«EN DOS HORAS NOS HIZO MEJORES PERSONAS»

El fotógrafo Alberto García Alix, en una entrevista que le hace Álvaro Corazón Rural y publica JOT DOWN, dice lo siguiente del torero José Tomás:

Fui a verlo a Nimes. La verdad, me gustan los toros y quería verlo como fuera. Me invitaron unos amigos y fue un gran día en mi vida. Me quedé pilladísimo. Cuando acabó era como… ¿Qué ha pasado? Ahí estaba un hombre que había amplificado los límites de la gloria. Lo quieras o no se te pone la piel de gallina. Fue como cuando encienden la luz en un teatro o un cine y acabas de ver una gran obra, que no te puedes ni levantar del asiento. José Tomás en dos horas nos hizo mejores personas. ¿Dónde puedes encontrar una épica como la de ese hombre, el respeto, la mística, el sacerdocio, la altivez, la tensión, el arte…?

Las negritas son mías.

«Nos hizo mejores personas». No he encontrado nunca mejor criterio para discernir qué es arte y qué no. Olvídense de las enrevesadas definiciones de todas esas marisabidillas que son los teóricos del arte. Porque el arte, si es arte, te tiene que cambiar, te tiene que conmocionar hasta el punto de llevarte a reconsiderar las cuestiones más importantes, las que afectan directamente a tu vida y a la de los otros, y, como conclusión, a ser una persona mejor en el sentido más amplio de la palabra.

Alberto García-Alix se refiere a lo que ocurrió el 16 de septiembre de 2012 en la plaza de toros de Nimes (Francia). Aquel día, el torero José Tomás se encerró con 6 toros a los que terminó cortando 11 orejas. Uno de los toros fue indultado y el matador terminó saliendo a hombros.

José Tomás

Lo que hace José Tomás, el toreo de José Tomás, es arte en estado puro. Y otro artista, Alberto García-Alix, lo reconoce, lo destaca y lo certifica.

Yo no pude acudir en aquella ocasión a Nimes, pero sí tuve la suerte de verlo en Madrid, en la plaza de Las Ventas, aquel 5 de junio de 2008 en que cortó las 4 orejas del par de toros que le tocaron en suerte. Aunque yo no tengo la sensibilidad de un artista, entiendo lo que expresa García-Alix porque lo he visto y lo he sentido. Yo también salí de la plaza con la conciencia de que era una persona más completa, de que ese tímido hombre del pueblo de Galapagar había, con su toreo, llenado algunos vacíos que había en mi alma. Aquella tarde presencié una impresionante manifestación de ARTE. Sensaciones parecidas tuve, para que me entiendan, en la reciente exposición sobre el Greco y en la de Velázquez de 2013 en el museo del Pardo.

Y ahora me pregunto yo: ¿Cuándo fue la última vez que sentí esa emoción -la sensación de estar disfrutando de ARTE auténtico- con un libro de narrativa? Si el criterio de que el arte es algo que te hace mejor persona es válido para el toreo y la pintura, en el caso de la literatura -una disciplina que permite al autor expresar de forma directa y clara emociones, ideas, conflictos y obsesiones-, estaremos de acuerdo, es aun más útil. ¿De qué libro se puede decir que contiene alta literatura si al terminarlo no ha dejado huella alguna en la personalidad del lector?

Recuerdo cómo me impactó la primera lectura de Ana Karenina (de Tolstoi) y cómo me marcó a fuego la literatura de Dostoievski (más Los hermanos Karamazov  que Crimen y Castigo), la de Flaubert, la de Camilo José Cela (las primeras novelas) y la de Thomas Mann. Después de leer las obras principales de aquellos autores -que disfruté a lo largo de cuatro determinantes años- la que soy no volvió a ser la que era. También recuerdo el gozo casi sensorial experimentado en los años 80 con las novelas de Vargas Llosa y García Márquez.  Pero de todo aquello hace ya muchos años. Si me fijo en la literatura más actual, debo reconocer que he encontrado arte -aunque no en la proporción y la calidad de los autores antes citados- en Philip Roth,  Jonathan Franzen, William Styron,  Amos Oz, John Banville, Paul Auster y  en Julian Barnes. También debo citar a Nabokov, al que leí con retraso. Leyendo los libros de estos autores no solo me he emocionado sino que luego, en frio, con mi diario como sumidero de mis elucubraciones, y gracias a los nuevos puntos de vista que habían excitado mi intelecto generando nuevas dudas, he reflexionado sobre asuntos  como el amor, la muerte, la traición, la depresión, la fe religiosa… Y de esas reflexiones he sacado ideas y conclusiones que me han ayudado a orientar mi vida y a crecer como persona.

Alberto García-Alix

Pero, ya que estamos, me sigo interrogando: ¿he leído algún libro editado en castellano a lo largo de los últimos veinte años que me haya hecho cambiar o evolucionar como persona? ¿Hay algún escritor español o latinoamericano que haya escrito algo en estas dos últimas décadas que pueda ser considerado como arte?

La respuesta es no. En estos últimos veinte años – vividos en gran parte como jubilada- he leído muchísimo. Un 70% de los libros leídos han sido novedades; y de ellas la mitad fueron novelas escritas en castellano. Pues la triste noticia es que nada proveniente de autores españoles o latinoamericanos recientes me ha penetrado lo suficiente como para dejar algo -una simiente que germinara- dentro de mi cerebro.

En el año 1989, Camilo José Cela obtuvo en premio Nobel de literatura. El año siguiente lo ganó el mexicano Octavio Paz. Desde entonces solo ha sido premiado -en 2010- un autor que escribe en castellano, Mario Vargas Llosa, y todos sabemos que ese premio se entregó tarde, muy tarde. Con aquel galardón se premiaron los libros de los años 70 y 80 del escritor peruano/español, no a los más recientes, de calidad claramente inferior. Es decir: la academia sueca no ha encontrado nada destacable entre todo lo escrito -y ha sido mucho- en castellano desde hace 24 años.

¿Me puede citar usted -sí, usted, el que está al otro lado de la pantalla- un libro, uno solo, de un autor español, que haya sido publicado después de 1990, que le haya hecho crecer en algún sentido como persona, que tenga algo, aunque sea solo un poquito, de arte en sus páginas?

¿Entienden ahora por qué estamos siempre de mala leche?

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AMAZON NO ES TAN MALA COMO LA PINTAN

“El punto de vista de Amazon es que, dado que «la impresión» de una copia extra de un e-book es realmente barata, los e-books deberían ser muy baratos. El punto de vista  de los editores es que ya que «la impresión» de una copia extra de un e-book es realmente barata, los e-books deben ofrecen enormes márgenes de beneficio para las editoriales.”

Esta frase que acaban de leer forma parte del penúltimo párrafo de un artículo que VOX.com publicó el pasado 22 de octubre. El artículo se titula “Amazon is doing the world a favor by crushing book publishers” (Amazon está haciendo un favor al mundo machacando a las editoriales de libros) y lo firma Matthew Yglesias. Este señor es periodista especializado en temas económicos y ha publicado en The New York Times Magazine, en Slate y en The Atlantic Monthly. Pinchando aquí pueden leer (en inglés) el artículo. Más adelante, en este “post”, les traduzco -no se acostumbren- algunos extractos del texto de Yglesias. Pero antes permítanme explicarles a qué viene esto.

Justo antes de este último verano estalló la guerra entre el grupo Hachette, uno de los 4 conglomerados más grandes del mundo en lo que a edición de libros se refiere, y Amazon (todos saben, a estas alturas, qué es Amazon). La distribuidora pedía a la editorial que bajase los precios de los e-books (a un precio único de 9,99$) y como esta se negaba, llevó a la práctica una serie de medidas. Entre ellas: no distribuir algunos de los libros de la editorial, demorar durante semanas la entrega de algunos otros, poner un banner junto a determinados libros de Hachette en el que se podía leer “tenemos productos similares a éste a precios más bajos» y lo que más fastidió al grupo de origen francés: no permitir la preventa de sus libros, lo que impedía a la editorial hacer previsiones para impresión y poder estar preparados para entregar con rapidez.

Editorial cartoon on Amazon and Hachette books

Los autores de Hachette en los USA (Donna Tartt, James Patterrson , JK Rowling…) comenzaron a manifestarse contra Amazon en apoyo de su casa editorial y, en agosto, 900 autores (algunos de Hachette y otros no) pagaron una página en The New York Times para publicar una carta –escrita por Douglas Preston- contra la empresa de Jeff Bezos. Si pincha (aquí), puede leer la carta y verificar los nombres de los 900 escritores. Entre ellos estaban: Jonathan Littell, Junot Díaz, Scott Turow, John Grisham, Tobias Wolff, Artemis Cooper, Stephen King, Tina Brown y un tío, o una tía, que firma como Pseudonymous Bosch, que es la primera vez que oigo hablar de él/ella y que traigo aquí por lo mucho que me ha gustado el nombre. Cómo son los americanos. Vamos, que no hay nombres -como John o Peter- para ponerle a un bebe.

