SIETE AÑOS de PETER STAMM

Les voy a contar, sin artificios, lo que me ha ocurrido con este libro (Acantilado, 2011). Los protagonistas, Sonja (la chica) y Alex (el chico), dos alemanes de veintipocos años que acaban de terminar la carrera de arquitectura, son guapos, educados y agradables. Esto, unido a la claridad y precisión con la que escribe Stamm, ha hecho que rápidamente, en las primeras páginas, me sintiera cómoda en su compañía. En la primera mitad de la novela, además, se plantea un asunto que me interesa mucho: en las relaciones amorosas, ¿hay que dejarse llevar por la pasión o hay que pararse a pensar fríamente lo que a una le conviene y actuar en consecuencia? ¿Hay que casarse con el que te pone cachonda o con el que será el buen padre de tus hijos? Antje, una amiga de Sonja, llega a decir que el amor pasional es una forma inferior de amor, “aunque las novelas sostengan lo contrario”. Los personajes actúan de forma inteligente en lo que tiene que ver con ese asunto. Se casan sabiendo que son, el uno para el otro, la persona que les conviene. Montan un estudio de arquitectura que cada día marcha mejor y todo en sus vidas –como si de una de las urbanizaciones  que diseñan se tratara- está pensado y planeado. Hasta los defectos de Sonja y Alex –ella es demasiado seria y él un poco inseguro- me parecen bien.  Me hubiera gustado ser como ellos. Si esto es así hasta la página 131 (La novela tiene 262), ¿Cómo es posible que a partir de ahí, Sonja y Alex -siendo los mismos- empiecen a caerme fatal?

Peter Stamm (Weinfelden, Suiza, 1963) no ha utilizado ningún truco sucio. No ha guardado nada escandaloso, feo o desagradable que hubiera ocurrido en el pasado y una vez conocido en la segunda parte de la novela me haga cambiar de opinión. Lo que el autor hace es desarrollar la forma de ser (y de plantearse la vida) de los personajes y demostrarme hasta donde puede una persona llegar cuando se es, y se vive, así. Todo lo que hacen (y les pasa a) los personajes  en la segunda parte de la novela es coherente con lo que han hecho (y les ha pasado) en la primera. No hay trampa. Lo que hay es un magistral diseño de personajes.

El asunto de fondo es el de la ética. Es muy fácil –y una queda muy bien- repetir eso de que el fin nunca justifica los medios. Pero en nuestra vida diaria (la novela de Stamm viene a demostrarlo) traicionamos continuamente ese principio. Nos auto engañamos todos los días. Nos hacemos trampas al solitario. Y lo peor es que nos creemos, aún así, buenas personas. La novela me ha hecho pensar y me ha llevado a revisar muchas decisiones que yo creí acertadas y puede que no lo sean tanto. Un gran libro. Una gran novela.

El egoísmo se termina pagando, en vida.

 Peter Stamm

Otro asunto que nada tiene que ver con esto último: no se pierdan el interesante artículo de Jordi Amat sobre los comienzos de Edicions 62 que hoy se publica en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia. Pinche aquí.

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EL PERRO DE LEOPOLDO ABADÍA

Lo de Leopoldo Abadía debe ser una mina de oro. Comenzó con La crisis Ninja, libro (basado en un email que circuló en 2008) en el que -a toro pasado (así hasta yo, don Leo)- explicaba la crisis económica que aún sufrimos. Como aquello funcionó, Planeta le sacó otros dos libros sobre lo mismo. Como seguía vendiendo y lo de la crisis ya no daba para más, hace unos meses se le publicó otro sobre la familia, que Leopoldo es muy listo y sabe mucho (aunque no lo debe saber todo – o no le deben hacer caso- porque la crisis sigue ahí, haciendo estragos).  Pero no se vayan, aún hay más. Agárrense: ahora el que publica ya no es Leopoldo, sino su perro, que se llama Helmut, Helmut Abadía. Claro, viendo que en España cualquier indocumentado va y saca una novela, pues dice Helmut: yo, guau guau, también quiero ser famoso y salir en El Cultural, guau. Lógico. ¿Quién se lo puede reprochar? El perro tambien se ha abierto una cuenta de twitter, no se crean.

El día 4 de febrero todos ustedes podrán comprar en las librerías ¡Guau! Historia de un educador de amos. Les dejo con la sinopsis, no tiene desperdicio:

Helmut Abadía (Oviedo/Barcelona, 2001) es un perro bobtail (antiguo pastor inglés) bonachón, tozudo y cariñoso, famoso por ser el infatigable compañero del escritor de best sellers Leopoldo Abadía. Además de actuar como modelo publicitario, posee el blog http://www.perrohelmut.com en el que una larga legión de perros le consultan sobre algunos conflictos para poder reeducar a sus amos. De ahí nace esta su primera obra… y probablemente, sea el primer spin-off canino del mundo editorial: una aventura de aventuras donde la amistad, el compromiso, la imaginación y el amor por lo bello se juntan para descubrir que los sueños, si se desean, se pueden hacer realidad. Se puede seguir su periplo junto a su amo por medio de twitter@perrohelmut.

 

Les prometo que la carrera editorial de este señor de 79 años me tiene intrigadísima. ¿Cuál será su próximo libro? Por si acaso, voy a hacer una sugerencia.

Atención. Me dirijo ahora a los cerebros grises de Planeta, a los sabios que diseñan la estrategia editorial del grupo y deciden como exprimir hasta la última gota de un autor con gancho: Señores y señoras, por favor, queremos una novela romántica paranormal escrita y protagonizada por Leopoldo Abadía. Please. Sugiero portada:

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VIDA DE PABLO: “PAN, ACEITUNAS Y SILENCIO”

-Margaret, me gustaría leer Vida de Pablo, de Carlos Pardo. ¿Has terminado con él?

-Literalmente.

-¿Cómo?

-Eso es lo que queda de él, Daphne.

Daphne se acerca a la chimenea y, con dos dedos, recoge las cenizas de lo que había sido un libro.

-Pero…. ¿Por qué lo has quemado?

-¿Cómo quieres que reaccione si, después de pasar tres horas leyendo una novela en la que no pasa nada, me encuentro, en la página 204, la siguiente frase en boca del narrador?

… a mí me gusta que no suceda nada.

En ese momento me di cuenta de que me estaban tomando el pelo y lancé la novela lo más lejos que pude. Con la mala (o buena) suerte de que cayó en el fuego. No te pierdes nada, tranquila.

-Pero, algo tendría, ¿no? Me cuesta crees que en 308 páginas no se cuente nada.

-¿Te acuerdas de Los Guarriris, aquellos personajes que dibujaba Mariscal en El Víbora? Eran tres: Piker, Fermín y Julián. Llegaba uno y decía: “hola”. El otro le respondía: “hola, ¿me dejas la radio?”, y se ponían a pescar. Y no ocurría nada más en toda la historieta. Pues así es esta novela. Los dibujos de Mariscal tenían gracia. Pero 308 páginas llenas de letras y así, sin que pase nada…

-Pero, algunas reseñas lo han puesto bien.

-Solo se me ocurren cuatro motivos: 1. Mete por medio reflexiones (todas ellas sin fuste). 2. Incluye numerosas referencias culturales (muy “high culture” todas ellas). 3. Suelta poemas sin avisar (que no tienen nada que ver con la ¿trama?). 4. Los personajes se emborrachan y se drogan (acabáramos). Estas cosas gustan a los críticos modernos. Lo triste es que todos esos añadidos no aportan nada a la historia. A la no-historia, mejor. Porque, ya te digo, no pasa nada. Ni argumento ni personajes. Nada.

Lo que peor me ha sentado es que en varias ocasiones la novela promete algo que puede ser interesante  y luego no lo desarrolla. Te pongo cuatro ejemplos:

1.- En la página 72 parece que nos va a hablar del sufrimiento de los personajes –y de ese modo los personajes van a coger cuerpo- pero no lo hace:

Ricardo era buena persona. Una buena persona con éxito entre las mujeres y un borracho joven. Me podría haber llevado bien con él, pero en vez de eso éramos los enemigos que cada noche se miden y se comparan.

  En la comparación salía perdiendo yo, que soy bajito y rencoroso, pero creo que, por lo mismo resistía mejor el sufrimiento.

Ese final de frase está muy bien. Pero si luego no se cuenta por qué sufre y como hace el personaje para soportar mejor que otros dicho sufrimiento, pues el lector se siente defraudado. Como es lógico.

2.- En la página 99 escribe:

Teníamos hasta las seis para contarnos la vida.

Me digo ilusionada: ya esta, aquí se arranca el autor y me dice como son estos muchachos. Otra vez mi gozo en un pozo. Ese capítulo, que había empezado en la página 99, termina en la misma página 99. Y en los siguientes nadie cuanta su vida a nadie. Solo hay anécdotas superficiales.

3.- En la página 111, el autor me vuelve a poner la miel en los labios:

   A lo mejor tenía razón y yo no sabía llevar una relación madura. Me entregaba demasiado. Ella era mi única posibilidad de ser yo mismo. De llevar una vida individual.

