LOLITA Y BILBAINO CASAS ARE IN LOVE

Nos dieron pena los pobres chicos y -madres y abuelas que somos- los hemos adoptado. ¡En qué momento! Me refiero a la generación literaria Co. Do. Co. de jóvenes autores. Les hemos prestado una sala del cuartel provista de ordenadores, puesto a su disposición nuestra nutrida biblioteca y nos hemos comprometido a financiar la edición de sus primeros libros. Pero, al tiempo, les hemos explicado muy claramente que esto es un cuartel con lo que: 1.- a las 6,30h se toca diana, 2.- a las 7h se desayuna, y 3.- a las 7,30h todo el mundo trabajando. Están obligados a invertir un mínimo de ocho horas diarias de trabajo en sus respectivas novelas y a pasar una inspección semanal acerca de cómo progresan sus libros. Dentro del cuartel se prohíbe el consumo de alcohol y de estupefacientes (con una única salvedad: la sargento, en sus momentos de depresión.), el uso de piercings y pendientes, el pelo largo y los vaqueros caído enseñando la ropa interior.

Ha pasado un mes desde que comenzó nuestro tutelaje sobre los  tres jóvenes autores y el resultado no puede ser más pobre: Andrés Manjares, 2 páginas ilegibles; Fernando Espeso, medio folio con 3 fotos impresas y 23 palabras; y, el peor, Bilbaíno Casas, nada de nada.

Hemos pedido a Paquito, nuestro técnico de sistemas, un informe sobre las páginas web visitadas por nuestros autores durante este periodo:

-Andrés Manjares pasó a diario una media de 3 horas en facebook, 2 horas en twitter y 2 horas en Games.com.

-Fernando Espeso perdió una semana entera haciendo comentarios, firmados como “Anónimo”, en el blog La medicina de Tongoy.

Bilbaíno Casas, en todo el mes,  no ha salido (nunca mejor dicho) de estas dos páginas: teloviacomertodo.com y fortunatayjacintalesbiansex.com.

En referencia a Bilbaíno -especifica Paquito en su informe- hay que tirar a la basura su ordenador porque está totalmente infectado de virus.

-Daphne, dile a Bilbaíno Casas que venga aquí ahora mismo.

5 minutos después.

-Dime, Maggie.

-¡Firmes! ¡Arrrrr! y tira ese chicle de la boca y ¿Cuál es el tratamiento para con un superior?

-Perdone, mi sargento. A sus órdenes, mi sargento.

-¿Qué coño has escrito en todo un mes que llevas aquí?

-No, yo es que… no me viene la inspiración y…

-Eres un onanista y un vicioso, Bilbaíno. Y no lo niegues porque hemos rastreado tu ordenador. Además de bucear en esas páginas, ¿Qué libro estás leyendo?

La broma infinita de Foster Wallace. Dicen los colegas de facebook que es lo mejor y que si quiero ser un escritor moderno, tengo que leerlo. Pero, mi sargento, no consigo pasar de la página 45. Es un poco petardo este libro.

-Toma. Deja La Broma y léete esta novela.

-¿”Lolita”? Ni hablar. Mire mi sargento, yo seré un pajillero, pero de ahí a ser un pederasta asaltacunas, hay un trecho.

-Tú lo que eres es tonto, Bilbaíno. Este no es un libro inmoral. Estás muy equivocado. La novela de Nabokov, como ocurre solo con los libros muy buenos y con los muy malos, permite muchas lecturas, pero quien diga que solo es la historia de una relación pedófila está en un error. Es mucho más que eso.

-Entonces, según tú, mi sargento ¿de qué va? ¿Es una historia de amor? Venga ya, Margaret.

-Pues yo opino – la última vez que me tuteas ¿eh?, un respeto- que no es una novela de amor. Humbert Humbert, (H. H. en lo sucesivo) el padrastro, no está enamorado de Lolita, sino del amor romántico. Este libro nos cuenta la imposibilidad del amor maduro entre dos personas adultas. H.H. es una especie de Peter Pan que después de haber estado casado una vez entiende que el matrimonio y la vida hogareña a la que está condenado todo hombre y mujer que quieran ser considerados como normales es una condena al infierno del aburrimiento. Si no hay algún aliciente especial y muy intenso, como puede ser entrar en lo prohibido o contravenir las leyes y lo políticamente correcto, no hay amor que valga. Por eso H. H. es retratado en la novela, a veces, como un loco. Porque ellos, los anormales (en el mejor sentido de la palabra, tomando “normal” en su peor sentido), son los que persiguen el amor que te quita el aliento, el que te absorbe y te enloquece. Ese amor que no existe. Peter Pan (H. H.) quiere vivir toda la vida con Campanilla y odia casarse con Wendy, la buena madre de sus hijos. Pero los propósitos de Peter Pan (H. H.) son irrealizables. Así es la vida. Por desgracia.

-Vale.  ¿Y qué más, mi sargento?

-Pues te recomiendo, si quieres aprender a escribir, que lo leas con un lápiz a mano. Nabokov es un maestro y casi en cada página nos da un buen consejo. Por ejemplo:

1.- Nabokov nos da una lección sobre la persona del narrador. El libro está escrito en primera persona pero continuamente cambia a la tercera. En un momento, y dirigiéndose directamente al lector, el narrador dice que como va a hablar de él y se va a describir como una persona atractiva y elegante prefiere usar la tercera persona, porque si utilizara la primera, quedaría ridículo. Pues eso, Bilbaíno, es una lección de escritura, tan valiosa como los cursos de literatura europea y rusa que Nabokov impartió en la universidad americana y que pueden ser leídos en ZETA bolsillo.

Pág. 128 (edición de Anagrama)

No sé si en estas trágicas notas he resaltado suficientemente la peculiar atracción que la apostura del autor –pseudocéltico, atractivamente simiesco, juvenilmente varonil- ejercía en mujeres de toda edad y condición. Desde luego, tales declaraciones, hechas en primera persona, pueden parecer ridículas.

2.- La novela de Nabokov contiene una ácida y descarnada crítica de la sociedad americana de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Tampoco se queda corto en el repaso que da al método de educación para señoritas de la época, cuando describe, en boca de la directora, la señorita Pratt (que con una t menos sería catalana y votante de CiU) los objetivos del centro Beardsley.

3.- En la segunda parte de la novela, cuando el autor describe cómo durante un año los dos personajes principales recorren los EEUU, tienes un magnífico ejemplo de Road Movie, perdón, de Road Book. Que se quite “On the Road”.

4.- Se ha dicho mucho que Lolita también se puede leer como la descripción del comportamiento de un loco (H.H.). No estoy de acuerdo. El desequilibrio de H. H. no es tal. Es consciente en todo momento de lo que hace, sobre todo del daño que causa a la niña. Y siente culpa y arrepentimiento en varios pasajes del libro. La novela tiene valor, y mucho, precisamente porque H. H. es un hombre normal, inteligente y sensible. Es egoísta, cierto, pero esa característica es consustancial al género masculino. Lo que ocurre (en la novela, claro) es que H.H. es un romántico, tanto que se convierte en un rebelde y en un criminal. Pero no está loco.

5.- Termino con una muestra –para que empieces a tomar nota, Bilbaíno- del estilo de Nabokov:

Pág. 265.

   Con gran sorpresa la encontré vestida con unos pantalones anchos y una camiseta de manga corta. Estaba sentada al borde de la cama, y me miró como sin reconocerme. La delgadez de su camiseta, que pendía lacia, acentuaba, más que ocultaba, la suave, pero evidente, rotundidad de sus pequeños pechos, y esa franqueza me irritó. No se había lavado, pero tenía los labios recién pintados, aunque muy descuidadamente, y sus dientes anchos brillaban como marfil manchado de vino, o como esas fichas rosadas que se usan en el póquer. Permanecía sentada, con las manos en el regazo, y emanaba de ella y diabólico resplandor, que comprendí que nada tenía que ver conmigo.

-Daphne, por favor: trae una servilleta de papel porque al idiota este se le cae la baba. Sí, Bilbaíno, también tienes erotismo en esta novela. Pero del bueno. No como esas marranadas a las que estás enganchado. Fortunatayjacintalesbiansex.com, ¡hay que fastidiarse!

Publicado en libros | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

SANZ VILLANUEVA PERDONANDO VIDAS

Un buen crítico de arte que considerase que Francis Bacon y Lucien Freud están entre los cinco mejores pintores del siglo XX (eso es lo que yo pienso) no se atrevería a negar la calidad que tienen los cuadros de Joaquín Sorolla. Quien acude a una exposición de Sorolla no va buscando (ni va a encontrar) adentrarse en los abismos del ser humano. Y no saldrá del museo con dolor de estómago y angustia vital (como me ocurre cuando entro en el mundo de Bacon o Freud). De las exposiciones de Sorolla se sale con la moral alta, con entusiasmo. Pensando que la vida es bella. Pero eso también es arte. Por supuesto.

Cuando cojo un libro de Carlos Ruiz Zafón tengo claro que no voy a encontrar personajes muy complicados, que los buenos serán buenos y los malos, lo suyo. Busco en ellos una buena historia que me apasione y me haga pasar un buen rato. Y sé que Ruiz Zafón me la dará.

