Soy consciente de que no es nada profesional escribir cuando una está cabreada como una mona. Ya sé que debería darme un paseo por la playa para tratar luego de ser un poco más objetiva. Pero me conozco –son muchos años- y sé que el mosqueo no se me va a pasar en días y esto hay que denunciarlo ya.
La “Chick lit” ya es una vergüenza para el género humano, pero que además intentemos españolizar este engendro, me parece aberrante.
¿Qué es la “Chick lit”? Pues muy sencillo; consiste en una estrategia editorial encaminada a aprovechar el nicho de mercado que abrió hace unos años El diario de Bridget Jones, escrita por Helen Filding. “Chick” es una forma coloquial en inglés de decir chica y “Lit” una abreviación de la palabra “Literature”. Entonces: Literatura para chicas. ¿Literatura esto? La nueva superventas a nivel mundial es Sophie Kinsella.
Alguna enteradilla de esas que trabajan en las editoriales, de forma muy oportunista, ha dicho que los antecedentes de la “Chick lit” están en Nancy Mitford y, en España, en Carmen Rico-Godoy. Eso es una gran mentira: Nancy Mitford hizo buena literatura y la Godoy era una grandísima periodista y escritora que en sus libros dio una visión muy real (con cachondeo incluido) de los problema de la mujer en los años ochenta en España. Problemas que por desgracia siguen siendo los mismos, treinta años después.
El personaje central de estas “novelas” es siempre el mismo y le pasan siempre las mismas cosas: Chica de entre 25 y 35 años, que trabaja, que se gasta gran parte de su escaso salario en ropa y cosmética, con varios fracasos amorosos en el currículum, que no ve claro su futuro: “¿Esposa?, ¿Madre?, ¿Buena profesional?, ¿Hija?”, y que un día decide coger el toro por los cuernos y resolver su vida. Siempre hay, se me olvidaba, un hombre triunfador en la trama. Cójanse todos o algunos de estos ingredientes, sazónense con un poquito de humor y desparpajo y ya tiene usted una “novela” lista para vender un montón.
Y eso es lo triste, que se venden un montón. Yo me alegro por las editoriales, que ganen dinero no es malo. Lo deprimente es que lo ganan gracias a la falta de cultura de las mujeres que leen estos “libros”, y que editándolos no hacen nada por mejorar esa falta de educación. Pero mejor así, ¿verdad?, mantengamos a esas “idiotas” en la ignorancia para que cuando la ansiedad no las deje respirar, salgan rápidamente a comprar ropitas de Zara, y perfumes en Juteco. Y si no han acallado del todo esa inquietud que las agobia, esa voz cruda y desagradable que les dice que su vida es una mierda, que lean más novelitas de estas y sueñen con un príncipe encantado que las quitará de emplear todo el día haciendo fotocopias y pasando llamadas telefónicas a compañeros del sexo opuesto.

El último atentado lo perpetra la editorial Esencia, especializada, dentro del Grupo Planeta, en novela romántica y libritos de subnormales de este estilo. La autora se llama Rebeca Rus y ya ha tenido mucho éxito con sus anteriores “novelas”. Lo que hace 2 día se ha publicado se titula Mientras tanto en Londres. Pidiéndoles perdón de antemano les copio aquí la sinopsis:
Álex Mata es una humilde estudiante de moda que está a punto de conseguir el sueño de su vida: realizar un máster de moda en la Central Saint Martins de Londres, la escuela de Moda más famosa del mundo (con perdón de la Parson de N.Y.). Por desgracia, su carpeta de trabajos se extravía durante el viaje y Álex se encuentra en Londres en una situación desesperada: sin trabajo, sin dinero, sin amigos y sin poder entrar en la escuela. Pero el Destino ha ido moviendo sus hilos sutilmente para cruzar su camino con Macarena, una chica bien de una familia de rancio abolengo, David Rees- Hamilton, un seductor y joven millonario especialista en conquistar supermodelos y Gail Brooks, su abogada y amiga de la infancia. ¿Logrará Álex cumplir su sueño o el Destino se interpondrá en su camino y cambiará su vida para siempre? Es más ¿existe el Destino? ¿Es un bromista incurable?