En la carta, entre otras cosas, decían que “Amazon tiene el derecho de no vender bienes de consumo si no llega a un acuerdo en el precio con el mayorista, pero que los libros no son meros bienes de consumo. Los libros no se pueden escribir de forma más barata, ni los autores pueden ser subcontratados en otros países. Los libros no son tostadoras o televisiones. Cada libro es el único e inusual producto de una lucha solitaria, intensa y a menudo costosa por parte de un individuo cuya vida depende de los lectores que encuentre. Este es un proceso que Amazon pone en peligro cada vez que separa a un autor de sus lectores.”

¡Toma castaña!

amazon

Amazon respondió con este texto: (aquí). Recordaba primero que Hachette ya había sido pillada por las autoridades norteamericanas cuando se puso de acuerdo con sus competidores en los precios (algo prohibido por la ley «Antitrust») . Y terminaba diciendo que “si queremos una cultura literaria sana, no nos queda otro remedio que conseguir que los libros –en concurrencia con otras opciones de ocio cada día más accesibles- tengan precios competitivos”.

La pelea ha continuado durante estos meses. Fue relevante el artículo (aquí) que el 20 de octubre publicó Paul Krugman, el premio Nobel de economía, en el The New York Times. El título era “Amazon’s Monopsony Is Not O.K.” [“Monopsony” es un mercado con un único comprador en lugar de varios]. Krugman comienza diciendo que “Amazon.com, el gigantesco minorista online, tiene demasiado poder, y usa ese poder para dañar a América”. Luego, el las siguientes frases, reconoce que ha comenzado de forma muy brusca, pero no se crean que se desvía mucho de su idea inicial en los siguientes párrafos.

Ese mismo 20 de octubre se anunció que Simon & Schuster (la segunda mayor editorial del mundo) y Amazon habían llegado a un acuerdo por el precio de los e-book. Así trataba esta noticia el The New York Post (aquí). Lo de Hachette vs. Amazon continua, a fecha de hoy, enfollonado.

En todo este jaleo, viene Andrew Wylie, “The chacal”, el agente literario más grande del mundo –no podía faltar- y acusa, el pasado 30 de octubre (hace una semana), a Amazon de ser “el Estado Islámico (ISIS) de los canales de distribución”. ¡¡Tachan!! A Wylie le gusta una pelea más que a un tonto un libro de Fernández Mallo.

 

Hasta aquí hemos relatado cómo se ha relatado la pelea Hachette vs. Amazon en la prensa anglosajona. En España la cosa se cuenta de este modo:

El objetivo final de Amazon es forzar la mano de Hachette para que le dé mejores términos económicos en la venta de sus libros electrónicos, mercado controlado en un 90% por la compañía fundada por Jeff Bezos en 1994. En el caso de Macmillan, la “opción nuclear” fue ejercida solo durante unos días, pero de haberse prolongado la situación, la editorial podría haberse arruinado.

Esto lo firmaba Yolanda Monge en EL PAÍS (aquí). Yolanda se equivoca en el % del mercado e-book que Amazon controla. No es el 90% sino el 65%. La señora Monge, en la línea de los periodistas que escriben en medios perteneciente a grande grupos de comunicación (ya saben: lo de la voz de su amo), carga las tintas con eso de “la opción nuclear” para referirse a la forma de negociar de Amazon.

Yo no digo que los de Amazon sean hermanitas de los pobres, pero sí afirmo que es muy curioso que en casi todos los reportajes y artículos que se han publicado, y en todos los libros que sobre este minorista se ha editado, Amazon es caracterizada como el fin del mundo y Jeff Bezos como su profeta. Ya estoy esperando -está al caer- el artículo en se compare a Amazon con el Ébola. En la cultura hispana la cosa es peor. No he encontrado ni un solo artículo en castellano que defienda la postura de Amazon. Ni en esta guerra por los precios de los e-books, ni nunca.

Mi opinión es la siguente:

Esta vez, en la disputa con Hachette, Amazon tiene razón. Y para que no sea yo sola la única que lo dice, les dejo con los extractos que les prometí traducir del reciente artículo de Matthew Yglesias –un americano- en VOX.com. Hago míos los argumentos de Yglesias.

 El conocimiento sobre este tema debe comenzar con la constatación de que la industria editorial no es un negocio de románticos artesanos. La industria está dominada por las “Big Four”, las cuatro grandes editoriales, que son a su vez filiales de conglomerados mucho más grandes. Simon & Schuster es propiedad de CBS, HarperCollins es propiedad de NewsCorp, Penguin Random House es propiedad conjunta de Pearson y Bertelsmann, y Hachette es parte de una empresa francesa enorme llamada Lagadère.

No se trata de diminutas e indefensas empresas. Si sus propietarios estuvieran realmente interesados en el futuro del libro y en el de la edición, invertirían el dinero necesario para hacer sus propias aplicaciones de lectura electrónica, su tienda de e-books y relegarían a Amazon a una posición totalmente superflua. Sin embargo, a los jefazos de estos conglomerados no les importa este asunto. Si se pueden conseguir de forma gratuita autores famosos para presionar al gobierno y que este obligue a Amazon a dejar de agredirlos, ellos encantados.

Pero ellos no quieren invertir su dinero y la energía necesaria para competir con Amazon. Prefieren exprimir de edición de libros todos los beneficios posibles y destinar ese dinero a repartir dividendos o a invertirlo en otras industrias en las que también están involucrados.

(…)

Las editoriales son malísimas en Marketing

(…)

El verdadero riesgo para los editores es que los principales autores descubran que ellos son capaces de comercializar sus propios libros (sin necesidad de editores). Cuando salga la próxima entrega de la serie Juego de Tronos de George RR Martin, voy a comprarla. Si puedo comprarla en forma de libro para el Kindle de Amazon, lo haré de esa manera. Si él autor decide que la única manera en que la gente pueda llegar a leer el libro es conseguir que Powell´s te mande por email una copia, compraré de esa manera. Y no estoy solo. Tampoco es Martin el único autor con el poder suficiente como para no preocuparse por los acuerdos de distribución.

(…)

Así termina este largo artículo:

Al fin y al cabo, la discusión entre Amazon y los editores es sobre la más bien banal cuestión del precio. El punto de vista  de Amazon es que, dado que «la impresión» de una copia extra de un e-book es realmente barata, los e-books deberían ser muy baratos. El punto de vista  de los editores es que ya que «la impresión» de una copia extra de un e-book es realmente barata, los e-books deben ofrecen enormes márgenes de beneficio para los editores. Si a usted le preocupa la lectura, las ideas o la literatura, la elección entre estas dos diferentes visiones no es difícil. Las editoriales han conseguido enredar a que algunos intelectuales para pensar de ese modo. Pero pregúntese usted lo siguiente: ¿se arrepiente de la invención de la imprenta? ¿de la edición de bolsillo? ¿Cree que las bibliotecas públicas devalúan los libros y la lectura? La idea es absurda.

Por supuesto, un mundo en el que más personas puedan conseguir más libros y lo hagan de forma más fácil es un mundo mejor. Es cierto que algunos autores puede que ganen menos en la nueva era, mientras que otros autores puede que ganen más. Pero no hay ninguna razón para creer que los autores en su conjunto recibirán menos dinero. De hecho, como Amazon y otros distribuidores digitales engullen una parte de los ingresos de los editores, lo más probable es que los autores también obtendrán una participación y verán un aumento en su remuneración. Más allá de dinero, no vale la pena escribir un libro si la tarea se lleva a cabo por motivos puramente pecuniarios. En el nuevo escenario será más fácil para los escritores encontrar lectores y llegar a un público más amplio. El cambio estará en que no los van a encontrar a través del mismo conjunto de intermediarios que actualmente se sientan a horcajadas sobre la tubería. Duro con ellos.

amazon

(aquí)

Para la literatura, y para la cultura en general, es bueno que los libro electrónicos bajen de precio. Opino -yo, la sargento- que es cierto que Amazon -independientemente de cuales sean sus auténticos objetivos- nos está haciendo, esta vez, un favor a todos.

Coda: los grupos españoles de comunicación están acojonados con la llegada –tarde o temprano- de Amazon. Repiten mucho, aparentando seguridad, que las cosas que están ocurriendo en EEUU no pueden sucedes aquí porque «disfrutamos» de la ley del precio único de los libros, pero no se lo creen ni borrachos. Por eso les recomiendo que no se fíen de lo que los medios de comunicación tradicionales –todos ellos pertenecientes a esos grupos de comunicación- publican sobre Amazon. Vengan a Patrulla de Salvación y les informaremos con independencia y veracidad. Además les invitaremos a un gintonic.

