ANDRÉS NEUMAN BEBE DE SU PROPIA MEDICINA

La reseña de Hablar solos (próxima novela de Andrés Neuman) que ayer publicamos (aquí) es falsa. Algunos de ustedes ya se han dado cuenta. Cogimos la famosa y legendaria crítica (aquí) que en 2004 Ignacio Echevarría publicó en Babelia sobre El hijo del acordeonista de Bernardo Atxaga (Alfaguara, 2012), le cambiamos cuatro cosas (David por Lito; Obaba por Buenos Aires; País Vasco por Argentina; lucha armada por mundo del tango y un acento, el que aparece en la palabra “psicológico” sobre la primera “o” en lugar de sobre la segunda.)  y la hemos editado firmada por la sargento Margaret.

Nuestra intención era administrar al escritor Andrés Neuman una cucharada de su propia medicina.

No hemos conseguido las galeradas de la novela de Neuman y, por supuesto, ningún empleado de imprenta ha puesto las manos encima a la sargento Margaret. Que una es muy decente, oiga. Y, lo más importante, no hemos leído la novela del escritor hispano-argentino.

Lo que si hemos hecho es escribir sobre un libro sin haberlo leído. Eso es lo mismo que Andrés Neuman hizo el 29 de noviembre de 2011 cuando en revista Ñ (aquí), suplemento cultural del diario Clarín, puso a parir, con muy poca clase y menos gracia, “El Prisionero del Cielo” (y a su autor) última novela de Carlos Ruiz-Zafón.

Neuman, sin leer la novela de Ruiz-Zafón, escribió:

Ruiz Zafón, o Zafón Ruiz, que tanto monta, y viceversa, acaba de ensayar una ejemplar tesis comparativa con su obra precedente. Siempre atento a las teorías de la recepción, nuestro ventoso autor reflexionó en Barcelona, durante el lanzamiento de El prisionero del cielo: “Es una novela más luminosa, menos oscura y ambigua que la anterior, El juego del ángel. Sabía que los lectores se iban a enfadar conmigo por liarles, pero estaba previsto”.

Carlos, osado Carlos, ¿pero cómo se te pasó siquiera por la hipófisis intentar ser ligeramente ambiguo, polisémico, cuando uno puede ser para siempre transparente, unívoco? ¿Para qué buscar los claroscuros, tantear cierta penumbra, si se puede encender un foco de mil quinientos vatios? Y sobre todo, Carlos, luminaria nuestra, ¿cómo consideraste, ni por un solo párrafo, la posibilidad atroz de liar a tus lectores? ¿No ves que entonces nos perdemos enseguida? ¿No te das cuenta de que ya bastante lío hay en nuestra propia vida, tan necesitada de tus ángeles y cielos? ¿Cómo no vamos a enfadarnos, hombre, dime, un pelín, que en dialecto sureño se diría un cachito, si no nos das exactamente lo que estamos esperando? En esta providencial tercera entrega de la serie, por fortuna, tienes a bien revelarnos “las claves para interpretar el libro anterior”. No te imaginas cuánto alivio nos proporciona semejante generosidad hermenéutica. Llevábamos unos cuantos años haciéndonos preguntas. Y ya sabes que, a la larga, eso resulta pernicioso. “Los hilos se van atando”, nos explicas, “y eso generará una lectura más acelerada”. A mí, en principio, lo de acelerar su lectura me parece fantástico. Hay cosas que es mejor terminar cuanto antes.

La única duda que me queda flotando, leve, imperceptible casi, es la siguiente: ¿cómo harás para desliarnos si te has puesto a atar hilos? Parece que, fatalmente, las complejidades nos persiguen. Seguro que todo se aclara en la cuarta entrega.

Muy feo, Andrés, muy feo. Un escritor tiene todo el derecho -e incluso el deber- de criticar duramente la obra de un compañero. Lo que no puede hacer es, sin haber leído la novela, intentar mofarse de otro autor solo por el hecho de vender mucho. Digo mofarse porque Neuman, como ustedes acaban de leer, no esgrime argumentos literarios para criticar la obra de Ruiz-Zafón. En el texto de Neuman solo hay inquina y animosidad, en definitiva: envidia.

También se percibe otra intención oculta en el escrito de Andrés Neuman. Me refiero a la pretensión de quedar bien delante del resto de escritores. Neuman sabe que en la profesión lo que está bien visto es despreciar a los grandes vendedores. (Fíjense qué profesión esta, la de escritor español). Por eso, con este artículo, quiere ganarse una buen imagen ante sus compañeros, la mayoría de los cuales venden tan poco como él y sienten tanta envidia de los que se ganan el pan con el sudor de su frente.