¿Qué les decía?
Rus además españoliza el género: Zara, «Bar Manolo», Mango, Paseo de la Castellana, patatas bravas, Anita Obregón, TeleCinco, revista Cuore, Carrefour, Día. Todo esto sale en sus novelas. Que ganas tengo de jubilarme, de verdad.
Lo que más me jode, y perdón, es que estas “novelas”, con la piel de cordero de que cuentan la vida de jóvenes modernas, que trabajan y que tienen independencia económica, afianzan la imagen machista – y por lo tanto falsa- de que las mujeres lo único que quieren es casarse y tener hijos, y que si procuran ser brillantes en su trabajo es únicamente para atraer la mirada de los hombres. Estos libritos transmiten la idea de que las chicas solo van a la oficina para atrapar a un joven ejecutivo con futuro prometedor, que las mantenga y les llene la casa de niños que cuidaran unas criadas mientras ellas van al “spa” y luego de compras con las amigas. Por ese motivo la “Chick lit” no es más que una evolución de la novela romántica. Y en esto, como en las drogas, las nuevas versiones son siempre más peligrosas. La novela romántica clásica tenía la ventaja de que todo estaba claro, el mensaje no venía maquillado. Con la “Chick lit” alguna desinformada puede llegar a pensar que lee un libro feminista. Es triste pero somos, en muchos casos, las mismas mujeres las que nos echamos la tierra encima.

- Pero hay algo que no entiendo, Margaret.
- Cuéntame, Daphne.
- Marisa, mi vecina, a sus 40 años tiene la carrera superior de ingeniería industrial y es jefa de planta en una fábrica. Es una mujer culta. Pues me dice que por la noche estas novelas le divierten mucho y le relajan.
- El caso de tu amiga Marisa, a la que conozco, es muy interesante y nos va a ser útil para hacer aflorar el componente adictivo de estos libros. La señora Paca, la madre de Marisa, educó a su hija de forma tradicional (como hemos hecho casi todas. La que esté libre de pecado…). Por ese motivo Marisa, ejerciendo su profesión, pasa todo el día luchando con las ideas que su madre le transmitió. Siendo una buena profesional está circulando por el camino opuesto al que su madre le marcó. Esos principios que le llegaron vía madre le hacen sentir culpable. No puede dejar de sentirse mal, por ejemplo, cuando a las ocho de la tarde sigue trabajando en lugar de estar en casa con sus hijos. Por ese motivo, cuando puede coger un libro prefiere algo que no la lleve a contradecir de nuevo esa educación recibida, necesita dejar de pensar. Como es una mujer culta no puede engancharse con una novela romántica de las de siempre. Sin embargo, estas novelitas “Chick lit” le dan el mismo producto pero le permiten engañarse. Estos libritos la reconcilian con las ideas de su madre y le hacen sentir relajada porque luchar todo el día con la herencia que, durante siglos, de abuelas a madres, nos ha sido transmitida, es muy duro. Hay que comprender a Marisa.
Rebeca Rus y todas las de su calaña deberían avergonzarse como mujeres que son. Como en aquellas películas italianas el siglo pasado: «¡vergogna!»
Rebeca Rus en su blog tiene un link que dice “Consulta a Candela tus problemas”. Hemos pinchado -tenemos muchas preocupaciones- pero no funciona. Candela debe tener cola a la puerta de su consultorio. Quién no pueda acceder a Candela que compre un libro de Rebeca Rus, se sentirá relajada y dejará de pensar. Pero, cuidado, que no lea más de 3 seguidos, no sea que deje de pensar para siempre.
– ¿No íbamos a coger vacaciones, Margaret?
– No mientras se sigan cometiendo estos atentados contra el libro.
– Si es que no se les puede dejar solas.
– Aquí la que no corre vuela.