LA MALA SUERTE DE VENDER MUCHOS LIBROS EN ESPAÑA

Sergio Vila-Sanjuán escribe lo siguiente en el prólogo de su libro Código Best Seller (temas de hoy, Grupo Planeta, 2010):

   En Gran Bretaña, grandes éxitos como el de Harry Potter han sido interpretados de forma positiva por su capacidad de estimular la lectura, y han dado pie a un aluvión de estudios y análisis de todo tipo. Lo mismo ocurre en Estados Unidos con narradores como Stephen King, considerados emblemáticos de su cultura contemporánea. En España todavía hay mucho por hacer, y muchas resistencias por vencer, en la valoración de fenómenos similares. Me gustaría aportar con este libro mi granito de arena para potenciarla.

¿Qué tipo de mercado editorial tenemos en España, que un escritor, solo por el hecho de vender mucho, pasa a ser cuando menos sospechoso? Ejemplos: Almudena Grandes, Ruiz Zafón y María Dueñas.

¿Hasta qué punto está enfermo el mundo del libro en España, que la mejor forma que encuentran un escritor mediocre (Andrés Neuman) y un crítico trasnochado (Sanz-Villanueva) de congraciarse con sus iguales es criticar gratuitamente al último autor súper ventas? (aquí) y (aquí)

Luego vendrán los madremías y la culpa, claro, la tendrá Amazon, el e-book  o la crisis económica.

P.D. En breve la seguna parte de nuestro análisis científico de

El tiempo entre costuras.

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POETA NEORRABIOSO REÚNE 400 TROYAS LITERARIAS

El escritor Alberto Basterrechéa, también conocido como poeta Neorrabioso y como Batania, ha llegado en su blog (aquí) al número 400 de sus “Troyas literarias” (broncas entre escritores) y las ha reunido en un solo “post” (aquí). Grande, Alberto, muy grande.

En esa lista se puede disfrutar de las peleas de Quevedo con Gongora, las críticas de Hamingway contra Faulkner, lo de Garcia Marquez con Vargas Llosa, o de otras menos conocidas como esta de Borges contra Tolstoi:

Empecé a leer «Guerra y Paz» y de repente me di cuenta que los personajes no podían interesarme. También de Tolstoi he leído algunos cuentos… pero me veía a mí mismo haciendo un esfuerzo. Y no me gusta eso cuando leo. Es decir, si leo un libro de matemáticas, o psicología, o ciencia, entonces debe ser así, pero con una novela o un cuento no deseo esforzarme. Quiero divertirme. No veo la razón por la que un escritor de cuentos o de novelas deba causar ningún problema. Recuerdo que George Moore dijo que Tolstoi hizo la descripción de doce hombres de un jurado tan minuciosamente que, al llegar al cuarto, ya había olvidado todo sobre el primero. Y añadió que seguramente Tolstoi cuando escribía una novela, se despertaba por las noches y decía: «Bueno, todavía no he escrito nada sobre una carrera de caballos, ni hay la descripción de un baile, ni nadie que juegue a las cartas». Y eso no está bien, desde luego. Si tuviese que elegir entre la literatura inglesa o la literatura rusa, entre Dickens o Dostoyevsky, elegiría a Dickens.

JORGE LUIS BORGES, recogido por Esteban Peicovich en Borges, el palabrista, Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1995, págs. 167 y 168

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YO TAMBIÉN ME ACOSTÉ CON CAMILO JOSÉ CELA

Carta abierta a todos los editores de España.

Estimado editor:

Mi auténtico nombre es Ramona Martínez. Lo de sargento Margaret era un seudónimo. Digo esto último para alguno de ustedes que no es muy espabilado.  Durante 15 años estuve trabajando en el sector editorial español. Luego me casé y me marche a vivir a México con mi primer marido. Durante los últimos treinta años he desempeñado diferentes empleos, todos ajenos al mundo del libro. Hace un año me jubilé y, casi al mismo tiempo, me quedé viuda de mi tercer marido. No tenía nada que hacer y decidí, con tres amigas, montar este blog para pasar el rato. Al volver a tomar contacto con la vida literaria española me han sorprendido muchas cosas. Lo que más, lo mucho que ha bajado el listón en lo referente a seriedad y honestidad. Precisamente por eso pienso que alguno de ustedes puede estar interesado en lo que voy a proponerles.

Como le he contado más arriba, en los años 70 trabajé en una editorial, en una con sede en Barcelona.  Aquella empresa publicaba los libros del escritor Camilo José Cela. Y yo, por suerte o por desgracia, tuve entonces un breve, pero intenso, contacto con el premio Nobel. Le cuento.

Para que usted se sitúe, le anticipo que me he acordado de aquel día y, sobre todo,  de aquella noche, cuando esta mañana he leído en TELVA, mi revista de cabecera, lo que Marina Castaño ha contado de él, de Cela (aquí). ¡Qué fuerte! ¿Eh?

El ínclito escritor acudió a Barcelona aquél día para hacer promoción de su último libro, y mi jefa me ordenó que estuviera desde primera hora en el hotel donde se hospedaba don Camilo -y donde se realizarían las entrevistas- para ocuparme de cualquier cosa que el autor, entonces el más prestigioso de la casa, pudiera necesitar. “No lo dejes ni a sol ni a sombra”, me dijo mi jefa (una borde). Yo era algo así como una becaria y me lo tomé muy en serio.

