ESTADO DE LA CRÍTICA LITERARIA EN ESPAÑA. Capítulo XXVIII

En los periódicos españoles nunca se habla mal de un escritor. Nuestros periodistas culturales y críticos literarios son en general  tan buenos que se han ganado el cielo. La madre Teresa de Calcuta es una “serial killer” al lado de Care Santos, Borja Hermoso, Ricardo Senabre, o Santos Sanz-Villanueva, por poner ejemplos en los que se personifica la bondad más refinada.

Pero hay excepciones. Hay dos situaciones concretas en las que sí podemos leer palabras duras contra un escritor en la prensa diaria.

 1.- Que el escritor se signifique políticamente.

En ese caso, los periódicos del otro bando político lo pondrán a parir, pero los del bando propio, claro, lo defenderán:

Ejemplos

Fernando Sánchez Dragó: en EL PAÍS lo ponen a parir (aquí) y en EL MUNDO lo ensalzan (aquí).

Cesar Vidal: en EL PAÍS y PÚBLICO lo vituperan (aquí y aquí) y en EL MUNDO lo elogian (aquí)  

Juan Manuel de Prada: en EL PAÍS se ceban con él (aquí) y en EL MUNDO lo llaman “excelente prosista” (aquí)

Manuel Vicent y su libro “Cuerpos sucesivos” eran maravillosos en EL PAÍS (aquí) y mismo autor y libro – a juicio de Senabre- no eran tan buenos en EL MUNDO (aquí).

2.- Que el escritor la líe parda.

Ejemplos

Ana Rosa Quintana: criticada en todos los medios (aquí y aquí), aunque Care Santos, tan buena ella y, por lo tanto, siempre incapaz de pensar mal de nadie y menos de una compañera, publicó en el año 2000 esta simpática reseña en EL CULTURAL  de Sabor a Hiel, ese libro. (aquí). Para una antología de la crítica literaria en castellano, cuando menos.

Eugenia Rico: criticada en EL MUNDO (aquí) pero, curioso, elogiada en EL PAÍS (aquí) después de conocerse todo el pastel. Hay que explicar –para la posteridad- que Rico publica habitualmente en SUMA, editorial del grupo PRISA, dueño de EL PAÍS.

 

Pero no hemos terminado: hay un caso muy extraño que podíamos calificar de excepción a las excepciones. Vicente Luis Mora últimamente cosecha malas críticas de un bando y de otro. EL PAÍS (aquí) y EL MUNDO, El Cultural, hoy (aquí). En papel y en digital (aquí). Que nosotras sepamos, Vicente Luis no la ha liado parda. ¿Por qué entonces se critica tanto a este chico?

Esto es lo que hay.

Seguiremos informando.

P.D. No se pierdan la crítica (hoy en EL CULTURAL) de  Martín López-Vega, titulada “Contra la mediocridad”, sobre Vicente Luis Mora. De nuevo: (aquí). A ver si esto empieza a cambiar, hombre.

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UN NUEVO “FAKE” DEL THE NEW YORK TIMES

   La decisión de la fiscalía fue el punto de partida para Malak, quien en solo una semana cambió por completo el aspecto de la habitación. Cerró la puerta que comunicaba con la azotea y abrió otra gran puerta que daba al patio interior donde colocó un gran letrero de plástico en el que escribió con grandes caracteres árabes y  latinos: “CAMISAS MALAK”. En el interior dispuso una gran mesa de trabajo y varios sillones para que los clientes esperasen. En la pared colgó una imagen de la Virgen María y una copia de un artículo en inglés de The New York Times titulado: “Malak Khila, el gran sastre egipcio”, en el cual un periodista americano relataba a toda página las habilidades del maestro Malak en el corte y confección de camisas. En el centro del artículo había una gran foto suya con el metro al cuello, completamente absorto en el corte de un retal de tela, aparentando no darse cuenta de que estaba  siendo fotografiado.

   Cuando le preguntaban por este artículo, Malak contaba que un extranjero, que más adelante resultaría ser corresponsal de The New York Times en El Cairo, llegó un día interesado en arreglar unas camisas. Al día siguiente Malak se sorprendió al verle llegar otra vez con unos fotógrafos extranjeros que le hicieron ese reportaje, debido a que estaban maravillados por sus habilidades como sastre. Contaba esta historia con toda naturalidad y lanzaba una mirada furtiva a quien le escuchaba. Si veía en su rostro indicios de duda cambiaba rápidamente el tema de la conversación, como si no hubiese dicho nada. Sin embargo, si parecía creerle, proseguía, afirmando que el extranjero le había rogado que le acompañase a América para trabajar de sastre allí con el sueldo que él quisiese. Sin embargo, por supuesto, había rechazado esta proposición porque él odiaba la vida en occidente. Malak terminaba su relato diciendo  con orgullo y convencimiento:

–          Ya se sabe, los países extranjeros andan buscando sastres hábiles.

   Pero la verdad de toda esta historia era que en la plaza de Ataba había un fotógrafo llamado Basiuni que montaba artículos alabando las habilidades de cualquiera en un periódico a elección del cliente, por diez libras en un periódico árabe o por veinte en uno extranjero. Solo necesitaba el nombre del periódico y una foto del cliente. Tenía preparados textos en los que el redactor hablaba de una maravilla oculta que había encontrado en las calles de El Cairo, ya se tratara del taller del genial sastre Fulanito o del grandioso restaurante de Kebab de Menganito. Basiuni juntaba todo esto con precisión en su máquina fotocopiadora y obtenía una copia que parecía sacada del periódico.

El texto que acaban de leer aparece en las páginas 110 y 111 de la edición de bolsillo (MAEVA, 2008) de El edificio Yacobián de Alaa Al Aswany. Malak, el sastre, es uno del los inquilinos del edificio que da título a esta  magnífica novela.

La realidad -la muy puñetera- supera, una vez más, a la ficción.

Les dejo, perdónenme, y me marcho corriendo a arreglarme, que esta tarde salgo de penitente en la procesión. Ofreceré mi sacrificio por los pecados de los escritores españoles y por la salvación de la literatura. Ah, y por las focas del ártico.

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EN DEFENSA DE JONATHAN FRANZEN y del realismo «lírico»

Publica Jorge Carrión -el martes (2/04/12) pasado- un artículo en Revista Ñ del periódico argentino Clarín y se hace eco Ivan Thays (un caso interesante de autor más conocido por su blog que por sus libros) aquí para darle la razón.  Lo titula Los modos de la libertad (aquí), y en su tesis denuncia que las novelas realistas son incapaces de describir el mundo de hoy. Para ello elige  la novela de Jonathan Franzen, Libertad (mala, según Carrión), y la compara con El mapa y el territorio de Houellebecq, 2666 de Bolaño y Verano de Coetzee (buenas, según Carrión).

Un inciso: Jorge Carrión –dice su wikipedia- es un escritor español vinculado al afterpop. Lo digo por si prefieren dejar de leer esto y ver las procesiones de semana santa.

-Margaret: ¿Qué es el afterpop?

-Muy sencillo, Daphne. ¿Te acuerdas de la chica yeyé de Concha Velasco? Pues tres cuartos de lo mismo.

Como soy consciente de que en el mundillo literario en castellano nadie va a ponerse del lado de Franzen y del realismo, porque hoy lo políticamente correcto es decir que Foster Wallace es dios y Pynchon su profeta, yo, que me ha tocado quedarme de guardia en el cuartel y estoy aburrida, voy a decir unas cuantas cosas.