Les dejo con una cita encontrada en Libros & Bitios, el gran blog de José Antonio Millán:

 Una buena editorial es la que publica libros que le dan el dinero suficiente para publicar otros que no le darán demasiado. Una vez, en Buenos Aires, alguien me hizo una pregunta malintencionada sobre Pérez-Reverte. Iba completamente equivocado. Nunca haré críticas de Pérez-Reverte ni de nadie similar. Estaría bueno que el parásito criticara el cuerpo que parasita.

(Juan Goytisolo, 1999)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso.

Actualización a las 17:45 del día 20 de julio de 2012:

Perdonen, pero me había dejado una cosa en el tintero. Y si no la suelto reviento: ¡¡PERO QUIÉN COÑO SE HA CREÍDO ANDRÉS NEUMAN!!

Ya estoy más relejada, gracias.

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HABLAR SOLOS; Andrés Neuman

La próxima novela de Andrés Neuman, Hablar solos (aquí),  sale a la venta el 3 de octubre de 2012. (Editorial Alfaguara). Pero servidora tiene un amigo en la imprenta y, a cambio de un favor de tipo erótico festivo, lo he convencido para que me pase las galeradas. Aquí va mi reseña:

Resulta difícil sobreponerse al estupor que suscita la lectura de esta novela. Cuesta creer que, a estas alturas, se pueda escribir así. Cuesta aceptar que, quien lo hace, pase por ser, para muchos, mascarón de proa de la literatura de toda una comunidad, la latinoamericana, cuya situación tan conflictiva reclama, por parte de quien se ocupa de ella, el máximo rigor y la mayor entereza.

Andrés Neuman (1977) que pasó su infancia en Buenos Aires, nunca ha eludido -y eso le honra- la representatividad que viene recayendo sobre él desde el éxito clamoroso de El viajero del siglo (premio Alfaguara). No cabe dudar de las presiones que ello comporta y de lo difícil que tantas veces ha de resultarle abrirse paso a través de ellas. Hasta cierto punto, ello podría servir de atenuante de la tibieza y de la confusión que rodean la percepción que Neuman tiene de la realidad latinoamericana. Pero no puede de ningún modo atenuar, por lo que toca a esta novela, el carácter tan tópico -acusadoramente tópico, esta vez- de sus planteamientos narrativos, la enclenque consistencia de sus personajes, la poquedad de sus desarrollos.

Hablar solos tiene por principal escenario Buenos Aires, la imaginaria localidad argentina en la que viene recreando Neuman, con tintas arcaizantes, los atributos del ámbito ciudadano en el que él mismo se crió. Entre otras cosas, la novela viene a contar el deterioro y la pérdida definitiva de ese mundo idílico por obra del progreso, sí, pero sobre todo por la injerencia de una violencia histórica en cuya espiral queda atrapado Lito, el protagonista del relato.

Las circunstancias que, hacia finales de los años sesenta, pudieron empujar a un sano e ingenuo chavalote argentino a militar en un grupo de cultivadores del tango tradicional: tal parece el asunto que Neuman pretende ilustrar, echando mano de la experiencia de toda su generación y, eso sí, dejando claro su actual distanciamiento de la actividad musical tal y como se viene desarrollando desde el establecimiento de la democracia.

Cuando apenas cuenta 13 años, un informe psicológico atribuye la poca sociabilidad de  Lito al «apego» que siente por «el mundo antiguo», y hace constar que «los viejos valores» aparecen en su mente «confundidos con los modernos». Muy tempranamente, Lito siente la llamada poderosa de formas de vida arcaicas, que lo mueven a añorar un «mundo antiguo» que sobrevive todavía en las cercanías de Baires. Allá frecuenta el caserío familiar, en «un pequeño valle verde, bucólico», que parece destinado a acoger a los «campesinos felices» (así los llama él siempre, citando a Virgilio), junto a los cuales se siente Lito más a gusto que entre sus compañeros de colegio.

El conflicto empieza cuando, siendo todavía adolescente, Lito descubre poco a poco el oscuro pasado de su padre, tanguista de profesión, que colabora con las autoridades y que estuvo implicado, al parecer, en actuaciones musicales desastrosas que tuvieron lugar en Buenos Aires. Pese a su completa ignorancia de lo ocurrido, Lito se siente «enfermo sólo de pensar que puedo ser hijo de un hombre que tiene sus manos manchadas de notas falsas».

