No es coña, estoy hablando muy en serio. En su nº 347 (Oct – 2012) la revista Quimera dedica más de sesenta páginas (de un total de ochenta y cuatro) a transcribir las charlas que cinco autores españoles jóvenes- Pilar Adón, Alberto Olmos, Elvira Navarro, Álvaro Colomer y Mario Cuenca Sandoval– mantuvieron a comienzos de 2012 para debatir sobre todo lo que tiene que ver con su profesión, la de escritor. Discuten sobre los blogs, la crítica, la posteridad, la literatura de género, el prestigio, las generaciones literarias, los editores, etc… Y -lo digo yo, Margaret, “the sergeant”- resulta un debate muy interesante.
Desde esta trinchera hemos criticado a muchos de los escritores que hoy tienen entre 30 y 40 años. Como internet lo distorsiona todo, queremos dejar clara –una vez más- nuestra opinión:
Lo que NO nos gusta de los autores que llamamos “zambrapronolmos”:
1.- Su narrativa.
2.- El uso que han hecho de las redes sociales, de internet y de la informática en general para auto promocionarse y crear identidades falsas que les permitan vender como buena una literatura bastante deficiente en calidad.
3.- La teoría que algunos de ellos han elaborado sobre la nueva literatura (“ya no importan los personajes ni el argumento, solo son relevantes las ideas”) para vender como moderno lo que no es más que el fruto de su incapacidad o de su inapetencia en lo referente al esfuerzo.
Lo que SÍ nos gusta de estos escritores:
1.- Son personas muy leídas.
2.- Son muy inteligentes. Algunos, demasiado.
3.- Saben mucho de literatura. Pertenecen a la primera generación de españoles que ha hecho un uso amplio y profundo de internet y que se defiende en otros idiomas sin dificultad. Eso, además de las muchas lecturas, les ha permitido adquirir –antes que sus hermanos mayores- un vasto conocimiento sobre la literatura tanto en castellano como en otros idiomas.
4.- Como consecuencia de los tres puntos anteriores, cuando les da por escribir ensayo o artículos de opinión son bastante buenos. Un ejemplo: Alejandro Zambra y Patricio Pron, que narrando son de pena, cuando se dedican al ensayo, lo hacen bastante bien. Pron, cuando no se enrolla.
Por todo esto, lo que ahora edita Quimera en forma de monográfico es una joya que no debe perderse quien quiera saber qué está ocurriendo en el mundo editorial en castellano de principios de la segunda década del siglo XXI.
Les voy a poner unos ejemplos (mis comentarios- que no sé cerrar la boca ni debajo del agua- en negrita):
1.- Mario Cuenca Sandoval y Álvaro Colomer sobre si los cambios tecnológicos afectan a la literatura en lo que a contenidos se refiere:
-MCS: Quizá no podamos elaborar un diagnóstico completo del tiempo que nos ha tocado vivir. Pero, ¿no tenéis la sensación de que las categorías con las que veníamos analizando las cosas han cambiado de repente, en unos pocos años? Como no soy sociólogo, ni historiador, no me atrevería a pontificar sobre en qué consisten esos cambios. Pero a mí me parece evidente que se está operando una transformación trascendental, a nivel tecnológico, sociológico, etc. Están cambiando nuestras categorías políticas, económicas, educativas. Está cambiando la propia naturaleza del saber al transformarse sus canales de distribución. Parece, en fin, que asistimos a un cambio de ciclo. Y creo que esa experiencia de cambio es la que lleva a muchos escritores a decir: bueno, aquí está pasando algo. Y la pregunta es: la literatura, ¿se está enterando de eso? La literatura, ¿está sabiendo tomarle el pulso a estas nuevas realidades?