Si se escribe lo anterior, hay que desarrollarlo. Pero este capítulo vuelve a terminar en la misma página en que empezó. Y en las siguientes no encontramos nada referente a “entregarse demasiado”, a “ser yo mismo” o a “llevar una vida individual”.

4.- En la página 127, escribe el autor:

Debería sentirse orgullosa por despertar un sentimiento tan intenso, me dije, más o menos consciente de mi psicopatía.

Me di cuenta –estaba yo ya muy nerviosa- de que hablaba (más bien gritaba) yo sola: ¡¿Qué psicopatía, cojones, qué psicopatía?! El cabo de guardia me miro alarmado. Porque, querida Daphne, no se describe, no se cuenta, no se explica nada referente a ningún padecimiento psíquico, ni nada que se le parezca. Y eso de “sentimiento tan intenso”, será porque el autor dice que es intenso, porque en las páginas anteriores nadie me había parecido que sintiese nada con la más mínima intensidad.

-Por lo que me estás contando, Margaret, me parece que lo que Carlos Pardo ha intentado hacer, sin conseguirlo, es algo parecido a aquella maravilla que fue La primavera corta, el largo invierno de Martín Casariego (Espasa, 1999). Aquello sí que fue una buena novela sobre jóvenes inadaptados.

-Aquella sí que era una novela como dios manda, Daphne.

Dice Patricio Pron que Vida de Pablo es una novela de claves.

– Si eso es verdad, exijo a Periférica, su editorial, que me devuelva los 20 euros que he desembolsado en la librería, o que me entreguen el manual para descifrar dichas claves. Me parece de muy poca educación que Pardo –si fuera verdad lo que dice Pron- haya escrito una novela para que él y sus cuatro amigotes se partan el culo (como dicen ellos) a reírse con las bromas privadas que solo ellos comparten.

-Margaret, otro asunto. Me has dicho que los personajes se drogan. ¿Explica el texto los motivos o las consecuencias de tal afición?

-No, Daphne. Solo se me ocurre que debido al consumo de estupefacientes, estos chicos se hayan vuelto gilipollas y la sin sustancia que inunda la novela fuera un reflejo de la realidad. En ese caso –y por dar una utilidad a los árboles sacrificados- la novela tendría valor sociológico.

-Cuando dices que se han vuelto gilipollas por consumir drogas, ¿te refieres a los escritores?

-No, por dios. Líbreme el señor de decir tal cosa. Me refiero a los personajes de las novelas de esta nueva generación. Puede que retraten chicos que son así. No lo sé. Yo ya estoy muy mayor.

-Hablando de los escritores, no entiendo, Margaret, como has vuelto a picar. Si te hubieras informado…

-¿Por qué lo dices, Daphne?

-Muy sencillo. Mira: 1. Estética perroflauta. 2. Cosecha del 1975, una de las peores. 3. Primera novela de un poeta. 4. Auto-ficción. ¿Quieres más datos? Cuadra, casi a la perfección, con el retrato robot del integrante de la generación Zambrapronolmos, el enemigo.

-Mira, Daphne, me niego enérgicamente a prejuzgar de esa forma a los escritores.

-Tu postura, Margaret, me parece encomiable. Pero de alguna forma deberemos, los lectores, empezar a protegernos de autores, editoriales y críticos sin escrúpulos. Son ya muchas las horas (y los euros) que hemos perdido con estos chicos. Oye, Margaret, otra cosa. ¿Qué es eso de “Pan, aceitunas y silencio”?

-Por lo visto, es el lema del tal Pablo.

-¿Y qué significa?

-No lo sé, Daphne. Debe ser una de esas “claves” que pueblan la novela. Al final, sospecho, nada de nada.

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MARTÍNEZ DERROTÓ A TABAROVSKY HACE MUCHOS AÑOS

El debate ya fue. Ocurrió entre 2004 y 2005, en Argentina. Damián Tabarovsky en su libro Literatura de izquierda defendía que la nueva literatura debía cargarse el relato, la trama y los personajes. Que el nuevo novelista (el que según él valía la pena) debía escribir solo para él mismo y olvidarse del lector. Debía, ese nuevo escritor, buscar ante todo la novedad. En 2005 le respondió el novelista argentino Guillermo Martínez con su artículo Un ejercicio de esgrima que fue incluido en La fórmula de la inmortalidad (Seix Barral Argentina, 2005). El debate lo ganó por K.O. Guillermo Martínez. Lean,  a continuación, sus argumentos. Pero, sin embargo, el libro de Tabarovsky sigue de actualidad (8 años después). ¿Saben por qué? Pues porque a los nuevos escritores en castellano les interesa. Lo más difícil de escribir una novela es construir buenos personajes, trazar una buena trama y trabajarse el relato.  Los miembros de la generación Zambrapronolmos,  que nunca tuvieron que esforzarse mucho en la vida, se sienten más cómodos con una “novela de ideas” cuanto más innovadora, mejor. A ser posible, que sea tan moderna que nadie pueda juzgar lo que han escrito por no ser comparable con nada de lo anterior. De ese modo nadie se dará cuenta de su incapacidad. Si además la crítica oficial exclama: ”Nuestra actual narrativa innovadora” e ”inventiva poderosa”, pues ya tenemos hasta la coartada del delito.

Les dejo con el debate Tabarovsky/Martínez:

Damián Tabarovsky: “…Mientras que el mercado y la academia escriben a favor de sus convenciones, la literatura que me interesa -la literatura de izquierda- sospecha de toda convención, incluidas las propias. No busca inaugurar un nuevo paradigma, sino poner en cuestión la idea misma de paradigma, la idea misma de orden literario, cualquiera sea ese orden. Es una literatura que escribe siempre pensando en el afuera, pero en un afuera que no es real; ese afuera no es público, la crítica, la circulación, la posteridad, la tesis de doctorado, la sociología de la recepción, la contratapa, la palmadita en el hombro. Ese afuera ni siquiera es la tradición, la angustia de las influencias, otros libros. No. Ese afuera convencional está vedado para la literatura de izquierda, porque la literatura de izquierda está escrita por el escritor sin público, por el escritor que escribe para nadie, en nombre de nadie, sin otra red que el deseo loco de la novedad. Esa literatura no se dirige al público: se dirige al lenguaje…” (pág. 15 de Literatura de izquierda, Periférica, 2010. Publicado por primera vez en Argentina en 2004).

 Guillermo Martínez: «En principio, yo no alcanzo a ver aquí por qué una literatura así sería “más ambiciosa”. El programa de “apuntar a la trama para narrar su descomposición” parece bastante monótono y abstracto; más aún, implica la subordinación de la imaginación a un encorsetamiento teórico o filosófico: la ejemplificación de una tesis preanunciada y siempre igual a sí misma. En definitiva, un paradigma más de los que se suponía que Tabarovsky  rechazaba. Tampoco veo qué habría aquí de novedoso: la desestructuración  o “descomposición” de las tramas, la ruptura de la relación causa y efecto, la no linealidad, la ambigüedad de puntos de vista,  el sentido “en suspenso”, los sabotajes al verosímil literario, la simulación del azar, el nonsense, el absurdo, tienen una larga historia de más de cien años desde el modernismo. De distintos modos Virginia Woolf, Joyce, Lewis Carroll, Georges Perec, Ionesco, Kafka, Brecht se han ocupado de todo esto hace años y años.´»

(…)

«Así, su principal enemigo es el relato que tiene “introducción-desarrollo-desenlace”, como si esta estructura formal, tan inofensiva o “culpable” en sí misma como cualquier otra, no hubiese albergado los cuentos y novelas más disímiles desde la época de las cavernas hasta aquí. Más aún, si Tabarovsky relee Las hernias (novela de Tavarovsky) , comprobará horrorizado que su propia novela tiene también un principio, un desarrollo y un desenlace.»

   «La segunda aversión de Tabarovsky es la trama: no importa cuán original o trillada, cuán compleja o elemental pueda ser la trama. No importa la variedad de atmósferas, de contrapuntos, de líneas de suspenso, de modulaciones de ritmo y tensiones a que puede dar lugar una u otra trama. La mera existencia de una trama es ya de por sí pecaminosa y despreciable, porque Tabarovsky parece creer que “cualquier grupo de amigos con unas cervezas de más pueden imaginar cualquier trama”. Es verdad que en esta crítica a la trama Tabarovsky no está solo sino en compañía de toda la academia, aunque algún día me interesaría conocer los argumentos para este desprecio, el fundamento teórico de por qué sería “mejor” una novela sin trama que una novela con trama.»

   «La tercera aversión de Tabarovsky son los personajes “bien construidos” e ironiza sobre cómo se componen los personajes en la narrativa argentina actual: “7% influenciados por Thomas Mann, 15% por Umberto Eco, 8% por Soriano, 19% por Stephen King, 16% por Abelardo Castillo…” Tabarovsky  está fatigado de personajes bien construidos y dice preferir en cambio los personajes mal construidos, pero otra vez en Las hernias toda la troupe, desde su alter ego Luciano hasta el pollito parlanchín están construidos de la manera más convencional, con descripciones físicas, diálogos, deseos enunciados, monólogos interiores… Sólo la composición en porcentajes es en todo caso más simple: 100% César Aira.»

