LO QUE DE VERDAD HA PASADO EN ESTOS ÚLTIMOS VEINTE AÑOS

Cómo está el patio. No se puede una descuidar porque a la primera de cambio van y te la meten doblada. Y los jovencitos –precisamente los que en teoría menos problemas deberían tener para conseguir una buena erección- son los peores.

Me estoy refiriendo a “En estos veinte años…”, el artículo publicado en el último número de la revista Qué Leer por el joven escritor (aunque ya tiene –fíjense- su página en la Wikipedia) Alvaro Colomer (Barcelona, 1973).

Nota: Si pinchan en el título del artículo se encontrarán un PDF con el texto. Me he tropezado con dicho archivo en el blog llamado “Javiermariasblog”.

Alvaro Colomer aprovecha unas declaraciones de Javier Marías (aquí) para comparar lo que se leía en España hace veinte años con lo que se consume en estos días y para intentar explicar por qué hoy se leen más bestsellers extranjeros que nunca. Estas son las palabras de Marías en aquella entrevista del ABC Cultural de junio de este año:

Sí, la verdad es que se ha producido una especie de rebajamiento del nivel de exigencia, del nivel de expectativas y del nivel de interés también. Es curioso, porque eso se ha producido en un plazo de no demasiados años. Si uno mira, por ejemplo, las listas de «best sellers» –por tomarlas como guía de lo que a la gente le gusta, o lo que la gente lee más– de hace veinte años, uno normalmente se encontraba con que había libros de calidad entre ese tipo de obras. Hablo de la sociedad española durante esos años, y también en los ochenta. Hubo como una cierta tentativa por parte de la gente, de la gente en general, de mejorar, de ser más moderna, más cultivada, de hacer un poco de esfuerzo pensando que el esfuerzo podía valer la pena. Y de pronto, no sé exactamente a partir de qué momento, se ha producido una especie de enorgullecimiento de la ignorancia. Por ejemplo, de esos años son mis novelas «Corazón tan blanco» y «Mañana en la batalla piensa en mí». Se vendieron mucho. Eso diez años después habría sido imposible.

¿Saldremos de este ciclo sin fin de ignoracia?

Tengo la sensación de que está durando demasiado, y sobre todo, en general, veo más bien una tendencia a un rebajamiento mayor. Espero que haya un momento en el cual la gente empiece a decir: «Oye, que estamos siendo un poco demasiado brutos».

“Business as usual”. Javier Marías en su línea habitual. Acostumbrados como estamos a estas cositas de Javimari, el asunto debería haber quedado ahí. Pero ha tendido que venir Alvarito a poner las cosas en su sitio. Y lo peor no es eso. Lo peor es que se saca de la manga un artículo partiendo de unas premisas nada sólidas, algo que reconoce citando a los que saben (“En aquel entonces -hace 20 años- las listas eran prácticamente ficticias” dice Juan Manuel Cruz, presidente de CEGAL),y que termina emitiendo unas conclusiones que sólo pueden producir vergüenza ajena.

Alvaro Colomer coge las dos listas de más vendidos (la de EL CULTURAL de 18 de junio de 1993 (aquí) -entonces propiedad de ABC- y la de junio de 2013 del mismo medio), aun sabiendo que la primera es muy poco de fiar, entrevista a cuatro “entendidos” (Rosa Montero, escritora; Alberto Olmos, escritor; Elena Ramírez, directora editoral de Seix Barral; Fernando Valls, crítico y “teórico”; Antonio Ramírez, librero de LA CENTRAL; José María Pozuelo Yvancos, crítico, José Mª Mijangos, librero y Sergio Vila-sanjuán, periodista y responsable de Cultura/s de La Vanguardia) y se lanza sin paracaídas.

Conclusión de Alvarito: La culpa es del lector y de la industria. Los escritores seguimos siendo buenísimos. Escribe Colomer:

 “Así y todo, resulta evidente que ha habido un cambio de paradigma en los hábitos de lectura de los españoles. (…) Todos los entrevistados para este reportaje denuncian a misma pérdida de criterio por parte de la masa lectora a la hora de elegir los libros con los que entretenerse, resumiendo su opinión en dos puntos 1º: hace 20 años los autores en lengua castellana tenían una influencia mucho mayor sobre la sociedad. Y 2ª: los lectores de antaño tenían un nivel de auto exigencia cultural muy superior al que demuestran en la actualidad.”

Acto seguido, el autor da la razón a Javier Marías y se plantea dos cuestiones: 1ª ¿Eran mejores las novelas españolas de antes que las de hoy? 2ª ¿Tienen alguna culpa los autores y los agentes culturales de este cambio?

Con base en los ridículos argumentos de Alberto Olmos y Rosa Montero –qué van a decir ellos- va el magistrado Colomer (juez y parte) y absuelve  a los escritores de hoy. Dice Alvarito con dos cojones:

“Así pues, descartada la posibilidad de que los narradores de hoy en día sean peores que los de antaño y apuntada ya una teoría sociológica al respecto, solo cabe poner el foco de atención sobre la industria cultural…”

Lo primero: ¡Ya está bien de usar “paradigma” hasta para dar los buenos días! ¡El próximo que utilice dicha palabra de forma gratuita, se quedará castigado sin recreo!

Vamos a ver, Alvarito, hijo: la Rosa Montero de La loca de la casa, (Alfaguara, 2003), por poner un ejemplo, no tiene nada que ver (en cuanto a calidad) con la que ha publicado La ridícula idea de no volver a verte. (Seix Barral, 2013). El Mario Vargas Llosa de La Fiesta del Chivo (Alfaguara 2000) no se parece en casi nada al que en 2010 ha escrito El sueño del celta. Son sólo dos muestras, pero podría seguir. Y esta caída de calidad literaria de los veteranos es normal, no es ese el problema. No es fácil mantener el nivel a lo largo de más de 30 años de carrera, sólo los genios lo consiguen. La deficiencia se produce en otro asunto. Lo que ha fallado es el relevo generacional. Lo que tenía que haber ocurrido, como en otros países, es que una nueva generación de escritores de calidad en castellano hubiera atraído la atención lectora de los españoles de hoy. Pero ¿dónde está esa nueva generación? Ni está ni se la espera, como dijo don Sabino cuando el 23-F. Esa es la causa de que se hayan colado los best-sellers extranjeros. Ese es el auténtico motivo. Y dejad de echarle la culpa al Boogie.

Pero, claro, tú, promesa literaria, qué vas a decir.

Cuando yo tenía 40 años, en los años 80, prefería disfrutar de las historias que me contaban Juan Marsé, José Luis Sampedro o Arturo Pérez Reverte, que de lo que escribían señores como Dominique Lapierre y Larry Collins o Frederick Forsyth. En las novelas de los autores españoles antes citados encontraba lo que una buena lectora –modestia aparte- necesita. Hoy, amigo Alvaro, ¿Serías tan amable de citarme diez escritores en castellano donde saciar mi sed de buena literatura?

-Si te fijas, querida Margaret, el artículo de Colomer desprende un tufillo a Sistema que apesta.

-Tienes razón, Daphne. Es como si reúnen a Rajoy, Aznar, Felipe González, Emilio Botín, Francisco González (BBVA) y Rubalcaba y les preguntan quién tiene la culpa de la mala situación de la España de 2013 comparada con la de hace veinte años. Pásame –hablando de todo un poco- la botella de ginebra, anda.

-No te paso la botella, mi sargento, acuérdate de lo que prometiste al médico. ¿Sabes qué ocurre? -volviendo al tema-, que estos nuevos escritores quieren llegar a ser Camilo José Cela, pero utilizando los atajos que las nuevas tecnologías ponen a su disposición.