El día fue muy largo. Después de los periodistas llegaron los amigotes del escritor. No pensaba yo en aquella época que hubiera gente tan estrambótica en Barcelona. Comenzó a correr el alcohol y la fiesta se alargó hasta las cuatro de la mañana. Esther Tusquets estaba por allí, aunque se marcho pronto a casa. En su libro Confesiones de una escritora poco mentirosa (RqueR, 2005), páginas 46 y 47, cuenta lo que eran aquellas visitas de don Camilo a la Ciudad Condal. Pregúntele a Esther por mí, es posible que me recuerde.

A eso de las cuatro de la madrugada se desplomó don Camilo. Había comido mucho y bebido más. Aún no me explico cómo me las arreglé yo sola –ninguno de los que aún se arrastraban por la habitación estaba en condiciones- para subirlo a la cama. El sofá de la entrada lo ocupaba un famoso actor de teatro, famoso y muy borracho. En aquellos años era difícil conseguir un taxi en plena madrugada y yo vivía en la otra punta de la ciudad. Además me acordaba de las palabras de mi jefa (esa sí que era una auténtica sargento). Así que me tumbé en el poco espacio libre que don Camilo dejó en el colchón a ver si podía dormir un ratito, al menos. Cómo roncaba. Cuando había cogido yo el sueño, me despertó un tremendo rugido del escritor. Lo miré alarmada. Aún dormía pero sudaba copiosamente y respiraba con mucha dificultad. Estaba muy gordo y pensé que debía, al menos, quitarle la camisa y los pantalones. De ese modo podría dormir más tranquilo. Así lo hice. No ocurrió nada, que quede claro. Que una es muy decente. A la mañana siguiente, a las siete, me levanté sin hacer ruido y cogí el autobús municipal para llegar a casa. Aun me duele la torta que mi padre me dio cuando abrió la puerta.

No tuve ningún tipo de contacto sexual o sentimental con don Camilo, pero técnicamente me acosté con él. Eso no lo puede negar nadie. Por eso le quería, señor editor, proponer un negocio (hablemos claro):

Me presto a firmar un libro con mi nombre en el que se cuente mi falsa aventura sentimental con el escritor. Yo he leído mucha novela romántica y alguno de esos libros que ustedes llaman “Chick-lit”. Me gustó mucho El tiempo entre costuras, de hecho lo he leído dos veces. Si le parece, y para empezar, le mando una historia inventada por mí -con mucho romance y eso-, y luego usted y sus ayudantes me lo corrigen. Si se pasean por este blog comprobaran que escribir no es lo mío.

Tengo datos que harán que mis fabulaciones parezcan verosímiles: 1.- El autor se tiró tres pedos mientras compartíamos lecho. 2.- Recuerdo el olor de su aliento a la perfección, -como para olvidarlo-. 3.- Soy conocedora del tipo de calzoncillo (y marca) que el Nobel usaba. Y 4.- Lo más importante: cuando le quité los pantalones, dichos calzoncillos se bajaron un poco y  pude ver una marca de nacimiento en su bajo vientre. Dicha marca solo los que han tratado al escritor en la intimidad han podido verla. Podemos añadir que el nombre de Ramona, el personaje de Mazurca para dos muertos, -sí hombre, aquella solterona a la que le gustaba mucho la poesía- estaba inspirado en el mío. Ya sé que en la novela hay 150 personajes, pero es por apuntalar un poco más mi historia.

También se me han ocurrido, así, a bote pronto, algunas ideas para la promoción: Mis padres son bellísimas personas, pero podemos contar en el libro, y luego en las entrevistas con la prensa, que me quitaron el dinero (aquí), que la empresa de fontanería de mi padre era una tapadera para un negocio de trapicheo de hachís (aquí), o que mi madre me mandaba a pillarle pegamento para esnifar (aquí). Y que como resultas de todos aquellos traumas me eché en brazos del escritor sin pensármelo dos veces. Eso funciona –usted lo sabe mejor que yo-. Y ya verá: nos vamos a hinchar a vender libros.  

Lo de hablar con los críticos lo dejo de su parte, que usted es todo un profesional. Si nos damos prisa, al tiempo que se publica el libro de memorias de Marina Castaño –que a usted no hace falta que le cuente que eso que dice ella de que no lo va a editar (aquí) es solo una forma de promoción-, que habiendo salido lo de Telva y hoy lo de La otra crónica (suplemento de EL MUNDO), seguro que edita La Esfera de los Libros, podemos tener lo nuestro en la mesa de novedades y así nos aprovechamos del tirón de lo de la Castaño. ¿Qué me dice?

Si está usted de acuerdo escríbame a este correo:

Margaret.salvacion@gmail.com

Con lo del adelanto no se preocupe. Seguro que nos ponemos de acuerdo, no tengo agente.

Un respetuoso saludo

Ramona Martínez

PD: Le adjunto una foto de joven para la contraportada.