 El día 12 de enero se publicó en España la nueva novela de Guillermo Martínez: Yo también tuve una novia bisexual. (Destino, 2012)

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SANTOS: TE HEMOS PILLAO CON EL CARRITO DEL HELAO

Señor Santos Sanz Villanueva: está usted detenido. Tiene el derecho a guardar silencio. Cualquier cosa que diga puede y será usado en su contra en un tribunal de justicia. Tiene el derecho de hablar con un abogado. Si no puede pagar un abogado, le será asignado uno de oficio.

¿Su delito?

Este: la reseña de Los inmortales, de Manuel Vilas, en El Cultural de 20 de enero de 2012.

¿Cómo dice?

¿Usted se cree que, por ejemplo, el final de su reseña es serio? Le leo:

Todo, además bajo el gran signo que diferencia al autor de sus coetáneos de nuestra actual narrativa innovadora, el alejamiento de impostados de impostados cosmopolitismos y un enraizamiento español sin complejos, lúcido, crítico y de alcance universal.

Los elementos básicos del arte narrativo de Manuel Vilas (inventiva poderosa, composición vanguardista, exhibición mutante del propio autor y personal estilo antibarroco basado en repeticiones verbales) constituyen la postmoderna cobertura de una novela tan creativa, juguetona, divertida y loca como vitalista, seria y profunda.

¿Cómo? Mire, no me haga, por favor, leerle el resto de su escrito.

¿”Nuestra actual narrativa innovadora”, dice usted? ¿Acualo?

¿”inventiva poderosa”, dice usted? ¿Mande?

¿Ha leído usted la “novela”? ¿Ha leído usted a los contemporáneos de este chico?

Además, es usted reincidente.

Con ustedes: «The Innovators», el grupo más moderno de la nueva narrativa española.

De izda. a dcha. Vilas, Fdez. Mallo, Fdez. Porta y Sanz Villanueva.

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FRANCISCO UMBRAL SÍ QUE TENÍA LO QUE HAY QUE TENER

«Señor Umbral, aquí se debe de haber ahogado un pulpo, porque se nota una cosa viscosa y resistente en el fondo» escribía don Francisco Umbral que le decía el técnico cuando venía a su “dacha” a limpiar su “piscina de reglamento” antes del verano. Esto lo publicó en  1995, en El Mundo, bajo el título “La piscina”. Pero hubo otros dos artículos que tituló del mismo modo, o parecido, y que versaban sobre el mismo tema. En ellos nos contaba que los malos libros que recibía en su casa, los tiraba a la piscina sin contemplaciones. Umbral nunca tuvo reparo en hablar mal de la mala literatura. Cuánto te echamos de menos, Paco.

 

22-10-1999, EL MUNDO  

La piscina

Ha llegado el otoño, la piscina agoniza en verde oscuro y los libros van afluyendo a ella, flotando en su fracaso, hundiéndose en su prosa mazorral. Siguen abundando este año las novelas de una vulgaridad mal redactada, de una cotidianidad sucia y tediosa. Son novelas como hechas con trozos de otras muchas novelas, mellizas unas de otras, sin ningún contacto con el calambre de la literatura viva. En cuanto a los libros de poesía, fallecen en la piscina los del realismo neoburgués, sin gracia ni condición para los «primores de lo vulgar», sin ambición para otra cosa. Gloriosos ponientes de José Hierro, a quien estos poetas jóvenes vuelven la espalda. Están instalados en una mediocridad ni siquiera áurea, consecuencia del Estado del bienestar y el pensamiento único, muy confortables con su perro, su señora y su cotidianidad. No saben que para lo que hace falta más fantasía es para ver lo real, lo que tenemos cerca. En cuanto al ensayo y el ensayismo, llega a mi piscina muy aforrado de erudiciones, con milicia de corchetes, paréntesis, bastardillas, números y subnúmeros. Casi todo ensayista, salvo excepciones -ayer señalábamos una-, vive de la efusión de sus propios ficheros, sin una idea, sin una audacia, sin una gracia, sin una desgracia, al menos. El ensayo es el género más agradecido para el escritor sin fósforo, pues permite ir barajando la cultura de unos y otros, de unos en otros, compravender ropavejería literaria, mantenerse a flote en la corriente de la cultura entre las palanganas viejas y los centones amarillentos y las millentas naufragadas de otros sabios. Dicen que en España se publica demasiado, pero quienes más publican son los que no tienen nada que decir, todo eso que llena mi piscina invernal de plagios barajados, de escribanos trileros, de erudiciones disecadas. Hablaba Ortega de «lo insostenible y aterrador de la cultura de Menéndez Pelayo», «una cultura que nace muerta por nacer con el prejuicio nacional». Los malos ensayistas de hoy ya no nacen para alimentar el prejuicio nacional, mas el prejuicio europeo, nacionalista, regionalista, provinciano o digital, que también hay mucho ensayismo siglo XXI entre la modernez, mucho McLuhan de almacén, mucho Chomsky de rebajas de otoño. Entre las hojas dolientes de mi piscina, entre los arcángeles flotantes de un verano inolvidable, como todos, cae cada día el pájaro agonizante de un nuevo libro viejo, el ave sin grito de una novela con planteamiento, nudo y desenlace, tres alas que no le sirven para volar. Arrojo el volumen desde lejos, en parábola sobre el green, y observo su hermosa caída curva, su muerte definitiva. Nunca arderá Carmen Jodra en ese infierno helado, ni los clásicos vivos ni esos otros clásicos aún más vivos que son los muertos, tan ternes, inspirados y secos en la biblioteca de la chimenea, que he mandado encender esta mañana, porque me gusta asistir a la contienda de la lluvia con el fuego. Juan Ramón veía a dios «enredado conmigo en lucha hermosa, como un fuego con su aire». Juan Ramón lo sobrevuela todo y era cruel, como uno, con el pecado estético.

Más:

“La piscina” 20 de diciembre de 1992

“El piscinazo” 30 de marzo de 1995.

Si están interesados en la obra de Francisco Umbral, no dejen de pasar por Fundación Francisco Umbral.

El grupo Planeta está reeditando la obra de Francisco Umbral.

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PREMIO FRANCISCO UMBRAL AL LIBRO DEL AÑO

La Fundación Francisco Umbral ha puesto en marcha un nuevo premio literario (había pocos). Se trata de elegir el mejor libro escrito en castellano que se haya editado durante el año pasado, 2011. En El Mundo, que a través de Unidad editorial, forma parte de la fundación, dicen que esto va a ser como el premio Goncourt. Prudentes los de El Mundo, como siempre.

En las dependencias de la Fundación, en estos mismísimos momentos, están reunidos los miembros del jurado. Allí se encuentran D. César Antonio de Molina, D. Juan Cruz, Dña. Carmen Iglesias, Dña. Fanny Rubio, D. Santos Sanz de Villanueva, D. Fernando Rodríguez Lafuente, D. Carlos Aganzo y D. Manuel Llorente Machado. El libro elegido debe ser anunciado mañana día 18, en rueda de prensa que tendrá lugar en la Fundación Ortega- Marañón (C/ Fortuny, 53. Madrid). El/la ganador/a se llevará 15.000 € y una escultura de bronce de Alberto Corazón.

Esta vez no se nos escapa la exclusiva: la patrulla de Salvación, ¡TATACHAN!,  ha conseguido colocar un pequeño micrófono en el centro de flores que hay sobre la mesa de reuniones de la sala donde delibera el jurado. Periodismo ético se llama esto.

Los bocadillos y las bebidas (sin alcohol, que ya se tiene experiencia de lo ocurrido en otros premios) se han acabado. Son las ocho de la tarde y los miembros del jurado quieren terminar ya: “total, para lo que nos pagan”. Comenzó la reunión, a las 12 de la mañana, con todos de muy buen humor. Después de ocho horas encerrados –no está permitida la salida para evitar filtraciones a los medios y presiones externas- y con un calor asfixiante (se ha roto la calefacción y la temperatura no baja de los 35 grados) los ánimos están ya bastante crispados. Disfruten de la transcripción de lo captado por el micrófono oculto:

-Juan Cruz: Pero vamos a ver, Fanny, ¿Cómo vamos a dejar el premio desierto? Sería un escándalo. La primera vez que se convoca, y no lo concedemos. No puede ser. Elijamos el menos malo, va.

-Fanny Rubio: Mira Juan, vamos a hablar claro. Hemos revisado una y otra vez la lista de los libros publicados en 2011 y son todos una mierda. Yo conocía muy bien a Paco. ¿Qué hubiera dicho Umbral de estar aquí haciendo el idiota como nosotros? ¿Tú te crees que Don Francisco Umbral se hubiera chupado ocho horas aquí encerrado para decidir cuál es el libro menos malo? Paco los hubiera lanzado todos a la piscina.

-Santos Sanz Villanueva: Yo opino que la variedad y la fragmentación de la narrativa española al filo del milenio es la consecuencia, ante todo, de la libertad de los creadores para escribir de lo que quieran y como quieran. Así que el espectador curioso y desapasionado, el que no se guía por ningún prejuicio excluyente, comprueba las innumerables posibilidades que tiene a su alcance. El escaparate de una librería en nuestros finales de siglo refleja un panorama bien tentador e imposible será que nadie deje de encontrar el tipo de texto del que gusta; al lado se alinean el relato mimético y la fantasía sin corsé, la novela tradicional, seguidora de los modelos de siempre, y el vanguardismo rupturista.

