PRENSA Y PATRIOTISMO

Adoro a los anónimos. Esta mañana he recibido el último mensaje de uno de ellos. Se refería al artículo Chacón & compañía (aquí) que ayer (aquí) utilizamos para criticar el reciente artículo de don Juan Luis Cebrián, alias: el salvador del periodismo. (aquí)

Les resumo el mensaje de mi querido anónimo y aprovecho que me estará leyendo para pedirle concisión en su próxima misiva. Dos son las cosas que me quiere hacer ver mi amigo:

1.- Nada de lo escrito en el artículo titulado Chacón & compañía es mentira.

2.- Gracias a dicho artículo se ha acabado de una vez por todas con el “zapaterismo”, una corriente interna dentro del PSOE que ha hecho mucho daño al partido y a España.

Recordemos que este artículo se publicó en EL PAÍS el domingo anterior al último congreso del PSOE, en el que se eligió el secretario general del partido.  Algunas encuestas publicadas en las semanas anteriores al congreso daban como ganadora a Carme Chacón, que se presentaba como continuista de la política de José Luis Rodríguez Zapatero, anterior presidente del gobierno español. Acabó ganando el señor Rubalcaba, como ustedes saben.

Termina mi amigo con: “Todos los españoles debemos dar las gracias a El País por el favor que nos hizo”.

Glups. No siento las piernas.

El segundo punto me ha llevado a acordarme de un país, Turquía, al que tengo un cariño especial y en el que la prensa y el poder siempre han tenido una relación muy especial.

En febrero de este año el asunto de la libertad de expresión en aquel país generó una agria polémica (aquí) entre el escritor  Paul Auster y Recep Tayyip Erdoğan, primer ministro de Turquía desde 2003. Auster dijo en una entrevista (aquí) que no visitaría Turquía mientras hubiera más de 100 periodistas encarcelados. Erdogan respondió primero preguntándose a quién le importaba lo que Auster dijera y luego llamándolo ignorante (aquí).

Pero la ausencia de libertad de expresión en Turquía no es algo reciente. Ya en la época anterior a la segunda guerra mundial los medios de comunicación sufrían el control del gobierno. En aquella época se promulgaron diferentes leyes que claramente reducían el campo de acción de la prensa. La más importante fue la número 1.881 que llegaba a imponer penas de cárcel a los periodistas, además del cierre del rotativo y multas en metálico, si “las informaciones publicadas perjudicaban la confianza en el estado o en sus funcionarios”.

El resultado fue que los principales periodistas y los directores de los periódicos más importantes, con la excusa del patriotismo y la defensa de la recién nacida república turca, pasaron a ser estrechos colaboradores del gobierno. De hecho muchos de ellos eran, al tiempo que periodistas en activo, diputados en el parlamento representando al partido en el poder.

El gobierno turco consiguió que los directores de los principales periódicos llegaran a defender en público el hecho de que en Turquía la libertad de expresión era absolutamente respetada. El 9 de octubre de 1939, en un editorial del periódico Tan, situado a la izquierda del espectro político (¿a quién me recuerda?), y en respuesta a una insinuación de la prensa germana referente a la censura en los medios turcos, se dijo: “En Turquía la prensa es libre, no hay censura. Si los periódicos están unidos en la defensa de los intereses del país, se debe a que están actuando como intérpretes de la opinión pública de todos los turcos”.

Poster Save Freedom of Speech--Buy War Bonds

¿Entienden ahora por qué esto de EL PAÍS me ha recordado lo que leí hace años sobre Turquía?

Cuando un periódico ha sido durante 36 años el más vendido y el que más influencia política y cultural ha tenido, corre el peligro de creerse el portavoz de todos los ciudadanos de una nación y de sentirse en la obligación de publicar algo, o peor, de no publicar algo, por el bien de todos esos ciudadanos.

