Les ruego que tengan un poco de paciencia, la sargento Margaret se acaba de levantar -con resaca (para variar)-, está preparándose un bloody mary y en breves momentos saldrá para hacer una declaración institucional cuartelera:
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Señoras y señores diputados:
Juan Cruz (editor y periodista) ha titulado «Especies en extinción» su último volumen de memorias haciendo referencia a que ya casi no quedan editores y periodistas como los de antes. Los de antes (entre ellos el propio autor, claro) eran los que, según el autor, valían.
La Patrulla de Salvación solemnemente manifiesta que no siente pena alguna por la desaparición de esa subespecie de editores y periodistas. La precaria situación en que hoy se encuentra el mundo editorial y la cultura en general se debe en gran parte al triste desempeño de esos pseudoprofesionales.
Sentimos consternación por la desaparición del lince ibérico, pero no por el hecho de que esos a los que Cruz cita en su libro dejen de editar o de escribir en periódicos y revistas.
-A este bloody mary le falta tabasco, Daphne. Y te has quedado corta con el vodka.
-Pero si medio vaso es alcohol, mi sargento. Si el líquido más que rojo es rosa.
-Pues a mí me sabe muy light, pero bueno…
Juan Cruz (Tenerife, 1948), que actualmente ejerce de periodista cultural (hay cosas peores, no crean), ha sido director de la editorial Alfaguara entre el 92 y el 98 del siglo pasado y ha publicado varios libros de memorias, el último de los cuales se llamó «Egos revueltos» (Tusquets, 2009). Con Especies en extinción (Tusquets, abril 2013), este nuevo capítulo de sus recuerdos, hace un repaso interesante a sus dos profesiones.
Juan Cruz, en lo personal, es un encanto. Así, pequeñito, tan entrañable, con su pelito cano y siempre con las emociones a flor de piel, dan ganas de adoptarlo. Abrazarlo fuerte, como si fuera un osito de peluche, y llevártelo a casa es lo que te pide el cuerpo. Parece tan falto de cariño que servidora -madre y abuela- se sentiría realizada como mujer si cada noche pudiera llevarle un vaso de leche a la cama, arroparlo y cantarle una nana. Los humanos que, como Cruz, son tan sensibles se entregan en cuerpo y alma en sus relaciones personales. Y eso está muy bien. Lo malo es que comúnmente no son capaces de distinguir entre relaciones personales y profesionales. Por eso -sólo por eso- Juan Cruz no está capacitado para ser editor. Él mismo lo reconoce.
En su nuevo libro de memorias nos cuenta, entre otras cosas, lo desagradable que es para un editor perder a un autor. Nos relata cómo algunos editores pasaron por ese trance con dignidad, como fue el caso de Toni López Lamadrid, y luego se pone a sí mismo como ejemplo de lo contrario aprovechando para, poco veladamente, insultar a los agentes literarios y para, entre líneas y vengativo, dejar claro cómo funcionan los premios literarios.
Sobre cómo Toni López Lamadrid llevó el que el escritor Javier Cercas dejara Tusquets:
Pág. 208
Nunca hablé con él de ello, nunca se lo dije, pero siempre tuve en mi mente la sensación de caballerosidad que dejó Toni en mi memoria; nunca jamás evocó conmigo, y hablamos muchas veces, la lástima íntima, o la rabia editorial, que debió de sentir cuando Javier Cercas dejó Tusquets, fichó como autor por la agencia Balcells y finalmente desembocó en otro sello de la competencia, Mondadori, con su libro Anatomía de un instante. el silencio de Toni fue para mí un autorretrato de la discreción con la que edificó, como al desgaire, la figura de un verdadero señor de la edición.