-AC: Pero yo no estoy tan convencido de ese cambio tecnológico afecte al núcleo de la literatura. Creo que el contenido de las narraciones, la esencia de la literatura, sólo se ve afectado por las nuevas tecnologías en la medida en que el argumento de un relato o en que la tesis de un ensayo verse sobre las nuevas tecnologías. Otra cosa sería decir que los nuevos lectores ya no saben leer linealmente y que tenemos que empezar a escribir novelas que estén adaptadas a ese nuevo tipo de lectores. Personalmente, me importa muy poco la gente que ya no sabe leer. Esa gente no son lectores potenciales, sino espectadores de no se sabe qué. No creo que la literatura tenga que adaptarse necesariamente a ese nuevo tipo de mirada, sino todo lo contrario, tiene que preservar su estructura monolítica precisamente para diferenciarse de los otros soportes culturales y para ayudar a la gente a no perder la capacidad de producir discursos lineales. Si las novelas acaban siendo como pantallazos de ordenador, entonces la gente dejará de leer novelas para mirar pantallazos de ordenador. La literatura es como es y sólo tiene que incorporar los nuevos elementos de la vida cotidiana en el contenido, no en el continente.
Estoy con Álvaro.
2.- Elvira Navarro y Alberto Olmos sobre teoría literaria y etiquetas tipo “Nocilla”:
EN: Es que el fenómeno Nocilla ha provocado algo que no es demasiado positivo. Ha llevado a que durante algunos años, voluntaria o involuntariamente por parte de algunos de sus integrantes, de algunos críticos y de los que participaban en el debate, se sostuviera que el panorama literario español estaba polarizado entre galdosianos y fragmentarios. ¿Y qué pasaba entonces con algunos de los escritores más relevantes de las últimas décadas, como Javier Marías, Belén Gopegui o Enrique Vila-Matas? Supongo que la responsabilidad aquí viene más de parte de los medios y suplementos que sirvieron de altavoces mediáticos, donde todo se esloganizó (me acabo de inventar la palabra) al estilo de las dos Españas, que es como parece que funcionamos en este país. Aparecen entonces los hinchas y todos vociferan: ¡oh, es un realista galdosiano!, ¡oh, estos nocillos se creen que han inventado la pólvora! Así es como acaban la mayor parte de estos debates, insultando y generando etiquetas que todo el mundo teme que le apliquen. Etiquetas banales y mezquinas que simplemente caricaturizan. Lo peor es que somos muchas veces los propios escritores quienes actuamos como cómplices de esa caricatura, sin darnos cuenta de que estamos empobreciendo lo que tenemos. De que generamos prejuicios que luego nos impiden leer con generosidad, amplitud de miras y libertad.
-AO: Desde hace un tiempo, yo tengo la sensación de que hay un exceso de presencia teórica en el mundo literario. Es como si saber mucha teoría fuera un aval para un escritor. Ya dijo Javier Marías en los años noventa que cualquier escritor de hoy sabía más de teoría literaria que Cervantes, pero que ninguno había conseguido escribir El Quijote.
Nada que objetar. Pero, que se apliquen el cuento.
3.- Pilar Adón sobre los lenguajes de la literatura y el cine:
-PA: Desde luego, los lenguajes de la literatura y el cine son distintos, por mucho que se permeen entre ellos. Creo que la palabra trasciende, está cargada de más significado. El placer que nos produce un libro depende del ritmo, del discurso, de la inteligencia del autor, pero también de un subtexto que hace que el mensaje sea más rico. Las palabras son capaces de sugerir conceptos que la imagen no podría plasmar, por muy perfecta que esta sea. Ese es un triunfo de la modernidad, cuando la palabra deja de describir lo evidente para adentrarse en el alma, en lo más íntimo del personaje. Ahí tenéis el monólogo interior, algo que sería inimaginable en las novelas de Walter Scott, pero que es básico en las de Virginia Woolf o en las de Joyce. Cierto lenguaje literario de alto nivel es imposible de trasladar a imágenes. Todo ese ejercicio de interiorización aparece en pocas películas, y, de aparecer, en casi todos los casos lo hace de manera imperfecta, resultando en algo meramente formal y muchas veces artificioso.
Perfecto, Pilar, perfecto. Ni yo misma lo hubiera dicho mejor.