Un ejemplo: ¿No creen ustedes que todo lo que está ocurriendo en la Casa Real española (Urdangarín, Botswana…) nos lo hubiéramos evitado si los editores de periódicos y revistas españoles no hubieran celebrado aquel pacto tácito de silencio sobre el rey, su familia y sus actividades?

Recientemente ese pacto se ha roto. Un poco tarde ¿no?

Por eso, cuando don Cebrián dice que los periódicos (y pone como ejemplo el suyo, EL PAÍS) son el mejor medio para, con rigor y transparencia,  explicarnos la realidad y formar la opinión pública, me parto de la risa. Por no llorar, claro.

¡Daphne! ¡Mi botella de ginebra! ¡Es una orden!

Fuente: “Turkish Foreign Policy During the Second War” de Selim Deringil. (Cambridge University Press, 1989).

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¿ES QUE NO HAY NADIE MÁS AHÍ ARRIBA?

Les cuento un sucedido que seguro conocen:

Un hombre caminaba absorto en sus pensamientos y, sin darse cuenta, se acercó a un precipicio. La roca sobre la que se encontraba se hundió y el hombre cayó al vacío. En su caída tuvo suerte y consiguió agarrase a una rama que salía de la pared del barranco. En un primer momento se alegró, pero dos segundos después cayó en la cuenta de que cuando se le acabasen las fuerzas irremediablemente  moriría.

Por ese motivo comenzó a gritar: “¡Socorro, ¿hay alguien ahí arriba?!”. Repitió varias veces su grito desesperado, pero nadie respondió. Cuando sus fuerzas se agotaban y se pensaba ya totalmente desahuciado, el hombre vio como el cielo se oscurecía de repente y un intenso rayo de luz salió de entre las nubes para iluminarlo todo a su alrededor. Entonces escuchó una voz atronadora y cargada de autoridad que dijo: “¡Soy Dios, tu padre del cielo, y estoy aquí para salvarte!” “¡No temas, confía en mí!” “Suéltate, déjate caer, que yo enviaré un coro de ángeles para que te tomen en sus brazos y te traigan hasta aquí arriba sin sufrir daño alguno.”

El hombre recapacitó durante un instante y gritó angustiado: “Vale, vale. ¡¡Pero es que no hay nadie más ahí arriba!!”

Pues eso nos preguntamos nosotras cada vez que don Pedro J. Ramírez o don Juan Luis Cebrián publican un artículo, o dan una conferencia, sobre el futuro del periodismo.

¿Lo último? Hoy en El País. (Aquí) [Permítanme que me centre hoy en el señor Cebrián.  Al señor  Ramírez se le cayó la careta hace tiempo y se trata de un caso bastante más evidente. Nos gustan los retos.]

Dice el señor Cebrián en su artículo titulado -cómo no- “El futuro del periodismo”, que el periodismo profesional debe ser útil y relevante “de cara a la formación de la opinión pública” y que:

Tiene entre otras tareas la de explicar la realidad al público y la de vigilar al poder. Ha de hacerlo desde el pluralismo y aun la confrontación de los medios, pero aplicando y respetando el rigor en las informaciones y la transparencia en los argumentos.

Hoy se cumplen 36 años de la publicación del primer número de EL PAÍS y por ello, en su artículo, el señor Cebrián usa su periódico como ejemplo de buenas prácticas.

Si lo he entendido bien, según el señor Cebrián, el periodismo profesional debe cumplir tres tareas:

1.- Formar la opinión pública.

2.- Explicar la realidad al público.

3.- Vigilar al poder.

Y debe desempeñar estas tres funciones con: a) Rigor en las informaciones y b) Transparencia en los argumentos.

Al grano:

¿Le parece, señor Cebrián, que el artículo que usted firmó y publicó en EL PAÍS, su periódico, el día 3 de agosto de 2007 (aquí) con el título de “La Poca vergüenza”, en que atacaba a un juez que había dictado sentencia en su contra, (la suya de usted) con la intención (suya de usted), según sus propias palabras (excusatio non petita accusatio manifesta), de “dirimir con él un contencioso personal”, contribuyó a la formación de la opinión pública y lo hizo con rigor y transparencia?

