El arte tiene esta grandeza particular: no tolera la mentira.
Anton Chéjov
Biopsia y metástasis son dos palabras bonitas. No son para tirar cohetes, pero a mí me gustan. Están llenas de Verdad. Cuando me concentro en ellas recuerdo aquel gran tobogán, la sensación en el estómago. Solo que ahora no estará mi madre esperándome al final. (…) “Hombre, Antonio, si dejas de fumar y de beber puedes vivir unos meses más.” No tienen ni puta idea. Miles de años de Medicina y siguen sin saber nada. Cómo se atreve nadie a llamarse “oncólogo”. Esa es una palabra fea, está llena de Mentira. (…) Que deje de beber, qué cachondo. Y cómo quiere que me enfrente a diario con toda esta mierda. Cómo hago para levantarme cada mañana sabiendo que todo, incluso el amor, es mentira. (…) Soy un egoísta, vale, lo sé. Pero no soy el líder de la clasificación, estoy a mitad de tabla. (…) Me revienta ver llorar a Carmen. Mira que se lo dije. Que POR FAVOR no echara la lagrimita delante del médico. Pero a ella le encanta. Por eso me jode. No sufre por mí. Llora porque disfruta regodeándose en el sentimiento de tristeza, aunque en el fondo no la sienta. A aquellas plañideras que se contrataban en los pueblos para los funerales no debían de haberles pagado. Estoy seguro de que lo hacían encantadas, no era ningún esfuerzo. Todo es mentira. (…) Dice el puto indio que mi última novela lo ha defraudado. Toma, y a mí. Si supiera quién la ha escrito…
-Querido amigos, por favor, un poquito de silencio… gracias. Un año más tengo el honor de presidir el jurado del Premio MILHOJAS de Novela que de nuevo –y espero que por muchos años- patrocina la editorial IMPERIO. Este año hemos recibido 3.453 manuscritos. Se trata de la cantidad más alta de aspirantes desde que hace 23 años comenzó su andadura este premio del que hoy nos sentimos honrados y honrosos miembros del jurado. Debe ser que la crisis ha puesto a escribir a más de uno que hasta hoy no sabía que fuera escritor. Quién sabe, lo mismo entre ellos tenemos el futuro premio Nobel de 2030. Je, je, je.
Este tío cada año es más gilipollas.
-Os he convocado a esta comida para haceros entrega de los cuatro manuscritos que nuestro comité de lectura ha seleccionado después de un ímprobo y arduo trabajo. (Este año, por la crisis, el equipo se ha quedado reducido a cuatro personas y han tenido que leer más de 800 manuscritos cada uno). Como os decía os voy a entregar… Antonio, ¿estás bien?
¿Qué ha pasado? Ah, sí, que he tirado la copa de vino. Mi pantalón está mojado. Todos mirándome. Carmen diría que ahora puedo estar contento, que ya está toda la habitación pendiente de mí. “Pobre alcohólico”, piensan. La maricona cursi ya ha elaborado el titular en su mente: “La mejor carrera literaria del último siglo ahogada en un vaso de whisky de Malta”. Míralo, cada día se parece más a Elton John. Seguro que anoche lo pusieronmirandoalameca y por eso tiene esa pinta de gallina clueca. Pero yo tengo cinco libros buenos, él ni uno. Cómo hacerse un nombre en la literatura gracias a la explotación de tu homosexualidad y al partido socialista. Así se llama esto. (…)Y la otra. Qué cara de palo se le ha puesto. Cuántas veces se habrá operado. Follaba bien, eso sí. Así lo ha conseguido todo, con el coño. Vaya mierda de libros que está sacando. Son tan malos como el último mío. Tiene razón el puto indio. (…) La cagué cuando me separé de Merche. Ella sí me quería. Y mi madre. (…)
-Como os decía, tenéis que leer estos cuatro manuscritos, todos ellos firmados con seudónimo, que según el comité de lectura han sido elegidos por los siguientes motivos (perdonadme que os lo lea): por su innovación, valentía en el uso del lenguaje, análisis crítico de la sociedad y por la profundidad psicológica de sus personajes. Os puedo manifestar, lleno de satisfacción, que este año ninguno de los preseleccionados trata sobre la guerra civil española. Je, je, je.
“Para lo que me queda en el convento, me cago dentro”. Otra vez esa frase. Por otro lado supongo que lo correcto es irse con dignidad. Pero, qué dignidad. ¿Estaría Philip Roth aquí sentado escuchando al imbécil este si supiera que le quedan seis o siete meses? (…) No me voy de este mundo sin darle dos hostias bien dadas al cabrón de Carlos. “Yo no soy tu agente, soy tu madre”, repite y repite. Con qué derecho se compara con mi madre. Lo que me habrá robado.
-En tres semanas nos volveremos a reunir, en esa ocasión para cenar, y elegiremos a la flamante novela ganadora. Seguro que la elección será complicada y, como todos los años, discutiremos hasta el último minuto. Je, je, je.
-¿Puedo decir una cosa?
-Por supuesto, Antonio. Tú eres el decano de nuestro jurado. Si no recuerdo mal, ya en el año 93 formaste parte de este selecto grupo de sabios literarios. Tu nombre da prestigio a este premio y a nuestra editorial. Tú eres…
-¡¿Te puedes callar de una puta vez?!
