WILLY TOLEDO: ¡Avergüénzate!

HECHOS

1.- Los 3 libros más vendidos de no ficción en España son ¡Indignaos! y ¡Comprometeos! de Stéphane Hessel (Destino, 2011) y Reacciona, Varios autores (Aguilar, 2011). Los tres relacionados con el movimiento 15-M.

2.- Hace unos meses se reúnen el actor Guillermo “Willy” Toledo y el periodista y escritor Pascual Serrano en la casa de Albacete de este último y conversan de lo último sobre lo que el actor se ha manifestado (la ley de extranjería, la crisis económica, la flotilla etc…). Aquella charla es transcrita por Serrano (no por Toledo) y Península, para pillar cacho, la va a editar el 15 de septiembre en forma de libro con el título de Razones para la rebeldía. El prólogo lo ha escrito Julio Anguita.

COSAS QUE NO ENTENDEMOS O NO QUEREMOS ENTENDER

1.- ¿No entiende el señor Toledo que intentando ponerse a la cabeza del 15-M está dañando el movimiento en su pura esencia?

2.- ¿No entendieron los señores Toledo, Serrano y Anguita los abucheos que recibieron en la Puerta del Sol todos los personajes públicos de izquierda que se dejaron caer por allí?

3.- ¿Cómo es posible que un periodista serio y respetable como Pascual Serrano, fundador del sitio Rebelión y autor de valientes y necesarios libros como Traficantes de información (Foca, 2010), se preste a esta bufonada que no es más que una falta de respeto al 15-M?

[Aprovecho -aunque no tiene nada que ver- para recomendar la lectura, en Rebelión, del último libro, Egolatría, del psiquiatra Guillermo Rendueles]

4.- ¿No se ha dado cuenta el señor Serrano de que los señores Toledo y Anguita forman parte del sistema contra el que se rebela el 15-M?

5.- ¿Por qué no se deja claro en la portada del libro que el autor no es el famoso actor?

 

– Cómo te pasas, Margaret. Estoy segura de que van a donar las ganancias a una obra benéfica.

– Ya contaba con ello, Daphne. Porque si yo me entero de que un solo duro proveniente de la venta de este panfleto ha quedado en el bolsillo de Willy Toledo, te juro que, con las últimas fuerzas que me quedan, lo cojo de la oreja y lo castigo a copiar cien veces: “No me volveré a aprovechar de una causa justa”.

Posdata: ¿No se le cae la cara de vergüenza a don Gaspar Llamazares cuando dice que tenía pensado dejar la política y dedicarse a ejercer la medicina pero “El 15-M me ha dado ganas de volver a presentarme”?

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ESCRIBIR BIEN / ESCRIBIR MAL

Terminé de leer Mrs. Bridge / Mr. Bridge de Evan S. Connell (Seix Barral, 2011) hace ya 5 días y no se me va de la cabeza. Como les conté en el “post” anterior, este libro recoge dos novelas: La primera, Mrs. Bridge, nos relata la ansiedad y el vacío que preside la vida de una madre de familia americana en los años cuarenta del siglo XX. La segunda da paso al punto de vista del marido, Mr. Bridge.

Me he acordado de que el relato de Alberto Olmos en la recopilación GRANTA de “los mejores narradores jóvenes en español” (Duomo, 2010) va de algo parecido. En este caso, se trata del vacío de una española casada.

Lo siento, es superior a mis fuerzas. Además, cumplo con mi deber. “Here we go”:

En la novela Mrs. Bridge de Evan S. Connell es muy difícil destacar una frase. Fuera de la novela, las palabras de Connell no dicen gran cosa. Por eso, tan aficionada como soy, no metí ninguna frase en mi reseña. Solo copié el inicio de la segunda novela, que siendo muy buena, no lo es tanto como la primera, escrita 11 años antes.

Como decía en mi reseña, Connell, sin necesidad de usar palabras como vacío, desolación o angustia, nos transmite perfectamente esos sentimientos. Y las conversaciones que mantienen los personajes, las que rezuman esas sensaciones tan profundas,  pueden ser simplemente sobre un pastel para el postre o sobre si se compran un Cadillac o un Chrysler. Connell no necesita hacer frases rimbombantes o bonitas para que lo que quiere comunicar quede claro. Connell con respeto, o mejor, con amor al lector/a permite que seamos nosotros los que saquemos las conclusiones. Por eso, el libro de Connell, si lo lee un republicano del Midwest, entenderá que Mr. Bridge es un ejemplo de lo que debe ser un hombre y si lo lee un demócrata de la costa oeste pensará que Mr. Bridge es un machista y un retrógrado. Leyendo a Connell una se siente inteligente. Qué cosas.

A lo que iba:

El relato de Olmos está también marcado (como las novelas de Pron y Zambra) por esas dichosas frases felices. Perece como si no confiando en nuestra inteligencia para comprender lo que nos ha relatado, o –creo, más bien, que es ésta la razón- sin seguridad en su técnica narrativa, necesitara hacernos un resumen. También puede ser que quiera adornar el texto para que un lector descuidado o sin experiencia opine: qué bien escribe. Si fuera ésta la razón, estamos ante una trampa. Si es la anterior, estamos ante una falta de pericia. Y si es la primera, ante una falta de respeto. En los tres casos tenemos delante un mal relato y un mal escritor.

El relato de Olmos se llama Eva y Diego. Ejemplos de frases felices:

Pág. 86

La vida estaba tapada.  

Pág. 86

A la construcción de este vacío.

Pág. 87

Soy un solar.

Pág. 87

La nada es el horror.

Pág. 88

No recordamos cuando no hicimos nada. No recordamos el aburrimiento. No viene en los mapas.

Pág. 89

Porque un solar, a veces, reclama su espacio.

Pág. 91

El consumo es el miedo a la muerte. Cada cosa que he comprado en mi vida es una apuesta por seguir viviendo.

(…)

El consumo es futuro.

Un buen escritor también tiene esas frases en mente, pero le sirven de simiente para construir su historia. Esas frases son las ideas que serán el motor que mueva el desarrollo de la acción, no deben formar parte, tal cual, del relato. Pero, claro, si solo tienes eso…

Me voy a las “novelas” de Olmos: En Tatami (Lengua de Trapo, 2008) es peor lo que nos encontramos, porque se fuerza el diálogo y se hace hablar a los personajes de forma inverosímil para que suelten la frase ingeniosa. Prefiero que los personajes de Olmos piensen a que hablen, da menos grima:

Pág. 32 y 33

–          (…). Pero pagan. Bueno, sus padres pagan. Y exigen y tú  eres apenas un sirviente, o una institutriz. No creo que Nabokov tratara mejor a sus institutrices que al ama de llaves.

–          ¿Nabokov es el que escribió ese libro tan guarro sobre una niña?

–          Nabokov es el que escribió una obra maestra sobre la imposibilidad del amor. El libro guarro sobre la niña deberías escribirlo tú.

[Las negritas son mías]

Pág. 68

–          Anatomía aparte. Aprendí que el cansancio no existe, solo existe la desmotivación.

Pág. 70

–          (…). Entre Tomoko y la colegiala se trazaba una línea fulminante y eléctrica: la línea del deseo, tendida entre el miedo y el imposible. Cuanto más irrealizable era el deseo, menos dolía. Eso aprendí, Olga.

Pág. 84

–          Todo esto es tremendamente zoológico.

–          (…). Las palabras están podridas.

–          Las palabras nos hacen humanos. (…)

Pág. 99

–          (…). Lo único natural es la inercia, y la inercial del deseo nos lleva finalmente al sexo, no las palabras ni el protocolo.

Todo esto que he destacado pertenece a diálogos entre personas, personas humanas, oiga.

En El estatus (Lengua de Trapo, 2009)…

–          Mira Margaret. Que ya es muy tarde. Yo lo dejo.

–          Es cierto. Además, no vale la pena. ¿Un copazo antes de dormir?

–          Hecho.

Solo una cosa más. Como hay gente para todo, si usted disfruta con el ingenio de Alberto Olmos puede entrar en su Formspring. Hay función a diario. Una de las últimas preguntas:

¿Serías capaz de matar a una persona?

 Responde Olmos: “Hombre, no.”

¿Qué les decía? ¿Es o no ingenioso el chaval? De verdad, estoy muy cansada. ¡Qué burradas tuve que hacer yo en la vida anterior para merecer esto!

¡NO PASARÁN!

¡EL LIBRO VENCERÁ!