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EUGENIA RICO ધ લાસ્ટ સમય મહાન લેખક છે

EN GUJARAT (INDIA)

 

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Eugenia Rico เป็นนักเขียนที่ยิ่งใหญ่สเปนในศตวรรษใหม่

EN TAILANDIA

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EL TIEMPO ENTRE COSTURAS. Análisis científico 1 parte

Por favor, un poco de silencio. Voy a hacer una declaración importante:

He terminado El tiempo entre costuras, (Temas de hoy, 2009) y me ha gustado. La lectura de la novela de María Dueñas me ha proporcionado sensaciones muy agradables. Ya está.

Lo que van a leer a continuación no es una reseña sino un estudio científico de las causas del grandísimo éxito de ventas que ha conseguido este libro.

-¿Lo ves, Margaret? ¿A que no era tan difícil?

-Es cierto, Daphne. Además ahora me siento más relajada. Solo hay una cosa que me fastidia: estoy segura de que en este mismo instante, sin haber terminado de leer este “post”, ya hay cuatro perroflautas letraheridos que están twitteando que la Margaret es una maruja y una petarda.

-Que les den, mi sargento. Cuando hace once meses comenzamos Patrulla de Salvación nos comprometimos a decir siempre la verdad, ¿Te acuerdas? La sinceridad es nuestra máxima.  Pero ponte ya a la tarea, que se hace tarde.

ANÁLISIS CIENTÍFICO

Como bien decía Simón Leys, ( en La felicidad de los pececillos, Acantilado, 2011) es imposible escribir un bestseller de forma premeditada. Y menos –esto lo digo yo- si se trata de la primera novela. Empiezo con esto para que nadie crea que estoy acusando  María Dueñas de utilizar trucos para enganchar a sus lectores. Este libro está escrito de la forma más honesta, me consta. Todos los recursos utilizado por la autora son legítimos y, es más, de agradecer. Pero tampoco se debe deducir –yéndonos al otro extremo- que la flauta sonó por casualidad: en la forma de escribir de Dueñas se aprecian buenas dotes para el oficio y se nota que se lo ha trabajado mucho.

1.- El narrador y el principio.

El señor James Wood (crítico del The New Yorker) en su libro Los mecanismos de la ficción (Gredos, 2009) se declara un enamorado del narrador omnisciente. Dice don James que el narrador en tercera persona es más de fiar que el que lo hace en primera. Todo eso está muy bien y seguro que este señor tan listo y leído tiene razón. Pero el partido que Dueñas le saca a la primera persona no hubiera sido factible con otro tipo de narrador.

Veamos como comienza la novela:

   Una máquina de escribir reventó mi destino. Fue una Hispano-Olivetti y de ella me separó durante semanas el cristal de un escaparate. Visto desde hoy, desde el parapeto de los años transcurridos, cuesta creer que un simple objeto mecánico pudiera tener el potencial suficiente como para quebrar el rumbo de una vida y dinamitar en cuatro días todos los planes trazados para sostenerla. Así fue, sin embargo, y nada pude hacer para impedirlo.

(Las negritas son mías)

Si esta novela ha vendido ya más de 1.200.000 ejemplares (PVP: 22€) no es gracias a la publicidad de Planeta (escasa), sino al boca oreja de sus lectores. Para que esas recomendaciones se produzcan, el lector debe haber disfrutado con la novela y, más importante,  se tiene que haber enganchado desde el comienzo. Por eso las primeras líneas son fundamentales. ¿Qué nos promete la autora en ese primer párrafo? En una palabra: pasión. ¿A quién no le apetece vivir una pasión arrebatadora sabiendo además que no tendrá consecuencias negativas?

La protagonista tenía una vida estable, como dios manda, de esas que  nuestras madres deseaban para nosotras. Pero una pasión hará que todo salte por los aires. Todo eso lo adelanta el primer párrafo. Léanlo de nuevo. Habrá pasión, pero de las arrolladoras. Porque: “reventó”, “quebrar” y “dinamitar”. Eso hace una pasión con una vida. Pero habrá pasión, sobre todo, porque “nada pude hacer para impedirlo”.

Ahora pongamos esa frase en tercera persona: “nada pudo hacer para impedirlo”. Muy diferente, ¿verdad? Les voy a copiar, pidiéndoles perdón de antemano, lo que, en un arranque de admiración rabiosa, anoté en el margen de la primera página de mi ejemplar cuando leí la novela por segunda vez: “Qué coño sabría el narrador omnisciente –en caso de haberlo usado-, que no tiene sexo, que no se excita cuando lo acarician y que no se enamora, sobre si pudo la protagonista resistirse o no.” (Lo de las caricias lo entenderán luego). Soy consciente de que lo que acabo de escribir  no es nada ortodoxo, pero creo que saben donde quiero ir a parar: con la primera persona la autora consigue que, desde  el primer momento, el lector se sienta identificado con la protagonista y, sobre todo, adquiere verosimilitud desde el principio.

Al lector le resulta más fácil sentirse cómplice de esa narradora en primera persona. El lector sabe que siempre es posible resistirse a una tentación, pero le gusta, le apetece, cogerse de la mano de su amiga la narradora y meterse en el barro, dejarse llevar por la pasión. El lector va a hacer, en la piel de la protagonista, lo que nunca haría en la vida real. Sentirse cómplice de ese tal omnisciente, en casos como este, resulta muy complicado. Y hemos venido a pasarlo bien, ¿no?

