del hogar, a tiempo parcial, en la casa del escritor. Y hace unos minutos nos ha hecho llegar por fax el borrador de lo que Marías va a decir en unas horas. Ahí va:

1.- Ya dije que no acepto premios institucionales. Si fueran del gobierno inglés o francés (por ejemplo la Legión de Honor Francesa), lo mismo haría una excepción, pero de España…Come on!!

2.- El Premio Nacional de Narrativa lo concedía el Ministerio de Cultura y lo que hay ahora es solo Ministerio de Educación. Cultura ha pasado a ser un negociado marginal, con lo que este no es el premio de verdad, no lo reconozco. No acepto sucedaneos.

3.- No estoy de acuerdo con los recortes impuestos por este gobierno en materia de educación.

4.- ¿20.000 cochinos euros? Si hubieran sido los 601.000€ del Premio Planeta, me lo hubiera pensado, pero ¿20.000€? What the hell!

5.- Después de hablar hace tres días con mi amigo Cristiano Ronaldo, el delantero del Real Madrid [Si yo me hubiera dedicado al “football”…], me he dado cuenta de que a mí tampoco se me valora ni se me quiere lo suficiente en este país de envidiosos y desagradecidos. Bueno, la verdad es que no se me estima aquí ni en ningún sitio. No lo que yo merezco, al menos. Por eso, y desde este mismo momento, manifiesto y proclamo que ya no pienso aceptar más premios, sean de la índole que sean. ¡Shit!

6.- Reverenciados señores académicos de la Academia Sueca: lo del punto anterior no va por ustedes, ¿eh? El Premio Nobel lo acepto encantado en cuanto ustedes quieran, faltaría más. Pónganme a los pies de sus elegantísimas señoras y que Dios los guarde a ustedes por muchos años. ¡Inteligentes! Que son ustedes muy inteligentes.

7.- Que nadie piense que hago esto por ganar notoriedad y aparecer como defensor desinteresado de la cultura y hombre excéntrico (lo que alimenta mi imagen de escritor excepcional), no. Hago esto porque me sale de los santos cojones. Damn it!!

NOTA IMPORTANTE [a mano]: Después de leer estos 7 puntos a mi agente, me ha recomendado respetuosamente -que se atreva a faltarme- que me ciña a los tres primeros y me olvide de los 4 últimos. Ya veré si le hago caso. Al fin y al cabo soy Javier Marías, what the hell!!

J. Marías

La Patrulla dice: por favor, hacemos una llamada a todos los que puedan leer este «post». Deborah, la prima de Daphne -haciendonos llegar el borrador del texto que Marías leerá en unas horas- acaba de firmar su carta de despido. Rogamos que quien necesite una limpiadora, se ponga en contacto con este blog. Deborah es cumplidora, responsable y,ante todo, discreta.

Actualización a 26 de oct. de 2012 (10:45h)

Para saber lo que Marías dijo en su rueda de prensa (aquí).

Y me pregunto yo: si se trataba de ser coherente, ¿no hubiera sido mejor mandar una nota a los periódicos explicando sus motivos para rechazar el premio?

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FOLLET, FURST, FITZGERALD & FUCK

Con este título no me estoy refiriendo a una de esas firmas de abogados radicadas en Nueva York que salen en los libros de John Grisham. No, les estoy resumiendo los autores que he leído en esta última semana y… algo más.

FOLLET/FURST

Andaba yo aburrida y tristona. Necesitaba yo diversión pura y dura. Pues puedo afirmar que me lo he pasado pipa con los dos primeros libros de la trilogía “The Century”, de Ken Follet (La caída de los gigantesy El invierno del mundo, Plaza & Janés, 2010, 2012) y que he disfrutado como una enana con las novelas de Alan Furst, Espías de los Balcanes y El oficial polaco (Booket, Planeta, 2012, 2009). Para desengrasar, -entre Follet y Furst- me he leído Suave es la noche de Francis Scott Fitzgerald (Alfaguara, 2011).

Ken Follet no necesita presentación, pero puede que alguno de ustedes no sepa quién es  Alan Furst. Este señor norteamericano ha escrito 16 libros, pero los primeros 4 pasaron desapercibidos. En 1988 comenzó –con Night Soldiers– una serie de 12 novelas (la última, Mission to Paris se acaba de publicar) ambientadas en la Europa de los años de la segunda guerra mundial. Furst ha encontrado y perfeccionado  el método para escribir novela histórica con espías;  militares en guerra; hechos y personajes reales; sexo y mucha emoción. La acción es el motor de las obras de Furst. Muy recomendable.

De Milja es el personaje central de El oficial polaco. El servicio secreto polaco le ha encargado sacar del país 11,4 millones de dólares en lingotes de oro antes de que caigan en manos de los nazis, que acaban de invadir Polonia. Furst se basa en una historia real.

Pág. 33

La madre de De Milja era la condesa Ostrova, cuyos hermanos, conocidos desde siempre como “los tíos Ostrova”, habían asumido el deber de enseñarle las cosas importantes de la vida; que si perros, caballos, armas, la servidumbre, las amantes… Eran gente de otra época –ya desaparecida, decía su padre-, pero su madre los adoraba y llevaban todos una vida brutal, bien regada y feliz, nunca molestándose en considerar que quizás estaban en el siglo equivocado.

(…)

… Con los tíos riendo y bramando en la planta baja, arrojando huesos de pollo a la chimenea, lanzando manotazos al trasero de las criadas y cayendo abatidos en los sofás con las botas puestas.

(…)

Habían casado a De Milja cuando solo tenía diecinueve años. Las dos familias se conocían desde siempre, y él y Helena fueron presentados, dejados a solas  y alentados a enamorarse. Posiblemente,  ella vio la sabiduría implícita en todo ello con mucha mayor claridad que él: sencillamente echó una ojeada al bulto que había bajo su cinturón, lo besó con sus carnosos labios, lo cogió por la barbilla, y se consideró, a partir de allí, su mujer.

(…)

   Con el tiempo Helena cambió. Al principio flirteaba con él, lo rozaba accidentalmente con sus pechos y atrapaba accidentalmente su entrepierna. Entonces, algo comenzó a ocurrirle y solo quería hacer el amor a oscuras, a veces lloraba, otras se detenía a la mitad. El aprendió a sortear sus defensas, pero acabó por descubrir que ella estaba defendiéndose. Comenzó a darse cuenta que la membrana que la resguardaba del mundo era demasiado tenue, que era incapaz de tolerar la vida.