Acaba -como conclusión- afirmando Carrión en su artículo:

Por eso el realismo decimonónico o realismo lírico sigue conectando con la parte del cerebro del lector que inyecta tranquilidad en la conciencia, que apacigua la aceleración, que neutraliza el exceso de estímulos y de informaciones que caracteriza nuestras vidas. Porque supone una narrativa con absoluta capacidad de adaptación al medio, que muta ligeramente, asimilando las mutaciones que ya fueron anticipadas por novelas innovadoras cuando han sido consensuadas, asumidas, domesticadas; pero que ante todo hace sobrevivir la vieja idea de que la realidad puede ser leída como un fenómeno centrífugo. Como algo con centro, ordenado, jerárquico. Smith habla de ello mediante dos acertadas preguntas retóricas: “¿Es realmente el modelo más cercano a nuestra condición que tenemos? ¿O simplemente es el cuento que más nos reconforta a la hora de irnos a dormir?”.

(…)

La función del centro de la novela (Libertad) es bajar la voz, tranquilizarnos, acunarnos, desearnos dulces sueños.

Carrión, para llegar ahí, hace trampas.

Primera trampa:

Bien al principio escribe Carrión:

Durante casi setecientas páginas ese triángulo amoroso actúa como motor íntimo de un relato cuya ambición, no obstante, es menos la de explorar la psicología de unos personajes aquejados por la depresión, la necesidad de negociar sus valores personales o la vocación truncada, que la de crear un gran mural histórico de los Estados Unidos en el cambio de siglo. Sus mutaciones culturales, sociales y políticas.

Está Carrión suponiendo (se lee entre lineas) que Franzen lo que quiere es escribir la dichosa (ya estoy harta) GRAN NOVELA AMERICANA. No es cierto. Franzen describe muy bien las dudas y las zozobras de los miembros de una familia. Se adentra como pocos en la psicología de sus personajes y nos inquieta como lectores. También cuenta cómo han cambiado los Estados Unidos, claro, pero todos los datos que ofrece están al servicio de la construcción de los personajes y no al revés.

Segunda trampa:

Escribe Carrión a continuación:

Franzen asume una anacrónica fe en la capacidad del lenguaje para representar el mundo. Sin embargo, la duda está demasiado arraigada en nuestro cerebro lector como para que no aparezca, una y otra vez, con tesón paranoico. Escribir hoy en clave realista es hacerlo con conciencia de Matrix: la máscara del realismo sufre interferencias y por esas ranuras de píxeles asoman las ruinas del propio realismo. Franzen construye su artefacto a sabiendas de esa dificultad: durante casi setecientas páginas tiene que sostener el sentido de la maravilla verosímil, la suspensión del juicio lector.

Da a entender Carrión que Franzen nos engaña a sabiendas. Falso. ¿Foster Wallace o Pynchon consiguen representar mejor el mundo que Franzen? ¡Vamos, hombre! Franzen tiene el valor de seguir luchando. Franzen no ha tirado la toalla como han hecho otros escritores a los que hoy se elogia como los más modernos del barrio. Seguro que Franzen no está contentísimo con su libro. Estoy convencida que como le ha ocurrido a todos los grandes autores de la historia de la literatura no ha llegado a conseguir lo que se proponía, pero ha hecho lo que ha podido y ha tenido la decencia de escribirlo para que lo entendamos todos. Franzen ha sido valiente, no se ha escondido detrás de digresiones interminables e incomprensibles como hacen otros.

Tercera trampa:

Comparar Libertad –para tratar el asunto de la forma y el contenido- con la película La cinta blanca (2009), de Michael Haneke (un coñazo) es una treta barriobajera. El “conservadurismo formal”, digo, no inhabilita a una novela para tratar de la mejor forma posible los contenidos.

Cuarta trampa.

En el epígrafe “Televisión, música y móviles” Carrión, o no se ha leído bien la novela, o está intentando arrimar el ascua a su sardina. Las series de TV (ni los móviles, ni los I-pods, ni la música) no tienen ninguna importancia en Libertad. Qué manía esta de meter por todos lados los aparatejos. El hecho de que Richard sea estrella del rock es solo circunstancial. Podría haber sido actor de teatro clásico. Carrión, coño, olvídate de la modernidad. Esta es una novela sobre personas humanas, ¿entendido? Y como tal en ella se tratan temas universales: amor, celos, educación, egoísmo, muerte, …que hubieran interesado a un señor del siglo XVIII y a otro del siglo XXIII. Nada más y nada menos.

Quinta estupidez, más que trampa:

Haces mal, querido Jorge Carrión, en citar a James Wood porque en su libro Los mecanismos de la ficción (Gredos, 2009) y en sus artículos del The New Yorker desarma bastante mejor que yo -donde va a parar- tus pobres argumentos.

He dicho.

Para más sobre este asunto, ir al blog Bolmangani de José Luis Amores (aquí) que, aunque defiende una postura contraria a la mía, al menos lo hace de forma  honesta, no como Jorge Carrión.

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ANTONIO J. RODRİGUEZ: ¡CUIDADO, PATRICIO PRON VA A POR TI!

Antonio, hijo mío, ¡escóndete! Patricio te va a despellejar. ¿Recuerdas lo que hizo con Olmos (aquí)? Pues tenemos fundadas sospechas de que el próximo eres tú. Tu novela ha hecho mucho ruido y se ha convertido en un objetivo perfecto para -poniéndola a parir- subir otro peldaño en su ascenso a la gloria literaria.

¿Qué dices? ¿Qué no tienes donde ocultarte? Bueno, vaaaale, te prestamos el sótano del cuartel de la Patrulla durante unas semanas. Pero, eso sí: como te pillemos twitteando, te ponemos de patitas en la calle. ¿OK?

Patricio Pron tiene antecedentes.  Alberto Olmos no fue el primero con el que se ensañó. En 2009 escribió en la revista Etiqueta Negra, en su número de marzo, una crónica (aquí) titulada “Una gira supuestamente divertida con escritores argentinos que nunca volveré a hacer” sobre la visita a España del grupo de escritores que habían publicados sus cuentos en la antología La joven guardia . [No se pierdan el cuento de Patri (aquí)] Patricio echó toda la mierda que pudo sobre sus compañeros de generación literaria:

Un escritor me preguntó cuánto cobraba un agente en España. “Quince, veinte por ciento es lo habitual”, respondí. “Y si le doy treinta me consigue más cosas”, preguntó uno de ellos. Entonces todo giró solo alrededor de porcentajes, editores, posibilidades de publicación…

(…)

Alguien habría tenido que decirles que la literatura consiste en leer y en escribir libros y que ésa es una actividad virtualmente antieconómica porque descansa sobre la búsqueda de un sentido esquivo a un mundo en perpetua confusión y nadie quiere eso en su casa a la hora del almuerzo. Alguien debería haberles dicho esto antes de que comenzaran a escribir su gran novela; pero nadie lo había hecho y yo estaba demasiado ocupado tratando de averiguar dónde, en qué punto del camino, la literatura argentina se había jodido.