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MRS. BRIDGE / MR. BRIDGE; Seix Barral

Mrs. Bridge es una norteamericana de clase media. Está casada con Walter Bridge, abogado, y es madre de tres hijos. Viven en Kansas City, en pleno Midwest. Estamos en los años cuarenta del pasado siglo. Walter trabaja mucho, le van bien las cosas y tiene a su esposa como a una reina: Coche con chofer, criada, club social, viaje a Europa… Los niños dan los problemas habituales, pero no hay nada preocupante. Mr. Bridge quiere mucho a su mujer y le es fiel (hasta con el pensamiento).  Mrs Brige tiene todo a lo que aspiraba. Entonces: ¿Por qué la angustia y la ansiedad invaden los días de Mrs. Bridge?

Evan S. Connell es un escritor y poeta americano nacido en Kansas City en 1924. Connell ha escrito las biografías del general Custer, Son Of The Morning Star: Custer And The Little Bighorn (1985) y de Francisco de Goya (2004). En 2009 fue premiado con el premio Man Booker internacional por toda su carrera. Pero lo más interesante de este autor son sus novelas, y entre ellas, las dos que me acabo de leer: Mrs Bridge (1958) y Mr. Bridge (1969).

Connell, que nunca se casó ni tuvo hijos (dato importante), inspirándose en la vida de sus padres, escribió en 1958 la historia de la familia Bridge desde el punto de vista de ella, la madre, la esposa, India Bridge. Once años después contó la misma historia desde el punto de vista del marido, Mr. Bridge.

Seix Barral ha tenido el buen gusto (con las páginas cosidas, como dios manda) de editar las dos novelas juntas.

En las novelas no hay argumento. El autor nos da 117 pequeñas píldoras, en 255 páginas, en la primera y 141 epígrafes, en 381 páginas, en la segunda novela. La intensidad de lo que cuenta es tal, que parece que el señor Connell, apiadándose del lector, lo hubiera querido repartir en pequeñas dosis.

Como digo al principio, todo marcha bien en la familia Bridge y por eso no ocurre nada destacable en esta novela. Lo más dramático, en apariencia, sucede cuando el perro del vecino persigue por el jardín al conejito, que los niños se habían empeñado en tener, y lo mata.

La novela nos cuenta las aburridas cenas y fiestas a las que acuden, los viajes, los problemas de los hijos etc…Pero por lo que dicen y, sobre todo, por cómo lo dicen, el lector, con poco esfuerzo, percibe los sentimientos que corren por debajo. Porque sin necesidad de utilizar palabras como tristeza, ansiedad, miedo, estrés o desolación, estas sensaciones saltan del texto y se meten en la cabeza y en el estómago del lector.

El miedo. ¿Cómo demonios consigue Connell que yo lectora me meta en el cuerpo de India Bridge y sienta su miedo cotidiano, su miedo de andar por casa?

–          Escribiendo bien, Margaret.

–          Vaya, qué lista la Daphne.

Cuando se cuenta la historia de una familia donde han ocurrido malos tratos o infidelidades matrimoniales o amores muy intensos, el autor lo hará mejor o peor, pero tiene a lo que agarrar su narración. [Esto no es The Corrections, ni Connell es Franzen, a dios gracias]. Pero Connell, en estas dos novelas, da un salto en el vacío. Nos cuenta la vida de una familia normal y nos transmite lo que sienten sus miembros. Y lo hace sin dramas, sin contar discusiones ni peleas, sin que ocurra nada. ¡Grande, Connell!

He pasado toda la primera parte del libro, la novela Mrs. Bridge, intentando poner distancia entre la protagonista y servidora, defendiéndome inútilmente. Algunas de mis anotaciones en los márgenes: “Esta mujer no es muy lista”, “Si me dice eso mi marido yo le hubiera soltado una fresca”, “Estos americanos son unos fachas”. Al final, emocionada, me he dado cuenta de que lo que relata Connell es la vida sentimental de muchas mujeres, entre ellas yo. La incomunicación en el matrimonio, la ansiedad que genera educar niños, el vacío del día a día. Todo eso es universal y lo sentido por una mujer en los años 40 del siglo XX en Kansas City, Misouri, es lo mismo que siente una mujer casada en la España de 2011. Y Connell lo cuenta como nadie.

Les copio aquí cómo empieza la segunda novela. Recuerden que la primera relata la tristeza de la vida de ella, lo vacía que se siente por la desatención emocional de su marido. Ahora habla el marido, Mr. Bridge. Es su turno. Se me ponen los pelos de punta:

  1. Amor.

Solía pensar: Mi vida no comenzó hasta que la conocí.

  A ella le habría encantado oírlo, estaba seguro, pero no sabía cómo decírselo. En el colmo de la pasión, gritaba con frenesí: “¡Te amo!”, pero incluso estas palabras le parecían insuficientes. Deseaba decir algo más, necesitaba hacerle saber cuan profundamente sentía su presencia cuando yacían uno junto al otro por la noche, al igual que por la mañana cuando se despertaban, y por la tarde, cuando regresaba a casa. Sin embargo, no se le ocurría nada adecuado.

    Pasaron los años, tuvieron tres hijos y se acostumbraron a vivir juntos, y finalmente Mr. Bridge decidió que su esposa no debía esperar nada más de él. Después de todo era abogado, no poeta; no podía fingir que era lo que no era.

¡Por los clavos de Cristo! Cuantos matrimonios desgraciados por culpa de no hablar un poco más, de no decir lo que se siente. Qué real es todo esto, puñeta.

Pero luego, claro, está también lo local. Un buen escritor te cuenta historias locales con sentimientos universales. Si usted quiere entender lo que es el Tea Party, donde están los cimientos del conservadurismo americano, no deje de leer estas dos novelas.

Michael Kazin, profesor de historia de EE.UU. en Georgetown; editor de la revista ‘Dissent’ y que se declara de izquierdas, decía el 3 de agosto en una entrevista en La Vanguardia:

No subestime al Tea Party. Sus apoyos son muy reales. El Tea Party surge sobre sólidas bases comunitarias: parroquias, asociaciones de vecinos, escuelas, organizaciones locales de tiendas y pequeños empresarios: la calle mayor ya era suya, y encontró en Obama al enemigo natural que los unió para que el gobierno “dejara de meterse” en sus vidas. Forman parte de un grupo enorme que se ve a sí mismo como la mayoría. Gente común que quiere llevar una vida tranquila y pacífica sin extravagancias ni experimentos. El Tea Party, toda esa buena gente, ve su vida y energía abducida por Washington y los políticos, que siempre quieren más gobierno, más Estado y más impuestos.

Estas dos novelas nos cuentan cómo fueron los padres de los miembros del movimiento conservador americano, de las bases del partido republicano.

NOTA IMPORTANTE

Llegué a este libro gracias a la magnífica reseña que en El Cultural le hizo Nadal Suau.

Desde hace unos años ya solo me fio de las reseñas de Robert Saladrigas, en Cultura/s de La Vanguardia y de Jose María Guelbenzu en Babelia de El País. Pero llevo unos meses siguiendo a este joven crítico, Nadal Suau, y me gusta. Le hice caso con las novelas de los Bridge y, como han podido leer, no me arrepentí.

Blog en El Mundo de Nadal Suau

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COINCIDENCIA Y ENIGMA

Dice Alejandro Gándara, el 30 de mayo, en su blog El Escorpión, que se decidió a leer la última novela de Patricio Pron “a causa de la algarada crítica de que venía acompañada”. Pone como ejemplos las palabras de Felix de Azúa en El País el 27 de mayo: «A la altura del mejor Sebald, del primer Handke, se tutea con Bernhard y ha superado a Jelinek» y las de otros que lo comparan con Borges y Horacio Quiroga.

Un día después, ya leída la novela, escribe Gándara en un “post” titulado Literatura a falta de otra cosa:

Hay demasiada literatura en la novela de Pron, demasiadas palabras y demasiado existencialismo lírico, y el relato se resiente enseguida de ese deleite que le impide avanzar, escapar a otras perspectivas o profundizar. Al final, el tema se reduce curiosamente a un relato más bien policíaco con toques de vida interior. Se resuelve el crimen, pero no se resuelve el enunciado.

 Gándara termina así su reseña.

Uf. Por lo demás, ni se parece a Bernhard, ni a Handke, ni a Jelinek, ni a Borges, ni a Horacio Quiroga, al menos en lo que ahora tengo delante. Habrá que suponer, aunque no habrá forma de ahorrarse sospechas, que en lo demás sí. 

