Desde nuestra trinchera, las integrantes de la Patrulla de Salvación, disparamos contra todo lo que pueda ser dañino para la buena literatura. Por ese motivo, cuando en verano recibimos la llamada de la doctora Gabriela Love Martinelli (investigadora jefe del Centro Superior de Psicología Aplicada de Buenos Aires, Argentina) para pedir nuestra colaboración, y después de que nos explicara sus objetivos, no dudamos en ponernos a sus órdenes y dejar en sus manos nuestro blog.
La doctora Gabriela Love está intentando demostrar que un ego desmedido afecta a la calidad (rebajándola) de la obra literaria, incluso en el caso de los más grandes autores. Según Gabriela, un gran ego hace perder contacto con la realidad y eso es lo peor que puede ocurrir a un artista.
La doctora nos pidió el blog para realizar un experimento: quería calcular, de la forma más científicamente posible, en qué medida afecta un ego desproporcionado a la obra de un escritor. No es posible saber hasta donde hubieran podido llegar Thomas Mann, Ernest Hemingway o Camilo José Cela, por poner tres ejemplos de autores de primera, si no se hubieran dejado emborrachar por el éxito y hubieran continuado con los pies en la tierra. Pero si tomamos como referencia el nivel alcanzado por esos autores, sí se puede saber donde, al menos, podía haber llegado (sin el lastre de su ego inflado) un escritor mediocre, de tercera división.
La doctora Love, buena conocedora de las letras en castellano, nos dijo que en España disfrutábamos de dos escritores únicos. La psicóloga argentina estaba asombrada por el prestigio que habían adquirido estos dos autores teniendo una obra tan mediocre y mal escrita. Era consciente nuestra amiga de que estos dos señores le han echado mucha jeta: se han aprovechado de los medios de comunicación (los dos presentan, o lo han hecho, programas de TV y escriben en prensa diaria) y de algunos escándalos, por ellos provocados y magistralmente difundidos, para hacerse un nombre y conseguir que sus libros se vendan algo, que no mucho. Nos contó nuestra amiga que en pocos países latinoamericanos se da esta especie de funcionario de las letras. Lo que más llamaba la atención es que a pesar de la baja calidad de su obra, los dos autores se creían Faulkner redivivo. No sabíamos -ni ella ni nosotras- si esa imagen era parte de la impostura o si realmente padecen tal sobredimensionamiento. El experimento nos sacaría de dudas. Se refería la doctora Love, como no podía ser de otro modo, a Juan José Armas Marcelo y a Fernando Sánchez Dragó.
Si con el experimento se demostraba que los dos autores, a pesar del ínfimo nivel literario de su obra, padecían de un ego desmedido, se podría argumentar que era por ello por lo que habían malogrado su carrera literaria. Y, extrapolando los resultados, podríamos concluir que, por ejemplo, Camilo José Cela podría haber sido más grande que Tolstoi de haber mantenido su ego a raya.
Les dejo con la doctora Gabriela Love Martinelli:
Buenas tardes estimados y respetados lectores de Patrulla de Salvación. A continuación les voy a exponer la metodología del experimento que hemos llevado a cabo con la colaboración de Juan José Armas Marcelo, Fernando Sánchez Dragó y la sargento Margaret.
METODOLOGÍA
1.- Se realizó una entrevista con cada uno de los dos sujetos a analizar (Armas Marcelo y Sánchez Dragó).
2.- Curiosamente, cuando hace algunos meses entramos en contacto con Sánchez Dragó para ofrecerle una entrevista, nos respondió: “¿es una trampa? Algo habrá hecho, concluimos. Tuvimos que utilizar el nombre de un común amigo, de él y de la sargento, Juan Gómez Soubrier, para ganarnos su confianza. Hace unos días le mandamos el siguiente correo donde incluíamos las preguntas:
Querido Fernando:
Es el momento de que los escritores buenos y veteranos saltéis al campo de batalla a defender la Literatura. Los indocumentados y los incultos (esos jóvenes «escritores» que no saben ni hacer la «o» con un canuto) están ganando muchas batallas. Os necesitamos. Por favor respóndeme estas preguntas.