Sobre cómo Juan Cruz se hizo amigo del escritor Manuel de Lope:
pág. 337
Decidí una mañana que pasaría el tiempo de mis vacaciones de verano en la ciudad donde viviera aquel colaborador que llamara más temprano. Y tuve la suerte de que esa llamada tan temprana fuera la de Manuel de Lope, que vivía en Aix-en-Provence. Le pregunté si él me podía acoger unas semanas en su casa, y en seguida estuvo dispuesto. Ahí nació una relación amistosa que en aquel momento y después tuvo mucha influencia en mi vida personal, y luego en mi vida como editor, pues al cabo de cuatro años, cuando me encargaron la dirección de Alfaguara, nombré asesor a Manuel de Lope, que durante un tiempo, vivió en mi casa, en los primeros tiempos de su mudanza a Madrid. El desarrollo de esta amistad fue parejo a mi trabajo, y también a su desarrollo como el gran escritor que ya era, hasta que publicó, con gran éxito de crítica y de público (aunque él mismo confesaba conformarse con las mismas tiradas que Benet consideraba suficientes, cinco mil ejemplares), Bella en las tinieblas, una de las grandes novelas que publicó Alfaguara es ese tiempo y después…
Nota: he repasado tres veces el párrafo anterior para cerciorarme de que coincide con lo escrito por el autor. Aunque les parezca increíble esas son las palabras que figuran en la página 337 de este libro. Los que conocen desde dentro el mundo editorial español no se sorprenderán. Los no iniciados pueden constatar, a la vista de las consecuencias, lo perniciosa que ha sido la endogamia, la ósmosis enfermiza que se ha producido durante estos últimos entre autores, periodistas y editores. Todo muy, muy profesional.
Lo que viene a continuación es el relato de cómo Juan Cruz/Alfaguara perdió a Manuel de Lope y de ¡¡CÓMO SE USAN LOS PREMIOS LITERARIOS PARA ROBAR AUTORES!!
Nota: La negrita, las mayúsculas, los gritos y la mala hostia son míos.
Pág. 339
Cuando Manuel de Lope dejó Alfaguara para publicar (porque había obtenido el Premio Primavera) en Espasa Calpe me dijo que no me había avisado de su proyecto (presentarse al premio, para ganarlo eventualmente) porque Carmen Balcells le había dicho que no se lo contase ni a su familia… En esa metáfora encuentro yo el exacto resumen de las relaciones: el autor es de sí mismo, claro, pero es sobre todo del agente, ella marca el hilo conductor de su carrera, y para lo que yo no estaba curtido era para considerar esa posibilidad. Por eso cuando lo supe, cuando me dijo Manuel que lo que había ocurrido era exactamente eso, entendí que yo no servía para este oficio.
Alguien me avisó, de noche:
-Mañana le van a dar a Manuel de Lope el Premio Primavera, de Espasa Calpe.
Llamé de inmediato a Manuel:
-¿Es cierto?
-Es mentira -me dijo.
Al día siguiente me explicó:
-Carmen Balcells me dijo que no se lo contase ni a mi madre.
¿»Presentarse al premio, para ganarlo eventualmente», Juan? ¿»ganarlo eventualmente»? ¿Estoy leyendo realmente lo que estoy leyendo o la demencia senil se ha hecho ya dueña de mi cerebro?
Manuel de Lope ganó el Premio Primavera en 1998 con la novela «Perlas peregrinas»(aquí). Se embolsó 25 millones de pesetas, unos 150.000 €. Seguro que el siempre melodramático Juan Cruz se acordó entonces de las 30 monedas de plata por las que Judas vendió a Jesús de Nazaret, su maestro.
¿Entienden por qué me cabreo? A quien me vuelva a decir que la mayoría de los premios literarios son limpios le doy dos hostias. Así de claro.