Patricio Pron ha publicado su última novela en Mondadori.

Feliz de Azúa fue el fichaje estrella de la pasada temporada de Mondadori.

Pura coincidencia.

Me quedo pensando y vuelvo a leer el artículo en el que Azua elogia a Pron:

Un excelente jarabe porque la historia que cuenta Pron es sobrecogedora y forma un tejido muy bien trabado en el que un indagador persigue por media Alemania la huidiza figura de un filósofo discípulo de Heidegger, hasta que la persecución del hombre se convierte en una persecución del concepto y nos deslizamos de la emoción a la reflexión sobre esa frágil sustancia que nos permite creer que somos algo y que los demás pueden llegar a conocerlo. Al final, sin embargo, solo somos una vieja fotografía de la que nadie guarda memoria.

No hay mayor placer que saludar a un joven maestro y decirle «¡Salve! Ahora nos toca aprender de ti». El segundo mayor placer es aprender de los jóvenes.

¿Es posible que Mondadori haya mandado a sus autores vips una versión diferente de la novela de Pron? ¿Hemos leído la misma novela el señor Azúa y yo?

Puro enigma.

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PIÑA DE MICHAEL CERA

En la página Publishersmarketplace me entero de que Alpha Decay ha comprado, con intermediación de la agencia literaria británica Curtis Brown, los derechos para publicar en castellano el relato (“short story”) llamado “Pinecone”, escrito por Michael Cera. ¿Este chico no es el actor de Juno,  y de la serie Arrested Development? ¿También escribe? Uy, uy, uy.

Pues resulta que este chico, que hoy tiene 23 años, cuando se aburría entre rodajes se puso a escribir una historia sobre un actor de 38 años en pleno declive profesional. Se la mandó a Dave Eggers, y este se la publicó en el número 30, de marzo de 2009, de su revista McSweeney Quarterly.

El chico además tiene su propio grupo de rock, Mister Heavenly y toca el bajo, a veces, cuando no está escribiendo, para relajarse, con otros combos como Weezer.

Dave Eggers es un escritor americano mediocre pero, al tiempo, un buen agitador cultural. De hecho, además de McSweeney, edita una revista literaria maravillosa llamada The Believer. Eggers hace más cosas, claro. Los jóvenes escritores tienen que aprovechar el tiempo, que pasar todo el día escribiendo es muy aburrido.

El problema es que para los modernos lo que dice Eggers va a misa. Por eso si Eggers se pone en que un jovencito escribe bien, pues viene Alpha Decay y sus equivalentes en otros países y compran los derechos casi sin leer el texto.

Yo sí he leído el cuento, que aquí llaman Piña, de Michael Cera y no es gran cosa. Un ejemplo:

Por la mañana Carrol echaba un vistazo al espejo en el que encontraba su imagen aterrada mirándolo. Fruncía el ceño y tensaba su cara con incredulidad ante lo que estaba viendo.  Daba una palmada a la piel bajo el mentón agarrándola luego y tirando de ella con desprecio. Hacía correr sus dedos por entre su pelo, el cual había dejado de crecer como antes alrededor de sus orejas. De golpe pensó que había cumplido treinta y ocho años, se había quedado solo, su aspecto era descuidado y tenía hambre.

[La traducción es mía. Perdón]

El resto del cuento, del estilo.

Alpha Decay va a publicar (el 15 de septiembre) un libro con este cuento. Les salen 64 páginas. No sé de dónde sacan tanto, pues el cuento no era tan largo. Lo van a editar en la colección Alpha Mini.

La revista McSweeney se consigue por 8$, es decir 5,5 €. Los libritos de Alpha mini se venden a 6,5€. La revista McSweeney de marzo de 2009, donde aparecía el relato de Michael Cera, además llevaba otros 10 artículos o cuentos de semejante extensión.

Alpha Decay edita Cera de Michael Piña. “Al revés, Margaret”. Bueno, qué más da.  Digo, que lo edita en la misma colección en la que ha incluido relatos de Edgar Allan Poe, D. H.  Lawrence y Joseph Conrad. Pero eso no es lo peor. Atención: En esa colección se editó Exhumación, el libro de Luna Miguel y Antonio J. Rodriguez. Cómo os pasáis, los de Alpha Decay.

Queridos Antonio y Luna: Debéis estar muy enfadados por esta falta de respeto. Vamos a montar, las de la Patrulla de Salvación, una nueva editorial llamada Perroflautas’ show. Siempre seréis bienvenidos.

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PATRICIO PRON Y UNOS GINTONICS

Hace años viví durante una temporada en Brasil. Por motivos profesionales me acercaba constantemente a Argentina. Tengo buenísimos amigos en uno y otro país y llegué a conocer muy bien sus formas de ser y pensar. Lo que más me fastidia de los argentinos (generalizo, claro) es que la culpa de todo lo que les ocurre, según ellos, la tiene siempre otro. Cuando no es culpa de los “milicos”, es culpa de los EEUU y en último extremo, siempre tenemos a mano la colonización española. Mis amigos inteligentes de allí corroboran mi opinión. Este defecto ha pasado a incorporarse al carácter del argentino medio.

Los brasileños son diferentes. Su historia política, económica y social ha sufrido desgracias parecidas a las ocurridas en el país vecino, pero los brasileños no caen tan fácilmente en la autocompasión. En Brasil hay una expresión, “vou dar um jeito”, que tiene difícil traducción literal al castellano, pero significa: Voy a encontrar una solución. Cuando usan la palabra “jeitinho” se refieren a un soborno. No confundir.

Pues los brasileños no se suelen quedar cruzados de brazos culpando a otros. Se levantan y “dan un jeito”. Puede que el camino que tomen sea el criminal y su forma de solucionar el hambre de sus hijos sea asaltando el primer coche que vean parado en un semáforo, pero no se quedan quietos.

Si es usted argentino, no se enfade conmigo y lea lo que viene a continuación.

En España nos hemos vuelto argentinos. Durante la dura crisis económica que estamos viviendo  no paro de leer y escuchar a españoles (políticos, periodistas, empresarios y gente de la calle) echando la culpa de lo que nos ocurre a todos menos a los propios españoles: Que si los mercados financieros, que si los bancos, que si Ángela Merkel, que si ZP, que si el PP, que si Standard & Poors

Y todos estos lo son -culpables, digo- y algunos mucho, pero nosotros, los españoles de a pie, tenemos también mucha culpa: En este país hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y fuera de nuestra realidad durante muchos años. Todos, menos los más pobres, nos hemos beneficiado de la corrupción (hay muchas formas de corromperse). Por ello hemos aprendido a disculpar la deshonestidad con la que convivimos a diario.

En España nadie hace nada para salir del pozo.  Y lo peor,  no hay líderes que nos digan de una p… vez: Dejad de llorar y pongámonos a  cambiar el país. Así nos va y nos irá peor. Ojalá me equivoque.

Cabrearse es bueno porque te lleva a la acción. La autocompasión es un cáncer porque te paraliza.

–          Margaret, te estás yendo del asunto.

–          ……….

–          ¡Margaret! ¿estás ahí?

–          Si Josephine, si. ¿de qué íbamos a escribir hoy?

–          De la novela de Patricio Pron.

–          Sí, es verdad.

Pues lo anterior viene a que la novela de Patricio Pron, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, es puramente argentina. Por eso es buena y por eso es mala. Es buena porque está impregnada hasta las comas del derrotismo  típicamente argentino, lo cuenta muy bien. Y es mala porque no sale de esa autocompasión que, oiga, ya cansa.

Un ejemplo:

Pág. 39

Nadie ha peleado, todos hemos perdido y casi nadie se ha mantenido fiel a lo que creía, cualquier cosa que eso fuera, pensé; la generación de mi padre sí que había sido diferente, pero una vez más, había algo en esa diferencia que era asimismo un punto de encuentro, un hilo que atravesaba las épocas y nos y nos unía a pesar de todo y era espantosamente argentino: la sensación de estar unidos en la derrota, padres e hijos.

Es mala por otras cosas más: Por las repeticiones, las descripciones innecesarias y lo pesado de la transcripción de alguno de los contenidos de la carpeta, la dichosa carpeta (¿a quién le interesan esas encuestas? por ejemplo).

Las pruebas del delito:

En las Pág. 35 y 36 (no se lo pierdan), cuando nos enumera los libros de la biblioteca de los padres, nos repite hasta cinco veces de forma sucesiva  los que no han leído. Su intención es dejar clara la ideología y lo politizados que estaban sus progenitores, pero hay otras formas, Patri. Al final he aprendido como se escribe Silvina Bullrich de tanto leerlo.