Otro asunto: el 10 de noviembre de 2008, (aquí), conociéndose ya la quiebra de Lehman Brothers (15/09/08) y el alcance de la crisis económica, ustedes, EL PAÍS, su periódico, el que usa como ejemplo, publicaban un artículo sin firma con el siguiente título: “El sistema bancario español, “un modelo para evitar la debacle””. En él se hacían eco de otro artículo publicado por el The Wall Street Journal  en el que se elogiaba la buena gestión del Banco de España alabando sus regulaciones anti cíclicas que habían conseguido reforzar a la banca española y permitirle afrontar con garantías la crisis económica. También se echaban piropos, citando nombres y apellidos, a los dos anteriores gobernadores del Banco de España.

Al día siguiente (aquí) se publicaba en EL PAÍS la noticia de que la banca española pedía a Zapatero que exigiera más control sobre el sistema financiero internacional, haciendo ver que ellos (los bancos españoles) estaban saneados y los males venían de fuera.

No hace falta, señor Cebrián, que le explique como de financieramente sano ha resultado ser el sistema bancario español. Y está claro que el deterioro no se ha producido en solo tres años y medio. Si hoy nuestros bancos son una mierda, ya lo eran en noviembre de 2008.

Le concedo que el resto de periódicos fue también incapaz (o tampoco quiso) de descubrir el mal estado de nuestro sistema financiero. Pero, por eso mismo, no me diga entonces que el periodismo profesional es el más capacitado para “explicar la realidad al público”.

Le pongo un último ejemplo y lo dejamos, ¿ok?¿Se acuerda de aquello de Chacón & Cia. (aquí) que hasta su defensora del lector criticó? (Nosotras lo comentamos aquí.) ¿Es eso rigor informativo y transparencia?

Los periódicos españoles nos han fallado una y otra vez. Lo que ocurre es que cada día tenemos menos memoria.

De la tercera terea enunciada por el señor Cebrián, “Vigilar al poder”, mejor no hablamos.

Que hoy más que nunca -con la sobredosis de información que recibimos a diario- es necesaria la labor de un buen medio de comunicación para cribar y seleccionar lo que es noticia, es totalmente cierto. Pero que no van a ser los periódicos tradicionales los que desempeñen esa función en el futuro, también lo es. Y no por culpa de internet ni de las tabletas ni de  los “smart phones”, no. Son ustedes, señor Cebrián, los que han cavado su propia tumba perdiendo la confianza de sus lectores. Ustedes se lo han ganado a pulso.

Pero sí hay alguien más ahí arriba. Sí que los hay. Hay, por ejemplo, un señor llamado Ignacio Escolar (aquí) y otro llamado Juan Varela (aquí) que saben de lo que hablan y pueden hacernos ver dónde está la salida del túnel. Pero ¿Pedro J.? ¿Cebrián? Venga ya.

PD: Hay una cosa, señor Cebrián, por la que sí tengo que darle la enhorabuena. Me refiero a lo bien que funciona la hemeroteca y el buscador de EL PAIS.com.

Jack Lemmon, Walter Matthau, Billy Wilder, and Carol Burnett

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NO TENEMOS TWITTER, PERO COMO SI

-¿El sindicato?

-Buenísimo.

-¿Te gusta?

-Mucho.

-¿Lo mejor?

-La polla.

-¿Qué?

-La de Jagger.

-¡¿Dónde?!

-Aquí

-¿Quién?

-Jordi Soler.

-¿Gran “post”?

-Soberbio.

-¿Profundo?

-Más que Ayala-Deep-Inside.

-¿Filosofía pura, Soler en El Sindicato?

-Purísima y oro.

-¿El pito de Mike Jagger?

- Lo de Soler/Jagger, entre líneas: un libro.