   Ella quedó en cinta, pero perdió el bebé durante la epidemia de gripe del invierno de 1925. Eso fue el final. En su fuero interno, él ya lo había adivinado, lo adivinó el mismo día que sucedió. Durante tres años, todo el mundo fingió que las cosas mejorarían, pero cuando comenzaron a producirse en la casa varios incendios menores, hubo que recurrir a los médicos para que la examinaran y éstos le prescribieron una estancia en una clínica privada cercana a Tarnapol, “por unas semanas”.

Ya, ya lo sé. Tengo claro que Furst, cuando describe a los tíos de De Milja, no profundiza en el alma humana como hace Dostoievski al retratar a los hermanos Karamazov (a los que huelen estos “tíos Ostrova”, no me digan que no). Pero ya he dicho que lo que yo quería esta semana era diversión pura y dura.

Ya sé que en Ana Karenina o en Madame Bovary se relata mucho mejor –dónde va a parar- la evolución de los sentimientos que lleva a que una mujer alegre termine cayendo en la depresión y acabe quitándose la vida. Ya, coño, ya lo sé. Pero -lo he dicho al principio- necesitaba disfrutar como lo hacía, cuando era joven, con las películas de Tarzán (o de espadachines) que “echaban” los sábados por la tarde en TVE.

¿Qué? ¿Qué dice usted?¿Que la relación entre De Milja y Helena les parece poco verosímil? No es a eso a lo que hemos venido aquí, se lo recuerdo. Esos análisis déjelos para otro tipo de libros. Yo –que ya no sé cómo decirlo- he venido a pasar un buen rato, ¡¡leñe!!

En su trilogía, Ken Follet hace pasar a 5 familias (ingleses, galeses, rusos, norteamericanos y alemanes) por los más importantes acontecimientos del siglo XX. En los libros de Follet –como en los de Furst- hay, sobre todo, acción. También hay sexo, guerra, espías, alta política y emoción. Follet se documenta de forma exhaustiva, igual que Furst. Los personajes de Follet –como los de Furst- son planos, no hay matices, tiene pocas aristas. Pero hay que entender que en los libros de Follet –como en los de Furst- lo primero es la acción. Si la esmerada y detallada construcción de un personaje perjudica el desarrollo continuo de la acción por ocupar mucho espacio, ese trabajo se elimina. Follet –como Furst- me entretiene y mucho. ¿OK?

¿Alguna vez alguien quiso saber si Tarzán se preguntaba sobre la existencia de Dios?

Pág. 132 de La caída de los gigantes, Ken Follet.

    Murió el 9 de enero de 1905 según el calendario juliano. Era domingo y en los días y los años que siguieron pasó a ser conocido como el Domingo Rojo o Sangriento.

    Grigori tenía dieciséis años y Lev, once. Al igual que su madre, los chicos trabajaban en la fábrica Putilov. Grigori era aprendiz de fundidor y Lev, mozo de limpieza. Ese mes de enero los tres estaban de huelga, junto con más de cien mil operarios de San Petersburgo, para reivindicar la jornada laboral de ocho horas y el derecho a organizarse en sindicatos. La mañana del día 9 se pusieron sus mejores ropas y salieron a la calle, cogidos de la mano y caminando por el manto de nieve recién caída, hasta una iglesia cerca de la fábrica Putilov. Después de misa se sumaron a los millares de trabajadores que, procedentes de todos los rincones de la ciudad, desfilaban en dirección al Palacio de Invierno.

–          ¿Por qué tenemos que caminar? – se quejaba el pequeño Lev, que habría preferido jugar al futbol en cualquier callejón.

–          Por la memoria de tu padre –contestó su madre-, porque los príncipes y las princesas son unos monstruos asesinos.  Porque tenemos que derrocar al zar y a todos los de su clase. Porque no descansaré hasta que Rusia sea una república.

Follet escribe sobre la matanza de obreros que a manos de la guardia imperial del zar Nicolás II se produjo en 1905. Este episodio se resuelve en cuatro hojas en la novela. Tengo claro que si quisiera conocer más sobre el asunto debería leer libros de historia como, por ejemplo,  A People’s Tragedy: The Russian Revolution: 1891-1924 de Orlando Figes, pero –¡¡no se enteran, o qué!!- yo quería acción y no un texto académico.

¿Cómo? ¿No les parece creíble que una mujer humilde como la madre de Grigori y Lev  tenga claro –y así lo manifieste a sus hijos de 16 y 11 años- que lo que quiere es una república? Me da igual. Repito: QUERÍA PASAR UN BUEN RATO.

FITZGERALD

Igual que en los cócteles me gusta mezclar lo dulce con lo amargo, en el programa de lecturas de esta semana pasada incluí unas gotas de alta literatura. En los libros de Follet y Furst no encontrarán nada como esto:

 Pág. 418 de Suave es la noche, Francis Scott Fitzgerald (Alfaguara , 2011) Trad. de Rafael Ruiz de la Cuesta.

   Pero al ir a la playa con Dick a la mañana siguiente, le había vuelto el temor de que él estuviera tratando de buscar una solución desesperada. Desde la noche en el yate de Golding intuía lo que estaba pasando. Tan delicado era el equilibrio que mantenía entre un viejo punto de apoyo que siempre le había procurado seguridad y la inminencia de un salto que, una vez dado, tendría que cambiarla hasta en la última molécula de su carne y de su sangre, que no se atrevía a llevar el asunto al terreno de lo consciente. Tenía una visión de Dick y de ella misma imprecisa, cambiante, como dos figuras espectrales atrapadas en una especie de danza macabra. Desde hacía meses, cada palabra parecía tener otro significado distinto del más evidente, que solo se aclararía cuando Dick así lo determinase. Aunque ese estado de ánimo era tal vez más esperanzador (los largo años de mero existir habían tenido un efecto vivificador sobre aquellas partes de su naturaleza que la temprana enfermedad había destruido y a las que Dick no había conseguido llegar, no por culpa suya, sino simplemente porque no hay naturaleza que se pueda extender totalmente en el interior de otra), no dejaba de ser inquietante. El aspecto menos afortunado de sus relaciones era la indiferencia cada vez mayor de Dick, que de momento se manifestaba en lo mucho que bebía. Nicole no sabía si iba a ser aplastada o no le iba a pasar nada; la voz de Dick, vibrante de insinceridad la confundía. Le resultaba imposible imaginar cómo se iba a comportar de un día a otro: era como una alfombra que se fuera desenrollando lenta y tortuosamente. Y tampoco se podía imaginar lo que ocurriría al final, en el momento del salto.

FUCK

Lo que me jode.

Las únicas diferencias entre Follet y Furst son: 1º.-que en los libros del primero, los párrafos más largos son de nueve líneas y en los del segundo, de quince. 2º.- que Follet incluye mucho más diálogo que Furst. Y 3º.- que los libros de Furst son de 300 páginas y los de Follet de 600. Ah, bueno, y que Follet ha vendido 100 millones de libros y Furst no. Y que Follet tiene un avión privado y Furst no.