Del mismo modo que en las caras de los personajes retratados por Sorolla no encontraré el sufrimiento que se desprende de los rostros pintados por Lucian Freud, sino vitalalidad y luz mediterranea; en los libros de Ruiz Zafón busco (y encuentro) cosas diferentes a las que consigo de un libro de Dostoievski. Pero eso no implica que lo del barcelonés sea de mala calidad.

El sábado pasado el suplemento Babelia intentó organizar un debate sobre el estado de la crítica literaria. Le salió el tiro por la culata porque solo invitó a opinar a gente de dentro del sistema. Imagínense que para debatir sobre lo que el gobierno PSOE ha hecho mal, organizamos un debate entre Rubalcaba, Blanco, Zapatero y la Salgado. Pues eso hizo Babelia. De todos modos han quedado para los anales interesantes declaraciones de algunos ilustres críticos.

Don Santos Sanz-Villanueva decía:

El crítico abre puertas y el lector decide en qué casa entra. La exposición (en la reseña) debe hacerse con humildad, sin arrogancia y claridad.

 No, si la teoría se la saben todos muy bien.

 Hoy, seis días después de que estas declaraciones aparecieran en El País, Sanz Villanueva cierra su reseña en EL CULTURAL de la nueva novela de Ruiz-Zafón, El prisionero del cielo, (Planeta, 2011), de la siguiente forma:

 Es una pena que un narrador tan bien dotado, por instinto de contador de historias y por destreza profesional, como Carlos Ruiz Zafón limite su ambición a fabricar productos comerciales en lugar de exigirse el reto de la literatura de calidad, que, me parece, está al alcance de sus posibilidades.

 Las negritas son de don Santos. 

La reseña, hasta ese último párrafo, es impecable. Don Santos destaca lo que le gusta (“un relato por momentos fascinante y divertido”) y lo que no (“Los personajes responden al maniqueísmo radical que los reduce a buenos y malos, atractivos y repulsivos.) Hasta ahí todo bien. Entonces, con lo bien que usted iba, don Santos, ¿a qué viene ese final en el que parece que le está perdonando la vida al escritor? Suena esto a: vamos chico que tú vales, que tú pues, que te lo digo yo que soy un tío muy culto y leído, además de inteligente. Usted decía que “el crítico abre puertas y el lector decide en qué casa entra”. ¿Por qué, entonces, al final de la reseña, cierra usted la puerta? Sí, sí lo hace. Porque, quien leyendo su reseña empiece a pensar que le apetece leer ese libro, al final creerá que deberá hacerlo a escondidas porque un “gran” erudito de las letras (usted) dijo que no tenía calidad, y los compañeros de facultad se reirán de él si lo ven leyendo eso. ¿Quién es usted para juzgar sobre la calidad de un libro?

Hace dos semanas hablábamos aquí de como Ricardo Senabre, también en EL CULTURAL, (vaya plantel) reseñando un libros de Espigado, intentaba quedar por encima del autor, del libro y de dios bendito. Pues con don Santos Sanz Villanueva tenemos tres cuartos de lo mismo.

La siesta de Joaquín Sorolla

 Ahora entiendo algo que también declaraba Sanz Villanueva en aquella misma entrevista perteneciente a la pantomima que organizó Babelia sobre la crítica literaria:

 Antes había un cierto pacto implícito. Los lectores, integrados sobre todo por una burguesía ilustrada, delegaban en el crítico la misión de mediador por excelencia, y se le escuchaba en virtud de ese acuerdo. Hoy tal pacto se ha fracturado y apenas se reconoce dicha función mediadora. Vale más una entrevista en televisión, aunque sea en un programa de cotilleo, o un reportaje en el suplemento semanal de un periódico que una crítica argumentada. La cultura del espectáculo ha sustituido a la cultura del razonamiento y ha traído como consecuencia el relegamiento del crítico.

 Está clarísimo, don Santos. La culpa de todo la tiene la televisión, que ha puesto la cultura al alcance de toda esa chusma inculta. Antes, cuando los que accedían a la cultura, los que leían, eran una reducida élite (“una burguesía ilustrada”, dice) ustedes los críticos eran respetados. Pero ahora, que hasta una cajera del Carrefour se lee un libro, todo se ha ido al carajo. ¿Verdad, don Santos? Habría que volver a lo de antes, ¿Verdad, don Santos? Que se enseñe a leer solo a los que vayan a colegios privados y los pobres que se jodan. ¿Verdad, don Santos?

Qué buenos tiempos los del Dr. Johnson, ¿verdad, don Santos?

Publicado en Críticos | Etiquetado , , , , , , , , , , | 25 comentarios

LOS BIOY, editado por TUSQUETS

Como decía mi tía Paca: en todas partes cuecen habas. Tusquets editores, la impecable, publicó en Argentina, en junio de 2002, un librito de 186 páginas (con muchas fotos en blanco y negro) titulado Los Bioy. Lo firmaban Jovita Iglesias y Silvia Renée Arias. La primera fue la criada gallega (Orense, España, 1925) de la pareja de escritores argentinos formada por Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. Y la segunda la periodista (especializada en ¡Formula 1!) que puso por escrito los recuerdos y cotilleos de la primera, a la que en la solapa del libro llaman: “ama de llaves, confidente y amiga de ambos”.

El libro, como si de la peor versión del Hola o del Diez Minutos se tratara, no es más que una sucesión de cotilleos, habladurías y maledicencias. Además, algunas de ellas son bastante poco verosímiles. Por ejemplo: Adolfo Bioy Casares (Adolfito en la intimidad del hogar) sería todo lo pichabrava que se quiera (que lo fue), pero siempre fue un caballero y nunca perdió la compostura y la buena educación. [No te rías, Daphne] Por eso, dudo mucho que le contara a Jovita, la criada de la casa, sus aventuras extramatrimoniales, como ella pretende hacernos creer en el capítulo 15 titulado: Bioy, el héroe de las mujeres. Esto es solo un ejemplo. Cuando se publicó este libro, Jovita ya tenía 77 años.

Como este blog dista mucho de ser un nido de cotorras y marujas, aunque algunos digan lo contrario, no vamos a repetir los chismes que Los Bioy -esta gran contribución a la historia de la literatura- sacó a la luz para vergüenza y escándalo de los admiradores del gran escritor que fue Adolfo Bioy Casares. Vamos, solo, a reproducir aquí las primeras frases de algunos capítulos. Así ustedes pueden apreciar el tono y la elevada prosa que se gasta en este inclasificable –por ser benévolos-  libro.

En España solo se publicó, en 2003, un año después, una edición discretita y en bolsillo. Entendemos que este no es el libro del que más orgullosa debe sentirse doña Beatriz de Moura.

Aquí van solo los principios de algunos capítulos con la página y su título:

Pág. 31 Capítulo 3

Una hija en el afecto

    Después, una noche, la señora Silvina se presentó en mi cuarto. Yo dormía profundamente. Estaba allí porque, según dijo, de día no se podía hablar en esa casa y lo que tenía que decirme era un secreto entre las dos. Me senté en la cama y me confesó que desde el primer día que me vió le tuvo envidia a mi tía, porque yo era como la hija que mi tía no había podido tener.

-Yo tampoco puedo tenerlos –me dijo-. Nunca voy a poder darle un hijo a Adolfito y lo voy a perder porque él quiere uno.

Según me contó, el médico le había dicho que con una pequeña intervención quirúrgica…

Prensa rosa visceral, no me digan…

Pág. 67 Capítulo 8

Tocando el cielo con las manos

    Cuando Diana murió, fue terrible para todos. Habían llegado a quererla muchísimo. Bioy contaba que lo supo porque Silvina pasó a su lado y, con la cabeza gacha y en voz muy baja, le dijo: “Ha muerto”.

Diana era un perro. Perdón: una perra.

Pág. 89 Capítulo 10

La guardiana de la puerta

    En su cuento “Nueve perros”, Silvina escribe acerca de Áyax, el gran danés de Adolfito: “Cuando su amo se iba de viaje, yo tenía que dormir teniéndole la pata, porque su llanto era tan lastimero que me veía obligada a consolarlo de ese modo. “No llore –yo le decía- volverá pronto””

    Situaciones similares sucederían algunos años después, cuando debía ser yo quien le dijera a Silvina: “No llore, señora, él volverá pronto”. Él era Adolfito, claro.

Este capítulo no tiene desperdicio.

Pág. 97 Capítulo 11

“Si adivinás qué hay aquí”

    Silvina tenía toda una historia con la ropa. Un día yo me había comprado un chleco muy lindo y ella me vio con él y me lo elogió. “Cómo me gustaría tener uno igual”, me dijo. “Voy a comprarle uno, no ha problema”, le contesté. Pero lo quería inmediatamente (en estas urgencias se parecía mucho a Bioy) y yo, que tenía algo que hacer en ese momento, me demoré un poco. No pasó más de media hora cuando vino a decirme: “Mirá que lindo chaleco tengo”. Le había cortado las mangas a una camisola larga, blanca, con cuello Mao, que ella tenía y que le quedaba muy bien, que usaba siempre con pantalones, su prenda preferida. Era una idea descabellada, sobre todo tratándose de una de las camisolas que más le gustaban.