El esfuerzo que la autora hace en las primeras páginas por atrapar al lector (me encanta que me atrapen) es encomiable:

Sira Quiroga, la protagonista, tiene un novio de los formales. Un buen chico. Se llama Ignacio y “está destinado a ser el buen padre de mis hijos” (Pág. 17). Pero se va a cruzar el canalla, el caradura. A todas las españolas nos han atosigado nuestras madres con eso de cásate con un chico decente. Pero a nosotras nos ponen los golfos, ¿verdad? Nos casamos con un hombre decente y pasamos toda la vida echando de menos al truhan. María Dueñas sabe todo esto y ha construido una novela que, leídas las primeras 30 páginas, es imposible dejar.

Vean por qué:

Sira e Ignacio deciden comprar una máquina de escribir y acuden a una tienda donde les atiende Ramiro Arribas (el canalla), el gerente del establecimiento:

Pág. 27

   Tardamos aún un rato hasta dar por finalizada la gestión. A lo largo del mismo, las señales de Ramiro Arribas no cesaron ni un segundo. Un roce inesperado, una broma, una sonrisa; palabras de doble sentido y miradas que se hundían como lanzas hasta el fondo de mi ser. Ignacio, absorto en lo suyo y desconocedor de lo que ocurría ante sus ojos, se decidió finalmente por la Lettera 35 portátil, (…)

   -Magnífica decisión- concluyó el gerente alabando la sensatez de Ignacio. Como si este hubiera sido dueño de su voluntad y él no le hubiera manipulado con mañas de gran vendedor para que optara por ese modelo-. La mejor elección para unos dedos estilizados como los de su prometida. Permítame verlos, señorita, por favor.

   Tendí la mano tímidamente. Antes busqué con rapidez la mirada de Ignacio para pedir su consentimiento, pero no la encontré: había vuelto a concentrar su atención en el mecanismo de la máquina. Me acarició Ramiro Arribas con lentitud y descaro ante la inocente pasividad de mi novio, dedo a dedo, con una sensualidad que me puso la carne de gallina e hizo que las piernas me temblaran como hojas mecidas por el aire de verano. Solo me soltó cuando Ignacio desprendió su vista de la Lettera 35 y pidió instrucciones sobre la manera de continuar con la compra.

¿A ver quién es la guapa que después de leer estos párrafos no está completamente enganchada y  no necesita devorar, página a página, esta novela hasta el final?

Pero que nadie piense que se trata de una novela solo para mujeres. El argumento anterior vale también para los hombres: ellos se enamoran de Campanilla pero se terminan casando con Wendy. El caso de Humbert, el personaje de Lolita de Nabokov, sería –salvando las diferencias- el equivalente masculino de Sara Quiroga. Permítanme un inciso: el asunto este de la literatura solo para mujeres me tiene a mí muy cabreada. Hay literatura solo para mujeres, es verdad, pero es solo de mala calidad. Me refiero a la novela romántica o la “Chick-lit”. La literatura de calidad es buena tanto para él como para ella. Pero de esto ya hablaremos otro día.

En inglés

2.- Mensajes subliminales

Definición de subliminal: adjetivo. [Percepción sensorial, emoción o sensación] que el hombre percibe y experimenta sin tener conciencia de ello.

¿Recuerdan aquello de la publicidad subliminal que se puso de moda hace veinte años? Me acuerdo de un anuncio de colonia para hombre en el que la sombra de él se proyectaba sobre el borde de una piscina de la cual salía una chica en bikini. La mano de la chica, al apoyarse en el borde para impulsarse y salir, venía a aterrizar exactamente encima del trozo de sombra que correspondía a la entrepierna del caballero. ¿Casualidad? No. ¿Era consciente el posible comprador de que estaba recibiendo el mensaje? No. ¿Actuaba ese mensaje en el subconsciente del señor y lo llevaba a comprar o a desear que le regalasen esa marca? Sí.

Pues María Dueñas, sin ser consciente de ello, usa este tipo de mensajes subliminales en el comienzo de su novela. Y no me estoy refiriendo a frases como la que acaban de leer: “miradas que se hundían como lanzas hasta el fondo de mi ser”. No, hablo de otro tipo de expresiones mucho más sutiles, pero por ello más efectivas.

Ejemplos:

Pág. 34

   Me acerqué intentando que mi paso sonara firme, llevaba las palabras preparadas. No se las pude decir. No me dejó. En cuanto me tuvo a su alcance, me rodeó la nuca con la mano y plasmó en mi boca un beso tan intenso, tan carnoso y prolongado que mi cuerpo quedó sobrecogido, a punto de derretirse y convertirse en un charco de melaza.(…) Bebía el aire que él respiraba y a su lado caminaba a dos palmos por encima de los adoquines. Podrían desbordarse los ríos, desplomarse los edificios y borrarse las calles de los mapas; podría juntarse el cielo con la tierra y el universo entero hundirse a mis pies que yo lo soportaría si Ramiro estaba allí.  

Pág. 36

Ramiro metiendo bombones en mi boca y yo rozando con mis labios la punta de sus dedos, a punto de derretirme de amor.

Pág. 64

Hubo horas de amor amontonado en la habitación del Continental mientras las cortinas blancas ondeaban con la brisa del mar; pasión furiosa bajo el ruido monótono de las aspas del ventilador mezclado con el ritmo entrecortado de nuestros alientos, sudor con sabor a salitre resbalando sobre la piel y las sábanas arrugadas desbordando la cama y derramándose por el suelo.

