La cantera
Cuidar de la cantera es algo digno de elogio. Además, apostar con constancia y coherencia por los nuevos valores suele dar, en el futuro, alegrías y buenos rendimientos. El mejor ejemplo es el F. C. Barcelona. El club de la ciudad condal lleva muchos años, a través de la escuela de futbol que llaman La Masía, apoyando el fútbol de base. De esa cantera han salido grandes figuras aún en activo como: Xavi, Iniesta, Piqué, Busquets, Valdés, Cesc Fábregas Puyol, Pedro, Bojan, Thiago, Reina, y grandes jugadores de generaciones anteriores como: Carrasco, Calderé, Ferrer, Luis Milla, Amor, Guardiola, De la Peña, Sergi o Gerard. El mismísimo Messi es fruto de la cantera del club azulgrana, ya que llegó al club, procedente de Argentina, cuando tenía solo 13 años. Del trabajo de este criadero (y perdón) de buenos jugadores se ha beneficiado el Barça, claro, pero también la selección española, pues en el equipo que ganó la última copa del mundo había 9 jugadores de esta procedencia, de los cuales 7 fueron titulares de forma habitual.

El caballo
En 2003, Mondadori intentó crear su Masía literaria. La llamó Caballo de Troya y puso a su mando al inefable Constantino Bértolo. La idea consistía en tener un conjunto filial que nutriera de escritores al primer equipo. Buena idea. Pero ya en la presentación del nuevo sello (aquí) se dijeron tonterías como:
“Caballo de Troya”, según Claudio López Lamadrid, «surge como un sello editorial con espíritu y estrategia editorial independiente dentro de un gran grupo».
Si es que cuando las cosas nacen así… Vamos a ver: si es independiente, no puede pertenecer a un gran grupo. Y si pertenece a una multinacional, entonces, querido Claudio, no es independiente. Que parece que hay que explicártelo todo desde el principio. A ver, Claudio, repite conmigo: La “b” con la “a”, “ba”. 2+2 = 4. Si hay que ponerse a este nivel, nos ponemos. Lo que haga falta ¿eh?
Cuando en los años 80’s, en pleno apogeo de la movida madrileña, salieron a la luz sellos discográficos independientes como DRO, Grabaciones Accidentales y Tres Cipreses, hubo una casa de discos, Hispavox, que lanzo su sello independiente dentro del gran grupo (como la ideal feliz de López Lamadrid). Se llamó, aquel engendro, Flush Records. Sacó dos singles de Radio Futura, cuatro cosas más, y nunca más se supo. Hispavox terminó siendo absorbida por EMI.
Eso es lo que pasa en España, que no tenemos memoria. O no la queremos tener.

El Bértolo
Constantino Bértolo (Lugo, 1946) lleva 16 años viviendo (de las rentas) de que fue el descubridor de Ray Loriga. No ha conseguido, como editor, lanzar a nadie más. Bueno, perdón, sí encontró otro diamante en bruto: Elvira Navarro. Pero esto mejor que quede entre ustedes y yo. ¿No les parece?
Bértolo, mejor que nadie en este país, sabe que esta última generación de nuevos escritores es yerma. (Me ha quedado bien esto de “yerma”, ¿eh?) Recibe más de 400 manuscritos al año y ha podido comprobar la ínfima calidad de lo que escriben los que hoy tienen, en España y Latinoamérica, entre 25 y 40 años.
En 2008, en un reportaje (aquí) sobre jóvenes escritores españoles en el diario Público, Bertoldo lo dijo alto y claro:
«Quizá no hay que darle muchas vueltas y simplemente es que no hay autores jóvenes buenos», admite Luis Solano, editor de Libros del Asteroide. Bértolo también opina que «es un momento en el que hay muchos con ganas de escribir, pero nadie parece tener nada que decir».
En privado, Constantino es aún más claro.
Sigo, si me lo permiten, con el símil futbolístico: cuando un niño con mucho entusiasmo, pero con un defecto físico en las piernas, se presenta a hacer las pruebas para ingresar en los equipos infantiles de un club de fútbol, los entrenadores, con todo el dolor de su corazón, le piden que busque otra actividad para su tiempo libre. Lo mismo, Constantino, hay que hacer con estos chicos literariamente incapaces que aspiran a ser escritores. Yo sé que rechazas mucho (aquí; ver primero y segundo comentario). También sé que, dentro del grupo editorial, te ha tocado bailar con la más fea. Pero lo que no puedes hacer, querido Constantino, es justificar tu salario llenando la mesa de novedades de libros de escritores infumables que no son buenos, ni prometen serlo, -y tú lo sabes-, sino que son solo los menos malos.
Querido Constantino: si no hay, no hay. Y si no hay, pues no se publica. ¿Lo coges?
Pero Bértolo es perro viejo y sabe nadar y guardar la ropa. Les copio una frase entresacada de una entrevista en Literaturas.com en la que Bértolo deja claro (aquí) que conoce lo que debe hacer para sobrevivir en el mundo editorial:
Repito que personalmente creo en la responsabilidad cultural del editor pero también sé que en estos momentos que alguien diga de un editor que es un editor responsable culturalmente hablando, es anunciar su próximo pase a las listas del paro.
Quien crea que estamos sacando la frase de contexto, que pinche en el enlace y se lea toda la entrevista.
Constantino: soy mayor que tú y por eso te voy a dar un consejo. En la vida hay que intentar actuar de forma coherente con las ideas y principios que uno tiene, eso lo sabes. Pero si pasado el tiempo, y debido a las circunstancias que sean, no conseguimos acercarnos ni un poco a ese ideal de coherencia, lo recomendable es, al menos, mantener la boca cerrada.