Pág. 41

El médico dijo: Puede que pase cualquier cosa. Y en mi cabeza esas cuatro palabras quedaron dando vueltas hasta que dejaron de tener sentido: Puede que pase cualquier cosa, puede que pase cualquier cosa, puede que pase cualquier cosa, puede que pase cualquier cosa, puede que pase cualquier cosa, puede que pase cualquier cosa, puede que pase cualquier cosa, puede que pase cualquier cosa…

–          Margaret lo has escrito dos veces más.

–          Es verdad, Daphne. Pron solo lo repite 6 veces.

Pág. 57

El tamaño de la carpeta era de treinta por veintidós centímetros y estaba confeccionada con un cartón de escaso gramaje y de color amarillo pálido. Tenía una altura de unos dos centímetros y estaba cerrada por dos cintas elásticas….

¡Narices! ¿Y no era más fácil escribir “la carpeta de cartón…”? He medido mis carpetas y todas miden 30 por 22 centímetros y todas son de cartón.

Las páginas que van de la 69 a la 98, se las pueden saltar. Pron nos cuenta el contenido de la carpeta, la dichosa carpeta: Un montón de recortes de periódico en los que una vez más se repite información y el autor, fiel a su estilo, nos regala las repeticiones. Léanse –si les sigue interesando este libro- las páginas de la 99 a la 102. En ellas está la historia de la desaparición de Burdisso sin rollos.

Lo de los sueños de la página 146 a 154 nunca debió salir del diario de Pron o de la consulta de su psicoanalista. Y lo digo yo, que soy freudiana.

Estos jóvenes escritores predican la concisión y luego se enrollan y repiten  donde no es necesario. Una, que ya viene con la escopeta cargada (lo reconozco), tiende a pensar que deben rellenar porque si presentan solo 70 páginas, la editorial les va a decir que por eso solo no pueden pedir 16,90€. Pero luego lo pienso dos veces y concluyo que no es ese el motivo. La razón, me juego mi botella de Vega Sicilia, es dar un barniz de modernidad a sus novelas.

¿El argumento? Simple: Un hijo, que vuelve de Alemania porque su padre se muere, encuentra una carpeta en la que hay información sobre la reciente desaparición de un compañero de colegio de su progenitor. El hijo quiere saber quién es él mismo, quien fue su padre y, más importante, qué del uno define al otro. Si realmente hubo esa influencia mutua.

Hay cosas buenas:

1.- El final de la novela (pág. 165 a 192) Esto sí vale la pena leerlo. No lo destripo.

2.- Cómo el hijo ve a su padre y su relación con él:

Pág. 21

Yo pensaba que todo era un engaño de mi padre [su mala memoria], que era su forma de librarse de cosas que por alguna razón eran demasiado para él, y entre ellas me incluía a mí y a mis hermanos pero también a un pasado del que yo apenas sabía dos o tres cosas –infancia en un pueblo, carrera de políticas interrumpida, años de periódicos que eran como esos boxeadores que pasan más tiempo tirados en la lona que de pie y dando pelea, un pasado político del que yo no creía saber nada y del que tal vez yo no quisiera saber- que no hacían sospechar quién fue mi padre realmente, el abismo al que se asomó y como salió de él con la lengua fuera y pidiendo la hora.

Pág. 52

Me senté en la silla de mi padre y me puse a mirar el jardín, preguntándome cuántas horas había pasado allí y si había pensado en mí alguna vez en ese sitio.

En el libro de Pron sí tenemos una novela, aunque mala. No como en el caso de Alejandro Zambra: Mala también, pero no novela.

En la novela de Pron Lo malo pesa bastante más que lo bueno por eso, de 0 a 10, cuando a Zambra le pongo un 0, a Pron le doy un 3.

Patricio: Perdona que te compare con Alejandro Zambra.  De todos modos empezó Echevarría. Además a vosotros os gusta jugar a los grupitos, a las generaciones. Lo fomentáis. Pues tu novela, siendo menos mala que lo de Zambra, irá siempre –me temo- de la mano del “artefacto” del chileno. Por jugar a las pandillitas.

sssssssssssssssssssssssss

Perdónenme ustedes. Soy Josephine. La sargento acaba de quedarse dormida encima del teclado. Me temo que lleva una curda como un piano y la duerme. A la botella de ginebra le falta la mitad de su contenido y hay 5 latas de tónica abiertas encima de la mesa. Un consejo: quiten un 30% a los elogios y a los reproches. Yo no he leído el libro, pero pienso que Patricio es un chico tan majo que…

  • Te estoy oyendo, bruja. Sí, me he tomado unas copas. ¿Qué pasa?
  • Pero Margaret, el doctor dijo…
  • ¡Cállate! No me veía con fuerzas para meterme otro libro de estos chicos así, a palo seco. Además la Highsmith también escribía colocada y…
  • Margaret sigues borracha. Anda que compararte con la gran Patricia. Qué valor.

Viendo que la sargento ha vuelto a beber, les proponemos un coctel argentino.

COCTEL DE YERBA MATE

INGREDIENTES
▪ 1 litro de mate cocido.
▪ 2 vasos de vermouth seco.
▪ 1/2 vaso de coñac
▪ 8 cucharadas de azúcar.
▪ 1 vaso de jugo de naranja o limón.
▪ hielo granizado.
▪ limón en rodajas.

PREPARACIÓN
Filtrar el Mate Cocido y dejarlo enfriar en la heladera.
Una vez frío, batirlo ligeramente con el azúcar.
Mezclar con el vermouth, el coñac, y el jugo de naranja o de limón.
Servirlo con hielo granizado y rodajas de limón.

Nota para la editorial: Por error de imprenta o de ordenador, en la novela de Patricio Pron, la palabra “Rosario” siempre, a lo largo de todo el texto, aparece como “*osario”. En una improbable segunda edición del libro, por favor corríjanlo.

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ALEJANDRO ZAMBRA ESTÁ DESNUDO

¿Recuerdan la fábula del rey desnudo? Pues yo digo que Alejandro Zambra está desnudo. Lo dije ayer y lo repito hoy. Y ya puede venir Anagrama, el señor Herralde o la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana a decirme que está vestido con una traje elegante, moderno e innovador, que no me lo creo. Lo he visto con mis propios ojos: he leído su “novela” Formas de volver a casa.

Una novela puede gustar o no gustar. Es algo subjetivo. Pero cuando no hay novela, cuando se lee claramente que al autor ha fracasado en su intento (y además el propio escritor lo reconoce) y aun así publican un libro y lo llaman “novela”, entonces, señoras y señores, el rey está desnudo.

En la fábula citada lo que más me llama la atención no es la estupidez del rey ni lo espabilados que son los sastres. Lo que me deja llena de estupor y desesperanza es la cobardía de los vecinos.

En lo que tenemos entre manos, habrán ustedes comprendido que los vecinos son los integrantes de la crítica literaria oficial, el “equipo médico habitual”, como se decía cuando se estaba muriendo uno del que no quiero acordarme.

Hay diferentes razones por las que un crítico literario no dice la verdad:

1.- Por miedo.

2.- Por imitación.

3.- Porque “hay que apoyar a los jóvenes escritores”.

4.- Porque no se ha leído la novela.

5.- Por ser idiota.

6.- Por amistad.

7.- Para obtener un beneficio a cambio.

Carlos Botana

A continuación el Top 5 de las reseñas del libro de Zambra que más arcadas me han producido:

Nota: Las negritas son mías.

Número 5.

 J. A. Masoliver Ródenas. La Vanguardia. 22 de junio de 2011.

La novela tiene una estructura muysólida en un intento por contener y dar forma a la ambigüedad.

De la noche del terremoto de 1985 al de 2010 se tiende un puente sobre el vacío. En el pasado, el anónimo narrador nos cuenta su relación con Claudia, su tarea de espiar al tío de ella, ignorado las razones porque ella misma las ignora.

(…)

Y todo el esfuerzo del narrador está en “perseguir largamente imágenes esquivas y repasarlas con cuidado.

(…)

La mayor virtud del libro está, precisamente, en haber creado una intensidad narrativa (en lo político, en lo sentimental, en lo intelectual, en lo generacional) con una realidad que se nos escapa continuamente de las manos.