Charcos, mares, ríos, sudor; protagonista que se derrite continuamente; y sabanas que desbordan la cama y se derraman. Y todo esto solo en treinta páginas. ¿Ha quedado claro que el tal Ramiro excita y mucho a nuestra protagonista? Pues lo genial es que las lectoras (y esto sí que funciona solo con las féminas), sin ser conscientes, también están enganchadas (como si de una droga se tratara) después de leer todo esto.

Para apoyar mi argumento les copio un trozo de la página 329:

Pálida, ojerosa, con el pelo sucio, derrumbada como un peso muerto en una cama mal hecha cuya ropa se arrastraba por el suelo.

Se refiere a Rosalinda; ya no es Sira, nuestra protagonista. Con Rosalinda no hay que identificarse. Las sábanas de Rosalinda no desbordan la cama ni se derraman por el suelo. Las sábanas de Rosalinda se arrastran. Pobre Rosalinda.

El análisis no ha terminado. Continuará, aunque no sé cuándo.

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EUGENIA RICO Y LA PROMOCIÓN El asunto, por desgracia, continúa

Ayer la editorial Páginas de Espuma retiró de su web la página falsa del The New York Times y en su lugar (aquí) colgó esto:

Editorial Páginas de Espuma retira de su web la entrada publicada el 18 de marzo de 2012 sobre la nota correspondiente al 7 de diciembre de 2010 de The New York Times que se nos entregó. Esta decisión la llevamos a cabo una vez comprobada debidamente su inexistencia. Su contenido será eliminado de nuestra promoción. Pedimos disculpas a nuestros lectores por lo sucedido.

Yo pensaba con esto dar por cerrado el expediente. La guerra está siendo muy dura y mientras perdemos el tiempo en estas cosas nuestros enemigos hacen de las suyas. Pero esta mañana me he encontrado con algo (aquí) en El Periódico de Cataluña. Ernest Alós Martínez parece ser (una ya no se fía ni de su padre) que se ha puesto en contacto con Eugenia Rico y esta, presuntamente, le ha contado lo siguiente:

“Yo ya no me creo nada. Yo ya no sé qué es real”. “Es el asunto que más daño me ha hecho justo cuando estaba en un momento buenísimo. La editorial y yo hemos sido las víctimas engañadas de este asunto”. “No sé si esto forma parte de la guerra contra Michiko, si es una estrategia rara agentil o es obra de un fan loco. Pero lo que parece es un atentado. Alguien que creo que ya sé quién es, no sé si en un intento de ayudarme o de hacer una broma, envió el artículo a mi agente en Estados Unidos. Ella, claro, contentísima, la envió a la editorial española. Pero la alegría ha durado muy poco. Que quede claro que yo no lo he colgado en mi blog porque no me gustan las críticas tan exageradas. Después he visto que el texto es un collage de cosas que ya existían en distintos sitios de internet…”

Ernest Alós, antes de colocar estas presuntas declaraciones de la Rico, hace referencia detallada a la pelea entre las dos cuentas de Twitter a nombre de Michiko Kakutani (aquí y aquí).

Ha amanecido un día cálido y soleado: los pajaritos cantan (hacen “tweet”, “tweet”) y las nubes se levantan. Anoche me tomé dos lingotazos de coñac con el café con leche y he dormido de maravilla. Me siento radiante. Por todo esto, al ir a vestirme, he dejado colgado en el armario ropero de mi esquizofrenia múltiple el uniforme de sargento y en su lugar me he embutido  en el disfraz de abuelita Paz. Es decir: me lo creo todo. Pongamos que todo esto es cierto, vale, O.K. En ese caso, a mí solo me queda una pregunta, y perdonen que sea tan pesada. La misma pregunta que planteé en este blog el día 27 de febrero:

 ¿DÓNDE ESTÁ EL RECORTE DE PRENSA O EL ENLACE A LA PÁGINA WEB DEL THE NEW YORK TIMES QUE DEMUESTRA QUE EN DICHO PERIÓDICO SE ESCRIBIÓ QUE EUGENIA RICO ES “LA VIRGINIA WOOLF DE LA ERA FACEBOOK”?

PD: ¿”agentil”?

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TWITTERO LITERARIO DEL AÑO

Ayer recibí un mensaje de mi amigo el editor. Era para agradecerme la felicitación que le mandé hace más de una semana. Con todas las cosas que han ocurrido últimamente ya no me acordaba. Había yo leído un libro editado por él, me había gustado mucho y se lo dije en un email. Mi amigo no había abierto el correo electrónico en toda una semana. El editor no había consultado su “Inbox” porque tenía que hacer una cosa mucho más importante: leer.

 Pero mi amigo es un anticuado. El trabajo de editor, como el de escritor, –se pensaba antes- está compuesto de tareas que en su mayoría se realizan en solitario porque requieren concentración. Los viejos profesionales piensan que se necesita soledad para poder leer a conciencia o para escribir una buena novela. Pero los nuevos editores y los nuevos autores lo ven de otra manera.

