¿Son estos los intelectuales que necesitamos en medio de la peor crisis social, política y económica de los últimos treinta años? ¿Contribuye a resolver la situación argumentar que como los españoles somos así, “orientados de forma principal a vivir la vida” –a diferencia de otros pueblos “orientados a la productividad”- pues que qué le vamos a hacer, oiga?
Hoy, en EL PAÍS, el escritor Jordi Soler publica un artículo titulado Elogio de los PIIGS (aquí) en el que plantea que Europa se está orientando exclusivamente hacia la economía y se están dejando a un lado otros elementos, fundamentalmente culturales y sociales, que son los que caracterizan al viejo continente. Según Soler, con la mercantilización excesiva, Europa se está desnaturalizando. La tesis tiene parte de razón. Las explicaciones, argumentos y soluciones que vienen después son de juzgado de guardia o de guardería infantil. Hacía muchos años que no leía un artículo tan lleno de demagogia y de faltas de respeto hacia la inteligencia del lector.
El artículo de Jordi Soler está lleno de tonterías que hacen pensar que o bien su autor no tiene ni idea del mundo en el que vive, o deliberadamente nos quiere contar lo que sabe que nos apetece oír.
Un ejemplo. Escribe (con un par) Soler:
Este no es un argumento a favor del viva la Virgen, ni de la vida loca, ni de ese espíritu pícaro y chapucero, (…) El relato europeo tendría que reorientarse, hacía esa máxima que rige los desplazamientos de la guerrilla: la columna avanza a la velocidad del más lento. Y no al revés, como sucede ahora.
¿No es consciente el señor Soler de que en el mundo capitalista y globalizado en que vivimos hay que ser competitivo? ¿No se da cuenta de que ir “a la velocidad del más lento” significa posiblemente fabricar a un precio dos veces más caro que lo hacen los chinos y dejar de vender, en el mejor de los casos, la mitad de la producción? Podemos seguir jugando a que somos socialistas utópicos y a que vivimos en una isla caribeña – puede que en esa república bananera el señor Jordi Soler vendiera más libros-, pero por ese camino lo único que vamos a conseguir es más paro y más pobreza. Por eso el artículo de Soler, además de demagógico, es irresponsable.

Pero no se vayan, aun hay más.
Escribe Soler:
Si el lado fuerte de España, y de Grecia y de Italia, no ha sido nunca la economía, ¿por qué va a serlo ahora? España, y sus amigos los PIIGS, son como han sido siempre, y pensar que estos países van a cambiar a fuerza de firmar decretos en Bruselas, es una necedad. A estos países se les aceptó así en la Unión Europea y así, como siguen siendo, debe tratárseles, porque Europa es también eso, sus países mediterráneos, solares, donde la vida lleva otro ritmo y tiene otras prioridades, y sin estos países, sin los tan denostados PIIGS, Europa, señoras y señores, dejará de ser Europa.
Gran argumento, Soler. Lo triste es que los españoles nos hemos acostumbrado últimamente a este tipo de razonamientos. En una cultura en la que el buen rollo, el mínimo esfuerzo y el corto plazo son los principios vectores, artículos como este no desentonan.
Fíjense, por ejemplo, en la gran cantidad de nuevos trastornos psicológicos que han aparecido en los últimos años: hiperactividad, anorexia, bulimia, adicción al sexo o hipersexualidad… Del último en llegar tuve noticia el otro día: “Procrastinación”. Consiste (wiki) en la acción o hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes y agradables. Yo sabía lo que significaba esa palabra, pero me quedé de piedra cuando me enteré de que ahora da nombre a un trastorno psicológico, es decir, a una enfermedad. En mis tiempos a eso se le llamaba ser un gandul, hoy es una patología de la mente. Algunos de estos padecimientos ya tienen hasta siglas, lo que les da mayor apariencia científica. Por ejemplo el “TDAH”, Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.
En esta sociedad moderna en que no nos apetece, por lo general, coger el toro por los cuernos, preferimos dar naturaleza de enfermedad a lo que solo son defectos de actitud o comportamiento. De ese modo ya no tenemos que sentirnos responsables del problema. Si el niño no estudia y tengo la suerte de que el psicólogo lo diagnostica con “TDAH”, ya no he de preguntarme (y posiblemente culparme) si lo estoy educando correctamente. No se me va de la mente aquella imagen de 1990 en la que Diandra Douglas, primera esposa del actor Michael Douglas, hacía declaraciones en las que apoyaba a su marido porque había sido, según ella, muy valiente al reconocer que padecía la enfermedad de la adicción al sexo y haber consentido someterse a tratamiento. Diandra es española, ¿será casualidad?
Esto de los nuevos trastornos psicológicos lo explica mucho mejor que yo el doctor Rendueles, psiquiatra (aquí).
Pues lo mismo está haciendo Jordi Soler en su artículo. Lo de Soler es como decir: pobrecitas España, Italia y Gracia, esa hijas simpáticas y vividoras que me han salido de las que no consigo sacar nada provechoso. Pero son tan divertidas que… Lo de Soler es, además, caer otra vez en el antiguo chiché del flamenco, el sol y la sangría. Lo de Soler es, en definitiva, mentira. Los españoles no somos así. O mejor: no somos solo así. Podemos ser, y de hecho somos “productivos”. Del mismo modo que en Alemania no hay solo trabajadores sudando la gota gorda. En Alemania también hay artistas y escritores y … vividores.
Sigo sin entender como un periódico supuestamente serio como EL PAÍS pone su tribuna principal -en el día de mayor difusión- a disposición de un demagogo como este. Flaco favor nos hace hoy EL PAÍS a los españoles. Hace unas semanas ya denunciamos algo parecido que venía firmado por Luisgé Martín, otro novelista (aquí). ¿Esto es periodismo? ¿De verdad EL PAÍS quiere ayudar a resolver la crisis económica de España o pretende salir de su propia crisis incrementando las ventas caiga quien caiga? ¿Acabará EL PAÍS convirtiéndose en un blog del Huffington Post? Tenga usted cuidado, señor Cebrián, que Ariana es muy lista.
PD: Se me queda dentro una preocupación que ya preveo que no me va a dejar dormir. Si un escritor de nivel medio, que publica en una editorial multinacional y que es respetado en el ambiente cultural castellanohablante, se atreve a mandar al periódico un artículo como este, ¿significa que los potenciales lectores de dicho escrito somos idiotas? ¿Que no somos idiotas pero nos toman por ello? ¿Que no éramos idiotas pero después de tanta basura cultural como hemos consumido nos hemos vuelto idiotas? En definitiva: ¿Es Jordi Soler y su artículo un reflejo de la sociedad? ¿Tenemos lo que nos merecemos? Ya acabo, tranqui.








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