Nota de la Patrulla: hemos reproducido íntegro este párrafo por su valor histórico. Departamentos de Literatura Latinoamericana de las universidades de Harvard y La Sorbona: de nada.

Pág. 103 Capítulo 12

Alejandra, un día de septiembre de 1972

    Fue recién en 1988, al publicar Seix Barral parte de la correspondencia de Alejandra Pizarnik, cuando me enteré de que entre esta poeta y Silvina había habido una relación amorosa.

Lo juro, así comienza el capítulo.

Pág. 115 Capítulo 14

Una nuca peligrosa, un príncipe encantador

    Un día, antes de casarme, cuando yo todavía me escribía con Cesar Arias Alvarez, el mexicano, el señor me dijo:

-Mira como son las cosas. Vos estás enamorada de un mexicano, le escribís cartas, y yo estoy enamorado de una mexicana, a la que también le escribo cartas.

    Le pregunté, en broma, qué teníamos que hacer; cuál de los dos viajaba y traía al otro. Pero no me dijo su nombre, y para mí era simplemente “la mexicana”.

    Se trataba de Elena Garro. El señor la había conocido en el hotel George V, en París, en 1949. Ella tenía entonces 29 años, desde los 17 estaba casada con Octavio Paz, y Adolfito tenía 35. Él había comenzado a escribir, en Pardo, El sueño de los héroes.

 L’amour… (Violines, please).

Pág. 123 Capítulo 15

Bioy, el héroe de las mujeres

    -Tengo un defecto, Jovita, una debilidad muy grande –me dijo el señor en una oportunidad. Y, sin que yo llegara a decir una palabra, agregó- : Me gustan tanto las mujeres, que si a un palo de escoba lo disfrazaran de mujer, me iría detrás de ese palo de escoba.

Se lo dijo “en una oportunidad”.

Pág. 137 Capítulo 17

Un reflejo en la ventana

    Voy a contar ahora cómo fue que Silvina dejó de dirigirle la palabra a Adolfito.

¡Toma ya! Este es el mejor comienzo de capítulo de todos los tiempos. ¿O no?

Pág. 155 Capítulo 19

Rutinas de un viajero incansable

    Las desdichas, las tragedias, habían caído todas juntas. Iba a ser duro de sobre llevar, para el señor y para todos en la casa. La muerte de Marta [hija natural de Bioy adoptada por el matrimonio] lo había sumido en una angustia terrible, pero un día me dijo:

-¿Querés que te diga una cosa? Nunca voy a superar la muerte de Marta, pero la impresión que me causó la falta de Silvina…Debe ser porque fue la primera.

Si así son los comienzos de los capítulos, imagínense el resto.

PD: Compré este libro (edición buena, no la de bolsillo) en 2004, en la calle Corrientes, en una de esas maravillosas librería porteñas. No recuerdo lo que me costó. Lo vendo por 2€. Precio negociable.

Publicado en editores | Etiquetado , , , , , , , , | 6 comentarios

DANIEL CLOWES en la portada de THE NEW YORKER

I love the cover art.<br /><br />
“Black Friday” by Daniel Clowes

 

¿Dónde están los libros?

Publicado en Librerias | Etiquetado , , , , , | 2 comentarios

LA CASTA LITERARIA

-Buenos días. Que quería yo ingresar en la casta literaria española y…

-Se ha equivocado de ventanilla, señorita. Aquí se entregan las instancias para ingresar en el cuerpo oficial de mamporreros del nuevo gobierno. Su ventanilla es aquella de enfrente.

(…)

-Hola, buenos días.

-Buenos.

-Mire, me gustaría formar parte de la casta literaria de este país…

-Solo quedan plazas en tercera división.

-Hombre, es que en tercera…¿Y en primera por qué no?

El funcionario, molesto, levanta la mirada del crucigrama y topa con el sugerente canalillo de la candidata que el wondrebra y un generoso escote dejan a la vista. Sonríe, se ajusta el nudo de la corbata y cambia de tono.

-Imposible. En primera están los académicos de la lengua, el señor Herralde, las señoras Beatriz de Moura y Carmen Balcells y gente de ese estilo. Como usted comprenderá…

-¿Y en segunda?

Pues mire ahí tenemos a Eduardo Mendoza, a Lorenzo Silva, a Almudena Grandes, a José María Guelbenzu, a Juan José Millás, a Ferrero, a Luis Mateo Díaz y algún otro más. La verdad es que en esta división aún hay espacio y daría para sacar un par de plazas vacantes. Lo que ocurre es que el señorito Vila-Matas ha dicho que no entra ni dios hasta que él no suba a primera.

-Entonces, ¿Quiénes forman la casta de tercera?

-Pues lo chicos nuevos, ya sabe: la generación morcilla. ¿Se dice así? Déjeme que mire la lista, y le cuento. A ver. Aquí pone: Agustín Fernández Mallo, Claudio López de Lamadrid, Vicente Luis Mora,…Si le digo la verdad, no conozco a ninguno.

-Bueno. Qué le vamos a hacer. Dígame, por favor, qué debo hacer para entrar en la casta literaria de tercera. Ya treparé yo.

-Me tiene que rellenar este formulario y adjuntar su C. V.

-Mire, -la candidata se inclina un poco más con el fin de que el funcionario tenga mejores vistas- he olvidado las gafas en casa. ¿Sería tan amable de leerme las preguntas?

-Vaaale. La primera: ¿Ha leído todos los libros de Thomas Pynchon, David Foster Wallace, Houllenbecq y Bolaño y considera que son la hostia en verso?

-No.

-¿Tiene facebook con más de 300 contactos, blog donde ejerce la crítica literaria elogiosa con los amigos y Twitter con una media de al menos 10 mensajes a la hora?

-No.

-¿Considera que todo escritor que venda más de 50.000 ejemplares de un libro es una mierda?

-No.

-¿Opina que Vila-Matas es el mejor escritor vivo en castellano?

-No.

-¿Tiene usted un IQ superior a 55, es arrogante y  tiende a la autocompasión y al victimismo?

-No

-Señorita, no ha acertado usted ni una. Como no tenga un curriculum impresionante, considero difícil que la admitan. Pero, quién sabe…

-¿Hay muchos candidatos?, oiga.

-Cinco, creo. Aquí están sus solicitudes: Luna Miguel, Espigado, Bellver y Soto Ibars (que vinieron juntos) y un tal bum, o blumm, que no me dejó el C.V, o lo habré yo traspapelado. Tengo que poner orden aquí porque esto no puede seguir así.

 Ilustración de Fernando Vicente.

NON FICTION

1.- Hace unas semanas, un joven editor español me dijo en medio de una larga conversación:

Yo solo quiero seguir haciendo buenos libros, en la medida de mis posibilidades, que haya lectores que pasen un buen rato con ellos y que la ilusión se mantenga. El mundo literario es muy competitivo, en cierto modo es una feria de vanidades protagonizada por individuos e individuas dotadas de un alto coeficiente intelectual (o al menos eso quieren hacernos creer) y hay quien aprovecha estas cosas para hacer daño, lo cual no procede.

2.- Circula entre los profesionales de las letras una frase, (que unos atribuyen a Juan Benet y otros a Jesús Ferrero) que dice que en España lectores de verdad solo hay 10.000. Algún listillo ha cambiado la frase y habla de “lectores literarios” y de “literatura literaria” (una estupidez). Las personas que leen a Carlos Ruiz Zafón y a María Dueñas ¿no son lectores? ¿Qué son, entonces? Esa frase que he destacado en negrita, sirve para justificar bajas cifras de venta (las más bajas, si exceptuamos a los cuatro best sellers, desde hacía muchos años) y para poner a parir al que, pobre, deja de ser buen escritor cuando empieza a tener éxito. Si vendes mucho es porque te leen las marujas y entonces ya no eres buen escritor, ya no eres Uno de Los Nuestros.

3.- Es muy sano que un escritor se sienta como un farsante. Más, cuando tiene éxito. Un buen escritor debe pensar que si vende, si es leído, es debido a que la flauta sonó por casualidad. La inseguridad es garantía, en esos casos, de calidad. Es comprensible, sin embargo, que autores como Vargas Llosa o García Márquez, después de tantos años de éxito, y de tantos premios, empiecen a sospechar que lo que hacen es bueno y que acertaron cuando decidieron dedicarse a la literatura y no a la fontanería. Pero no es de recibo que estos chicos, que acaban de llegar, y que no saben ni hacer la o con un canuto, se sientan la octava maravilla del mundo. Así nos va.

Ilustración de Fernando Vicente.

CODA

La Real Balompédica Jienense, equipo de futbol de 2ª División B Grupo 4, tiene un delantero centro llamado José Enrique (27 años) que proclama a los cuatro vientos y a todo periodista que se le ponga a tiro, que él juega futbol de verdad, el genuino. Que si él quisiera, jugaría igual que Messi o que Cristiano Ronaldo, y ganaría todos esos millones. Que hacer eso es muy fácil. Dice José Enrique que él, guardián de las esencias del balompié,  practica un juego que muy pocos -solo los entendidos de verdad- aprecian.