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IGNACIO ECHEVARRÍA VUELVE A CEÑIR LA CINTURA DE ALFAGUARA

Se dice que el imparable proceso de concentración editorial sólo trae cosas malas para la literatura: que si se acabará por editar solo lo muy comercial; que todas las librerías se cerrarán y solo quedará Amazon y las grandes superficies; que los agentes literarios y los escritores acabarán siendo estrangulados en sus derechos económicos, etc… Todo son desgracias cuando se anuncia que un gran grupo editorial multinacional ha engullido a la última casa independiente o cuando dos grandes conglomerados se conglomeran aún más.

No estoy de acuerdo, no todo es malo. A veces, sin darnos cuenta, sin que la noticia salte a las páginas de los periódicos, surge una bonita historia de estas fusiones y adquisiciones. Es cuestión de estar atentos. A nosotras, como buenas marujas que somos, nos encantan las historias de amor. Pero de entre ellas las que más nos conmueven son las reconciliaciones. Es tan bonito –imaginen que suena un romántico solo de violín- cuando dos seres que se amaron en el pasado, y que han estado peleados durante unos años, se reconcilian y se besan y se abrazan y el uno ciñe la cintura de la otra, y…

eche

Pues eso ha ocurrido recientemente entre Ignacio Echevarría y Alfaguara, eso dos tortolitos. Como saben –y como pueden recordar (aquí) y (aquí)- Echavarría hizo , allá por 2004, una mala crítica en Babelia de uno de los escritores favoritos de Alfaguara (Bernardo Atxaga) y aquello sentó muy mal en el grupo PRISA, entonces dueño de la editorial. Al final partieron peras y tú a tu casa y yo a la mía. Resultado: diez años de morros.

Hace poco, Penguin Random House compró Alfaguara. Ahora ya no hay impedimento. Parece como si la hubiera palmado el padre de la chica –que odiaba al pretendiente- y muerto el viejo ya se pueden casar. Pues gracias a un tuit de Peio H. Riaño (este) nos hemos enterado de que Echevarría vuelve a abrazar el ombligo de los libros de Alfaguara. Dame otro kleenex, Daphne, que ya no son solo lágrimas, ahora son mocos.

No podemos olvidarnos del sacerdote que ha oficiado la ceremonia de recasamiento: el padre Claudio López Lamadrid. Este sacerdote no solo es muy buen amigo del novio (Echevarría), sino que además tiene mucha mano dentro del grupo editorial que ahora gobierna los destinos de la bella Alfaguara.

Nota: la sargento quería que Claudio López Lamadrid figurase en esta historia como «mamporrero», ya saben lo bestia que es nuestra Margaret. Pero el resto de patrulleras nos hemos opuesto; es mucho más romántica una relación bendecida por la iglesia. La edad, que te hace conservadora.

Precisamente hoy –fíjense qué cosas- hemos recibido un adelanto de La mala puta, el nuevo libro que la editorial Sloper publica el próximo 24 de noviembre y del que hablamos (aquí) en este blog hace unas semanas. “¿Está la literatura española agonizando? ¿Pueden los escritores de aliento artístico ganarse bien la vida, o sólo los autores de best-sellers? ¿Son las grandes editoriales un nido de hampones?” De esto va el librito que firman Miguel Dalmau y Román Piña.

Hay un capítulo que se titula: “El caso Echevarría”. Les adelanto algunos párrafos:

En este ámbito ya consolidado irrumpió Ignacio Echevarría, un joven filólogo de Barcelona que en relativamente poco tiempo se convirtió en el crítico estrella del diario El País. Como este libro no pretende ser una historia de la crítica española —y menos aún una biografía de Echevarría—, intentaré ceñirme a mis propósitos: señalar los excesos que puede llegar a cometer un crítico, basándose en una presunta primacía intelectual, y recordar los efectos nocivos que a la larga producen ciertas actitudes en la armonía del gremio literario. Dado que el azar quiso que Echevarría y yo estudiáramos en el mismo colegio, podría trazar un perfil bastante certero de sus orígenes y educación. También de su formación universitaria y hasta de sus preferencias culturales, porque como bien dijo Marcos Ordóñez, “todos los que leemos hemos leído lo mismo.” Y Echevarría no era la excepción. Pero yo prefiero destacar otra cosa. Durante su primera juventud Ignacio Echevarría fue un tipo culto, educado y bastante cordial. amparado en su aire a lo Peter Handke, era un devoto de la literatura y no necesitaba a simple vista saciar ningún afán de protagonismo. No respondía al perfil del estudioso alejado de los asuntos terrenales y menos aún un tipo con limitaciones de carácter para relacionarse con ninguno de ambos sexos. Retrospectivamente uno se lo imagina como un sólido profesor universitario que encandila a sus alumnas, o un brillante ensayista, e incluso un narrador de perfil intelectual. A lo Claudio Magris. Con estos antecedentes tan civilizados no era fácil reconocer al serial killer que llevaba dentro. Por eso muchos nos quedamos totalmente fuera de juego cuando se parapetó con su kalashnikov en la atalaya de El País y se dispuso a vaciar los cargadores. Semana tras semana.

 (…)

 Echevarría no tardó en adoptar el papel de ángel justiciero que no abandonaba la espada flamígera ni para tomarse una ducha. No pongo en duda que la mayoría de sus argumentos fueran sólidos y a menudo convincentes. La inteligencia tiene esto: deslumbra, hechiza, cautiva a propios y extraños. Pero si se emplea con fines destructores —no hablo de fines analíticos, quede claro, sino destructores—, la inteligencia vale poco. En realidad no vale casi nada porque entra en conflicto con la ética… No con la ética del crítico, sino con la de la persona que debería existir detrás y de paso con la sensibilidad de los otros. Además Echevarría comenzó a dárselas de ingenioso en el sentido de reír sus propias gracias. En este aspecto recuerdo una crítica corrosiva —una más— que dedicó a una novela de Jesús Ferrero. Creo que era El efecto Doppler. En ella Ferrero recurría a ese fenómeno acústico que se produce al paso de los trenes y lo empleaba como metáfora de la vida. Pues bien, la crítica de Echevarría llevaba por título “El mundo en Ferrerocarril”. Luego el degüello. He puesto este ejemplo tan evidente para sugerir hasta qué punto Echevarría fue creándose un personaje cuyos perfiles amenazadores se retroalimentaban a sí mismos.

 (…)

 Lo peor era, pues, esta sintonía con el violento y la plena aceptación del Mal. Por eso había allí un halo siniestro que traía los ecos de la dinámica nazi. Las críticas de Echevarría podían resultar muy tóxicas, del mismo modo que las campañas antisemitas de los años treinta. A lo mejor no te entusiasmaban los judíos, pero tras escuchar o leer las soflamas de Goebbels reconocías perfectamente al enemigo. Lo malo es que al final del corredor podías estar tú. Tu eras el niño del pijama a rayas y no tardarías en caer. En el momento en que llegaba tu hora sólo te quedaba un consuelo: no ser el único. Y tratándose de Echevarría nunca lo eras. A partir de ese día tu nombre pasaba a formar parte de un listado de víctimas y sólo aspirabas a que esa lista siguiera creciendo y creciendo. He conocido escritores que tras un varapalo de nuestro enfant terrible se consolaban y hasta alegraban de que la cacería fuera eterna. Lo sé. Me llamaban para comentarme la nueva hazaña del personaje: “¿Has visto lo que ha hecho con Fulano?” Y lo decían sin pena ni dolor, secretamente felices de que su propio drama literario se fuera extendiendo como una mancha de petróleo.

 (…)

Sus ataques no eran producto de un rapto de temperamento sino de algo similar a un plan de exterminio donde el objetivo era la pureza “étnica” de la literatura española, algo así como la Solución Final. Se trataba de barrer, de depurar, de construir un mundo nuevo donde primaran los mejores, o los que él creía los mejores. Pero resulta que aquellos paladines de la excelencia se aglutinaban sospechosamente en la editorial Alfaguara, perteneciente al Grupo Prisa, que era el propietario de El País. Es decir, sus jefes. En cierto momento Echevarría tomó conciencia de ello e intentó neutralizarlo. Obviamente su reacción llegaba muy tarde, algo así como el golpe de timón en el “Titanic”: habían sido demasiadas críticas ensalzando o perdonando a los suyos, a cambio de hundir casi siempre a los demás. Pero en su último año las cabezas de algunos autores asociados a Alfaguara, y por extensión a El País, comenzaron a rodar. Yo creo que Echevarría se hartó de ser cómplice de aquella farsa donde había sido el rey. Pero es sabido que los conversos son muy intransigentes y sólo aspiran a obtener cuanto antes el perdón de sus pecados. Como esto entraba en abierta colisión con los intereses editoriales del grupo Prisa, el crítico se situó peligrosamente en el punto de mira. El asunto no dejaba de tener su ironía, ya que tras haber eliminado a casi todos los autores de la competencia —algo que nadie de su grupo le reprochó nunca— le cogió gustó al friendly fire, es decir, a cargarse a los soldados de su propio ejército. No tuvo empacho en pegarle bien fuerte a nuestro común amigo Luis Goytisolo, pero Goytisolo siempre ha sido un caballero y no se lo tuvo en cuenta. Entonces llegó su demoledora crítica a una novela de Bernardo Atxaga, que era nada menos que la gran apuesta de otoño de Alfaguara. Mientras El País le dedicaba un amplio despliegue a la salida del libro, Ignacio Echevarría alcanzó su cenit de virulencia en las páginas de cultura del mismo periódico. Esta vez ya no hablaba sólo de una mala novela sino de un autor que era poco menos que un indeseable.