-Sí, odiada Daphne. Porque Cela decía un montón de idioteces, una trás de otra. Pero tenía una obra detrás. Esa es la diferencia. ¡¡Me quieres poner un par de gotas de gin en el puto vaso, cojones!! Mira que te arresto y …

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ENCUESTA HIGIÉNICA (2ª parte con el resto de los resultados y unas cositas que dice la Margaret)

El siempre inteligente Isaac Rosa, cuando le mandé la encuesta, me sugirió añadir una pregunta: «¿Qué libro importante no has leído y sin embargo lo has citado, recomendado o incluso reseñado en alguna ocasión?». Le respondí que ya me parecía demasiado pedir; que si preguntaba eso, me estaba arriesgando a que nadie respondiera, ni esa ni las otras preguntas, o a que mintieran abiertamente. Con lo mal que lo han pasado algunos con las tres preguntitas –“¿Es una encuesta anónima o con nombre?”, me preguntó una editora antes de responder-, como para añadir ron a la ginebra…

He pasado unos días –con esto de la encuesta- simplemente deliciosos. Ellas, casi siempre más inseguras, y algunos de ellos sudaron tinta antes de responder. Del otro lado del ordenador se podía oler el miedo. Si ustedes leen detenidamente las respuestas y conocen al personaje, o al menos saben de su trayectoria, pueden ver claramente quién miente. Reconocer que no se ha leído nada de Hemingway tiene más mérito que contar que te gusta Stephen King (que hoy es –dentro de lo comercial-  políticamente correcto). Los jóvenes y los viejos, como era de esperar, han sido los más sinceros. Pero debo decir –yo que he leído las respuestas completas y sentido los miedos e inseguridades de los encuestados- que un 75% ha dicho la verdad, o casi.

Por eso quiero dar la enhorabuena a todos y prometer que hasta dentro de 3 meses no volveremos a hacer algo así. Tranquilos.

A continuación algunos comentarios (textuales) de los encuestados:

Sergio Vila-Sanjuán: “David Foster Wallace. Me he acercado varias veces a sus libros y siempre hay algo indefinible que me disuade de leerlos en el último momento. Además debo confesar que tengo un a priori absurdo contra los hombres que se ponen pañuelos en la cabeza o llevan la gorra de beisbol al revés.”

Daniel Jándula: 2ª. “Me gustó muchísimo «La sombra del viento». Leí el libro como un adolescente, y detecté lo mismo que en «El club Dumas», por ejemplo; o en «Los pilares de la tierra», que también me gustó, aunque menos que el primero: a este tío le da igual lo que piensen de él, está escribiendo sobre lo que realmente le interesa.”

Sánchez- Dragó: 1ª ¿De qué autor no has leído nada y te produce cierto reparo reconocerlo?     “Proust. ¡Hombre! ¡Tanto como nada! Leí a los dieciocho años una veintena de páginas de «A la sombra de las muchachas en flor», y hasta ahora.” 2º ¿Qué libro has leído, te ha gustado mucho y no te atreves a contarlo?  “Ninguno. ¿Cree Ud. que un hombre tan políticamente incorrecto como yo va a esconder sus preferencias literarias, sean las que sean?” 3º ¿Qué libro importante no has podido terminar (has dejado a medias) de ninguna de las maneras?  Debe ser un libro cuya no lectura suponga para ti una laguna intelectual. No vale decir el Ulises de Joyce. ”¡Vaya! Pues iba a decir precisamente ése, al que considero el libro más dañino (sólo para la narrativa) de la historia universal. Bueno… Diré otro. «El capital», por ejemplo. Pero abandonar su lectura en la tercera página no supone una laguna cultural, sino un acto de sensatez. Por cierto: detesto los libros de Bernhard e incluso añadiría que lo detesto a él. Descanse en paz, pero caiga sobre su obra el piadoso telón del olvido.”

Isaac Rosa: 1ª ¿De qué autor no has leído nada y te produce cierto reparo reconocerlo? “Si me hubieras preguntado hace años mi respuesta habría sido escandalosa, pero llevo tiempo aplicado en tapar los agujeros de mi deficiente educación lectora. Hoy no encuentro tantos autores de los que no haya leído nada, nada, y que además los considere tan importantes como para darme reparo. Entiendo que hablamos de narrativa, en poesía o ensayo tal vez habría más que contar. Confieso una autora bien reciente y hoy destacada: Alice Munro, la última Nobel, de la que todavía no tengo el gusto. Y toda una literatura nacional, la china, de la que tengo un desconocimiento absoluto.” 3ª “Que recuerde ahora mismo, y que pueda considerar como laguna intelectual por ser habituales de toda lista de “novelas imprescindibles de todos los tiempos”, se me ocurren La conciencia de Zeno, de Svevo, y Herzog de Saul Bellow. No incluyo novelas que otros considerarán fundamentales pero yo no. Por ejemplo del idolatrado David Foster Wallace, o el no menos idolatrado Murakami.”

La nota cómica la puso Juan Cruz (periodista de EL PAÍS y antiguo director editorial de Alfaguara). Me respondió que sólo cuando revelara mi nombre respondería a mis emails.

Así fue el intercambio de correos con Juan Cruz:

Juan Cruz: “Me parece estupendo el cuestionario. Qué pena que no te lo pueda responder. El día que digas quien eres seré un buen corresponsal.”

La sargento Margaret: Querido Juan, cuando ganemos la guerra -y en el caso de que los nuevos tribunales revolucionarios no te hayan condenado a trabajos forzados en Siberia- tú serás en primero en conocer mi identidad. Y te invitaré yo a un cafelito.

Juan Cruz: “Cafelito. Qué horror de palabra en una persona culta. Cómo se ve que no leíste.”

La sargento Margaret: “Juan…. que como me hagan -en el nuevo régimen literario, tras la victoria- Presidenta del Tribunal Supremo, te condeno a leerte todo Vizcaíno Casas, ¿eh? Mira que yo soy…

Ya no quiso, el amigo Juan, seguir jugando conmigo. Una pena.

Las nuevas enfermeras de Patrulla de Salvación 

LA ENCUESTA

Lo de Antonio Muñoz Molina (aquí) reconociendo que no había leído aún a Thomas Bernhard me pareció muy sano y aleccionador. Creo que gestos como ese contribuyen a que el sector editorial se baje del pedestal y se acerque al lector. Responde, por favor, a estas tres preguntas. Se puede contestar con tres nombres o tres títulos simplemente, o explicando, además, los motivos. A gusto del consumidor.

1ª ¿De qué autor no has leído nada y te produce cierto reparo reconocerlo?

2º ¿Qué libro has leído, te ha gustado mucho y no te atreves a contarlo? 

3º ¿Qué libro importante no has podido terminar (has dejado a medias) de ninguna de las maneras?  Debe ser un libro cuya no lectura suponga para ti una laguna intelectual. No vale decir el Ulises de Joyce.

Para que nadie diga, voy a comenzar dando ejemplo. Las respuestas de la sargento Margaret son:

1ª: William Faulkner

2º: «El tiempo entre costuras» de María Dueñas.

3º: «Conversación en la Catedral» de Mario Vargas Llosa.

LOS RESULTADOS (2ª parte)

LIBROS 2ª PARTE

Pinche para ampliar la 2ª parte de

los resultados de la encuesta.