La Real Balompédica Jienense lleva 15 jornadas sin meter un gol y se encuentra en el último lugar de la clasificación. Los padres de Jose Enrique se han puesto en contacto con un psiquiatra amigo de la familia porque están muy preocupados.

 

Publicado en Escritores | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 48 comentarios

“QUÈ LEER” NOS TOCA LA CUERDA

-Margaret, no te hagas la víctima.

-Mira guapa, ¡no hay derecho! Cuarenta años trabajando como una negra para acabar así. Ya no puedo más. Si no era suficiente tener que tragarme las “novelas” de la Zambrapronolmos, ahora me toca engullir la revista esta entera.

-No será para tanto.

-Te voy a decir una cosa: vamos a tener que organizar de nuevo el reparto de tareas en este cuartel. Soy la sargento, pero me toca siempre lo más desagradable: pasar los baños, leer joven narrativa en castellano y, ahora, el Qué Leer. Me habéis tomado por tonta, ¿o qué?

Revista QUÉ LEER. Número170. MC EDICIONES. Director: Antonio G. Iturbe. Redactor Jefe: Milo J. Krmpotic.

1.- Copia Certificada

Comenzamos con un artículo de opinión de Pablo Muñoz (Pág. 4) sobre el escándalo Fernández Mallo/María Kodama. Después de leído (dos veces) acabo concluyendo que no dice nada, y que, claro, no aporta absolutamente nada a la polémica. El señor Muñoz no toma partido y pretende dar la razón a las dos partes. Querer hacer eso en 300 palabras es ingenuo. Además, la mala redacción. Un ejemplo:

Pero ¿es legalmente ilegal no pedir permiso para reproducir una obra con derechos de autor todavía vigentes? Lo es. Otro asunto peliagudo está también en la defensa con la cita (constante) de obras audiovisuales que usan el remake como forma validada. No es del todo correcto. El  remake no es un procedimiento.  Es una forma industrial: los guiones son propiedad de algún estudio y sus creadores son acreditados y compensados.

Utilizando el mismo estilo: ¿Será el señor Pablo Muñoz conscientemente inconsciente de lo que vomita por su pluma? Creo que no. O sí. No sé.

Milo, cariño, hay que corregir los textos, aunque sea un poquito.

2.- Derroche de tinteros. (Reseñas).

A) Alberto Olmos reseña Los días más felices de Rodrigo Hasbun (Duomo 2011) que no hemos leído. Y nos ocurre que después de leída la reseña no sabemos si deberíamos leerlo o no.

Olmos da cuatro tinteros (el máximo es cinco) basándose en un único argumento: Hasbun no está de acuerdo, Hasbun es rarito.

Alguien que no está de acuerdo, que se queja, que no comparece o que se aparta de los demás es siempre alguien que tiene mucho que decir.

Estoy del malditismo hasta los mismísimos ovarios. Además, la editorial Duomo se llevó a Olmos de viaje a EEUU cuando lo seleccionó para los Granta en español. Lo digo solo por aportar datos que permitan al lector un juicio mas fundamentado.

B)  Elvira Navarro, que estaba ella jacarandosa aquel día, otorga cinco tinteros a Setenta acrílico treinta lana de Viola di Grado, (Alpha Decay, 2011). Este, sí lo hemos leído.

Lo mejor de la “reseña” de Navarro: (Entre corchetes y negrita mis comentarios)

Viola di Grado es una escritora prodigio y tendríamos que echar mano del tópico que dice que los poetas se destetan antes que los narradores [¿qué tópico?] [¿se refiere a Luna & cia.] (la escritura de diGrado despliega un lirismo apabullante y luminoso que, con la facilidad con que se origina, recuerda a Virginia Woolf) [Elvira: ¿tú vuelves a leer lo que escribes? ¿A la Woolf? Dios santo.]

(…)

No obstante lo dicho, en la radical honestidad y en la ironía cervantina con que estas tramas son tratadas, la autora vuelve a mostrar su madurez y su, repitamos hasta hartarnos, genialidad. [Como vuelvas a utilizar, Elvirita, el adjetivo “cervantina”, voy y te lavo la boca con jabón Lagarto]

C) Antoni Gual reseña La Torre de Uwe Tellkamp (Anagrama, 2011) y parece, por lo que escribe, que no le ha gustado nada de nada. Aún así le otorga tres tinteros:

Costoso a la hora de avanzar en su trama. Trama, por cierto, tan difusa y tenue que queda completamente eclipsada por el enorme aparato textual [son 896 págs.] que, en todo momento la atenaza…no logra asentar un equilibrio entre lo que nos intenta contar y la forma en que lo hace…..uno no alcanza a palpar la atmosfera funesta de aquella época….Pero que en casi 900 páginas no aparezca ni por asomo Honecker, el presidente del país, y haya muy pocas referencias, casi ninguna, a la temible policía política, la Stasi, parece incongruente.

El tiempo, y todo lo que con él se despliega, discurre de una manera tan mórbida y lenta que puede exasperar al lector más predispuesto.

Así es toda la reseña. Solo hay una frase elogiosa: “el autor tiene lo que se suele decir madera de escritor”. Pero no dice en que basa dicha afirmación.

Entonces: ¿Por qué tres tinteros? Posibles respuestas:

-El señor Gual no terminó el libro, “exasperado”, y no se atreve a ponerlo a parir. Mejor me quedo en el medio (3 tinteros), ni frio ni calor, todos contentos. Si lo ha editado Anagrama, por algo será. Pero yo ya no pierdo más el tiempo con este ladrillo.

– Lo ha leído hasta el final pero: no puedo destrozar un libro de editorial Anagrama. No me llamarían más.

– Gual metió la nota más baja (el tintero derramado), pero Iturbe o Krmpotic lo sacaron del infierno. Nos meten publicidad (pág. 7) y no están los tiempos como para andarse con tonterías.

3.- Una cosa buena: El artículo de Iturbe sobre Caballo de Troya de J.J. Benitez.

 

-Margaret, y ¿qué me dices de la entrevista con Javier Moro, el nuevo y flamante premio Planeta, con esos ojos que tiene que quitan el sentido?

-Pues, huy,  que me ha encantado. Momento estelar: cuando dice, sobre “su gran boom editorial” Pasión India, lo siguiente:

Decidió meterse en la piel de Anita Delgado, congeniar con ella, siendo fiel a la documentación y a la historia de su personaje. Una mezcla que funcionó. “Fue increíble. Conseguí tocar una cuerda de las mujeres lectoras y fue un éxito”.

-¿Sabes lo que te digo? Pues que me voy a la calle a comprarme el libro de Moro, a ver si me toca la cuerda a mí, que hace mucho que nadie me la toca y…

Aclaración: Las negritas son mías.

Publicado en Críticos | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 30 comentarios

25 de Noviembre. DÍA DE LAS LIBRERÍAS

Nota al margen:

Anoche, al volver al cuartel, nos encontramos con tres pijas rubias y maleducadas que se nos habían metido de okupas. Se cepillaron nuestras reservas de ginebra (la comida ni la tocaron) y sospechamos que curiosearon en nuestros ordenadores. Ya las hemos puesto de patitas en la calle. Disculpen las molestias. La Patrulla de Salvación vuelve a coger las riendas de la cruzada en pos de la limpieza en el mundo editorial. La patrulla is back.

Vamos a lo importante:

Hoy se celebra el día de las librerías, y como homenaje a todas ellas, les voy a ofrecer los mejores pasajes de La Librería de Penelope Fitzgerald, (trad. de Ana Bustelo), un libro coqueto -como todos los de Impedimenta– y muy entretenido.

Los libros de Impedimenta , por lo bien que están hechos, son perfectos para llenar las estantería de madera de una buena y vieja librería. Uno de esos establecimientos en los que se puede charlar tranquilamente -sin prisas- con el librero de lo que más nos gusta, de libros. Esos locales continúan existiendo. Acudan a ellos y hablen con sus dueños. Son siempre gente amable y deseosa de compartir su tiempo con los clientes. Cuando salgo de una de esas librerías, después de haber pasado un buen rato en ese ambiente tan agradable, tengo la sensación de que mi vida se ha enriquecido un poco.

La librería

Florence Green decide abrir una pequeña librería, que será la primera del pueblo. Adquiere así un edificio que lleva años abandonado. Pero pronto se topará con la resistencia muda de las fuerzas vivas del pueblo que, de un modo cortés pero implacable, empezarán a acorralarla. Florence se verá obligada entonces a contratar como ayudante a una niña de diez años, de hecho la única que no sueña con sabotear su negocio. Cuando alguien le sugiere que ponga a la venta la polémica edición de Olympia Press de Lolita de Nabokov, se desencadena en el pueblo un terremoto sutil pero devastador.