Patricio, que no da puntada sin hilo, aprovechó para hacer la pelota a Ignacio Echevarría. Era consciente de la importancia de este crítico en la carrera de Bolaño y sabía que para triunfar en España, entonces su siguiente peldaño, hacen falta padrinos:

Echevarría es uno de los mejores críticos españoles de las últimas décadas y si hubiera nacido en Nueva York a comienzos del siglo pasado habría sido policía; uno de esos policías de las películas con nombres irlandeses y un sentido personal de la justicia a los que siempre querrás de tu lado cuando comience la balacera.

Unas semanas después la escritora Elsa Drucaroff (Buenos Aires en 1957), que no formaba parte de la antología, mandó una carta a nuestro Patricio denunciando su «abyección» y «estrategia». La carta y la respuesta de Patricio se puede leer en el blog, uno de ellos, del escritor argentino (aquí):

Tu artículo es abyecto. Lo que repugna no es la ansiedad que leo ahí por posicionarte en el campo literario internacional (eso no es reprochable), sino la estrategia que elegís conscientemente para hacerlo: humillar, ridiculizar, denigrar y traicionar a tus colegas, pares, compatriotas, coetáneos, compañeros desde el comienzo, además, de oficio y de antología. Porque ellos no son, como parece en tu artículo, tus compañeros recién ahora. Ya los acompañabas en la primera antología, algo que “olvidás” mencionar, como si ya no quisieras acordarte de que fuiste uno de los jóvenes escritores argentinos práctica o totalmente desconocidos que aparecía por primera vez en una editorial grande, y como si quisieras fingir que ahora “no sos como ellos” (sin embargo, Patricio, acá no te conoce casi nadie).

Esa antología inicial no la leyeron los “generosos” lectores españoles a los que chupás las medias, la leímos generosamente los de acá, del culo del mundo, este país frustrante donde naciste, estudiaste, aprendiste la lengua con que escribís, leíste muchísimos libros que te impactaron y no eran precisamente alemanes, te hiciste escritor. Armás la risible ficción de que sos el refinado artista que se fue a la culta Europa y tiene que soportar la visita de los impresentables primos del campo. Pero la ironía te sale muy mal, cualquiera ve la hilacha por los cuatro costados. Una, apenitas, es el chiste que contás:

«Un argentino es un español que se cree norteamericano y en realidad no es más que un italiano pobre; por eso sufre como un judío».

(…)

Una cosa es vender tu obra, otra entregar tus convicciones artísticas, tu integridad ética, prostituirte. Pero prostituirse no es querer tener un agente en Europa o averiguar cómo se entra a un mercado mejor que el pequeño que tenemos. Prostituirse es estar dispuesto a cualquier cosa para posicionarse, por ejemplo escribir ese artículo en “Etiqueta Negra”.

(…)

Ignoro cuán amables son con vos los españoles después de haber ganado el Jaén y al menos no tener que volver a golpear por ahora las puertas de la municipalidad de tu pueblo natal, a ver si te paga un libro; pero me atrevo a augurar que mostrando tu abyección tan prontito los vas a perder también a ellos.

(…)

Se dirá que no es para tanto, que Massera es un genocida y vos no mataste a nadie. Cierto. Sólo que para matar, primero Massera buscó poder. No me consta qué harías vos si llegaras a donde él llegó, por el momento me consta qué hacés apenas cuando te premia (Premio Jaén) una editorial del mercado europeo.

Tod esto, leído ahora, tres años después, conociendo lo que Patricio ha hecho en España últimamente, adquiere un nuevo significado. A Patricio le sentó muy mal que hace cuatro años su agente en Argentina le dijera que sus libros no tenían futuro. Ayer lo contaba en su blog (otro de ellos) (aquí):

Algo antes de enviar el manuscrito de El comienzo […] al Premio Jaén acababa de ser «despedido» por mi agente, un conocido representante de autores hispanohablantes que se vio en la obligación de decirme que no veía ningún futuro para mis libros. Obtener el premio y ser publicado a continuación en Mondadori parecieron acontecimientos prácticamente milagrosos para mí, que (tras las palabras de mi antiguo agente) podía considerarme ya desahuciado como escritor.

Patricio, herido, pero sacando fuerzas de flaqueza cual Escarlata O’Hara en Lo que el viento se llevó cuando dice aquello de “A dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre”, se dijo a sí mismo que iba a triunfar costara lo que costara, y que pisaría a quién tuviera que pisar para llegar a la cima. Y lo está haciendo. Lo de llegar a la cima no parece, pero lo de pisar… Patricio lo tiene todo pensado.

Fíjense: hemos tenido acceso a la denuncia que John Johnson, vigilante nocturno del edificio de oficinas sito en la confluencia de la 250 West con la 57th Street en New York, presentó hace unas semanas en la comisaría número 345 de la misma ciudad. Resulta que eran ya cuatro las noches que Mr. Johnson (que se jubila, el pobre, dentro de tres meses) había visto merodear por las cercanías a un tipo de origen latino, con gafapasta negra y pelo encrespado (perdonen, traduzco del inglés), y le resultó sospechoso. Faltando tan poco para su merecido retiro, no quería complicarse la vida. Casualidades, dirán ustedes, pero hemos comprobado que en ese edificio se encuentran las oficinas centrales de la Wylie Agency que preside Andrew Wylie, “el Chacal”, el agente literario más poderoso del mundo. ¿Se estaba haciendo alguien el encontradizo? Ummmmm….

Por eso, querido Antoñito, ten mucho cuidado porque Patricio Pron, el destripador de Rosario anda suelto y sediento de sangre literaria. Escóndete, niño, por favor.

Nota 1: Nos llama la atención los hábitos alimenticios de Patricio Pron: Andrés Neuman, Alberto Olmos, Antonio J. Rodríguez. ¿Solo le gusta la carroña a este chico? ¿Has probado el “filet mignon”, Patricio?

Nota 2: les voy a contar algo de mi vida. Antes de alistarme a la Patrulla de Salvación desempeñaba el cargo de subinspectora en la brigada de delitos monetarios. Lo dejé porque era muy difícil encontrar pruebas para encausar a los presuntos criminales. Aquí, en la Patrulla, estoy encantada. Estos chicos, los “escritores” jóvenes, publican en sus propios blogs el relato de sus tropelías. Me da tiempo a leer, a pasear, a tricotar….

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EUGENIA RICO: y dale Perico al torno…

«Me salen las citas por las orejas»

Eugenia Rico, 1/04/12

Información. es

Le preguntan el domingo pasado a Eugenia Rico –que continúa con la promoción de su último libro- en el diario Informacion de Alicante (aquí):

¿Pondrá más fajas en los libros tras la polémica [una cita con el texto «la Virginia Woolf de la era Facebook», supuestamente extraída del «New York Times», resultó falsa]?

Respuesta de Eugenia Rico:

Siempre superviso los libros, por primera vez no lo hice y, al ver la faja, ya dije que traería problemas porque conozco la envidia española. Tenemos la cita en el blog de libros del New York Times, lo que no existe es la crítica, que se la colaron al editor. ¿Puede pensar alguien que necesito inventarme una faja cuando me salen las citas por las orejas? Bienvenida a la fama, me dicen, pero nadie es nada por lo que digan de él, sino por lo que escribe.

Puntualización de Patrulla de Salvación:

Lo que hay en “About.com Libros” (aquí), un blog en castellano sobre libros que pertenece a The New York Times Company, cierto, pero que no es The New York Times, (origen de la supuesta cita), es una entrevista con la escritora en la que, como en muchas otras que ha realizado y a modo de presentación, dicen: “De ella se ha dicho que es la nueva Virginia Wolf versión española”. El apellido de Mrs. Woolf con una única “o”. Pero, cuidado, no tenemos allí la dichosa cita como dice Eugenia en su entrevista con Informacion.es.

