Nancy Mitford (1904, Londres – 1973, Versailles) fue la mayor de seis hermanas. Además, también tuvo un hermano, Tom. Las hermanas Mitford eran hijas de David Bertram Ogilvy Freeman-Mitford segundo barón de Redesdale, uno de aquellos excéntricos nobles ingleses con tierras, mucha clase y poco dinero. Con un padre así (leer A la Caza del Amor, Libros del Asteroide, 2005) y siendo tantas niñas juntas en la misma casa, las Mitford no podían salir normales. Se relacionaron, entre otros, con Faulkner, Wallis Simpson, Evelyn Waugh, Lytton Strachey, Dora Carrinton y Katherine Graham la dueña del Whashington Post. Entre los siete hermanos juntaron dos intentos de suicidio, varios divorcios, una comunista y dos fascistas amigas de Hitler, incontables relaciones extramatrimoniales, y, lo peor, varias escritoras. De ellas, la que más publicó fue Nancy: antes de alcanzar el éxito en 1945 con A la caza del amor, editó otras cuatro novelas que siempre –injustamente- se han considerado menores dentro su obra.
Trifulca a la vista (Libros del Asteroide, 2011. Trad. de: Patricia Antón) es una de ellas. Salió a la venta en 1935 y yo, hoy, me la acabo de leer de un tirón. Como hay que promocionar el libro y ya está muy visto eso de “una novela de amor”, pues todos, empezando por la editorial, repiten que se trata de la novela anti-fascista de la Mitford. Mentira. Es cierto que en el libro hay un personaje, Eugenia -que podría estar inspirada en Unity, la hermana simpatizante de Hitler- que organiza un grupo, los “nacionalunionistas”, de corte fascista. Pero eso no es más que la excusa que utiliza la autora para desarrollar una comedia en la que hay muchas otras cosas: engaños, falsas identidades, nobles estrafalarios, caraduras, investigadores privados, maridos plantados en el altar, cazadores de herencias y amor. ¿Amor? Ahí está el asunto.

El asunto está en que esta novela es, en mi opinión, una gran burla del amor romántico. Nancy Mitford, cuando se puso a escribir esto, acababa de salir de una relación con Hamish Saint-Clair que además de jugador y borrachín era homosexual. Tom, su hermano, le avisó, cuando empezó a salir con él, que habían tenido un asuntillo cuando estaban en el colegio de Eton. Pero ella no le hizo caso y, claro, la relación acabó muy mal. Luego se casó (1933) con Peter Rodd que, además de infiel compulsivo, era un idiota, de lo que Nancy se dio cuenta al poco tiempo. Evelyn Waugh usó a Rodd como modelo para su personaje cómico Basil Seal y las hermanas pequeñas de Nancy se reían de él porque pretendía ser experto en todo: “lo sé porque cuando yo fui ingeniero…”. La broma entre ellas era contar que un día Prod (como lo llamaban) había llegado a decir: “estoy seguro de ello, porque yo soy el Papa”. (Pag. 152 de The Mitford Girls. The Biography of an Extraordinary Family, de Mary S. Lovell. Abacus, 2001).
Nancy, con 30 años y en aquella época, ya se consideraba mayor para encontrar el amor. Además, inteligente como era, empezaba a sospechar que quizás buscaba algo que no existe. Encima había leído –me juego el cuello- Madame Bovary de Flaubert y la había interpretado como yo entiendo que hay que hacerlo: como una denuncia de la estupidez de aquellos que se dejan arrastrar por las pasiones amorosas. Mario Vargas Llosa –así lo cuenta en La orgía perpetua– se enamoró de Madame Bovary. Pues Nancy Mitford y yo, con todos los respetos, pensamos que don Mario está equivocado. Madame Bovary es tonta de remate y Flaubert lo deja muy claro en su novela.
Anne-Marie Lace uno de los mejores personajes de Trifulca a la vista, esta divertidísima novela, es un trasunto de Madame Bovary pero tratado de forma cómica.
Pág. 117
Para entonces, la señorita Lace había recobrado la compostura. Sabía que estaba muy guapa cuando lloraba, siempre y cuando el llanto durase solo un ratito. Solía interrumpirse, por tanto, en el momento oportuno. Así lo hizo entonces, y procedió a cepillarse el cabello y empolvarse la nariz dirigiendo de vez en cuando miradas a hurtadillas a Noel bajo las húmedas pestañas.
Pag. 156
El señor Leader siguió diciendo cosas por el estilo un rato mas durante el cual Anne Marie lloró y disfrutó muchísimo, y deseó especialmente que Noel hubiese podido oírlo. Cuando por fin tuvo la oportunidad de hablar, dijo que aquellos para quienes tanto significaba debían hacer ahora un esfuerzo tremendo para comprenderla. Explicó que era, probablemente, una de las grandes amantes del mundo, y que su amor por Noel se relataría en días venideros como uno de los mayores amores de la historia.
Definitivamente –ahora que lo vuelvo a leer y a copiar- Nancy Mitford, en esta novela, se ríe del amor romántico.
El resto de personajes dan vueltas alrededor del amor pero ninguno de ellos llega a tomárselo en serio. Siempre se trata de un juego, de algo frívolo.
Podría ser que esta forma de escribir, la que utiliza Mitford en este libro, sea la más honesta cuando se trata de hablar del amor.

Los Mitford
En la página 425 de The Mitford Girls, de Mary S. Lovell (libro que he citado un poco más arriba) cuenta la autora que “uno de los biógrafos de Nancy Mitford dijo que la tragedia de su vida fue que nunca fue la única para nadie. “Desde que nació su hermana Pam (la segunda) siempre tuvo que compartir el afecto. Para los cuatro amores de su vida, Hamish, Prod, André Roy y, el más importante, Gaston Palewski, ella no fue el gran amor. Esto, junto con el hecho de no haber tenido hijos, trajo tristeza a su vida”.
Nancy Mitford intentó suicidarse tras una pelea con su primer novio, Hamish. Así lo contó en una carta:
He intentado suicidarme con gas. Es una sensación muy agradable, como la de ser anestesiado. Por eso ya pienso volver a sentir pena por esas maestras que son encontradas muertas tras quitarse la vida. En mitad del proceso me acordé de Romie, con la que estoy viviendo, y pensé que del susto podía tener un aborto. Por eso volví a la cama y simulé que estaba enferma. Al día siguiente pensé que hubiera sido una tontería. Hamish y yo nos amamos tantísimo, que al final todo saldrá bien.

Sacado de: Love from Nancy: The Letters of Nancy Mitford, editado por Charlotte Mosley; Houghton Mifflin.
By the way: ¿Sabían ustedes que Ernest Hemingway se suicidó pegándose un tiro cuando llegó a la conclusión de que, después de la existencia de dios, el amor romántico es la mayor mentira de toda la historia?
Nota: The Mitford Girls de Mary S. Lovell y Love fron Nancy de Charlotte Mosley no se pueden encontrar en castellano. No están traducidos. A ver si espabilamos, ¿eh?