(Copiado de la sinopsis de la editorial)

 

Lo mejor de libro (desde mi punto de vista, claro):

Pág. 55

   Los libros nuevos venían en paquetes de dieciocho, envueltos en un fino papel marrón. A medida que los fue sacando de las cajas, fueron formando su propia jerarquía social. Los más pesados y lujosos que hablaban sobre casa de campo, los libros sobre las iglesias de Suffolk, las memorias de los hombres de estado en varios volúmenes, tomaron el lugar que les correspondía por derecho natural en la ventana delantera. Otros, indispensables pero no aristocráticos, ocuparían las estanterías centrales. Ese era el lugar de los libros sobre coches –desde el Austin hasta el Wolseley-, obras técnicas sobre el pulido de los guijarros, la vela, los clubs de ponis, las flores silvestres y pájaros, y para los mapas de la región y las guías. Entre estos, las exitosas memorias sobre la guerra, con sobrecubiertas de color caqui y rojo oscuro, se enfrentaban unas a otras como rivales en aguda hostilidad. Al fondo, entre las sombras, colocó los Perseverantes, sobre todo filosofía y poesía, a los que tenía poca esperanza de perder de vista. Los Permanentes –diccionarios, libros de consulta y ese tipo de cosas- irían directamente a la parte de atrás del todo, con las Biblias y los libros para premios que, era de esperar, la señora Traill, de la escuela primaria, entregaría a sus mejores alumnos. Por último estaban las cajas de restos en mal estado procedentes de Müller’s. Algunos incluso eran de segunda mano. Aunque le habían enseñado que nunca se miran los libros por dentro mientras se está trabajando, abrió uno o dos, viejas ediciones de Everyman con sus tapas de color aceituna estampadas en oro. Allí estaban las elaboradas guardas que siempre le habían dado que pensar cuando era pequeña. Un buen libro es la preciosa savia de alma de un maestro, embalsamada y atesorada intencionadamente para una vida más allá de la vida. Después de vacilar un poco los colocó entre Religión y Primeros Auxilios.

Pág. 101

–          ¿Qué? ¿Al final va a encargar Lolita?

–          Todavía no lo he decidido. He pedido un ejemplar de lectura. Estoy algo desconcertada por lo que han dicho sobre ellas los periódicos americanos. Un crítico ha afirmado que su publicación era una mala noticia para el ramo y para los lectores, porque era aburrida, pretenciosa, de lenguaje florido y repulsiva. Pero por otro lado había un artículo de Graham Green que decía que era una obra maestra.

(…)

–          Prefiero no tener ninguna de esas cosas en cuenta. Si Lolita es n buen libro, entonces lo venderé en mi librería.

–          En el peor de los casos ganaría dinero, ¿sabe?

–          Esa no es la cuestión –respondió Florence. Y, de verdad, no lo era.

Pág. 120

–          Bueno, le he dado mi opinión. ¿Por qué cree que un hombre sería mejor juez en este caso que una mujer?

   Al decir estas palabras introdujo un elemento nuevo en la conversación, tan perceptible como un cambio en la dirección del viento. El señor Brundish no hizo ningún intento por cambiar la situación, sino más bien al contrario: parecía alegrarse de haber llegado a un punto previamente acordado.

–          No creo que los hombres sean mejores jueces que las mujeres –dijo Florence-. Pero pasan mucho menos tiempo lamentándose de sus decisiones.

–          He tenido tiempo de sobra para tomar la mía. Pero nunca he tenido problemas para llegar a una conclusión. Deje que le diga qué es lo que admiro del ser humano. Lo que más valoro es la virtud que comparten con los dioses y con los animales, y que, por tanto, no debería considerarse una virtud. Me refiero al coraje. Usted, señora Green, tiene esa cualidad en abundancia.

Publicado en Librerias | Etiquetado , , , , | 13 comentarios

EL FINAL DE LA PATRULLA DE SALVACIÓN O COMO ALBERTO OLMOS LLEGÓ A LA GLORIA LITERARIA

Han sido 7 meses muy divertidos, pero todo tiene un final. Este blog, Patrulla de salvación, se cierra. Adiós amigos.

Nuestros nombres verdaderos son: María Emilia, María Laura y María Eugenia. Y no somos cuatro, sino tres. Ejercemos como estudiantes del último curso de Ciencias de la Información (rama superior) de la Universidad de Barcelona y hemos utilizado este blog como herramienta para la elaboración de nuestro Proyecto Fin de Carrera. Debíamos entregarlo en junio, pero dado que nuestro espécimen objeto de estudio (el “escritor” Alberto Olmos) ha llegado a su meta, y ya no hay más que investigar, preferimos firmarlo ahora y así, cuando empiece el buen tiempo, nos vamos a la playita a ponernos morenas. Que nos hemos comprado unos bikinis que quitan el hipo.

En septiembre, ya licenciadas, nos incorporamos a la plantilla de la editorial Mondadori. ¡Qué guay!

Como sabemos que muchos de ustedes (uno o ninguno) lo pasaban bien con el blog, les vamos a permitir leer el proyecto -como postre y punto y final- antes de que lo vea la catedrática. Aceptamos, y agradecemos sugerencias.

PROYECTO FIN DE CARRERA

Título: Como utilizar las redes sociales y las herramientas informáticas para alcanzar metas profesionales que de otro modo serían inaccesibles.

Breve descripción de la metodología: Tomamos la idea de los documentales de animales que emitía La 2 de TVE a la hora de la siesta. Me refiero a aquellos programas tipo Felix Rodriguez de la Fuente en los que se grapaba un radiotransmisor en la oreja de un león o de un lobo -mientras estaban dormidos, claro- para seguir su evolución a lo largo de unos meses y de ese modo estudiar científicamente su comportamiento. Pues nosotras hemos hecho lo mismo con Olmos. Por suerte ha sido fácil. Olmos, dentro de su hábitat, va dejando rastro a cada paso que da.

Material utilizado: Las “novelas” de Olmos, su Formspring, su Twitter, sus dos blogs, sus entrevistas, sus artículos y sus reseñas. 2 cajas de Fortasecc (para la gastroenteritis mental y estomacal), 3 cajas de Gelocatill (para el dolor de cabeza) y dos botes de Primperam (para los vómitos).

Horas empleadas: 18 horas de lectura con sus “novelas”, 30 horas de lecturas en sus blogs, 3 horas de lectura de sus artículos y relatos, 20 horas de ¿lectura? de sus twits y sus respuestas en formspring y 2 horas malgastadas en de redacción de este proyecto.

Aclaración: Con la novela “El Estatus” no pudimos pasar de la pág. 54. Aceptamos, señora catedrática, que se nos quite un punto en la nota final.

INTRODUCCION

¿Qué es la gloria literaria?

¿Consiste en vender mucho; en ganar el Nobel; en ganar el Planeta; en qué te traduzcan a 10 idiomas; en cepillarse a Ava Gardner; en cenar con la princesa Leticia; o, en que Zapatero cite tu libro entre los que se lleva en verano (y no lee) a Doñana?

Nadie se pone de acuerdo. Es imposible definir un criterio que, basado en datos científicamente cuantificables, nos permita decidir que escritor ha llegado y cual no.

Lo que sí se puede hacer, sin mucha dificultad, es detectar cuando un escritor piensa que ha alcanzado su propia meta. Todos los escritores, una vez publicada la tercera novela, se marcan una meta. Esa meta, para ellos, es la gloria literaria. Unos la consiguen y otros no.

Unos ejemplos: Cela, Vargas Llosa y Javier Marías se marcaron el Nobel como objetivo; Umbral, la Real Academia de La Lengua; Cristobal Zaragoza, el Planeta y Bilbaíno Casas, acostarse con Megan Fox.

De forma casi invariable, cuando el escritor alcanza su objetivo (su gloria), comienza su declive, pierde los papeles:

Todos ustedes conocen lo que Cela escribió después de ganar el Nobel en 1989. Y hace unos días –gracias a los papeles que procedentes de los archivos de Carmen Balcells, fueron  filtrados a la prensa- hemos sabido que a punto estuvo de escribir un libro sobre Marbella para Jesus Gil a cambio de 250 millones de pesetas. Cristobal Zaragoza, después de ganar el Planeta en 1981 (como cuenta Rafael Borrás en sus memorias), se compró un Rolls Royce. Umbral llegó a hacerse amigo íntimo de Pedro J. Ramírez (director de El Mundo) para que este utilizara su amistad (de entonces) con el presidente del gobierno PP, y, todos juntos, le ayudasen a pillar una letra en la RAE. Le consiguieron el Cervantes (muy politizado), pero lo de la Academia, fue imposible. Esa es la explicación de que Umbral continuara haciendo literatura de primera división hasta su muerte. El que no alcanzara, según él, la gloria, digo.

Un consejo: habiendo tanto por leer y sabiendo que nos moriremos sin disfrutar libros maravillosos, les aconsejo dejar de seguir a un autor que crea haber llegado a la/su gloria. Casi seguro que no se equivocan haciéndolo. Sus libros post-gloria no valdrán nada en la mayoría de los casos.

[En el caso de Olmos nos tememos que no va a haber un antes y un después. Hay cosas que no pueden empeorar]

Ya estamos rezando para que Vargas Llosa -que ya ha llegado-, Javier Marías y Bilbaíno Casas -si llegaran- no tuerzan el buen rumbo de su pluma.