ACTUALIZACIÓN a las 19:35h del día 4/11/13

Nos han llegado las respuestas de uno de los encuestados fuera de tiempo. Pero tratándose de don Manuel Borrás, editor de Pre-Textos  y uno de los mejores profesionales del asunto, vamos a hacer una excepción y las copiamos a continuación:

 1º.- Anthony Trollope, y no me produce ningún reparo confesarlo. Conste que con ello me estoy obligando a decir que tengo que leerlo.
2º.- Jamás leí un libro que me gustase mucho y no me atreviese a contarlo. Al revés, siempre que me gustó un libro lo voceé a los cuatro vientos. La lista sería infinita. Y conste que no me estoy saliendo de parva.
3º.- Siempre termino la lectura de todo libro que comienzo salvo los que se me caen de las manos ya en sus primerísimas páginas. Es un vicio que tengo. Lo que sí me ha ocurrido es que, aun habiendo concluido la relectura de un libro antaño estimado, me ha podido no gustar en esa segunda lectura, como, por ejemplo: Los diarios de André Gide.

ACTUALIZACIÓN a las 12:05 del día 8 de noviembre de 2013

Las respuestas del escritor Vicente Molina Foix, que estaba de viaje:

1ª  Emile Zola. Creo que me gustará cuando lo lea.
2ª  Recientemente: ‘Servicio completo. La secreta vida sexual de las estrellas de Hollywood’ de Scotty Bowers. Pero me he atrevido.
3ª ‘Crimen y castigo’. Dos intentos. ¿Habrá un tercero?
 

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ENCUESTA HIGIÉNICA (PRIMEROS RESULTADOS)

Es difícil encontrar un gremio o una actividad profesional con mayor concentración de estúpidos, engreídos, fantasmas y pedantes que los que cohabitan en ese microcosmos endogámico que es el mundillo editorial español. Como ustedes saben, nosotras –cabezotas que somos- estamos empeñadas en salvar el libro y para ello hay que librar nuestra literatura de las malas influencias. Pero hemos comprobado que antes de utilizar el bisturí y extirpar las células infectadas y dañinas, hay que comenzar por limpiar, por desinfectar.  Por eso hemos mandado esta encuesta higiénica (Sergio Vila-Sanjuán copyright) a un buen montón de personajes de ese mundillo editorial (periodistas, críticos, agentes, editores, traductores y escritores) para que, como paso previo a la confesión de sus pecados, hagan examen de conciencia y acto de contrición.

Aquí, más abajo, [Hay que pinchar sobre la palabra «libros» para descargar un PDF o en la imagen para ampliar la foto del excel] los primeros 20 encuestados. En otro “post”, que espero publicar esta tarde, la segunda tanda de participantes y nuestros comentarios.

La desinfectante sargento Margaret

ENCUESTA

Lo de Antonio Muñoz Molina (aquí) reconociendo que no había leído aún a Thomas Bernhard me pareció muy sano y aleccionador. Creo que gestos como ese contribuyen a que el sector editorial se baje del pedestal y se acerque al lector. Responde, por favor, a estas tres preguntas. Se puede contestar con tres nombres o tres títulos simplemente, o explicando, además, los motivos. A gusto del consumidor.

1ª ¿De qué autor no has leído nada y te produce cierto reparo reconocerlo?

2º ¿Qué libro has leído, te ha gustado mucho y no te atreves a contarlo?  

3º ¿Qué libro importante no has podido terminar (has dejado a medias) de ninguna de las maneras?  Debe ser un libro cuya no lectura suponga para ti una laguna intelectual. No vale decir el Ulises de Joyce.

Para que nadie diga, voy a comenzar dando ejemplo. Las respuestas de la sargento Margaret son:

1ª: William Faulkner

2º: «El tiempo entre costuras» de María Dueñas.

3º: «Conversación en la Catedral» de Mario Vargas Llosa.

RESULTADOS

libros (pdf)

O

Libros 1ª parte

Pinche en la imagen para ampliar la 1ª parte de

los resultados de la encuesta.

 

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ROBERT SALADRIGAS: UN CRÍTICO LITERARIO DE VERDAD

La editorial Menoscuarto acaba de publicar De un lector que cuenta, una recopilación de artículos, críticas y ensayos escritos por Robert Saladrigas a lo largo de los últimos 30 años. Hemos hecho -con ese motivo- una entrevista con el autor que ustedes pueden leer más abajo.

En una guerra puede pasar cualquier cosa. Y no es posible pronosticar quién ganará. Si ocurriera lo peor y las valerosas milicianas de la Patrulla de salvación fuéramos derrotadas, queremos dejar constancia desde ya mismo de un hecho: don Robert Saladrigas nunca tuvo nada que ver con nosotras. Su trayectoria profesional e intelectual fue una inspiración para nuestro movimiento guerrillero de liberación del Libro y sus críticas un ejemplo de honestidad y buen hacer, pero juramos, con la mano sobre una edición vieja de Ana Karenina, que nunca fue militante de nuestra organización. Fusílennos a nosotras, pero dejen libre a don Robert para que siga escribiendo crítica literaria de calidad y dando buen ejemplo. En nuestra ausencia el señor Saladrigas será vital.

LA ENTREVISTA

“La mayoría de los libros que hoy nutren el género tan masiva como efímeramente circulante de la novela suele no resistir a la lectura o suele operar con respecto a ésta como un factor secante. Acaso corresponda a ese fenómeno un debilitamiento de su lectura crítica. O simplemente, diríamos, de su lectura. Si deja de responder, imprevisiblemente, a determinados preconceptos con que el crítico lo aborda a efectos prácticos, el texto narrativo –por limitarnos ahora solamente a éste– parece escapar a la simple operación lectora. No es infrecuente que el crítico dé, en efecto, la impresión de no haber leído”.

José Ángel Valente 1988

Epílogo de La mirada .Siruela 2011.

1.- Comienza, José Ángel Valente, de esta forma el epílogo de una novela de José María Guelbenzu, La mirada, (Alianza editorial, 1987, reeditada en 2011 por Siruela). Ya en 1988 parecía evidente el desencuentro entre novela y crítica que hoy, entendemos, es aún más claro. ¿Qué ocurre? ¿Es culpa de los críticos? ¿Se debe a la mala calidad de la novela de los últimos 30 años? ¿Qué opinas de la calidad de esas novelas recientemente editadas?

Debo admitir que no estoy muy al día de las novelas  españolas publicadas  en los últimos años. Ahora bien, quiero recordar que en cualquier época  la crítica, de aquí y de todas partes, siempre ha sido severa con  los productos de su tiempo. Quizás se deba a que,  actitudes  esnobs aparte, es indispensable la distancia para valorar justamente la vigencia o no de una creación.

2.- En estos tiempos es difícil encontrar malas críticas en los suplementos y revistas literarias. ¿Los críticos solo leen lo que presuponen que les va a gustar? ¿O, en un mercado en crisis, todos los integrantes de este entienden que mejor llevarse bien y sobrevivir juntos? ¿Se ha ablandado la crítica literaria española?

En realidad, en las páginas literarias o suplementos de un periódico  se prefiere no malgastar el espacio con un libro malo, excepto cuando el  autor que merece la crítica negativa es importante. Personalmente creo que en este caso el silencio no es justo ni conveniente.

3.- Vázquez Montalbán, Cela, Umbral, Marsé, Delibes y Benet. ¿Serías tan amable de citar a seis escritores españoles de menos de 50 años que puedan ocupar en unos años el lugar de los anteriormente nombrados?

Me rindo, aunque me disguste hacerlo. Me viene a la mente  Rafael Chirbes y compruebo que tiene 64 años…De todos modos,  es posible que deba apelar de nuevo a mi ignorancia.   No quisiera ser injusto.