 Puntualizaciones: ¿novela con estructura sólida? Hay vacío pero no hay puente. ¿Esfuerzo? El único esfuerzo realizado fue el mío para terminar la novela.

 Número 4

Jordi Corominas i Julián, Revista de Letras, 3 de julio de 2011.

 El poeta chileno ha tejido una novela con una estructura admirable y un contenido asombroso por valiente, original y comprometido. Ojalá hubiera más como él, porque de nada sirve el virtuosismo sin ideas, de nada sirve rizar el rizo sin una melodía sólida que obligue al lector a esforzarse y dirigir su pupila a un lugar que trascienda la página cuando hemos cerrado el libro.

Puntualizaciones: ¿Qué estructura? ¿Comprometido con qué, Jordi? Lo que dices al final es cierto: Una vez acabado el libro necesitas buscar en otro sitio porque no has aprendido nada nuevo, nadie te ha contado nada sobre nadie.

 Número 3

J. Ernesto Ayala-Dıp, El Correo, 4 de junio de 2011.

 La novela es una investigación moral. Lo personal, lo subjetivo, no se libra de la maldición de la historicidad. El narrador bucea en su familia y en otras familias, buscando el hilo directriz que le de una explicación a tanta opacidad, a tantas responsabilidades históricas y políticas no asumidas, como si el país un hubiera pasado por un infierno.

(…)

Zambra nos deja una novela llena de interrogantes y silenciosos reproches.

 Puntuaizaciones: Sin comentarios. Para qué.

 Número 2

Lector Mal-herido 31 de mayo de 2011.

 (Aquí las negritas son de Albertito)

 Zambra, seguramente, es el autor más particular de su generación porque ha obedecido sin saberlo a mi diagnosis, que no es otra que entender la literatura de nuestros días como un servicio a la síntesis. Z. no sólo escribe cosas brevísimas, sino que en ellas ejecuta esquemas narrativos que incluyen la propia escritura, con lo que en 100 páginas de nada tenemos ya las dos caras de la postmodernidad, que no es otra cosa, en lo de los libros, que la pirueta formal de negar las formas.

Zambra, también aquí, tiene una prosa diamantina: porque es clara, porque es transparente, porque es simétrica, porque sus facetas son cortitas y porque su brillo le gusta a (casi) todo el mundo.

(…)

Y la novela está bien. Muy bien, si vols. Pero.

 Puntualizaciones: El príncipe nunca dirá que el rey está desnudo, no vaya a ser que los vecinos se den cuenta de que él también está en pelotas.

 Número 1. “An the winner is”:

Ricardo Piglia

 Un escritor notable, muy perceptivo frente a la diversidad de las formas.

 Puntualizaciones: Lo de Piglia no es propiamente una reseña. Es solo una frase. Piglia y Zambra son de la misma escudería y es bueno que el veterano ayude al joven. Herralde, en el sobre en que envió la novela de Zambra, le mandó una nota pidiéndole su opinión. Esta fue su respuesta y el editor la incluyó en la contraportada.

  • Margaret, ¿Qué significa “perceptivo frente a la diversidad de las formas»?
  • No tengo ni idea, Daphne. Es una frase aséptica y que suena bien. Con ella nunca nadie podrá recriminar a su autor que se equivocó. No se moja. ¿Se ha leído el libro el señor Piglia? No lo sé.
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ALEJANDRO ZAMBRA. ¡¡Vaya cebollo!!

Es tan fácil soñar un libro como difícil es hacerlo.

Honoré de Balzac

Estimado Alejandro:

He leído tu última “novela”, Formas de volver a casa, y me ha defraudado. A continuación, más abajo, detallo los motivos. No había leído nada de lo que has escrito hasta ahora, ni siquiera las reseñas de tus libros. Si es verdad que, por poco atenta que una esté al ruido literario en castellano, era difícil no enterarse de los elogios que se hacen de tu obra. Aun así creo que mi lectura ha sido equilibrada pues a los abundantes piropos, que me suelen predisponer en contra, unía las ganas de descubrir un buen escritor joven en español y la ilusión con la que siempre abro un libro.

Quiero decirte -porque parece que no estás enterado- que muchos autores han tirado a la basura novelas fallidas de cientos de folios (antes) o borrado archivos en “Word” de cientos de páginas (hoy). Cuando un escritor se da cuenta de que no le sale la novela que había pensado, lo que debe hacer es borrar lo escrito o archivarlo para volver a intentarlo cuando tenga más experiencia o cuando se le pase la empanada mental que puede estar afectándole en ese momento.

Tu intención era buena pero has sido incapaz de plasmarla sobre el papel, lo que significa que no tenías, no tienes, nada. Una buena idea y cuatro frases ingeniosas no forman una novela. Si esa idea se desarrolla, se trabaja –cosa que no haces-, entonces si podemos tener una novela. Esa novela será buena o mala dependiendo de cómo sea el trabajo de su construcción. Lo malo es que no has edificado nada. Por eso no tienes nada. Me gustaría conocer al editor que dio el visto bueno a lo tuyo. Me resisto a creer que el señor Herralde haya leído esto.

Terminado tu “libro” me acordé de la historia de un pintor que intentaba ser tan sutil, pretendía que su pintura fuera tan limpia y su pincelada tan suave, que su pincel nunca llegaba a tocar el lienzo. Tenía su estudio lleno de cuadros totalmente en blanco. Eso, o casi, has hecho tú con tu “novela”. El pintor era un gilipollas. Tú, me imagino, solo eres un moderno. Una pena.

La sargento Margaret

Barcelona, 8 de agosto de 2011.

QUINCE EUROS

16 de julio de 2011. Aeropuerto de Barajas, 11:30 h. Acabo de facturar la maleta y tras buscar sin resultado en mi insondable bolso El doctor Zhivago (Galaxia Gutemberg, 2010. Traducción de Marta Rebón), libro que con placer leo este verano, caigo en que lo he metido en la maleta o lo he olvidado en el hotel. No tengo nada para leer y me esperan 10 horas de viaje. En la tienda de prensa y libros del aeropuerto veo la última “novela” de Alejandro Zambra, Formas de volver a casa , (Anagrama 2011. 164 páginas) y me acuerdo de que me comprometí con uno de mis queridos anónimos a leerla y a comentarla. Además Carlos Gonzalez Peón, de La Medicina de Tongoy dice que este autor vale la pena. Yo respeto mucho la opinión de Carlos.

Me gasto 15 Euros en el “libro” de Zambra (¡15€!, señor Herralde. ¡15€!, señor Feltrinelli) y, lápiz en mano, me sumerjo en su lectura.

ARGUMENTO E INTENCIONES

La “novela” cuenta la historia, o mejor, pretende contar la historia de un niño chileno al que, durante la dictadura de Pinochet, una niña, Claudia, encarga que investigue los movimientos de un vecino, Raul. Luego resulta que ese vecino no se llama Raul sino Roberto y es en realidad el padre de Claudia. Roberto se ha quedado con la identidad de su hermano Raul para esconderse de la policía. Años después el niño es un escritor que intenta escribir una novela y que se ha separado de su mujer. Al tiempo se encuentra con Claudia y se lían. De fondo están las discusiones que este escritor, de izquierdas y anti Pinochet, tiene con sus padres que, como muchos chilenos, no se metieron en política durante los años de la dictadura.

–          Muy bonito, Margaret. Ya has destripado el argumento.

–          Mira Samantha: No he destripado nada porque, sencillamente, no hay nada que destripar. Está muy feo contar el final de un libro si el autor se ha preocupado de construir una trama, pero en este caso no es así.

Hay un fragmento del libro (página 150) en el que Zambra nos explica con un ejemplo lo que pretendía hacer con este libro. No lo ha conseguido:

De niño me gustaba la palabra apagón. Mi madre nos buscaba, nos llevaba al living. Antes no había luz eléctrica, decía cuando encendía las velas. Me costaba imaginar un mundo sin lámparas, sin interruptores en las murallas.

Esas noches nos permitían quedarnos un rato conversando y mi madre solía contar el chiste de la vela inapagable. Era largo y fome, pero nos gustaba mucho: la familia trataba de apagar una vela para irse a dormir pero todos tenían la boca chueca. Al final la abuela, que también tenía la boca chueca apagaba la vela untándose los dedos con saliva.

Mi padre celebraba también el chiste. Estaban allí para que no tuviésemos miedo. Pero no teníamos miedo. Eran ellos los que tenían miedo.

De eso quiero hablar, de esa clase de recuerdos.