A partir de entonces, el mundo de Lito queda ensombrecido por la maldad impenitente de los modernos y sus secuaces. Ellos son el origen de todos los males, pues no sólo son gamberros y malos músicos, no sólo son españolistas y están moralmente corruptos, sino que, para colmo, son los que, a fin de hacer prosperar sus turbios negocios, y siempre «llevados por su odio a las gentes de la Argentina», hacen traer a Buenos Aires las guitarras eléctricas y las baterías que con sus estridentes sonidos aplastan las «palabras antiguas», hundiéndolas en el barro «como copos de nieve», dejando ver «lo desigual de la lucha, qué poca esperanza había para el mundo de los ‘campesinos felices».

Portada de Hablar solos

La progresiva toma de conciencia de este estado de cosas ocupa al menos dos terceras partes de la novela, en las que de paso se da cuenta minuciosa -y sonrojante- de las zozobras amorosas de Lito. El resto del libro, a fuerza siempre de introducir elipsis temporales toda vez que el relato se enfrenta a una dificultad, da cuenta de las forma casi inevitable en que Lito se incorpora al mundo del tango, organización que, conforme a su testimonio, parece limitarse a distribuir discos de pizarra y a tocar ante monumentos y edificios públicos. Sólo cuando las cosas empiecen a desmandarse tomará Lito la decisión de emigrar a Estados Unidos, donde a la vera de su tío Juan, poseedor de un rancho dedicado a la cría de caballos, cumple su ideal de vida bucólica, al lado de Mari Ann, su mujer (hija de un veterano brigadista internacional, cómo no), y sus dos hijitas. Con ellas juega Lito a enterrar en pequeñas cajas de cerillas palabras que en la «vieja lengua» de su país van cayendo en desuso.

La beatitud y el maniqueísmo de sus planteamientos hace inservible Hablar solos como testimonio de la realidad porteña. A este respecto, la novela sólo vale como documento acrítico de la inopia y de la bobería -de la atrofia moral, en definitiva- que no han dejado de consentir y de amparar, hoy lo mismo que ayer, de forma más o menos melindrosa, el desarrollo del tango argentino, reducido aquí a un conflicto de gardeles y piazollas, un problema de ecología lingüística, musical y sentimental, al margen de toda consideración ideológica.

Existe un huidizo concepto, el de la razón narrativa, que por su parte ampara las sinrazones que puedan caber en un relato. Pero es esta razón narrativa la que empieza por fallar completamente en Hablar solo, novela que incumple las mínimas reglas del decoro literario. El texto se ofrece como un desordenado «memorial» escrito por Lito pero reescrito póstumamente por su amigo Mario, antiguo camarada en la lucha y en la actualidad conocido escritor. Un artificio tramposo que, con sus chispas metaliterarias -y metaficcionales, dado que se insinúan aquí y allá claves autobiográficas-, no consigue amenizar la deriva tan previsible de un libro construido con una sentimentalidad jurásica, que en sus mejores páginas trae, bien que a su modo, el recuerdo de las novelas de José Luis Martín Vigil. Todo servido en una prosa de seminarista, de una cursilería casi conmovedora, llena de ridículos arrobamientos («los osos: tan inofensivos, tan inocentes, tan hermosos») y capaz de refutar en términos como los siguientes las maledicencias que corren en torno a don Pedro, un indiano ricachón -pero republicano- de quien se cuenta que labró su fortuna a costa de su hermano: «Detalles policiales aparte, los dos hermanos se querían mucho: porque eran Abel y Abel, y no, de ninguna manera, Caín y Abel. Desgraciadamente, como bien dice la Biblia, la calumnia es golosina para los oídos…». Y sigue.

Para nimbar el marco pastoral de la novela con favorecedoras luces crepusculares, resulta que Lito escribe su memorial sabiéndose víctima de una grave dolencia que pronto lo arrancará de su particular paraíso terrenal. Aunque tarde, ha comprendido que «la vida es lo más grande, quien la pierda lo ha perdido todo» (sic). Pero incluso a la muerte consigue arrancarle Lito rasgos embellecedores, pues en su cercanía el amor adquiere, dice, nuevas formas: «Formas dulces, casi ideales, ajenas a los conflictos y a los roces de la vida cotidiana». Como las del camino de salvación que postula esta novela.

Actualización a 18 de julio de 2012:

Esta reseña es falsa. Aclaración en el «post» que, por orden cronológico, viene detrás de este.