LA GLORIA DE ALBERTO OLMOS

Alberto Olmos, hombre de su tiempo, se marcó el objetivo de ser popular. Popular al estilo de las comedias americanas de adolescentes. A diferencia del protagonista de A Bordo del Naufragio, su primera novela, Olmos quería ser famoso, que le aplaudieran por la calle.

Hace unos meses escribimos aquí un “post” titulado: Alberto Olmos está muy suelto, que, parece sentó mal a nuestro campeón. En aquel tiempo recordábamos que Alberto, el 15 de septiembre de 2010, con el título Hacia la gloria literaria publicó un “post” con base en la correspondencia entre Miguel Delibes y su editor Josep Vergés (ediciones Destino) en que se notaba que había descubierto (Olmos) que para ganar la gloria todo está permitido, que el que no corre vuela y que tonto el último. Lo bueno de Olmos (desde el punto de vista de unas investigadoras como nosotras) es que cuando pretende hacer algo se lo cuenta incluso al portero de su casa.

En aquel post también hacíamos ver como Olmos estaba utilizando las inmensas posibilidades que las redes sociales y, en general internet, ofrecen para organizarse con cuatro herramientas baratas, o directamente gratuitas, una campaña de autopromoción.

Ha pasado un año y lo ha conseguido. Es impresionante: en pocas semanas ha sido portada de QUE LEER y de EL CULTURAL (con entrevista). Su última novela ha sido elegida libro de la semana en Babelia. Lo han entrevistado en El Mundo y en El País Semanal. Y ha sido llamado para la “selección nacional” -como él decía-  de los Granta en castellano.

Y lo mejor (lo que lo hace correrse de gusto cada vez que lo recuerda): lo han llamado Enfant terrible de las letras españolas. ¡Guau! “You are so popular”.

Lo de la reseña de Pron fue una piedra (pequeña) en el camino. Pero, arrieros somos

Olmos pretendía una gloria moderna, del siglo XXI. Lo del Nobel o lo de la RAE es cosa de viejos del siglo pasado. Ahora bien, que si se lo hubiera propuesto…

LA TÉCNICA DE ALBERTO OLMOS

En todas las entrevistas de esta última época (ya en la cima) se detecta la marca de la casa: Alberto sufrió un bache después de ser finalista del Premio Herralde con su primera novela. En aquellos malos momentos decidió que si los demás no se daban cuenta de que él era muy bueno, ya se encargaría él mismo de decírselo. A todos esos incultos. Allí estaban las herramientas de la red para servir de altavoz a su opinión sobre él mismo. [Perdón por la reiteración de “él mismo” pero, tratándose de Olmos, era necesaria]

Un ejemplo:

«Podría decirse que mi novela es generacional de la misma manera en la que lo fue ‘Historias del Kronen’ en su momento, porque documenta y registra la sexualidad de ahora. La forma salvaje en que arrancó internet, la manera en que el porno se aprovechó de eso, o en la que la gente lo hizo, y cómo, poco a poco, ha ido controlándose»,

Extraido de la entrevista que le hizo Laura Fernandez en El Mundo el jueves 27/10/2011 08:58 horas.

Es decir: si usted no se ha dado cuenta de que mi novela marca un hito en la narrativa en español, no se preocupe, no piense más, relájese, que aquí estoy yo para contárselo.

Olmos ha llegado a la gloria literaria, la suya, y ya no necesita las herramientas. Por ello ha cerrado el acceso público a su twitter y a Lector Mal-herido, ha dejado de responder preguntas en su formspring (¡llegó a más de 10.000!), ha suprimido los comentarios en su segundo blog y ¡ay! casi no publica reseñas y artículos.

EL FUTURO DE ALBERTO OLMOS

¿Qué viene ahora en la carrera de Olmos? Respuesta: “So much fun…”(tanta diversión). Como en aquella canción de Queen: “Don’t stop me now. I’m having such a good time.” (no me paréis ahora que me lo estoy pasando tan bien).

En breve, Olmos ingresará como tertuliano en una radio de ámbito nacional. Lo escucharemos opinar de todos los asuntos de la actualidad política y económica. Incluso de los que no sabe nada. Luego comenzará a publicar  artículos de opinión cortitos en El Mundo a la espera de ocupar la última página (la que tenía Umbral) cuando palme Raul del Pozo [que sea dentro de 40 años, maestro]. En un par de años tendrá un programa en TVE, pero no para hablar de libros, sino para hacer entrevistas a personajes de actualidad. Al estilo del programa que tuvo ese otro gran escritor que es Pedro Ruiz. Pero no se apenen, eso es lo que él quiere.

CONCLUSIONES DEL PROYECTO

1.- Con buenas dosis de autopromoción y repitiendo 100 veces en internet: “soy muy bueno”, se consigue vender como oro lo que no es más que bisutería.

2.- Hay que definir claramente cuál va a ser el target de tu autopromoción. Con su estrategia, Olmos, no pretendía llegar al gran público, no quería vender novelas. Su objetivo era hacerse conocido, coger prestigio mediático en ese reducido círculo (1.000 personas a lo sumo) que forman editores jóvenes o independientes, blogueros, escritores jóvenes o frustrados, letraheridos con ordenador y perroflautas con ínfulas. Ese es un círculo tan cerrado y endogámico que siempre habrá algún editor que confunda esa fama de patio de colegio con potencial de ventas.

3.- No es necesario escribir bien para que una gran editorial te publique.

Adiós queridos lectores. Ya no habrá más Patrulla de salvación. Nos vemos en las playas de Barcelona. Si ven a tres chicas rubias con tipo estilizado y bikinis de escándalo, esas somos nosotras.

Bye, bye.

PD: Bilbaíno Casas, si no consigues encamarte con la Fox, nos llamas. Que en caso de apuro, y ahora que tenemos más tiempo libre, te hacemos un apaño. Todo sea por la joven literatura en castellano.

Publicado en Escritores | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 17 comentarios

SELMA ANCIRA PREMIO NACIONAL DE TRADUCCION 2011

Supe, por primera vez, de Selma Ancira (Mexico DF, 1956) cuando leí los diarios y las correspondencia de Tolstoi (editados por Acantilado). Gracias a ella aprendí que la profesión del traductor literario es una de las más dignas que existe y que sin ellos no hubiéramos podido disfrutar de muchos de esos autores que nos enriquecieron la vida.

Selma también ha traducido a: Gógol, Pushkin, Chejov, Dostoievski, Nina Berbérova, Marina Tsvietáieva y Pasternak, entre otros, del ruso. Y del griego a: Giorgios Seferis o Yannis Ritsos.

Me acabo de enterar por La Vanguardia que el ministerio de Cultura español (al que le quedan dos siestas, por desgracia) le ha concedido el premio nacional de traducción. Nunca un premio fue más merecido.

En homenaje a Selma Ancira y a todos los buenos traductores (que malos los hay a puñados, que conste) copio aquí parte del artículo titulado Viaje a los originales de Tolstoi (versión PDF en el link anterior) que la revista Estudios del ITAM le publicó en 2005:

Estoy en 1857. Tolstói viaja por primera vez al extranjero. Pasará seis meses entre Francia, Suiza y Alemania. En sus cartas habla con arrobo de París, donde se ha encontrado con Turguéniev. Es evidente que se ha dejado seducir por la capital francesa. Sin embargo, a comienzos de abril presencia una ejecución y cambia drásticamente de parecer respecto a la república francesa, de donde sale huyendo al cabo de dos días.

El 21 de julio, desde Zurich, le escribe a Vasili Botkin, un literato hoy olvidado pero entonces bastante conocido. Se disculpa por no haberle respondido antes, le cuenta sus planes de viaje, le refiere sus encuentros con Turguéniev y menciona un incidente recientemente acaecido en Lucerna, que él `siente la necesidad de expresar en papel». Ese incidente, el lector de hoy en día lo sabe, se convirtió en el relato Lucerna. Continúo la lectura de aquella carta y de pronto me tropiezo con la siguiente frase: «En Lucerna atrapé la [1]._ ¡A lo que me ha llevado la continencia! _ ¡Me fui con la primera que pasó! Ahora estoy en tratamiento…», etcétera. Me llama poderosamente la atención ese 1 entre corchetes. ¿Qué significa? Es evidente que se trata de una enfermedad venérea, pero ¿cuál? ¿Qué debo poner yo en mi traducción? Busco en las notas a pie de página que tan escrupulosamente acompañan cada una de las cartas. No hay ninguna referencia. Voy al detallado texto que precede cada volumen. No encuentro ningún comentario. Consulto en la edición que R. F. Christian, reconocido especialista y celebrado traductor al inglés, hizo de las cartas y leo: «I»ve picked up syphilis in Lucerne.» ¡¿Sífilis?! Ignoraba que Tolstói hubiera padecido esa enfermedad. Sorprendida, le pregunto a la bibliotecaria si sabe el significado de ese número 1 encerrado entre corchetes. Sí, sabe que eso indica que en el texto ha sido omitida una palabra, y nada más. Cree, sin embargo, que sabremos de qué palabra se trata si consultamos una edición publicada antes de la Revolución bolchevique. Va por el viejo libro. Abrimos 1857, buscamos julio. Encontramos el pasaje. Los corchetes están en su sitio, pero ahora encierran la siguiente frase: «dos palabras tachadas de puño y letra de Tolstói». ¿Dos palabras? ¿No era una? ¿Qué palabras serán? Y… ¿cómo supo el editor que fue Tolstói quien las tachó? No, esto no sólo no aclara nada, sino que complica el cuadro.