4.- John Updike nos dejó sus cinco reglas para una buena reseña:

–  Intenta entender lo que el autor trató de hacer, y no le culpes por no lograr lo que no intentó.

–  Incluye las suficientes citas textuales -al menos un pasaje extenso- de la prosa de libro, de modo que el lector de la reseña pueda formarse su propia impresión, obtener su propio gusto.

–  Confirma tu descripción del libro con citas, aunque sean de una frase de longitud, más que con resúmenes vagos.

– No expongas demasiado de la trama, y no desveles el desenlace.

– Si juzgas el libro como deficiente, cita un ejemplo exitoso del mismo tipo, de la obra del autor o de otro lugar. Trata de entender el fallo. ¿Seguro que es del autor y no tuyo?

¿Qué te parecen? A nosotras nos resultan muy complacientes. Updike era un buen escritor y un buen crítico. Pero nos surge una duda: ¿Es lo suficientemente objetivo un escritor profesional para ser, al tiempo, un buen crítico?

Detesto las normas, los cánones y los consejos vengan de donde vengan. ¿Quién los dicta, desde qué pretendida altura  y con qué propósito? Lo que es útil para uno puede no serlo para otro. ¿Qué tiene en común Updike con Edgar Allan Poe, con Forster  o con Coetzee?  Cada uno representa un concepto distinto de la estética literaria. En el mundo del arte no hay reglas. Por fortuna es un espacio de libertad que es, o debería ser, de libertad absoluta. Por otro lado, no creo en el mito de la objetividad.¿ Desde cuándo he de ser objetivo ante una tela de Matisse o leyendo e intentado desentrañar los significados de un poema de Verlaine? Y ¿quién mejor que un escritor para intentar, eso sí,  mediante un ejercicio de honestidad, entender las claves de otro escritor?

5.- ¿En qué consiste la autoridad del crítico? ¿Quién está capacitado para ejercer la crítica y por qué?

La autoridad del crítico se fundamenta en su ética y, por supuesto, implica su derecho a equivocarse. En mi caso lo que busco es transmitir al lector las sensaciones que me ha producido una obra. ¿Acaso no hago lo mismo al recomendar una película, una obra de teatro, un concierto, algo que me ha conmovido e intento explicar a otros por qué?

6.- ¿Qué te parecen los blogs en los que se reseñan libros? Cítame alguno que visites habitualmente?

Francamente: no suelo  visitar blogs.

7.- Dime, por favor, el nombre de tres críticos españoles o extranjeros de los que te fías y a los que sigues en sus recomendaciones literarias?

Lamento decepcionarte. No es que evite comprometerme. Podría decirte que leo con placer las reseñas de José Mª Guelbenzu. Somos viejos amigos y compartimos gustos literarios. Pero no se trata de eso. A estas alturas de mi vida no leo a críticos españoles ni extranjeros porque creo que puedo confiar en mi propio criterio ya formado (para bien y para mal) y  soslayar  posibles influencias.  Espero no parecer arrogante. Simplemente prefiero correr mis propias aventuras.  Por  el mismo motivo nunca leo los prólogos; soy partidario de los epílogos que no condicionan la lectura. Para terminar, creo que hoy no sería capaz de leer un libro como “Anatomía de la crítica” de Northrop Frye o, por ejemplo, cualquier otro de Derrida.

8.- James Wood, crítico de The New Yorker, como sabes, defiende el realismo contra el postmodernismo. Dice: “Una de las razones que nos permiten leer esas novelas de 1900 o 1800 es que, más allá de las enormes diferencias, hay cosas que no cambian. El amor, el nacimiento y la muerte de La muerte de Iván Ilich, (de Lev Tolstoi) por ejemplo, todavía son cruciales para nosotros. (…) Las preocupaciones básicas no son muy diferentes en 2009 de lo que lo eran en 1909 o 1809”. Wood defiende la persistencia del “yo”, los personajes y el argumento. Defiende la vigencia de Tolstoi, Dostoievski y Flaubert, en definitiva. ¿Qué te parecen las nuevas corrientes que continuamente surgen en la literatura?

Estoy absolutamente de acuerdo con Wood. Mira, regresé hace solo unos  días de San Petersburgo donde inevitablemente reviví  no ya Dostoevski (estuve un rato  como transportado ante su tumba en el cementerio del santuario Nevski) sino  el universo de Tolstói cuando visitaba los suntuosos palacios de la etapa zarista. Ahí estaban los personajes familiares de “Guerra y paz”, la tan carnal “Anna Karenina”.  En literarura cambian las formas, los contextos sociales, pero ¿qué diferencia hay entre  los dramas que viven Emma Bovary, Karenina o Ana Ozores? Los temas esenciales  están en  los textos griegos. El ser humano no ha cambiado: ama, ambiciona, siente celos, es avaricioso, aspira al poder,  teme a la muerte… ¿Eso no se encuentra en Goethe,  en  Chéjov, en Dickens, en Hermann Broch…? Respecto a las corrientes, en mi vida he visto el auge y disolución del nouveau roman, o, en fecha más reciente, del dirty realism, mientras seguimos leyendo  con la sensibilidad en vilo a Proust o a Faulkner  aún después de que Joyce certificara el final de la novela burguesa en “Finnegans wake”.

9.- “Un artificio tramposo que, con sus chispas metaliterarias, no consigue amenizar la deriva tan previsible de un libro construido con una sentimentalidad jurásica, que en sus mejores páginas trae, bien que a su modo, el recuerdo de las novelas de José Martín Vigil…”. Esta frase sobre el libro El hijo del acordeonista de Bernardo Atxaga en Babelia (El País) le costó la expulsión en 2004 al crítico Ignacio Echevarría. La novela la publicó Alfaguara, del mismo grupo editorial que El País. En aquel número de Babelia este libro ocupaba la portada del suplemento y se le hacía una larga entrevista al autor en las primeras páginas. Cuenta Echevarría que al ser verano el subdirector encargado de “supervisar” no estaba y “se les coló un gol”. Para nosotras aquello fue un escándalo. ¿Qué te parece a ti? ¿Funciona así la crítica en los suplementos culturales? ¿Tienes absoluta libertad en Cultura/s, el suplemento de La Vanguardia donde publicas?

Debo ser un tipo con mucha suerte. Dentro de un espacio lógicamente coordinado, hago lo que me interesa y siempre ha sido así. Quizás por fortuna, La Vanguardia no tiene intereses en la industria editorial.

10.- ¿Qué buscas como lector en una novela que no sea de género?

Que me remueva por dentro . Dicho de otra manera: que me haga sentir la emoción a flor de piel.

11.- ¿Qué buscas como lector en una novela de género?

Que respete las reglas propias del género. Al escribirlo estoy pensando en las novelas policíacas, de las que me declaro adicto.

12.- Dinos, por favor los títulos de los cinco libros que más te hayan marcado a lo largo de tu vida.

¡Uf!  Para empezar, Verne entero.  “Momentos estelares de la humanidad” de Stefan Zweig. “Huracán en Jamaica” de Richard Hugues.  “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust. “El ruido y la furia” de William Faulkner.  “El elogio de la sombra” de Junichiro Tanizaki.

13.- Cita, si eres tan amable, cinco buenos libros que hayas leído en los últimos dos años.

Stoner” de John Williams; “La amiga estupenda”, de Elena Ferrante;  “Volver”, de Toni Morrison;  “Mi vida querida “ de Alice Munro; “14”, de Jean Echenoz.

14.- ¿Lees en otros idiomas? ¿En qué proporción respecto al castellano?