Una amiga me decía este verano que a la hora de elegir el “tocho” que se iba a “cepillar” en la playa, miraba –hojeando el volumen- el tamaño de los párrafos y la proliferación de diálogos. Cuanto más largos fueran los párrafos y menos diálogos encontrara, menos posibilidades tenía el libro de ser adquirido por mi amiga. Esto vale para mi amiga (allá ella), pero no para los críticos literarios.

Si tanto Furst como Follet escriben de la misma forma; si tienen en sus novelas los mismos objetivos (principalmente la acción y el entretenimiento) y a ellos subordinan su técnica, ¿por qué coño la crítica los trata de forma tan diferente?

Un elegante thriller literario, con ecos de Graham Greene y Le Carré, y la atmósfera de Casablanca, con París como gran escenario. Historias independientes con personajes complejos que se enfrentan al fascismo y al nazismo. (…)Así es el estilo de Alan Furst (Nueva York, 1945), escueto, ágil, indirecto, elegante. La atmósfera está maravillosamente construida con breves pero precisas pinceladas.

Jacinto Antón sobre Alan Furst (El Pais, 10 de marzo de 2007) (aquí).

 Furst cultiva la atracción de los mundos perdidos en otro tiempo y otra galaxia, en la legendaria y cinematográfica Segunda Guerra Mundial, por ejemplo. (…) El combate se extiende azarosamente de la Inglaterra bombardeada a los bosques de Ucrania, con eje en un París de colaboracionistas y fugitivos, como salido de la imaginación de Patrick Modiano y la realidad de Joseph Roth, y dibujado por un Hergé menos humorístico y más heroico-erótico de lo habitual.

Justo Navarro sobre Alan Furst (El Pais, 10 de agosto de 2007) (aquí).

 El corresponsal [novela de Furst] revela un conocimiento minucioso de los hechos históricos. Los escenarios no son un decorado, sino el marco natural de una acción que discurre con fluidez. Furst conoce su oficio. La trama es consistente, los personajes son seres humanos y no estereotipos. La novela revindica el espíritu inconformista e independiente del periodismo, que no se limita a informar, sino que se esfuerza en crear opinión. Furst está lejos de Graham Greene y del mejor John Le Carré, que convirtieron la novela de espías en un laboratorio sobre la especie humana, pero ha escrito una buena novela, bien planteada y resuelta.

Rafael Narbona sobre Furst en EL CULTURAL, 14 de diciembre de 2006. (aquí)

A Follet ya sabemos todos como lo ponen a parir día sí, día también. Pero les invito a leer la última reseña, la de Nadal Suau en EL CULTURAL (aquí). (Lo que me ha defraudado este chico, Nadal Suau).

Dice Nadal Suau:

Por desgracia, El invierno del mundo se venderá bien por pura rutina, porque no es más que un libro rutinario. (…)

 … esta aproximación desafortunada al núcleo del siglo XX ni siquiera está en condiciones de ser el best-seller-que-hay-que-conocer de la temporada.

¿Quieren saber cuál es la respuesta a la pregunta que yo planteaba antes de estos extractos de reseñas? ¿Quieren enterarse de por qué se les trata a los dos escritores de forma tan desigual? Muy sencillo; porque Follet vende muchísimo y Furst no. Solo eso. Esa es la crítica que tenemos hoy en España.

Nota: Las novelas de Ken Follet están traducidas por ANUVELA. Las de Alan Furst por Jaime Collyer (El oficial polaco) y Vicente Villacampa (Espías de los Balcanes)

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EDITORES Y PUBLICADORES

En la conversación mantenida por escritores españoles de entre 30 y 40 años a la que la revista Quimera (aquí) dedica el número de octubre, se quejan los chicos de que el editor tradicional ha desaparecido. Dicen que  el “editing”, es decir, “coger el texto y ayudar al autor a corregirlo”, es algo que ya solo hacen algunas editoriales independientes. Y citan un nombre, Constantino Bertolo, como caso raro, como el último espécimen de una raza a extinguir.

La misión de este blog es salvar la Literatura. Menos mal que estamos aquí nosotras para recordar que dos más dos son cuatro y que el editor que no edita no tiene derecho a llamarse editor.

 ¿Ven ustedes? Poco a poco, y gracias a nuestro ingente y desinteresado trabajo, estamos descubriendo quienes son todos los culpables de la porquería de literatura en castellano que hoy se publica. Como titulaba don Mario Muchnik, Lo peor no son los autores.

2+2=4. La “p” con la “a”, “pa”.

Comencemos por la primera lección, queridos alumnos. Vamos a tener que volver a los fundamentos de la profesión, a lo básico.

 ¡Usted! No se levante. Sí, usted, el de la última fila. ¿Cómo? ¿Que esta lección ya se la sabe? No, no, no puede usted salir a fumar un cigarro. Se queda donde está, escucha y aprende. Todos dicen conocer la teoría, pero luego en la práctica…

Michael Korda, (Inglaterra, 1933) fue director editorial de Simon & Schuster (una de las grandes siete editoriales americanas) y en 2000 publicó Another Life: a Memoir of Other People en Dell Publishing, New York. Este libro de memorias profesionales fue luego traducido al castellano por DEBATE en 2005.(aquí)

En la página 73, comparando la labor de editar con la de leer manuscritos, escribe Korda:

   Editar un manuscrito es, sin embargo, algo completamente diferente. Para empezar, la editorial ya es dueña del manuscrito, así que la decisión básica ya ha sido tomada. No se trata de una cuestión de esperanza, sino de preguntarse: ”¿Cómo podemos arreglar esto?”. Y, por supuesto, aunque su utilidad es menor: “¿Cómo demonios nos metimos en esto y por qué?”. Existe un elemento donjuanesco en la lectura de manuscritos: el siguiente, o el otro, puede convertirse en el amor de nuestra vida, pero editar manuscritos es el lento y esmerado intento de reparar y hacer presentable lo que ha sido muchas veces corregido. Es posible pasar horas descifrando la prosa de alguien, o tratando de decidir qué era lo que él o ella pretendían decir y buscar una manera de expresarlo sin tener que comenzar desde cero, empleando las propias palabras de uno.

   Al editar, el tiempo pierde significado. Una sola página puede absorber horas, como el crucigrama más endemoniado. (…)

Uno sabe que el error es de otro, pero a pesar de ello pasa las noches en vela con una docena de lápices en la mano,(…) Aun así, solo necesitas descifrar otras cien páginas antes de la mañana siguiente, sabiendo que nadie te lo agradecerá, que ningún milagro hará que el libro se convierta en un best seller, que nadie sabrá o le importará saber cuán desastroso era el manuscrito, que ninguno de tus colegas te reconocerá el trabajo que has logrado y que tampoco recibirás el agradecimiento del autor, que pensará que has destruido su libro o que cualquier mejora ha sido por mérito propio.