 En honor a Echevarría debo reconocer que Bernardo Atxaga es uno de los narradores más sobrevalorados de nuestra literatura. Si en lugar de haber escrito en euskera lo hubiera hecho en castellano, difícilmente en sus inicios habría sido admitido en cualquier editorial importante del país. Pero en Euskadi no había otro. (…)

El capítulo se extiende a lo largo de cinco páginas más, pero me he cansado del copia pega. Me voy a ver la telenovela. ¡Que bonitas son las historias de amor que terminan bien, con el galán ciñendo la cintura de la doncella y susurrándole versos de Nicanor Parra al oído!

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GUADALUPE NETTEL se está pensando RENUNCIAR AL PREMIO HERRALDE DE NOVELA

En una nota de prensa, que fue remitida a los medios el día 26 de octubre, la editorial Anagrama decía que este año se había batido el récord de manuscritos –con 1.462 novelas presentadas- que optaban al Premio Herralde de novela y anunciaba que casi una treintena de ellas estaban entre las preelegidas.

Una semana después, el día tres de noviembre, el primer lunes de noviembre (como es costumbre), antes de ayer, se hizo público que el jurado compuesto por Salvador Clotas, Paloma Díaz-Mas, Marcos Giralt Torrente, Vicente Molina Foix y Jorge Herralde habían decidido entregar el premio a la mexicana Nettel, con su novela Después del invierno, y que el finalista había sido el español Manuel Moyano con El imperio de Yegorov. También se comunicó -en la página web de la editorial (aquí) se puede leer- que eran 11 las novelas que habían pasado a la última fase. Además se citaban los títulos de las novelas y los nombres (o los seudónimos) de los autores. Pásmense: Guadalupe Nettel, según la web de Anagrama, se presentó con seudónimo: “B. Parker”. Y en aquel periodo de clandestinidad, su novela no se llamaba Después del Invierno, sino “Spleen”.

Hoy, día 5 de noviembre, tres días después de que se hiciera público el veredicto del jurado y ocho días después de que se comunicara a los medios que eran casi una treintena las novelas que estaban luchando a brazo partido en el último tramo de deliberaciones del jurado, se han subido a la web de Anagrama las sinopsis y las portadas de la novela ganadora y de la finalista (aquí) y (aquí). Imaginamos que en un par de días ustedes podrán adquirir estos dos libros en su librería de confianza. El premio Herralde ha batido otro récord, el de rapidez en la publicación de las novelas galardonadas. El pasado 23 de octubre (aquí) resaltábamos los ¡sólo 20 días! que había demorado la edición de los ganadores del último premio Planeta. Herralde, más chulo que nadie, ha pulverizado el record: ¡¡6 días!! en el peor de los casos.

Guadalupe Nettel ya había publicado 3 novelas con Anagrama, la editorial que entrega el premio. Nettel ya quedó finalista de este premio en 2005. Se puede afirmar, para que nos entendamos, que Nettel es de la cuadra del señor Herralde.

Nettel se lleva 18.000 €.

A continuación los invitamos a leer un reportaje que ya hemos enviado a los Estados Unidos para concurrir al premio Pulitzer de periodismo. Nos ha salido buenísimo y muy profesional. Merecemos el premio. Lean.

Nos encontramos, Daphne Salvación y la sargento Margaret, en medio de la selva de Chiapas (México); “In the middle of nowhere”. Los mosquitos nos abrasan y el sudor nos resbala por el canalillo y entre las piernas. Daphne va la primera, abriendo camino con su machete, la vegetación es exuberante y hace ya dos horas que abandonamos el sendero que usan los indígenas para sus desplazamientos. Selva a través seguimos las indicaciones del plano que la jefa de prensa de Anagrama nos entregó en Barcelona. Ya se está haciendo de noche y entre las grandes hojas de los plátanos ¡gracias a Dios! avistamos una lucecita a lo lejos.

B. Parker

No hemos venido hasta aquí para entrevistar al subcomandante Marcos, sino para levantar acta sobre la nueva vida de una escritora vanguardista llamada “B. Parker”. Guárdenos el secreto, pero en realidad se trata de la famosa escritora mexicana que firma sus libros con el nombre de Guadalupe Nettel (la flamante y reciente ganadora del premio Herralde). Lo que ocurre es que la chica se ha echado al monte y en su recién estrenada clandestinidad de escritora francotiradora y rebelde se ha puesto el nombre de guerra de “B. Parker”. Pero el nombre es lo de menos, lo importante es que esta mujer ha decidido abandonar la civilización, su vida cómoda y confortable, su nombre ya conocido y rentable para venirse a residir a una humilde cabaña construida con rastrojos, palos y cañas y desde aquí, provista de una vieja máquina de escribir, de un buen paquete de folios en blanco y sin conexión a internet, lanzar a la corrupta sociedad capitalista –de la que ahora aborrece- sus dardos de autenticidad, lucha armada y denuncia. Para ello firmará, a partir de ahora, como “B. Parker”. Ese nombre, en palabras de la autora, “será conocido en breve a nivel mundial como sinónimo de sublevación, insurrección, indignación y denuncia”. La cabaña no tiene luz eléctrica ni agua corriente. Una vela alumbra nuestra charla y a duras penas permite a Daphne anotar las interesantes y rompedoras declaraciones de esta joven airada.

  • No era esto lo pactado, no señora –dice enfadada “ B. Parker”-.
  • ¿?
  • Me presenté al premio Herralde con mi nuevo nombre y así quería que saliera publicada mi novela. Lo de “B. Parker” no es un seudónimo, es un cambio radical en mi vida, en mi prosa y en mi carrera.
  • Pero eso de B. Parker no es nada comercial –apunta Daphne- y debes entender que los premios literarios…
  • ¡Y una mierda!- grita contundente la escritora vanguardista-. ¡A tomar por la chingada lo comercial! Debéis entender todos que desde que me mudé a este zulo ya no quiero vender. Ahora quiero cambiar el mundo. Esos chingones pendejos…
  • Y ¿qué vas a hacer ahora? –pregunta la sargento Margaret-.
  • Pues estoy reflexionando sobre si decirle al editor que se meta el premio y los 18.000 € por donde le quepan. No quiero dinero ni reconocimiento. ¡¡Ahora soy B. Parker, una revolucionaria, güey!! ¡¡Que se vayan todos a jalársela!!

No se preocupen por nosotras, pudimos volver a la civilización. De hecho, estamos redactando el contenido de este trabajo periodístico de alta calidad en el bar de un hotel del paseo de la Reforma (Mexico city). Nos hemos duchado y mientras degustamos los segundos gintonics (la sargento se bebió el primero de penalti) escribimos con placer nuestra crónica. Vayan a ver –si tienen cojones- a B. Parker a su choza. Como entendemos que ningún otro periodista cultural se atreverá a adentrarse en la selva para hablar con B. Parker, podemos considerar que esta entrevista quedará para los anales de la historia del periodismo como exclusiva mundial pa siempre.

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¡¡ESTAMOS GANANDO LA GUERRA!! Hemos derrotado a PAPELES PERDIDOS, el blog literario de EL PAÍS

PAPELES PERDIDOS, el último lobo con piel de cordero.

No nos den la enhorabuena ni las gracias, lo hacemos en cumplimiento de nuestro deber y por la salvación de la Literatura en castellano.

El gabinete de prensa de Patrulla de Salvación tiene el honor de comunicar que PAPELES PERDIDOS, uno de los más activos y dañinos enemigos de la literatura, ha caído en el campo de batalla. La sargento Margaret, líder de las fuerzas de salvación nacional y heroína condecorada por su arrojo y valentía demostrados en las más duras contiendas militares, ha declarado su satisfacción por la victoria obtenida y manifiesta que haber sido capaces de vencer a tan duro contrincante demuestra que podemos ganar la guerra y que la victoria final está cerca. Aprovecha la sargento Margaret este comunicado para invitar a toda la tropa a una fiesta que, con motivo de tan señalada victoria, se celebrará esta tarde en la sala de oficiales del cuartel de la Patrulla. “Habrá ginebra y baile amenizado por la orquesta de la Patrulla” añadió la sargento. “Por ser un día tan especial, y con intención de que la moral de la tropa se levante, se permitirá el baile agarrado”, acabó de apuntar la sargento, nuestra amada líder espirituosa…, digo, espiritual.

El 1 de febrero de 2010 arrancó en la página web de EL PAÍS un flamante blog literario: PAPELES PERDIDOS.