Leo en catalán (mi lengua materna y de expresión literaria),  francés e inglés. La proporción en estas dos últimas será de un 5 o un 10  por ciento respecto  a la castellana. Me temo que ahora es así por cierta  pereza mental , pero  también porque me interesa evaluar la calidad de las traducciones en esas s dos lenguas que me son (por los menos relativamente) familiares como lector.

15.- ¿Qué estás leyendo ahora?

Londres  NW” de Zadie Smith. Y una recopilación de textos dispersos de Salvador Espriu  (“Ocnos i el parat esglai”) sobre los que voy a escribir.

16.- Tienes una nutrida obra como novelista. ¿Qué opinas de los que dicen que el crítico es un novelista frustrado o con poco éxito?

Lo tópicos banales elevados a dogma me producen literalmente náuseas.  ¿Poe, Coetzee, Clarín, Cortázar, Updike, Henry James,  Forster, Guelbenzu,  Vargas Llosa…? ¿Sigo?  ¿Novelistas frustrados o con poco éxito? Seamos serios, por favor.

17.- ¿Qué opinión te merecen los premios literarios?

En estos momentos carecen absolutamente de sentido literario. Su insolente comercialidad abochorna.

Muchas gracias, Robert.

La sargento Margaret

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LAS MEMORIAS DE ZAPATERO

El próximo día 26 de noviembre llega a las mesas de novedades el primer libro de memorias de José Luis Rodríguez Zapatero. Dicen en algunos medios -¡pardillos!- que El Dilema (Planeta,2013) –así se va a llamar lo de ZP- llega con retraso. Con el retraso justo para llegar a la campaña de navidad, digo yo. Se ha comentado también que el expresidente del gobierno ha recibido un anticipo de 700.000€. Parece ser que lo ha cobrado por tres libros, como su amigo Aznar. Otros periódicos, tan tontos como los primeros, se preguntan cómo Planeta sigue pagando estas cantidades [Presuntamente 1 millón a Aznar; 800.000 a Bono y algo acompañado de 5 ceros a Guerra] por unos libros que no están vendiendo mucho. Aquí se dice que en mayo de 2013 las cifras de Bono + Aznar (juntos) no habían superado los 100.000 ejemplares y que la editorial sólo amortizaría el anticipo (con PVP superior a 20€) superando los 300.000 por cada uno ellos.

¿Se han vuelto locos en casa Lara? ¿Les sobra el dinero y lo entregan a fondo perdido en forma de anticipos? Nada de eso. Les voy a resolver el enigma, no se preocupen.  Pero, como este blog lo leen algunos de esos escritores jóvenes que escriben en antologías de escritores jóvenes, les voy a contar –para que los muchachos también lo entiendan- un cuento. Me veo como Jesús echando mano de las parábolas:

Érase una vez un país muy pequeño en el que reinaba un rey muy anciano. El rey, en su juventud, había sido un hombre fuerte y poderoso. Todos le temían y nada se hacía en aquel pequeño reino sin el consentimiento del monarca. A la sombra del poder real, y durante los 40 largos años de su reinado, dos órdenes de caballeros medievales –“Los Señores de la Gaviota” y “La Orden de la Rosa Sangrante”- habían ocupado, con el visto bueno del monarca (al que los asuntos del día a día del gobierno le aburrían tremendamente), todos los puestos de la administración del estado. El pequeño reino vivió largos periodos de prosperidad, paz y tranquilidad. Pero con el transcurrir de los años, por suerte o por desgracia, la preponderancia de aquel gobernante comenzó a declinar. Cuando los habitantes del reino se vinieron a dar cuenta, las dos órdenes -los azules y los rojos, como popularmente se les conocía- y los tenderos que tenían amistad con ellos habían creado una oligarquía omnipresente y todopoderosa imposible de desmontar y que como tal mandaba incluso más que el rey en sus mejores tiempos.  Quien quería vender sus productos en las ferias de agricultores de aquel pequeño reino tenía que tener contactos. Si no tenías amigos dentro de las dos –de las dos que parecían, con el paso del tiempo, una misma- órdenes de caballeros medievales, no eras nadie. Los caballeros y los comerciantes acudían a las mismas fiestas, cenaban y salían de cacería juntos. Era tan buena la relación que llegó el momento en que comenzaron a intercambiar los puestos y los cargos de modo que quien había sido dueño de la tienda de ultramarinos podía pasar a ser tesorero de la Orden de la Rosa Sangrante, y al día siguiente se conocía que el chambelán de los Caballeros de la Gaviota era nombrado carnicero mayor del reino.

Se me han quitado las ganas de terminar el relato. Me da mal rollo. Lo siento.

En su lugar voy a copiar el artículo que hoy publica Juan Jose Millás en EL PAÍS. (aquí). Comulgo con todo lo que dice don Millás. Sobre todo con eso de que Zapatero “se cargó cualquier posibilidad electoral del PSOE”. Yo aún diría más: se cargó (él y los que lo rodearon) cualquier posibilidad electoral de la izquierda. Porque si no ¿cómo se entiende que con todo lo que ha hecho –o mejor: deshecho- el PP nadie diga nada?

Si fuéramos listos, nos apresuraríamos a comprar, en defensa propia, el libro que Zapatero ha comenzado a vender a través de la tele. De ese modo, nos ahorraríamos una promoción cuyo acto inaugural en El objetivo, de la Sexta, logró sobrecogernos. ¿Habló usted con Merkel?, le preguntaba una y otra vez, con paciencia infinita, Ana Pastor. Lo cuento en el libro, respondía Zapatero con toda la cara.

De modo que lo cuenta en el libro. Ha esperado dos años para hacer público, previo sustancioso anticipo económico, lo que nos debía a todos los españoles, le votaran o no, les decepcionara usted o no, les gustara o no. Llevamos dos años esperando una explicación a aquel “cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste”. Por cierto, que, seamos rigurosos, a usted no le ha costado nada, usted ha escrito su dilema al fuego del salario del Consejo de Estado y demás momios que le corresponden por su cargo, excargo, o lo que sea. No tardarán en llamarle de una eléctrica, quizá la misma de la que ya cobra su exvicepresidenta. Pero usted no se imagina el frío que hace fuera, no se hace idea de las corrientes de aire que circulan por los patios desolados de este país en ruinas. Usted rompió el contrato con los contribuyentes, se cargó cualquier posibilidad electoral del PSOE, entregó los trastos a Rajoy, se lavó las manos y se marchó a cenar.

Ahora bien, si cuenta en El dilema las mismas naderías que en el programa de Ana Pastor, ensalzando por un lado las virtudes de la democracia y reconociendo por otro que a veces hay que suspenderla (es lo que usted hizo) por causas de fuerza mayor, se lo podría haber ahorrado, sobre todo si, como insinúa el título, exhibe en él un problema de orden moral. Pero no se apure, lo compraremos a pares para ahorrarle y ahorrarnos la promoción, a cuyo prólogo asistimos el domingo pasado.

 El enlace a la entrevista de La Sexta lo he metido yo.

OTRA COSA

Ayer publicamos un “post” (este) criticando las antologías de escritores jóvenes y destacamos en comentarios que había un escritor joven, sólo uno, Antonio J. Rodríguez, el de Fresy Cool, que había dicho que no a Olmos. Reproducimos a continuación (con el permiso del interrogado) la respuesta vía email que nos ha dado esta mañana:

La sargento Margaret: «¿Serías tan amable de explicarme por qué te has negado a aparecer en la antología «Última temporada»? ¿Has dicho que no también a la de Salto de Página «Bajo Treinta»? Me ha sorprendido gratamente tu negativa -se trata de un buen ejemplo- y me gustaría explicarlo en mi blog.»