A fin de cuentas, editar libros es una profesión, no como publicar, que se asemeja más a un negocio. Alguien que publica libros, sin importar cuán bueno sea, es un hombre de negocios, pero alguien que edita libros tiene una profesión, como un médico, un abogado, un ingeniero o un maestro. Y como todas las profesiones más nobles, la edición también es un arte, si se hace bien, y un misterio. Nadie puede enseñarlo, claro está, pues se ha nacido con ese don, al igual que un cirujano nace con las manos correctas, lo que no significa que no pueda aprenderse. Existen muchos que se definen a sí mismos como editores y que no tienen la menos idea de cómo editor; algunos de ellos están en la cima, son responsables de una larga lista de best sellers, y tienen mucho poder, pero no los considero auténticos editores.

   Existen otros –Henry Simon era uno de ellos- que trabajan hasta la extenuación en cada manuscrito que llega a sus manos, poniendo de forma laboriosa tildes y comas, pero eso tampoco significa editar. Por esta razón, las editoriales contratan correctores de estilo –una especie completamente diferente-, que preparan los manuscritos para la imprenta pero nunca tienen una mesa reservada en un restaurante de lujo. Los editores de verdad no siempre conocen bien la ortografía o las reglas gramaticales, y no todos ellos ganan su sueldo merced a costosas comidas. Quienes saben de verdad de edición constituyen una curiosa combinación de animador con conocedor de historias, que saben arreglar una prosa deficiente, inventar un final dramático para una escena (en lugar del primero que se les ocurra), o mostrarse despiadados al cortar el texto. Son la clase de personas que no dudan en desafiar al autor en un intento de conseguir que el libro funcione de la mejor manera, o de la manera que supuestamente debería hacerlo, y que en ocasiones es capaz de adivinar lo que un autor intentaba hacer y mostrarle cómo hacerlo.

   Para un auténtico editor, reducir un manuscrito de setecientas páginas a cuatrocientas, inventar un nuevo título, recombinar los capítulos para darle al libro un comienzo increíble y un final sorprendente, representa un reto cotidiano, como para un cirujano una operación difícil. Los editores de verdad, si son buenos, también saben cuándo dejar las cosas como están, lo que es aún más importante. “Si está bien, no lo toques”, podría ser la primera regla de nuestro juramento si tuviéramos uno.

   Se trata, en definitiva, de un trabajo arduo y largo, poco recompensado si se compara con adquirir el libro correcto o el autor importante, ya sea por buena suerte o por astucia. Los editores de verdad son escasos y cada vez más raros. Para serlo se necesita cierta cantidad de ego, esto es, la suficiente fe en que se sabe qué funciona y la energía para hacerlo. Los mejores editores tachan, cortan, cambian y reescriben insolentemente, y lo hacen con pluma.

Unas páginas antes, en la 71, Korda cuenta una anécdota que ayuda a entender lo anterior:

 Una tarde mientras me disponía a marcharme cargado con varios manuscritos y un enorme paquete de los escritos de Durant, Henry [Korda comenzó en Simon & Schuster como ayudante de Henry Simon] me dijo que en una ocasión, muchos años atrás, se había encontrado a su hermano Dick en el ascensor, cuando ambos se iban a casa. Henry llevaba el maletín repleto de manuscritos, mientras que Dick llevaba el suyo casi vacío bajo el brazo. Dick observó la carga de Henry y sonrió. A continuación lo señaló y, remedando a un piel roja, dijo: “Tú, editar”. Después, señalando su propio maletín, añadió: “Yo, publicar”.

Pues eso, que en España hay muchos publicadores y pocos editores.

Dick Simon era uno de los dueños de Simon & Schuster y dirigía el departamento comercial. Su hermano Henry era solo un “editor” y se centraba en ensayo y clásicos.

Michael Korda

En el libro de Korda se encuentran respuestas a muchas preguntas. ¿Por qué las editoriales españolas, teniendo un mercado potencial de casi 500 millones de hispanohablantes, no consiguen tener éxito y las editoriales estadounidenses –en su mercado angloparlante- sí lo consiguen? Porque –además de lo ya apuntado y de otros motivos- para conseguir buenos resultados hacen falta editores que conozcan a fondo a sus clientes. Porque los que toman las decisiones –en España- sobre lo que se debe editar o no, están desconectados totalmente del gusto popular. Un director editorial que solo disfruta de David Foster Wallace, Gaddis y Bernhard, y que al tiempo aborrece de Dueñas, Ruiz-Zafón, Follet y Clancy, no puede contribuir a que su empresa gane dinero. Eso tenemos en España.

Michel Korda ya lo decía hace 12 años:

   Es asombroso lo mucho que puede uno aprender de alguien a quien, por lo general, no se considera una persona de éxito. En primer lugar, Henry Simon desdeñaba lo que consideraba el “gusto popular” y se despreciaba a sí mismo por sucumbir a él. En la industria editorial nada está más condenado al fracaso que un editor que intenta publicar libros “populares” sin que disfrute realmente con ellos.

Textual.

NOTA: Que nadie quiera hacerse el listo observando que en el mundo editorial anglosajón se distingue entre “Editor” y “Publisher” y en el mercado español no. Ya lo sé, pero no es aplicable en este caso.

Editar la vida, de Korda, está descatalogado y es muy difícil encontrarlo. Propongo a DEBATE que lo reedite, es necesario. Una cosa, por favor: encarguen una nueva, y mejor, traducción.

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Soledad Puertolas :»NO ME GUSTA ESTAR EN JURADOS DE PREMIOS»

Dice Soledad Puértolas que no le “gusta estar en jurados de premios”. (aquí)

 

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MARUJA TORRES Y EL E.R.E. EN EL PAÍS

Antes de que el señor Juan Luis Cebrían dé orden al señor Javier Moreno de borrar esta columna (aquí) de Maruja Torres de EL PAÍS.com de hoy, la copiamos en este blog, por lo que pueda pasar. ¡Olé tus cojones, Maruja!

Se habla mucho de lo que sufren quienes son objeto de despidos, de reajustes, de rebajas y de, en general, lo que ahora se denomina como “adecuación a las circunstancias actuales”, sutil metáfora de escabechina. Demagogia. Es fácil ponerse del lado del débil. Sin embargo, nadie se compadece de los jefes.