Sobre este Blog se dice en su frontal:

Papeles Perdidos es un cajón de sastre de la cultura y la creación, elaborado por el equipo que hace cada semana Babelia, la revista cultural de EL PAÍS. Es el blog literario de este periódico que busca acercar el universo del libro a sus lectores. Como dijo alguien sobre la cerveza de botella y la de barril, «lo mismo, nomás que diferente».

(Aquí), tres días después, se daban más datos:

Papeles Perdidos pretende poner en el radar del lector obras de creación o de investigación, ayudarle a navegar por las mesas de novedades de las librerías, por la cartelera de cine y teatro, por galerías o museos. Su vocación es mucho más informativa que crítica, quiere ser una invitación a disfrutar de la cultura en su sentido más amplio, no pretende ser una puerta, sino una llave.

¡Qué guay! ¿Verdad? Pues todo mentira.

El máximo responsable del blog, el que más se lo curraba, era Winston Manrique Sabogal. Y el blog se actualizaba a diario.

Pues desde el 28 de agosto de 2014 no han vuelto a escribir nada en él. Han pasado dos meses y según las leyes blogueras se le puede dar por MUERTO. ¡¡Hip, hip, hurra!

Decíamos arriba que se trataba de un enemigo “dañino”. Nos explicamos: en una guerra, la propaganda bien utilizada puede hacer mucho daño. No hay mejor ejemplo que lo que ocurrió durante la guerra fría que se libró durante la segunda mitad del siglo XX. Ahora estamos en otra guerra, la de la salvación de la literatura. En el bando enemigo se encuadran las grandes editoriales, los críticos y periodistas culturales y los medios tradicionales de comunicación (periódicos, radio, TV…). En nuestro bando –los buenos- estamos cuatro blogs y cuatro editoriales pequeñas. Hay un desequilibrio claro –dirán ustedes- entre las fuerzas de uno y de otro, lo sé; pero aun así estamos ganando, fíjense.

Cuando una gran editorial o un periódico lanzan un blog lo que intentan es dar credibilidad y apariencia de independencia a lo que en ellos se dice. Pero en el fondo lo que está haciendo es –como siempre- promocionar (vender) los productos del grupo de comunicación al que pertenecen. Hay que conseguir como sea que la última línea de la cuenta de pérdidas y ganancias cambie del rojo al negro. El ejemplo más ilustrativo de manipulación fue la creación de EL SINDICATO por Penguin Random House en 2012. (aquí) su twitter. Un año después, y debido a las bajas cifras de visitas, desapareció.

El público lector está ya cansado de ser engañado en las páginas de los periódicos y ese es el principal motivo de que hayan bajado tanto sus cifras de distribución. Los responsables de esos medios, como nueva estrategia, no tienen reparo en usar la apariencia del enemigo, la de blog por ejemplo, para captar lectores incautos. Por eso los grandes rotativos, como EL PAÍS en este caso, se inventan, se sacan de la manga, blogs como este de PAPELES PERDIDOS para hacer creer al consumidor [a los grandes periódicos españoles no les interesa la gente, sino los “consumidores”] que se les habla con la autoridad de la independencia y que se les cuenta la verdad, es decir que no se les intenta manipular. Pero el público lector en España es mucho menos tonto de lo que las grandes editoriales y los medios de comunicación tradicionales piensan. Por eso EL SINDICATO falleció en 2013 y PAPELES PERDIDOS ha muerto hace dos meses. Y torres más grandes caerán en breve. Manténganse atentos a sus receptores. Cuando en el siglo XXI un lobo se disfraza con piel de cordero para comerse a Caperucita lo normal es que Caperucita (los lectores en este caso) se de cuenta y deje de prestar atención al farsante. Ya no es tan fácil engañar al ciudadano.

¡¡NO PASARÁN!!

¡¡LAS MENTIRAS SE VAN A ACABAR!!

¡¡VENCEREMOS!!

¡¡VIVA EL LIBRO LIBRE!!

Pd: ¿Sería alguien de EL PAÍS tan amable de dar una explicación sobre por qué ya no se actualiza PAPELES PERDIDOS desde hace más de dos meses? ¿No creen que los seguidores del blog merecen una explicación? Bastaría con publicar una esquela.

Señorita Berna González Harbour: ¿Está usted ahí?

Otro asunto relacionado: Queremos expresar nuestro agradecimiento a Babelia por el nº del pasado sábado. Igual que cuando el especial Verdi, esta vez tuvimos espacial Caída del muro. Damos las gracias no por la calidad de los contenidos, sino porque de nuevo –como en el especial Verdi- no se publicó ni una crítica literaria, ni una reseña. ¡Bien!

Otra cosa:

Guadalupe Nettel gana el premio Herralde de novela. Guadalupe tiene ya 3 títulos editados con Anagrama, editorial que concede el premio. ¡¡Qué casualidad, tú!!

Otro asúnto más:

No se pierdan el artículo que con el título de «The Ben Bradlee we knew: Friend, fierce editor and a truth-seeker above all» («El Ben Bradlee que conocimos: Amigo, apasionado director y buscador de la verdad por encima de todo») que Bob Woodward y Carl Bernstein, los periodistas del Watergate, dedican al que fue su director en el The Washington Post durante aquellos años. (Aquí) en inglés y (aquí) su traducción al castellano.

Un extracto:

Cuando el comité para la reelección de Nixon reclamó por vía judicial nuestras notas y las de otros redactores del Post sobre el Watergate, como parte de una demanda civil, Bradlee y la editora del periódico, Katharine Graham, decidieron declarar que la propietaria legal de todos los documentos era ella, no sus periodistas, y que cualquier acción judicial debería ir dirigida a su persona.

“Si el juez quiere enviar a alguien a la cárcel, tendrá que enviar a la señora Graham”, nos dijo Bradlee, con visible regocijo. “¡Y la señora dice que está dispuesta a ir! Así que allá el juez con su conciencia. ¿Os imagináis las fotos de su limusina llegando al Centro de Detención de Mujeres, y a nuestra chica que sale y entra en prisión por defender la Primera Enmienda? Esa imagen se publicaría en todos los periódicos del mundo”.

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ONDA CERO Y SU GRAN ENTREVISTA A JUAN MANUEL DE PRADA. Hoy, en Onda Cero

Cuando me engancho con un buen libro [Big Time: la gran vida de Perico Vidal de Marcos Ordóñez; Libros del Asteroide, oct. 2014] suelo dar orden a mi ayuda de cámara, un becario guapísimo, de que no se me moleste salvo caso de urgencia vital. Me desconecto de todos los aparatitos y disfruto durante horas de la lectura; un lujo en los tiempos que corren. Pero está visto que el goce nunca puede ser completo. El jueves pasado, precisamente cuando Frank Sinatra tocaba el piano y Ava Gardner se presentó con un abrigo y nada debajo, el becario, poco espabilado pero un cielo, me interrumpió:

– Mi sargento, perdone, ha llegado un email que parece importante.

– A ver, príncipe mío, cuéntame.

– Hemos recibido un correo de Onda Cero, la radio.

El correo lo enviaba una tal Gema Piñeiro Pérez y decía así:

de:  Gema Piñeiro Perez <XXX,XXX@ondacero.es>
para:  margaret.salvacion@gmail.com
fecha:  30 de octubre de 2014, 16:21
asunto:  SÁBADO 1 DE NOVIEMBRE CON: JUAN MANUEL DE PRADA

Hola Margaret,

El 1 de noviembre empezamos en el programa Te doy mi palabra en Onda Cero encuentro con autores, pero en radio en la franja de 10 a 11, al menos una vez al mes. Os invitamos a participar como persona individual o plataforma, para entrar en directo y hacer preguntas al escritor.

Gracias

Gema

Pegado al mensaje venía este texto promocional, para que yo entendiera:

ENCUENTRO DEL AUTOR CON SUS LECTORES

Inauguramos estos encuentros con Juan Manuel de Prada. «Te doy mi palabra» también te da la oportunidad de charlar con el autor. ¿Has leído su último libro y quieres darle tu opinión? ¿Has leído todos sus libros y quieres contrastar con él tus opiniones? Aquí puedes hacerlo.

SÁBADO 1 DE NOVIEMBRE CON: JUAN MANUEL DE PRADA

Su última obra, que ya lleva algunas semanas en las librerías, «MORIR BAJO TU CIELO»

Gema Piñeiro Pérez
Coordinación entrevistas _Vips
“Te Doy Mi Palabra»
Sábados y domingos de 8  a.m 12  a.m
Onda Cero Radio   Isabel Gemio”
C/ Fuerteventura,12- San Sebastián de los Reyes 28703 Madrid
+34-91 436 64 83
 

Yo le respondí que encantada de participar, pero que no podía llamar en directo al programa porque dejaría un rastro (voz, nº de teléfono, etc…) que, con un poco de habilidad, haría posible que las integrantes de Patrulla de Salvación fuéramos desenmascaradas. Le ofrecí mandar una pregunta por correo electrónico y que la presentadora, Isabel Gemio, se la leyera al escritor. Me dijo que cualquier forma de colaboración era bienvenida y me puse a investigar para hacer una buena pregunta.