-¿Los demás?

-Grandes.

-¿Visitas?

-Pocas.

-¿Comentarios?

-2

-¿Literatura?

-De primera.

-¿La polla?

-De Bedoya.

-¿Los pimientos?

-De Padrón.

-¿Las anchoas?

-De Santoña.

-¿Gran literatura?

-En El Sindicato.

-¿El futuro?

-En El Sindicato.

Nota: que estábamos aburridas. Que nos teníamos que haber puesto a escribir pero… Esto –no sé si se han dado cuenta- funciona como poema postpoético o como lista de la compra. Quien quiera lo puede copiar. Somos viejas gruñonas, pero no vamos a obligar a nadie a retirar los libros de la mesa de novedades.  

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UN ESPÍA LLAMADO IGNATIUS RIPLEY

-Margaret, en la puerta hay un señor.

-Mira a ver si es él. Que te dé la contraseña.

Tres minutos después.

-Sí, Margaret, se trata de don Rigoberto.

-Que pase.

(…)

-Don Rigoberto: es un honor para nosotras su presencia en este humilde cuartel. Póngase cómodo. ¿Una copita?

-Mire, Margaret, estoy muy ocupado y no me gustaría perder, perdón, emplear mucho tiempo aquí con ustedes. He tenido que cancelar varios compromisos para acudir a esta reunión de urgencia.

-No se preocupe, nos hacemos cargo. Van a ser solo veinte minutos. Daphne, te ruego que tomes nota y levantes acta de lo que vamos a tratar hoy en esta sala.

-A sus órdenes, mi sargento.

-Ha sido usted convocado, don Rigoberto, en calidad de presidente de la fundación que patrocina nuestras actividades. Queremos mostrarle nuestros progresos, hacerle ver cómo la grave situación en que, hace un año, se encontraba el libro, ha empeorado en los últimos meses, pedirle que renueve su confianza en nosotras y, por último, recabar de su fundación nuevos fondos para continuar combatiendo a las fuerzas del mal.

-Al grano, Margaret.

-Sí, claro, perdone. Pues mire, don Rigoberto: así, directamente, le cuento que hemos conseguido infiltrar un espía en Anagrama. Como usted sabe, después de la entrada de Feltrinelli, en la editorial de don Jorge Herralde están ocurriendo cosas muy raras. El nombre en clave de nuestro hombre en Anagrama es Ignatius Ripley.

-¿Y?

-Pues para que usted compruebe la buena labor que nuestro espía está realizando, le hago entrega en este preciso momento -¿estás tomando nota, Daphne?- del documento ultrasecreto que Ignatius ha conseguido distraer del despacho del mismísimo don Jorge. Se trata de la programación de la editorial para septiembre, octubre y noviembre de 2012. ¿Qué me dice? ¿Cómo se ha quedado, don Rigoberto? ¿Es o no un pedazo de espía nuestro Ignatius?

-Déjeme ver….

Septiembre

Panorama de narrativas

            Delphine de Vigan, Nada se opone a la noche

            Michel Houellebecq, Poesías

            Karl Ove Knausgård, Mi lucha (tomo I)

            Vladimir Nabokov, Cosas transparentes

 

            Narrativas hispánicas

            Daniel Sada, El lenguaje del juego

      Soledad Puértolas, Mi amor en vano

      Juan Pablo Villalobos, Si viviéramos en un lugar normal

     

      Otra vuelta de tuerca

      Elizabeth Taylor, Ángel

 

      Argumentos

            Daniel Cassany, En_línea: escribir y leer en la red

            Graciela Speranza, Atlas portátil de América Latina: arte y ficciones errantes

 

Octubre

            Panorama de narrativas

            Annalena McAfee, ¡La exclusiva!