-Sí, Antonio, perdona.
-Hace tres semanas recibí un email de Cuauhtémoc Rivera, un profesor de bachillerato de Cerritos, una ciudad del centro de Méjico. Adjuntaba un archivo con su novela, la que este año ha presentado por quinta vez al premio. Cuauhtémoc, después de leer varios blogs, desconfiaba de que su novela fuera a ser ni siquiera leída y me pedía, con un “nada tengo que perder”, que la leyese. Lo he hecho y me ha parecido cojonuda. Compruebo que no está entre los preseleccionados y considero que deberíais leerla. Os he preparado un “pendrive”. Aquí lo tenéis.
-Querido Antonio: te ruego que me disculpes pero esto que estás haciendo contraviene las normas. Es únicamente el comité de lectura el facultado para incluir manuscritos en la preselección y considero…
-¡¡Que te calles, lameculos!! Todos sabemos qué tipo de ES-CRI-TOR está detrás de los estúpidos nombres ficticios con que firman los preseleccionados. ¿Está entre los cuatro la presentadora con cara de comepollas a la que habéis reescrito en 99% de SU novela? Seguro que no falta en ese grupo de elegidos el valeroso reportero de guerra que se ha hecho famoso por contar la última contienda internacional desde el bar de un hotel de cinco estrellas. Y me apuesto los cojones a que una de las candidatas es hija de un “filósofo” de la autoayuda con el que nuestra querida editorial se está forrando a base de colocar libros a las marujas menopaúsicas. Además te recuerdo que en el año 2002, o 2003, a última hora, se metió en la terna la novela de un ex ministro que terminó siendo la ganadora.
-Antonio, por favor, cálmate. Voy a pedir que te traigan un poco de agua.
-Mejor que le traigan una ducha fría.
-Te mandaría a tomar por culo, pero por motivos obvios no lo voy a hacer. Dime tú, maricona de mierda, cuándo fue la última vez que leíste una novela preseleccionada. Cuando nos volvamos a reunir, nuestro presidente –como todos los años- nos dirá cuál es su candidata y todos entenderemos que esa es la que a la editorial le interesa, la que mejor se va a vender. Luego recibiremos en casa el libro premiado y, para no vomitar ante su presencia, se lo regalaremos a la criada, que es lo que yo hago desde hace más de 10 años.
-No estoy dispuesto a seguir aguantando los insultos homófobos de este viejo dipsómano. Esta tarde tengo que dar una charla en el Círculo de Bellas Artes sobre la generación Nocilla. Me marcho.
-¡¡Sentaos todos, coño!! Cuauhtémoc Rivera, el puto indio, ha escrito, con sus santos cojones, una novela valiente de verdad. Y lo es, precisamente, porque cumple todo eso que tú, lameculos, acabas de decir. La novela del puto indio hace una crítica muy inteligente (al tiempo que mordaz) a la sociedad en la que vivimos (en la que vive él y en la que vivimos nosotros). Sin perder nunca de vista la psicología de los personajes y la trama, retuerce el lenguaje y la estructura para ponerlos al servicio del argumento. Tenemos la ocasión de leer y de premiar una novela que de verdad merece ser destacada como la mejor. Y de ese modo conseguiremos que un buen escritor deje de perder el tiempo desasnando a futuros narcotraficantes y dedique su tiempo a sacar toda la buena literatura que tiene dentro.
-Antonio, cariño, estás muy mal.
-Cuidateeee, Antoñito.
-Te voy a pedir un taxi, Antonio. ¿O prefieres que llame a Carmen para que venga a por ti?
-Antonio, te lo digo con todo el cariño que sabes que te sigo teniendo: no sigas bebiendo, te vas a matar.
-Bueno, ya sabéis. Nos volvemos a ver en esta sala dentro de tres semanas para elegir al ganador. Feliz lectura. Je, je, je.

Estimado don Antonio:
Mi nombre es Cuauhtémoc Rivera. Soy profesor de segunda enseñanza en el Instituto Pancho Villa de la ciudad de Cerritos, cerca de San Luis Potosí, en Méjico. Le ruego que disculpe el atrevimiento que supone ponerme en contacto directo con usted. Lo hago por un motivo importante, al menos, para mí.
Hace cinco años, después de leer su segunda novela, decidí que iba a ser escritor. Fue usted, a través de sus libros, quien me inoculó el veneno de la literatura. Su última novela me ha defraudado (perdóneme, pero usted me enseñó en sus primeros libros lo que es la sinceridad), pero las primeras son lo mejor que se ha escrito desde que García Márquez dio vida al coronel Buendía.
Después de leer en algunos blogs que la mayoría de los manuscritos que son enviados a los concursos literarios no salen ni siquiera del sobre postal y sabiendo que usted forma parte del jurado del premio MILHOJAS (al que me presento por quinta vez), he decidido, me he atrevido a, mandarle (en archivo anexo) mi novela por si usted tuviera a bien leerla. No tengo nada que perder, ¿verdad?
Si ha llegado usted hasta aquí en la lectura de este mensaje, además de agradecérselo, le quiero desear que tenga usted buena salud y muchos años de vida para que vuelva a escribir novelas tan maravillosas como las primeras.
Se despide atentamente
Cuauhtémoc Rivera