Son ellos, no obstante, desde los más altos lugares en la cadena de mando hasta los útiles capataces, los que, en silencio y en soledad, se encierran entre las cuarenta paredes de sus pisos de trescientos metros y lloran dolorosamente por los otros. A mí se me encoge el corazón cuando pienso en esos ejecutivos que vuelan en business o en primera —algunos, incluso, en el pavoroso aislamiento de su jet privado, propio o de alquiler—, y que no pueden hacer otra cosa, entiéndanlo bien. No pueden sino aceptar el horror que les ha tocado ejecutar, y emprenderlo con la misma responsabilidad con que, cuando se trata de sacar una media de sueldos por trabajador, y con objeto de disimular lo poco que cobran muchos, arriman sus emolumentos a la suma total, logrando así que salga una cifra presentable y decente, que legitime la carnicería ante los ciudadanos lampantes.

Esos hombres y mujeres, solitarios y heroicos, hacen lo que tienen que hacer para seguir cobrando y preservando los intereses de los accionistas: porque de ellos dependen muchas familias. La del que prepara el catering en la fiesta de cumpleaños, las de los profesores del colegio de los niños en Estados Unidos, la de esa pobre chica que les hace la manicura. Por no hablar del señor Armani ni del señor Audi, que tienen que comer.

No me digan nada de los trabajadores. Piensen en los jefes. Y en todo lo que han tenido que traicionar un día tras otro. Los pobres.

El Roto en El PAÍS (25/04/12)

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PREMIO PLANETA: EL NEGOCIO

El próximo día 15 de octubre conoceremos el nuevo ganador del premio Planeta. Hemos recibido varios mensajes preguntando si la editorial Planeta gana dinero aun entregando un premio de 100 millones de las antiguas pesetas. Vamos a intentar explicar de la forma más sencilla posible la mecánica numérica de este premio:

 “De los primeros cuatrocientos veinticinco mil (425.000) ejemplares, en el caso de la novela ganadora del Premio, y los primeros ciento veinticinco mil (125.000) ejemplares, en el caso de la finalista, vendidos en la primera o sucesivas ediciones de la obra de que se trate, los autores respectivos no devengarán por ningún concepto otra cantidad distinta del premio percibido.

Por los ejemplares vendidos por encima de los especificados en el párrafo anterior, EDITORIAL PLANETA, S. A. satisfará a los autores galardonados el diez por ciento (10%) en las ediciones tipo tapa dura o flexible y/o rústica, el seis por ciento (6%) en las ediciones de bolsillo y el cinco por ciento (5%) en las restantes modalidades.”

Estos dos párrafos están incluido en la cláusula 6ª del documento “Bases del Premio Planeta 2012” (aquí) y en ellos está la clave del negocio.

Vázquez Montalbán premiado

El premio asciende a 601.000 €. El último premio Planeta (El imperio eres tú de Javier Moro) se vende en tapa dura a 21,50 €. Dejando a un lado el asunto de los impuestos, para hacer sencillo el cálculo, y considerando que un autor cualquiera (si no tiene agente) se suele llevar un 10% del precio de venta de su libro, el cálculo es fácil.

A partir del ejemplar nº 279.535 vendido, y gracias a ese 10% que la editorial no tiene que pagar al autor según las clausulas arriba transcritas, las ventas han compensado el monto total del premio. Pero hay más: hasta los 425.000 ejemplares vendidos la editorial sigue sin pagar ese 10%, con lo que si el libro es realmente un superventas y alcanza esa segunda cifra de libros vendidos, Planeta se embolsa 312.749,75€ además de lo que le corresponde como editorial. Por supuesto que de ahí deben salir los gastos de promoción que son más altos que en un libro normal.

En resumen: para el supuesto de un libro que se va a vender a 21,50€, la editorial -con la entrega del premio- lo que hace en realidad es un adelanto al autor de los derechos del 10% correspondientes a los 279.535 primeros ejemplares a condición de que el escritor ceda a la empresa el 10% que en condiciones normales le correspondería por los sigueintes 145.465 libros vendidos. Por todo esto a un autor (por ejemplo María Dueñas) que sepa que va a vender más de 279.535 ejemplares (si, repito, el precio de venta por ejemplar es de 21,50€) no le interesa ganar el premio Planeta porque pierde dinero.

Planeta publica todo esto en su página web. Todo es transparente. No hay truco. ¿Planeta se la juega? Sí, por supuesto. Si la obra ganadora no vende lo suficiente, pierden dinero. Pero así son los negocios.

¿Es difícil llegar a esas cifras de venta? Para un best seller, no. “50 sombras de Grey” ha alcanzado ya la cifra de 650.000 en poco más 4 meses. “Misión Olvido” de María Dueñas ha superado los 100.000 ejemplares en los 40 días que lleva en las tiendas. (se publicó el 28 de agosto). El libro anterior de María Dueñas, El tiempo entre costuras, se ha colocado en la cifra de 1.400.000 ejemplares vendidos en poco más de tres años en las librerías.

Todo es tan trasparente que en las bases del concurso queda claro hasta el trabajo que tienen que realizar los miembros del jurado. ¿Leen los manuscritos o no?  Miren aquí abajo, está todo clarísimo:

“Una Comisión Lectora designada por EDITORIAL PLANETA, S. A. realizará la lectura de todas las obras admitidas a concurso, emitirá un informe de cada una de ellas y escogerá las diez que considere mejores. Esas diez obras serán sometidas a una segunda lectura e informe, que, juntamente con el primer informe referido, serán elevados al Jurado. Las decisiones del Jurado, incluido el fallo definitivo, se adoptarán por mayoría simple.”

Extraído de la cláusula 4ª del documento “Bases del Premio Planeta 2012”

Un joven Antonio Muñoz Molina con el premio en la mano

Si se fijan, los miembros del jurado leen los informes elaborados por la “Comisión Lectora” y en base a esos informes eligen un ganador. En ningún párrafo de las bases del premio dice que los miembros del jurado deban leer los manuscritos, ni siquiera el texto de la novela ganadora.

Visiten (aquí) la página del Premio Planeta es muy divertida. No se pierdan las fotos “vintage” de los 60 años de premio (aquí).

El jurado del primer premio Planeta

Si quiere más información sobre este premio puede leer lo que incluimos en este blog en noviembre de 2011 después de leer las memorias de Rafael Borrás Betriú (Barcelona 1935) que fue director editorial de Planeta entre 1974 y 1983. (aquí)

PD: ¿Quieren saber quién va a ganare el premio Planeta el próximo lunes? Un pajarito nos ha dicho que Javier Sierra. Pero, por favor, no se lo cuenten a nadie.

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SOLEDAD PUÉRTOLAS NO SABÍA LO DE LOS PREMIOS LITERARIOS: Ups, qué despiste

Diganme, señoras y señores, si no hay algo que les chirría en estas declaraciones de Soledad Puértolas. ¿Soy yo una tiquismiquis?, o a ustedes también se les hace bola y les cuesta tragar.