 Los tiempos han cambiado y a nosotras, a pesar de nuestra edad, no nos gustaría quedarnos atrás, queremos estar en la onda. La utilización masiva de Twitter es un ejemplo ilustrativo de los nuevos usos y costumbres de la más reciente generación de profesionales del libro . Hace poco leímos la última frase de uno de los gurús de nuestra época: “Twitter está creando un nuevo género literario”. Como no hay nada que nos guste más que lo innovador, y con la intención de fomentar ese nuevo género literario a base de tweets, hemos puesto en marcha el Premio Twittero Literario del año. Lo patrocina la Fundación Patrulla de Salvación (acabaremos siendo más grandes que el grupo PRISA, ya verán), y tiene el apoyo del Falansterio de Cultura de España.

 Dado que son muchos los profesionales de la literatura que usan Twitter, hemos tenido que hacer varios grupos, como en la Champions. Hemos agrupado a los participantes por editoriales y la primera eliminatoria la han disputado los escritores, editores y críticos de Mondadori. Hemos comenzado con esta editorial porque son los más activos en las redes sociales y porque, en los últimos años, han publicado la mejor literatura en castellano “ever”. Se lo merecían.

 –          Margaret: ¿también hay críticos en Mondadori?

–          Claro, Samantha. ¿Tú en qué mundo vives?

Robert Crumb y Álvarez-Rabo

 

 Primera eliminatoria del I Premio Twittero Literario del Año.

Después de leer exactamente 109.095 tweets, (Hemos leído más que los miembros del jurado del próximo premio Alfaguara de novela que se falla el próximo lunes. Este año: 785 manuscritos originales, record) aquí les presentamos a los ganadores de esta primera eliminatoria. Entre corchetes los inteligentes comentarios –lleva sobria más de 48 horas- de la sargento. Pinchando en los nombres pueden acceder al original del tweet premiado.

En cuarto lugar recibe una mención de honor, ¡Belén Gopegui!

Belen Gopegui ,el día 17 de marzo: “¿A alguien más la lectura de Fresy Cool le ha hecho pensar en Rayuela?”

Pablo Muñoz (alias  Alvy Singer) le responde: “Y….las dos son novelas sobre temores fundamentales al amor que no dudan en desintegrarse en vez de dar respuestas”.

Belen Gopegui responde a Alvy: “más mental y subjuntiva, un poco más cínica, no un homenaje sino el paso de 50 años, la Maga, Morelli, el club, conversaciones.”

Claudio López Lamadrid (editor del librito) y Antonio J. Rodriguez (autor) lo rettwitearon, claro.

[Como buen género literario, el twitteo ya tiene un subgénero, el de mutua ayuda. Hoy por ti y mañana por mí. Entre compañeros…]

En tercer lugar recibe la medalla de bronce, ¡Antonio J. Rodriguez!

Antonio J. Rodriguez, el 16 de marzo: “¿Quién es el mejor crítico de teatro? Nuestro culo. Cuando no dejas de moverlo en el asiento la obra es mala.”

[Menos mal, Antonio, que estás tú ahí.]

En segundo lugar, y ex aequo, reciben la medalla de plata, ¡Constantino Bértolo! y ¡Claudio López Lamadrid!

Constantino Bertolo, el 18 de octubre: “Adios: he decubierto que twiter mata el tiempo muerto.” (Hemos hecho copia/pega, con lo que los errores no son nuestros).

[Pura poesía, Constantino.]

Claudio López Lamadrid, el 19 de marzo: “3 – 1”

[Sería un resultado de futbol, Margaret.] [No te enteras, Daphne. ¿No ves que se trata de un nuevo género literario? Esto es el no va más. La literatura Nocilla y los micro relatos ya están pasados de moda. Además se trata del maestro: Lamadrid ha escrito 5.461 tweets, ahí es na. “3-1”, «3-1», «3-1». Cuánta poesía encerrada en solo tres caracteres. No me canso de leerlo. Este es el futuro de la literatura, está claro]

“An the winner is”:

Vamos ahora a presentarles a la ganadora de la medalla de oro de esta eliminatoria preliminar. Ladies & Gentlemen con ustedes la inimitable, la insuperable, la gran poeta del siglo XXII. ¡Tatachan! ¡Luna Miguel!

Luna Miguel, 20 de marzo a las 0,47h: “Se suponía que esta noche iba a escribir pero sólo ando pensando tuits. Será verdad eso de que esta mierda hace daño…”

[¿Ven ustedes como en menos de 140 caracteres se puede condensar la forma de pensar de toda una generación de artistas? !A la basura las novelas generacionales! Ya no hace falta emplear dos años para escribir un libro que cuente cómo son los jóvenes. Lean el tweet de nuevo, solo son dos segundos, enseguida están de nuevo en fb, tranquilos. ¿Qué me dicen? Twitter –siempre que lo use una buena escritora- nos describe en poquísimo espacio, y con todo lujo de detalles, lo que otros ni en 800 páginas consiguieron. Jonathan Franzen es un retrógrado. Ya no hay duda.]

Luna Miguel ha escrito 4.302 tweets. Se nota.

Como decían los del grupo musical “No me pises que llevo chanclas”: No sé si cortarme las venas o dejármelas largas.

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EUGENIA RICO EN EL THE NEW YORK TIMES Una historia edificante

La sinceridad o insinceridad no es, en literatura, un asunto ético sino estético.