            Chang Rae Lee, Rendidos

            Giorgio Faletti, Apuntes de un vendedor de mujeres

 

            Narrativas hispánicas

            Xavier Rubert de Ventós, Pecados a medida

            Contraseñas

            Kiko Amat, Eres el mejor, Cienfuegos

            Eloy Fernández-Porta, (sin título)

      Argumentos

             Nikos Dimos, Sobre la desgracia de ser griego

            Melanie Thernstrom, Las crónicas del dolor

            Juan Cueto, Un oficio de locos

Noviembre      

            Panorama de narrativas

            Alessandro Baricco, Mr. Gwyn

            Arto Paasilinna, Prisioneros del paraíso

            Julian Barnes, Un sabor a final

            Paolo Sortino, Elisabeth

            Narrativas hispánicas

            Premio Herralde de Novela

            Finalista Premio Herralde

 

            Argumentos

            Richard Sennett, Juntos. Rituales, placeres y política de cooperación

            José Antonio Marina, Sin título

           

            Compactos

            Alessandro Baricco, Sin sangre

            Alessandro Baricco, City

            Alessandro Baricco, Tierras de cristal   

            Literatura infantil y juvenil (nueva colección)

            Save the Story

            Alessandro Baricco, Don Juan

            Umberto Ecco, Los novios

            Stefano Benni, Cyrano de Bergerac

            Andrea Camilleri, La nariz

 

            Fuera de colección (Edición Anagrama & Random House Mondadori)

            Paul Auster & John Coetzee, Cartas

-Adivino en sus ojos lectores, don Rigoberto, la preocupación que lo embarga en estos momentos ante la gravedad de la situación. No me andaré por las ramas. Necesitamos incrementar nuestro fondo de reptiles en 5 millones de euros para  continuar con nuestras investigaciones y, sobre todo, seguir pagando a nuestros espías infiltrados en las grandes editoriales. Piense que Mari Pili Allende, nuestra Mata Hari en Random House Mondadori, solo ella, consume 2 millones al año. Es un ejemplo para que usted vea.

-Petición denegada, Margaret.

-¿Cómo?

-La fundación no les va a subir la asignación. Lo que han descubierto en Anagrama no supone un peligro para el libro ni para la buena literatura. Al revés.

-Pero, don Rigoberto, ¿y lo de Faletti?

-No es tan grave.

-¿Y lo de Fernández-Porta?

-Que este chico, al que no tengo el gusto, siga publicando en Anagrama no demuestra que la entrada de Feltrinelli haya cambiado de forma radical –como usted dice- la línea editorial que con buena mano y pulso firme sigue defendiendo don Jorge Herralde.

-¿Y lo de….?

-Adiós, Margaret. Adiós patrulleras.

30 minutos después, con el segundo gintonic.

-No te preocupes, Margaret. Saldremos adelante. Oye, a todo esto: ¿Cómo se va a titular el nuevo libro de Fernández-Porta?

-Pues me ha contado Ignatius Ripley que tienen dos nombres, pero no saben por cuál decidirse. El primero es: “La conga de Jalisco va y viene caminando o la geopoética postestructural” y el  segundo: “La blogoestratosfera carpetovetónica y me llevo cuatro”. A mí, de todas todas, me gusta más el último.

-A mí también.

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TUSQUETS SE QUEDÓ UN POCO EMBARAZADA

Respetada y admirada doña Beatriz de Moura:

Hemos pasado todo el fin de semana discutiendo si debíamos escribirle esta carta. Por un lado todas entendemos que su decisión merece el mayor de los respetos. Su trayectoria editorial, doña Beatriz, es irreprochable y sabemos que no le ha quedado otro remedio. Pero por otro lado, creemos que en cumplimiento del deber que nos guía –la protección del libro, de los lectores y de la Literatura- teníamos la obligación de, al menos, puntualizar algunas de las cosas que han salido en la prensa.