Esta fue mi pregunta. Un poco larga, pero, creo, relevante:

Querido Juan Manuel:

Se te encuadra en la llamada generación Kronen (por la novela de Mañas). Al menos a dos de los miembros de esa generación (a Lucía Etxebarría y a ti) se os ha acusado de plagio. Tú, como Lucía, te defendiste argumentando que lo tuyo no era plagio sino «intertextualidad». Me estoy refiriendo a las frase íntegras que copiaste de Javier Marías (sobre la ciudad de Venecia) en tu libro «La tempestad» (Premio Planeta 1997).

Marías escribió en referencia a ti en su artículo «Desfachateces» (aquí):

«Ahora un joven escritor premiado me envía su novela con una carta llena de halagos, haciendo en ella referencia a posibles influencias mías que algunos le atribuyen. Aún no he leído el libro y no sé si lo haré, dado que una amiga profesora me advierte casualmente de que el joven en cuestión ha «saqueado» un antiguo escrito mío sobre una ciudad en la que viví y que bien conozco, y en la que transcurre la acción de esa novela. Sobre eso, en su carta, no dijo nada; es más ante la posibilidad de esas «influencias» se hacía el loco («Algo habrá, ojalá se me haya pegado algo»), una actitud no sólo taimada, sino además idiota. ¿O es que esperaba que no me fuera a dar cuenta de los «préstamos» casi textuales?*

No quiero incurrir en conclusiones fáciles y pensar que estas desfachateces son cosa de jóvenes, Porque si lo fueran, en todo caso, supondrían sólo la exacerbación inmadura y patosa de lo que ven que, quizá con mayor disimulo, viene haciendo gran parte de la población española, para la que «todo vale», desde hace ya demasiados años.»

*Este obsequioso escritor es reincidente: poco después publicó un relato cuya escena cumbre, ¿cómo decirlo?, es casi un calco. Así que mañana en la batalla piensa en mí, y no me robes más sueños, pesadillas en tus manos. (añadía Marías)

Sabes perfectamente lo que es plagio y lo que no. ¿Sigues defendiendo hoy, 17 años después, que lo que hiciste en La Tempestad, o al menos en algunos fragmentos, no fue un plagio puro y duro? ¿Influyó el que aquella novela tuya tuviera trocitos de Javier Marías para que te dieran el Planeta?

Un beso y todo mi cariño, Juan Manuel.

La sargento Margaret

Para que la periodista no se tuviera que molestar en investigar la veracidad del suceso que yo relataba, diez minutos después le mande este otro correo:

En este artículo «Esas máquinas mágicas» (El Semanal de 29 de oct, de 2000) de Javier MARÍAS lo expresaba con más claridad poniendo incluso ejemplos del plagio, Así terminaba el artículo de MARÍAS:

» Y yo mismo me encontré, en la novela ganadora del Premio Planeta de hace unos años, con lo siguiente: en 1988 había yo escrito un largo artículo sobre Venecia, en el que por ejemplo había dicho: «la preciosa Virgen de Giovanni Bellini con un Niño Jesús energúmeno que no se sabe si está a punto de ahogarse o saltar al cuello de su increíble Madre»; y el joven y protegido escritor premiado, cuya novela transcurría en Venecia, decía del mismo cuadro: «el Niño, que parecía a punto de ahogarse y de saltar al cuello de su Madre». O bien yo había escrito: «la enorme fábrica de harinas Stucky, construida a finales del siglo pasado… abandonada a su ruina y asediada por el agua como un buque derrelicto». O había yo añadido: «Allí no hay nada… sólo ratas como gatos; y añadía el planetario: «Había ratas como gatos». O había yo comentado: «se cruza uno con niños que pescan sepias y platijas»; y él: «los niños de la Giudecca pescaban platijas». Etc. No sé quizá ustedes sepan poner el nombre mejor que yo, entre tantos posibles. Pero como aquella novela llevaba dos páginas de «Agradecimientos y Advertencias», supongo que de haber existido total buena fe, ese habría sido el lugar para mencionar mi pieza «Venecia, un interior», que no aparecía por ningún sitio. Pero en fin, yo ni he tenido jamás un ordenador en mis manos, así que a lo mejor ando equivocado respecto a sus capacidades, rebeliones, desobediencias y milagros. Quizá sea hora de que me pase por fin a esas máquinas mágicas, pues parecen ayudar lo suyo a escribir libros de éxito y a que los publique siempre la editorial más potente.»

Cuando esta mañana, entre las diez y las once, se ha realizado la entrevista de Isabel Gemio con Juan Manuel de Prada he mandado a Samantha, nuestra directora de relaciones con otros medios de comunicación, que escuche al completo su radiodifusión. Yo, mientras, he aprovechado para terminar el libro de Ordóñez. La sorpresa de Samantha ha sido que nuestra pregunta no ha sido formulada al escritor. Isabel Gemio, la presentadora y, en este caso entrevistadora, le ha preguntado mucho sobre su último libro -a eso venía el autor, claro- pero ni una pregunta comprometida, y de la nuestra ni rastro.

Juan Manuel de Prada e Isabel Gemio

Yo esto me lo imaginaba, pero Gema Piñeiro, que parece que no es nueva en esto de la radio, debía saber que una pregunta como la nuestra no sería del agrado del autor. No gustaría al autor, pero tampoco gustaría a la presentadora y menos a los patrocinadores. En estos programas se procura que el entrevistado y el producto que promociona -en este caso un libro- queden lo mejor posible. ¿Periodismo? ¿Qué es eso? ¿Se trata de un virus contagioso?

¿Por qué cojones me pide entonces colaboración en forma de pregunta la tal Gema esta? Si conoce a Patrulla de Salvación -llevamos más de tres años haciendo la guerra-, debía saber que de mi teclado no saldría una pregunta agradable y políticamente correcta. ¿Pretendía que la sargento Margaret, como Isabel Gemio esta mañana, hiciera mimitos a Juan Manuel de Prada?

-Isabel Gemio: «Qué hace temblar a Juan Manuel de Prada»

-Juan Manuel de Prada: «La belleza, la lealtad de un amigo, …»

Pinchando (aquí) accederán a la página de Ondacero y pueden escuchar el podcast de la interview. Los miembros del jurado del próximo premio Pulitzer están ya evaluando si Isabel Gemio, después de este impresionante trabajo, merece el galardón.

Fíjense en cómo titulan la entrevista: » Juan Manuel de Prada: «Las palabras tienen vida íntima»» . Lo que realmente dice durante  la entrevista el escritor es: «Ramón Gómez de la Serna dice que las palabras tienen vida íntima», Ya comenzando con el titular -atribuyendo a De Prada algo que no es suyo-, la entrevista es todo un despropósito periodísticamente hablando. Ahora, como herramienta de marketing editorial, podemos afirmar que se trata de un gran trabajo.

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CHIRBES ACUDE A RECIBIR EL PREMIO -una hipótesis-.

Compruebo, tras la lectura de los comentarios al «post» anterior, que la mayoría de vosotros piensa que Chirbes ha hecho bien aceptando el premio. Mi argumento está en minoría. No os preocupéis por mí, me suele pasar. Estoy acostumbrada a eso de defender causas minoritarias (o perdidas), poco aceptadas.
Muy bien. Aceptemos -es una hipótesis- que Chirbes debe ir a ver al ministro y recoger el galardón. Chirbes, en las numerosas entrevistas que ha concedido, ha dicho que cuando tenga oportunidad de ver al ministro le comentará lo muy en desacuerdo que está con su gestión de la Cultura de nuestro país. Chirbes también ha dicho que es un hombre educado y que debe dar las gracias -así se lo enseñaron- cuando le dan un premio.
OK, pongámonos en situación, en el momento de la entrega del premio. El ministro, en las distancias cortas, es muy simpático, que lo sepáis. Además es un tío muy culto (sobre todo muy leído) y seguro que alguna novela de Chirbes se ha finiquitado.
¿Qué debe hacer Chirbes si el ministro, al tiempo que con sinceridad y conocimiento de causa lo felicita, le extiende la mano para estrechársela? Estaremos todos de acuerdo en que Chirbes debe hacer lo mismo y darle la mano, ¿verdad?