Antonio J. Rodríguez: «Básicamente creo que el medio natural de difusión de autores jóvenes ha sido tradicionalmente Internet antes que el papel. Basta con comparar la difusión de una web o un blog con las tiradas de una edición corriente. Otra cosa son libros individuales cuyo formato natural sea el libro. Además, creo que muchos de nosotros habíamos sonado antes en otros proyectos, por lo que el empuje me pareció innecesario, a no ser que se tratara de autores inéditos, en cuyo caso lo veo más que justificado. Por otra parte soy un poco escéptico con aquellos proyectos que puedan entenderse bajo un nimbo generacional: suelen procurar más problemas y equívocos que bien colectivo.

Espero haber podido resolver tu inquietud. 

Un saludo,»

La sargento Margaret: «Me das permiso para publicarlo en mi blog?»

Antonio J. Rodríguez: «Sí, no hay problema. De hecho esta misma fue la explicación que le di a Alberto cuando me solicitó participar.»

OTRA COSITA

En un sitio llamado La Esfera Cultural han reseñado nuestro blog. (aqui) . Estamos en plena auditoria literaria de esta web. No sé yo… Reportaremos los resultados.

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SOY JOVEN Y ESCRIBO DE PUTA MADRE

Hola, guapa. ¿Vienes mucho por aquí?

-¿?

-Perdona, pero pensaba que me habías reconocido.

– (…)

– ¿No sabes quién soy? ¿De verdad?

– Estoy esperando a una persona ¿Te puedes ir?

– Soy Guillermo Aguirre, el escritor. Ahora sí, ¿verdad?

– (…)

– Tengo una novela. Se titula Electrónica para Clara. Fue Premio Lengua de Trapo de Novela, ¿sabes? ¿No te llamarás tu Clara por un casual? Je,je,je.

– ¿Lengua de Trapo? Es una broma, claro.

– No jodas. ¿No conoces mi editorial? Un día, si quieres, te llevo y te presento a los colegas.

-¡¿Me puedes dejar en paz?!

– Bueno, y no te he contado lo mejor: me han seleccionado para dos antologías. DOS, Clara, DOS.

– No me llamo Clara.

– El mismísimo Alberto Olmos –conocerás a Alberto Olmos ¿no?- me ha seleccionado –¡¡A MÍ!!-  para Última Temporada, una recopilación de relatos de los mejores escritores españoles nacidos en los años 80. Parezco mayor, lo sé, pero soy del 84.

– Como si eres de la generación del 27. ¡Qué te largues!

-La otra antología es Bajo 30 (también de jóvenes autores), de editorial Salto de página. Déjame que te lea lo que dice la sinopsis: “existe una narrativa joven de gran calidad en nuestro país, capaz de hacerse escuchar con el único argumento de la buena literatura”. Gran calidad, ¿Lo has oído?

– ¡Qué pesado! Tú ligas poco. Se nota.

– Que se aparten los Vilamatas y los Muñozmolinas. Somos jóvenes y escribimos de puta madre. Cuando nos pongamos de verdad a escribir novelas se van a cagar todos esos. Ya verás, Clara. ¿Clara? ¿Dónde te has ido? Aún no he terminado. ¿Clara?

Los autores de Última temporada de Lengua de Trapo son:

Guillermo Aguirre, Víctor Balcells Matas, Matías Candeira, Paula Cifuentes, Aixa de la Cruz, Jenn Díaz, Laura Fernández, Pablo Fidalgo Lareo, María Folguera, Salvador Galán Moreu, Daniel Gascón, Juan Gómez Bárcena, Rebeca Le Rumeur, Cristina Morales, Miqui Otero, Roberto de Paz, Aloma Rodríguez, Jimina Sabadú, Juan Soto Ivars, María Zaragoza.

Los de Bajo 30 de Salto de Página:

Guillermo Aguirre, Víctor Balcells, Matías Candeira, Cristian Crusat, Irene Cuevas, Aixa de la Cruz, Jenn Díaz, María Folguera , Julio Fuertes, Juan Gómez Bárcena, Marta González Luque, Cristina Morales, Aloma Rodríguez, Almudena Sánchez, Juan Soto Ivars

Subrayados los que figuran en las dos.

Ambas antologías de autores jóvenes han sido publicadas en octubre de 2013.

Me queréis matar, ¿verdad? Lo hacéis para que me entre una gastroenteritis de esas que te deshidratan y te dejan en el sitio, lo sé. No se podía sacar una en octubre y la otra… nunca. No. Ya veo que estáis utilizando toda la artillería pesada. Vale, vale, arrieritos somos…

30

Lo de las zapatillas de deporte rodeadas de zapatos de ejecutivo me ha llegado al alma. ¡Guau! ¡Qué transgresor! ¡Cuanta insurrección! ¡Qué 15-M! ¡¡¿Quién coño ha diseñado esta portada?!! ¿Piensa que los jóvenes lectores son idiotas?

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LA SARGENTO MARGARET EN TANYIBLE

Los de Hot Town (debe ser un portal porno americano esto, ¿no?) me han hecho –después de darme mucho el coñazo- una entrevista y…

-No se escribe así, Margaret. Es “Jot Down”. Y la entrevista aparece en el portal “Tanyible”, una nueva página de reseñas y venta de libros digitales de editoriales independientes. Tanyible es de los mismos que editan la revista Jot Down.

Bueno, Daphne, como se llame. Lo dicho: que me han entrevistado. El que lo quiera leer, que pinche (aquí).

Aviso: Las fotos han sido tomadas a traición. Si lo hubiera sabido, me hubiera dado un toque de colorete y –qué menos- arreglado un poco el pelo.

Un extracto:

El libro electrónico parece la eterna promesa, pero lo cierto es que se vende poquísimo. ¿Cuáles son las causas?

Hoy, a finales del año 2013, se puede afirmar que no va a ocurrir con el libro en papel lo que ocurrió con el cine y con los CDs de música. A diferencia de los soportes antes mencionados, el libro físico sobrevive. Perdón: goza de una envidiable salud. Los cientos de millones que la multinacional Random House ha facturado gracias a 50 sombras de Grey no provienen de la descarga legal de la versión digital precisamente. Cuando un libro gusta —independientemente de su calidad, que ese es otro asunto— el cliente quiere tenerlo. Lo que ocurre es que las editoriales no dan casi nunca en el clavo. Pero eso es debido a que los que deciden lo que se edita y lo que no son muy malos profesionales.

¿Se puede entender como piratería que daña al autor que alguien se descargue un fichero con 5.000 libros?

Uno de los principales motivos por los cuales hoy no somos capaces de identificar qué es piratería y qué no es la utilización torticera que autores y editoriales hacen de ese asunto. Son ellos los que para justificar sus bajas cifras de ventas argumentan el daño que la piratería les hace. Y con las ventas en papel de 50 sombras de Grey o de El tiempo entre costuras —que sigue estando, 3 años después de su publicación y con más de 2,5 millones de ejemplares vendidos, entre los 100 libros más vendidos por los libreros españoles— se ha demostrado que la supuesta piratería no es lo que hace bajar las ventas. El que se descarga un fichero de 5000 libros comprará la última novedad si tiene dinero y si le parece que satisface sus expectativas como lector. Es verdad que con la crisis ya no se compran como sí se hacía antes tantos libros que luego no eran leídos. Ahora se selecciona más y el cliente se piensa dos veces si realmente va a leer el libro y, sobre todo, se fía uno mucho de las recomendaciones fiables. Pero vuelvo a lo mismo: si los editores hicieran su trabajo y analizaran con detenimiento lo que el lector quiere, no tendrían tantas devoluciones de las librerías

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ALBERTITO, GUAPO, ESTÁN LOS MAYORES HABLANDO DE LITERATURA ¿POR QUÉ NO TE CALLAS?