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«LA OBRA MÁS VENDIDA DEL MOMENTO EN EEUU»

Si yo comprendo que hay que vender, que la cosa está “mu achuchá”. También soy consciente de que los best sellers hay que colocarlos ahora, en verano, y luego, en navidad. Todo eso lo sé. Pero no se pueden coger  atajos para promocionar los libros. Antes, cuando no había internet, decir que un libro  “es la obra más vendida del momento en EEUU” podía colar. Pero ahora, cuando con un clic se consigue toda la información, ya es más difícil metérnosla doblada. Menos mal que estamos nosotras aquí.

Publica hoy EL MUNDO una entrevista (aquí) con William Landay (autor de “Defendiendo a Jacob” Esfera de los libros, 2012). La entrevista la firma Daniel Vázquez Salles, novelista e hijo de Manuel Vázquez Montalbán. Aclaración: La esfera de los libros pertenece a Unidad Editorial, grupo que edita también EL MUNDO.  Esta información está recogida en el artículo, todo hay que decirlo.

Esta entrevista, ahora mismo, (a las 11;40h), es la primera noticia de la página de cultura de EL MUNDO.es.  y en ella se dice, en su encabezamiento, que el libro de Landay “es la obra más vendida del momento en EEUU”.

Si van ustedes a la página de William Landay (aquí) pueden ver las noticias que sobre su última novela el propio autor ha destacado. El libro fue publicado en EEUU el 31 de enero de 2012. Como Landay escribe, en un post con fecha 9 de febrero titulado “What a week” (aquí), el día de su publicación el libro llega al número uno de la lista de Barnes & Noble y se mantuvo una semana en ese puesto.  Luego destaca la llegada al número 4 (aquí) en la lista más importante de los USA, la del The New York Times. Termina Landay su “post” escribiendo: “I suppose things could get better, conceivably. But it’s hard to imagine”. Pues tenía razón, las cosas no fueron mejor. Si vemos como evolucionó el libro en esa lista de best selllers del The New York Times veremos que la semana siguiente sube al número 3, pero luego comienza la bajada:

4 de marzo; número 5.

11 de marzo; número 6.

18 de marzo; número 9.

25 de marzo: número 9.

1 de abrıl; número 6.

8 de abrıl; número 8.

15 de abril; número 10.

22 de abril; número 18.

29 de abril; número 17.

6 de mayo; número 19.

13 de mayo; número 19.

20 de mayo; número 21.

27 de mayo; numero  26.

3 de junio; número 22.

10 de junio; número 24.

17 de junio; número 21.

24 de junio; número 24.

1 de julio; número 25.

8 de julio; número 29.

15 de julio; número 26

22 de julio; número 24

Aclaración: la lista del The New York Times refleja las ventas realizadas hasta una semana antes.

El libro de Landay se ha vendido bien en los Estados Unidos pero, claramente, no es “el más vendido del momento”.

En la página de Landay, cuando copia las elogiosas críticas que ha tenido su novela (aquí), coloca debajo de algunos autores de dichas reseñas, un título habitual entre los escritores de best sellers en aquel país. Con ese título se destaca qué autores han estado alguna vez entre entre los más vendidos en la lista del The New York Times y de entre ellos, cuáles han sido número uno.

Por ejemplo:

“Linwood Barclay, N.Y. Times bestselling author”. Linwood Barclay ha estado en la lista pero no ha llegado al número uno.

“Nicholas Sparks, N.Y. Times #1 bestselling author.” Nicholas Sparks  si ha sido número uno, de hecho varias veces.

Podríamos decir que William Landay es un “N.Y. Times bestselling author”, pero no un “N.Y. Times #1 bestselling author”.

En la lista de Barnes & Noble, donde fue número uno en febrero, hoy ocupa el puesto 143.

En la lista de Amazon USA aparece ahora mismo en tres “rankings” de ventas: ocupa hoy el puesto 19 de Thrillers legales, el lugar 25 en Thrillers psicológicos y la posición número 91 en  la lista de libros de suspense.

¿Quieren más datos?

Vamos a ser, por favor, un poco más rigurosos.

Daniel  Vázquez Sallés: mejor que te concentres en tus novelas.

Actualización una hora después:

Me he metido por curiosidad en la página que a «Defendiendo a Jacob», de William Landay, dedica su editorial, La esfera de los libros, y me he encontrado (aquí) con esto:

«Despues de su extraordinario éxito en Estados Unidos, donde ha ocupado los primeros puestos en todas las listas de bestsellers, llega a nuestro país el thriller legal del momento» «Besteseller internacional Nº 1 en EE.UU».

Toma castaña!!!

Lo de «Besteseller» no es error mío. Pasen y vean. Debe ser un nuevo tipo de super ventas. Si es que la señora Ymelda Navajo es muy creativa. Vamos.