¿Debe darle la mano firme o flácida? “Creo que firme, consistente”, dice Daphne (que me acompaña), a la que una mano blanda -comenta- le acelera la menopausia un par de años.
¿Debe Chirbes aceptar la copa y los canapés que el subsecretario de Cultura le ofrecerá en el coctel posterior a la entrega del premio?
¿Puede Chirbes -al que, como alguien ha dicho aquí, le puede hacer falta el dinero del premio- atiborrarse a bocadillitos de cebolla caramelizada con brandada de bacalao o a endivias con roquefort y con una almendra frita encima? ¿Debe Chirbes, en contrario, guardarse los canapés en el bolsillo y luego repartirlos entre los pobres y los excluidos sociales que seguro encuentra por las calles de Madrid que rodean el ministerio?
¿Debe Chirbes ponerse corbata para recibir el premio? ¿Ir en vaqueros y camiseta sería un gesto de rebeldía suficiente?
Y más: si el ministro le sonríe, ¿debe Chirbes devolverle la sonrisa? Cuidado, porque aquí entramos ya en terreno pantanoso. Entendamos que el ministro es un maestro en la distancia corta; el señor Wert, desde hace más de 30 años, no ha parado de participar en eventos en los que se ha hecho un experto en saludar, abrazar, elogiar, engatusar, etc… ¡Ojo! que si Chirbes entra en el juego del político, le estrecha la mano, le sonríe, acepta que el ministro le dé un golpecito cálido por la espalda -gesto que no sacarán las cámaras- al tiempo que le dice lo mucho que le gustó “Crematorio”, ….Si todo esto es permitido por el hombre bien educado que es Chirbes, luego no sé cómo va a hacer para expresar una crítica en condiciones al ministro. Porque no vale decir: “José Ignacio, que sepas que no me gusta cómo estáis llevando lo de la Cultura” y ya está. Eso el ministro ya lo sabe y, tan acostumbrado como está a escucharlo, por un oído le entra y por el otro le sale. Tantas veces le han dicho eso que seguro que como respuesta le comenta: “¿Te han gustado, querido Rafael, los panecitos de pan integral con paté de oca de la Bretaña y con mermelada de frambuesa? Son mis favoritos. Si luego le das un traguito al champán, la experiencia de sabor y burbujitas, todo junto, es parecida a la gloria bendita”.
No olvidemos que el ermitaño Chirbes, el que vive sólo -con dos perros- y retirado del mundo en un pueblecito de Valencia, es un hombre muy tímido (todo lo contrario que el ministro). Como Chirbes vaya en plan educado, el ministro se lo come vivo. En ese caso mejor aquello de “relájate y goza”, y mejor que se ahorre una inútil y siempre ridícula (por las circunstancias en que se produciría) crítica a la gestión de la Cultura.
Y si hiciera lo contrario, ¿Se imaginan? Lo contrario es peor, con diferencia:
Llega Chirbes con cara de mala uva y ante la sonrisa del ministro y la mano extendida el escritor se mantiene impávido, no devuelve el saludo y dice: “dame el premio y la pasta y vete a la mierda, tú y tu ministerio, que os estáis cargando la cultura de España”. Y añade: “Y métete, José Ignacio, por donde te quepa la brandada de bacalao, el salmón ahumado con salsa de eneldo y los solomillitos con pimientos del piquillo, que yo, con los 20.000€ que me acabas de dar me meto un festín en Zalacain o en Horcher y me quedo tan a gusto”
¡¡Qué horror!!
¿Lo veis?
A Chirbes no le queda otra que retractarse y renunciar al premio.

ACTUALIZACIÓN a las 11,15h

Una amable seguidora de este blog nos manda un enlace al contenido de la carta que el músico Jordi Savall ha enviado al ministro Wert:

Carta de Jordi Savall al Ministro Wert donde comunica su renuncia al Premio Nacional de Música 2014

Así termina su carta Savall:

«Por todo ello, y con profunda tristeza, le reitero mi renuncia al Premio Nacional de Música 2014, esperando que este sacrificio sea comprendido como un acto revulsivo en defensa de la dignidad de los artistas y pueda, quizás, servir de reflexión para imaginar y construir un futuro más esperanzador para nuestros jóvenes.

Creo, como decía Dostoyevski, que la Belleza salvará al mudo (sic), pero para ello es necesario poder vivir con dignidad y tener acceso a la Educación y a la Cultura.

Cordialmente le saluda,

Jordi Savall»

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SAVALL RECHAZA EL PREMIO; CHIRBES LO ACEPTA Y LO AGRADECE

El músico Jordi Savall ha renunciado al premio Nacional de Música dotado con 30.000€. El escritor Rafael Chirbes, al contrario, aceptó hace tres semanas el Premio Nacional de Narrativa dotado con 20.000€.

Chribes dijo (aquí) después del premio: “Este premio me deja una sensación ambigua, pues el Gobierno que lo concede es parte responsable de lo que está sucediendo, aunque sé que el galardón lo otorga un jurado independiente.”

A Chirbes le preguntaron, un día después, en EL CULTURAL, esto “¿Pensó Chirbes -muy crítico con los gobiernos que nos metieron de cabeza en la crisis- en rechazar el Nacional de Narrativa?” y respondió: «De ninguna manera. Y me gustaría puntualizar que este premio lo entrega un jurado y no un Gobierno, ya sea del PP o del PSOE. Es un premio de los españoles; es decir, que un jurado elige una novela porque cree que esa novela puede ser provechosa para la ciudadanía. Si este premio tiene alguna connotación política es por el uso que los políticos han hecho de él, pero no por su naturaleza. Además, me parecería un desprecio al jurado, que por otro lado está formado por gente a la que respeto mucho». Lo de Marías lo respeta, pero no lo comparte. «Yo vengo de una clase social modesta, y agradecida -afirma-. A mí me han enseñado que, si te dan un premio, tú das las gracias». Tampoco, dice, sabe qué hará con el dinero. «Déjeme que me asiente y me entere un poco cómo funciona esto».

¿En qué quedamos, Rafael? ¿Lo concede el Gobierno “responsable de lo que está ocurriendo” o “los españoles y un jurado al que respetas”?

Javier Marías, en 2012, rechazó el mismo premio.

Jordi Savall hace música, sólo música. Jordi Savall no entra en política con su obra. Jordi Savall explicó en su nota de rechazo del premio que no podía aceptarlo “para no traicionar sus principios y sus convicciones más íntimas», puesto que la distinción procede de la principal institución del Estado responsable del «dramático desinterés y de la grave incompetencia en la defensa y la promoción del arte y de sus creadores». Jordi Savall no entra a criticar la gestión económica del gobierno. Chirbes sí lo hace; en sus novelas y en sus declaraciones.

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Jordi Savall

Tanto el Premio Nacional de Música como el Nacional de Narrativa, hablemos claro, proceden del Ministerio de Educación y Cultura, esa institución “responsable de la grave incompetencia en la defensa y la promoción del arte y de sus creadores”, en palabras de Savall [entren si no en las páginas que enlazo más arriba sobre los importes de los premios]. Pero Chirbes dice –se justifica- que lo entregan los miembros del jurado en representación de los españoles, esos españoles -y esto ya son mis palabras- que en un alto % están cerca de la exclusión social por culpa de la gestión de este gobierno y de los anteriores. Ah, se me olvidaba: además resulta que Chirbes, como si sus argumentos anteriores no le fueran suficientes, añade que por venir de una clase social modesta, pero bien educado él, es un hombre agradecido. Acabáramos. ¿Hay que dar las gracias al causante de los males que uno denuncia en un libro cuando te da un premio y 20.000€ por ese mismo libro? ¿Hay que agradecer un premio (y 20.000€) proveniente de una máquina de generar corrupción, mierda y suciedad como ha sido el ESTADO español durante los últimos 35 años? Puede que sí y que yo sea una maleducada. Pero si a mí se me acercara un representante del ESTADO, ese sistema organizado para generar mayoritariamente corrupción, mierda y porquería, con un cheque de 20.000 € en la mano, saldría corriendo por la primera puerta. Por si acaso.

Y es que la culpa de lo que ocurre no es de este gobierno, o no solo de este gobierno. Lo que ocurre en España es responsabilidad de los gobiernos de los últimos 35 años, de todos ellos. Por eso hablamos del ESTADO, para simplificar.

¿Está obligado un artista a rechazar un premio otorgado por el ESTADO? La respuesta es que no, claro que no. Pero ¿Es ético ser un artista que denuncia la corrupción y la exclusión social de gran parte de la sociedad generadas por ese ESTADO y aceptar una propina (un cheque, una palmada en la espalda, una sonrisa del ministro) de ese mismo ESTADO? Yo desde luego dejaría de creer en las intenciones del artista cuando vuelva a criticar con su arte a ese mismo ESTADO. Y aun diría más: ¿Puede ese artista seguir considerándose a sí mismo una persona digna?

Dejo que cada uno de ustedes responda. Yo no quiero dar lecciones ni pretendo situarme en un plano de superioridad moral. Dios me libre.

