«Hay personas que tienen un coeficiente de
inteligencia muy alto, pero que sin embargo
son profundamente tontos para la vida.»
La sargento Margaret en su libro Paradojas humanas (Ediciones Co. Do. Co. 2014)
Nos interesa mucho Alberto Olmos. ¿Recuerdan la película Gorilas en la niebla? En aquel film la siempre maravillosa Sigourney Weaver se metía en la piel de la zoóloga norteamericana Diane Fossey que adquirió fama por sus investigaciones con los gorilas de África y su lucha por su preservación. Fossey se centró en el análisis del comportamiento de un reducido grupo de gorilas y de entre ellos estableció una relación más estrecha con el que bautizó como Digit, el macho dominante de la manada. Dentro de la guerra para la salvación del libro y de la buena literatura libramos diferentes batallas, tenemos variados frentes. Uno de ellos es la joven narrativa en español. Alberto Olmos -como escritor joven relevante y representativo- es nuestro Digit.
Lo bueno que tienen los escritores de menos de 40 años es que se comportan de forma muy similar. Por eso analizando a unos cuantos los tienes, con facilidad, catalogados a todos. Con observar y anotar las actividades de cuatro monos (Olmos, Pron, Elvira Navarro y Barba) eres capaz de predecir las reacciones y evolución del resto.

Alberto Olmos y la sargento Margaret
Pero no dejemos a Olmos que la última ha sido cuando menos divertida. Acaba de lanzar una web, malherido.com, de pago. En esta nueva página se recogen sus dos blogs: Hikikomori (una especie de diario personal donde -valga la redundancia- vuelca sus opiniones personales) y Lector Mal-herido (un repositorio de reseñas de libros leídos por él personalmente -vaga de nuevo la redundancia-). En el pasado estos dos blogs fueron de libre acceso para el personal, hoy hay que pagar. Son tres las posibles suscripciones:
5€ al año si eres sólo un lector
15€ al año si eres un fan
25€ al año si eres un mecenas
Nosotras -por honestidad profesional y por la cantidad de material que nos ofrece Alberto Olmos para nuestras investigaciones- nos hemos apuntado a la tercera opción. Qué menos.
Si ustedes, como nosotras, están más interesadas en el espécimen Alberto Olmos que en lo que escribe, no dejen de leer su detallada explicación del porqué ha colocado esta barrera de pago para acceder a sus contenidos (aquí).
Alberto «Digit» Olmos nos dice que después de cumplir 39 años (¡¡Felicidades, tron!!) el 14 de enero pasado sintió, así de repente, una cierta falta de ganas para seguir publicando en la web:
La idea de redactar posts, publicarlos alegremente, saberse leído y accesible, influir quizá en algunas personas a la hora de considerar la actualidad o las novedades literarias, ya no me resultaba motivación suficiente.
Unas frases más adelante -cómo no- sale el rebelde que Alberto sigue creyendo que lleva dentro:
Se da por hecho que el usuario llenará internet con sus cosas, sin retribución alguna y para beneficio de Silicon Valley y de las compañías telefónicas. Este modo de entender el medio on line resulta, a todas luces, imposible de cambiar. Sin embargo, yo he decidido dejar de participar de sus rapiñas, su adolescencia, su aleatoriedad y su fugacidad.
La incoherencia de Olmos es palmaria. Si de verdad está cansado de dar de comer a los millonarios de internet, si tan indignante le parece la situación, lo suyo es retirarse de la web del todo, escribir sus opiniones en una libreta de papel o con la ayuda de un procesador de textos y luego si a un editor le parece interesante que se lo publique. Como hace ese señor que tanto admira que se llama Andrés Trapiello.
Con malherido.com quiero hacerme valer y hacer valer el trabajo de escribir y de contar historias y emitir opiniones; es decir, con malherido.com pido algo a cambio.
No es cierto. Rotundamente falso. Colocando el muro de pago lo que quiere es cariño. Nuestro monito quiere que lo arrullen y que le hagan mimos. Somos madres y abuelas y de esto sabemos un rato. Quien ha pasado ocho activos años en las redes sociales (Twitter, formspring,) y ha tenido cierto éxito con sus blogs irremisiblemente está enganchado, padece la adicción más difícil de quitarse de encima en esta época: la «feedback addiction».
Alberto quiere un club de fans (aunque sean pocos) que le digan por la mañana, por la tarde y por la noche lo bien que escribe, lo guapo que es, lo elegante que le queda la calva y lo que mola la música que recomienda. ¿Cuantos minutos creen ustedes que tardará Olmos en echar de su club al primer troll que diga que su prosa es rematadamente mala? Alberto no quiere dinero, eso está claro. 5€ al año por suscriptor no lo saca de pobre. Lo que Alberto desea es el paraíso soñado por cualquier adicto al «feedback». Olmos quiere oir a todas horas: ¡¡Alberto, Alberto, Alberto es cojonudo, como Alberto no hay ninguno!! O ¡¡Alabín, alabán, albinbomba, Alberto, Alberto y nadie más!! Alberto necesita un reducto en el que refugiarse cuando reciba noticia de que sus libros no se venden; cuando el casero le diga que se retrasó en el pago del alquiler; cuando, en definitiva, la vida -como a todos- le de palos. Comprensible por otro lado.
¿A que sí, Albertito? Ven aquí, hijo, ven que te de un abrazo. Si es que es como un osito.
Un blog abierto al público, como este en el que están ustedes ahora, permite saber de inmediato y de forma directa si lo que una escribe es de interés o no. Lo grande de internet es que con coste cero -solo el esfuerzo de estrujarse las meninges para escribir- se puede poner a disposición del mundo mundial una propuesta creativa y en breve comprobar si llama la atención, si hay alguien por ahí dispuesto a entrar todos los días para saber lo que opinas sobre determinado tema o si por el contrario lo que una tiene que decir no vale para nada y mejor que se dedique, la autora, a hacer calceta o a cambiar pañales. Claro que jode que te digan que lo que has escrito es una mierda, claro que sí. Pero, amigo, a las duras y a las maduras. Poner un muro de pago no es dar valor a lo que uno escribe. Poner un muro de pago es esconderse de las críticas.
Dejo para el final lo mejor.
» Hollando caminos poco claros moralmente para la curia de los políticamente correctos.»
Alberto, rey, no digas que:
En Lector Malherido, reseñaré con renovada sinceridad los libros que vayan apareciendo en nuestro país y, amparado en este formato que es a la vez público y privado, trataré de volver a divertirme hollando caminos poco claros moralmente para la curia de los políticamente correctos.
No se ataca lo políticamente correcto escondido y rodeado de tu club de fans. Los que por ser políticamente correctos se podrían escandalizar por las boutades o exabruptos que sueltes en tu blog no se encontrarán entre los que se han suscrito pagando la cuota anual. Así que no sé cómo vas a conseguir luchar contra la corrección política con tu nueva estrategia de pago. Si de verdad se pretende cambiar la sociedad con un blog o una página web, hay que hacerlo en el campo de batalla, a cielo descubierto, y no en el laboratorio o en la habitación cerrada con llave del onanista reprimido.