Mario Vargas Llosa en Cartas a un joven novelista,

Alfaguara, marzo 2011 (ultima edición).

Las últimas veinte horas han sido muy intensas en el cuartel de la Patrulla de Salvación. Les cuento cómo se han sucedido los acontecimientos:

Mis hijos, con la cara dura que los caracteriza, me habían dejado, otro domingo más, a los cinco nietos para irse al cine y luego a cenar. Eran las ocho de la tarde, y estaba yo preparando la tortilla francesa para la cena de los críos, cuando en mi BlackBerry (que nos hemos motorizado, oiga) recibí un comentario alarmante.  Tenía yo la sartén en el fuego y, claro, no me puede ocupar. Antes hacía una tortilla de un huevo para cada uno de los chiquillos, pero era una paliza. Desde hace unas semanas, he decidido batir todos los huevos juntos y hacer una gran tortilla que luego reparto entre los niños.  Bueno, reconozco que a mi Carlitos le sigo haciendo una para él solo. Es muy maniático y solo de esa forma –y con un poco de kétchup- se la come. Mi Carlitos es mi Carlitos. Si usted es abuela…

-¡Margaret!

¿Qué pasa? Ah, sí. Que me pongo a hablar de mis nietos y se me va el santo al cielo, Daphne. Pues eso, a lo que iba: el mensaje me anunciaba que Páginas de Espuma, la editorial que publicó hace unos días el último libro de Eugenia Rico, había colgado en su web (aquí) el artículo del The New York Times en el que se llamaba a la escritora “La Virginia Woolf de la era facebook”. Se había terminado el kétchup, y mi Carlitos… ya saben. Tenía que bajar urgentemente a la gasolinera a comprar otro bote, y por eso leí rápidamente el artículo que firmaba (presuntamente) la gran Michiko Kakutani.  No se lo van a creer, pero me alegré. Me sentí orgullosa como mujer y como española de que tan prestigiosa periodista dijera todas aquellas cosas tan maravillosas de una compatriota. Por eso, con los niños ya cenados y colocados ante la TV, me puse a la tarea de borrar todos los “posts” que sobre Eugenia Rico y la promoción de sus libros había escrito y a colocar un texto pidiendo disculpas en su lugar.

Dos horas después –los niños ya durmiendo- volví a leer el artículo presuntamente escrito por la señora Kakutani. Algunas cosillas me llamaron entonces la atención. Por ejemplo, las faltas de ortografía: “writen” en lugar de “written” y “spanish” con minúscula, o los errores de “spelling” como “Wolf” con una sola o. Pero lo que más gracia me hizo fue el estilo de la presunta autora: “It is such a pleasure to discover a new author who discovers something…”

Me pregunté yo a mí misma: “¿Margaret: cómo es posible que esta mujer, la Michiko, escriba así de mal? ¿Y cómo ha pasado este artículo, así tal cual, la labor de corrección que me consta siempre se hace en el NYT?

Intrigada, y después de llevar sendos vasos de agua a mi Pepito y mi Vanesa, continué investigando. Resulta que los dos artículos que acompañan en la supuesta página del NYT al presuntamente escrito por la Kakutani, habían sido publicados el día 27 de febrero de 2012 (aquí) y (aquí). ¡Qué cosas! Me dije. Cómo de mal debe estar esto del periodismo escrito, que han empezado a repetir artículos publicados dos años antes (la supuesta página del NYT colgada en la web de Páginas de Espuma tiene como fecha el 7 de diciembre de 2010) . Que no sacan suficiente dinero con la publicidad y tienen que rellenar páginas con material antiguo, pensé. Está claro. Además la foto de Eugenia, que según lo colgado en la web de Páginas de Espuma había hecho un tan David Maxwell, es exactamente igual que otra (aquí) que fue tomada (¡Qué casualidad!) por Guido Bertoncini en una conferencia de Eugenia en el Escorial (Madrid, España, esta de aquí).

-Pero que no te extrañe, que esto es posible, nena. No ves que la Eugenia no ha parado de hacer promoción y de posar para fotógrafos. Es fácil que repita posturas y gestos. Muy fácil.

-No, si yo ya no me extraño de nada, Daphne.

Ah, se me olvidaba. Hay una cosa más: ayer, en el twitter de una tal Michiko Kakutani (aquí) que dice dedicarse a la crítica literaria, a las pocas horas de colgarse en Páginas de Espuma el citado artículo, se respondía de este modo a una pregunta:   “There should be no controversy. Words misspelled. Font different. Not my style. Search Times for «eugenia rico». No mystery”

Es decir: “No debería haber discusión. Palabras mal escritas. Diferente tipo de letra. No es mi estilo. Busca “eugenia rico” en el “Times”. No hay misterio.”

A las doce de la noche me despertó mi nieto Carlitos. Estaba vomitando. En la gasolinera me habían vendido un ketchup caducado. Se van a enterar.

-Oye, Margaret: en el artículo presuntamente escrito por la señora Kakutani dice que fue un amigo del escritor Jeffrey Eugenides el que pasó a la periodista un extracto de la novela de Eugenia Rico. Deberíamos investigar, digo yo, si Eugenides y Eugenia son parientes. Se llaman casi igual ¿no?

-No digas tonterías, Samantha. 