La anécdota del chiste nunca debió salir del diario de Alejandro Zambra. No tiene interés literario. Y lo del miedo es un ejemplo de las numerosas frases ingeniosas que pueblan este “libro”. En este trozo queda clara la intención de Zambra, y la idea es buena. Lo malo es que no consigue llevarla al papel. Así es toda la “novela”: Una anécdota intrascendente acompañada de una frase feliz. Así una y otra vez.

OTROS ESCRITORES

En esa misma página, la 150, y en la 151 cita tres frases (de Tim O´Brien, Natalia Ginzburg y Romain Gary) que describen, una vez más, lo que quería hacer. Pero, repito, no lo hace. Puede que porque no sepa.

La frase de Romain Gary es genial, lo mejor de la “novela”. Lo tenía fácil:

No sé hablar del mar. Lo único que sé es que me libra al momento de todas mis obligaciones. Cada vez que lo miro me convierto en un ahogado feliz.

Despues de citar a Natalia Ginzburg, escribe Zambra: “Habría que se capaz de eso. O de quedarse callado, simplemente.” Aquí me cabreo y mucho. ¿El autor se sabe incapaz de escribir lo que quiere y aun así lo publica? Espero que esto solo sea una conclusión errada de vieja chocha. Porque si es así, sería muy grave.

En verso lo tiene claro, pero es incapaz de pasarlo a novela:

Pág. 152

Es mejor no salir en ningún libro

Que las frases no quieran abrigarnos

Una vida sin música y sin letra

Y un cielo sin las nubes que hay ahora

Parece que Zambra nunca debió salir de la poesía.

Quiere Zambra escribir la novela de los personajes secundarios, los niños en este caso, de la época de la dictadura chilena. Pero los hace tan secundarios, que no los hace. Hay escritores especialista en contar vidas en segundo plano y lo hacen bien, muy bien. Recomendamos a Zambra Verano y amor, el libro de William Trevor que acaba de publicar Salamandra. En su reseña en Babelia del libro de Trevor, Alberto Manguel escribe:

…contar lo nimio como si fuese de una importancia vital, y dejar que pequeños gestos, palabras apenas dichas, amagos, sospechas e intenciones sirvan para llevar adelante la insinuada acción.

Eso quería hacer Zambra, pero no le ha salido.

Otro autor que consigue lo que quiere hacer Zambra es Alessandro Baricco. El italiano escribe de forma concisa. Con tres palabras (además de con mucho talento y mucho esfuerzo) es capaz de contar lo que otros necesitan desarrollar en decenas da páginas. Un ejemplo de Seda:

Pag. 11:

Gozaba discretamente de sus posesiones y la perspectiva, verosimil, de acabar siendo realmente rico lo dejaba completamente indiferente. Era, por lo demás, uno de esos hombre que prefieren asistir a su propia vida y consideran improcedente cualquier aspiración a vivirla.

Habrán observado que son personas que contemplan su destino de la misma forma en que la mayoría acostumbra contemplar un día de lluvia.

Se habrán dado ustedes cuenta de la diferencia entre Zambra y Baricco, ente Seda, una gran novela de 125 páginas y Formas de volver a casa, una “novela” de 164 páginas.

Para conseguir esto, Baricco se esfuerza y rompe muchos folios o borra muchos archivos.

Pero, como ya he dicho en este blog, estos chicos, los jóvenes grantas, tienen otras cosas más interesantes que hacer.

FRASES INGENIOSAS

Si usted señor/ra lector/a lee lo que le acabo de contar, hace unos párrafos, sobre el argumento y luego las cuatro frases ingeniosas que Zambra espolvorea sobre su escrito, y que yo le copio a continuación, ya ha leído la novela y no hace falta que se gaste los 15€. Ahí van las frases o párrafos felices:

Pág. 54:

Nuestro problema fue justamente ése, que no mentíamos. Fracasamos por el deseo de ser honestos siempre.

(…)

La sola idea de imaginarte con alguien más me resulta intolerable, le dije, y nos costó, después, rellenar ese silencio.

Pág. 73:

Los padres abandonan a los hijos. Los hijos abandonan a los padres. Los padres protegen o desprotegen pero siempre desprotegen. Los hijos se quedan o se van pero siempre se van.

Pág. 95:

En Vermont no me dan ganas de fumar, pero llego a Chile y fumo como una loca, dice Claudia. Es como si Chile me resultara incomprensible o intolerante sin fumar.

Pág. 99:

 Aprender a contar su historia como si no doliera. Eso ha sido, para Claudia crecer: aprender a contar su historia con precisión, con crudeza. Pero es una trampa ponerlo así, como si el proceso concluyera alguna vez.

Inciso: Esta frase está muy bien. Después de leerla me esperancé. Pensé que a pesar de haber desperdiciado el 65% de las páginas de la “novela”, la historia podía remontar. No lo hizo.

Más frases ingeniosas:

Pág. 111:

De alguna manera fantaseaba con este final: ella cuidando a mi padre hasta el último momento y yo regresando deprisa, llena de culpa, para su funeral.

Pág. 112:

…papa tuvo que elegir a cuál de sus hijas joderle la vida. Y la eligió a ella. Y yo me salvé.

Pág. 115:

No preguntábamos para saber, (…) preguntábamos para llenar un vacío.

Pág. 127:

…viejos álbumes de fotografías familiares. Para eso sirven esos álbumes, pienso: para hacernos creer que fuimos felices cuando niños. Para demostrarnos que no queremos aceptar lo felices que fuimos.

Pág. 138:

Es como si hubiéramos presenciado un crimen. No lo cometimos, solamente pasamos por el lugar, pero arrancamos porque sabemos que si nos encontraran nos culparían. Nos creemos inocentes, nos creemos culpables: no lo sabemos.

Con frases como la última, un lector descuidado puede pensar que está leyendo una buena novela. Estas frases no son más que fuegos artificiales. Recomiendo a quien tenga una buena opinión de esta novela, que la vuelva a leer a la luz de esta reflexión. Quiten las frases felices y ya me dirán lo que queda.

MATAR A LA MADRE

En dos momentos de la novela el autor repite la misma escena casi con las mismas palabras. No es un error, es totalmente intencionado: La madre, en la página 80, le pregunta a su hijo, escritor, su opinión sobre Carla Guelfenbein escritora chilena de mucho éxito. El protagonista (claro alter ego del autor) dice que no le gusta y que no entiende lo que ve su madre en una escritora que cuenta cosas de otra clase social. La segunda vez, la misma escena, la misma pregunta y respuesta de madre e hijo, ocurre en la página número 133, justo detrás del trozo en que el hijo acusa a los padres de ser culpables de los crímenes del dictador por no haber hacho nada, por no haberse definido. No hace falta ser muy inteligente para deducir que Zambra acusa a la Guelfenbein de no haberse mojado políticamente. Aquí el autor chileno cae en el típico oportunismo del joven escritor que matando al padre literario (en este caso la madre) intenta hacerse un hueco en la cima cogiendo un atajo en lugar de ganárselo a pulso con su prosa. A Carla Guelfenbein la edita Planeta en España. Seguro que esto habrá puesto cachondo a Herralde: La derecha edita a la Guelfenbein y yo edito a los jóvenes y rojos cachorros que le muerden los tobillos. Anagrama, la  guarida de los progres, el último refugio de los jóvenes airados. De verdad, qué cansada estoy de tanta propaganda para idiotas.

Yo he leído el libro de Carla Guelfenbein que Planeta editó en 2009, El resto es silencio, y me gustó. Se podrá discutir sobre su calidad literaria, pero claramente su autora trabaja los personajes, y los sentimientos de estos, mucho mejor que Zambra. Le da mil vueltas.

PERSONAJES

La “novela” que estamos analizando plantea asuntos: el alcoholismo y la afición al juego del abuelo del protagonista, la relación entre las hermanas Claudia y Ximena y de estas con su padre, el amor entre el protagonista y su mujer, la relación ¿amorosa? entre el protagonista y Claudia, pero no desarrolla ninguna de ellas. El autor quiere pasar tan de puntillas que nos deja continuamente con las ganas de saber porque ocurren las cosas y las consecuencias de esos acontecimientos.