Dice usted (aquí) que “Yo sigo independiente; a mí no me ha comprado nadie” y (aquí), en el comunicado oficial que publicaron en la web de la editorial, que “han llegado a un acuerdo de asociación” con Planeta. Con todo el respeto que usted merece, doña Beatriz, permítame que le diga que esto me recuerda cuando mi hija me soltó un día: “Mama: estoy un poco embarazada”. “Un poco”. Hablar claro cuesta muy poco. Y usted, a estas alturas, no necesita andarse por las ramas.

Dice usted que ha tomado la decisión para salvar 24 puestos de trabajo. Nos parece muy bien. Ahí está usted hablando claro. Todo lo demás sobra, perdóneme.

Dice usted que en lo referente a línea editorial todo seguirá igual, que Planeta quiere conservar Tusquets editores tal y como es ahora mismo. Le recuerdo algo que usted conoce de primera mano, se lo contó su cuñada y amiga Esther Tusquets. Me refiero a las consecuencias de la venta de Lumen a Mondadori hace unos años. Esther Tusquets lo relató en su libro Confesiones de una editora poco mentirosa que editó RqueR en primer lugar y ahora reedita Ediciones B. (Si quieren un resumen pueden mirar aquí). ¿No lo recuerda?

Dice usted (aquí) que los autores fueron avisados “de antemano” y que están encantados. Me creo que una escritora como Almudena Grandes esté, ahora mismo, haciendo palmas con las orejas. Sus libros, que ya se vendían mucho, se van a vender ahora, y gracias a la red de distribución de Planeta, aún más. Pero, ¿qué piensa, por ejemplo, un autor como Rafael Reig? Es posible que a corto plazo venda un poco más. Pero, ¿llegará, a medio y largo plazo, a las cifras que un gran grupo editorial exige de un productor? Perdone, doña Beatriz, que use la palabra “productor” en lugar de “escritor”. Lo hago para que vayamos adaptándonos al nuevo escenario lo más rápido posible.

Dice usted que “el lector de Tusquets no notará nada” ¿No ha visto lo que ya está ocurriendo en Anagrama? ¿Cree usted que antes de la llegada de Feltrinelli se hubiera editado en la colección Panorama de narrativas Intocable de  Philippe Pozzo di Borgo, o lo que está al caer: la nueva novela de Giorgio Falleti? Le vamos a dar un margen de confianza, doña Beatriz, pero si dentro de unos meses vemos, por poner un ejemplo, las nuevas “novelas” de Carmen Posadas o de Begoña Aranguren bajo el sello Tusquets, no nos quedará más remedio que cumplir con nuestro deber y recordarle sus palabras de hoy.

Reciba un cordial saludo y mucha suerte.

LA PATRULLA DE SALVACİÓN

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SOBRE LA GLORIA Y LA SENCILLEZ (Y, de paso, una defensa del anonimato)

LA GLORIA

Existen el nombre y la cosa. El nombre es un sonido que representa y significa la cosa; el nombre no es una parte de la cosa ni de la sustancia, es un elemento extraño unido a la cosa y unido a la cosa y exterior a ella.(1) Dios, que es en sí absoluta plenitud y el súmmum de toda perfección, no puede experimentar aumento ni incremento interior; pero su nombre puede aumentarse e incrementarse por medio de la bendición y alabanza que dedicamos a sus obras exteriores. (2) Alabanza que, puesto que no podemos incorporársela a  Él, ya que en Él no puede darse aumento de bien, la atribuimos a su nombre, que es el elemento exterior a Él más próximo. (3) De este modo, gloria y honor pertenecen solo a Dios; (4) y nada se aleja tanto de la razón como perseguirla para nosotros. En efecto, siendo interiormente indigentes y necesitados, siendo nuestra esencia imperfecta y precisando continua mejora, debemos esforzarnos en esto. Somos del todo huecos y vacíos; no hemos de llenarnos de viento y de sonido;  necesitamos una sustancia más sólida para mejorar. (5) Un hombre hambriento sería muy necio si buscara proveerse antes de ropa hermosa que de buena comida. Hay que atender a lo más urgente. Como dicen nuestra oraciones habituales: “Gloria in excelsis Deo, et in terra pax hominibus” (6) [Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres]. Sufrimos escasez de belleza, salud, sabiduría, virtud y demás cualidades esenciales;  los adornos externos se buscarán una vez que hayamos provisto a las cosas necesarias.  La teología trata de manera amplia, y más pertinente, este asunto, pero yo no estoy muy versado en ella.