En la revista Qué Leer de octubre, con motivo de la reciente publicación de Mi amor en vano (Anagrama, 2012), Begoña Piña entrevista a Soledad Puértolas:

Qué Leer: Hablando de deterioros, usted acaba de volver de Barcelona, del jurado que ha decidido el polémico premio RBA. ¿Un premio más a la lista de los manipulados?

Soledad Puértolas: Me he quedado asombrada, lo he leído hoy [esta entrevista se realizó el día siguiente del fallo del jurado], no tenía ni idea. He sido la primera sorprendida.

Qué Leer: ¿Esto le hace pensar que algunas editoriales utilizan a los escritores de prestigio en los jurados para estas maniobras?

Soledad Puértolas: Me lo he preguntado algunas veces, por eso no he querido estar en algunos jurados. Pero en este caso me he quedado estupefacta, la verdad. He de decir que la novela de Michael Connelly era con diferencia la mejor, indiscutible. A mí no me gusta estar en jurados de premios, ni de Nacionales ni… Es muy comprometido siempre y te das cuenta de que hay muchas camarillas. En este caso no es así, es otro tema. Quizás hay que replantearse estos premios.

Una pregunta después:

Qué Leer: A propósito de premios, usted dice que cuando ganó el Planeta pudo, por fin, dejar de obsesionarse por buscar trabajo. ¿Qué piensa ahora de la situación de los jóvenes españoles obligados a obsesionarse con ello?

Soledad Puértolas: Lo entiendo muy bien. El trabajo es lo que te vincula de alguna manera a la sociedad, por eso para mí fue importante tener trabajo siempre. Cuando gané el Planeta, que ya había pasado por tantos trabajos, y vi que me pagaban por lo que me gustaba hacer… Nunca pensé que por aquello me pudieran dar una cantidad así. Lo que pasa ahora es un drama, no tener trabajo es un drama. Y sí, es de las cosas que más entiendo porque a mí me ha obsesionado lo de buscar trabajo, porque sin trabajo te tienes que inventar demasiado la vida. Estás en un estado de flotación que es muy difícil.

(Nota: las negritas son mías.)

Me pregunto yo a mí misma:

¿Soledad Puértolas, realmente, está en Belén con los pastores como pretende hacernos creer en su primera respuesta?

Dice que se acaba de enterar de cómo funciona el premio RBA de Novela Negra, y ¿no sabe cuál es la mecánica del Premio Planeta gracias al que se embolsó un buen dinero y se pudo quitar de “trabajar”? Soledad Puértolas ha sido jurado del Planeta varios años y lo vuelve a ser en 2012.

¿Le patina el subconsciente cuando dice eso de «sin trabajo te tienes que inventar demasiado la vida»?

Dice Soledad que leyó lo del RBA de Novela Negra al día siguiente de entregar el premio y que se quedó “estupefacta”. Me recuerda esto –salvando las diferencias, claro- a aquello acerca de un señor que se enteró por la prensa de los atentados de los GAL.

Soledad Puértolas dando premios (obsérvese la soltura)

Dice Soledad Puértolas que no le «gusta estar en jurados de premios”. A continuación relacionamos algunos de los jurados de los que ha formado parte (solo en lo que llevamos de  2012). Menos mal que no le gusta, porque si le llega a gustar…

Premio de novela histórica Alfonso X el sabio 2012 (aquí)

Concurso de relatos de RNE 2012 (Obra social de “La Caixa”) (aquí)

Premio Planeta 2012 (aquí)

Premio RBA de Novela Negra 2012 (aquí)  

Premio Narración Breve UNED 2012 (aquí)

Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2012 (aquí)

Premio Ortega y Gasset de periodismo (aquí)

Premio literario Sefarad Convivencia  (aquí)

XXI Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2012) (aquí)

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LEAN EL NÚMERO DE OCTUBRE DE LA REVISTA QUIMERA

No es coña, estoy hablando muy en serio. En su nº 347 (Oct – 2012) la revista Quimera dedica más de sesenta páginas (de un total de ochenta y cuatro) a transcribir las charlas que cinco autores españoles jóvenes- Pilar Adón, Alberto Olmos, Elvira Navarro, Álvaro Colomer y Mario Cuenca Sandoval– mantuvieron a comienzos de 2012 para debatir sobre todo lo que tiene que ver con su profesión, la de escritor. Discuten sobre los blogs, la crítica, la posteridad, la literatura de género, el prestigio, las generaciones literarias, los editores, etc… Y -lo digo yo, Margaret, “the sergeant”- resulta un debate muy interesante.

Desde esta trinchera hemos criticado a muchos de los escritores que hoy tienen entre 30 y 40 años. Como internet lo distorsiona todo, queremos dejar clara –una vez más- nuestra opinión:

Lo que NO nos gusta de los autores que llamamos “zambrapronolmos”:
1.- Su narrativa.

2.- El uso que han hecho de las redes sociales, de internet y de la informática en general para auto promocionarse y crear identidades falsas que les permitan vender como buena una literatura bastante deficiente en calidad.

3.- La teoría que algunos de ellos han elaborado sobre la nueva literatura (“ya no importan los personajes ni el argumento, solo son relevantes las ideas”) para vender como moderno lo que no es más que el fruto de su incapacidad o de su inapetencia en lo referente al esfuerzo.

Lo que SÍ nos gusta de estos escritores:

1.- Son personas muy leídas.

2.- Son muy inteligentes. Algunos, demasiado.

3.- Saben mucho de literatura. Pertenecen a la primera generación de españoles que ha hecho un uso amplio y profundo de internet y que se defiende en otros idiomas sin dificultad. Eso, además de las muchas lecturas, les ha permitido adquirir –antes que sus hermanos mayores- un vasto conocimiento sobre la literatura tanto en castellano como en otros idiomas.

4.- Como consecuencia de los tres puntos anteriores, cuando les da por escribir ensayo o artículos de opinión son bastante buenos. Un ejemplo: Alejandro Zambra y Patricio Pron, que narrando son de pena, cuando se dedican al ensayo, lo hacen bastante bien. Pron, cuando no se enrolla.

 

Por todo esto, lo que ahora  edita Quimera en forma de monográfico es una joya que no debe perderse quien quiera saber qué está ocurriendo en el mundo editorial en castellano de principios de la segunda década del siglo XXI.