Don Antonio Muñoz Molina se encuentra en estos momentos en el sastre, enfundado contra su voluntad en el chaqué que una persona que lo quiere bien le insiste que se pruebe para que en la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias –que tendrá lugar el próximo viernes- nadie pueda decir de él que no iba vestido como corresponde a su categoría. Don Antonio Muñoz Molina está ocupado y no puede dedicar su tiempo a contestar estupideces. La verdad es que aunque no tuviera nada que hacer, don Antonio Muñoz Molina no respondería. Mejor: no se rebajaría.

Pero nosotras somos la Patrulla de Salvación y yo soy la sargento Margaret. ¡¡TACHAN!! La infantería está para eso, para meterse en el barro y defender el buen nombre de la Novela desde la trinchera. Gracias a que nosotras, carne de cañón, no tenemos miedo a bajar a las cloacas, los generales y los coroneles se pueden dedicar a diseñar las grandes estrategias y a señalar con el ejemplo, con sus buenas novelas, por dónde va a discurrir la literatura de los próximos años.

¡No se me levante, don Antonio, que ya voy yo!

Vamos a ver, Albertito. ¿De qué vas? Habías estado calladito y estabas mucho más guapo. ¿A qué viene ahora esto?

Ser incapaz de elegir entre la risa y el escándalo ante la afirmación por parte de un autor nacido en los años cincuenta, y prescriptor literario durante las últimas tres décadas desde púlpitos privilegiados -de libros que nunca sentí realmente la necesidad de leer-, de que él, hasta ahora, nunca había leído a Thomas Bernhard.

Te refieres a Una afición tardía, el artículo de Muñoz Molina del pasado sábado en Babelia:

Hasta hace unas semanas yo no había leído nada de Thomas Bernhard. Ahora no paro de leerlo.

La Patrulla de Salvación

Eso escribía hace dos días el Nuevo premio Príncipe de Asturias de las Letras – tú eras finalista del Herralde, ¿no?-.

Su artículo, el de AMM, tiene un último párrafo que me gustaría destacar:

Qué manera tan rara tienen a veces los libros de llegar a nosotros. Parece que nos esperan sin prisa, como concediéndonos el tiempo que nosotros mismos no sabemos que necesitamos. Durante más de veinte años esos volúmenes de Bernhard han estado conmigo, presentes en mi vida sin que yo los leyera, visibles en mi biblioteca, como una casa junto a la que pasa uno todos los días y la mira y se siente atraído pero no se decide a llamar a la puerta. No sé si lamentar o agradecer que una influencia tan poderosa no me afectara cuando era mucho más joven. Pero a veces da la impresión de que un azar benévolo nos impone los libros en el momento justo en que necesitábamos leerlos.

Lee de nuevo el párrafo, Albertito, y reflexiona conmigo: ¿No será que el señor don Antonio Muñoz Molina tiene razón? ¿Podría ser, querido Albertito, que gracias a que él y los escritores de su generación comenzaron leyendo otro tipo de literatura (Tolstoi, Dostoievski, Flaubert, Faulkner, Dumas, Gª Márquez, Balzac…) fueron capaces de construir una obra de la que todos los aficionados a la lectura nos podemos hoy sentir orgullosos? ¿No piensas, Albertito de mis amores, que podría ser que una de las causas de que los autores de tu generación sean/seáis incapaces de sacar una novela decente está en que os habéis atiborrado de literatura  vanguardista (Pynchon, Foster Wallace, Bernhard, Gaddis…) sin haber aprendido previamente los fundamentos en los clásicos? El niño que intenta resolver ecuaciones diferenciales sin que se le haya previamente enseñado a sumar y a restar…

Lo que siempre me ha gustado de ti, Albertito, es que vas dejando huella de todos tus pensamientos inconsistentes.

Antonio Muñoz Molina ya había hablado del asunto unas semanas antes en su blog : (aquí)

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UN LIBRO URGENTE

Hay libros urgentes. Son aquellos que hay que leer ya, que no pueden esperar su turno en la lista de lecturas pendientes. Un reportero en la montaña mágica, de Andy Robinson (Ariel, Grupo Planeta, 2013) es uno de ellos. Si un ensayo te promete que -con la intermediación de su autor, un especialista en la materia- te va a permitir entender algo que hasta el momento se te había presentado a bombo y platillo por los medios de comunicación pero de forma tergiversada, y esa promesa viene avalada por personas de las que te fías, tienes que leerlo inmediatamente. El ensayo, digo.

Me fío de Vidal Folch (aquí) y me fío de Ramón Lobo. Por eso, cuando hace una semana leí la entrevista que este último le hizo a Andy Robinson en Jot Down (aquí), tuve claro que este libro había que devorarlo lo antes posible. Ahora que lo he hecho puedo afirmar que fue una decisión correcta la de abandonar mis otras lecturas y ocupaciones diarias. El libro –comprobado- es urgente.

La verdad es que ya venía yo un poco mosqueada desde hace unos meses. Cuando escuché la semana pasada en el telediario que en 2012 –uno de los años más duros de la crisis que nos atenaza- había aumentado considerablemente el número de millonarios en nuestro país, decidí ponerme a investigar: aquí el informe de Credit Suisse que da noticia de que el número de millonarios españoles se había incrementado en 47.000 personas en el último año; aquí el informe de Capgemini que me cuenta más o menos lo mismo, que la cantidad de españoles con un patrimonio mayor a 1 millón de € se ha incrementado en un 5,4% durante 2012  y  aquí la noticia de Expansión). Somos además el 8º país del mundo en el que más ha crecido el número de grandes patrimonios. ¿Cómo era posible? Entendería yo que a los millonarios les fuera menos mal que al resto, pero ¡¡¿mucho mejor?!!

En el libro de Robinson van ustedes a entender –como me ha ocurrido a mí- muchas cosas:

Comprenderán cómo hemos llegado a la sociedad del 1-99% en la que el 1% se hace cada día más rico y el 99 restante se hunde poco a poco –o mucho a mucho-.

Entenderán cómo y por qué  los “Media leaders” como la señora Hufftinton, el señor Juan Luis Cebrian (EL PÁIS), Thomas  Friedman (The New York Times), Michael Elliot (Time Magazine), Nik Gowing (BBC) Charlie Rose (Bloomberg) o el señor Bishop (The Economist) han puesto su “narrativa” al servicio del fenómeno del “Davos men”, esos supermillonarios que se reúnen anualmente en el World Economic Forum que se celebra en la ciudad suiza. El libro de Robinson los ilustrará, además, sobre lo que estos «Media Leader» han obtenido a cambio de vendernos en sus blogs, revistas, periódicos y libros que estos «Davos men» son personas solidarias y concienciadas con el medio ambiente, y que si no fuera por ellos el mundo se iría al carajo.

Aprenderán qué es el «Filantrocapitalismo», que tiene sus mejores representantes en Bill Gates, Bill Clinton y en Bono (cantante del grupo de rock U2), y comprenderán por qué unos ejecutivos tan serios y encorbatados como los C.E.O de los grandes bancos de inversión se hicieron tan amigos  de un macarra irlandés con gafas negras y pantalones de cuero. No se pierdan el capítulo 5º titulado «Filantrocapitalismo: la suerte de los irlandeses».

Pág. 61

Bajo las leyes del filantrocapitalismo , el Davos Man asumirá responsabilidades del Estado, al que sustituirá como primer proveedor de protección social para pobres y proveedor de servicios públicos como sanidad y enseñanza. Y se trataba de una tarea urgente ya que la gran recesión, la socialización de las pérdidas del sistema financiero y la evasión fiscal endémica de los Davos Men y sus empresas, habían dejado a no pocos Estados al borde de la quiebra.