4.- Álvaro Colomer sobre crítica literaria:
AC: Hace poco entrevisté a Nuria Amat y, hablando sobre este tema, me dijo: «Preguntarle a un escritor qué opina sobre los críticos literarios es lo mismo que preguntar a una farola que opina sobre los perros». Esa pérdida de miedo al crítico, esa burla pública al crítico, indica su pérdida de peso. Los escritores saben que la literatura ya se difunde por otros canales que no son los del periodismo especializado, así que se encogen de hombros cuando un crítico habla mal de sus libros. Saben que una crítica negativa no afectará a las ventas. El problema es que los otros canales de difusión de la literatura no suelen ser honrados o carecen de criterio, y exigen a sus periodistas que se adapten a los intereses del canal, no de la literatura. Esos periodistas acaban convertidos en lo que Ciryl Conolly llamaba indígenas, esto es, críticos que en principio eran honrados pero que, al final, tuvieron que adaptarse a los deseos del mercado editorial. Las editoriales guían a los críticos no especializados y por eso tienes un montón de revistas que hablan bien de libros que no valen absolutamente nada.
Amén

5.- Elvira Navarro sobre crítica y Nocilla:
-EN: Habría que añadir a esta pérdida de un criterio rector por parte de la crítica el hecho de que el fenómeno Nocilla hizo que ciertos críticos que tenían muy clara su vara de medir la modificaran. Esto es en general bueno, porque implica una mayor amplitud de miras. Sin embargo, en algunos casos me da la impresión de que el cambio sólo ha generado cierto caos, un querer apuntarse al carro como sea, pero sin una verdadera convicción. Algunos quieren demostrar que también son modernos, pero da la impresión de que no saben cómo.
6.- Pilar Adón sobre ventas de libros en castellano:
PA: Las ventas medias de un libro en España están en unos ochocientos ejemplares por título. Y de un tiempo a esta parte (habrá que buscar las razones), publicar a autores en castellano es poco o nada rentable para las editoriales. Esto es, los gustos del público actualmente van por otros derroteros. Y no creo que sea por la crisis, porque la venta de libros, hasta hace apenas dos años, se había mantenido. Igual que en los ochenta y principios de los noventa los rankings de ventas los lideraban autores españoles (Rosa Montero, Juan José Millás, y similares), y que la presencia en librerías de autores españoles, en conjunto, era potentísima, de diez años a esta parte el negocio de publicar a autores literarios españoles directamente no funciona. La gran editorial literaria en castellano que es Anagrama sigue apostando en su catálogo por escritores españoles, pero el grueso de sus ventas recae en autores como Auster o Houellebecq. ¿Eso significa que la literatura española ha bajado de nivel? En absoluto. Solamente que los gustos del público van por otro lado.
¿Y no será, Pilar, que los que tenían que sustituir a Rosa Montero y Juan José Millás escriben muy mal y por eso el lector compra otras cosas? ¿No crees que un lector español prefiere leer a un escritor local porque con él conecta más y mejor, como lo hicimos hace 15 años con Montero y Millas? Pero, claro, para eso hay que escribir bien. El público no es tonto.
7.- Elvira Navarro, Álvaro Colomer y Alberto Olmos sobre escritores que “hacen el mono” en los medios de comunicación:
-EN: El otro día me convocaron para salir en un reportaje en El País Semanal. Eran fotografías en 3D. Nos llamaron a representantes de distintas áreas. Al llegar allí, me maquillaron, me peinaron y me vistieron de Chanel.
-AC: Es que hay una imagen de escritor, una imagen que la gente quiere ver. Es lo que tiene sacar tus novelas en determinadas editoriales. Sabes que, a partir del momento en el que firmas un contrato con una gran editorial, te van a pedir que hagas el mono. Otra cosa es que lo aceptes.
-AO: No estoy de acuerdo. En ninguna de las editoriales en las que he publicado me han pedido que haga otra cosa aparte de contestar entrevistas.