Será por citas…

La sargento Margaret vuelve a preguntar:

 ¿Dónde está el recorte o el “link” del The New York Times donde se escribe que “Eugenia Rico es la Virginia Woolf de la era facebook”?

Hemos tenido que cancelar nuestras vacaciones en las Sheychelles.

 No los podemos dejar solos.

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LA TRANSICIÓN ¿LAMPEDUSIANA? DEL LIBRO. 4 parte y última

Cerramos esta ronda de entrevistas con las respuestas de Silvano Gozzer (Anatomía de la edición), Fernando García (Sin Tinta, El País) y Arantxa Mellado (Actualidad Editorial) sobre el futuro.

Partes 1 (aquí), 2 (aquí) y 3 (aquí).

AMAZON

Pregunta: En España, de momento, Amazon (que acaba de llegar) solo está tanteando el mercado. Ya ha firmado acuerdos de distribución con algunas editoriales, pero aún no ha dicho: “aquí estoy yo”, como en EEUU. ¿Qué papel va a desempeñar la compañía del señor Bezos en el futuro –a medio y largo plazo- en nuestro país? ¿Deben nuestras grandes editoriales aprender de lo que ocurre en USA y echarse en brazos de Amazon -tipo “relájate y goza”-  para perder lo menos posible en una guerra que no pueden ganar?

>> Respuesta de Fernando García: “Para las editoriales, las megalibrerías digitales son pan para hoy y hambre para mañana. Recomiendo la lectura de este post (aquí) que habla de la encuesta que ha realizado la editorial O’Reilly en Estados Unidos. Han podido hacer la encuesta a sus clientes porque venden directamente y saben quién les compra. La presión de los objetivos y de las cuentas de resultados hacen que muchas veces los ejecutivos pierdan el oremus. La solución más sencilla es subir al carro del vencedor, pero el vencedor sacará del carro a quien quiera y cuando quiera.”

>> Respuesta de Aratxa Mellado: “Aquí mi bola de cristal vuelve a ponerse más turbia de lo habitual. Está claro que Amazon va a hacer que cambien muchas cosas, tanto desde el punto de vista del editor como del lector, y que algunos de esos cambios van a ser buenos (ojalá lograran contagiar la atención esmerada y el impecable servicio al cliente a todas las librerías). Su presencia omnipresente en el mercado y las condiciones draconianas de los contratos con los editores van a hacer las cosas aún más difíciles de lo que de por sí están, pero no hay que olvidar que de momento tiene el gran escollo del precio fijo, lo que hace que no se muestre de forma tan agresiva como en EEUU.”

>> Respuesta de Silvano Gozzer: “Leí hace no mucho (de hecho creo que lo hice hoy) que Amazon era como los romanos en el sketch de los rebeldes en La vida de Brian: ¿qué hicieron los romanos por nosotros? nada (salvo por el acueducto, la sanidad pública, el vino, etc.).

Amazon ha hecho muchísimo por la edición digital y sobre todo por los lectores digitales y ha cimentado su negocio, al igual que Apple, en la experiencia de usuario. Sin duda son los amos del “ecommerce” en Internet. Pero no hay que olvidar que a pesar de ser un canal importante, no deja de ser un canal de venta más, que en el momento que nos toca ejerce una gran influencia en los hábitos de los usuarios pero no debemos olvidar que hace 5 años todos usábamos Explorer para navegar por la web. Todo sucede muy rápido en la red y Amazon se convirtió en el líder natural del sistema que inventó: la venta de descargas de ebooks mediante un click. Y antes que eso ya era el líder en la entrega de libros impresos sin coste adicionales en menos de 24 horas. Este es el modelo que nos parece ideal ahora, pero no sabemos si los hábitos de los usuarios seguirán ese camino o si por el contrario existirán tecnologías de lectura que nos lograrán seducir más y que podrán amenazar su hegemonía. Por lo pronto el iPad ha conseguido hacerlo y les ha obligado a sacar su propia tableta.

No sé cuál será la estrategia de Amazon para España, es un mercado aún por construir y lo mismo se lo toman con calma y dejan espera a ver cómo responden los usuarios que comienzan a presionar para cambiar las reglas de juego (¿el precio fijo?) y replicar la estrategia que les funcionó en Estados Unidos. Lo importante para un editor es rebajar el ambiente belicista y aunque hay grandes editores que realmente luchan una batalla con las grandes plataformas de distribución por el control del negocio editorial, la mayoría solo tendremos que entender las posibilidades de negocio que nos brinda un canal así y leer la letra pequeña para asegurarse que lo que firmamos responde a nuestros intereses y a los de los lectores.“

 

NUEVOS LECTORES

Pregunta: En el año 2027 cumplirá 30 años una generación de españoles muy familiarizados con las máquinas de juegos, los MP3, los ordenadores y los móviles, además de con las redes sociales tipo facebook o twitter. Muchos de esos que hoy son adolescentes comenzarán a leer libros de forma más habitual. ¿Cómo comprarán los libros esos chicos? ¿Dónde buscarán las recomendaciones sobre lo que vale la pena leer?

>> Respuesta de Fernando García: “Donde siempre: buscarán las opiniones de gente en la que confíen (prescriptores), en redes sociales, en blogs o donde sea.”

>> Respuesta de Arantxa Mellado: “Es la tecnología lo que está arrastrando a este cambio de paradigma editorial, la que aporta nuevas herramientas para la creación de nuevas formas de contenidos digitales, cada vez menos editoriales, cada vez más interdisciplinares. No creo que en 30 años siga habiendo libros como ahora los conocemos, texto puro y duro. Las que vienen por detrás son generaciones más acostumbradas a la imagen que al texto, y por lo tanto, como creadores de contenidos, es más que posible que utilicen la imagen y el sonido para expresarse. Y probablemente estas obras, sea cual sea su formato, no se venderán como un todo unitario, porque estarán compuestas por múltiples fuentes, por lo que para su comercialización habrá que acudir a modelos desarrollados de suscripción o similares.

Supongo que por entonces las recomendaciones del entorno social más próximo —el boca a boca— seguirán siendo un factor muy importante, pero seguro que para entonces los algoritmos de recomendación estarán muy perfeccionados y serán capaces de dar una respuesta exacta a nuestras demandas. Y será así porque aprovecharán al detalle toda la información que sobre nuestros gustos y preferencia iremos dejando en las redes sociales, y de ella podrán extraer conclusiones, ya que tendrán elaborado un exacto perfil socio-psicológico de cada uno de nosotros.”

>> Respuesta de Silvano Gozzer: “En el 2027 lo primero que quiero pensar es que no tendrán una dicotomía entre libros impresos y digitales y a la edición electrónica de un libro en vez de ebook lo llamarán  simplemente libro, aunque se trate de una experiencia enriquecida e interactiva. Ahora bien, si atendemos a lo que dijo Jonathan Frazen (y Umberto Eco puede que antes que él), serán completamente estúpidos porque habrán crecido en la cultura de la lectura digital (y para Nicholas Carr creo que les costará hasta respirar).