Lamentarán ustedes, como hace el autor, la ocasión que Barak Obama y la administración que preside, no aprovecharon en 2008 (cuando quebró Lehman Brothers y hubo que gastar miles de millones de US$ en rescatar bancos y aseguradoras) para regular y controlar el mercado financiero. Se hablo mucho entonces de que los estados (¿recuerdan aquellos del G-20?) iban a poner en su sitio a los mercados. No se ha hecho nada. Robinson, en su libro, nos contará cómo Wall Street organizó un impresionante lobby para presionar a los congresistas americanos y conseguir que esas leyes no tomaran cuerpo. «Cuatro lobistas por congresista y muchos cientos de millones de dólares».

Se sorprenderán ante el inmenso poder e influencia que tienen corporaciones como Goldman Sachs (a la que en 2009 Matt Taibbi describió, en este (aquí) magnífico artículo publicado en Rolling Stone, como «un gran calamar vampiro, con sus tentáculos extendidos por todo el mundo, chupando la sangre») y entenderán cómo funciona la «puerta giratoria» que utilizan los ejecutivos para ser un día presidente de uno de esos bancos de inversión y levantarse la mañana siguiente como presidente de la Reserva Federal de los USA o secretario del Tesoro del mismo país. Aclaración: eso ya está pasando en España con muchos antiguos ministros formando parte de los consejos de administración o presidiendo bancos y grandes empresas anteriormente públicas.

Y muchas cosas más.

Hace unos días, cuando los republicanos se negaban -al comienzo- a negociar la elevación del techo de deuda y viendo que la bolsa no bajaba, el Presidente de los Estados Unidos dijo (aquí) que Wall Street debería preocuparse por lo que estaba ocurriendo porque esta vez era diferente a lo ocurrido en otras ocasiones. El libro de Robinson me ha ayudado a entender la reacción de Obama. El presidente de los USA estaba pidiendo al auténtico jefe (Wall Street) que tomara cartas en el asunto y obligara (haciendo bajar la cotización de las empresas) a los republicanos a rendirse. Ya no hay duda sobre dónde está el poder.

Los visitantes de este blog que tengan preparado el comentario «¿Ahora te enteras, vieja tonta?», que se lo ahorren. La mayoría de lo que nos cuenta Robinson en su libro ya era conocido, lo sé. Pero es necesario que un entendido (y Robinson, como periodista económico destinado a las todas las cumbres económicas de los últimos 15 años, lo es) ordene el material, lo relacione y saque conclusiones. Se puede estar o no de acuerdo con las conclusiones del autor, pero la exposición de los hechos y su forma de razonar invitan a un lector inteligente a sacar las suyas propias. Y eso tiene mucho valor en esta época de información «soft».

Andy Robinson es periodista de La Vanguardia, donde tiene un blog, y freelance para varios medios como The Nation, Bussines Week y The Guardian.

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EL JURADO DECLARA DESIERTO EL PREMIO PLANETA 2013

Por la relevancia informativa de la noticia, compartimos con ustedes el texto del comunicado que el portavoz del premio Planeta 2013 leerá en la fiesta de entrega que se celebrará en próximo 15 de octubre.

Nos acogemos a la primera enmienda de la constitución de los Estados Unidos para no revelar nuestras fuentes.

Señoras y señores: 

1º.- El Premio Planeta 2013 se declara desierto. 

2º.- Aunque en el punto 5º de las bases de concurso se especifica que el mismo no podrá ser declarado desierto, el grupo PLANETA ha decidido no aplicar dicha norma por motivos de fuerza mayor que a continuación se detallan. El grupo PLANETA -en una primera muestra de la transparencia y honestidad que se pretende vuelvan a ser señas de identidad en todas y cada una de las actividades de la empresa- reconoce que ya incumplía de forma habitual  otros artículos de las citadas bases (por ejemplo la que en el punto 4º reza: «Una Comisión Lectora designada por EDITORIAL PLANETA, S. A. realizará la lectura de todas las obras admitidas a concurso»).

 3º.- La decisión de declarar el premio desierto en este año 2013 es el producto de un largo y profundo proceso de reflexión en el que han participado los directivos más relevante del grupo y un reducido grupo de escritores que de forma habitual publican sus libros en los sellos de la casa.

 

Semprún y la calculadora (AQUÍ)

4º.- El detonante de dicho proceso de reflexión ha sido el hecho de que con los últimos libros merecedores del premio no se haya recaudado en ventas una cantidad suficiente que permita compensar la inversión (aquí) que el grupo hacía con la concesión del mismo. Han contribuido en la toma de decisiones el que en el siglo XXI otros grupos editoriales internacionales no tengan ya premios como este y la mala imagen que de la empresa se estaba difundiendo por culpa del mencionado concurso.

 5º.- El grupo de directivos y escritores citado anteriormente ha llegado a unas conclusiones que han derivado en un plan de acción que sometido al consejo de administración y aprobado por el mismo pasamos a exponer a continuación:

 a) El importe del premio de este año, 601.000 euros, será destinado a una organización benéfica que promueva la justicia, la transparencia y la honestidad de las instituciones públicas y las empresas multinacionales. El grupo PLANETA reconoce que la forma en que en los últimos años se ha escogido al ganador y al finalista del premio, y las fundadas sospechas que ha generado, no ha contribuido -al contrario- a que la sociedad española sea más limpia y decente. El desembolso de los 601.000 € a favor de una organización benéfica es una penitencia que el grupo se autoimpone y con ello se espera que la sociedad española perdone los daños causados.

 b) Se procede a cambiar las bases de premio para las ediciones siguientes. El importe pasa a ser de  72.000 € que serán concedidos a la mejor primera novela en castellano de un autor inédito. Sólo aquellos escritores que nunca hayan publicado (ni en papel ni en digital) podrán optar al premio. El premio se concederá en forma de beca (a razón de 3.000 € cada mes) a lo largo de dos años para que el autor premiado pueda escribir su segunda novela. El premiado se compromete por contrato a publicar ese segundo libro con Planeta y a no dejarse entrevistar por periodista alguno durante ese periodo. El concurso pasa a ser bienal para que todos los manuscritos puedan ser leídos y valorados. Se organizarán comités de lectura en los principales países latinoamericanos para que la selección se pueda realizar de forma adecuada.

Con estas modificaciones en las bases se pretende que el premio Planeta, como primer objetivo, contribuya a regenerar la literatura en castellano.

 c) El jurado se reunirá ante notario y cada miembro deberá entregar un informe de lectura detallado (10 páginas al menos) a dicho notario de cada uno de los diez manuscritos considerados finalistas. Dicho jurado será responsable de elaborar conjuntamente un informe detallado (30 páginas al menos) de los motivos por los que se ha concedido el premio a una determinada obra. El informe debe ser firmado por los miembros del tribunal y por el notario. El jurado será seleccionado entre profesionales de reconocido prestigio en el mundo editorial de ámbito latinoamericano y su identidad sólo se conocerá cuando el fallo y el informe que lo justifiquen sean facilitados a los medios de comunicación. El jurado cobrará dietas y una compensación monetaria por su trabajo. Y sus miembros no podrán repetir como tales en años sucesivos. Ninguna persona vinculada al grupo PLANETA -sea laboral o accionarialmente o por haber publicado un libro en alguno de sus sellos- podrá ser seleccionada como jurado. 

Barcelona a 15 de octubre de 2013

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