Actualización a las 21; 15h del día 17 de julio:

Ya han corregido en la página de La esfera de los libros lo de «besteseller». Una pena. Ahora que habíamos bautizado con ese nombre a los super ventas de nivel superior. No nos va a quedar otra que llamar «best seller que te cagas» a los que vendan una barbaridad.

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THE BOOKLOVERS

El grupo de pop/rock británico The Divine Comedy hace su canon:

(AQUÍ)

 

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MALCOLM OTERO BARRAL: ¡Qué jeta tienes!

Querido Malcolm:

No se puede quedar bien con todo el mundo. Si pretendes que te tomen en serio y que se te considere un digno sucesor de lo que tu abuelo (Carlos Barral) representó en el mundo editorial en castellano, hay que mojarse.

Escribes, en el número de julio de la revista Letras Libres, (aquí) un articulito comentando las recientes compras de Tusquets editores y de Anagrama (por Planeta y por Feltrinelli) y todo te parece maravilloso. Debes vivir en los mundos de Yupi.

Hay que ser más coherente, querido Malcolm. Si te parece fantástico que Feltrinelli adquiera Anagrama porque el comprador es un grupo extranjero y progresista, no te puede parecer igual de bien que Planeta compre Tusquets. Planeta ni es foráneo ni de izquierdas, más bien lo contrario. Una de dos, cariño.

Te recuerdo lo que has escrito:

Fue una jugada maestra. Feltrinelli, a pesar de ser un grupo ingente, era extranjero, con lo que se evitaban los lugares comunes que pesan sobre  los grandes grupos españoles. Era además progresista, lo que reforzaba la idea de que el acuerdo aseguraba la continuidad de la editorial sin caer en las manos del vil capital. En definitiva, una operación redonda desde el punto de vista financiero y que además dejaba intacta la imagen de la editorial.

Cuatro líneas más abajo despachas lo de Planeta comiéndose Tusquets de la siguiente forma, tan falta de rigor y tan poco coherente con lo escrito un poco más arriba:

Planeta podría parecer el símbolo del capitalismo menos sensible, del gigante corporativo sin escrúpulos, pero lo cierto es que Planeta es un grupo bastante respetuoso con la labor de los editores (…) Además, lo que Tusquets ha dejado entrever del acuerdo con la familia Lara parece más encaminado a garantizar el futuro de la editorial y de sus trabajadores cuando Beatriz de Moura decida dejar las armas que a la necesidad inminente de hacer caja.

Dices una verdad: escribes que estas dos casas (Anagrama y Tusquets) forman parte de la educación sentimental y literaria de muchísimos lectores. Y es cierto. Precisamente por eso, si se tratara de preservar la línea editorial de ambas editoriales, deberías tener claro que ser adquiridas por una multinacional no es la mejor fórmula.

Beatriz de Moura y Jorge Herralde en 1989. Otros tiempos.

¿Qué opinaría tu abuelo, don Carlos Barral, de la línea editorial de la actual Seix Barral, hoy integrada en Planeta? ¿Qué queda de la Lumen (hoy dentro de Random House Mondadori) que ideó y se curró Esther Tusquets? [(Aquí) hablamos hace meses de ese asunto]. ¿Conoces las chorradas que hoy editan Plaza & Janés y Grijalbo (compradas en 1984 y en 1989 por Bertelsmann, hoy Random House Mondadori)?

¿Quieres más ejemplos?

Estoy de acuerdo en que echándose en brazos de los grandes grupos, Doña Beatriz de Moura y don Jorge Herralde (mis respetos) intentan garantizar  el empleo de los trabajadores de sus editoriales y eso es digno de elogio. Pero esa es la única verdad. Por eso, hablemos claro. Y dejémonos de tonterías y de intentar maquillar culturalmente lo que no es más que pura economía, querido Malcolm.

La única explicación que se me ocurre para la falta de coherencia y de rigor de tu articulito –tú no eres precisamente tonto- es que estés intentando colocar en el mercado tu editorial, Barril & Barral. Espero que no sea así, porque hasta el momento habéis hecho un trabajo magnífico y confío en que así siga durante muchos años.

Salud.

La sargento Margaret

Actualización a las 14; 30h. del día 14 de julio de 2012:

Me acaba de mandar un mensaje un colaborador de este blog para decirme que lo que Malcolm Otero Barral (tranquilo, Malcolm, que no me dejo el apellido del abuelo) quiere con artículos como este es volver a Planeta, donde ya trabajó hace unos años. Podría ser, podría ser.