Mil gracias
Un fuerte abrazo literario
La sargento Margaret
En tres días tuvimos las respuestas.
Con Armas Marcelo fue más sencillo: Habíamos pasado muchos meses intentando conseguir su dirección de correo electrónico. La búsqueda no dio fruto. En ese momento –ya habíamos desistido- nos enteramos de que lanzaba nuevo libro y, claro, había promoción. A través de su editorial, Edhasa, conseguimos hacerle llegar las preguntas. La misma editorial nos las mandó de vuelta hace unos días.
3.- El contenido de varias de las preguntas debía ser tal que un escritor con un ego normal, ajustado a su calidad literaria, se hubiera dado cuenta inmediatamente de la trampa y nos hubiera mandado a la mierda. Por eso –ustedes lo van a comprobar en pocos minutos- las preguntas son desmesuradas y ridículas. Tipo: “¿ Por qué no te han concedido el premio Cervantes? “ El conejillo de indias debía tirarse él mismo a la trampa, sin que le empujaran. De otro modo la autoestima “oversized” no hubiera quedado de manifiesto.
4.- Como entendemos que los dos escritores significan lo mismo para la literatura en castellano y padecen el mismo mal, las preguntas son las mismas. Solo cambian algunos datalles, por ejemplo: “La Habana” para uno y “Tokio” para otro. Al final de la entrevista de Armas Macello se incluyen, claro, algunas preguntas referentes al libro que actualmente promociona.
5.- Ya solo participar en esta pantomima, sin insultar a la sargento Margaret, y creerla una fan babeante -qué digo una fan: una “groupie”- ya es indicativo del grado de autosatisfacción al que han llegado nuestros chicos. Pero lean las respuestas: no tienen desperdicio.
Queridos Juancho y Fernando: ha sido necesario. Lo hemos hecho por la Literatura. Cuando seáis mayores lo entenderéis.
Aclaración 1: No ha sido necesario utilizar EGOGLASS. Las entrevistas (salvo algún error involuntario corregido) han sido reproducidas tal cual no fueron enviadas por nuestros cobayas.
Aclaración 2: En la segunda parte de este “post” encontrarán la entrevista con Armas Marcelo.
ENTREVISTA CON FERNANDO SANCHEZ DRAGÓ
1. Todas las mañanas TVE nos ofrece las variopintas opiniones de una terna de intelectuales frente a temas políticos y económicos de actualidad. ¿Crees que los intelectuales mediáticos del momento representan el sentir popular?
Ni poco ni mucho ni nada… Ignoraba que en la tele hicieran eso. Y además, ¿en qué quedamos? ¿Intelectuales o mediáticos? Lo uno y lo otro son términos reñidos.
2. ¿Te gusta que le llamen intelectual?
Lo considero un insulto. Yo soy escritor, y sin libertad no hay literatura posible. El intelectual está encorsetado, aprisionado por la exigencia de enfrentarse a los problemas de la sociedad. No elige su campo de acción. Se lo imponen la actualidad y otras entelequias. Es un lacayo. Detesto la literatura “engagée”.
3. ¿Cuál piensas que debe ser la posición de un intelectual ante la crisis económica y social que estamos sufriendo en estos momentos: plantar cara y dar la batalla, nadar y guardar la ropa, refugiarse en asuntos periféricos o abrir una cuenta en Twitter?
Allá ellos. Ya he dicho que no soy un intelectual. Los retorcimientos psicológicos de éstos, fruto de Dios sabe qué oscuros traumas, me son ajenos. Desde que estuve en la cárcel en los años 50, rodeado de antifranquistas, sé que todos los redentores de la humanidad o del prójimo son personas psíquicamente inestables y poco de fiar. El afán de compromiso y de arreglar el mundo siempre esconde carencias que a menudo rozan lo psicopatológico. El hombre debe ser sentimentalmente autónomo para no seguir siendo toda su vida un adolescente que lloriquea viendo el telediario y las películas de la factoría Disney. De todas formas, si yo fuera intelectual me refugiaría en asuntos periféricos. Así, por lo menos, no agravaría la situación. Pedir a una intelectual que entienda de política es como esperar de un político que escriba buenos poemas. Plantar cara y dar la batalla es vanidoso. Nadar y guardar la ropa es imposible sin que el plumero asome. ¿Entrar en twitter? ¡Dios mío! Eso nunca.