Fernando Rodriguez Lafuente: ¡Santos, coño, al grano! ¿Qué libro es entonces tu candidato?

Santos Sanz Villanueva: Bueno, verás. Resulta, sin embargo, que esa variedad tiene algo de espejismo porque la limita el auge arrasador de un puñado de subgéneros que, en última instancia, son los que predominan en una sociedad de consumo que obliga al escritor a inclinarse de manera más o menos consciente por las formas de mayor aceptación. Por qué o cómo surgen no es cuestión que podamos dilucidar, pero a ojos vistas se halla la preponderancia de un número tan limitado de esquemas narrativos que se cuentan con los dedos de la mano.

Manuel Llorente (susurrando con los dientes apretados al oído de Carlos Aganzo, que está a su lado): agárrame, Carlos, que me levanto y le arranco los ojos. Si vuelve a soltar una de sus parrafadas, no respondo.

Carmen Iglesias: Tranquilicémonos todos. Mantengo mi opinión de que no debemos cerrar las puertas a que el primer premio Francisco Umbral se lo lleve un ensayo. Yo, por ese motivo, propongo El linchamiento de Federico Jimenez Losantos. Me parece que Federico es un digno continuador de la obra de Francisco Um…

Juan Cruz (interrumpiendo): ¡Y una mierda! Si tú votas por uno de La esfera, yo propongo uno de Alfaguara. Mi candidato es El puente de los asesinos, de Arturo Pérez-Reverte. ¡Con dos cojones! ¡Toma! ¡Chúpate esa, guapa!

Cesar Antonio Molina: permitidme que intervenga y ponga sosiego. Como ministro de cultura he participado en consejos de ministros -perdón por la redundancia, pero me encanta repetir que fuí ministro- mucho más alborotados. Os voy a proponer a todos una solución de consenso. Soy consciente de que mi carrera literaria podía haber ido por otros derroteros. Pero debéis considerar que de alguna manera la tuve que sacrificar –mi obra literaria, digo-  en gran medida cuando acepté ser ministro para servir a la cultura y al castellano. Por ese motivo, y solo como solución de consenso y para poder irnos a nuestras casas, propongo que se me conceda el premio por mi libro publicado en Pre-textos, Cielo azar. Es un libro de poesía que, de verdad de la buena, me ha salido fenomenal. Mirad un ejemplo. La completud:

perder

olvidar

igual belleza

lo que tuviste

lo tienes

porque quisieras tenerlo

sin caricias

carecer de todo

la completud

Carlos Aganzo: Esto ya es de coña. Mira, haced lo que os de la gana, pero yo me quiero ir a mi casa.

Juan Cruz: Ministro, con todos los respetos. No podemos salir de aquí otorgando el premio a alguno de nosotros. Perdona, pero no puede ser.

Santos Sanz Villanueva (arriesgándose a que alguien lo ate, lo amordace y lo cuelgue de la lámpara, como si fuera Asuranceturix, el bardo de Asterix): Pero convertida en literatura neta mediante un somero puñado de recursos. Uno, habilísimo, consiste en el punto de vista del narrador, que se desliza desde la perspectiva enjuiciadora del autor mayor hasta la percepción ingenua del pequeño protagonista y testigo. Otro, primordial, radica en la recuperación de aquellos hechos con una eficaz mezcla de proximidad afectiva, distanciamiento y suave ironía, según convenga a las distintas situaciones. Y uno más, el de mayor originalidad, basado en una impecable técnica para convertir una anécdota vital en una especie de cuento, sobre todo por el modo de tratar el desenlace del episodio con un final sorprendente, revelador o paradójico.

Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Nota de la Patrulla de Salvación: Sentimos mucho comunicarles que perdimos la conexión en el momento en que uno de los miembros del jurado –no sabemos quien-  cogió el centro de flores donde estaba el micrófono y se lo arrojó a don Santos Sanz Villanueva a la cabeza. No hubo que lamentar víctimas.

De todos modos, y solo por satisfacer nuestra ludopatía, vamos a hacer nuestra apuesta: El ganador va a ser: El ruido de las cosas al caer de Juan Gabriel Vazquez (Alfaguara, 2011).

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ALBERTO OLMOS: EL REY DEL MAMBO

En enero de 1959, Sammy Davis Jr. fue entrevistado en el programa radiofónico The Jack Eigen Show. Cuando le preguntaron por la agresividad que a veces mostraba su íntimo amigo Frank Sinatra, respondió: “Quiero a Frank y fue el hombre más amable del mundo cuando perdí el ojo en el accidente de coche y solo pensaba en suicidarme. Pero hace cosas para las que no hay excusas. El talento no es una excusa para los malos modales. No te da el derecho de pisar a la gente y tratarles mal. Eso es lo que él hace a veces.” Al final de la entrevista, Eigen quiso saber si Davis pensaba que Sinatra era el mejor vocalista del país. “Eso es algo difícil de precisar –respondió Davis-; tal vez hay gente mejor.” “¿Es usted mejor cantante que Sinatra?”, dejó caer el periodista para terminar. “Creo que sí, desde luego”, concluyó el showman de color. Los medios de comunicación de toda América propagaron la noticia. Era la primera vez que un artista se atrevía a decir algunas verdades de Sinatra y además quien lo hacía era su mejor amigo y protegido, un miembro del famoso Rat Pack.  Sinatra le retiró el saludo. Solo cinco meses después, cuando Davis se había cansado de pedir perdón en todo programa de radio al que acudía, Fran lo perdonó. (*)

 Salvando las distancias (de todo tipo), en este erial artístico llamado España, otro ego inflado –en este caso con menos motivos que Frank- también se ha enfadado porque lo critican.

Santiago Fernandez Patón publicó en Hermano Cerdo una reseña de Ejercito enemigo, la última novela de Alberto Olmos. Esta no fue del agrado del “escritor” que rápidamente  mandó una contrarreseña a la misma revista con unos argumentos –pensamos- un poco tramposos:

1.- Se agarra Olmos a lo poco bueno que dice Fernández Patón de su novela para, con aspaviento incluido, escribir lo siguiente con intención de confundir al lector:

Porque Santiago Fernández Patón afirma sin sonrojo que Ejército enemigo le ha parecido entretenida y que “[el autor] ha sabido cocinar una literatura alejada de la zafiedad, de lo anodino, del estilo plano a la par que [de] la grandilocuencia vacía”. Ante lo cual, uno, como autor, sólo puede alzar las manos y clamar: ¿qué más quiere usted?

Olmos sabe lo que quiere el crítico, se lo explicó muy claramente al final de la reseña:

Y en eso, en lo ameno, en lo entretenido, parece radicar la clave. Ejército enemigo, como tantas otras novelas en su estilo, consigue lo que, según muchos, debe ser la función primordial de la literatura: entretener. Habrá quien prefiera para ello pelar patatas, apuntarse a clases de tango o ver el telediario, es decir, actividades de las que seguramente uno sale siendo exactamente la misma persona de antes, pero con varias horas menos.

Lo que quiere decir Fernández Patón (y aquí escribo para todos menos para Olmos, que ya lo entendió la primera vez que leyó la reseña) es que su “novela” no es gran literatura ni se acerca. Tras leer un buen libro, no eres la misma. La buena literatura te cambia, para bien o para mal. Lo del segoviano es solo entretenimiento, como la novela romántica, nada más. Olmos en su impresionante campaña de autopromoción (lo están estudiando ya en el departamento de Marketing de la universidad de Ohio) ha vendido que lo suyo es clase Business y resulta que, al leer la novela, comprobamos que no pasa de clase turista y con menú basura, como el de Iberia.

2.- Pero Olmos vuelve a hacer trampa cuando acusa al crítico, nada más y nada menos, de querer matar la literatura. Se trata de una de las triquiñuelas más rastreras a las que he asistido en todos estos (muchos) años:

Uno creía que un escritor de verdad, que es a su vez un lector de verdad, nunca podría decir las dos palabras sacrílegas, letales, que algún crítico dedicó a mi libro. A saber: No leáis. Cuando decimos que un libro no nos gusta estamos sugiriendo que se lea otro libro; pero cuando recomendamos expresamente no leer un libro, estamos deforestando la lectura, aniquilando su biodiversidad.

No, Albertito, no. El crítico, cuando comprueba que un libro es muy malo, tiene el deber de avisar al lector. Es lo menos que se debe exigir a un buen crítico. Avisando de que un libro es horrible, se está dando vida a la literatura, no lo contrario. Se está permitiendo al buen lector –al que siempre falta tiempo para leer- disfrutar de otros libros literariamente aceptables, al menos.

Lo que le pasa a Olmos es que se cree el rey  del mambo, el jefe del Rat Pack. Y como es lógico, que los “subalternos” lo critiquen pues no le sienta bien. Por eso ha retirado el saludo a Patricio Pron y por eso se enfada y arremete con rabia cuando se dice la verdad sobre su “novela”.

Templanza, Alberto, templanza.