Pienso, claro, que para desarrollar esos asuntos o temas que cito en el párrafo anterior debería el autor haber previamente definido a los personajes. Si mi compañero de butaca en el avión me hubiera pedido que le contara como es el personaje que más me había interesado de la “novela” no hubiera sabido que decirle. ¿Cómo es Claudia? Solo sé lo siguiente de ella: De pequeña le contaron que su padre ya no se llamaba Roberto y en un terremoto descubre donde vive su padre y le pide a un niño que lo vigile y le cuente. Luego se marchó a EEUU. A la muerte del padre vuelve a Chile y se lleva mal con su hermana pues esta no quiere vender la casa. Es consciente de que ha tenido más suerte en la vida que su hermana pero no sabe si sentirse culpable por ello. Se acuesta con el escritor protagonista y le gusta ver las fotos familiares de este. Nada más. ¿Me interesa este personaje? No lo sé. No tengo datos.

Podría ocurrir que los chicos y chicas que hoy tienen entre 25 y 35 años sean tan planos como los personajes que describe o intenta describir Zambra. Si eso es verdad -yo desde mi provecta edad puedo haber perdido la perspectiva para percibirlos en su realidad- entonces lo entiendo todo y comprendo que los autores en español de esa edad escriban como escriben.

Me niego a aceptar que lo que he escrito en el párrafo anterior sea verdad.

GRACIAS ALEJANDRO

Hay una cosa que debo agradecer a Zambra y es la sinceridad con la que reconoce su coitus imterruptus, es decir su “novela”. No te preocupes, Alejandro, ser impotente no es tan grave. Te lo dice una mujer:

Pág. 119:

…recuerdo alguna historia o cientos de historias sobre ese tiempo, pero me siento un poco tonto, me parece que todo lo que puedo contar es intrascendente.

Pág. 155:

Abandonamos un libro cuando comprendemos que no estaba para nosotros. De tanto querer leerlo creímos que nos correspondía escribirlo.

Pág. 161:

Alejo y acerco al narrador. Y no avanzo. No voy a avanzar. Cambio de escenarios. Borro. Borro muchísimo. Veinte, treinta páginas. Me olvido de este libro. Me emborracho de a poco, me quedo dormido.

Y luego, al despertar, escribo versos y descubro que eso era todo: recordar las imágenes en plenitud, sin composiciones de lugar, sin mayores escenarios. Conseguir una música genuina. Nada de novelas, nada de excusas.

Ensayo borrarlo todo y dejar que prevalezca este ritmo, estas palabras: (a continuación el autor mete un poema)

Acabáramos, Alejandro. A tres páginas del final reconoce el autor que no ha podido escribir su novela. Entonces ¿Por qué c… he pagado yo 15€ por una “novela”?

Alejandrito, príncipe, dedícate a la poesía, o a los aforismos o a la dipsomanía directamente. Pero deja la narrativa. Porfa.

Debo agradecer otra cosa más al autor: La lectura de su novela me fue facilísima. Nunca tuve que leer dos veces un párrafo y en ningún momento me sentí interpelada sobre cuestiones éticas o políticas. En ningún caso tuve dificultad para entender la forma de pensar de los personajes. Acostumbrada como estaba a agobiarme con el doctor Zhivago a causa de su sentimiento de culpa (lo dejé en la página 400 atrapado entre dos amores, Lara y su legítima) y sus dudas sobre el papel que un hombre debe desempeñar en una encrucijada histórica como la que vivió Rusia a principios del siglo XX, la lectura de Formas de volver a casa me ha relajado mucho.

CINCO COSAS SUELTAS

1.- Destaco, para terminar, el mal gusto y la poca oportunidad cuando en la escena que transcurre en una Iglesia escribe:

…enormes candelabros de los que caía la esperma de las velas nuevas o ya a punto de consumirse que solía llevar la gente para pedir milagros.

Me imagino que con este trozo Zambra intenta un guiño a perroflautas y progres anticlericales. Que hay que vender, oiga.

2.- En la página 106 Claudia lleva una camiseta que dice “Love sucks”. ¿A qué viene esto, Alejandrito? Si tuvieras lo que hay que tener, hubieras escrito de forma valiente sobre el amor, pero…Con mi lápiz escribí en el margen: “Este libro sucks”.

3.- Los diarios de Zambra se publicarán cuando, dentro de 20 años, le den el premio Nobel (que por el camino que lleva la literatura se lo terminarán dando). Seguro que tienen gracia.

4.- La “novela” tiene nueve páginas buenas, de la 128 a la 136. En ellas se esboza el desencuentro entre la tibieza político/ética de los padres con la firme condena (a toro pasado) de la dictadura que hace el escritor protagonista.

5.- Un apunte para desarrollar en otro “post”: Siempre me ha intrigado el placer que encuentran algunos editores en hacer pasar una obra mala por buena. Pienso que debe ser producto de un ego malsanamente agrandado. Deben pensar (de forma retorcida, por supuesto) que si consiguen encumbrar a un mal escritor con una mierda de libro entonces ellos son grandes editores porque tienen tanta influencia que hacen bueno lo malo. Imagino a esos “editores” retorcidos como al Joker de Batman riéndose malvadamente después de haber engañado a todos los ciudadanos de Gotham City.

NUNCA MÁS

He gastado dos horas en escribir este texto y cuatro en leer la “novela”. No volveré a desperdiciar mi tiempo de esta manera. Estoy ya muy mayor y sé que me voy a morir (dentro de muchos años, claro) sin leer grandes libros. Si la narrativa joven en castellano resucita, no me enteraré. No pienso volver a leer a estos chicos y chicas. Adiós.

En los veranos de mi infancia, en el pueblo de Murcia donde nacieron mis padres, todos los sábados Estanislao, un agricultor un poco más espabilado que es resto de los vecinos, proyectaba en un improvisado cine al aire libre las películas que a duras penas se conseguían en aquella época. Cuando la película era buena, solo se oía el ruido de las pipas de girasol al partirse. Pero si era mala, a los treinta minutos de metraje más o menos, se oía la voz de algún lugareño que gritaba alargando las vocales: “Estanislao, ¡Vaya cebollo!”. Pues eso: Alejandro, ¡Vaya cebollo!

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LA NO ENTREVISTA CON V.S. NAIPAUL EN BABELIA

Que V.S. Naipaul es un cerdo maleducado, misógino y egoísta es algo que ya sabemos todos los que tenemos un mínimo de interés por el mundo editorial. Que los suplementos culturales de los periódicos españoles son cada día de peor calidad es algo que sufrimos todos los españoles aficionados a la literatura desde hace muchos años. Es por esto que una se cansa de repetir siempre lo mismo. Pero para eso estamos aquí. Para eso abrimos este blog que nos da más disgustos que alegrías: Para defender el libro y sus lectores de las fuerzas del mal. ¡No pasarán!

La chorrada (porque no se la puede llamar de otro modo) que Babelia publicó hace dos semanas es una de las más grandes faltas de respeto al lector  que he visto con estos mis ojos en los 60 años que llevo juntando la m con la a.

Si un entrevistado no responde o lo hace solo con monosílabos directamente no tengo entrevista y no la público, claro. Y menos en portada. Señores de Babelia: ¿hasta dónde van ustedes a bajar el listón del periodismo cultural con tal de sobrevivir? ¿No es mejor morir con dignidad que arrastrarse como vulgares gacetilleros de la peor época del Pronto o del Lecturas?

El 23 de julio se perpetra la publicación de la no-entrevista que Walter Oppenheimer (corresponsal político de EL PAIS en Londres) le hace al permio Nobel de literatura V.S. Naipaul.

Primer error: EL PAIS (que no sabemos qué tipo de arreglo tenía con la editorial Mondadori que es la que publica los libros de Naipaul en España) envía al corresponsal político en la ciudad, no a un periodista de la sección de Cultura. Se ahorran un billete Madrid-Londres, eso sí.

Segundo error: El periodista no se ha leído el último libro del entrevistado, La máscara de Africa. Si se lo hubiera leído hubiera bastado que sacara alguno de los asuntos en él tratados para reconducir la entrevista una vez que el maleducado escritor se cierra en banda. El periodista insiste estúpidamente en preguntarle por qué ha escrito sobre África. Oppenheimer se ha leído los artículos y las reseñas de la prensa británica, pero no el libro.

Tercer error: Con un entrevistado de mala uva y fastidiado por el hecho de que le manden a alguien que no conoce su obra, va el periodista y le pregunta si el reconocer de forma pública sus relaciones con prostitutas fue producto de su sentimiento de culpa por como trató a su primera y ya fallecida mujer. Lo dicho: Babelia a la altura del Pronto. El escritor responde que nada de cuestiones personales. Ahí Naipaul estuvo hasta educado. Oppenheimer merecía que lo hubiera mandado a la mierda.