   Crísipo y Diógenes fueron los primeros autores, y los más firmes, en desdeñar la gloria; (7) y, de todos los placeres, decían que ninguno era tan peligroso y más digno de ser evitado que el que procede de la aprobación ajena. Lo cierto es que la experiencia nos muestra muchas traiciones perniciosísimas producidas por ella. Nada hay que emponzoñe tanto a los príncipes como la adulación, y nada tampoco que permita a los malvados ganar crédito a su alrededor con mayor facilidad; ni rufianería tan apta y tan común para corromper la castidad de las mujeres como alimentarlas y cultivarlas con elogios. El primer encantamiento que las sirenas emplean para seducir a Ulises es de esta naturaleza:

“Ven aquí hacia nosotras, oh Ulises famosísimo y el mayor honor que florece en Grecia.” (8)

(1)    R. Sibiuda. Libro de las criaturas, 193.

(2)    Ibidem, 190

(3)    Ibidem, 192

(4)    Cfr. San Pablo, I Timoteo I, 17: “Soli Deo honor et gloria”; R. Sibiuda, Libro de las criaturas, 189.

(5)    R. Sibiuda, Libro de las criaturas, 189.

(6)    Lucas 2, 14; la frase inicial el gloria de la misa.

(7)    Cfr. Cicerón, El bien y el mal supremos, III, 17, 57.

(8)    Homero, Odisea, XII, 184-185.

Páginas 933 y 934, Cap. XVI, de Los ensayos de Michel de Montaigne

(según la edición de 1595 de Marie de Gournay)

Edición y traducción de J Bayod Brau. Acantilado, 2007.

 

Decálogo de la sencillez

I

   El primer mandamiento de la Sencillez es el Diálogo. Cualquier silencio prolongado se vuelve orgulloso, o bien estúpido; es decir, acaba por situarse por encima o por debajo del nivel de la sencillez. Yerra el estoico cuando, para llamarse sencillo, se envuelve en su manto de altanería. Como yerran el franciscano extremoso o el eslavo nihilista, al confundir simpleza con simplicidad… Pero el Diálogo mantiene siempre a flote nuestra conducta con la continuada disciplina del contraste. (…)

II

   El segundo mandamiento de la Sencillez es la risa. Purga la risa a la mente, y tal vez al cuerpo, de hinchazones y de tiesuras. (…)

   ¡Gloria a la risa que descabalga! Este señor se daba tono. Andaba a caballo a nuestra vera… Pero ya se rió. Ya se ha desmontado. Ahora andará honradamente a pié, el resto del camino.

III

  A pie, a pie conviene ir. En todo. En los paseos, en los oficios, en el amor, en el estudio. En el estudio sobre todo. Único modo de evitar que el saber, con envanecer, desvanezca. (…)

IV

   Entre dos explicaciones, elige la más clara. Entre dos formas, la más elemental. Entre dos palabras, la más breve.

V

   Nada de robinsonear. No estamos en una isla desierta, sino en una ciudad –dentro de otra ciudad, que es la Cultura- dentro de otra, a su vez, que es la Historia.

   Levantamos los párpados, y vemos inmediatamente compañía. Tendemos el meñique, y tocamos colaboración. Abrimos la boca, y respiramos tradición.

VI

   Te apoyarás en tus prejuicios, como el primer peldaño de una escalera. Acaso más tarde descanses en ellos. (…)

   Solo a precio de no querer empezar, podrás librarte de seguir. Mucho se ha hablado contra los rebaños de carneros. Pero, ¡qué decir de las desbandadas de carneros!