Les voy a poner unos ejemplos (mis comentarios- que no sé cerrar la boca ni debajo del agua- en negrita):

1.- Mario Cuenca Sandoval y Álvaro Colomer sobre si los cambios tecnológicos afectan a la literatura en lo que a contenidos se refiere:

-MCS: Quizá no podamos elaborar un diagnóstico completo del tiempo que nos ha tocado vivir. Pero, ¿no tenéis la sensación de que las categorías con las que veníamos analizando las cosas han cambiado de repente, en unos pocos años? Como no soy sociólogo, ni historiador, no me atrevería a pontificar sobre en qué consisten esos cambios. Pero a mí me parece evidente que se está operando una transformación trascendental, a nivel tecnológico, sociológico, etc. Están cambiando nuestras categorías políticas, económicas, educativas. Está cambiando la propia naturaleza del saber al transformarse sus canales de distribución. Parece, en fin, que asistimos a un cambio de ciclo. Y creo que esa experiencia de cambio es la que lleva a muchos escritores a decir: bueno, aquí está pasando algo. Y la pregunta es: la literatura, ¿se está enterando de eso? La literatura, ¿está sabiendo tomarle el pulso a estas nuevas realidades?

-AC: Pero yo no estoy tan convencido de ese cambio tecnológico afecte al núcleo de la literatura. Creo que el contenido de las narraciones, la esencia de la literatura, sólo se ve afectado por las nuevas tecnologías en la medida en que el argumento de un relato o en que la tesis de un ensayo verse sobre las nuevas tecnologías. Otra cosa sería decir que los nuevos lectores ya no saben leer linealmente y que tenemos que empezar a escribir novelas que estén adaptadas a ese nuevo tipo de lectores. Personalmente, me importa muy poco la gente que ya no sabe leer. Esa gente no son lectores potenciales, sino espectadores de no se sabe qué. No creo que la literatura tenga que adaptarse necesariamente a ese nuevo tipo de mirada, sino todo lo contrario, tiene que preservar su estructura monolítica precisamente para diferenciarse de los otros soportes culturales y para ayudar a la gente a no perder la capacidad de producir discursos lineales. Si las novelas acaban siendo como pantallazos de ordenador, entonces la gente dejará de leer novelas para mirar pantallazos de ordenador. La literatura es como es y sólo tiene que incorporar los nuevos elementos de la vida cotidiana en el contenido, no en el continente.

Estoy con Álvaro.

2.- Elvira Navarro y Alberto Olmos sobre teoría literaria y etiquetas tipo “Nocilla”:

EN: Es que el fenómeno Nocilla ha provocado algo que no es demasiado positivo. Ha llevado a que durante algunos años, voluntaria o involuntariamente por parte de algunos de sus integrantes, de algunos críticos y de los que participaban en el debate, se sostuviera que el panorama literario español estaba polarizado entre galdosianos y fragmentarios. ¿Y qué pasaba entonces con algunos de los escritores más relevantes de las últimas décadas, como Javier Marías, Belén Gopegui o Enrique Vila-Matas? Supongo que la responsabilidad aquí viene más de parte de los medios y suplementos que sirvieron de altavoces mediáticos, donde todo se esloganizó (me acabo de inventar la palabra) al estilo de las dos Españas, que es como parece que funcionamos en este país. Aparecen entonces los hinchas y todos vociferan: ¡oh, es un realista galdosiano!, ¡oh, estos nocillos se creen que han inventado la pólvora! Así es como acaban la mayor parte de estos debates, insultando y generando etiquetas que todo el mundo teme que le apliquen. Etiquetas banales y mezquinas que simplemente caricaturizan. Lo peor es que somos muchas veces los propios escritores quienes actuamos como cómplices de esa caricatura, sin darnos cuenta de que estamos empobreciendo lo que tenemos. De que generamos prejuicios que luego nos impiden leer con generosidad, amplitud de miras y libertad.

-AO: Desde hace un tiempo, yo tengo la sensación de que hay un exceso de presencia teórica en el mundo literario. Es como si saber mucha teoría fuera un aval para un escritor. Ya dijo Javier Marías en los años noventa que cualquier escritor de hoy sabía más de teoría literaria que Cervantes, pero que ninguno había conseguido escribir El Quijote.

Nada que objetar. Pero, que se apliquen el cuento.

3.- Pilar Adón sobre los lenguajes de la literatura y el cine:

-PA: Desde luego, los lenguajes de la literatura y el cine son distintos, por mucho que se permeen entre ellos. Creo que la palabra trasciende, está cargada de más significado. El placer que nos produce un libro depende del ritmo, del discurso, de la inteligencia del autor, pero también de un subtexto que hace que el mensaje sea más rico. Las palabras son capaces de sugerir conceptos que la imagen no podría plasmar, por muy perfecta que esta sea. Ese es un triunfo de la modernidad, cuando la palabra deja de describir lo evidente para adentrarse en el alma, en lo más íntimo del personaje. Ahí tenéis el monólogo interior, algo que sería inimaginable en las novelas de Walter Scott, pero que es básico en las de Virginia Woolf o en las de Joyce. Cierto lenguaje literario de alto nivel es imposible de trasladar a imágenes. Todo ese ejercicio de interiorización aparece en pocas películas, y, de aparecer, en casi todos los casos lo hace de manera imperfecta, resultando en algo meramente formal y muchas veces artificioso.

Perfecto, Pilar, perfecto. Ni yo misma lo hubiera dicho mejor.

4.- Álvaro Colomer sobre crítica literaria:

 AC: Hace poco entrevisté a Nuria Amat y, hablando sobre este tema, me dijo: «Preguntarle a un escritor qué opina sobre los críticos literarios es lo mismo que preguntar a una farola que opina sobre los perros». Esa pérdida de miedo al crítico, esa burla pública al crítico, indica su pérdida de peso. Los escritores saben que la literatura ya se difunde por otros canales que no son los del periodismo especializado, así que se encogen de hombros cuando un crítico habla mal de sus libros. Saben que una crítica negativa no afectará a las ventas. El problema es que los otros canales de difusión de la literatura no suelen ser honrados o carecen de criterio, y exigen a sus periodistas que se adapten a los intereses del canal, no de la literatura. Esos periodistas acaban convertidos en lo que Ciryl Conolly llamaba indígenas, esto es, críticos que en principio eran honrados pero que, al final, tuvieron que adaptarse a los deseos del mercado editorial. Las editoriales guían a los críticos no especializados y por eso tienes un montón de revistas que hablan bien de libros que no valen absolutamente nada.

Amén

5.- Elvira Navarro sobre crítica y Nocilla:

-EN: Habría que añadir a esta pérdida de un criterio rector por parte de la crítica el hecho de que el fenómeno Nocilla hizo que ciertos críticos que tenían muy clara su vara de medir la modificaran. Esto es en general bueno, porque implica una mayor amplitud de miras. Sin embargo, en algunos casos me da la impresión de que el cambio sólo ha generado cierto caos, un querer apuntarse al carro como sea, pero sin una verdadera convicción. Algunos quieren demostrar que también son modernos, pero da la impresión de que no saben cómo.