(*) “Rat Pack” de Javier Márquez (Almuzara, 2006)

Actualizacion a 17 de enero de 2012. No se pierdan esto. Entretenimiento del bueno.

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EGOS INFLADOS 2ª parte. J. J. Armas Marcelo

En esta 2 parte del experimento que hemos realizado con los escritores Fernando Sánchez Dragó y Juan José Armas Marcelo, pueden disfrutar de la entrevista con el segundo. Para leer la entrevista con el primero y para entender de qué va esto, es necesario leer el comienzo de la primera parte.

Nota de la Patrulla. Aún tentadas, no hemos hecho ningún comentario sobre las respuestas. Entendemos que ustedes merecen disfrutarlas sin subtítulos. El resultado, positivo o negativo, del experimento también queda a su consideración. La doctora Love se ha vuelto a Baires muy contenta.

ENTREVISTA CON J. J. ARMAS MARCELO

1.    Todas las mañanas TVE nos ofrece las variopintas opiniones de una terna de intelectuales frente a temas políticos y económicos de actualidad. ¿Cree usted que los intelectuales mediáticos del momento representan el sentir popular?

Tengo la impresión, aunque no los escucho mucho, de que representan, de aquella o de esta manera, el sentir de los partidos. Parecen portavoces políticos, en lugar de profesionales de la información. Por otro lado, hay muy pocos intelectuales. La realidad es que las tertulias radiofónicas han bajado en pocos años muchos escalones.  No hay lenguaje crítico de verdad, sino apoyos a los partidos políticos que, en realidad, son los adalides de la cuestión.

 2.      ¿Le gusta que le llamen intelectual?

No me disgusta, a pesar de que el término -y el concepto- está muy devaluado. Me compromiso es con la vida, la libertad y la independencia, digan lo que digan los demás. Como dijo Balzac, yo pertenezco a la oposición que le llama la vida. El último intelectual europeo fue Jorge Semprún, en toda la extensión de la palabra. Con sus contradicciones, aciertos y errores. Un intelectual de la estirpe, digamos, de Malraux.

3.      ¿Cuál piensa que debe ser la posición de un intelectual ante la crisis económica y social que estamos sufriendo en estos momentos: plantar cara y dar la batalla, nadar y guardar la ropa, refugiarse en asuntos periféricos o abrir una cuenta en Twitter?

Tengo para mí que siempre hay que plantar cara. Más que plantarla, darla. Meterse en lo que llaman camisa de once varas. Nadie va a llamar a los intelectuales a ningún entierro, pero ellos deben tomarse la vela, el palo de mesana y el gobernalle: todo en una voz. La voz de un intelectual debe sonar UNA, la suya. Puede estar más cerca de unos o de otros, o unas veces o de otros, pero igualmente puede permitirse estar lejos de todos. Creo que el papel es siempre dar la cara. Claro, con sus escritos, ese es su compromiso intelectual y civil, lo demás, estar en todas las salsas y ser el perejil de todas, como hay algunos y algunas, en fin, más bien es de traca patética, de circo grotesco y vergonzoso.

 4.      ¿Ha elegido bien la mayoría de españoles el 20N?

Nos dieron a elegir una mayoría ante el fracaso de otra mayoría. Ya se verá si elegimos bien o mal. Depende de cómo lo hagan los que acaban de llegar. No tengo, desde luego, mucha ilusión política y económica por el futuro del país ni de Europa, pero me considero un cuidadano integral y un europeista convencido. Cuando eligieron mal los españoles fue en el 2004 y el 2008. Elegimos a un inepto, a un incapaz, a un indocumentado. El asunto no es que sea o no de izquierdas o de derechas.Hay un poema de Mario Trejo que dice que «de dos cosas ha de librarse el hombre nuevo,/ de la derecha cuando es diestra y de la izquierda cuando es siniestra». Bueno, también el hombre viejo debe librarse de estas dos lacras. Incluso puede dársele la vuelta a los versos para tener la razón de Nicanor Parra: «de dos cosas debe librarse cualquier hombre viejo o nuevo, / de la derecha cuando es siniestra y de la izquierda cuando es diestra». Que cada una traduzca como quiera…

 5.      En la económica ya vemos que sí, y qué decir de la social, pero ¿hay una oportunidad literaria en la situación geopolítica?

La literatura es uno de los pocos territorios donde la libertad puede seguir siendo una realidad traslúcida y limpia. La literatura es una alcabala de la libertad, una atalaya para reconocer que los problemas del mundo tienen siempre una solución, una alternativa. La literatura es también un juego de ilusiones que pasan por la palabra escrita y caminan hacia la configuración de una gusta libertad personal y colectiva.

 6.      ¿Juan Goytisolo, Javier Marías o Alberto Olmos?

Javier Marías.

7.      Si entonces fuimos Marilyn, ¿qué seríamos en los once años de segundo milenio que llevamos?

Una vieja carrucha que camina asmática por el aire, tratando de impulsarse hacia el cielo, mientras fuma los restos de la fiesta. Ava Gardner en su decrepitud, por ser piadosos; un país que se lo bebió todo en una caravana festiva interminable y ahora pide limosna a la puerta de una iglesia, la iglesia del futuro, tal vez soñando que cualquier tiempo pasado fue mejor y que volverán las glorias de la fiesta las músicas gloriosas a tocar…

8.      Escribir, ¿oficio o beneficio?

Escribir se define por sí mismo. Tiene el beneficio de la vanidad, el ego sin el cual el artista-escritor ni sería artista ni sería escritor. Picasso establecía una diferencia entre el artista y el pintor. Decía que el pintor pintaba lo que vendía y que el artista vendía lo que pintaba. Voilà. No se puede decir en menos palabras y más claro. A partir de ahí, cada uno puede hacer su propio viaje. Hay quien se vanagloria de haber vendido veinticinco millones de ejemplares de todas sus novelas. Bueno. Me alegro. Pero en la literatura de verdad, ni están ni se le espera. Él dice que no le importa la literatura, sino sus novelas. Más aceite da un ladrillo. Dice además que la gente de la literatura lo odia y le tiene envidia. Que me lo pique menudo, que lo quiero para la cachimba. Se le desprecia y no se le tiene en cuenta porque su calidad literaria, a pesar de las ventas, es prácticamente nula.

9.      A lo mejor piensas que al lector español ya no le interesa su obra, ¿o sí?

Esto no es cosa mía, sino del lector español. Tengo unos diez mil lectores en toda España. No me puedo quejar. Me gustaría tener muchos miles más, pero sin dejar de escribir como escribo, sin permitirme facilidades para los demás, para bien o para mal.

 10.  ¿Volverá a televisión?

No lo creo, salvo esporádicamente. Tuvo su momento en mi vida la televiso, pero fue un medio temporal no un fin en sí mismo, como lo es para otros. ni siquiera un fin profesional fue para mí la televisión.

 11.  Y como esto va de ternas, ¿La Habana, Caracas o Alpedrete?

La Habana después de Castro.

 12.  A nuestros lectores les gustaría conocer por anticipado, digamos que en exclusiva, la lista de sus mejores lecturas del año. Naturalmente, puede nombrar más de tres.

Bueno, no suelo aceptar este tipo de preguntas, porque siempre dejo atrás, me olvido, de títulos que en este momento se me van de la cabeza. Leo dos o tres libros a la semana, todas las tarde, mientras fumo y sueño en lo que yo llamo el palacio de la paz, que es mi casa.

13.  Como sabe en este blog denunciamos las injusticias y los errores garrafales que se cometen en el mundo literario español. Entendemos que usted, con sus libros y, sobre todo, con  su conocimiento de la literatura latinoamericana y de los medios de comunicación, es necesario –no hay más que ver cómo está el panorama- en la Real Academia de la Lengua. ¿Por qué J. J. Armas Marcelo no ocupa aún un sillón en la RAE y otros (no daremos nombres) sí? 

Les agradezco mucho esta interpretación. Si ese sillón tiene que llegar, llegará. Hay que darle tiempo. Las cosas para mí nunca han sido fáciles, aunque a muchos les parezca que siempre llevé una vida cómoda y con mucha suerte. Un sillón académico requiere muchas cosas. Obra literaria, ciertos conocimientos también literarios, experiencia vital, una edad, que te presenten tres académicos y que te voten más de veinte. Más o menos es así, ¿no?

 14.  Usted ha sido jurado de varios premios literarios. Denos, por favor, con toda la sinceridad que le caracteriza, su opinión sobre estos galardones. Le ruego que no se olvide de comentar el premio Planeta.