Comento la solución por la que optó mi colega en su edición londinense y el desconcierto no se hace esperar: «¡En Rusia jamás se ha dicho que Tolstói hubiera padecido sífilis!» Me pregunto por qué. ¿Se deberá al falso pudor que reinaba en el mundo socialista? ¿Habrá sido negligencia del traductor al inglés? ¿Cómo habrán resuelto el problema los franceses que publicaron la selección de Christian, pero traduciendo las cartas directamente del ruso?

Recurro, con mi amasijo de dudas, a la directora de la biblioteca, quien coincide en que allí falta una palabra. Pero, ¿cuál? Habrá que averiguar. Saca de las estanterías distintas ediciones de la correspondencia. Las consultamos una a una. Las versiones se contradicen: una corrobora la falta de una palabra, otra dice que faltan dos, otra confirma que el mismo Tolstói tachó aquel vocablo y otra más que aquella palabra falta por ilegible…

Recurrimos a la edición de Gallimard. Si el traductor tuvo en las manos los originales rusos no cabe duda de que se topó con el mismo problema que yo, y seguramente habrá recorrido un camino similar al mío para solucionarlo. Estoy pensando en esto cuando leo: «J»ai attrapé la syphilis à Lucerne.» ¿Buscaría Bernadette du Crest de qué se contagió Tolstói o simplemente reprodujo la versión inglesa?

Agotadas todas las posibilidades no queda más que consultar el original de aquella carta, pero los manuscritos se encuentran en `la habitación de acero» y es viernes por la tarde. Habrá que esperar al lunes.

El lunes por la mañana llegué al Museo y encontré sobre mi mesa de trabajo un grueso volumen con el siguiente título: Lev Nikoláievich Tolstói y la medicina, escrito por Grigori Kulízhnikov, un médico que durante cuarenta años rastreó con ejemplar paciencia a lo largo de los trece volúmenes de diarios y de los treinta y un volúmenes de cartas del escritor cada padecimiento, cada malestar, cada una de las dolencias que el conde Lev Nikoláievich soportó durante sus ochenta y dos años de vida. Abro el libro y encuentro, en estricto orden cronológico, las mil y una afecciones del escritor: tosió, se resfrió, le salió un orzuelo, le dolía un diente, se lastimó un brazo, tenía el hígado inflamado, sufrió un mareo… ¡Es un libro de 640 páginas! Busco, pues, 1857, 21 de julio, con la esperanza de hallar la palabra eludida, pero Kulízhnikov no me ayuda: en esa fecha consigna una `enfermedad aguda de la uretra».

En eso estoy cuando me entregan una fotocopia de la carta hecha en la `habitación de acero». Ávida recorro el papel con la vista, pero la letra de Tolstói es indescifrable. ¡No consigo leer ni una sola palabra! Miro las líneas y no entiendo qué dicen. Busco la frase y no la encuentro. Afortunadamente acude en mi ayuda Tatiana Nikíforova, que se ha pasado la vida entre los manuscritos del escritor, y con ella a mi lado voy leyendo poco a poco, letra por letra: «En Lucerna atrapé la…» y una `t». ¿T?, miro inquisitiva a mi interlocutora. Ella lo aclara de inmediato. Es la `t» de tríper. Es decir: gonorrea. ¡Pero no sífilis! ¿De dónde
salió esa enfermedad? ¿Cómo pudo colarse en la traducción inglesa? ¡Y en la francesa! ¿Por qué?

A partir de ese momento cada vez que me encuentro con un sospechoso par de corchetes acudo a la señora Nikíforova y ella me responde con fotocopias hechas en la misteriosa `habitación de acero».

Publicado en libros | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , | 3 comentarios

LOS PREMIOS PLANETA según Rafael Borrás Betriu

Rafael Borrás Betriu (Barcelona 1935) fue director editorial de Planeta entre 1974 y 1983. Toda su vida (empezó a trabajar en 1951) ha estado vinculado con el mundo editorial: La Jirafa (la revista), Casa del Libro, Juventud, Luis de Caralt, Plaza, Teyde, Ariel, Iber-Amer, Alfaguara, Nauta, Plaza & Janés y Ediciones B.

El señor Borrás ha tenido el detalle de escribir sus memorias editoriales y las chicas de la patrulla las hemos devorado con placer.  Empezó con La batalla de Waterloo (Ediciones B, 2003), continuó con La guerra de los planetas (Ediciones B, 2005) y ha terminado (de momento) con La razón frente al azar (Ediciones La flor del viento, 2010).

En su segundo tomo de memorias, La guerra de los planetas, abarcando las páginas que van de la 287 a la 380, tiene un sabroso capítulo titulado: “Mis primeros diez premios Planeta”. En él hace un repaso a los galardones que se concedieron entre 1974 y 1983, cuando él era director editorial del grupo.

Es de agradecer que comience con lo que él que llama la pregunta del millón: “los premios literarios ¿están otorgados de antemano, a dedo, por la editorial de los convoca?”. La respuesta de Borrás no es directa. No dice “sí” o “no”. Hay que entender que él participó en todo aquello durante muchos años. Pero si uno se lee su libro termina concluyendo lo siguiente: En Planeta había/hay cuatro o cinco personas que tenían/tienen poder para decir a un escritor: “preséntate”. En la época a la que Borrás se refiere (1974-1983), esas personas eran Fernando Lara, su hijo José Manuel (actual presidente del grupo) , Carlos Pujol (que ahí sigue, incólume)  y el mismo Borrás. De entre los libros de esos escritores a los que se había pedido que mandasen novela, el jurado decidía/decide, con criterios puramente comerciales y nunca literarios, a quién se concedía/concede el premio.

Un periodista poco avezado

Borrás relata con gracia la conocida anécdota ocurrida el 15 de octubre de 1989 en la rueda de prensa que se celebró tras la proclamación de la obra ganadora (Queda la noche de Soledad Puértolas):

   Cuando un periodista, seguramente poco avezado en lo que son los premios literarios, preguntó con más candor que Caperucita Roja cómo era posible que Soledad Puértolas (que había concursado al Planeta ocultando su nombre y el título de la obra con un doble seudónimo) hubiera sido invitada al acto antes de ser conocido el fallo y, por ende, el nombre del ganador, una sonrisa cómplice recorrió la sala donde se celebraba la rueda de prensa, sonrisa que degeneró en carcajada hilarante al hacer el oportuno quite el editor (Fernando Lara) con una frase memorable:

–          Creo que usted todavía cree que los niños vienen de París.

Rafael Borràs increpa a la policía durante una manifestación (El País, 11 de abril de 2003-Foto: Jordi Roviralta)

Semprún y la calculadora

Para el premio de 1977 (con la democracia recién estrenada) llegaron a la conclusión de que lo que más se iba a vender era un libro político.   ¿Y cuál mejor que las memorias de Jorge Semprun? Los contactos ya se habían iniciado en 1976 pero se remató la faena para el premio del año siguiente. Así se parió La Autobiografía de Federico Sánchez como premio Planeta de 1977. [“Federico Sánchez” fue el nombre que Semprún utilizó en la clandestinidad cuando era miembro del partido comunista].

Llama la atención que el mismo Semprún (ni un pelo de tonto) se diera cuenta de que presentándose al premio estaba perdiendo dinero:

   Como he dicho antes, lo que le importaba por encima de todo (a Jorge Semprún) era la difusión de su obra, pero ello, con toda razón, no le impidió echar cuentas, y comprobó  que, según las bases del premio, el importe del mismo cubría un determinado número de ejemplares muy elevado, con lo que el teórico 10% de derechos de autor quedaba reducido sensiblemente. Le expliqué que así ocurría en todos los concursos, y que la merma no iba en beneficio del editor sino en la promoción del galardón, que en el caso del Planeta, como había podido comprobar, era más que considerable, desde la invitación masiva a los medios de toda España hasta la presentación en Madrid y Barcelona y los “bolos” del ganador y finalista por provincias. Semprún no acababa de verlo claro y hablé con Jose Manuel (Lara Bosch), que hizo números y comprobó que, en efecto –cosa que debía saber de sobra- dado que el importe del premio no se había elevado desde 1973, pero sí el precio de venta de los ejemplares en razón del aumento de los costos, los 4.000.000 de pesetas del año 1977, sobre 110.000 ejemplares de la primera edición, venían a representar un 5% de derechos de autor. Me encargó que le transmitiera a Semprún que en los próximos libros que le publicásemos intentaríamos compensarle, pero todo quedó en agua de cerrajas, porque, si no recuerdo mal, ni La segunda muerte de Ramón Mercader, ni El desvanecimiento, ni Aquel Domingo, que le edité en la colección Narrativa, fueron contratados con ediciones especiales.

-No lo entiendo, Margaret.