   ¿Y qué ganaras, si eres carnero, con ser un carnero original? No habrá para ti más originalidad posible que la miserable de tener cinco patas.

VII

   La miseria siempre es patética, contorsionada, sobrecargada… No seas miserable.

   Pero no seas tampoco demasiado rico. Antes pasará un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre las columnas dóricas que contienen el templo de la Sencillez.

  Hay que evitar, sobre todo,  el “prosperar”, por lo menos el prosperar demasiado deprisa. (…) Solo a fuerza de años en una posición, te moverás dentro de ella con desembarazo.

   Y luego, que tu trabajo sea púdico. Sudar una fatiga en público significa siempre un acto de cinismo.

VIII

   Ne quid nimis. La exquisita sobriedad en todo. Ni de la nobleza conviene abusar. (…)

   Lo mismo cabe decir de otras complicaciones. Un triangulo, un cuadrado, cosa perfecta. Un pentágono está muy bien. Un hexágono (sin h en el original), un octágono, pasen aún. Pero lo mejor que se puede hacer, cuando uno empieza a volverse dodecágono, es inscribirse en un círculo.   

   Y lo peor, perder la cabeza… Pero también resulta bastante malo perder pie.

IX

   El noveno mandamiento de la Sencillez ordena no abusar de la llamada “vida interior”. No está el daño en tenerla, una vida interior. El daño está en sentirla. El pecado, en cultivarla.

   Quita, quita vida interior. Siempre te quedará demasiada. ¿No ves lo que ocurre con la salud del cuerpo? Quien ve perfectamente, no siente el existir de sus ojos, no se acuerda de ellos. (…)

   Así en lo espiritual, alma perfectamente sana sería, la que, al sobrevenir la hora de la muerte y dejar el cuerpo, se quedase completamente sorprendida, al ver que era inmortal.

X

   Haz por llegar a viejo, candidato a la Sencillez. La Sencillez acabada requiere tiempo, para estar de vuelta de muchas complicaciones.

Páginas 103-108 de Cuando ya esté tranquilo de Eugenio D’ors.

 Editorial Renacimiento, 1930.

Eugenio D’Ors

 

Notas de la sargento:

1.- Las negritas son mías.

2.- Soy poseedora de un ejemplar editado por Renacimiento (Madrid) en 1930 de Cuando ya esté tranquilo de Eugenio D’ors. Lo siento por usted.

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LOS DE DENTRO (Con su permiso, don Antonio)

Leer a Tolstoi, Dostoievski o Flaubert produce en mi persona efectos muy positivos. Uno de ellos que se le quitan a una las ganas de escribir cualquier tontería que pudiera pretender parecerse a una novela. Hoy, leyendo Los de dentro (aquí), el artículo en Babelia de Antonio Muñoz Molina, he pensado muy seriamente en cerrar para siempre este blog.

Un trozo:

Se reconoce en seguida a los que están dentro, a los que han nacido para estarlo. Es un club en el que por ahora todavía está representado mayoritariamente el sexo masculino. Hay quien sin haber publicado nada o casi nada ya ha aprendido todas las maneras, que en su variante española incluyen una jactancia áspera, un lenguaje de clan, una destreza para situarse y repartir juego, para intercambiar favores, una soltura para citar el título de lo que uno mismo ha escrito como si fuera de dominio público, para pronunciar nombres de pila. La literatura es un local que ellos controlan desde la barra; acodados en ella, intercambiando claves, inapelablemente aprobando o descartando, volviéndose a medias para mirar de soslayo a la concurrencia, administrando el sarcasmo, contando anecdotillas denigratorias ya muy manoseadas, detectando candidatos posibles a los que quizás convenga admitir en el club. Les pasa como decía Augusto Monterroso que les pasa a los enanos, que tienen un sexto sentido que les permite reconocerse entre ellos. Siempre están en el secreto de algo que los demás ignoran.

  

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