Debo ser sincero, no tengo ni idea como se comportarán los lectores en el 2027, estoy seguro de que lo harán de manera diferente a como lo hacemos ahora, pero es muy pronto para sacar conclusiones (aún nos estamos pegando para saber cuál es el formato ideal de empaquetado digital de un libro). Este es un momento de transición. Lo que me niego a creer es que vayamos (o vayan) a ser más estúpidos. Quizás haya un modelo de inteligencia que desaparezca. Quizás el modelo de inteligencia del futuro es aquel que es capaz de compartir más información útil para los demás. Quizás la transparencia sea una de las claves de la nueva era. Quizás lo que le molesta a Frazen es que todo el conocimiento enciclopédico que se adquiere leyendo un joven actual lo tenga a un click de distancia.”

EMPLEO

Pregunta: ¿Deberían los empleados de las editoriales de España empezar a pensar en buscar un nuevo empleo, por si acaso?

>> Respuesta de Fernando García: “Espero que no, por el bien de todos porque la cosa ya está muy malita.”

>> Respuesta de Arantxa Mellado: “Los que tienen empleo, que se agarren a él, no están las cosas para dejar un sueldo. Pero si quieren mantenerlo, que se formen y aprendan —cada uno en su especialidad— sobre cómo han de trabajar en esta nueva industria del libro.

La formación es ahora más imprescindible que nunca. Porque producir un libro digital tiene menos que ver con cómo se hace uno en papel de lo que aparenta; porque sus canales de distribución y venta son mucho más amplios y diversos, y tienen sus propias especialidades; porque los modelos de negocio dejarán de basarse en la venta de unidades, y por varios etcéteras más que van a convertir a los actuales empleados editoriales en ineficaces para gestionar este nuevo negocio.

Formación, formación y formación.”

>> Respuesta de Silvano Gozzer: “Es posible, no hay duda de que el nuevo modelo exige más eficiencia (y menos personal). Ahora bien, si mejora el modelo de negocio se necesitará más personal y las editoriales crecerán. Lo que deberían estar pensando «todos» los empleados de las editoriales es en cómo mejorar y adaptarse a los nuevos escenarios. Deberían leer más sobre los cambios en su sector, deberían actualizarse e incorporar las nuevas tecnologías de la edición a su día a día. Quizás lo que más sorprende es la apatía que demuestran muchos frentes a los cambios, lo poco dispuestos que están a aprender y lo muy seguros que están de su posición. Pueden que los cambios en el sector editorial no estén siendo tan rápidos porque los modelos de negocios no lo están siendo, pero los lectores están cambiando a una velocidad sorprendente y en menos de 6 años hemos pasado de leer mayoritariamente la edición impresa de los periódicos a hacerlo en digital.”

Queremos agradecer a Fernando, Arantxa y Silvano ( y a José Antonio Millán, claro) el esfuerzo realizado y su simpatía.

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LA TRANSICIÓN ¿LAMPEDUSIANA? DEL LIBRO 3 parte

Continuamos con las respuestas de Silvano Gozzer (Anatomía de la edición), Fernando García (Sin Tinta, El País) y Arantxa Mellado (Actualidad Editorial) sobre crítica literaria y autoedición.

CRÍTICA

Pregunta: La crítica literaria ha perdido en España gran parte del prestigio que tenía. Pero en este nuevo escenario entendemos que el papel del prescriptor es más necesario que nunca. ¿Cómo ves este asunto? En el futuro, dentro de 5 años (los plazos son cada día más cortos), quien asumirá ese roll; ¿las editoriales? ¿Los críticos dentro de suplementos culturales aunque en versión digital alojada en las páginas web de los periódicos? ¿Los blogs?

>> Respuesta de Arantxa Mellado: «En los últimos meses han sido varios los medios que han hecho encuestas en las que, entre otras cuestiones, se analizaban las causas que llevan a un comprador a escoger un libro. Todas coincidían en que el principal motivo de un lector para comprar un libro es la prescripción, pero no la profesional, sino la de amigos y conocidos, por encima de la del librero, que quedaba en segundo lugar. La prescripción de los críticos literarios no era muy relevante, aunque parece ser que se observan picos de ventas cuando un libro aparece en algún programa de televisión u otro medio determinado.

Creo que el prescriptor del futuro será automático y se llamará algoritmo, una fórmula muy perfeccionada que incluirá la información recogida en las redes sociales. Los críticos seguirán, probablemente, con su función, pero es posible que encuentren su mejor público en las redes sociales de lectores. En cuanto a los editores, me parece que su papel no será (tampoco lo es) el de prescriptor, sino el de curator, especialistas en selección de textos».

>> Respuesta de Fernando García: «La crítica gastronómica tradicional tiene ya poco predicamento. Para las acciones de comunicación de gastronomía, como de tantas otras, las empresas invitan a los bloguers y los tratan a cuerpo de rey, como antes hacían con los periodistas. Las blogueras (casi todas son mujeres) de moda influyen más que muchas revistas. El sartorialista (The Sartorialist) es un ejemplo global. Una recomendación de un libro, por ejemplo, de Pérez de Albéniz (eldescodificador.com) debe ser oro molido».

>> Respuesta de Silvano Gozzer: «Lo primero que debo aclarar es que no soy especialista en crítica literaria, y asumo que la crítica ha perdido parte del prestigio que tenía (o directamente es más mala, o solo se hacen reseñas) porque así lo dice todo el mundo y no porque yo sea especialmente consciente de cómo era esto hace 20 años. Dicho esto, creo que se pueden valorar muchos de los problemas de la crítica literaria desde un punto de vista de los cambios de los hábitos de los usuarios.

Es decir, hablamos de que la crítica ha perdido parte del prestigio que tenía pero eso es algo que también ha pasado con los periódicos y con muchísimas cabeceras tradicionales de los medios de comunicación. Estoy seguro de que el medio es tan importante como el mensaje y quizás sean los canales que usa la crítica tradicional los que han dejado de responder a los intereses de los lectores. Otra cosa muy importante, y sobre todo para la crítica, es que los sistemas de autopublicación en la red, como WordPress o Blogger, han hecho que cualquier con el interés suficiente se convierta en crítico y hasta el blog más malo, con un nivel razonable de actualizaciones, obtiene 500 visitas al mes. Por otro lado los usuarios, que cada vez estamos más conectados a las opiniones de nuestros amigos, otorgamos un papel muy importante a lo que nuestra comunidad piensa sobre determinados libros y cualquiera, con un simple actualización en Facebook, se puede convertir en crítico literario para un pequeño grupo de conocidos.

¿Todo esto quiere decir entonces que puesto que todo somos críticos literarios ya nadie es crítico literario? No lo creo, simplemente pienso que una persona puede optar por distintos canales de prescripción de libros y la crítica tradicional ya no tiene el monopolio de la opinión literaria. Esto no quiere decir que esta opinión ya no cuente, simplemente quiere que decir que esta opinión ha cambiado para los lectores. En todo caso la validación sigue siendo algo muy importante para los usuarios y esta, en Internet, solo se puede obtener de tres maneras:  a través de los lectores (es decir reuniendo una masa ingente de usuarios y comentarios en torno a los contenidos generados por el crítico), a través de los iguales (que otros críticos literarios hablen de ti en sus canales web) o a través de una gran cabecera que te respalde (que te paguen por escribir es un buen validador aunque el simple amparo de un gran medio también lo es). Si tienes algunas de estas tres cosas, eres un crítico literario, si tienes la tres, eres realmente importante.