Bien, los premios literarios están para que los amigos del jurado se lo den a otros amigos que se presentan. Amigos del jurado que leen las obras que se presentan y creen, de verdad o no, que la de su amigo es la mejor. A veces, casi siempre, esto es cierto. Luego hay escritores de cuadras o de editoriales, que van saltando de premio en premio, hasta llegar al Planeta. Y si antes llegan al Planeta, regresan al vericueto de otros premios no menores literariamente y que se confieran muy literarios. Todo el mundo puede hacer en este universo lo que le venga en gana y cada uno puede tener su criterio sobre el particular. Un día gané un premio que un mindundi del jurado, un traidorzuelo de andar por casa que fue en tiempos lo que parecía un amigo,   se negó a que me lo dieran. Renegó del jurado y no vino a la cena de entrega. Con su pan se coma su amargor y que le haga buen provecho, como diría Rocío Jurado en un restaurante de lujo. El Planeta…, bueno. No lo descarto algún día, aunque yo esté de antemano descartado, como en otros tantos lugares… Se lo han dado a gente grande y a gente ínfima, depende de lo que rija en cada momento. Se lo han dado, por ejemplo, a Vargas Llosa y también a Fernando G. Delgado, al cielo literario y a la nada cotidiana. Así es la vida larga de los premios. Cuando hay enemigos en el jurado, lo mejor es no presentarse para no sufrir lo que ellos creen que es una humillación para ti, y no es más que la consagración de una realidad, que hay gente que se mete en los jurados para joder a los verdaderos escritores con su poder pequeñito y mezquino.

 15.  Hablando de premios, ¿cómo es posible que Francisco Umbral obtuviera el Premio Cervantes y a usted, con todo lo que has hecho por la lengua castellana y por la comunicación entre las dos orillas (Sudamérica y España) aún no se le haya concedido? ¿Por qué los españoles somos tan desagradecidos? ¿Envidias?

No tengo edad ni obra para el Cervantes, al menos por el momento. Pienso estar aquí escribiendo por lo menos treinta años más. De modo que de aquí a allá, Cervantes dirá. Lo que más me gusta es escribir. Sí, los españoles somos muy desagradecidos. No hay nada peor que hacerles un favor. Tú le haces un favor a alguien y no tarda en devolvértelo con un cogotazo de los que hacen época. Decía Pombo que hay que hacer el bien porque el mal ya está hecho. y tanto, se hace y fabrica todos los días. Y sí, la envidia: Naipaul, Nobel de Literatura, le escribió a su hermana desde Londres confirmándole que nunca volvería a Trinidad, donde había nacido, porque los lugares pequeños vuelven a la gente mezquina. Así es.

 16.  Para Flaubert la forma era todo. Usted ha construido en tus novelas uno de los estilos más personales de la lengua castellana de las últimas décadas. ¿Qué consejo daría a un joven escritor que quisiera desarrollar un estilo propio que al tiempo enriqueciera nuestra lengua? Me refiero a algo parecido a lo que usted ha conseguido.

Francamente, Ortega decía también que el estilo es el hombre. A veces el estilo, y también el estilo literario, tarda en ser visto por los demás…, incluso a veces no se ve o no quieren verlo los demás. Falta de vista, se llama eso. En cuanto a consejos para un joven escritor, Cortázar me los dio a mí hace muchos años y no sé si los he seguido: lee mucho, escribe mucho y rompe mucho. Y, sobre todo, sé tú mismo contra viento y marea, modas y tempestades temporales.

 17.- En sus artículos de ABC Cultural ha contado en numerosas ocasiones que estaba escribiendo sus memorias ¿Cuándo saldrán publicadas?

Tengo hasta el año 82 escritas mis memorias, con título y todo. yo creo que a finales de año comenzáramos a trabajar para publicarlas, el primer tomo, quiero decir. Son dos tomos. En fin, estoy muy contento con ese trabajo de escritura que me ha llevado tanto tiempo. Ahí, Barcelona y Madrid son claves en la educación sentimental y literaria de mí mismo, un joven insular canario que quiere ser escritor de novelas…

 

 LA NOCHE QUE BOLIVAR TRAICIONÓ A MIRANDA

18. ¿Qué hay de J.J. Armas Marcelo en Francisco de Miranda y que hay de Francisco de Miranda en J. J. Armas Marcelo?

En ese personaje que escribí en la novela bajo el nombre de Miranda hay mucho de mí, o del o que a mí me hubiera gustado ser. Desde hace más de veinticinco años que vengo leyéndolo y escribiendo sobre él, documentándome para mí y para escribir esta novela. Sí, me hubiera gustado ser Miranda en otra época, vaya uno a saber por qué o si realmente lo fui… Es un personaje ejemplar, excepcional, el primer tipo que se entiende como americano en el mundo y en la historia del mundo. En fin, un tipo envidiable, un ejemplar único, sin raza precedente ni consecuente. Un tipo único en la Historia del mundo, que han silenciado durante dos siglos todos los historiadores bolivarianos que en el mundo han sido…

19.  ¿Qué valor simbólico o real tiene la fabulosa biblioteca de francisco de Miranda?

Tiene el valor simbólico de confirmar que cuando nadie leía en otras lenguas, Miranda tenía una amante que era su biblioteca de la casa de Londres en Grafton Street, Tottenham, una biblioteca que se deshizo a la muerte de Miranda y se remató en mil subastas. Bochinche, bochinche, bochinche, esta gente no sabe hacer sino bochinche. Un desastre histórico e intelectual para América la pérdida de esa biblioteca. He seguido el camino de algunos libros de Miranda, pero siempre se pierde en algún lugar del mundo al que no puedo ir en ese momento. Si fuera millonario, me dedicaría a buscar su biblioteca por todo el mundo y aduciría el máximo de títulos de aquella biblioteca legendaria.

 20.  ¿Podemos entender a través de la relación de Francisco de Miranda con las mujeres lo que el autor, usted, piensa del sexo femenino?

 Puede ser. O, en fin, en cierto sentido. Yo creo que  la mujer es el aliento vital del hombre. La mujer es un fin del hombre. Hay, lo dije siempre, mujeres-corcho, que salvan al hombre aunque este trate de suicidarse. Y hay mujeres-plomo, que lo hunden en una piscina sin agua aunque sea el hombre campeón mundial de resistencia. En cuanto al hombre, para bien y para mal, siempre es -soy- u niño grande, un Peter Pan que no se da cuenta de que sigue siéndolo.

 21.  ¿Por qué va a sentar mal este libro a Hugo Chavez?

Bueno, porque Bolívar no queda muy bien en sus páginas. Es, desde luego, una novela, y por tanto es un libro de historias lleno de inexactitudes. Lo que ocurre es que Chávez cree que él es la reencarnación de Bolívar. Ahí tiene el féretro de aquel titán abierto a sus pies para aspirar de la esencia secular el cuerpo muerto y sentirse como Perón con el cadáver de Evita en la Quinta 17 de Octubre en Madrid. Luego dicen que el pescado es caro y que en América la realidad se inventa mágicamente. No hay más que prestar un poco de atención y ahí está la magia de la literatura, en el disparate de la realidad.

 Despedida: estimado señor Armas Marcelo, ha sido un honor para nosotras, las chicas de la Patrulla de Salvación, charlar un rato con usted. Le admiramos, le leemos y le releemos.

Que siga usted con salud

Margaret, Daphne, Samantha y Josephine.

LA PATRULLA DE SALVACIÓN

Actualización a día 16 de enero de 2012: Pinchen aquí si quieren leer la reacción de J.J. Armas Marcelo (mediante artículo en su blog) ante lo dicho sobre él y su ego en este “post”.

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EGOS INFLADOS 1ª parte. Fernando Sánchez Dragó

Desde nuestra trinchera, las integrantes de la Patrulla de Salvación, disparamos contra todo lo que pueda ser dañino para la buena literatura. Por ese motivo, cuando en verano recibimos la llamada de la doctora Gabriela Love Martinelli (investigadora jefe del Centro Superior de Psicología Aplicada de Buenos Aires, Argentina) para pedir nuestra colaboración, y después de que nos explicara sus objetivos, no dudamos en ponernos a sus órdenes y dejar en sus manos nuestro blog.

La doctora Gabriela Love está intentando demostrar que un ego desmedido afecta a la calidad (rebajándola) de la obra literaria, incluso en el caso de los más grandes autores. Según Gabriela, un gran ego hace perder contacto con la realidad y eso es lo peor que puede ocurrir a un artista.

La doctora nos pidió el blog para realizar un experimento: quería calcular, de la forma más científicamente posible, en qué medida afecta un ego desproporcionado a la obra de un escritor. No es posible saber hasta donde hubieran podido llegar Thomas Mann, Ernest Hemingway o Camilo José Cela, por poner tres ejemplos de autores de primera,  si no se hubieran dejado emborrachar por el éxito y hubieran continuado con los pies en la tierra. Pero si tomamos como referencia el nivel alcanzado por esos autores, sí se puede  saber donde, al menos, podía haber llegado (sin el lastre de su ego inflado) un escritor mediocre, de tercera división.

La doctora Love, buena conocedora de las letras en castellano, nos dijo que en España disfrutábamos de dos escritores únicos. La psicóloga argentina estaba asombrada por el prestigio que habían adquirido estos dos autores teniendo una obra tan mediocre y mal escrita. Era consciente nuestra amiga de que estos dos señores le han echado mucha jeta:  se han aprovechado de los medios de comunicación (los dos presentan, o lo han hecho, programas de TV y escriben en prensa diaria) y de algunos escándalos, por ellos provocados y magistralmente difundidos, para hacerse un nombre y conseguir que sus libros se vendan algo, que no mucho. Nos contó nuestra amiga que en pocos países latinoamericanos se da esta especie de funcionario de las letras. Lo que más llamaba la atención es que a pesar de la baja calidad de su obra, los dos autores se creían Faulkner redivivo. No sabíamos -ni ella ni nosotras- si esa imagen era parte de la impostura o si realmente padecen tal sobredimensionamiento. El experimento nos sacaría de dudas. Se refería la doctora Love, como no podía ser de otro modo, a Juan José Armas Marcelo y a Fernando Sánchez Dragó.