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ANTONIO J. RODRÍGUEZ (hoy) TIENE RAZÓN

-Mi nombre es Margaret, la sargento Margaret, y soy alcohólica.

-¡Margaret!  ¡¿Qué estás diciendo?!

-Pero… ¿Qué haces tú aquí? ¿No es viernes? ¿No estamos en la reunión de…?

-Estamos a miércoles, mujer. Y te encuentras en el cuartel de la Patrulla.

-Uy, perdón. Vuelvo a empezar: me llamo Margaret, pero no es mi nombre real, es un seudónimo, y lo que quería contarles es que cada día le encuentro más ventajas a esto de usar un nombre falso. Como decía (aquí) me permite ser objetiva y hoy lo he comprobado de nuevo.

Me explico.

Acabo de leer un artículo (aquí) de Antonio J. Rodríguez (alias Ibrahim B. y autor de Fresy Cool, Mondadori, 2012)  y me ha gustado mucho. Aporta un punto de vista nuevo al análisis de las causas de  la crisis de ventas del libro en España y denuncia con valentía y claridad una palpable equivocación (o pillería –esto lo digo yo-) de las editoriales en su estrategia comercial.

Pues decía que me alegro de ser un nombre ficticio, de no ser nadie, porque de ese modo, aunque este chico me insulte a menudo (tenemos amigos comunes, Antoñito), puedo –teniendo más claro que nunca que mi objetivo es únicamente salvar el libro- reconocer la valía de lo que ha escrito y darle la enhorabuena.

En este mundillo literario español donde abundan los egos inflados (lo más tóxico), las sectas y las cuadrillas, les reto a ustedes a que intenten recordar la última vez que, estando enfrentados dos escritores (o dos lo que sea) , uno de ellos reconoció el mérito del otro por un artículo, una crítica o un libro. A que no se acuerdan. Yo tampoco. ¿Ven lo bueno que es no ser nadie? Ser la sargento Margaret me permite hacer algo que casi seguro no haría con mi nombre real.

Les copio aquí un extracto del artículo de Antonio J. Rodríguez sobre lo que él llama las “imperdonables incoherencias publicitarias en la industria del libro”:

…la omisión de la publicidad, que cualquier otro mercado consideró necesario para distinguirse, lleva mucho tiempo pagando sus consecuencias. O desde luego cabe preguntarse qué no habría hecho un Bernbach o un Saatchi con los autores y sellos que nos agradan. Y si la publicidad es sociología rentable, entonces sólo podemos lamentarnos de no haber sacado partido a las enseñanzas de Bourdieu y sus secuaces. En su defecto, la literatura optó por limitarse únicamente a las palabras de los críticos como argumento de venta, obviando que la publicidad cargada de texto, desastrosamente desapasionada, dejó de ser útil hace más de un siglo. Ninguna crítica puede transmitir el significado de pertenecer a esta o aquella comunidad de lectores, y los valores culturales que, más o menos conscientes, cada tipo de lector y consumidor representa.

Nota: las negritas son del autor.

Enhorabuena, chaval. Hoy lo has bordado.

Ah, se me olvidaba: el artículo lleva como título (valiente) “¿Quién Se Ha Llevado Nuestra Pa$$$$$ta?”. Antonio, yo te puedo dar algunos nombres.

OTRO ASUNTO

La revista Jot Down publica una entrevista con Fernando Sánchez Dragó (aquí). Nosotras también entrevistamos, hace unos meses, al GRAN escritor (aquí).

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«VIDA DE UN ESCRITOR» (de Gay Talese) NO ES UNA AUTOBIOGRAFÍA, ¡COÑE!

Es curioso que entre las reseñas de Vida de un escritor, de Gay Talese, que se citan en la página de su editorial, Alfaguara (aquí), no se incluya la que le publicaron en el The New York Times y que firmó Kurt Andersen (aquí) con fecha de 30 de abril de 2006 (año de publicación del libro en los Estados Unidos). En la citada reseña, Kurt Andersen, respetado novelista y periodista americano (cofundador de la legendaria revista satírica SPY  junto con E. Graydon Carter, actual director de Vanity Fair), deja claro que “A writer’s life” es un libro fallido, que está mal escrito y que no se trata de una autobiografía como su autor se había comprometido a entregar a su editorial.