 

Para que en el siglo XXII los historiadores  de la publicidad editorial española puedan trabajar con material sabroso, aquí les copio la traducción que aparece en Páginas de Espuma del artículo presuntamente escrito por Michiko Kakutani sobre Eugenia Rico en el The New York Times:

 La Virginia Woolf de la era facebook

Mucho se ha escrito acerca de Eugenia Rico desde que el escritor Daniel Kehlman la presentó al mundo literario neoyorquino. Su libro va a ser publicado dentro de poco por una legendaria editorial de Nueva York. Esta española es la última sorpresa de la élite literaria. Wole Soyinka y Gore Vidal han elogiado las obras de esta desconocida (hasta ahora) escritora. Ellos la han llamado la “moderna Virginia Woolf” por su estilo único, la defensa de las mujeres, y por la belleza simple de su prosa. Yo era escéptica hasta que, a través de un amigo de Jeffrey Eugenides, me puse a leer un extracto de una copia avanzada de su libro. Después de esta experiencia de la lectura, siento que puedo alabar el libro con toda autoridad. Usted puede estar tan sorprendido como yo al ver que Rico es, de hecho, la Virginia Woolf de nuestro tiempo: La Virginia Woolf de la era Facebook. Devoré las páginas en una sola noche y al día siguiente llamé directamente al agente de Eugenia Rico en Nueva York para ver si podía conseguirme más páginas inéditas. Rico tiene talento, incluso más de lo que su promoción le reconoce (y eso que eran increíbles). Ella tiene una manera única de contar una historia, que da escalofríos con sus palabras. Esta autora tiene una manera de hacerte sentir feliz, triste, vulnerable y fuerte. Me encantan las palabras de esta escritora de gran alcance que tiene ecos de Rulfo y Faulkner, así como la belleza y la fuerza del lenguaje de Fitzgerald. Después de leer este libro me parece que la crítica hecha por Wole Soyinka da en el clavo. Es un gran placer de descubrir una nueva autora que descubre algo acerca de los seres humanos. Permíteme decirte un secreto: Toma un bolígrafo y anota su nombre porque esta escritora del más allá del Atlántico va a dejar su nombre en la historia entre los españoles famosos: Buñuel y Bardem, Picasso y Almodovar. Y ahora tenemos a una Virginia Woolf hispana a la que agregar a la lista: Eugenia Rico. No le digas a nadie. Es nuestro secreto. Léela antes de los demás y cuéntame qué te parece. No tengo ganas de despertar del gran hechizo de su novela

 

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no NOS EQUIVOCAMOS Y retiramos las DISCULPAS presentadas

Actualización a día 19 de marzo de 2012 (14,15h).Después de una nueva investigación sobre el «asunto Rico», retiramos las disculpas presentadas. Los 4 «posts» (menos uno del que hemos perdido el contenido) sobre cómo hace promoción Eugenia Rico han sido publicados de nuevo. Conservamos este «post» para que quede constancia de lo ocurrido. Para conocer el desenlace de este feo asunto, les recomiendo leer el «post» que sigue a este en orden cronológico (aquí). Gracias a los amigos (muchos) que han colaborado para que la verdad resplandezca.

NO PASARÁN!!

EL LIBRO VENCERÁ!!

Lo escrito ayer:

PUSIMOS EN DUDA QUE EUGENIA RICO HUBIERA SIDO CITADA EN EL THE NEW YORK TIMES COMO “LA VIRGINIA WOOLF DE LA ERA FACEBOOK”. HOY (aquí) PÁGINAS DE ESPUMA HA COLGADO EN SU WEB LA PRUEBA DE QUE ESTÁBAMOS EQUIVOCADAS. PEDIMOS DISCULPAS A EUGENIA RICO, A SUS EDITORES, -EN ESPECIAL AL SEÑOR CASAMAYOR-, A SU AGENTE, (LA ACTUAL Y LA ANTERIOR) Y A LOS LECTORES DE ESTE BLOG . HEMOS BORRADO EL CONTENIDO DE LOS 4 «POSTS» RELATIVOS AL ASUNTO Y EN ELLOS HEMOS COPIADO UN TEXTO PIDIENDO PERDÓN. EN SU DIA DIJIMOS QUE SI APARECÍA EL ARTÍCULO ESTO ES LO QUE HARÍAMOS.

A continuación la decisión de la autoridad competente:

LA PATRULLA DE SALVACIÓN, DESPUES DE UNA MINUCIOSA INVESTIGACIÓN,  OBSERVÓ INDICIOS DE TRAMPA PROMOCIONAL Y PROCESÓ A LOS IMPLICADOS. UNA VEZ APORTADA LA PRUEBA EXCULPATORIA, EL TRIBUNAL DE PAPEL HA ENTENDIDO QUE LA PATRULLA SE HABÍA EXTRALIMITADO EN SUS FUNCIONES Y DEJA EN LIBERTAD A LA AUTORA Y SUS EDITORIALES.

SE HA IMPUESTO UNA SANCIÓN A LA PATRULLA DE SALVACIÓN: MAÑANA A PRIMERA HORA DEBERÁN COMPRAR UN EJEMPLAR DEL THE NEW YORK TIMES Y COMÉRSELO PÁGINA A PÁGINA. SIN PAN.

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