El papel de los prescriptores es imprescindible y todo indica que lo seguirá siendo aunque la inteligencia colectiva (pensemos en las miles de opiniones de los lectores en Amazon o los recomendaciones automáticas de los nuevos sistemas, como The Copia: «los lectores a los que les ha gustado este libro también les ha gustado este otro») ocupará un espacio importante en la prescripción. Todavía debemos averiguar cómo convivirán estas dos opciones. Sobre lo que pasará en el futuro no tengo idea, las personas están cambiando a un ritmo acelerado, pero como las cosas suelen cambiar para quedarse como están y mi pronóstico (si sigo las pistas de los auténticos futurólogos: Cashmore, O’Reilly, Kelly, etc.) es que serán las revistas, las aplicaciones de las revistas, las que finalmente tendrán más relevancia para los lectores. Si en futuro leeremos en dispositivos móviles como tabletas, lo normal será pensar que allí también compraremos los libros, leeremos a los prescriptores y comentaremos con otros usuarios;  y el entorno que mejor parece adaptarse a un modelo así quizás sea el de las revistas». 

 

AUTOEDICIÓN

Pregunta: ¿Qué tanto por ciento de libros en circulación supondrá la autoedición dentro de 10 años? ¿Qué ves de bueno en la autoedición? y ¿qué de malo?

>> Respuesta de Arantxa Mellado: «Soy de letras y los porcentajes se me dan fatal, y como no actualicé la bola de cristal a la versión 9000.0 porque era de pago, no voy a poder dar una respuesta exacta. Pero sí puedo aventurar que el porcentaje será muchísimo más alto de lo que querrían y esperan los editores.

Lo que veo de bueno en la autoedición —sin entrar en las florituras de la democratización de la literatura—, es que ahora está sirviendo para que los editores empiecen a entender que el monopolio se acaba y que su posición predominante en el Olimpo del libro se tambalea (en poco tiempo la vibración se convertirá en un terremoto escala 9). Va a haber mayor competencia en el mercado y van a tener que esforzarse más en sacar manos libros y de mayor calidad.

De cara a los lectores, el editor seguirá siendo necesario para garantizar una buena selección de los textos y una calidad en la edición. Pero si quiere mantener en sus sellos a los autores más populares, el editor va a tener que bajar de ese Olimpo donde estaba por encima del bien y del mal, y empezar a tratar a los autores en una posición más paritaria, ofreciéndoles más servicios y una mayor capacidad de control sobre la producción y comercialización de su obra. Por no hablar de una renegociación de los porcentajes. Si no, el autor aprovechará las herramientas tecnológicas que se ofrecen para la edición, producirá sus propios libros e incluso a lo mejor se monta su propio chiringuito para venderlos en exclusiva, que para eso es famoso y tiene un enorme club de fans. J.K Rowling acaba de abrir la caja de los truenos con Pottermore; no ha sido la primera, veremos quién es la siguiente gallina de los huevos de oro que abandona el ponedero.

Lo que veo más perjudicial de la autoedición es que va a inundar el mercado de cientos de miles de títulos, dificultando a los lectores encontrar libros de calidad ajustados a sus preferencias, y a los editores, que sus libros encuentren compradores. Los editores van a tener que emplear mucho más tiempo y dinero del que suponen en campañas de promoción y marketing, y en conocer a sus lectores».

>> Respuesta de Fernando García: «De bueno: que los tiempos están cambiando. De malo: que se perderán puestos de trabajo».

>> Respuesta de Silvano Gozzer: «La verdad es que me parece difícil saber el porcentaje de autoedición dentro de un año, por lo tanto prefiero no arriesgarme con el de dentro de 10 años. Estoy seguro que será mucho puesto que las tecnologías de publicación son cada vez más fáciles y amigables y llegará a más usuarios dentro de 10 años que ahora. La pregunta que deberemos hacernos dentro de 10 años es qué vamos a entender por autoedición. Hace 5 años autoedición eran aquellos autores que pagaban por editar su libro, aunque estuviera comercializado y distribuido por una editorial. Actualmente, con el libro digital, parece que llamamos autoedición a la autopublicación, aunque el libro no esté en absoluto editado.

Creo personalmente que la autopublicación no tiene nada de malo, un autor puede optar libremente por elegir una editorial o por hacerlo libremente (y en diferentes títulos no creo que esté reñido), así como un blogger puede optar por escribir algunas cosas en su plataforma y otras en una revista o un periódico. El punto de inflexión lo marca la edición. Un autor puede hacer una labor de edición con su propio texto antes de distribuirlo o puede dejarlo tal cual lo concibió en un word y distribuirlo así. Quizás los lectores lo que no estén demandando sea esto último y lo que esperan de los libros publicados sean unos mínimos editoriales independientemente de quién lo haya publicado (en una gran librería como Amazon, en igualdad de cubiertas, cuesta identificar los libros autoeditados de los hechos por editoriales).

Entonces, ¿cuál  será el papel de las editoriales? Yo todavía no concibo un científico que prefiera autopublicarse que hacerlo con Nature, pero este quizás sea un asunto menor. Lo importante para las editoriales será seguir haciendo bien (y mejor si puede ser) lo que han venido haciendo desde siempre: seleccionar y editar los mejores contenidos para los lectores, crear los modelos de negocio adecuados para los autores, y comunicarlo para asegurarse de que el contenido llegue a todas partes. Quizás el problema haya sido ese, que nos hemos equivocado en cumplir nuestros objetivos y por eso el modelo autoeditado ha sido una buena solución: no siempre publicamos los mejores contenidos y no siempre están bien editados, un 10% no siempre es un merecido premio por el esfuerzo de la creación o los precios no siempre han respondido a las expectativas de los lectores, y desde luego, hemos fallado sensiblemente en la comunicación de nuestros contenidos para nuestros lectores (sin contar las limitaciones de la distribución física que ha condicionado al 90% de los hispanohablantes)».

El miércoles día 4, la cuarta parte y última de esta ronda de entrevistas sobre: puro Futuro.

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Eugenia Rico bagāta ir lielākais rakstnieks no pēdējiem gadsimtiem

EN RIGA (LETONIA)

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LA TRANSICIÓN ¿LAMPEDUSIANA? DEL LIBRO 2 parte

A continuación las entrevistas con Silvano Gozzer (Anatomía de la edición), Fernando García (Sin Tinta, El País) y Arantxa Mellado (Actualidad Editorial).

Primera parte (aquí)

ACERCA DEL MERCADO

Pregunta: En las últimas semanas se han conocido dos noticias para nosotras muy inquietantes: 1.- El Ministerio de Justicia americano ha amenazado a 5 grandes editoriales y a Apple con un juicio por presuntos delitos contra la ley “antitrust”, es decir, por ponerse, presuntamente, de acuerdo en los precios de los “e-books” (aquí) y 2.- Las grandes editoriales americanas han reportado bajadas (2010-2011) de dos dígitos en los beneficios que obtienen de la venta de libros en papel (aquí). ¿Qué lectura das a estas dos informaciones? ¿Cómo afectará esto en un futuro a medio plazo al mercado español?