-AC: Por supuesto que nadie te lo pide, pero ¿qué ocurre si te llaman de un dominical para salir en la portada vestido de Chanel y tú dices que no? Cuando tu editorial se entere de que has rechazado una promoción como esa, pensará que eres un autor que no se esfuerza por promocionar sus libros. Quizá no te digan nada, puede que incluso admiren tu integridad, pero el departamento de prensa de la editorial puede arrinconarte para las siguientes promociones. En mi faceta de periodista, yo hablo mucho con los responsables de prensa de las editoriales, y soy perfectamente capaz de detectar el interés o desinterés que un departamento de prensa muestra a la hora de promocionar a un autor. Eso se huele a la legua, aunque, lógicamente, el único que no huele nada es el autor.
-EN: Yo acepté salir en la foto por mi propia cuenta, no porque la editorial me insinuara nada. Pero, de todas formas, una vez que te pones en manos de los medios no puedes controlar tu imagen. Tampoco puedes controlar tus palabras. En muchas entrevistas me han hecho decir cosas que yo no he dicho.
Sin comentarios.
8.- Álvaro Colomer y Alberto Olmos sobre editores:
-AC: (…)ya no existe eso de la fidelidad de un escritor a un editor, porque, como los editores son despedidos y cambiados con una facilidad asombrosa, resulta absurdo ser fiel a un editor y mucho menos a una editorial. El concepto de editor tradicional, esto es, el editor que está al lado del autor y que siempre está ahí para lo que necesites, ha desaparecido. Ahora los editores van de un lado a otro, cambian de editorial, y tienen que rendir cuentas a unos ejecutivos que no miran la calidad de las obras, sino el rendimiento económico de las mismas. El editor tradicional, como ya dijo Vila-Matas en ‘Dublinesas’, ha desaparecido.
–AC: (…) El único editor independiente, el único editor realmente independiente, es José Manuel Lara, que tiene pasta para hacer lo que le dé la santísima gana. Eso es independencia y lo demás tonterías.
–AO: (…)De todas formas, lo que realmente diferencia a un editor independiente es el editing, es decir, coger el texto y ayudar al autor a corregirlo. Aun así, a lo mejor el editing es un mito, porque a mí nadie me ha corregido jamás nada. Me han sugerido cambiar alguna coma, pero nadie me ha dado consejos para mejorar a un personaje o me ha sugerido cambios importantes en la estructura del libro.
Ya entiendo lo tuyo, Alberto.
9.- Alberto Olmos sobre….Alberto Olmos:
-AO: Creo que los autores se mueven entre dos vanidades; una es vender y ganar premios con una dotación económica elevada, y la otra es recibir un reconocimiento cada vez mayor de sus coetáneos más cualificados: escritores, críticos, editores. En un principio, yo creo que los autores más ambiciosos no quieren precisamente ganar dinero, sino alcanzar eso que se llamaba gloria literaria, esto es, ser Kafka o Camus o Cela. Coincido con lo que dice Enrique Vila-Matas, por mucho que suene exagerado: que no es un auténtico escritor aquel que no aspira a hacer una obra maestra.
A wamba buluba balam bambú
Sobre lo que opinan estos cinco escritores de los blogs literarios, a lo que dedican 4 o 5 páginas, no voy a destacar nada. No quiero polemizar.
Ya sé que es muy temprano, pero me voy a poner un gintonic, me lo merezco.
ÚLTIMA HORA: ¡¡¡¡SUPER NOTICIÓN QUE TE CAGAS!!!!
Son las 17:15h del día 9/10/12.»El Pistolas», nuestro hombre en Estocolmo, nos acaba de llamar -a cobro revertido, claro- para darnos el nombre del próximo ganador del premio Nobel de Literatura 2012. Nos dice que le ha costado meterse en la cama con uno de los miembros de la academia sueca, que era un poco «bujarrón», como él dice, pero que entre besito y toqueteo le ha «sonsacado» el nombre.
Según «El pistolas», el nuevo premio Nobel de literatura -que se anuncia pasado mañana- es AMOS OZ, el escritor israelí. Aplaudimos la decisión del jurado en caso de que nuestro hombre no nos haya engañado.
Aprovechamos para mandar un mensaje a «El pitolas»:
José, como sea mentira esto que nos has contado, mejor que no vuelvas. Te quedas allí encamado con el académico. Porque dice la Margaret que si se la has vuelto a meter, te corta los cataplines y los pasa por la turmix.