Barcelona, 21 de febrero (EUROPA PRESS) En la madrugada de hoy, la patrulla de salvación (la policía editorial) procedió a la detención de un hombre de 49 años, residente en Barcelona y que responde al nombre de Claudio López Lamadrid. El detenido es director editorial de Mondadori, Lumen y Caballo de Troya, con responsabilidad en España y Latinoamérica. La patrulla se incautó en su domicilio de dos ordenadores, tres lectores digitales y numeroso materia impreso y fotográfico. El detenido ha pasado la noche en las dependencias del cuartel de Salvación –más concretamente en el calabozo- y ha sido puesto a disposición judicial a primera hora de la mañana.
-Pero, Margaret. No puedes hacer eso. No puedes grabar la conversación entre un detenido y su abogado. Eso va contra el derecho que todo presunto criminal tiene a la defensa.
-No seas mojigata, Daphne. Esta vez no se escapa. Además, estamos en guerra. Y en la guerra como en la guerra. Lo que está haciendo es muy grave. Mira, mira, escucha…Si es que está más claro que el agua. Hasta él mismo lo reconoce. Escucha, escucha…:

-Hola Claudio, buenos días.
-Ya era hora, tío.
-No he podido venir antes, lo siento. Tenía que defender al director de un periódico por publicar propaganda. Mira, te he traído comida y lectura: un bocadillo de Nocilla, el HOLA, el Pronto y cinco números atrasados de la revista Super Pop.
-¿Por qué coño me han detenido? ¿De qué se me acusa?
-De repetidos atentados contra la ecología literaria. De reiterados delitos contra el medio ambiente cultural. La prensa sensacionalista de esta mañana compara tu editorial con el Prestige.
-¿Qué?
-Para que lo entiendas: estás acusado de inundar con basura la mesa de novedades editoriales. La Asociación de Señoras para la Defensa del Libro (A.S.D.L.) ha interpuesto una denuncia y ha sido admitida a trámite por el juez de instrucción. Esta vez lo tenemos jodido, amigo mío.
-Pero, ¿a qué “basura” se refieren? Todo lo que yo edito es de máxima calidad.
-Claudio, vamos a ver: yo soy, antes que nada, tu amigo. Lo sabes. Pero si quieres que te saque de esta, tenemos que hablar con claridad y sinceridad. Lo de Javier Calvo y lo de Belen Gopegui, tiene un pase. Pero: Olmos, Elvira, Torné, Pron, ¿Quieres que siga? Y, bueno, lo último ya… Con lo de “Fresy Cool” te has pasao, chaval.
-Mira que se lo dije a la Mónica Carmona de las narices. Y ella, erre que erre. [El detenido imita la voz de una mujer]: “Que ya verás, Claudio, que lo de este chico va a ser un bombazo.”. Y luego la Lunita de los cojones, que lleva en la editorial tres meses y ya manda más que un capitán general. Que no veas los aires que se da la mocosa. A ver quien tiene huevos a decirle a doña Luna Miguel que no le publicamos la novelita a su novio.
– Pero Claudio, tú eres el director.
-Ya, pero las tías se me suben a la chepa. No puedo con ellas. Y, ¿sabes lo peor?: que en la planta noble, en las reuniones del comité de dirección, me empiezan a mirar de esa forma. Tú ya me entiendes. Que ¿por qué? Pues porque no vendemos un carajo. Tanta portada en Qué Leer, tanto blog, tanto twitter, y no se vende una mierda.
-Bueno, Claudio, vamos a centrarnos en planear tu estrategia de defensa.
-Ya lo tengo: podíamos decir ante el juez que yo cumplía órdenes. Como los militares: obediencia debida.
-Pero eso no es verdad, Claudio. La dirección del grupo solo te pide -más en este año de crisis- beneficios. Nadie te dijo que te metieras en este berenjenal. ¿Ves? Eso es algo que nunca he entendido. Te podías limitar a publicar lo que ya te viene contratado de fuera por el grupo y olvidarte de esos jóvenes autores en castellano que solo te traen problemas. A veces no sé si tienes alma de hermanita de los pobres o es que te crees la idea romántica del editor estilo Herralde. Y no te ofendas, que hablo como amigo.
-No, si ya… Pero eso es precisamente lo que no entiendo: hace treinta años, Jorge Herralde cogía la última cagada de un intelectual que además de alcohólico era francés, lo traducía, le ponía una portada amarilla y todos –sin excepción- decían que era una maravilla. Y cuando yo intento promocionar a buenos autores como Pron y Olmos, se me echan encima lo críticos y me los ponen a parir.
-¿”Buenos autores”, dices? ¿Pron y Olmos?
-¡Vete a tomar por culo! Tú eres abogado y no tienes ni puta idea de literatura. Es más, te lo voy a decir para que lo sepas: en este país de incultos y de iletrados, hablando de libros, solo unos pocos sabemos lo que tiene calidad. Me sobran dedos en las dos manos para decirte los que entendemos de este oficio: Marías, Herralde, Vila-Matas, yo y cuatro más. El resto, ni idea. País de subnormales. El día menos pensado acepto la oferta que me ha hecho Jonathan Galassi de Farrar, Straus & Giroux, y me marcho con él a Nueva York. Y que os jodan a todos.
-¿Acualo? Menos lobos, caperucita. Que nos conocemos desde que somos niños, Claudio.
-¿Sabes lo que te digo?: que me voy a defender yo solo. Estás despedido, no te necesito. Soy editor, y por lo tanto mucho más inteligente que tú, un simple abogado. Esta tarde me voy a leer en diagonal el código penal y seguro que me defiendo mejor que tú lo harías.
-Vale, ahí te quedas. Adiós.
-Adiós.
[El detenido, Claudio López Lamadrid, se ha quedado solo en la celda, pero continúa hablando]
-Además, soy descendiente del marqués de Lamadrid. Por mis venas corre sangre noble. No tengo que aguantar a estos plebeyos incultos y retrasados que no han pasado de leer novelitas del oeste y que no son capaces de hacer la o con un canuto. Voy a llamar a Juan Carlos, seguro que él me resuelve este asuntillo tan desagradable.