4. ¿Ha elegido bien la mayoría de españoles el 20N?
No podía elegir. No había opción. Lo primordial era echar a los socialistas y eso sólo el PP podía hacerlo. La democracia es un cuello de botella… vacía.
5. En la económica ya vemos que sí, y qué decir de la social, pero ¿hay una oportunidad literaria en la situación geopolítica?
La literatura, como dijo Borges, no es un espejo de la realidad, sino algo añadido al mundo. No guarda relación forzosa con lo que la rodea, aunque a veces pueda hacerlo. Sólo el talento brinda, en cualquier circunstancia, oportunidades literarias.
6. Otra terna: ¿Juan Goytisolo, Javier Marías o Alberto Olmos?
No respondo a ese tipo de preguntas. Nunca relleno quinielas.
6. Si entonces fuimos Gargoris y Habidis, ¿qué seríamos en los once años de segundo milenio que llevamos?
Nunca fuimos Gárgoris y Habidis. Eso fue un viaje fantástico a un inexistente país de las maravillas. Lo inventé, aunque entonces no lo sabía. Era yo un inocentón. España no es mágica. Es trágica, cainita, envidiosa, iracunda, perezosa y hortera.
7. Escribir, ¿oficio o beneficio?
Vocación. Léase “Esos días azules”.
8. A lo mejor piensas que al lector español ya no le interesa tu obra, ¿o sí?
Me es indiferente. Nunca he buscado lectores, aunque tampoco los he rehuido. Siempre me asombró haber llegado a ser un escritor de grandes tiradas. Diez de mis libros han repicado en las listas. Son muchos para un niño raro que es también un escritor raro. Lo lógico sería haber sido escritor de culto al alcance de exiguas minorías. Supongo que los lectores, infieles por naturaleza, suelen acabar cansándose de aquéllos que durante mucho tiempo han merecido o, por lo menos, recibido su atención. Nunca pregunto a los editores por las tiradas ni por las ventas. No escribo para vender ni para que me lean, aunque si mis libros se venden y se leen, mejor, porque eso me brinda la posibilidad de dedicar aún más tiempo del que dedico a la elaboración de mi obra. Todo lo que he hecho en mi vida gira obsesivamente alrededor de ésta. No soy soluble ni en el éxito ni en el fracaso, “esos dos impostores”. Mi obra sería la misma que es aunque no hubiese salido nunca del cajón.
9. ¿Qué te da y qué te quita la televisión?
Me quita algo de tiempo, no mucho. Me da algo de dinero (y vuelvo a lo de antes). Me da también lo peor que me ha sucedido en la vida: popularidad. Me pone más difícil la aspiración de vivir oculto (Epicuro dixit). Me convierte, a los ojos de los demás, en personaje que nada tiene que ver con mi persona. “Yo tenía una buena vida privada y ahora tengo la impresión de que alguien se ha hecho sus necesidades en ella, se ha limpiado con papeles pringosos y lo ha dejado todo hecho un asco” (Hemingway). La tele, en todo caso, es una anécdota insignificante en mi vida. La detesto. La considero una maldición kármica. Estoy deseando dejar de hacerla, pero… Que me deje ella. Prefiero ser abandonado, también en el amor, a abandonar.
10. ¿Madrid, Tokio o Alpedrete?
¡Hombre! ¡Qué pregunta! Tokio, Tokio, Tokio… Pero no soy hombre de ciudad, sino de campo. Pagano, en los dos sentidos de la palabra. La urbanización del planeta ha sido, es y será uno de los más funestos errores de la humanidad. Verdad es, sin embargo, que siempre nos quedarán París, Bangkok, Estambul y, si acaso, Nueva York. Son excepciones.
11. A nuestros lectores les gustaría conocer la lista de tus mejores lecturas del año pasado. Naturalmente, puedes nombrar más de tres.