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EL RAMIRO PINILLA QUE FUE (Gracias a Planeta)

Sin la putada que en 1971 le hicieron a Ramiro Pinilla los de Planeta no hubiera sido posible esa gran obra de la literatura en castellano que es la trilogía Verdes valles, colinas rojas. (Tusquets editores, oct. 2004- mayo 2005)

Lo volvió a contar el escritor Fernando Aramburu en Ramiro Pinilla y la perseverancia, artículo en EL CULTURAL de 2006:

Más conocida (ya que él mismo ha referido el caso en la prensa) es la mala pasada de que fue objeto con ocasión del premio Planeta en su edición de 1971. Días antes del fallo, una llamada telefónica anuncia al escritor la obtención del susodicho premio. Felicidades. Se le invita a acudir sin falta a Barcelona, al sarao anual que todavía se celebra. Pinilla se desplaza en compañía de una hija. Llega el momento de las fingidas deliberaciones y el primer premio, zas, se lo dan a otro cuyo renombre garantiza mayores ventas. Durante seis meses, la editorial Planeta demorará la publicación de Seno, uno de los grandes títulos de Pinilla. De este modo se reduce el riesgo de que los críticos comparen un libro de alto valor literario con la plasta ganadora. Aquella noche, Lara (que en paz descanse) se acerca al novelista chasqueado y le tiende un billete consolador de cinco mil pesetas de las de entonces. ¿Generosidad? ¿Petición indirecta de disculpas? ¡Naranjas de la China! Las cinco mil cucas le serán más tarde descontadas al escritor de la retribución correspondiente a su premio como finalista.

Antes de esto, en 1960, había ganado el Nadal y el premio de la crítica con su novela Las ciegas hormigas. Lo del Planeta le sentó tan mal que se encabronó y abandonó el circuito comercial para encerrarse a escribir durante más de 20 años. Por eso digo que gracias a que Planeta no le concedió el premio hoy disfrutamos de esa trilogía. Si se lo hubieran dado, posiblemente Pinilla hubiera publicado mucho más, pero –no lo quiero ni pensar- hubiera acabado, por ejemplo, escribiendo como Juan Manuel de Prada o como Carmen Posadas, que lo ganaron, el Planeta, en los años 97 y 98.

Hoy, Planeta une a dos escritores: A Ramiro Pinilla se la jugó en 1971; a Gregorio Morán, la putada, se la acaba de hacer hace unas semanas. Si en España tienes una carrera literaria, antes o después, para bien o para mal, te topas con Planeta.

Precisamente Gregorio Morán, en una de sus sabatinas intempestivas en La Vanguardia, la de 28 de octubre de 2006, que tituló La resurrección de Ramiro Pinilla, nos contó cómo Pinilla, con 83 años cumplidos y su mamotreto de folios bajo el brazo, se dio a conocer de nuevo:

Y hete aquí que había acabado su monumental obra, iba a cumplir 83 años y no sabía muy bien a quién mandar los infolios. No debía conocer a mucha gente del mundillo literario vasco, porque primero se dirigió a Jon Juaristi, quien por cierto ni siquiera le cita en sus interesantes memorias – Cambio de destino (Espasa)-, y eso que están todos aquellos que fueron algo, por poco que hayan sido, en la cultura vasca de la transición, incluso los que pasábamos por allí. Como Juaristi no le hizo mucho caso, se dirigió a un joven autor guipuzcoano, Fernando Aramburu, cuyo impresionante libro de relatos Los peces de la amargura (Tusquets) merecería algo más que una referencia. Y él lo puso en la órbita.

Aramburu se la pasó a Juan Cerezo (editor de Tusquets) y el resto de la historia la pueden leer en los numerosos obituarios que entre hoy y mañana se publicarán en los periódicos.

Permítanme que les copie aquí –tengo debilidad por este hombre- la diatriba que, en su sabatina de 2006, Gregorio Morán lanzó contra los premios literarios y, sobre todo, contra los miembros de los jurados que los conceden:

Aunque me alegro por Ramiro Pinilla, al que reconozco una probidad como escritor fuera de toda sospecha, buena parte de los premios otorgados no son más que una muestra de mala conciencia y desvergüenza en el gremio cultural. Nadie con un mínimo de sentido de la responsabilidad intelectual podría conceder el premio Nacional de Narrativa al volumen tercero de Verdes valles, colinas rojas, porque si alguien osara empezar a leer tal libro -Las cenizas del hierro- no se enteraría absolutamente de nada sin haber pasado previamente por los anteriores, al menos el primero, La tierra convulsa. A mí me parece muy bien que otorguen el premio a Pinilla, y no sólo uno, sino que lo colmen de ellos, pero desmoraliza pensar que la inmensa mayoría de los jurados del delicuescente y compadril premio Nacional no se han leído a Pinilla ni por el forro. Podríamos pasar lista y analizarlos uno por uno, por más que eso, hoy en día, se considera de mala educación. Las peculiaridades de la vida cultural española consienten que un autor como Ramiro Pinilla pueda ser reconocido como escritor a los 83 años, ni uno menos. Y eso es tanto como hacer un llamamiento a todos los jóvenes con aspiraciones literarias a golfear, a hacer trampas, pisar callos y dar codazos, y sobre todo a emular a los famosos en chorizo total si es que tienen intención de ser alguien en la ciénaga del papel impreso. De lo contrario, les toca ejercer de Ramiro Pinilla. 

Descanse en paz, Ramiro Pinilla.

La Patrulla de Salvación, reunida en pleno en el patio de armas de su cuartel, ha concedido a título póstumo la medalla al mérito literario al gran escritor Ramiro Pinilla y lo nombra caballero de la Orden de Gustave Flaubert.

¡¡PRESENTEEEN ARMAS!!

¡¡HONORES!!

ACTUALIZACIÓN A 24 DE OCT. DE 2014

Artículos (hoy en EL PAÍS) de despedida: de Fernando Aramburu (aquí); de Juan Cerezo (su editor) (aquí).

ACTULIZACIÓN A 26 DE OCT. DE 2014

Antes de su éxito de 2004 muy pocos hablaban de Pinilla como buen escritor. Vean cómo Jon Juristi, al que Gregorio Morán criticó en el artículo que he enlazado arriba, hoy se defiende en ABC para apuntarse un gol que él no metió. (aquí):

Para empezar, no soy ni he sido editor. Cuando Pinilla me pidió ayuda, lo puse en contacto con mis editores de entonces (Espasa), a los que, pese a las encarecidas alabanzas que hice tanto del libro como del escritor y de su obra anterior, el manuscrito no interesó. Un error lamentable por su parte, porque Fernando Arámburu lo recomendó a los suyos (Tusquets), que lo convirtieron en un best-seller (resultado que me alegró y celebré desde este periódico).  

OTRA COSA

No se pierdan la reseña (aquí) que el escritor británico Julian Barnes hace de Limonov (Anagrama, 2014) de Emmanuel Carrere. La publica hoy el The Guardian inglés. Esto es una reseña como Dios manda. Termina diciendo que ha disfrutado más da haber terminado de leer el libro que mientras lo leyó. Y añade que la madre del autor francés, que es citada por el hijo en el libro y que es historiadora especializada en Rusia, hubiera hecho un libro mejor.

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VEINTE DÍAS FRENÉTICOS

La noche del 15 de octubre de 2014 se dio a conocer el ganador del premio Planeta. Jorge Zepeda Patterson, con su novela “Milena o el fémur más bello del mundo”, fue coronado como el vencedor de la LXIII edición. Pilar Eyre, con su novela “Mi color favorito es verte” quedó finalista. Un día después, Pilar Eyre manifestaba en varias entrevistas que la noche de entrega de los premios lo pasó fatal, que los nervios la atenazaban: “ni siquiera pensaba que podría quedar finalista. De hecho, me enteré cuando leyeron el veredicto.” Entendemos que el pobre Zepeda Patterson tampoco sabía nada.

El 8 de octubre, la editorial Planeta publicó una nota de prensa en la que se anunciaba que de las 453 novelas presentadas sólo quedaban 10. Entendemos que del 8 al 15 de octubre la competición entre las 10 novelas finalistas fue feroz. Imaginamos a los miembros del jurado a altas horas de la madrugada volviendo a leer febrilmente las diez novelas candidatas, buscando esos matices (destellos de alta literatura) que en una primera lectura no se aprecian y que pueden marcar la diferencia, encumbrar a un libro sobre los otros nueve.

Hoy, en la página web de Planeta (aquí) y (aquí) ya se pueden ver las portadas de los dos libros. Y se anuncia que las novelas estarán en las mesas de novedades el 4 de noviembre de 2014. Todo eso –avisamos- si la máquina de café sigue funcionando y los empleados de la editorial y los de la imprenta no desfallecen después del heroico y titánico esfuerzo de sacar adelante estos dos libros en el tiempo record de 20 días.

No sabemos si felicitar a los empleados de Planeta y a los de la imprenta por su dedicación (están durmiendo una media de dos horas por noche, los pobres) o denunciar a la editorial por la explotación laboral.

El libro GUINESS de los records ya está al tanto de esta espectacular hazaña: corregir el texto, maquetar, diseñar la portada, imprimir…. ¡¡¡EN SOLO 20 DÍAS!!!

Guau

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