 >>Respuesta de Silvano Gozzer: “Respecto a la primera noticia hay que decir que los hechos datan de cuando salió el iPad 1, es decir hace ya dos años y las consecuencias (sobre todo los cambios en los contratos de Amazon, el pasar de un modelo “Reseller” al modelo “Agency”) ya se produjeron. Se trató de un inteligente movimiento empresarial para evitar el monopolio de Amazon. Las complejidades de las leyes “antitrust” norteamericanas es algo que se me escapa, pero en lo tocante a la edición digital veo difícil, a pesar de la posible demanda, que se vuelva al modelo anterior.

Sobre la segunda noticia, conforme crece el mercado digital la lógica dice que debería decrecer parte del mercado impreso por lo tanto la noticia tiene bastante sentido. Dicho esto, no necesariamente la relación es directa y no hay muchas conclusiones que se puedan sacar al comparar los dos datos. Lo importante al final es la facturación total y todas las grandes editoriales están obligadas a crecer a pesar del ascenso del mercado digital.

Al final, no creo que ninguna de estas dos noticias afecte al mercado español de manera directa, la primera ya lo hizo con el cambio en los modelos de contrato y la segunda es un dato similar a lo que pueda estar pasando aquí, con la única diferencia que parece que el mercado nacional de libros impresos decrece a mayor ritmo de lo que crece el digital.”

>>Respuesta de Arantxa Mellado: “A mí no me inquietan tanto. La primera es una de las batallas en la guerra entre titanes por hacerse con el poder. A nosotros, país de precio fijo, nos cuesta entender que Amazon reviente los precios de los libros vendiendo a pérdidas y que nadie se inmute, y nos alucina que la justicia americana llame a la caballería porque los editores pactan (aún presuntamente) con Apple para fijar unos precios de venta, cuando aquí es así como funciona el sistema (me refiero al precio fijo). Si todo esto acaba derivando en un sistema de precios más flexible, bienvenido sea.

En cuanto a la segunda cuestión, las editoriales norteamericanas han vendido menos en papel, sí, pero más en digital. Y parece que 2012 ha empezado con buenas subidas, tanto en uno como en otro formato: un 27,1 % más para el papel que en el mismo periodo de 2011, y un 76 % para el digital. Hacer predicciones sobre el efecto dominó de las ventas de un país a otro resulta, como mínimo, complicado. De lo que sí tendrían que tomar buena nota los editores españoles es que la fortaleza del libro digital va en aumento.”

>>Respuesta de Fernando García: “Los que conocéis el mundo de la edición tradicional seguro que estáis al tanto de que la caída de las ventas de libros en España en los dos primeros meses del año ha podido ser de dos dígitos. Así que el futuro ya está aquí,  me temo.”

 

Pregunta: Random House acaba de lanzar en los USA el portal online del escritor (aquí). La sensación que tenemos es que las grandes multinacionales del libro, obligadas a bajar precios, están intentando quitar intermediarios de la cadena de producción. ¿Hay futuro en este nuevo escenario para los agentes? ¿Y para los distribuidores? ¿Y para las librerías tradicionales?

 >> Respuesta de Silvano Gozzer: “No hay duda que Random House es una de las editoriales más innovadoras del sector editorial (dentro de las grandes) y es bueno seguirlos porque seguramente ilustrarán muchas de las tendencias de futuro. En todo caso, esta iniciativa en concreto es casi de sentido común y un esfuerzo que, con la mejora en la accesibilidad de los datos y la tendencia necesaria a la transparencia que necesita el sector,  tendrán que hacer tarde o temprano todas las editoriales. En España no estamos muy lejos, son cada vez más las editoriales que conocen en tiempo real sus datos de ventas y de ahí a comunicárselo a los creadores hay tan solo un paso.

Ahora bien, la tendencia a la desintermediación no es patrimonio exclusivo de las grandes (de hecho, considerando que muchos grupos editoriales también poseen distribuidoras y algunos hasta librerías, ellos son los que menos intermedian), también las editoriales medianas y pequeñas lo hacen. De hecho cada vez se discute menos que una editorial venda directamente sus libros a través de la web.

El problema, creo yo, es pensar que solo existe una cadena posible cuando los hábitos de los lectores han variado tanto y acceden a los contenidos de muchas maneras distintas. Cada modelo tendrá los intermediarios que sean necesarios para seguir funcionando. La percepción de una mayor tendencia a la desintermediación por parte de los grandes quizás se deba a que puesto que son estos los que más están explorando distintas alternativas, también son estos los que encuentran más cadenas distintas. No sé si hay futuro para todo los intermediarios tradicionales (agentes, distribuidores, librerías, editores, etc.) puesto que la única premisa cierta es que la tecnología ha permitido que no haga falta nadie en la relación entre creadores y lectores, ahora bien, como yo sí creo que para crear modelos de negocio hacen falta intermediarios, el nuevo mantra será que solo sobrevivirán aquellos que aportan valor a la cadena y eso es algo que no necesariamente hacemos todos actualmente.”

>> Respuesta de Arantxa Mellado: “No creo que, con “Author Portal”, el objetivo de Random House haya sido el de saltarse a los intermediarios, sino más bien evitar que los autores se lo salten a él como intermediario y vendan por libre a los lectores. Basta con ver lo que ofrecen a sus autores: control de las ventas (pueden saber al momento el número de descargas vendidas); control de los royalties (saben en todo momento cuánto dinero les debe el editor); un sistema de aproximación al lector (ayuda para crear un buen número de seguidores fieles a los que vender). Y es que, o miman a los autores, o los autores se organizan por su cuenta gracias a las plataformas de autoedición y a las facilidades de venta que dan las grandes librerías.

Hay una frase que de puro pronunciada va a acabar convertida en una máxima: los intermediarios que no aporten valor desaparecerán. Opino que esa frase es cierta al 100%. El mundo del libro cambia, es un hecho, y hay que adaptarse a las nuevas circunstancias, cada uno en su función. Y si la adaptación no es posible, habrá que reinventarse. Tendrán que hacerlo agentes y distribuidores. Más difícil lo tienen los libreros por la feroz competencia que se les viene encima.”

>> Respuesta de Fernando García: “No, no hay futuro.

Es difícil añadir algo más, pero por no ser tan lacónico: ¿qué piensas cuando ves a tu quiosquero que a las 8 de la tarde no ha vendido la mitad de los periódicos o cuando pasas por la tienda de discos del barrio que cerró hace un par de años? Música, prensa… Ahora, libros.”

Pregunta: En los EEUU se habla insistentemente de fusiones entre las editoriales. En España la concentración va a ser –en nuestra opinión- inevitable. ¿Estás de acuerdo? ¿Quedará mercado para editoriales medianas tipo Tusquets? ¿Cómo podrán sobrevivir las pequeñas compañías independientes tipo Impedimenta o Libros del Asteroide?

>> Respuesta de Silvano Gozzer: “No estoy seguro de que la concentración sea inevitable. Schiffrin lleva años diciendo que viene el lobo y nunca hemos tenido tantas editoriales como ahora (si nos atenemos a los datos del ISBN). Yo creo que cada vez hay menos barreras de entrada y la edición digital además ha permitido que se pueda hacer sin grandes inversiones, por lo tanto no estoy tan seguro de que el temido control de la palabra vaya a llegar. En los últimos años Internet ha cimentado la idea de la economía “long tail”, por lo tanto parece cada vez más lejano el fantasma del control de la palabra. Por citar un ejemplo de la cultura de masas: el programa más visto hace 7 años tenía una cuota de pantalla de 8 millones, actualmente los más vistos no llegan a los 4 millones.