Juan Cruz
Sobre los/las agentes literarios
Pág. 340
Ya ningún autor, o casi ninguno, forma parte de la cartera de las editoriales, sino de los y las agentes, y esta novedad que inauguró en España Carmen Balcells ha introducido una inseguridad editorial que tiene doble filo. Por una parte, ha privado al editor de aquella prepotencia que le permitía disponer de un autor, de sus fechas, de sus derechos, de sus libros en definitiva, como si el autor fuera de su propiedad. Pero también ha privado al editor de la sensación de que lo que lo que está haciendo sirve para fidelizar al autor de cara al próximo libro. Ya eso no existe, o no existe prácticamente. La renegociación es una nueva negociación, no hay vuelta atrás, nadie puede decir «Hombre, después de lo que hicimos…» porque siempre hay, en ese momento, cuando se pone en el mercado un nuevo libro, otros editores que han sido avisados (por las propias agentes) para que entren en la puja.
Creía que la editorial, en la que era un empleado, era mi editorial, y consideraba que tenía que ocuparme de los escritores como si de estos también fuera un empleado. Creo que debe ser así; un escritor te confía un manuscrito, el resultado de meses, incluso de años de soledad; tú eres su primer lector, quizá la persona en la que más puede confiar en ese estado de su obra, cuando la ha acabado y tiene una enorme incertidumbre acerca del porvenir del manuscrito; y esa confianza que deposita en ti debe ser correspondida con la honestidad y con la lealtad con que un perro sigue a su dueño. Sé que suena demasiado grandioso (o demasiado rastrero, vete tú a saber), pero es así.
Tengo la sensación de que Juan Cruz -confiado en su buen hacer con la pluma y siempre muy ocupado- no se ha parado a leer las galeradas que le mandó la editorial Tusquets para corregir errores antes de publicar. Si lo hubiera hecho, seguro que algunas frases habrían aparecido, al menos, matizadas en la copia final. Esa suerte tenemos. Viva el striptease.
Juan Cruz -parece- no se ha leído las galeradas. Pero sospecho que el corrector de estilo de Tusquets estaba de vacaciones cuando tocó publicar este libro. No sólo son los graves errores (¿horrores?) de redacción, sino también las dolorosas (a los ojos) faltas de ortografía. ¿Un ejemplo?
Pág. 86
Cruz está relatando los encontronazos que Amaya Elezcano y él tuvieron con Arturo Pérez-Reverte. Escribe Juan:
Imagino que entre Amaya y él habrán saltado chispas en más de una ocasión, y saltaron también conmigo, generalmente por cuestiones profesionales o por aquella dichosa disyuntiva sobre el trato periodistico que iban a tener sus libros. Pero eso no hace excepcional a Arturo: la mayoría de los escritores expresan, aunque en distinta longitud de honda, con otros modales quizás, las mismas inquietudes.
«Longitud de honda», ya ven. Salvo que los escritores usen todos un coche Honda (de fabricación japonesa) para ir a ver a sus editores y manifestar cómo quieren que les traten los medios del grupo PRISA, y de lo grande que sea el vehículo dependa lo cariñosa que sea luego la crítica, esto no es más que una garrafal falta de ortografía.
Nota: Lo del «trato periodistico que iban a tener sus libros» se refiere a que según Cruz, Pérez-Reverte se quejaba de que en el cultural Babelia no eran simpáticos con sus novelas. Sí, lo que están leyendo. Eran otro tiempos (años 90´s) y otra Babelia, claro.
Algo curioso para terminar: cuando, en medio de un episodio de megalomanía, Juan Cruz llegó a creerse la bestia negra de Andrew Wylie,»el Chacal». Nada menos.
Pág. 330
En una ocasión Andrew Wylie, el famoso y temido, por temible, agente multinacional, declaró que venía a España a quedarse con todo, y que para eso tendría que quedarse con la agencia Balcells. Recuerdo que le reproché a Wylie, en un encuentro que tuvimos (entre otros encuentros) en el hotel Ritz de Madrid, el carácter intemperante de su declaración, y yo creo que ese encontronazo contribuyó a que Wylie me mirara ya para siempre de reojo, y ayudó a que mirase también muy de reojo todo lo que hiciera Santillana, hasta el punto que poco a poco la fue desposeyendo de todos los derechos de los autores que dependían de su agencia.