Parece ser que Talese debía entregar unas memorias que fueran la continuación de su libro de 1992, “Unto the sons” -este sí, bastante autobiográfico- , que se había quedado en 1940, cuando el autor cumple 12 años, y que se centraba sobre todo en la vida de sus padres. Cuando Talese ya había excedido en cuatro años el plazo de entrega y ante la insistencia de sus editores, tiró de archivo, sacó algunos reportajes que no había terminado, los juntó con las 40 o 50 páginas que sobre su vida había escrito y lo mandó a la editorial. De ahí las 80 páginas sobre John Bobbitt, aquel pobre señor al que su esposa le cortó el pene, o el rollo que mete sobre China.

Es decir: este libro NO ES una autobiografía. Si acaso, un refrito de artículos y reflexiones. Si aún tienen dudas, ábranlo y echen un vistazo. Además, para más inri, Barbara Celis, en una entrevista con el autor que EL PAÍS (diario perteneciente al mismo grupo que la editorial) publicó (aquí) el 18 de junio pasado para promocionar su lanzamiento, lo dijo muy claro:

Pese a su título, apenas hay rastro de Gay Talese en su interior.

Si todo esto es así, ¿por qué insiste Alfaguara en anunciarlo como “autobiografía”? ¿Para venderlo mejor? ¿Será por eso? ¿Usted qué cree? ¿Es honesto, editorialmente hablando, hacer este tipo de promoción? ¿Dar gato por liebre? Qué feo.

Ahora mismo la frase “La autobiografía del padre del Nuevo Periodismo” figura como cabecera (“banner”) de cualquier página de la web de Alfaguara en la que pinches. (aquí).

Señoras y señores de Alfaguara: les conminamos a que de forma inmediata retiren de su web  eso de que se trata de “La autobiografía del padre del Nuevo Periodismo”. Si no deponen su actitud nos veremos obligadas a tomar medidas drásticas. Estamos barajando algunas de ellas, muy drásticas todas como verán:

1.- Colocar un archivo de voz en nuestro blog con una de las canciones de Frida Laponia, grupo cómico-musical de su escritor estrella en castellano, Agustín Fernández Mallo.

2.- Ilustrar a nuestros lectores sobre lo mal que escribe Milena Agus, su nueva escritora (la que le han birlado a Siruela, obligando a Ofelia Grande a montar eso tan triste llamado Alevosía).

3.- Hablar de las cosas que pasan en SUMA de las letras, su editorial hermana.

4.- Profundizar (tenemos un batiscafo, uno de esos submarinos que llegan a los abismos abisales, valga la redundancia) en el Premio ALFAGUARA.

Ustedes verán.

Les concedemos un plazo de una semana. Si en ese tiempo no retiran lo de “autobiografía” de la promoción del libro de Talese, nos veremos obligadas a cumplir nuestra amenaza.

Actualización a las 8:28h. del día 12 de Julio de 2912:

He recibido (esta noche, mientras dormía plácidamente) un correo de un colaborador con una reseña firmada por Tabitha Thomson en ETUDE (aquí) que apoya nuestra afirmación de que esto no es una autobiografía:

«However, at times the book feels like a repository of previously unpublishable stories.»

Así remacha su argumento Talitha. Pueden encontrar un extracto más largo de la reseña en un cometario que acabo de meter más abajo.

Alfaguara: el plazo se agota. Hoy te queda un día menos.

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«EL ROTO» da (otra vez) en el clavo

Andrés Rábago (EL ROTO)  es el mejor. Y lleva una racha de aciertos que ya la quisieran para sí muchos políticos y todos los economistas.

Hoy en EL PAÍS:

En el clavo, Rábago.

Con esta viñeta, y tal como está la prensa en español últimamente, se pueden ahorrar la compra del periódico, al menos, durante las próximas dos semanas.

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«ERA UNA NOCHE OSCURA Y TORMENTOSA»

Esto es solo una advertencia, me habéis pillado de buen humor. Pero que conste que la próxima vez os señalaré a todos y cada uno de vosotros con nombre, apellidos, título del libro y nombre de la editorial. Más claro: la próxima os empapelo. Quien avisa no es traidor.

Lo que viene a continuación son algunas de las frases y expresiones – “las más mejores”, como decía mi tía Paca- que he subrayado con rojo en los libros que he leído durante el último año.

Sigo utilizando uno de aquellos lápices de dos colores: azul y rojo. Con el primer color destaco lo que me gusta, y con el segundo –el rojo- lo que me produce náuseas, arcadas, regurgitación y como consecuencia, vómito.

Debo señalar que todo lo aquí destacado figura en libros publicados en España a lo largo de los últimos tres años. Digo esto, porque en libros antiguos pueden tener un pase ciertas expresiones. Pero en libros escritos recientemente… Unas veces la culpa es del traductor y otras del autor, pero la responsabilidad es siempre de la editorial.