Si con el experimento se demostraba que los dos autores, a pesar del ínfimo nivel literario de su obra, padecían de un ego desmedido, se podría argumentar que era por ello por lo que habían malogrado su carrera literaria.  Y, extrapolando los resultados, podríamos concluir que, por ejemplo, Camilo José Cela podría haber sido más grande que Tolstoi de haber mantenido su ego a raya.

Les dejo con la doctora Gabriela Love Martinelli:

Buenas tardes estimados y respetados lectores de Patrulla de Salvación.  A continuación les voy a exponer la metodología del experimento que hemos llevado a cabo con la colaboración de Juan José Armas Marcelo, Fernando Sánchez Dragó y la sargento Margaret.

METODOLOGÍA

1.- Se realizó una entrevista con cada uno de los dos sujetos a analizar (Armas Marcelo y Sánchez Dragó).

2.- Curiosamente, cuando hace algunos meses entramos en contacto con Sánchez Dragó para ofrecerle una entrevista, nos respondió: “¿es una trampa? Algo habrá hecho, concluimos. Tuvimos que utilizar el nombre de un común amigo, de él y de la sargento, Juan Gómez Soubrier, para ganarnos su confianza. Hace unos días le mandamos el siguiente correo donde incluíamos las preguntas:

Querido Fernando:

Es el momento de que los escritores buenos y veteranos saltéis al campo de batalla a defender la Literatura. Los indocumentados y los incultos (esos jóvenes «escritores» que no saben ni hacer la «o» con un canuto) están ganando muchas batallas. Os necesitamos. Por favor respóndeme estas preguntas.

Mil gracias

Un fuerte abrazo literario

La sargento Margaret

En tres días tuvimos las respuestas.

Con Armas Marcelo fue más sencillo: Habíamos pasado muchos meses intentando conseguir su dirección de correo electrónico. La búsqueda no dio fruto. En ese momento –ya habíamos desistido-  nos enteramos de que lanzaba nuevo libro y, claro, había promoción. A través de su editorial, Edhasa, conseguimos hacerle llegar las preguntas. La misma editorial nos las mandó de vuelta hace unos días.

3.- El contenido de varias de las preguntas debía ser  tal que un escritor con un ego normal, ajustado a su calidad literaria, se hubiera dado cuenta inmediatamente de la trampa y nos hubiera mandado a la mierda. Por eso –ustedes lo van a comprobar en pocos minutos- las preguntas son desmesuradas y ridículas. Tipo: “¿ Por qué no te han concedido el premio Cervantes? “ El conejillo de indias debía tirarse él mismo a la trampa, sin que le empujaran. De otro modo la autoestima “oversized” no hubiera quedado de manifiesto.

4.- Como entendemos que los dos escritores significan lo mismo para la literatura en castellano y padecen el mismo mal, las preguntas son las mismas. Solo cambian algunos datalles, por ejemplo: “La Habana” para uno y “Tokio” para otro. Al final de la entrevista de Armas Macello se incluyen, claro,  algunas preguntas referentes al libro que actualmente promociona.

5.- Ya solo participar en esta pantomima, sin insultar a la sargento Margaret, y creerla una fan babeante -qué digo una fan: una “groupie”- ya es indicativo del grado de autosatisfacción al que han llegado nuestros chicos. Pero lean las respuestas: no tienen desperdicio.

Queridos Juancho y Fernando: ha sido necesario. Lo hemos hecho por la Literatura. Cuando seáis mayores lo entenderéis.

Aclaración 1: No ha sido necesario utilizar EGOGLASS. Las entrevistas (salvo algún error involuntario corregido) han sido reproducidas tal cual no fueron enviadas por nuestros cobayas.

Aclaración 2: En la segunda parte de este “post” encontrarán la entrevista con Armas Marcelo.

  

ENTREVISTA CON FERNANDO SANCHEZ DRAGÓ

1. Todas las mañanas TVE nos ofrece las variopintas opiniones de una terna de intelectuales frente a temas políticos y económicos de actualidad. ¿Crees que los intelectuales mediáticos del momento representan el sentir popular?

Ni poco ni mucho ni nada… Ignoraba que en la tele hicieran eso. Y además, ¿en qué quedamos? ¿Intelectuales o mediáticos? Lo uno y lo otro son términos reñidos.

2. ¿Te gusta que le llamen intelectual?

Lo considero un insulto. Yo soy escritor, y sin libertad  no hay literatura posible. El intelectual está encorsetado, aprisionado por la exigencia de enfrentarse a los problemas de la sociedad. No elige su campo de acción. Se lo imponen la actualidad y otras entelequias. Es un lacayo. Detesto la literatura “engagée”.

3. ¿Cuál piensas que debe ser la posición de un intelectual ante la crisis económica y social que estamos sufriendo en estos momentos: plantar cara y dar la batalla, nadar y guardar la ropa, refugiarse en asuntos periféricos o abrir una cuenta en Twitter?

     Allá ellos. Ya he dicho que no soy un intelectual. Los retorcimientos psicológicos de éstos, fruto de Dios sabe qué oscuros traumas, me son ajenos. Desde que estuve en la cárcel en los años 50, rodeado de antifranquistas, sé que todos los redentores de la humanidad o del prójimo son personas psíquicamente inestables y poco de fiar. El afán de compromiso y de arreglar el mundo siempre esconde carencias que a menudo rozan lo psicopatológico. El hombre debe ser sentimentalmente autónomo para no seguir siendo toda su vida un adolescente que lloriquea viendo el telediario y las películas de la factoría Disney. De todas formas, si yo fuera intelectual me refugiaría en asuntos periféricos. Así, por lo menos, no agravaría la situación. Pedir a una intelectual que entienda de política es como esperar de un político que escriba buenos poemas. Plantar cara y dar la batalla es vanidoso. Nadar y guardar la ropa es imposible sin que el plumero asome. ¿Entrar en twitter? ¡Dios mío! Eso nunca.  

4. ¿Ha elegido bien la mayoría de españoles el 20N?

No podía elegir. No había opción. Lo primordial era echar a los socialistas y eso sólo el PP podía hacerlo. La democracia es un cuello de botella… vacía.

5. En la económica ya vemos que sí, y qué decir de la social, pero ¿hay una oportunidad literaria en la situación geopolítica?

 La literatura, como dijo Borges, no es un espejo de la realidad, sino algo añadido al mundo. No guarda relación forzosa con lo que la rodea, aunque a veces pueda hacerlo. Sólo el talento brinda, en cualquier circunstancia, oportunidades literarias.

 6. Otra terna: ¿Juan Goytisolo, Javier Marías o Alberto Olmos?

 No respondo a ese tipo de preguntas. Nunca relleno quinielas.

6. Si entonces fuimos Gargoris y Habidis, ¿qué seríamos en los once años de segundo milenio que llevamos?

 Nunca fuimos Gárgoris y Habidis. Eso fue un viaje fantástico a un inexistente país de las maravillas. Lo inventé, aunque entonces no lo sabía. Era yo un inocentón. España no es mágica. Es trágica, cainita, envidiosa, iracunda, perezosa y hortera.

 7. Escribir, ¿oficio o beneficio?

Vocación. Léase “Esos días azules”.

8. A lo mejor piensas que al lector español ya no le interesa tu obra, ¿o sí?

Me es indiferente. Nunca he buscado lectores, aunque tampoco los he rehuido. Siempre me asombró haber llegado a ser un escritor de grandes tiradas. Diez de mis libros han repicado en las listas. Son muchos para un niño raro que es también un escritor raro. Lo lógico sería haber sido escritor de culto al alcance de exiguas minorías. Supongo que los lectores, infieles por naturaleza, suelen acabar cansándose de aquéllos que durante mucho tiempo han merecido o, por lo menos, recibido su atención. Nunca pregunto a los editores por las tiradas ni por las ventas. No escribo para vender ni para que me lean, aunque si mis libros se venden y se leen, mejor, porque eso me brinda la posibilidad de dedicar aún más tiempo del que dedico a la elaboración de mi obra. Todo lo que he hecho en mi vida gira obsesivamente alrededor de ésta. No soy soluble ni  en el éxito ni en el fracaso, “esos dos impostores”. Mi obra sería la misma que es aunque no hubiese salido nunca del cajón.

 9. ¿Qué te da y qué te quita la televisión?

 Me quita algo de tiempo, no mucho. Me da algo de dinero (y vuelvo a lo de antes). Me da también lo peor que me ha sucedido en la vida: popularidad. Me pone más difícil la aspiración de vivir oculto (Epicuro dixit). Me convierte, a los ojos de los demás, en personaje que nada tiene que ver con mi persona.  “Yo tenía una buena vida privada y ahora tengo la impresión de que alguien se ha hecho sus necesidades en ella, se ha limpiado con papeles pringosos y lo ha dejado todo hecho un asco” (Hemingway). La tele, en todo caso, es una anécdota insignificante en mi vida. La detesto. La considero una maldición kármica. Estoy deseando dejar de hacerla, pero… Que me deje ella. Prefiero ser abandonado, también en el amor, a abandonar.