¿Lo ven? este libro no ha pasado ni por una primera revisión. Que Andrew Wylie -el mayor agente literario del mundo- no tiene otra cosa que hacer que reconcomerse en su silla pensando cómo fastidiar al bueno de Juan Cruz. Animalico.
Actualización a las 7:51 h. del día 14 de abril.
Un comentario en este «post» (gracias, chicharra) nos ha refrescado la memoria (la alzeimer que es mu mala). Resulta que en 1998, Andrew Wylie, El Chacal, el agente literario más influyente del mundo, abrió oficina en Madrid y colocó como empleadas a Ruth Toledano, que procedía de la agencia de Raquel de la Concha, y a Eva Cruz, hija de Juan Cruz, entonces director de Alfaguara. Dos años después las dos fueron despedidas. Esto no lo cuenta Juan Cruz pero se puede leer en una entrevista que Sergio Vila-Sanjuan hizo a Andrew Wylie y que La Vanguardia publicó el 20 de diciembre de 1998. Pinchando (aquí) y gracias a la maravillosa hemeroteca digital de la Vanguardia, pueden acceder a la entrevista. Y yo me pregunto: ¿Diría Juan Cruz lo que dice en su libro sobre El Chacal si su hija continuase siendo su empleada?

Use Lahoz con el Premio Primavera 2013
Ya lo voy a dejar, pero no sin antes recordar -no se me va de la mente- el episodio arriba reseñado sobre la traición de Manuel de Lope. Se me viene también a la cabeza, qué cosas, una historia reciente casi calcada de aquella. Hace unos días -el 21 de febrero- el ¿escritor? Use Lahoz, que pertenecía a la cuadra de Alfaguara, ha ganado el Premio Primavera de novela (aquí) y ha editado, semanas después, su libro El año en que me enamoré de todas con Espasa (sello que hoy pertenece al grupo Planeta). ¿Les sirve lo contado por Cruz sobre Manuel de Lope y su cambio de editorial de hace 15 años para entender por qué ganó Use Lahoz el premio? A mí sí.
OTRA COSA (nada que ver con el libro de Juan Cruz)
Aunque a veces pierda los papeles, hay que reconocer que Echevarría, don Ignacio, escribe generalmente bastante bien.
Ayer (aquí) sobre los motivos por los que autores consagrados -como Roth y Munro- anuncian que ya no van a volver a publicar:
El mismo acto de hacer pública declaración de esa renuncia entraña una interiorización de la figura pública del escritor, con toda su vanidad y toda su servidumbre. Y esa sí es una fatalidad de la que parece improbable zafarse, menos aún cuando se ha alcanzado una visibilidad como la que Munro y Roth tienen.
¿A qué tipo de normalidad puede aspirar alguien que ha hecho de la escritura algo más que una forma de vida, la sustancia de su identidad?
OTRA COSA (SOBRE LOS AGENTES LITERARIOS) (Actualizado a las 10,06h del lunes 15 de abril de 2013) (nada que ver con el libro de Juan Cruz)
(AQUÍ) pueden asistir (en inglés) al video (58,41 minutos) de la reciente entrevista colectiva que The Hollywood Review hizo a los agentes literarios más importantes de los USA.
Un aperitivo en castellano. Dice Robert Gottlieb presidente de Trident:
Amazon ha creado una oportunidad de publicar para autores que en condiciones normales nunca serían publicados por el cuello de botella que supone la edición tradicional. En mi agencia representamos un libro llamado The Abbey, una historia de un detective de homicidios del Medio Oeste que es musulmán estadounidense. Si fuera con ese libro a un editor tradicional me costaría mucho venderlo. El libro vendió 1 millón de copias en Amazon, 350.000 copias en Barnes & Noble, y ahora, de repente, comienzan los editores a darse cuenta de que existe.