El problema no es que vaya a quedar mercado para las editoriales medianas o si las pequeñas conseguirán sobrevivir, los lectores siguen estando ahí y aunque las estadísticas no dicen que aumenten tampoco dicen que disminuyen. El reto es si conseguirán en nuevos escenarios convertir sus modelos de negocio. Yo estoy seguro de que si desaparece otra editorial, otra, quizá una nueva, ocupará su espacio con propuestas de negocio distintas aunque con el mismo modelo de edición. Si por el contrario consiguen adaptarse a las nuevas demandas, no creo que tengan problemas de supervivencia, puesto que si a los lectores les gusta lo que actualmente publican también lo harán en el futuro, simplemente demandarán acceder y pagar por ese contenido de manera distinta. Quizás algunas editoriales medianas y pequeñas estén pecando de una excesiva prudencia (aunque no les critico por no dejarse llevar por el ambiente “hype” del momento) puesto que actualmente deberían estar averiguando cómo están cambiando sus lectores y que experiencias se pueden probar para reunir más información.”

>> Respuesta de Arantxa Mellado: “Estoy de acuerdo en que la concentración es la única forma de hacer frente a los grandes gigantes y de lograr mantener una porción del control. La concentración, no la absorción. Impedimenta y Libros del Asteroide ya se unieron a otras editoriales para crear el Grupo Contexto, con el objetivo de lograr más presencia en medios y librerías frente a los grandes grupos. Supongo que no tendrán problemas para volver a hacerlo en un entorno digital y con un volumen mayor de asociados, aunque los editores españoles no se caracterizan precisamente por la tendencia a los lobbies. Y lo mismo las medianas, que también conocieron asociaciones en el pasado para distribuir conjuntamente.

Pero creo que será más inteligente un tipo de asociación más amplia, que incluya a los libreros, en la que se plantee una estrategia conjunta.”

>> Respuesta de Fernando García: “Sinceramente, no tengo ni idea. Ojalá sobrevivan todas. Pero solo es un deseo.”

NOTA:

El lunes 2 de abril: tercera parte sobre Crítica literaria y Autoedición.

El miercoles 4 de abril: cuarta parte sobre Puro Futuro.

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LA TRANSICIÓN ¿LAMPEDUSIANA? DEL LIBRO 1 parte

En el mundo del libro estamos viviendo un momento de transición. Esos periodos temporales traen consigo esperanzas de cambio y muchas oportunidades; pero también dudas, incertidumbre, miedo y ansiedad. ¿Van a cerrar todas las librerías tradicionales? ¿Es Amazon el nuevo hombre del saco que viene a robarnos el pan de nuestros hijos? ¿Desaparecerán los libros en papel? ¿Qué va a ocurrir con la crítica literaria en este nuevo escenario?

Muchos de estos asuntos han sido ya tratados en la red. Pero quedan preguntas sin responder. Hemos consultado con los sabios: Silvano Gozzer (Anatomía de la edición), Arantxa Mellado (Actualidad Editorial) y Fernando García (Sin Tinta, El País) han respondido ocho preguntas de la Patrulla . José Antonio Millán (Libros & bitios) ha preferido mandarnos un texto que podrán leer un poco más abajo en este “post”. Impertinentes como somos, hemos llegado a pedir a nuestros expertos de cabecera que adivinen el futuro. Y se han atrevido. Ellos pueden, porque tienen más información que el resto de los mortales.

 [Advertencia: si usted no sabe nada de e-books y edición digital, le recomiendo que deje de leer esto inmediatamente y entre ahora mismo en los blogs de nuestros entendidos. Infórmese, haga los deberes, y luego vuelva aquí.]

Los españoles fracasamos en la transición política de hace treinta años. Nos engañaron y así nos va:

  «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie».

El gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa

Esperamos que esta vez, al menos en el mundo del libro, seamos más inteligentes.

Les dejo con las palabras de nuestro admirado y querido José Antonio Millán (Libros & Bitios).  Mañana y sucesivos, las entrevistas.

El abrazo. Juan Genovés 

 

EN UNA MIRADA ATRÁS

José Antonio Millán

Había soñado con un mundo en el que cualquier libro, editado en cualquier momento, pudiera estar disponible en cualquier lugar; en el que se mantuviera la justa retribución de autores y editores, pero abriendo sin cortapisas la difusión de las obras en el dominio público o las que sus autores quisieran legar al futuro. Un mundo en el que los libros fueran arquetipos platónicos que se encarnaran en tiradas, en impresos bajo demanda, en dispositivos dedicados o en aparatos de amplio espectro, bajo la forma más conveniente para el lector. Un mundo en el que los libros se consiguieran en las librerías, llegaran por correo, bajaran del éter a nuestros aparatos, o se retiraran calientes, recién hechos, de distintos establecimientos (empezando por las librerías). Un mundo en el que la cultura fluyera y la tecnología permitiera el diálogo lectores/autor, el de editor/lectores y el de lectores entre sí. Un mundo en el que autores y editores tuvieran, y compartieran, completa información sobre el destino de sus libros. Un mundo en el que se pudieran crear y difundir libros hechos a la medida de una persona o de un colectivo, para sus propósitos particulares. Un mundo en el que la producción editorial de cualquier país en español se difundiera sin fronteras entre los países hispanohablantes, y en el que en general cualquier obra creada en cualquier país pudiera llegar a cualquier parte. Un mundo en el que las propuestas editoriales minoritarias encontraran su nicho. Un mundo en el que los autores pudieran escoger contactar directamente con su público y en el que el público pudiera en ese caso recompensar directamente al autor. Un mundo en el que nuevos agentes de recomendación y filtrado guiaran a un público ávido entre una oferta cada vez más rica.

Había soñado un mundo así, y creí que la digitalización del proceso editorial podría proporcionarlo: la digitalización de las obras, claro, pero también la de los mecanismos que las llevan hasta el público. Por creerlo así, desde el lejano comienzo de mi sitio web me dediqué a explorar esos temas, y por eso desde hace ya once años fui sistematizando mis indagaciones en un blog.

Se habían previsto problemas en ese proceso, claro, y todos y cada uno fueron haciendo su entrada: irrupción de poderosos agentes de fuera del sector editorial español, lenta y escasa adaptación de los operadores locales a una revolución digital ajena, mantenimiento de las fronteras para las obras, barreras a la comunicación de libros entre los lectores, digitalizaciones reprivatizadoras de obras en el dominio público por parte de la Administración, dispositivos que encadenan las obras compradas, nuevos canales cuasimonopolísticos de adquisición y lectura de libros…

Sería injusto no señalar igualmente que mientras tanto se ponían gratuitamente en la Red cientos de miles de obras, que aumentaban los sistemas de contacto entre lectores (mediante clubs de lectura y similares), que algunos autores y editores empezaban a gestionar bien la relación con su público…

Pero el saldo general no me parece satisfactorio, y tampoco me parecen positivas las tendencias que se apuntan, como la destrucción de un sistema que funcionaba, aunque imperfectamente (librerías, ciertas editoriales), para ser sustituidas por el ascenso de conglomerados prácticamente monopolísticos desde el punto de vista empresarial y tecnológico. Puede ser que estemos entre las convulsiones de una época que está alumbrando algo diferente, pero algunos rasgos de este nuevo mundo son más bien para echarnos a temblar.

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