Calculo que habré leído unos quinientos libros a lo largo de ese año. ¿Cómo elegir un puñado de espigas entre tanta mies y tanta cizaña? ¡Ea! Citaré algunos, a riesgo de estar rellenando una quiniela. “La ciudad sumergida”, de José Carlos Llop; los dos tomos de “Diarios” de Iñaki Uriarte; “Socotra. La isla de los genios”, de Jordi Esteva; “Siéntate y escribe”, de Roger Wolfe; “El niño perro”, de Eva Hornung; “Mirar de cine”, de José Luis Garci; “Novela familiar. El universo privado del escritor”, de Blas Matamoro; “Marco Aurelio. Guerrero, filósofo, emperador”, de Frank McLynn… Y, por supuesto, año tras año, el último volumen del “Salón de pasos perdidos”, de Trapiello.
12. Como sabes en este blog denunciamos las injusticias y los errores garrafales que se cometen en el mundo literario español. Entendemos que tu, con tus libros y, sobre todo, con tu profundo conocimiento de la literatura en castellano y de los medios de comunicación, eres necesario –no hay más que ver cómo está el panorama- en la Real Academia de la Lengua. ¿Por qué Fernando Sánchez Dragó no ocupa aún un sillón en la RAE y otros (no daremos nombres) sí?
No seáis ingenuas… Yo nunca seré académico. Pude serlo cuando aún andaban por la Docta Casa gentes como Dámaso Alonso, Rafael Lapesa, García Gómez, Zamora Vicente, Torrente Ballester, Cela, Julián Marías…, pero dejé pasar, adrede, la oportunidad. Por una parte, para ser académico hay que hacer campaña, y yo no sirvo para eso; por otra, mis excentricidades, mi incorrección política, mis disidencias, mis estridencias, mis heterodoxias, mis piruetas, mis desplantes, mi sinceridad, mis costumbres non sanctas, mi defensa de la enteogenia (vulgo alucinógenos), mi escepticismo en lo concerniente a la democracia y mi libertinaje me convierten en persona incómoda y, a menudo, non grata. ¿Me veis con chaqué y cosas así pronunciando el discurso de ingreso en la Academia? ¿Me veis asistiendo disciplinadamente a las sesiones de los jueves para tomar té con pastas junto a personas que nunca estuvieron en Katmandú cuando Katmandú era una fiesta? Y, por último, juro por el dios en el que no creo que no me apetece lo más mínimo ser académico, aunque, desde luego, me pondrían en un brete, considerando mi curiosidad, si me lo ofrecieran. Paso, además, nueve meses al año, más o menos, en remotas tierras. No podría atender a mis obligaciones, lo que me pesaría, pues soy hombre cumplidor.
13. Has sido jurado de varios premios literarios. Danos, por favor, con toda la sinceridad que te caracteriza, tu opinión sobre estos galardones. Te ruego que no te olvides de comentar el premio Planeta.
No hacen daño a nadie. Son buenos para el editor, para los libreros, para el autor que los gana e incluso para los lectores que por primera vez, a causa del marketing y el bombardeo publicitario, empiezan a serlo. ¿El Planeta? Cierto es que en el 99 por ciento de los casos
está cantado de antemano, pero si la editorial no buscara candidaturas a lo largo del año tendría que declararse desierto dos veces de cada tres. Por lo demás, es sólo una anécdota en la vida de un escritor. Yo lo gané y, si la novela que lo obtuvo sigue leyéndose después de mi muerte, cosa poco probable, porque es la peor de las mías, ¿quién recordará que tuvo ese premio?
Se trata, por añadidura, de un premio privado, y sacrosanto derecho de todo quisque es el de emplear su dinero como lo venga en gana.
14. Hablando de premios, ¿cómo es posible que Francisco Umbral obtuviera el Premio Cervantes y a ti, con todo lo que has hecho por la lengua castellana aún no se te haya concedido? ¿Por qué los españoles somos tan desagradecidos? ¿Envidias?