 10. ¿Madrid, Tokio o Alpedrete?

¡Hombre! ¡Qué pregunta! Tokio, Tokio, Tokio… Pero no soy hombre de ciudad, sino de campo.  Pagano, en los dos sentidos de la palabra. La urbanización del planeta ha sido, es y será uno de los más funestos errores de la humanidad. Verdad es, sin embargo, que siempre nos quedarán París, Bangkok, Estambul y, si acaso, Nueva York. Son excepciones.

11. A nuestros lectores les gustaría conocer la lista de tus mejores lecturas del año pasado. Naturalmente, puedes nombrar más de tres.

 Calculo que habré leído unos quinientos libros a lo largo de ese año. ¿Cómo elegir un puñado de espigas entre tanta mies y tanta cizaña? ¡Ea! Citaré algunos, a riesgo de estar rellenando una quiniela. “La ciudad sumergida”, de José Carlos Llop; los dos tomos de “Diarios” de Iñaki Uriarte; “Socotra. La isla de los genios”, de Jordi Esteva; “Siéntate y escribe”, de Roger Wolfe; “El niño perro”, de Eva Hornung; “Mirar de cine”, de José Luis Garci; “Novela familiar. El universo privado del escritor”, de Blas Matamoro; “Marco Aurelio. Guerrero, filósofo, emperador”, de Frank McLynn…  Y, por supuesto, año tras año, el último volumen del “Salón de pasos perdidos”, de Trapiello.

12. Como sabes en este blog denunciamos las injusticias y los errores garrafales que se cometen en el mundo literario español. Entendemos que tu, con tus libros y, sobre todo, con  tu profundo conocimiento de la literatura en castellano y de los medios de comunicación, eres necesario –no hay más que ver cómo está el panorama- en la Real Academia de la Lengua. ¿Por qué Fernando Sánchez Dragó  no ocupa aún un sillón en la RAE y otros (no daremos nombres) sí?

No seáis ingenuas… Yo nunca seré académico. Pude serlo cuando aún andaban por la Docta Casa gentes como Dámaso Alonso, Rafael Lapesa, García Gómez, Zamora Vicente, Torrente Ballester,  Cela, Julián Marías…, pero dejé pasar, adrede, la oportunidad. Por una parte, para ser académico hay que hacer campaña, y yo no sirvo para eso; por otra,  mis excentricidades, mi incorrección política, mis disidencias, mis estridencias, mis heterodoxias, mis piruetas, mis desplantes, mi sinceridad, mis costumbres non sanctas, mi defensa de la enteogenia (vulgo alucinógenos), mi escepticismo en lo concerniente a la democracia y mi libertinaje me convierten en persona incómoda y, a menudo, non grata. ¿Me veis con chaqué y cosas así pronunciando el discurso de ingreso en la Academia? ¿Me veis asistiendo disciplinadamente a las sesiones de los jueves para tomar té con pastas junto a personas que nunca estuvieron en Katmandú cuando Katmandú era una fiesta? Y, por último, juro por el dios en el que no creo que no me apetece lo más mínimo ser académico, aunque, desde luego, me pondrían en un brete, considerando mi curiosidad, si me lo ofrecieran. Paso, además, nueve meses al año, más o menos, en remotas tierras. No podría atender a mis obligaciones, lo que me pesaría, pues soy hombre cumplidor.

 13. Has sido jurado de varios premios literarios. Danos, por favor, con toda la sinceridad que te caracteriza, tu opinión sobre estos galardones. Te ruego que no te olvides de comentar el premio Planeta.

No hacen daño a nadie. Son buenos para el editor, para los libreros, para el autor que los gana e incluso para los lectores que por primera vez, a causa del marketing y el bombardeo publicitario, empiezan a serlo. ¿El Planeta? Cierto es que en el 99 por ciento de los casos

está cantado de antemano, pero si la editorial no buscara candidaturas a lo largo del año tendría que declararse desierto dos veces de cada tres.  Por lo demás, es sólo una anécdota en la vida de un escritor. Yo lo gané y, si la novela que lo obtuvo sigue leyéndose después de mi muerte, cosa poco probable, porque es la peor de las mías, ¿quién recordará que  tuvo ese premio?

 Se trata, por añadidura, de un premio privado, y sacrosanto derecho de todo quisque es el de emplear su dinero como lo venga en gana.

14. Hablando de premios, ¿cómo es posible que Francisco Umbral obtuviera el Premio Cervantes y a ti, con todo lo que has hecho por la lengua castellana aún no se te haya concedido? ¿Por qué los españoles somos tan desagradecidos? ¿Envidias?

Umbral tuvo dos apoyos muy poderosos: Pedro J. Ramírez y Cela. Yo nunca termino de encajar en nada que sea institucional. Y tampoco en lo que no lo es. Niño raro, adulto raro, viejo raro. Siempre, desde la infancia, se me ha asignado el papel de verso suelto en todas partes: la familia, el colegio, la Iglesia, los amigos, la universidad, el Partido Comunista… ¿Cómo van a darme el Cervantes si  ni una sola vez, desde su creación, me he avenido a asistir a la ceremonia de entrega? ¡Menudo coñazo! Los honores me aburren. Una corbata es para mí una soga de horca y toda chaqueta una camisa de fuerza. Creo, por lo demás, que no debería existir ningún premio institucional financiado con dinero de mi vecino. Eso sí: a los grandes hombres –no digo que yo lo sea- deberían declararlos, como sucede en Japón, “tesoros nacionales”, tan protegidos, incluso en lo relativo a sus gastos, como lo está la catedral de Burgos. En cuanto a la envidia… Sí, claro, también la hay. Si sonriera menos, si no diese la impresión de ser feliz, si la gente no creyera (equivocándose) que hago siempre lo que quiero, si me hubiese casado menos veces, si no tuviera fama de seductor, si no hubiese recorrido cien países, si ganase menos dinero del que gano, si no hubiese recibido premios, si mis libros no se vendieran, si hubiese sido feo, sino no tuviese buena salud, si no siguiera viviendo a los setenta y cinco años como cuando tenía veinticinci… Bueno, pues entonces lo mismo me daban el Cervantes. Pero  sabido es que si mi abuela tuviera cojones sería mi abuelo, de modo que… Ortega dijo cuanto había que decir acerca de la aristofobia de mis ex compatriotas.

15. Para Flaubert la forma era todo. Tú ha desarrollado en tus libros uno de los estilos más personales de las últimas décadas. ¿Qué consejo darías a un joven escritor que quisiera desarrollar un estilo propio que al tiempo enriqueciera nuestra lengua? Me refiero a algo parecido a lo que tú has conseguido.

Leer sin tregua, mezclarse estrechamente con la vida, no confundir la literatura con los cenáculos literarios, trabajar diez horas al día durante 365 días al año a partir de los cuarenta, ser capaz de revisar el diccionario de arriba abajo hasta dar con el término exacto, no olvidar la condición verbal de la literatura, estar dispuesto a vender a tu madre y a ti mismo en letras de molde, no escribir nunca pensando en los lectores… ¡Uf! ¡Tantas cosas! Escribir es un sacerdocio que exige dedicación plena.

17.- Imagínate que soy tu psicoanalista. ¿Qué opinas, de verdad, de las mujeres?

    Hawking, que sólo es un maestrillo de escuela mediáticamente aupado por la enfermedad que padece, sin la cual sería un don nadie, ha dicho que las mujeres son el mayor misterio del universo. En eso es en lo único que acierta. Lo son, añado yo, para los varones. Sois opacas para nosotros. Nosotros, en cambio, somos transparentes para vosotras. Lo que realmente nos diferencia es el shopping. Os gusta ir de compras. Nosotros lo odiamos. Ya sé, ya sé que hay excepciones. Los varones, para la mayor parte de las mujeres (no todas, gracias a Dios), somos vergas de alquiler. Nos utilizan para quedarse embarazadas y después nos dan de lado. Eso está bien, porque a partir de ese instante recobra el varón su soltería y puede buscar otras chicas que con el correr del tiempo se convertirán en señoras. Adoro a las chicas, detesto a las señoras. No es cuestión de carne fresca, sino de disponibilidad para la aventura. Me gusta Wendy en la isla de Nunca-jamás, pero no en la mesa de camilla.  Adelante. El mundo es vuestro. La masculinidad ya no tiene futuro. Confío, si hay reencarnación, en regresar aquí abajo con minifalda y a lo loco.

18.- ¿Qué hubiera quedado de Cela, como escritor, sin el Cela personaje público?

  El Pascual Duarte.

Despedida: querido Fernando, ha sido un honor para nosotras, las chicas de la Patrulla de Salvación, charlar un rato contigo. Te admiramos, te leemos y te releemos.

Que siga usted con salud

Margaret, Daphne, Samantha y Josephine.

LA PATRULLA DE SALVACIÓN

En unos minutos, la segunda parte con la entrevista a Armas Marcelo.

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