6.- Pilar Adón sobre ventas de libros en castellano:

PA: Las ventas medias de un libro en España están en unos ochocientos ejemplares por título. Y de un tiempo a esta parte (habrá que buscar las razones), publicar a autores en castellano es poco o nada rentable para las editoriales. Esto es, los gustos del público actualmente van por otros derroteros. Y no creo que sea por la crisis, porque la venta de libros, hasta hace apenas dos años, se había mantenido. Igual que en los ochenta y principios de los noventa los rankings de ventas los lideraban autores españoles (Rosa Montero, Juan José Millás, y similares), y que la presencia en librerías de autores españoles, en conjunto, era potentísima, de diez años a esta parte el negocio de publicar a autores literarios españoles directamente no funciona. La gran editorial literaria en castellano que es Anagrama sigue apostando en su catálogo por escritores españoles, pero el grueso de sus ventas recae en autores como Auster o Houellebecq. ¿Eso significa que la literatura española ha bajado de nivel? En absoluto. Solamente que los gustos del público van por otro lado.

¿Y no será, Pilar, que los que tenían que sustituir a Rosa Montero y Juan José Millás escriben muy mal y por eso el lector compra otras cosas? ¿No crees que un lector español prefiere leer a un escritor local porque con él conecta más y mejor, como lo hicimos hace 15 años con Montero y Millas? Pero, claro, para eso hay que escribir bien. El público no es tonto.

7.- Elvira Navarro, Álvaro Colomer y Alberto Olmos sobre escritores que “hacen el mono” en los medios de comunicación:

-EN: El otro día me convocaron para salir en un reportaje en El País Semanal. Eran fotografías en 3D. Nos llamaron a representantes de distintas áreas. Al llegar allí, me maquillaron, me peinaron y me vistieron de Chanel.

-AC: Es que hay una imagen de escritor, una imagen que la gente quiere ver. Es lo que tiene sacar tus novelas en determinadas editoriales. Sabes que, a partir del momento en el que firmas un contrato con una gran editorial, te van a pedir que hagas el mono. Otra cosa es que lo aceptes.

-AO: No estoy de acuerdo. En ninguna de las editoriales en las que he publicado me han pedido que haga otra cosa aparte de contestar entrevistas.

-AC: Por supuesto que nadie te lo pide, pero ¿qué ocurre si te llaman de un dominical para salir en la portada vestido de Chanel y tú dices que no? Cuando tu editorial se entere de que has rechazado una promoción como esa, pensará que eres un autor que no se esfuerza por promocionar sus libros. Quizá no te digan nada, puede que incluso admiren tu integridad, pero el departamento de prensa de la editorial puede arrinconarte para las siguientes promociones. En mi faceta de periodista, yo hablo mucho con los responsables de prensa de las editoriales, y soy perfectamente capaz de detectar el interés o desinterés que un departamento de prensa muestra a la hora de promocionar a un autor. Eso se huele a la legua, aunque, lógicamente, el único que no huele nada es el autor.

-EN: Yo acepté salir en la foto por mi propia cuenta, no porque la editorial me insinuara nada. Pero, de todas formas, una vez que te pones en manos de los medios no puedes controlar tu imagen. Tampoco puedes controlar tus palabras. En muchas entrevistas me han hecho decir cosas que yo no he dicho.

Sin comentarios.

8.- Álvaro Colomer y Alberto Olmos sobre editores:

-AC: (…)ya no existe eso de la fidelidad de un escritor a un editor, porque, como los editores son despedidos y cambiados con una facilidad asombrosa, resulta absurdo ser fiel a un editor y mucho menos a una editorial. El concepto de editor tradicional, esto es, el editor que está al lado del autor y que siempre está ahí para lo que necesites, ha desaparecido. Ahora los editores van de un lado a otro, cambian de editorial, y tienen que rendir cuentas a unos ejecutivos que no miran la calidad de las obras, sino el rendimiento económico de las mismas. El editor tradicional, como ya dijo Vila-Matas en ‘Dublinesas’, ha desaparecido.

AC: (…) El único editor independiente, el único editor realmente independiente, es José Manuel Lara, que tiene pasta para hacer lo que le dé la santísima gana. Eso es independencia y lo demás tonterías.

AO: (…)De todas formas, lo que realmente diferencia a un editor independiente es el editing, es decir, coger el texto y ayudar al autor a corregirlo. Aun así, a lo mejor el editing es un mito, porque a mí nadie me ha corregido jamás nada. Me han sugerido cambiar alguna coma, pero nadie me ha dado consejos para mejorar a un personaje o me ha sugerido cambios importantes en la estructura del libro.

Ya entiendo lo tuyo, Alberto.

9.- Alberto Olmos sobre….Alberto Olmos:

-AO: Creo que los autores se mueven entre dos vanidades; una es vender y ganar premios con una dotación económica elevada, y la otra es recibir un reconocimiento cada vez mayor de sus coetáneos más cualificados: escritores, críticos, editores. En un principio, yo creo que los autores más ambiciosos no quieren precisamente ganar dinero, sino alcanzar eso que se llamaba gloria literaria, esto es, ser Kafka o Camus o Cela. Coincido con lo que dice Enrique Vila-Matas, por mucho que suene exagerado: que no es un auténtico escritor aquel que no aspira a hacer una obra maestra.

A wamba buluba balam bambú

Sobre lo que opinan estos cinco escritores de los blogs literarios, a lo que dedican 4 o 5 páginas, no voy a destacar nada. No quiero polemizar.

Ya sé que es muy temprano, pero me voy a poner un gintonic, me lo merezco.

ÚLTIMA HORA: ¡¡¡¡SUPER NOTICIÓN QUE TE CAGAS!!!!

Son las 17:15h del día 9/10/12.»El Pistolas», nuestro hombre en Estocolmo, nos acaba de llamar -a cobro revertido, claro- para darnos el nombre del próximo ganador del premio Nobel de Literatura 2012. Nos dice que le ha costado meterse en la cama con uno de los miembros de la academia sueca, que era un poco «bujarrón», como él dice, pero que entre besito y toqueteo le ha «sonsacado» el nombre.

Según «El pistolas», el nuevo premio Nobel de literatura -que se anuncia pasado mañana- es AMOS OZ, el escritor israelí. Aplaudimos la decisión del jurado en caso de que nuestro hombre no nos haya engañado.

Aprovechamos para mandar un mensaje a «El pitolas»:

José, como sea mentira esto que nos has contado, mejor que no vuelvas. Te quedas allí encamado con el académico. Porque dice la Margaret que si se la has vuelto a meter, te corta los cataplines y los pasa por la turmix.

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