-Es muy sencillo, Daphne. El señor Sempún (que en paz descanse) entendía –sabiendo que su libro se iba a vender muchísimo- que le podía interesar más editarlo sin concurrir al premio y llevarse el 10% de derechos de autor, que entrar por el aro del premio, porque de ese modo de los primeros 110.000 ejemplares vendidos solo ganaría el 5% (los 4.000.000 de pesetas) y solo volvería a ganar el 10% con el ejemplar 110.001 y siguientes.

-Sigo sin pillarlo, Margaret.

-¡Vamos a ver, Daphne! ¡Deja de pensar en tu novio cubano y céntrate! Aceptando el premio y llevándose los 4 kilos, ganaba más dinero si sus ventas se quedaban por debajo de los 55.000 ejemplares. Pero vendiendo por encima de esa cifra –algo que el autor sabía que ocurriría- le hubiera interesado editarlo sin premio por medio. Semprún prefirió apostar por su carrera literaria antes que hacerse rico. Ahora puedes entender por qué Arturo Pérez Reverte nunca ganó el premio Planeta y por qué María Dueñas y Carlos Ruiz Zafón nunca lo ganarán. Pues eso, que en París no hay una fábrica de niños.

Cuando pedían a un escritor –deduzco del libro del señor Borrás-  que se presentase había, por lo visto, una especie de promesa por medio, o así se lo tomaba el autor. Me creo que la hubiera porque de otro modo un buen escritor difícilmente se arriesgaría. Por eso:

   La concesión del premio a Jorge Semprún trajo cola. Resultó que Lara se lo había prometido en firme –o eso entendieron ellos- tanto a Manuel Barrios como a Angel Palomino. Yo supongo que, meses atrás, cuando cada uno le preguntó qué posibilidades tenía de ganar si concursaba, Lara debió de darles alas con el deseo de que el jurado tuviese el mayor número posible donde escoger. Pero ya es sabido que en ciertos casos, siempre hay quien escucha lo que desea oír.  El jurado, a instancias de Lara, optó por dejar la novela de Barrios, Vida, Pasión y Muerte en Rio Quemado, y la de Palomino, Divorcio para una virgen rota, finalistas ex aequo.

[No explica Borrás quien en la editorial se inventaba, en aquella época, los títulos de las novelas].

Palomino tragó. Pero Manuel Barrios se negó a que la editorial publicara su libro. Al final la editorial no tuvo otro remedio que llevar al autor a los tribunales ganando, finalmente, el caso.

Vázquez Montalbán y el tiempo

En 1979 lo ganó Manuel Vázquez Montalban. El padre del detective Carvalho llevaba años deseando ganar el premio y así se lo manifestó en repetidas ocasiones a Borrás. Cuando vio que lo ganaban Jorge Semprún (19779 y Juan Marsé (1978), y viendo que eran de izquierdas, como él, se animó.

Cuando le comentaron a Lara (muy de derechas) que había concedido el premio a tres comunistas, respondió:

–          “Al haserlos millonarios se borran de comunistas.”

Cuando le preguntaron en rueda de prensa a Vázquez Montalbán lo que iba a comprar con el dinero respondió:

 “Tiempo”.

Juan Benet también tragó

Borrás, buen amigo de Juan Benet, lo convenció para que se presentase con una novela más comercial que la mayoría de las suyas, El aire de un crimen. En ese año también hubo negociación:

   Yo le aconsejé a Juan Benet que se hiciera fuerte, y en una reunión muy cordial con José Manuel (Lara Bosch) le explicó que si los miembros del jurado, semanas antes de la concesión del premio, manifestaban de manera oficiosa sus preferencias por otra obra, él agradecería que se le permitiera retirar su libro del concurso, con independencia de que fuese publicado por Planeta. En aquellas estábamos cuando Lara (padre) entró en el despacho de José Manuel (Lara Bosch, el hijo), se le resumió lo hablado y le pidió a Juan que tuviese confianza en él; nada podía garantizarle, pero tenía que aceptar la posibilidad de no ganar si quería ganar. Juan aceptó, y desde aquel momento, aunque no se lo dije, por lealtad a la empresa, supe que quedaría finalista, no ganador, como así ocurrió.

Esto demuestra que había promesas y promesas. Y que todos los escritores no son iguales: a unos se les garantiza y a otros se les pide confianza. (Escribo en presente porque parece continuar siendo así).  Y luego no vale cabrearse. Al fin y al cabo en un concurso unos ganan y otros pierden. ¿No es así? A que ya lo vas entendiendo, Daphne.

Cristobal Zaragoza y la V de victoria

 En la página 353 comienza el divertido relato de las peripecias de Cristobal Zaragoza, ganador del premio Planeta en 1981 y un escritor superventas del que hoy nadie se acuerda. Este escritor había entrado en Planeta como redactor de la enciclopedia Larousse y se le habían publicado luego algunos libros. En 1980 publicó en Plaza & Janés Generaciones  la primera novela de una trilogía. La novela tuvo buenas ventas y favorable acogida por parte de la crítica. Este hecho y el que a la mujer de Lara le hubiera gustado su libro presentado al concurso –Y Dios en la última playa– le ayudó a llegar a colocarse entre los finalistas.

Las cenas del Planeta deben ser emocionantes porque parece ser que –salvo en casos muy especiales como el de Semprún- los candidatos (los de verdad, aquellos a los que se ha contactado previamente) no saben que van a ganar. Al menos, no lo saben con seguridad. Los jefes de la editorial lo tienen claro desde antes de las deliberaciones, pero los autores no.

La cena de aquel año 1981 debió ser, ademas, divertida:

    Ya instalados en uno de los comedores del hotel Princesa Sofía, y antes de que el grueso del público lo tomase al asalto, me giré hacia una mesa cercana donde estaban Cristobal Zaragoza con su mujer, Amparo, Eduardo Rojas con la suya, Maria Luisa, y algunos aficionados a aquel tipo de celebraciones, entre los que destacaba una supuesta señora teñida de rubio platino muy espectacular, ajena por completo a la vida literaria. Hice un vago saludo con la mano y cuando Cristobal me interrogó con la mirada junté los dedos de mi diestra, en un intento baldío de emular al viejo Winston, para que lo interpretase como signo de que podía cenar tranquilo, pero debí de hacerlo con tal discreción, ay,  que lo interpretó como que quedaba segundo, no ganador, y sumido en la más negra de las desesperaciones, según me explicó luego, trató de hallar consuelo de la manera más inapropiada, sin que Eduardo Rojas, a su lado, eufórico y dicharachero, advirtiese la diligencia para mi desesperante con que el camarero de turno cumplía –trop de zéle- con el precepto evangélico de dar de beber al sediento.

(…)

Cristobal Zaragoza fue víctima del síndrome del premio. Me acordé de Tomás Salvador, que cuando en 1953 ganó el Ciudad de Barcelona me confesó con toda ingenuidad que había pensado, que a partir de entonces, los editores y las mujeres se lo disputarían a bofetadas. Me temí lo peor y le pedí a José Manuel (Lara Bosch) que, dada su experiencia financiera, aconsejara a Cristobal algún tipo de inversión que evitase que los 8.000.000 de pesetas del galardón se esfumasen a base de las invitaciones a los amigos que, de repente, le habían brotado a Cristobal, como hongos. Por lo pronto se alquiló un piso en el centro de Barcelona, donde a partir de entonces su mujer, Amparo, que siguió viviendo en el que habían habitado hasta entonces, iba todos los días para prepararle la comida, y se mercó un Rolls-Royce –no sabía conducir y tuvo que contratar, a horas, los servicios de un mecánico- que, según presumía, había pertenecido a Niceto Alcalá-Zamora, de quien escribió una hagiografía, El presidente,  con páginas muy patéticas como las de su odisea hasta conseguir llegar desde Europa a Argentina.

Gilipollas, que eres un gilipollas

En su libro, Rafael Borrás, se hace eco de otra anécdota del Planeta que fue relatada por Sergio Vila- San Juan en 2003:

En 1985 el ganador fue el psiquiatra Juan Antonio Vallejo-Nájera y el finalista, Francisco Umbral.

Ambos coincidieron en el aeropuerto de Barajas con destino a Barcelona, donde aquella noche, 15 de octubre, se fallaba el premio. Umbral rompió el fuego:

-Supongo que vamos los dos a Barcelona a por lo mismo.

Un tanto azorado, Vallejo se lo confirmó.

-Pues nada, que gane el mejor –deseó Umbral.

-Eso no me conviene, prefiero que gane el que tenga mejor suerte-le respondió Vallejo.

 

Vallejo quedó primero y Umbral finalista, es decir, segundo.

   Pero la mala conciencia de Vallejo, subconscientemente, por lo visto persistía, y en la gira de promoción organizada por Planeta le repetía una y otra vez a Umbral:

-Me asombra con qué elegancia llevas eso de ser finalista mientras el premio lo tengo yo.

Al final Umbral se cansó y le aclaró las cosas:

-Gilipollas, que eres un gilipollas, te voy a decir la verdad. Si me hubiera ganado un escritor como Manuel Vázquez Montalbán me molestaría, porque podría decir que es mejor que yo, pero que me gane un aficionado como tú no me molesta nada.

Publicado en editores | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 30 comentarios