Umbral tuvo dos apoyos muy poderosos: Pedro J. Ramírez y Cela. Yo nunca termino de encajar en nada que sea institucional. Y tampoco en lo que no lo es. Niño raro, adulto raro, viejo raro. Siempre, desde la infancia, se me ha asignado el papel de verso suelto en todas partes: la familia, el colegio, la Iglesia, los amigos, la universidad, el Partido Comunista… ¿Cómo van a darme el Cervantes si ni una sola vez, desde su creación, me he avenido a asistir a la ceremonia de entrega? ¡Menudo coñazo! Los honores me aburren. Una corbata es para mí una soga de horca y toda chaqueta una camisa de fuerza. Creo, por lo demás, que no debería existir ningún premio institucional financiado con dinero de mi vecino. Eso sí: a los grandes hombres –no digo que yo lo sea- deberían declararlos, como sucede en Japón, “tesoros nacionales”, tan protegidos, incluso en lo relativo a sus gastos, como lo está la catedral de Burgos. En cuanto a la envidia… Sí, claro, también la hay. Si sonriera menos, si no diese la impresión de ser feliz, si la gente no creyera (equivocándose) que hago siempre lo que quiero, si me hubiese casado menos veces, si no tuviera fama de seductor, si no hubiese recorrido cien países, si ganase menos dinero del que gano, si no hubiese recibido premios, si mis libros no se vendieran, si hubiese sido feo, sino no tuviese buena salud, si no siguiera viviendo a los setenta y cinco años como cuando tenía veinticinci… Bueno, pues entonces lo mismo me daban el Cervantes. Pero sabido es que si mi abuela tuviera cojones sería mi abuelo, de modo que… Ortega dijo cuanto había que decir acerca de la aristofobia de mis ex compatriotas.
15. Para Flaubert la forma era todo. Tú ha desarrollado en tus libros uno de los estilos más personales de las últimas décadas. ¿Qué consejo darías a un joven escritor que quisiera desarrollar un estilo propio que al tiempo enriqueciera nuestra lengua? Me refiero a algo parecido a lo que tú has conseguido.
Leer sin tregua, mezclarse estrechamente con la vida, no confundir la literatura con los cenáculos literarios, trabajar diez horas al día durante 365 días al año a partir de los cuarenta, ser capaz de revisar el diccionario de arriba abajo hasta dar con el término exacto, no olvidar la condición verbal de la literatura, estar dispuesto a vender a tu madre y a ti mismo en letras de molde, no escribir nunca pensando en los lectores… ¡Uf! ¡Tantas cosas! Escribir es un sacerdocio que exige dedicación plena.
17.- Imagínate que soy tu psicoanalista. ¿Qué opinas, de verdad, de las mujeres?
Hawking, que sólo es un maestrillo de escuela mediáticamente aupado por la enfermedad que padece, sin la cual sería un don nadie, ha dicho que las mujeres son el mayor misterio del universo. En eso es en lo único que acierta. Lo son, añado yo, para los varones. Sois opacas para nosotros. Nosotros, en cambio, somos transparentes para vosotras. Lo que realmente nos diferencia es el shopping. Os gusta ir de compras. Nosotros lo odiamos. Ya sé, ya sé que hay excepciones. Los varones, para la mayor parte de las mujeres (no todas, gracias a Dios), somos vergas de alquiler. Nos utilizan para quedarse embarazadas y después nos dan de lado. Eso está bien, porque a partir de ese instante recobra el varón su soltería y puede buscar otras chicas que con el correr del tiempo se convertirán en señoras. Adoro a las chicas, detesto a las señoras. No es cuestión de carne fresca, sino de disponibilidad para la aventura. Me gusta Wendy en la isla de Nunca-jamás, pero no en la mesa de camilla. Adelante. El mundo es vuestro. La masculinidad ya no tiene futuro. Confío, si hay reencarnación, en regresar aquí abajo con minifalda y a lo loco.
18.- ¿Qué hubiera quedado de Cela, como escritor, sin el Cela personaje público?
El Pascual Duarte.
Despedida: querido Fernando, ha sido un honor para nosotras, las chicas de la Patrulla de Salvación, charlar un rato contigo. Te admiramos, te leemos y te releemos.
Que siga usted con salud
Margaret, Daphne, Samantha y Josephine.
LA PATRULLA DE SALVACIÓN
En unos minutos, la segunda parte con la entrevista a Armas Marcelo.