Encontrarán de todo a continuación: muletillas, clichés, frases hechas, simples horteradas o pura cursilería. Que no se moleste el anónimo de guardia en apuntar que algunas de estas frases son correctas y que, dependiendo del contexto, su utilización es apropiada. Lo sé. Yo lo que destaco aquí es lo que me da asco, solo eso. Lean y cuéntenme.

Para terminar, vuelvo al primer párrafo. Cuidado porque los reincidentes serán detenidos, juzgados y, como la juez soy yo, condenados. La Patrulla de Salvación, la policía editorial, vigila las 24 horas del día. Y quien la hace la paga. Se terminó la impunidad.

Respiren, por favor, antes de empezar a leer:

– “Escapar de las garras de Hitler.”

– “Sudaba copiosamente.”

– “Esbozó una sonrisa.”

– “Pelo hirsuto y barba rala.”

– “Su alegría fue mayúscula.”

– “Muy de tarde en tarde…”

– “Rehacer nuestro matrimonio.”

– “Éxito apabullante/abrumador.”

– “Había cosechado éxito de crítica y público.”

– “Como si dijéramos, …”

– «Hecha un mar de lágrimas…»

-“Los días y las noches se irían sucediendo.”

-“En el correr de los días…”

– «El champán corría…»

-“Las huellas del tiempo…”

-“La soledad ha sido siempre mi única compañera.”

-“Su recuerdo se difuminaba.”

– “Claro como el agua.”

– “Aquellos que formaron parte del marco de mi existencia.”

-“El tiempo ha cicatrizado nuestras heridas.”

-“Me refugio con frecuencia en el pasado.”

-“Hoy me sumerjo en una oración.”

– “Era una noche oscura y tormentosa.»

– “Le cantó las cuarenta.”

– “Mis días habían transcurrido tranquilos y silenciosos.”

– “Le regaló una sonrisa.”

– “Encontrarse a sí misma…”

-“Reparé uno por uno en los clientes del bar.”

– “Era apetitosamente sospechoso…”

– “Mi generación fue pródiga en hombres inútiles.”

-“Aquél lunes mi superior me echó una bronca imponente.”

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DE PERDIDOS AL RIO

-En El Cultural han dicho que de perdidos al rio, Daphne.

-¿Qué dices, Margaret? ¿Cuántos limonchelos llevas? Ya veo que ahora te los tomas en vaso de tubo.

-Digo que han decidido permitir a los autores firmar las reseñas de sus propios libros. El primero, Andrés Barba (aquí).

-Bueno. Qué exagerada eres. Seguro que no es más que un error. Deben haber copiado el nombre del autor donde tocaba poner el del crítico.

-Que no, que tiene toda la lógica. No ves que estamos en crisis. De ese modo se ahorran el dinerito que pagaban al crítico. Esta reseña de Andrés Barba es la prueba piloto. Ya verás qué risa cuando Elvira Navarro o Vicente Luis Mora –que parecen tener ya en el horno su próximo trabajo- reseñen sus propias novelas.

-Venga, Margaret. No seas pesada.

-Que sí, Daphne. Que te lo digo yo. Esto forma parte del  Plan Estructural de Tranparencia y Austeridad (PETA) organizado  por EL MUNDO, periódico que edita El Cultural. Además, el resultado va a ser el mismo. Los dueños de El Cultural han decidido que para poner siempre por las nubes todas las novelas que se reseñan, pues que mejor que lo hagan directamente  los autores. Así no hay posibilidad de equívocos y las editoriales –que son las que van a poner y pagar  la publicidad- tan felices.

-¿Y los lectores?

-¿Qué lectores? ¿Quién lee los suplementos culturales?

-No me convences, Margaret. No te creo.

-Mira, solo te pongo un ejemplo. ¿Qué más da que esta crítica (aquí) la firme Care Santos o el autor de la novela? Seguro que el escritor, aunque solo fuera por vergüenza, se cortaría un poco en lo referente a los elogios.

Actualización, cuatro horas después: En El Cultural ya han cambiado el nombre del crítico-de nada, chicas-. Donde antes ponía «Andrés Barba» ahora se ve el nombre del ilustre Presidente de la Asociación Española de Críticos Literarios, don Ángel Basanta. No podía ser otro.

La reseña de Care Santos, sin embargo, no la han subsanado. Ahí sigue. Tal cual.

De todos modos, y como medida de austeridad, propongo que a partir de ahora todas las reseñas las firmen (y las escriban, claro) los propios autores. No me digan que no sería más divertido.

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