El resultado
El proyecto Caballo de Troya ha fracasado. Cifras: 8 años, más de 1.500 manuscritos recibidos, más de 60 libros publicados, más de 50 autores editados. Resultado: 2 escritores.
Desde que en el año 2004 abrió sus puertas, Caballo de Troya solo ha sacado adelante dos escritores. Solo dos. Constantino suele hablar de Mario Levrero, pero cuando en 2007 publicó en la cuadra de Bértolo, el autor uruguayo tenía ya más de 20 libros publicados y llevaba, de hecho, tres años muerto. No era esa, creo, la idea con la que se fundó esta escuela de escritores noveles. Digo yo.
Cuando hablo de solo dos escritores, me estoy refiriendo a Marta Sanz, que hoy publica con Anagrama y a Milo J. Krmpotic que saca libro estos días en Seix Barral . [Inciso: no han podido ustedes ver, claro, cómo me temblaban las manos cuando tuve que escribir este último nombre. Este señor, como subdirector de Qué Leer, ha hecho muy poco por la crítica literaria en castellano, pero hay que reconocer que como narrador no es malo.]
Les voy a copiar aquí seguido algunos nombres de autores editados en Caballo de Troya hasta finales de 2010 (los de 2011 y 2012 los vamos a dejar, aún no les ha dado tiempo a demostrar si valen o no) y ustedes me dirán:
Javier Pascual Ramírez, Ángeles Valdés-Bango, Iosi Havilio, Santiago Alba Rico, Fernando San Basilio, Roberto Enriquez, Elisa Iglesias, Ramón Lluis Bande, Coradino Vega, Carlos Blanco Aguinaga, Víctor Moreno, Mónica Gutiérrez Sancho, Elvira Navarro, Julian Rodríguez, Rafa Russo, Lucía Puenzo, Aurora Venturini, Alberto Lema, Sergio Bizzio, Antonio Doñate, Francesc Serés Gillén, Peio H. Riaño, Natalia Carrero, Alberto Lema, Marcelo Lillo, Damián Tabarovsky, Mercedes Cebrian, Suso Mourelo, Isabel Blare, Teresa Aranguren.
Hay algunos que suenan, ¿verdad?: Damián Tabarovsky: que fue derrotado hace muchos años. Julián Rodríguez: que como editor no es malo (aunque no le perdonamos esto), pero ¿cómo escritor? Lucía Puenzo; que es correcta como cineasta, pero ¿cómo escritora? Y Elvira Navarro; sobre la que prefiero no comentar.
Más de 60 libros durante ocho años para solo dos escritores. Es decir: un fracaso.

La solución
Se ha intentado. La idea no era del todo mala. Pero, por desgracia, no había materia prima de calidad. Por ello –y aprovechando la jubilación de Bértolo- lo mejor es cerrar el sello. ¿Qué hacer con el nombre? Muy fácil, se puede utilizar para una nueva colección de libros de autoayuda, que se venden mucho. Ya estoy viendo el eslogan: “Libros Caballo de Troya, la chispa de la vida.” ¿Original, eh? Os lo regalo.
Querido Claudio: por este trabajo (análisis + diagnóstico + solución), cualquier asesor de comunicación te hubiera cobrado una pasta, yo te lo entrego gratis. Lo hago, ya sabes, por el buen nombre de la Literatura.
Ah, se me olvidaba. Os recomiendo que en la bandeja de plata que vais a regalar a Constantino grabéis lo siguiente: “Para el descubridor de Ray Loriga. Tus compañeros y amigos”. Le va a encantar, ya verás.
De nada.
Para todos los demás editores: Les recomiendo esperar a que los chicos que hoy tienen 15 años empiecen a escribir para volver a intentar una aventura como esta de Caballo de Troya. Hasta dentro de diez años no hay nada que hacer. Con estos de hoy en día, es inútil.