Cuarto error: En este caso de la editorial. Gracias a la entrevista me entero (es de lo único nuevo de lo que me entero) de que la editorial ha traducido mal el título del libro. En Inglés es The masque of Africa. Naipaul explica:

Masque es una palabra del siglo XVIII que significa una obra, no una obra normal sino una obra con un poco de música, y texto. Pensé, La masque de África, la obra de África. Es masque, no mask, que significa la máscara que uno se pone. Masque es una especie de obra. Una obra.

Al final, cuando termino de leer, resulta que solo he conocido lo que el periodista opina del escritor. Un periodista que no ha leído sus libros y que solo conoce los cotilleos que sobre Naipaul han salido en la prensa. Las preguntas son de 4 líneas y las respuestas de una, o ninguna, palabra.

Por suerte, debajo de esta no-entrevista puedo disfrutar de la reseña, El sentido de la vida y de la muerte, que del libro hace un profesional, J. M. Guelbenzu. Según el crítico y novelista el libro es una maravilla. Ya ven, con Naipaul ocurre todo lo contrario que con los jóvenes escritores en español. A Naipaul no le gusta ser entrevistado, pero sin embargo escribe como dios.

Lo mejor de la no-entrevista:

P. Sé que no quiere hablar de Pat (su primera mujer ya fallecida) y todo eso, pero mi pregunta no iba orientada en ese sentido. Eso son cosas del pasado. Lo que quería es saber si es un gesto de contrición el hecho de que usted admitiera en público algo que le avergonzaba o el hecho de que estreche la mano a una persona con la que ha tenido un desacuerdo.

R. No entiendo lo que me está diciendo.

P. ¿Podemos interpretar como una confesión de estilo católico, como una contrición, esa admisión de los propios errores, como si fueran pecados, al decir en público algo que es muy privado y aceptando la responsabilidad de ello?

R. ¿El qué es muy privado?

P. Su vida, su relación con Pat, el hecho de que le guste o no ir con prostitutas.

R. Le he dicho que no hablaríamos de eso.

P. No intento hablar de eso, intento plantearle si está usted evolucionando hacia…

R. Creo que es mejor que llamemos a mi mujer. Ella va a afrontar algunas de sus preguntas.

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TIRE ESE LIBRO A LA PISCINA

Es muy difícil explicar por escrito lo que es la buena literatura, pero a veces un ángel viene y nos lo recuerda.

Ayer, con motivo del 50 aniversario del suicidio del escritor Ernest Hemingway, el suplemento cultural llamado Babelia (El País) incluía un gran artículo del novelista y periodista  Colm Tóibín, (Irlanda 1955) autor, entre otras, de Brooklyn (RBA, 2010). El artículo se titula Secretos de Hemingway y nos explica con  pocas palabras lo que el premio nobel quería conseguir con su prosa. Nos desmenuza Tóibín la forma en un buen escritor. Eso que tan sencillo parece pero tan difícil es conseguir:

En un fragmento eliminado de su relato El gran río de los dos corazones, Ernest Hemingway escribía a propósito de su alter ego: «Quería escribir como pintaba Cézanne. Cézanne empezaba por emplear todos los trucos. Luego lo descomponía todo y construía la obra de verdad. Era un infierno… Quería… escribir sobre el campo de forma que quedase plasmado como había conseguido Cézanne con su pintura… Le parecía casi un deber sagrado». En su remembranza de sus primeros años en París, París era una fiesta, Hemingway escribió también sobre la influencia que había tenido en él el pintor francés cuando estaba aprendiendo su oficio: «Estaba aprendiendo de la pintura de Cézanne algo que hacía que escribir simples frases verdaderas no fuera suficiente, ni mucho menos, para dar a los relatos las dimensiones que yo quería darles. No sabía expresarme lo bastante bien como para explicárselo a nadie. Además, era un secreto».

El secreto estaba en las pinceladas de Cézanne, cada una abierta y de textura visible, con repeticiones y variaciones sutiles, cada una llena de algo parecido a la emoción, pero una emoción profundamente controlada. Cada pincelada trataba de captar la mirada y retenerla y, al mismo tiempo, construir una obra más amplia, en la que había riqueza y densidad, pero también mucho de misterioso y oculto. Eso es lo que Hemingway quería hacer con sus frases. Después de contemplar la obra de Cézanne por primera vez en Chicago, luego en los museos de París y en casa de su amiga Gertrude Stein, lo que deseaba era seguir el ejemplo de esta última y escribir frases y párrafos a primera vista simples, llenos de repeticiones y variaciones extrañas, cargados de una especie de electricidad oculta, llenos de una emoción que el lector no podía encontrar en las propias palabras, porque parecía vivir en el espacio entre ellas o en los repentinos finales de algunos párrafos determinados.

Así, en París era una fiesta, Hemingway pudo escribir: «Pero París era una ciudad muy antigua y nosotros éramos jóvenes y nada era fácil, ni siquiera la pobreza, ni el dinero repentino, ni la luz de la luna, ni el bien y el mal, ni la respiración de la persona que yacía junto a ti bajo la luna». En esa frase consigue manifestar muy poco pero sugerir mucho; en el original inglés, de las 41 palabras, 27 son monosílabas. Eso hace que el lector se sienta cómodo, como si se estuviera diciendo algo sencillo. Sin embargo, está claro, por la puntuación y las variaciones de la redacción, que nada era fácil, sino que era, en gran parte, ambiguo y casi doloroso. En vez de decirlo, Hemingway logra ofrecer la impresión, alivia al lector con la dicción pero luego le sacude con los cambios de tono y significado dentro de cada oración.

La teoría es dejar que el escritor sienta y plasme ese sentimiento en la prosa, lo entierre en los espacios en blanco entre las palabras o entre los párrafos. Así el lector lo siente con más intensidad, porque no le llega como mera información, sino como algo mucho más poderoso. Le llega como ritmo, y le llega con tanta sutileza que la imaginación del lector se dedica por completo a capturarlo con toda su incertidumbre y su peculiaridad. Es decir, tiene un efecto más próximo al de la música, aunque las palabras conservan su significado. Contrapone la estabilidad de significado al misterio del sonido silencioso.

Esta idea de que, al escribir prosa, lo que se deja fuera es más importante que lo que se incluye inspiró de forma esencial el método de Hemingway como novelista y autor de relatos, hasta tal punto que algunas de sus obras posteriores parecen parodias de ese método, o una elaboración demasiado abierta del sistema que había desarrollado. Ahora bien, en sus mejores ejemplos, el sistema podía obrar milagros.

Si usted es de los que continua pensando que la nueva literatura en español vale la pena, le propongo un experimento:

1.- Vuelva a leer este fragmento que Tóibín destaca del libro de Hemingway. (1)

«Pero París era una ciudad muy antigua y nosotros éramos jóvenes y nada era fácil, ni siquiera la pobreza, ni el dinero repentino, ni la luz de la luna, ni el bien y el mal, ni la respiración de la persona que yacía junto a ti bajo la luna».

2.- Coja la novela que más le haya gustado en los últimos 5 años de un autor joven que escriba en español.

3.- Abra al azar la novela en 5 ocasiones (más de 5 veces no lo intente, porque puede que se quede sin páginas) y busque una frase que le sugiera algo más que lo que se puede leer juntando las palabras. Busque un tozo en el que encuentre un ritmo, un tono que lo lleve a otro sitio a otra época, que lo haga pensar, que lo incite a imaginar.

4.- Si no encuentra en esa novela elegida por usted nada de lo anterior coja el libro y, como hacía Don Francisco Umbral con las novelas de las jóvenes promesas que le defraudaban, tírelo a la piscina. Si no tiene piscina, tírelo a la basura. El efecto en su espíritu no será tan intenso, pero vale.

5.- Una vez que se haya librado del libro, métase en la ducha y deje que el agua fría corra por su cuerpo durante al menos 10 minutos. El agua, cuanto más fría mejor.

6.- Coja de su librería un libro de un buen escritor. Uno de verdad. Si tiene a mano Dostoievski, Tolstoi, Flaubert, o Stendhal, mejor. Pero también valen los locales: Cela, Torrente Ballester, Muñoz Molina, Baroja…

Le garantizo, si usted es de verdad un buen lector de  novela, que sentirá una sensación de bienestar intelectual cercana al placer físico.

De nada.

(1)   Que conste que Hemingway, siendo un gran escritor, no es de los mejores. Es decir: no hemos puesto el listón en lo más alto.

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